Tres bibliotecas populares pampeanas
durante el primer peronismo
Micaela Oviedo
Introducción
En el Territorio Nacional de La Pampa, las bibliotecas cumplieron un rol sustancial en la promoción cultural desde inicios del siglo XX (Lanzillotta, 2008, 2011). Su temprana creación (la primera biblioteca registrada data de 1905), en el contexto de un Estado y un sistema educativo aún en ciernes, implicó que entablaran un vínculo necesario con la población para la satisfacción de demandas asociativas y recreativas. A partir del desarrollo de diversas actividades culturales, estas instituciones se constituyeron en un ámbito de sociabilidad de gran importancia para la población. El objetivo de este trabajo es describir los perfiles de tres bibliotecas populares pampeanas y la composición de sus acervos durante la gestión peronista (1946-1955), momento en que las bibliotecas adquirieron un gran dinamismo a nivel nacional. Pero, al mismo tiempo, se trata de un periodo que, en La Pampa, coincide con el pasaje de Territorio Nacional[1] a provincia, con cambios en la estructura burocrático-administrativa, la ampliación de la ciudadanía política de sus habitantes[2] y el inicio de políticas culturales sistemáticas.
La Pampa atravesó una larga etapa territoriana, desde 1884 hasta 1951. Durante la década de 1910, el Territorio Nacional de La Pampa era uno de los más dinámicos del país por su alto crecimiento demográfico y su población joven, aunque, en las décadas posteriores, se produjeron fluctuaciones en el número de habitantes.[3] A comienzos del siglo XX, era posible reconocer dos zonas claramente diferenciadas: el este, cuya densidad demográfica era mayor por la actividad agropecuaria; y el oeste, menos desarrollado por la poca rentabilidad de su suelo y sus escasas lluvias (M. S. Di Liscia et al., 2011). La presencia de agentes estatales en la totalidad del espacio pampeano se volvía dificultosa por las grandes distancias, la escasez de recursos y la dependencia administrativa del Estado nacional.
En este contexto, la extensión del sistema educativo implicó grandes esfuerzos. A pesar de que hacia 1930 gran parte de la población infantil había podido ser escolarizada a nivel nacional, el acceso a las escuelas en el Territorio fue un proceso complejo debido a las dificultades generadas por la crisis económica y las inclemencias naturales. Si bien hubo cierto éxito en las políticas educativas pampeanas, visible en la disminución de la población analfabeta que pasó de un 68 % a un 20 % de 1900 a 1935, la inscripción y la asistencia escolar fueron problemas permanentes (Billorou y Sánchez, 2011). En tal escenario, se consolidó una esfera pública en la que asociaciones como las sociedades de socorros mutuos y de beneficencia, las comisiones de fomento, las cooperativas, las cooperadoras escolares, las bibliotecas, los clubes deportivos, entre otras, cobraron vital importancia para la sociedad. Entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, como mencionan Laguarda et al. (2011), la vida cultural del entonces Territorio estuvo fuertemente vinculada con escuelas, bibliotecas y otras entidades que tenían a los maestros como principales promotores culturales.
Como afirma Lanzillotta (2008), a partir de los años treinta, se produjo una mayor injerencia estatal en las instituciones. Las bibliotecas fueron referenciadas por primera vez en 1935, en la Memoria del gobernador Evaristo Pérez Virasoro (1933-1939). Para ese momento, se contabilizaron 76 asociaciones: bibliotecas municipales, escolares, pertenecientes a partidos políticos, clubes, gremiales, religiosas, entre otras. Las bibliotecas populares promovieron, tanto a nivel nacional como local, distintos tipos de actividades culturales que excedían el préstamo y la lectura de libros. Desde fines del siglo XIX, estas se abocaron a la organización de conferencias, actividades artísticas, grupos de lectura comentada, bailes, fiestas, entre otras actividades (Gutiérrez y Romero, 2007).
Como han señalado investigaciones recientes, el peronismo aplicó una política de estímulo hacia el desarrollo de instituciones orientadas a la promoción cultural, entre ellas, la música, el arte y la literatura. Fiorucci (2007) destacó la intensa difusión del libro y el aumento de los lectores en las bibliotecas populares, dado que, para 1954, se incorporaron un centenar de estas asociaciones al sistema de subsidios de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares (CPBP), institución nacional encargada del fomento, inspección e inversión de fondos para las bibliotecas.
El recorte cronológico propuesto en este capítulo abarca un proceso de transición importante para el espacio pampeano, su conversión de Territorio Nacional a provincia. En términos políticos, el espacio se caracterizó por un orden institucional diferente dado que las autoridades fueron designadas por el gobierno nacional. De esta manera, entre 1946 y 1951, estuvieron a cargo el abogado Juan L. Pérez (1946-1948), el jefe de Policía Eduardo Reguero (gobernador interino en 1948) y el abogado Juan Carlos Neveu (1949-1951). Con la sanción de la Ley N° 14.037, en 1951, el Territorio fue declarado provincia y adquirió el nombre de Eva Perón. Las primeras autoridades se eligieron en abril de 1953 y el gobernador fue Salvador Ananía (1953-1955). Tras el golpe militar de 1955, Ananía fue depuesto y la denominación de la provincia cambió a La Pampa. En cuanto al área cultural, recién a finales de la década de 1950, como han analizado Salomón Tarquini y Laguarda (2012), la Dirección Provincial de Cultura comenzó a desarrollar una política sistemática que incluiría, entre otros aspectos, la publicación de literatura caracterizada como pampeana y el apoyo a las bibliotecas a través de una división específica en la administración provincial.
La propuesta de este trabajo consistirá en examinar, de manera comparativa, tres asociaciones pertenecientes a distintas localidades: la Biblioteca Popular “Clemente José Andrada” (BPCJA) de Santa Rosa, la Biblioteca Popular “Florentino Ameghino” (BPFA) de Guatraché y la Biblioteca Popular “Sarmiento” (BPS) de Winifreda. Desde una perspectiva que busca contribuir a la bibliografía creciente vinculada con la historia de la lectura y las bibliotecas,[4] se procurará abordar la génesis institucional y la composición de los acervos bibliográficos de las bibliotecas populares en un periodo histórico cuya construcción simbólica y cultural fue sumamente relevante. Nuestro interés radica en indagar cuál fue el vínculo que establecieron los habitantes pampeanos con el mundo de lo escrito, en un marco temporal caracterizado por la extensión y democratización de bienes culturales. Con esto, apostamos a comprender el papel relevante asumido por los socios y lectores, y el modo en que las políticas culturales nacionales y provinciales influyeron o no en las prácticas de adquisición de libros. Por último, a partir de la construcción institucional y la consolidación del material disponible, en los casos en los que las fuentes lo permitan, propondremos una distinción entre disponibilidades y préstamos.
El lugar de las bibliotecas en la vida cultural local
Las tres instituciones seleccionadas se asentaron en localidades muy diferentes en cuanto a sus dimensiones, al contexto social y a las características de su vida asociativa. La Biblioteca Popular “Clemente José Andrada” fue creada en Santa Rosa en 1909, en relación con la Escuela Normal de la ciudad. Santa Rosa, capital del Territorio desde 1900, se diferenció de otras localidades pampeanas por la predominancia del comercio, los servicios y el empleo público, con amplia expansión de las clases medias. Allí, se establecieron, de manera temprana, un relevante número de escuelas de nivel primario y secundario, asociaciones y clubes sociales y deportivos,[5] que, para 1951, conformaban una densa trama en la que además se sumaban cooperadoras, mutualidades, gremios, sindicatos, cooperativas y sociedades de beneficencia.
Por su parte, la Biblioteca Popular “Florentino Ameghino” fue fundada en Guatraché, en 1921, por una sociedad gremial, y luego se anexó un club deportivo. A diferencia de Santa Rosa, se trataba de una localidad intermedia, fundada en 1908 a 176 km de la capital territoriana. Según el Censo de 1942, para esa fecha, contaba con 2.551 habitantes.[6] Su principal rasgo fue el fuerte vínculo con el ferrocarril, la producción agrícola y una composición poblacional que se nutrió de la llegada de inmigrantes de origen ruso-alemán, español e italiano. La vida asociativa de esta población giró en torno a múltiples asociaciones, que consolidaron su papel en el escenario local a partir de los años treinta.[7]
En tanto, la Biblioteca Popular “Sarmiento” se estableció en Winifreda, en 1932, asociada a la Escuela N° 104. Este pequeño pueblo, fundado en 1915 a unos 50 km de Santa Rosa, contaba con 3.963 habitantes para 1938 y poseía alumbrado público, correo, ferrocarril, matadero, teléfono, telégrafo y dos clubes deportivos.[8] Los principales espacios de sociabilidad fueron las academias de música, de corte y confección, de labores, las asociaciones de origen étnico y la biblioteca popular. Para 1951, la cantidad de asociaciones se había ampliado y contaba con varias cooperadoras escolares, cuatro clubes y dos organizaciones de trabajadores.[9]
En cuanto a la existencia de bibliotecas populares en Santa Rosa, Guatraché y Winifreda durante nuestro período de análisis, el número de asociaciones respondió a la dimensión de las localidades y sufrió leves variaciones entre los años cuarenta y cincuenta. Mientras que, en 1941, Santa Rosa poseía cuatro, Guatraché y Winifreda contaban con una sola biblioteca, respectivamente. Para 1954, las bibliotecas en Santa Rosa se redujeron a tres, en tanto Guatraché adquirió una nueva institución y Winifreda conservó la ya existente.
Cuadro Nº 1: Cantidad de bibliotecas populares según localidad (1941-1954)
Año | Localidad | Nombre | Entidad Asociada | Fecha de fundación |
1941 | Santa Rosa | D. F. Sarmiento. | Escuela Superior N° 1 | S/D |
| “del Colegio Domingo Savio” | Instituto Domingo Savio | S/D | ||
| Rafael Obligado | Club A. Estudiantes | 1930 | ||
| Juan B. Alberdi | S/D | 1908 | ||
| Guatraché | Florentino Ameghino | Club Sportivo Pampero | 1921 | |
| Winifreda | D. F. Sarmiento. | Escuela N° 104 | 1932 | |
| 1954 | Santa Rosa | Rafael Obligado | Club A. Estudiantes | 1930 |
| Juan B. Alberdi | S/D | 1908 | ||
| Tte. General Julio A. Roca | Escuela Normal Mixta | 1909 | ||
| Guatraché | Florentino Ameghino | Club Sportivo Pampero | 1921 | |
| Almafuerte | Club Atlético Huracán | 1945 | ||
| Winifreda | Sarmiento | Escuela N° 104 | 1932 |
Fuente: Elaboración propia sobre la base de estadísticas publicadas por la CPBP.[10]
Tal como demuestra el Cuadro 1, en el espacio pampeano, fue notable la impronta que tuvieron las escuelas y los clubes deportivos en la fundación de las bibliotecas populares. Esto evidencia, por un lado, el rol de los maestros y directores de escuela como productores culturales en el interior del país y, por otro, la importancia de los clubes como actores durante la primera mitad del siglo XX. Como ha afirmado Flavia Fiorucci (2012), durante las primeras décadas del siglo XX, los maestros se convirtieron en actores centrales, dado que animaron y organizaron la vida cultural de pueblos y ciudades pequeñas y medianas.
Con respecto a los clubes, emergieron aceleradamente durante estos años, alcanzando un total de 103 instituciones en 1939. Los principales propulsores fueron grupos de vecinos, inmigrantes, profesionales del ámbito local y trabajadores. Al auspiciar actividades deportivas y eventos socioculturales, estas instituciones también operaron como espacios de recreación y sociabilidad local. De allí que fue habitual que los clubes poseyeran sus propias bibliotecas y salas de lectura (Cornelis, 2011).
En concordancia con lo dicho anteriormente, el perfil institucional de las tres bibliotecas escogidas respondió al nexo con las asociaciones predominantes en el espacio pampeano.
Tres bibliotecas, tres perfiles institucionales
Por orden de surgimiento, la primera institución en fundarse fue la santarroseña. Surgida el 28 de junio de 1909, la biblioteca emergió de la mano de la Escuela Normal “Julio Argentino Roca”, en respuesta a los requerimientos de docentes y estudiantes. La primera Comisión se constituyó en 1947, bajo la presidencia de Carmen Sosa, y, en esa fecha, pasó a denominarse “Biblioteca Clemente José Andrada”.[11] Los miembros de la comisión fueron los encargados de la atención al público, que, hasta 1950, se limitó al ámbito escolar. Los fondos de sustento provenían de una cuota cobrada a los socios y de actividades como la proyección de películas y actos culturales. En 1950, la biblioteca sustituyó su nombre por el de “Julio Argentino Roca”, el mismo que adoptó la Escuela Normal santarroseña, y se convirtió en biblioteca popular.[12] La asociación inauguró su edificio propio en 1999, con apertura hacia la calle y comunicación con la Escuela. Según Durango y Prieto (2003), la ubicación de la biblioteca dentro de la institución escolar habría limitado el acceso más amplio de la población. Estas autoras también sostienen que, entre 1953 y 1993, los directores de la escuela eran quienes se responsabilizaban por los bienes de la biblioteca, mientras que los libros se adquirían a partir de la Cooperadora Escolar y la CONABIP.
La segunda biblioteca en crearse fue la “Florentino Ameghino”, fundada el 26 de junio de 1921, que surgió por iniciativa de la Sociedad de Empleados de Comercio y Anexos en General de Guatraché.[13] En 1926, la biblioteca fue anexada al Club Atlético Pampero[14] y las comisiones directivas (CD) estuvieron encabezadas por miembros del municipio local. A partir de entonces, la BPFA orientó sus actividades hacia lo deportivo y llevó a cabo carreras de bicicletas, partidos de fútbol y festivales de aviación (Lanzillotta y Oviedo, 2018). Asimismo, una de las tareas centrales durante los primeros años fue la organización de conmemoraciones patrias y fiestas populares, lo que reforzaba sus lazos con la esfera política. Además, la institución se mantuvo en las dependencias del predio municipal hasta enero de 1943, cuando empezó a funcionar de manera independiente en un local alquilado en el centro de Guatraché.
La última asociación fue creada en Winifreda el 15 de mayo de 1932. Su constitución fue obra de la iniciativa del personal docente de la Escuela N° 104, institución central en la vida social de la localidad.[15] Las primeras CD tuvieron una preeminencia de maestros y directores de escuela, situación que se mantuvo hasta inicios de los años cuarenta. Desde sus comienzos, la BPS llevó adelante veladas en beneficio propio y de los habitantes con menores recursos de la localidad, presentó películas, ciclos de conferencias y participó en la organización de festejos en honor a Sarmiento y de las fiestas mayas. En el campo lúdico, las actividades predominantes fueron los juegos de bochas y, desde 1939, el ajedrez. Como en el caso de la BPFA, los socios de la BPS debieron esperar hasta los años cuarenta para obtener su espacio propio. Con anterioridad a abril de 1944, momento en que se inaugura el edificio de la biblioteca, las reuniones se realizaron en el salón de la Escuela N° 104 y en el Hotel Cervantes (Arzuaga y Oviedo, 2015).
Para el período peronista, las fuentes disponibles[16] solo nos permiten reconstruir la composición de las CD en las bibliotecas Ameghino y Sarmiento.[17] Según los libros de actas de la Biblioteca de Guatraché, entre 1949 y 1955, existió una permanencia en los puestos de presidente, vicepresidente y secretario. La presidencia estuvo ocupada desde 1951 a 1955 por Pedro Nicanor Piñeiro, agricultor y vocal titular de la Cooperativa Agrícola Ganadera de Guatraché, mientras que el secretario, entre 1949 y 1955, fue Ernesto Fontanetto, quien también ejerció el puesto de contador en dicha cooperativa, una institución que la Nómina de Entidades de la Provincia Eva Perón vinculaba, en ese periodo, al peronismo.[18] Además, Fontanetto fue mentor de la creación de un museo regional en 1952 y colaboró, en 1956, con la Comisión “Pro Ciclo Básico” para la creación de un instituto de enseñanza media en Guatraché.[19]
Por su parte, la BPS también registró permanencias en la ocupación de cargos, dado que algunos miembros que estuvieron en las CD de este período tenían una larga trayectoria de actuación en la etapa previa al peronismo. En términos generales, entre 1946 y 1952, la presidencia y la vicepresidencia fueron ocupadas por profesionales, como médicos y farmacéuticos, mientras que el cargo de secretario lo mantuvo, hasta 1948, un maestro y director de la Escuela N° 104, Roberto F. Frediani. Este último participó de manera casi ininterrumpida de la comisión de la institución, desde 1933 hasta 1948 (Arzuaga y Oviedo, 2015). Hacia fines de los cuarenta, se incorporaron nuevos miembros con perfiles ocupacionales diferentes, como comerciantes.
En suma, las CD fundacionales de las bibliotecas Andrada y Sarmiento fueron integradas por maestros y personal docente, en tanto que los miembros de la Biblioteca Ameghino provinieron de sectores gremiales e integrantes del municipio de Guatraché, con fuertes vinculaciones con el peronismo en el periodo analizado. El breve recorrido institucional de las CD de la BPFA y la BPS durante mediados de los años cuarenta y cincuenta demuestra las modificaciones en el perfil de las bibliotecas. En el caso de la BPFA, los integrantes de la CD, en el peronismo, estuvieron íntimamente ligados al sector agrícola-ganadero de la localidad y fomentaron iniciativas vinculadas al desarrollo del progreso cultural y educativo de la población. Por su parte, la BPS incorporó a médicos, farmacéuticos y comerciantes entre sus principales socios directivos, aunque esto no significó la total ausencia de educadores entre los cargos principales de la asociación.
La Biblioteca Andrada y la impronta escolar
En cuanto al acervo bibliográfico y la circulación de textos, entre 1949 y 1955, la Biblioteca Andrada de Santa Rosa incorporó más de 1.700 títulos. Las fuentes disponibles nos permiten advertir que el caudal bibliográfico se conformó a partir de los envíos recibidos de la CPBP, las donaciones y los textos comprados por la propia institución. Durante esos años, la asociación se concentró en la adquisición de textos educativos. Los principales volúmenes que la biblioteca recibió de la CPBP, entre fines de los años cuarenta y mediados de los cincuenta, fueron textos para asignaturas como Química, Biología, Historia, Castellano, Francés, Matemática y Filosofía, además de enciclopedias y diccionarios. En cuanto a las donaciones de otras instituciones y particulares, entre las primeras, pueden citarse la editorial Kapelusz, la Comisión Nacional de Cultura, el presidente de YPF, la editorial Estrada, el Ministerio de Educación de la Nación, la Biblioteca Popular Latinoamericana y la embajada de Estados Unidos. Entre las segundas, destacaron donaciones de exalumnos, socios y docentes.
En referencia a los ejemplares comprados por la propia biblioteca, la mayoría fue provista por las librerías locales, lo que es indicativo del crecimiento de este tipo de espacios en una sociedad intermedia del “interior”, como Santa Rosa. Asimismo, la biblioteca adquirió ejemplares de las editoriales El Ateneo, Kapelusz, Estrada y Luis Lasserre, vinculadas a un fenómeno nuevo, la expansión del mercado editor a nivel nacional entre 1920 y 1930. Hasta este período, la mayoría de los libros escritos en castellano eran editados fuera del país. Delgado y Espósito (2014) señalan que la Primera Guerra Mundial provocó la retirada transitoria de las casas editoras participantes del conflicto y esto permitió el desarrollo de la industria editorial nacional, que buscó acaparar a un mercado interno, hasta entonces, monopolizado por libros de origen extranjero. Como describe José Luis de Diego (2014), la expansión del mercado editor llegó a su época de mayor esplendor entre 1938 y 1955. Entre los títulos adquiridos, fueron predominantes los manuales y libros de lectura, aunque también se compraron novelas, libros de poesía, textos de enseñanza técnica y de filosofía. Además de obras elementales de religión, teatro, historia y pedagogía.
Un elemento notable de este período en la BPCJA es la presencia de bibliografía vinculada con el peronismo. Podríamos dividir este material en dos grupos: libros de lectura para la enseñanza primaria y textos sobre la doctrina o la gestión peronista. Dentro del primer grupo, destacan una serie de manuales recibidos entre 1950 y 1953. Varios estudios han profundizado sobre el contenido de ese tipo de textos y actualmente existe un debate acerca de la influencia doctrinaria de este material escolar.[20] Los principales proveedores fueron Estrada y Kapelusz, dos de las casas editoras más relevantes del período, y Luis Lasserre.[21] El segundo grupo estuvo compuesto por folletos o textos escritos y difundidos por el propio gobierno, que llegaron a la biblioteca, en su mayoría, a través de CPBP.[22]
Figura 1: Tapa y primera página de La Razón de mi vida, 9° edición, 1951, Ediciones Peuser, disponible en la Biblioteca Clemente Andrada


En referencia a los textos de narrativa, entre los autores extranjeros más reiterados, se encontraba el novelista francés León Bloy. En cuanto a escritores argentinos, por esos años, se compraron libros de José Hernández, Lucio Vicente López, Leopoldo Lugones y Domingo Faustino Sarmiento. Menos frecuente fue la adquisición de obras de Miguel de Cervantes Saavedra y Benito Pérez Galdós. No obstante, es muy probable que estos títulos ya existieran en los anaqueles de la BPCJA, dado que fueron textos de consulta y lectura frecuente en las escuelas argentinas. Un fenómeno similar explicaría la escasa mención que tienen renombrados autores como Edgard Allan Poe, Louisa M. Alcott, Oscar Wilde y Julio Verne, entre otros. En términos generales, los escritores más reiterados en el libro de adquisiciones se encuentran mencionados en el Cuadro 2.
Cuadro N° 2: Adquisición de títulos y ejemplares en la BPCJA, por autor y género literario (1949-1955)
Autores | Cantidad de ejemplares | Cantidad de títulos | Género literario |
| León Bloy | 9 | 9 | Novela-cuento |
| José Hernández | 9 | 8 | Literatura gauchesca |
| Lucio Vicente López | 8 | 1 | Novela |
| Francisco Manfredi | 6 | 4 | Religión |
| Domingo F. Sarmiento | 6 | 1 | Autobiografía |
| Leopoldo Lugones | 5 | 4 | Ficción científica |
| Miguel de Cervantes Saavedra | 4 | 2 | Novela |
| Benito Pérez Galdós | 4 | 1 | Novela |
| Pedro Valle | 3 | 1 | Historia |
| Serafín Álvarez Quintero | 3 | 3 | Teatro |
| Charles Dickens | 3 | 3 | Realismo literario |
| Gustavo A. Becquer | 3 | 1 | Poesía |
| Arturo Capdevilla | 3 | 3 | Novela |
| Rafael Obligado | 3 | 1 | Poesía |
| Estanislao del Campo | 2 | 1 | Literatura gauchesca |
| Edgard Allan Poe | 2 | 2 | Terror |
| Hugo Wast | 2 | 1 | Novela |
| Louisa M. Alcott | 2 | 2 | Novela |
| Fernando Rojas | 2 | 1 | Novela |
| Pedro Calderón | 2 | 1 | Teatro |
| Guy de Chantepleure | 1 | 1 | Novela |
| Walter Scott | 1 | 1 | Novela histórica |
| Robert Louis Stevenson | 1 | 1 | Novela de aventuras |
| Oscar Wilde | 1 | 1 | Cuentos |
| Daniel Defoe | 1 | 1 | Novela |
| Miguel Cané | 1 | 1 | Ficción |
| José Mármol | 1 | 1 | Novela histórica |
| George Orwell | 1 | 1 | Novela |
| Harold A. Calahan | 1 | 1 | Novela de aventuras |
| Julio Verne | 1 | 1 | Novela |
Fuente: Elaboración propia sobre la base del registro de adquisiciones de la Biblioteca Popular Clemente José Andrada, 1949-1966.
Como ya ha sido señalado, es notable la preponderancia de los textos dedicados a la enseñanza. Circulaban numerosos manuales y libros de lectura, que eran utilizados para niveles secundarios y primarios, respectivamente. El registro de adquisiciones entre 1949 y 1955 da cuenta del amplio número de volúmenes que se corresponden con esta categoría, según se muestra en el Cuadro 3.
Cuadro N° 3: Libros adquiridos por la Biblioteca Andrada (1949-1955)
| Año | N° de ejemplares | Cantidad de ejemplares por género literario y/o temática |
| 1949 | 185 | Manuales 74 – Historia 32 – Narrativa 21 – S/D12 – Arte 5 – Diccionarios 1 – Peronismo 7 – Filosofía 3 – Teatro 3 – Poesía 3 – Geografía 1 |
| 1950 | 92 | Manuales 35 – Libros de lectura 11 – Narrativa 10 – Guía General de la Nación 8 – Historia 6 – S/D 6 – Religión 4 – Balances 3 – Revistas 3 – Poesía 2 – Técnicos 2 |
| 1951 | 172 | Arte 1 – Infantiles 7 – Filosofía 2 – Geografía 1 – Historia 6 – Libros de lectura 10 – Manuales 76 – Música 1 – Narrativa 16 – Pedagogía 9 – Poesía 4 – Religión 11 – Revistas 2 – S/D 5 – Técnicos 12 |
| 1952 | 298 | Arte 1 – Religión 9 – Balances 11 – Boletines 6 – Derecho 4 – Filosofía 1 – Pedagogía 4- Peronismo 7 – Poesía 8 – Teatro 1 – Folletos y revistas 95 – Historia 5 – Infantiles 5 – libros de lectura 11 – Manuales 76 – Música 1 – Narrativa 21 – S/D 32 |
| 1953 | 691 | Balance 106 – Boletines 4 – Derecho 1 – Divulgación 2 – Filosofía 9 – Folletos y revistas 410 – Historia 11 – Peronismo 293 – Religión 3 – Libros de lectura 23 – Manuales 40 – Narrativa 8 – Pedagogía 8 – Poesía 4 – S/D 17 – Teatro 1 – Técnico 3 |
| 1954 | 242 | Arte 2 – Balances 16 – Boletines 7 – Divulgación 1 – Folletos y revistas 35 – Historia 9 – Libros de lectura 2 – Manuales 87 – Narrativa 22 – Pedagogía 7 – Peronismo 29 – Poesía 9 – Religión 3 – S/D 10 – Teatro 3 |
| 1955 | 114 | Balances 6 – Boletines 15 – Historia 12 – Manuales 19 – Narrativa 12 – Pedagogía 4 – Peronismo 11 – Poesía 3 – Revista 9 – S/D 17 – Teatro 5 – Técnico 1 |
Fuente: Elaboración propia con base en el registro de adquisiciones de la Biblioteca Popular Clemente José Andrada, 1949-1966.[23]
De esta manera, los manuales escolares y los libros de lectura para el nivel primario fueron los principales textos incorporados al corpus bibliográfico. Además de estos libros, se recibían folletos y revistas de variadas temáticas.
Lo observado hasta aquí permite señalar que, por un lado, la BPCJA se convirtió en un ámbito para la circulación de estos materiales alternativos de la industria cultural en los años cincuenta.[24] Por otro lado, aunque el número de textos peronistas incorporados fue muy importante, sobre todo en el año 1953, no se puede advertir el desarrollo de una política cultural sistemática de difusión de este tipo de textos. Los vaivenes en la regularidad de la recepción de este material no permiten afirmar si existió efectivamente una política sostenida en el tiempo, pero sí confirman la presencia de esta bibliografía.[25] A este respecto, Fiorucci (2009) afirma que la CPBP no planificó la sustitución o prohibición de lecturas, ni favoreció otras, dado que adquirió todos los libros que las bibliotecas pidieron, desde textos escolares, novelas locales, extranjeras y clásicos nacionales. Esto explicaría la heterogeneidad de las colecciones de las asociaciones, ya que la selección de libros requeridos dependió del tipo de biblioteca.
La Biblioteca Ameghino y las preferencias lectoras en Guatraché
Según las fuentes disponibles, para mediados de los años cuarenta, la Biblioteca Ameghino contaba con una suma mayor a mil libros y alcanzó los 3500 ejemplares y más de 1400 folletos y revistas en la década posterior. Pese a este aumento, los préstamos anuales fueron en declive. Esta tendencia, que comenzó desde finales de los años treinta, se hizo más visible en los años cuarenta en correspondencia con el proceso de pérdida poblacional ligada a la crisis agroclimática de esos años (Lanzillotta y Oviedo, 2018).
En el caso de la BPFA, podemos hacer referencia no solo a la composición de los acervos, sino a las preferencias lectoras, dado que esta asociación ha conservado el libro de préstamos a domicilio para el periodo de análisis. En cuanto a los textos más consultados, es posible destacar ciertos cambios entre la década de 1930 y el peronismo, aunque la orientación general fue hacia la lectura de ficción. Durante los años treinta, los lectores de esta localidad se acercaron a obras vinculadas con temáticas como la integración de los inmigrantes, a través de autores como Alberto Gerchunoff, Horacio Quiroga y Hugo Wast. También se hizo presente la narrativa nativista, aunque con menos adeptos entre las preferencias del público (Lanzillotta y Oviedo, 2018).
Entre 1946 y 1955, las novelas continuaron siendo el principal material retirado por los socios guatrachenses mientras que, en segundo término, se consultaron obras de teatro, poesía, textos de Historia y algunos manuales escolares.[26] A nivel general, los asociados a esta biblioteca se caracterizaron, desde los inicios de la institución, por la lectura de novelas de ficción sobre temas sentimentales y de escritores principalmente extranjeros[27] (Lanzillotta y Oviedo, 2018). Asimismo, los socios optaron por libros infantiles.[28]
En el Cuadro 4, se tomaron los años 1946 y 1955 para dar cuenta de las preferencias lectoras de los socios de la Biblioteca Ameghino, en forma comparativa. Es notoria la preponderancia de novelas clásicas y la poca presencia de material vinculado con la educación y la instrucción en comparación con la biblioteca santarroseña; además, el número de retiros se reduce y aparece la literatura infantil como segundo género más consultado.
Cuadro Nº 4: Preferencias lectoras de la Biblioteca Florentino Ameghino
Año | Cantidad de ejemplares | Género más consultado |
1946 | 181 | Narrativa 171 – Historia 3 – Teatro 2 – Poesía 3 – Manuales 2 |
1955 | 108 | Narrativa 91 – Religión 3 – Infantiles 12 – Historia 2 |
Fuente: Elaborado sobre la base del registro de los libros llevados a domicilio, Biblioteca Popular Florentino Ameghino, Guatraché, 1945-1958.
La modificación respecto a las principales lecturas está vinculada con un fenómeno puntual en la BPFA: el ingreso masivo de mujeres y niños como público lector, proceso iniciado entre los años cuarenta y cincuenta (Lanzillotta y Oviedo, 2018). De esta manera, mientras el principal género literario consultado siguió siendo la ficción, comenzaron a ser retirados con más asiduidad novelas románticas, de misterio y textos infantiles. Con respecto a literatura peronista, La razón de mi vida (1951), de Eva Perón, fue consultado ocho veces en 1952, mientras que ninguno de los otros libros solicitados posee tantas salidas. Para interpretar este dato, cabe recordar lo señalado antes acerca de la identificación de varios de los integrantes de la CD de esta biblioteca con el peronismo y la relación de muchos de sus socios con la Cooperativa Agrícola Ganadera de Guatraché, una entidad que la Nómina de Entidades de la Provincia Eva Perón caracterizaba como cercana al partido gobernante.
Algunos de los autores citados, como Hamsun y Zola, fueron escritores consultados de manera constante en las comunidades de lectura de este tipo de asociaciones, tal como lo menciona Nicolás Quiroga (2003) para el caso de la Biblioteca Popular Juventud Moderna de Mar del Plata. Aunque su período de análisis es previo (comprende fines de los años treinta y principios de los cuarenta), algunos rasgos coinciden, como, por ejemplo, el gusto por la ficción. Como argumenta Pasolini (1997), esta predilección, en parte, se explica por el horizonte cultural de lectores incipientes, que se incorporan al proceso de democratización del acceso de bienes culturales. En este sentido, vale recordar que es en este período donde se consolidó el mercado editor, en tanto se amplió la oferta de material de lectura, así como la prensa periódica. Asimismo, asistimos a un proceso de expansión y extensión del sistema educativo en el ámbito local, lo que favoreció el desarrollo de actividades vinculadas con la lectura. En este sentido, los géneros de libros más consultados y llevados a domicilio parecen indicar que, en el caso de Guatraché, la biblioteca funcionó como un espacio de recreación y esparcimiento, en tanto los socios optaron por lecturas vinculadas al entretenimiento y no tanto a la formación educativa.
Winifreda tiene sus propios gustos. La Biblioteca Sarmiento
El rico corpus documental de la Biblioteca Sarmiento permitió reconstruir la cantidad de socios, volúmenes disponibles y los préstamos a domicilio realizados desde los primeros años hasta el peronismo. Tal como se observa en el cuadro a continuación, aunque con irregularidades, el número de socios y libros atravesó un lento y sostenido aumento.
Cuadro N°5: Movimiento de socios, volúmenes y lectores de la Biblioteca Sarmiento (1935-1951)
Biblioteca Popular Sarmiento | |||
Año/Período | Socios | Volúmenes | Lectores |
1935 | 58 | 933 | 1.500 |
| 1942-1943 | 76 | 1.658 | 1.880 |
| 1944 | 95 | S/D | 1.141 |
| 1947-1948 | 92 | 2.150 | 890 |
| 1950-1951 | S/D | 2.300 | 2.189 |
Fuente: Elaboración propia sobre la base de los libros de Acta N° 1 y N° 2, Biblioteca Popular Sarmiento.
Un rasgo para destacar es el incremento de la participación femenina en la comunidad de lectura de la BPS entre los años cuarenta y cincuenta, situación similar a la de la BPFA de Guatraché. Las cifras indican que, en la Biblioteca de Winifreda, las mujeres eran las lectoras más asiduas. Así, por ejemplo, de los 1.880 lectores en el período de 1942-1943, los varones sumaban un total de 939 y las mujeres 941, mientras que, entre 1950-1951, de los 2.189 lectores, el total de mujeres fue de 1.381, por sobre 808 varones. Asimismo, fue notable la consulta de libros en la sala de lectura por parte de alumnos de las escuelas locales, tal como refieren las memorias anuales de la asociación.[29]
La incorporación de mujeres en espacios de sociabilidad como las bibliotecas populares responde a un fenómeno que articuló una suma importante de variables: al avance del proceso de escolarización y alfabetización mencionado anteriormente, el aumento de la participación de la población en asociaciones civiles, las nuevas ofertas de bienes de la industria cultural que buscaron ampliar su público durante estos años, entre otros. No obstante, la participación de mujeres se concentró en la actividad como socias, lectoras y bibliotecarias, ya que ni en Winifreda ni en Guatraché los cargos directivos fueron ocupados por mujeres.[30] Dicha omisión resulta contradictoria, dado que La Pampa fue un espacio muy activo con respecto a la actuación femenina en el ámbito público.[31]
Esta ausencia puede relacionarse con el predominio que tuvo la concurrencia masculina en las salas de lectura de las bibliotecas hasta el último tercio del siglo XIX. Es recién hacia fines de esa centuria que el impulso dado a la creación de las bibliotecas populares en la presidencia de Domingo F. Sarmiento generó la incorporación del público femenino en estos establecimientos (Parada, 2012). En espacios geográficos como el estudiado, se advierte que la participación femenina en las bibliotecas populares se fue incrementando paulatinamente, pero principalmente vinculada a las prácticas lectoras. Además, en el caso de Guatraché, la BPFA funcionó ligada un club deportivo, otro ámbito caracterizado por una predominancia masculina,[32] lo que también explica la tardía incorporación de mujeres en las CD.
Con respecto a la conformación del acervo bibliográfico de la BPS, los documentos consultados permiten hacer un recorrido anual sobre los volúmenes adquiridos. El movimiento de libros puede resumirse en lo graficado en el Cuadro 6.
Cuadro N° 6: Libros adquiridos en la Biblioteca Sarmiento (1946-1954)
Año | Cantidad de libros adquiridos | Género literario |
| 1946 | 162 | Manuales, textos de narrativa adulta e infantil, poesía, Historia. |
| 1947 | 80 | Material histórico, algunos textos de temática religiosa, boletines, folletos y revistas. |
| 1948 | 67 | Novelas de diversas corrientes literarias y estéticas, como el romanticismo, el realismo y el naturalismo, textos religiosos y títulos infantiles. |
| 1949 | 86 | Novelas, textos infantiles y juveniles, textos religiosos. Solo dos libros peronistas. |
| 1950 | 17 | Cultivo agrícola y novelas. |
| 1951 | 88 | Novelas de literatura argentina y extranjera. |
| 1952 | 153 | Algunas novelas. Gran cantidad de manuales, la mayoría técnicos, sobre carpintería, reparación de motores, aviación, electricidad y cosméticos, pero también sobre idiomas, en especial inglés e italiano. Con respecto a la literatura vinculada con el peronismo, en este momento, se incorpora Dos letras milagrosas Eva Perón (1951) de Luis Velázquez y textos sobre la vida y obra de San Martín. |
| 1953 | 34 | Obras de teatro, novelas y textos de filosofía. |
| 1954 | 114 | Libros de renombrados autores extranjeros y algunos textos peronistas. |
Fuente: Elaboración propia sobre la base de Balances y Memorias de la Biblioteca Popular Sarmiento, Winifreda.
Hacia 1945, la Biblioteca Sarmiento contaba con 1.786 ejemplares, repartidos en seis muebles. Si bien la organización del material bibliográfico sufrió cambios a lo largo de los años, los libros se agruparon de la siguiente manera: narrativa, manuales escolares, Historia, biografías, poesía, teatro, divulgación científica, instrucción cívica y ciudadana, novelas históricas, historia nacional, literatura clásica, narrativa infantil y textos religiosos. A modo de simplificar la descripción, nos concentraremos en describir las adquisiciones en los años en que los ingresos superaron los 100 títulos: 1946, 1952 y 1954. De esta manera, para 1946, ingresaron 162 libros nuevos sobre temas varios, entre los que se contaron manuales, textos de narrativa adulta e infantil, poesía, Historia, por nombrar algunos. Dentro del material incorporado, resaltan unos textos de literatura infantil de Walt Disney, como El ratón Mickey en la selva africana, El ratón Mickey en la legión extranjera y Pluto héroe de la armada, publicados por la Editorial Abril, lo que da cuenta de la expansión de las industrias culturales en esos años.[33]
Por su parte, lo más destacado del año 1952 fue el ingreso de la novela 1984 (1949) de George Orwell, una de las más reconocidas obras del autor, y la incorporación de un gran número de manuales, la mayoría técnicos, sobre carpintería, reparación de motores, aviación, electricidad y cosméticos, pero también sobre idiomas, en especial inglés e italiano. Esto podría vincularse con el lugar preponderante que el peronismo le otorgó a los oficios y a la educación técnica. Con respecto a la literatura vinculada con el peronismo, en este momento, se incorporó Dos letras milagrosas Eva Perón (1951), de Luis Velázquez. Además, se sumaron textos vinculados con la vida y obra del general San Martín, en consonancia con el lugar central que su figura venía ocupando en la serie de homenajes por los cien años de su fallecimiento.
El año 1954 volvió a ser de numerosos ingresos, 114 ejemplares en total. En esta oportunidad, resaltan títulos de Miguel de Cervantes, Charles Dickens y Aldous Huxley. En referencia a la literatura peronista, aparecen textos como El justicialismo (1951), de Raúl Mende, y Conceptos Doctrinarios (Mensaje 1 de mayo 1951) de Juan Domingo Perón.
En 1955, sucede un fenómeno interesante: varios ejemplares aparecen tachados del listado. Entre ellos, vemos el material vinculado con el peronismo: La razón de mi vida, ejemplar que aparece por primera vez recién en 1953, El plan quinquenal, Doctrina hacia una vida mejor, Política y estrategia, Artículos de Descartes y El justicialismo. Sin embargo, también desaparecen otros títulos de narrativa nacional y extranjera.[34] Es posible inferir que la eliminación de títulos sobre el régimen peronista está relacionada con la proscripción posterior al fin de su gobierno y el proceso de “desperonización” durante la “Revolución Libertadora” (Ferreyra, 2016). No obstante, eso no explica la desaparición de los demás textos.
Por último, una lista de pedidos que la BPS realizó a la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares en 1948 parece evidenciar la relevancia de los autores extranjeros para los socios y lectores de Winifreda. Los títulos requeridos fueron abastecidos por distintas librerías de Buenos Aires.[35] Dentro del listado antes mencionado, destacan obras de Hendric Consciense, Joseph Conrad, Sinclair Lewis, Leonid Andreyev y Paul Bourget.[36] Si pensamos en las preferencias lectoras de la Biblioteca de Guatraché, se observa que, si bien los autores también refieren a la narrativa de ficción, los socios de la BPS parecen haber preferido textos policiales.
En este punto, el recorrido realizado nos permite realizar una comparación entre la composición de los acervos de la biblioteca de Santa Rosa y de la de Winifreda. Un rasgo diferencial de BPS fue la amplitud de novelas y autores nacionales y extranjeros comprados. Asimismo, aunque ambas fueron conformadas en asociación con instituciones educativas y vinculadas con maestros, la impronta del material escolar fue mayor en la Biblioteca de Santa Rosa. Por su parte, aunque las consultas de estudiantes fueron recurrentes en la Biblioteca de Winifreda, el principal material adquirido giró en torno a temáticas que excedían la instrucción y se incorporaron novelas de ficción de autores extranjeros, nacionales y narrativa infantil. Esto parece indicar que el perfil de las asociaciones fue diferente (más popular en el caso de la BPS), aunque estuvieron íntimamente ligadas a instituciones escolares.
Otro rasgo diferencial fue la notable presencia de textos de difusión peronistas. Como se observa en los cuadros presentados, esta literatura no estuvo ausente en los anaqueles de la Biblioteca Sarmiento o la Biblioteca Ameghino, pero representó un porcentaje mucho menor que en el caso de la BPCJA. Esto parece insinuar que la llegada de este material estuvo más presente en ciertos centros educativos relevantes para las políticas culturales y educativas peronistas, y no en asociaciones civiles de pequeñas localidades del interior. En este sentido, según Fiorucci (2009), el mayor esfuerzo de control político fue visible, principalmente, en el área escolar y se concentró en los libros de textos difundidos durante el peronismo. Lo observado en las bibliotecas analizadas pareciera inferir que no es factible hablar de una política concreta de difusión o promoción de lineamientos políticos estatales por parte de la CPBP, pero sí de un ejemplo de su accionar en un espacio particular.
Palabras finales
Las tres bibliotecas estudiadas representan no solo perfiles institucionales diferentes, sino que cada una de ellas mantuvo, desde sus primeros años, fuertes vínculos con otros centros culturales y espacios de sociabilidad, como las escuelas y los clubes deportivos. Estos nexos resultaron de suma importancia, dado que dejaron su impronta en la composición de los acervos bibliográficos de las entidades. Asimismo, las políticas culturales del período, tanto nacionales como provinciales, permitieron la ampliación del caudal de libros existentes y el aumento del movimiento de lectores. Para esto, fue sustancial el vínculo con la CPBP, así como las distintas estrategias adoptadas por los socios directivos para sostener e impulsar el despliegue cultural de las bibliotecas.
En ese proceso de incremento de bibliografía y socios, los perfiles de cada asociación dejaron sus tintes en los anaqueles. Por un lado, la BPCJA priorizó, por su estrecho vínculo con la Escuela Normal, la adquisición de textos de instrucción y lecturas clásicas del ámbito nacional y de la literatura universal. En tanto, la BPS, que modificó la composición de su CD en cuanto a las profesiones de quienes ejercían los cargos directivos, incorporando a sectores no profesionales, amplió su oferta hacia obras de literatura infantil y juvenil, además de incorporar textos de narrativa y manuales consultados en las escuelas locales. En cuanto a la Biblioteca Ameghino, durante su etapa fundacional, los cargos principales se distribuyeron entre miembros de sectores gremiales y luego del municipio local, en tanto que, en la etapa peronista, los directivos eran afines al gobierno de turno. La ausencia de mujeres en estos puestos fue un rasgo compartido por las asociaciones, no obstante, advertimos la notable participación del público femenino como lectoras y, en el caso BPFA, también en el rol de bibliotecaria.
Por otro lado, la experiencia de la BPFA nos permite arrojar luz sobre las preferencias lectoras en una localidad mediana del interior pampeano. Las principales obras retiradas pertenecieron a obras de escritores extranjeros y el género más destacado fue la novela. Los intereses en torno a la recreación y el fenómeno de la ampliación de la comunidad de lectura se evidencian en el público que asistía a la Biblioteca Ameghino, que se diversificó durante los años cuarenta y cincuenta. Algo similar parece haber sucedido en Winifreda, con la predominancia de la participación de las mujeres en el retiro de libros.
Otro elemento diferencial fue la heterogénea presencia de literatura peronista. Así, aunque las tres instituciones contaron con esta bibliografía, el número de textos peronistas fue mucho mayor en la Biblioteca de Santa Rosa. Dado el nexo entre la Biblioteca Andrada y la Escuela Normal, esto parece sugerir que las políticas de difusión de este material priorizaron espacios educativos de localidades intermedias y grandes, en detrimento de otras asociaciones civiles y ciudades de menor dimensión. Con todo, la llegada de estos títulos se concentró en un período muy breve, lo que no permitiría sostener que efectivamente se trató de una política cultural sistemática de difusión.
También merece mención la “desaparición” de libros ocurrida en 1955 en la Biblioteca de Winifreda. Podríamos asociar la exclusión del material peronista al proceso de “desperonización” que se inició con la Revolución Libertadora. Pero, al mismo tiempo, otros títulos de narrativa nacional y extranjera fueron retirados de los anaqueles. Quedará para futuras investigaciones indagar las razones de este llamativo fenómeno.
En suma, la conformación del público que visitaba estas asociaciones fue posible gracias a la acción conjunta de la urbanización, la alfabetización, la consolidación del sistema educativo, de proyectos editoriales y el surgimiento de un mercado de libros a precio económico en los años veinte. Estos libros baratos se convirtieron en una empresa cultural en sí, según Romero (2007), ya que se encontraba accesible, por muy bajo costo, una cuidada selección de obras de literatura y pensamiento universal que marcó y orientó los gustos lectores de los sectores populares. En el ámbito pampeano, los socios de las bibliotecas populares examinadas también formaron parte de este proceso y accedieron, en distinta medida y con vistas a preferencias particularizadas, a los productos de este nuevo mercado editorial.
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- Los Territorios Nacionales fueron espacios de organización política centralizada y de orden subnacional. Existieron en Argentina entre 1862 y 1985. La Ley 1.532, de 1884, estableció las jurisdicciones de 9 territorios nacionales entre los que se contaban La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Misiones, Formosa y Chaco. ↵
- Los habitantes de los Territorios Nacionales no podían elegir gobernadores ni autoridades nacionales, solo participaban en elecciones municipales.↵
- Hacia 1912 la instalación de europeos aportó el 40% de la población, no obstante, en 1920 asistimos a un estancamiento en esa afluencia y la crisis agroecológica y económica de los años 30 produjo una disminución de los habitantes en general hacia 1942. En los años cincuenta la mayor densidad poblacional residía en áreas rurales, mientras que ciudades como General Pico y Santa Rosa aún eran pequeñas localidades.↵
- Entre ellos, cabe destacar los aportes de Pasolini (1997), Quiroga (2003), Parada (2012) y Planas (2017) para pensar las diversas sociabilidades de lectura en las bibliotecas de Argentina.↵
- Entre las instituciones educativas de importancia durante la etapa territoriana, la capital pampeana fue sede de la Escuela Normal (1909), el Colegio Nacional (1917), el Instituto Domingo Savio (1926) y la Universidad Popular (1937). En cuanto a las asociaciones, hacia 1939, en Santa Rosa, existían una sucursal del Rotary Club, la filial pampeana del Automóvil Club Argentino, la Liga Cultural Pampeana de Foot Ball y la Cooperativa Popular de Electricidad, entre otras. ↵
- De esa cantidad, 253 corresponden a la población rural y 2.298 a la urbana. Censo General del Territorio Nacional de La Pampa- Año 1942, Tomo I, Población. Disponible en: https://biblioteca.indec.gob.ar/bases/minde/1c_lp1942_1.pdf↵
- Entre las instituciones relevantes durante ese período, pueden mencionarse la Asociación Pro-Escuela Cooperadora de la Escuela N° 60, el Club Social de Guatraché, el Club Atlético Pampero y las sociedades de socorros mutuos alemana, española e italiana. ↵
- De los 3.963 habitantes, 1.234 se hallaban en la zona urbana, mientras que 2.729 se encontraban distribuidos en la rural. Guías Comerciales FF. CC., Sud, Oeste y Midland, 1938 y 1945. Archivo Histórico Provincial “Prof. Fernado Aráoz” (AHP), Santa Rosa, La Pampa.↵
- Nómina de las Entidades de la Provincia Eva Perón, 1951, Fondo de Gobierno, AHP, Santa Rosa, La Pampa.↵
- Nómina de Bibliotecas Populares Protegidas (1941) y Nómina de Bibliotecas Populares Protegidas (1954), Comisión Protectora de Bibliotecas Populares. ↵
- El nombre fue elegido en homenaje al primer director de la Escuela Normal de Santa Rosa (Durango y Prieto, 2003). Clemente José Andrada realizó sus estudios secundarios en la Escuela Normal de Paraná (Entre Ríos) y egresó de la Universidad de Buenos Aires como doctor en Filosofía y Letras. El 24 de abril de 1909, fue designado director y profesor de Historia, Pedagogía y Geografía de la Escuela Normal de Santa Rosa. ↵
- En 1999, se decidió volver a utilizar el nombre “Clemente José Andrada”, el cual conserva hasta la actualidad.↵
- Dicha asociación se conformó el 11 de julio de 1920. El objetivo de esta entidad gremial fue crear una “biblioteca de carácter popular” que se ocupara de la difusión de la cultura y la ilustración, en respuesta a “una necesidad sentida a muchos en la localidad” (Lanzillotta, 2008, p. 330).↵
- Los clubes deportivos fueron ámbitos de sociabilidad y recreación que proliferaron rápidamente en el Territorio Nacional de La Pampa durante la segunda y la tercera década del siglo XX (Cornelis, 2011). Guatraché, ciudad cuya creación se remonta a 1908, vio nacer cinco clubes entre 1911 y 1943; el Club Atlético Pampero se creó en 1921.↵
- En el año 2019, la Biblioteca Sarmiento fue rebautizada con el nombre “Manuel Lej”, en homenaje a un vecino que fue socio-colaborador de la institución durante más de dos décadas.↵
- Para la BPCJA, se han localizado los libros de adquisiciones y donaciones, en tanto, en el caso de la BPFA, se cuenta con acceso a las actas de la comisión directiva y al registro de préstamos a domicilio, mientras que, para la BPS, se conservan libros de actas, memorias, balances e inventarios. Libro de Actas N° 1 (1949-1952) y N° 2 (1952-1969), y Registro de libros llevados a domicilio (1945-1958), Club Atlético Pampero-Biblioteca Popular “Florentino Ameghino”, Guatraché. Libro de Actas N° 1 (1932-1941) y N° 2 (1941-1952), Biblioteca Popular Domingo F. Sarmiento, Winifreda. Libro de donaciones y adquisiciones (1949-1966), Biblioteca Clemente José Andrada, Santa Rosa, La Pampa. La documentación fue consultada en las respectivas bibliotecas.↵
- Hasta el momento, no se ha podido acceder a ninguna documentación que permita identificar a los principales referentes de las CD en la Biblioteca Andrada.↵
- La Cooperativa Agrícola Ganadera Limitada de Guatraché se fundó el 26 de julio de 1947. La institución fue presidida por Juan Medina y Félix Urselay se desempeñó como primer gerente, quien pronto fue reemplazado por Emilio Fernández (Díaz y Rodríguez Carámbula, 2008). Según la Nómina de Entidades de la Provincia Eva Perón, para 1951, la “Cooperativa Agrícola Ganadera” contaba con 665 miembros, todos de filiación política peronista.↵
- Esta iniciativa fue llevada adelante por un grupo de docentes de la Escuela N° 60, entre ellas, Ruth A. de Llamas, Estela A. de Llamas, Estela A. de Vagge, Mercedes M. de Parodi, María Octaviano, Nora S. de Sevillano, Josefina T. de Tibaldi, María T. de Fontanetto, Gloria E. A. de Llamas, Teodora F. de Baglioni y Elba S. de Lladó. La Comisión funcionó hasta el 18 de mayo de 1957, momento en que se renombró como Cooperadora del Ciclo Básico Juan Bautista Alberdi. En esta oportunidad, Ernesto Fontanetto desempeñó el rol de Protesorero (Doba y Sánchez, 2008).↵
- En referencia a estudios sobre peronismo y educación, ver Plotkin (2007); Colotta et al. (2012) y Petitti (2012). Al respecto, Plotkin (2007) resalta el rol que tuvo el sistema educativo en la difusión de una cultura política de adoctrinamiento tanto para maestros como para alumnos. ↵
- Entre ellos, pueden citarse La Argentina de Perón (1952), de Ángela C. de Palacio, libro de lectura para cuarto grado de la Editorial Luis Lasserre; Obreritos (1953), de Luisa F. de García, de la Editoral Kapelusz, pensado para segundo grado; Evita (1953), de Graciela Albornoz de Videla, de la editorial Luis Lasserre, destinado a niños de primer grado; Rondas del gran amor (1953), de Amalia Luisa Bruzzone, publicado por la editorial Estrada para tercer grado; y Privilegiados (1953) de Ángela Gutiérrez Bueno, editado por Kapelusz, también pensado para alumnos de primer grado, por nombrar solo algunos ejemplos. ↵
- Ingresaron varios volúmenes de Perón dijo, El pueblo quiere saber de qué se trata y otros folletos vinculados con el primer y segundo Plan Quinquenal, tales como Perón habla a los docentes, Qué es un plan quinquenal (1952), Perón, su pueblo y el segundo plan quinquenal (1953), El trabajo en el segundo plan quinquenal, Discursos del General, y La razón de mi vida (1951). La mayoría de estos folletos fueron enviados por la CPBP, mientras que La razón de mi vida ingresó luego de su compra en Buenos Aires. Otro de los títulos que llegó a la BPCJA fue Perón 1895-1942 (1952) de Enrique Pavón Pereyra, historiador y biógrafo de Perón.↵
- Bajo la categoría S/D (sin definir) se agrupó a aquellos textos de los que no se disponían los datos suficientes para hacer una clasificación del género literario. En el grupo “peronismo”, se contabilizaron aquellos volúmenes relacionados con la gestión peronista, sean revistas, folletos o textos bibliográficos.↵
- Entre ellos, fue notoria la llegada de volúmenes de La Obra, revista de educación, una publicación cuya difusión fue muy importante en las escuelas primarias argentinas. A partir de 1953, también fueron numerosos los folletos y revistas, como Ping Pong, Hobby, El ahorro, Crónica de Holanda y la L. R. A. Radio Nacional.↵
- El vínculo entre el peronismo y la llegada de material bibliográfico vinculado con su difusión por medio de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares fue analizado en mayor profundidad para el caso de la Biblioteca Andrada en Oviedo (2019).↵
- Debemos señalar que, entre los clásicos requeridos en la institución, se consultaron Amalia (1851), de José Mármol, Madame Bovary (1856), de Gustave Flaubert, y Corazón (1886), de Edmundo De Amicis.↵
- En este sentido, durante el período analizado, se destacan los retiros de novelas de autores internacionales de gran trascendencia, como Un corazón sencillo (1877) de Gustave Flaubert, Cumbres Borrascosas (1847) de Emily Brontë y El sabueso de los Baskerville (1902) de Arthur Conan Doyle. La preferencia hacia autores extranjeros es notablemente visible en los préstamos del año 1952. En esta fecha, los autores leídos con más frecuencia fueron Constancio C. Vigil, Hugo Wast, Knut Hamsun, Émile Zola, Guy Chantepleure, Luis Coloma, Manuel Prevost y Romain Rolland.↵
- Entre ellos, pueden nombrarse títulos como Botón Tolón (1927), Tragapatos (1941) y El ganso bromista (1950), todos del escritor uruguayo Constancio C. Vigil.↵
- Estatutos, Memoria y Balances de la Asociación Biblioteca Popular Sarmiento, Winifreda, La Pampa, 1944. Consultados en la institución.↵
- En el caso de Winifreda, los libros de actas nos permiten reconstruir la composición de las CD entre 1932-1952. Para Guatraché, el registro disponible permite observar el desarrollo de las CD durante los años 1949-1955. Entre esas fechas, los cargos directivos principales (presidente, vicepresidente y secretario) fueron ocupados exclusivamente por hombres en las dos asociaciones. ↵
- Según sostiene María Herminia Di Liscia (2014), las primeras experiencias de participación política de las mujeres pampeanas se desarrollaron dentro del Comité Femenino por la Provincialización y la militancia radical. De este modo, durante las primeras décadas del siglo XX, las mujeres trabajaron en la confección de padrones, recorrieron los barrios e hicieron uso público de la palabra en las tribunas. Al mismo tiempo, la autora afirma que “las pampeanas de sectores medios y altos tenían una significativa participación en el mundo local de la cultura y la educación y en diversas asociaciones” (M. H. Di Liscia, 2014, p. 129). Sobre la experiencia política de las mujeres en La Pampa, ver también Zink y M. H. Di Liscia (2007) y Zink (1995, 2005).↵
- Es menester aclarar que la ausencia de mujeres en los cargos directivos no significó la omisión de estas en otros ejercicios esenciales. En particular, la Biblioteca Ameghino es un ejemplo, dado que, a partir de 1932, la institución contó con una bibliotecaria que se encargaba de actividades sustanciales como el pedido de libros, la correspondencia, las memorias y el registro de los préstamos llevados a domicilio (Lanzillotta y Oviedo, 2018). ↵
- La Editorial Abril fue fundada en 1941 por el italiano Cesare Civita. Publicaba principalmente revistas infantiles, seminarios de actualidad y revistas destinadas al público femenino. El primer producto de Abril fueron libros para niños destinados a la colección “Pequeños Grandes Libros”, colección en la cual se encontraban los personajes de Disney, aunque es recién en julio de 1944 cuando la editorial obtuvo la autorización para publicar un semanario totalmente dedicado a los héroes de los dibujos animados (Scarzanella, 2009). Entre 1946 y 1947, la Biblioteca Sarmiento adquirió material infantil vinculado con esta producción, cuyos protagonistas fueron, principalmente, el ratón Mickey y el pato Donald. Cabe destacar que, en ninguno de los otros dos casos analizados, se encontró este tipo de bibliografía.↵
- Entre ellos, Platero y yo (1914) de Juan Ramón Jiménez, Nuestras Malvinas (1944) de Juan Carlos Moreno, María Antonieta, Quo Vadis? (1895) de Henryk Sienkiewicz, El tempe argentino (1842) de Marcos Sastre, Juvenilia (1884) de Miguel Cané, Don Segundo Sombra (1926) de Ricardo Güiraldes, La cabaña del Tío Tom (1852) de Harriet Beecher Stowe, El judío errante (1845) de Eugene Sue, por nombrar algunos. ↵
- Los proveedores de este material fueron las librerías Ciorda y Rodríguez, El Ateneo y Librería Perlado. Los libros fueron facturados entre los días 4, 12 y 16 de marzo de 1948.↵
- Los títulos solicitados fueron La tumba de hierro (1864), Freya de las siete almas (1987), Tifòn (1902), Dr. Arrowsmith (1925), Los ahorcados (1908) y Un divorcio (1904). ↵






