Canciones, poemas y la (re)creación del paisaje en la construcción de identidades culturales pampeanas
Ana Romaniuk
Introducción
A través del abordaje de cuatro registros fonográficos, en este capítulo nos proponemos reflexionar acerca del vínculo que puede establecerse entre ciertas canciones y poesías creadas en la provincia de La Pampa, la representación del espacio geográfico y la capacidad que poseen estas producciones sonoras para generar identificaciones con el paisaje cultural. Se trata de grabaciones de características disímiles, tanto por su contenido y estructura, como por las estrategias identitarias que ponen en acción. El punto que poseen en común es que se trata de grabaciones que –como tales– mediatizan la palabra, y que han sido producidas en La Pampa o por músicos y poetas vinculados con la provincia, inmersas en el proceso de construcción y cristalización de la identidad cultural pampeana.[2] En el análisis, consideraremos el disco El Indio Apachaca dice: Pampa y Pan (1967), integrado por poemas escritos e interpretados por Adolfo Gaillardou[3]; el disco Esta es la pampa (1971), obra integrada por poesías y textos de Armando Forteza y canciones de Delfino Nemesio[4]; las canciones de Julio Domínguez “El Bardino” incluidas en el disco Voces de la Patria Baya (1974) del Dúo Sombrarena;[5] y, por último, la canción de Juan Ricardo Nervi y Alberto Cortez “La Pampa es un viejo mar”, compuesta en la década de 1980 (Evangelista, 2017). La palabra que suena en cada uno de estos documentos sonoros nos habilita a pensar en algunos elementos a partir de los cuales “el lugar” puede ser construido simbólicamente en las evocaciones que emergen del recitado de un poema o de la interpretación de una canción.
Estas producciones discográficas comienzan a circular entre fines de la década de 1960 y principios de la de 1970, momento importante en la consolidación de procesos culturales iniciados en la época territoriana que se intensificaron a partir de la provincialización en 1951.[6] Laguarda et al. (2011), Salomón Tarquini y Laguarda (2012), Salomón Tarquini (2016) y García (2013) han realizado interesantes aportes a los estudios sobre las políticas culturales llevadas adelante tanto por el Estado pampeano como por organizaciones, grupos e iniciativas privadas, a partir de las trayectorias individuales y colectivas en el proceso de consolidación cultural, durante las primeras décadas de existencia de la joven jurisdicción.
Dos de los autores analizados –Juan Ricardo Nervi y Armando Forteza– fueron actores centrales en este proceso, pues fueron los primeros en ocupar el cargo de directores provinciales de Cultura. El primero, entre 1956 y 1958 y, el segundo, entre 1958 y 1963. Además de la importancia de su gestión, poseen una vasta obra literaria, considerada fundante para la literatura local. Al comparar la producción de ambos, Leda García (2013) sostiene que “Forteza halla en la raíz indígena un embrión mitológico para la identidad pampeana. En cambio en Nervi la identidad hay que buscarla en los pioneros de la llanura: La Pampa encuentra raíz y sentido en la colonización” (p. 379). Artistas e intelectuales, junto con otros productores culturales, transitaron (y aún transitan) recorridos que, en ocasiones, se complementan y, en otras, se oponen y enfrentan. Tal como señalan Laguarda y Salomón Tarquini (2012):
Hasta la década del sesenta la producción intelectual referida a La Pampa valoraba positivamente la parte oriental del Territorio donde se suponía que residían los motores del “progreso”: la producción agroganadera, el área receptora de inmigrantes y más tarde, la cuna de la modernización de la provincia. En contraste el Oeste pampeano[7] era considerado como un lugar de atraso, como un desierto al que había que domesticar. (p. 159)
A partir de la década del sesenta, se asiste a una resignificación del oeste por parte de intelectuales, músicos, poetas y diversos actores vinculados al hacer cultural de la provincia. Las características del paisaje y del clima, sus habitantes y las duras condiciones de vida, así como los conflictos interprovinciales surgidos como consecuencia del uso inequitativo de los recursos hídricos, son algunos de los elementos que han colaborado para convertir a esa zona de la provincia en un ámbito mítico en donde se elaboran nuevas representaciones de la pampeanidad.[8] Según Maristany et al. (1997),
El movimiento de regionalización cultural, aún vigente, surge en un momento histórico particular como correlato de programas que se elaboran en el plano político-económico a partir de la obtención de la autonomía provincial, entre los cuales, la recuperación de los recursos naturales, sobre todo los hídricos, que le han sido arrebatados a la provincia es central. (p. 518)
Ubicándonos en este contexto de elaboración, resignificaciones y disputas, el interés está puesto en dilucidar de qué manera estas canciones y poemas son capaces de crear tramas simbólicas en torno al lugar. Por ello, es oportuno reflexionar acerca de la dimensión comunicativa del paisaje, siguiendo la propuesta de Nogué y de San Eugenio Vela (2011), quienes afirman que:
Al hablar de paisaje estamos hablando de una porción de la superficie terrestre que ha sido modelada, percibida e interiorizada a lo largo de décadas o de siglos por las sociedades que viven en ese entorno. El paisaje está lleno de lugares que encarnan la experiencia y las aspiraciones de la gente; lugares que se convierten en centros de significado, en símbolos que expresan pensamientos, ideas y emociones varias. El paisaje no solo presenta el mundo tal como es, sino que es también, de alguna manera, una construcción de este mundo, una forma de verlo. El paisaje es, en buena medida, una construcción social y cultural, siempre anclado –eso sí– en un substrato material, físico. (p. 27)
Los poemas –muchas veces convertidos en canciones– generan representaciones y crean nuevas significaciones en relación con el lugar habitado y con el lugar imaginado. Así, los textos y la música comunican modos particulares de entender el entorno, colaborando en la construcción de imaginarios acerca del presente y del pasado que se articulan en la trama cultural local.
En el caso de las fuentes tomadas para este escrito, la evocación del entorno natural carga de sentido a las diferentes situaciones que se describen. El proceso histórico atravesado por el territorio pampeano, desde su constitución a fines del siglo XIX hasta la creación de la provincia en 1951,[9] es un tema recurrente en estos relatos y, junto con ellos, las narrativas acerca del paisaje y de su transformación.[10] A lo largo de este proceso de construcción identitaria, se han buscado estrategias de diferenciación simbólica entre La Pampa, las provincias vecinas, la región y la nación. En un trabajo anterior (Romaniuk, 2016), decíamos que:
El proceso de consolidación de la pampeanidad en términos musicales transitó por la búsqueda de elementos representativos de lo local, con la intención de encontrar una definición sonora y cultural que le permitiera integrarse al resto de las provincias, y que a su vez operara como diferenciadora de la vecina provincia de Buenos Aires, con la que comparte los géneros musicales pretendidos como propios (milongas, huellas, estilos). (p. 124)
En este sentido, Maristany et al. (1997) mencionan que
En esta búsqueda de pampeanidad, se acepta sin ningún cuestionamiento previo, los arbitrarios límites geopolíticos del espacio provincial y se subordina lo cultural a lo histórico-geográfico. Se trata de un relato propio de la modernidad que implica necesariamente la elaboración de un mito identitario que supone un “nosotros” inclusivo al mismo tiempo que excluye todo elemento que no corresponda al modelo semiótico-cultural propuesto en la codificación legitimada por esa narrativa. (p. 519)
La marca diferencial, ese “nosotros”, aparece en parte en la delimitación político-geográfica provincial. Si, por un lado, la región pampeana[11] ha encontrado cierta legitimación cultural en la cristalización de la figura del gaucho y el caballo que se desplaza por la extensión de la llanura, y ha hallado, en los relatos costumbristas, una forma de expresión musical vinculada a la milonga, la cifra y el estilo; por otro lado, y dado que los géneros musicales considerados propios son compartidos en la región, la diferencia en la provincia de La Pampa propiamente dicha se ha ido construyendo, sobre todo, en relación con los textos de las canciones, en al menos dos modos de identidad que emergen en las fuentes sonoras utilizadas aquí. Uno, vinculado al proceso de consolidación del modelo agrícola ganadero a partir de la Campaña del Desierto y su nuevo poblamiento por parte de inmigrantes europeos: “la pampa gringa”. El otro, vinculado a la construcción de la imagen del “desierto”, el oeste, la ausencia de los ríos y los reclamos por su recuperación,[12] y lo que sobrevive (en el pasado y en el presente) de la cultura indígena.
En los siguientes apartados, analizaremos los documentos seleccionados y el modo en el que aportan a ambos tipos de construcciones identitarias.
El Indio Apachaca dice: Pampa y Pan
Este es el título de un disco de poemas de José Adolfo Gallardou,[13] editado en 1967, en Buenos Aires, a través de la productora independiente Matus.[14] El trabajo reúne una serie de relatos y poemas dedicados al campesino de La Pampa, a las duras –y en ocasiones inhumanas– condiciones de su trabajo y a la dependencia de la labor agraria de factores climáticos y naturales (lluvias, sequías, vientos e incendios). El cultivo del trigo es tomado como emblema, elemento que luego –a partir de la sustanciación de una fórmula casi mágica: sal, harina y agua– se convertirá en pan. El chacarero es el artífice de esa creación, que es declarado como el alimento de los hombres del mundo.
La tapa del disco reproduce un dibujo del artista plástico Carlos Castagnino (Imagen 1) que muestra la figura de un niño hambriento, una mano que sostiene un puñado de espigas de trigo y un arado abriendo surcos en la tierra. Esta imagen y el contenido de los poemas son un ejemplo de la construcción de imaginarios vinculados a la pampa de la agricultura, en este caso, a partir del recitado de poemas registrados en la grabación.
Imagen 1: Portada del disco EL INDIO APACHACA dice PAMPA y PAN

Fuente: fotografía tomada por Ana Romaniuk.
En el caso de “Alirio el chacarero” (Track 2, Lado A), describe un trágico episodio, vinculado con una prolongada sequía ocurrida entre los años 1928 y 1938, cuando algunos colonos emigraron a otras tierras, pero hubo otros, como Alirio Belenger, quien “no quiso traicionar el surco”, y se suicidó colgándose del travesaño del jagüel. El poema es presentado como homenaje a este chacarero y ofrece una excusa para reflexionar sobre la vida y la muerte. Al recitado se le incorpora una sutil disonancia producida por armónicos ejecutados en las cuerdas de la guitarra. Comienza diciendo:
Se ahorcó Alirio el chacarero / la culpa la tuvo el cielo / que le limó el alma hasta los huesos / La noticia corrió por el aire / como el nudo por la soga / hasta llenarle el aire de silencio / Se puso el traje de los acontecimientos / para quedar como caía el verano / reseco y vertical sobre la tierra. (Gaillardou, 1967)
En “Cortita la trenza” (Track 1, Lado B), narra el nacimiento y un largo y aventurado recorrido del género malambo desde La Pampa a la ciudad. En la prosa inicial, el autor coloca varios elementos de lo que para él opera como el entorno natural pampeano, que enmarcaría el surgimiento del malambo, diciendo:
Andando soledades, dejando de ser pájaro para ser caracol. Agua pura, silencio. El malambo esperó para nacer sobre La Pampa con los vientos de La Pampa y el sur bajo la cruz, con las noches de La Pampa, con el sol, con el vientre de La Pampa, con el gaucho… Anduvo hombre adentro en el camino. Una trenza, una guitarra y un lucero. Las horas en exilio y el oído pegado a las auroras lo hicieron nacer latiendo en los galopes, con tacos de sombra para un largo itinerario.
Estoy en la tierra de América Sur
Estoy en el aire gordilla y tropel
El sol se levanta me siento nacer
Cortita la trenza, chiquito el botón. (Gaillardou, 1967)
El poema alterna la prosa con una cuarteta endecasílaba a modo de estribillo –aunque en cada aparición del motivo varía el texto– cerrando siempre con los versos “cortita la trenza / chiquito el botón”. El recitado rítmico en 6/8, casi cantado, es acompañado tímbricamente con lo que parece ser la imitación del sonido producido por las botas realizando el zapateo.
En “Marcelino García” (Track 3, lado B), también se describe una tragedia: el incendio que terminó con 400 hectáreas de trigo maduro, y con la vida de Marcelino García y de su hijo al intentar apagar el fuego. Al describir la belleza del trigal, se escucha el acompañamiento arpegiado de la guitarra y, durante el relato del incendio, se perciben sonidos que imitan el crujir del fuego. Dice:
Era la hora de todo entre las manos / era la hora con ganas de gritar ¡Qué lindo! ¡Qué lindo! / Un aire ablandado caía en las espigas / que se doblaban en saludo / contándose al oído un secreto hasta el cielo de secretos. / Pero justamente cuando todos lo sabían / cuando un mar de relinchos y de pájaros gritaban: / –¡Este trigo tiene nombre: se llama Marcelino! / Que un grito desangrado en humo y llamarada / rompió los pechos del aire y del asombro. (Gaillardou, 1967)
En cada uno de los recitados del long play, el campo y el monte de caldén están presentes.[15] En algunas ocasiones, bajo la descripción del paisaje natural, a través de la evocación del cielo, de la inmensa llanura o de los vientos que enmarcan la escena; y, en otras, como paisaje que ha sido intervenido por la mano del hombre: el jagüel, el surco del arado en la tierra y los campos sembrados de trigo. En varios de los recitados, además de la voz de Gaillardou, se incorporan sonidos incidentales (acordes de milonga o algunas disonancias ejecutados en guitarra, o sonidos que refuerzan e ilustran la trama argumental, como los golpes que imitan el martillo del herrero o el crepitar de las llamas), lo que pone en evidencia el cuidado especial para con lo sonoro, y acerca este disco a la idea de una producción musical.
Gaillardou ha escrito y publicado varios libros de poesías y de narrativa que toman a La Pampa como escenario.[16] Muchas de sus poesías han sido musicalizadas (en los registros de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música –SADAIC–, aparecen registrados alrededor de cien títulos). No obstante, no fueron los músicos pampeanos quienes han elegido sus creaciones para hacerlo, por lo que estas composiciones no circulan como canciones del repertorio musical de La Pampa.
Esta es La Pampa
Es una obra integral de contenido épico que relata –entre poesías, recitados y canciones– desde una mirada particular el recorrido histórico de La Pampa. El autor de los poemas y de la trama argumental es Armando Forteza,[17] y el compositor de la música de las canciones es Delfino Nemesio.[18]
El álbum contiene dos discos de vinilo en formato long play y fue grabado, en 1971, en el sello Hilne en la ciudad de Santa Rosa, que fuera propiedad del mismo Nemesio. La tapa del disco reproduce una difundida pintura del artista plástico Juan Lamela, “Descubierta”, que muestra la imagen de tres militares montados a caballo, portando lanzas y armas de fuego, cabalgando a campo traviesa. Significativamente, debajo del cuadro, se lee el título del disco en letra mayúscula y color rojo: “Esta es La Pampa” (Imagen 2).
Imagen 2: Portada del disco ESTA ES LA PAMPA

Fuente: fotografía facilitada por Leda García.
Incluye un folleto que consigna vasta información sobre los autores y cada uno de los intérpretes. Además, incorpora un extenso escrito que introduce el argumento de la obra, y un recuadro titulado “Juicio crítico” sobre la producción, firmado con el seudónimo Ranculche.
El track 1 comienza con un relato que realiza una semblanza de la Mamull Mapu[19] como el territorio habitado por la dinastía de los Zorros, liderada por Mariano Rosas, y por la de los Piedra, liderada por Calfulcurá.[20] Continúa con la descripción de la situación de los primeros fortines en estos términos:
Los humildes fortines, vigías del desierto, se levantaron en muchos lugares de la campaña con el propósito frecuentemente frustrado de detener el avance de los indios que, validos de su superioridad numérica y pese al heroísmo de los defensores lograban filtrarse por las fronteras pasa asolar poblaciones, robar hacienda y cautivar mujeres y niños. No obstante ello, algunos paisanos curtidos a por soles, vientos y heladas, y castigados por penurias sin cuento, pero leales siempre para con la patria, supieron oponer inexpugnable resistencia a la acometida de las hordas pampas y hasta alcanzaron increíbles triunfos en singular derroche de audacia y bravura. (Forteza, 1971)
A través de esta cita, es posible vislumbrar la imagen que Forteza recrea de la población indígena que ocupaba el territorio pampeano en el momento de la Campaña: las hordas pampas que acometían en los fortines para asolar poblaciones, robar hacienda, mujeres y niños. Una vez doblegado, el autor desdibuja la bravura del indio vencido y despojado de sus tierras, neutralizando el peligro que otrora representaba. El giro es evidente:
Sobre los indios se han emitido juicios no siempre reflexivos, y con frecuencia apresurados. Arribar a la verdad total es tarea compleja y tal vez imposible, ya que cuentan numerosos factores: repetir que eran crueles y feroces no implica un juicio de valor de carácter definitivo, por cuanto también lo fueron con ellos los cristianos o huincas. Por otra parte muchas de sus acciones calificadas de bárbaras eran justas represalias contra nada mansos procederes de los civilizados blancos. Cuando tuvo lugar la decisiva batida de La Pampa por fuerzas aguerridas y disciplinadas, a los indios de lanza que se tomaban prisioneros se los destinaba al ejército de línea, otros que no portaban armas se conchabaron en su mayoría como peones de estancia, y los que alcanzaron a huir, rumbearon al sur buscando más seguras latitudes. (Forteza, 1971)
Los relatos, las poesías y las canciones que integran este trabajo discográfico presentan un paisaje natural y cultural que se va modificando por la acción civilizatoria y modernizadora de la sociedad blanca. A medida que el relato avanza, la Mamull Mapu (la tierra del monte) se va modificando. Esa gran extensión de tierra habitada por los pueblos indígenas, enmarcada por las lagunas, los caldenes y los potros indómitos, se va transformando, primero, a partir de la aparición de los fortines y de las primeras poblaciones. El proceso de desmonte y explotación del caldén para convertir ese monte en tierras cultivables y la llegada del ferrocarril son planteadas, en el argumento de la obra, como la marca definitiva del progreso. La presencia o la ausencia de la lluvia es un elemento clave en la adopción de estos modos de vida: esta marca ciclos de abundancia y escasez, definiendo y modificando las características del paisaje. Fue necesario caracterizar la bravura del indio para justificar la matanza indiscriminada. Luego, el destierro y la incorporación a la sociedad blanca de los sobrevivientes permitieron las primeras fundaciones de pueblos, que se fueron poblando con migraciones internas y olas inmigratorias.
Esta obra alterna narraciones con poemas y canciones. Los relatos introducen a las poesías y la música refuerza el argumento.[21] De las siete canciones que integran Esta es La Pampa, cuatro de ellas responden a géneros folklóricos que se vinculan con La Pampa en particular, y a la llanura pampeano-bonaerense en general: cifra, estilo, milonga y huella. Más allá de que los textos de estas músicas refuerzan el contenido narrativo de la obra en su totalidad, la sonoridad del canto con guitarra traslada simbólicamente al oyente a la llanura, al campo y a un imaginado modo de vida.[22]
En cuanto a las otras tres canciones, “Amuchimay” (canto indio) es la canción de despedida para el indio desterrado. El ritmo invariante del tambor, el acompañamiento de la guitarra ejecutada sobre un mismo acorde y un solo motivo melódico que se repite sin variaciones son los recursos puestos en juego para cantar un breve texto, que incorpora palabras en lengua mapudungún.[23] El vals “Volvió la lluvia” –cuyo texto celebra el fin de la sequía– remite a músicas festivas, cristalización de la danza que supera barreras geográficas y temporales. Es posible interpretar la canción litúrgica “Tu voluntad señor” –en la que las campanas introducen el canto del coro femenino a capella– como el lugar simbólico civilizador de la religión católica.
Se escuchan, también, músicas incidentales que plantean la continuidad argumental en el plano musical. En ocasiones, retoma motivos melódicos de las canciones mencionadas, arregladas para orquesta y que acompañan relatos y recitados ejecutadas por la Banda Sinfónica Provincial, el motivo rítmico del tambor de “Amuchimay” como leitmotiv para remitir al indio, o las mismas introducciones vocales de las canciones para iniciar o retomar el relato entre lado y lado de los discos, o entre un disco y otro.
Esta cuidada grabación se constituye en un valioso registro que nos permite escuchar la propuesta de Armando Forteza y Delfino Nemesio acerca del devenir histórico de La Pampa. Del mismo modo que El Indio Apachaca dice: Pampa y Pan, en Esta es la Pampa, la palabra que suena, las canciones y los arreglos musicales ofrecen elementos que permiten acceder a la obra desde otro canal de percepción.
Julio Domínguez (El Bardino) y las canciones del disco Voces de la Patria Baya
El dúo Sombrarena, integrado por Delfor Sombra y Cacho Arenas, grabó, en 1974, un long play titulado Voces de la Patria Baya, integrado por once canciones de autores locales, cinco de las cuales pertenecen a Julio Domínguez.[24] El trabajo fue realizado en los estudios ION, en la ciudad de Buenos Aires, que era considerado uno de los mejores espacios de grabación de la época.
En el título del disco, ya aparece enunciado parte del paisaje y su color: la patria baya. Las fotografías en tonos sepia y el montaje del fotógrafo Pablo de Pian retratando los caldenes y los rostros de los músicos refuerzan el sentido que cada una de las canciones irá enunciando: cantar a La Pampa desde lo que el territorio tiene de diferente: su región más árida (Imagen 3). Este trabajo discográfico puede interpretarse a partir de los procesos de construcción de identidad, en los términos propuestos por Stuart Hall (2003), como una práctica significante que obedece a la lógica de la diferencia; y permite comprender cómo la música, la lírica de las canciones, las prácticas musicales y los discursos que se construyen en torno a ella operan de manera eficaz a la hora de establecer fronteras simbólicas entre lo propio y lo ajeno. Al respecto, el músico Delfor Sombra afirmó:
Nos pusimos de acuerdo, los dos queríamos lo mismo, componer y ver de armar un repertorio de la provincia, para mostrarla, para defenderla… En aquella época cantar una milonga era como una mala palabra… habíamos sido invadidos por la música de otras regiones, cosa que no está mal, eh, ¡ojo! Pero vos ibas a cantar una milonga y te decían paisano de mierda, descalificándote. Éramos mal vistos. En fin. Bueno, qué sé yo… lo hermoso es que… fue una hermosa disculpa para empezar a ganar un lugar. [25]
Imagen 3: Portada del disco Voces de la Patria Baya

Fuente: fotografía tomada por Ana Romaniuk.
El “repertorio de la provincia” es puesto, en este testimonio, en tensión con el repertorio folklórico de circulación nacional. Es en la peña “Temple del Diablo”[26] donde se consolida la alianza entre Cacho Arenas y Delfor Sombra para formar el dúo y dar a conocer el repertorio de canciones pampeanas que comenzaban a circular en las noches de encuentro, y que comenzó a cristalizarse bajo el nombre de “música pampeana”.
La estrategia adoptada fue la grabación de un long play para trascender el ámbito de la ejecución en vivo y llegar a una audiencia más amplia. La incorporación de cinco canciones de Julio Domínguez en el disco pudo deberse a la relación de amistad personal que mantenía con los músicos, y porque –si bien eran simples y compuestas de manera intuitiva– reunían las condiciones del perfil estilístico que se buscaba difundir, habiendo obtenido cierta popularidad antes de ser incluidas en el vinilo.
Los versos están colmados de ideas que remiten a los recuerdos de “El Bardino”, al lugar donde nació y donde pasó los primeros años de su vida –la localidad de Algarrobo del Águila y los parajes cercanos–, evocan la geografía, la flora y los habitantes del lugar. El paisaje provisto por las bardas, la disminución del caudal de los ríos y los médanos son el contexto natural que enmarca estas canciones, así como también la referencia frecuente a la flora nativa –la chilca, el llaollín, el jume, la zampa y la puelchana– y a algunos personajes del lugar. Citamos varios fragmentos de estas obras para ilustrar la manera en que “El Bardino” reconstruye su región:
Por la costa de la barda (zamba)
Préstame para mis ojos
El color florido que tiene el bardal
Con una rama de jume
Tal vez se perfume mi pecho al cantar.
La Chilquita (Chalilera) de Julio Domínguez
y Guillermo MarequeA lo de Santa Isabel
Chilca y arena me fui
Y me chorreaba el apodo
Los médanos solos arena y llaollín.
Ese Chadileuvú
Que no quiere crecer
Todos los años panditos
Los chalileritos se mueren de sed.
Para Volver (Estilo sobre motivo popular)
[…]
Florezco como puelchana
Sin agua de arroyo alguno
Como la zampa doy humo
Señal pal que anda perdido
Desde el fondo del olvido,
Mi canto les muestra un mundo.
Cueca de la Blanca (Cueca)
Esta cueca es de los pagos
De Don Cochengo Miranda
Cuando la bailes paloma
Buscamé con la mirada
Que están de fiesta los criollos
En el jaguel de La Blanca.[27]
“La rendición de Manuel” evoca la desarticulación de las grandes dinastías que dominaban el territorio pampeano en el momento de la Conquista, a través del hecho concreto de la entrega ante el gobierno nacional de Manuel Namuncurá.[28] El texto de la canción empatiza con la realidad del indio que pierde su autonomía al someterse bajo el dominio del huinca y de la iglesia católica, asumiendo una postura crítica ante el episodio. Además de mencionar a varios de los líderes indígenas, nombra dos instrumentos musicales como elementos simbólicos de las culturas del sur: el cultrún (pequeño membranófono) y la trutruca (aerófono construido con una larga caña), en el escenario implacable del desierto: “El cultrún te reclama / Por el desierto, / Trutrucas de la nada, / Velan tus huesos. / No puede ser, no debe ser, / Lo dijo Pincén, Yancamil también”.[29]
“El Bardino”, con su particular poesía popular de la mano de su intuición musical, describe el universo imaginado del oeste, con su geografía, su flora y los personajes que lo habitan y que lo habitaron, colaborando en la cristalización del imaginario del desierto pampeano, y el Dúo Sombrarena, con sus cuidadas interpretaciones y arreglos, lo dejan plasmado en un long play fundacional para la música pampeana.
“La Pampa es un viejo mar”
El último caso tomado para este trabajo es una canción: la milonga “La Pampa es un viejo mar”, sobre un texto de Juan Ricardo Nervi[30] que fue musicalizado en la década de 1980 por Alberto Cortez.[31] Esta canción fue escrita y compuesta desde la distancia (Nervi exiliado en México y Cortez en España). Elabora una síntesis que condensa varias ideas y sonoridades de La Pampa desértica, del monte, del campo; La Pampa del indio y del chacarero. El poema completo de esta composición dice:
I
Si usted no conoce el Sur
Y piensa que es el desierto,
No sabe cómo es La Pampa
Ni conoce su secreto:
¡La Pampa es un viejo mar
donde navega el silencio!
Usted que pasa y se va,
Puede bajarse sin miedo,
Podrá escuchar cómo suenan
Las trutrucas del Pampero:
¡Si usted no ha esta’o por aquí
No sabe lo que es el viento!
II
Tierra para estar de pie
Con las vigilias del tiempo.
A veces, entre los cardos,
Se va desangrando el suelo.
¡Y un llanto de sangre y sal
Le llora su río muerto!
Busque en el pobre hachador
Su caracú jornalero:
La médula de un caldén
Hallará si escarba el hueso.
¡Con sus raigones de fe
Son plantas mirando el cielo!
III
Deje que llueva nomás,
Sobre este cultrún reseco;
Ya verá cómo florecen
Los surcos del chacarero:
¡Con sus muchachas en flor
El trigo se da en un beso!
Venga conmigo y seré
Para siempre su aparcero;
Verá un manantial de luz
En el corazón del médano.
¡La Pampa es de áspera piel,
Pero jugosa por dentro
Si usted no conoce el Sur
Y piensa que es el desierto.
Mire bien el horizonte
¿No ve mil barcos veleros?
¡La Pampa es un viejo mar
donde navega el silencio![32]
El texto de esta canción construye un lugar atravesado por el ser humano que lo habitó y que lo habita. Menciona (¿pinta?) un paisaje desértico y ventoso, ponderando y adscribiéndole un valor estético positivo, desde el propio título de la canción, en el que plantea un paralelismo entre la gran extensión de tierra (el desierto) con el mar que otrora cubriera el territorio pampeano.[33] Apela a elementos de la flora que son característicos del territorio: el cardo y el caldén. Evoca el sonido del viento a través de las trutrucas y compara la piel reseca del cultrún con la sequedad del suelo. El agua es nombrada bajo tres condiciones distintas: la comparación mar-desierto, los cauces secos de los ríos y la lluvia transformadora.
En cuanto a los habitantes de esta tierra, se encuentra la referencia al pasado indígena a través de comparaciones de corte sonoro y textural con sus instrumentos musicales. Por otro lado, menciona a los hacheros, actores fundamentales del territorio en el período de desmonte de caldén (la modificación del entorno natural para transformar el monte salvaje en tierras aptas para la agricultura), y el chacarero trabajando la tierra, sembrando y cosechando el trigo.
De una manera exquisita, el poema recorre la transformación de la geografía, la cultura y las actividades humanas y económicas pampeanas, amalgamando el misterio del desierto con el milagro transformador de la lluvia.
Esta composición ha circulado en el repertorio de numerosos músicos y agrupaciones locales, así como también de algunos provenientes de otras latitudes,[34] alcanzando una legitimación comparable con la “Huella de Ida y Vuelta” de Yacomuzzi-Molina o la “Milonga Baya” de Julio Domínguez, las obras pampeanas de mayor circulación fuera de la provincia. Es de las pocas canciones legitimadas del repertorio que menciona en sus versos elementos que remiten a la pampa agrícola, articulándola con la desértica. No es casual que sea Juan Ricardo Nervi,[35] desde la mirada que ofrece el exilio, quien haya logrado esta síntesis a través del poema convertido en canción.
Consideraciones finales
El propósito de este trabajo fue reflexionar sobre cuatro documentos sonoros para indagar sobre construcciones identitarias que vinculan la música y la poesía con el paisaje, el entorno natural y la actividad humana en la provincia de La Pampa.
El recorrido trazado deja una senda abierta para continuar pensando en el lugar que ocupan la “cultura del campo” y la “cultura del oeste” en la construcción de estas configuraciones simbólicas atravesadas, en este caso, por lo sonoro, cuando la voz mediatizada en el disco desborda la palabra escrita.
En El Indio Apachaca dice: Pampa y Pan, los recitados de Gaillardou enaltecen la sacrificada figura del chacarero inserto en un medio agrícola de transición. Expone el complejo entramado de la producción agrícola y los caprichos de la naturaleza.
Esta es La Pampa recorre la historia provincial, situando el relato desde el lugar del dominador, del conquistador del desierto. Justificando la guerra, la matanza, el sometimiento, el destierro y el despojo en pos de una supuesta modernización, civilización y progreso.
Contemporáneamente a Forteza y Nemesio, Julio Domínguez incorpora la figura del indio vencido en “La rendición de Manuel”, pero desde el lugar del reclamo por el sometimiento. “El Bardino” retrata a “su oeste” tal como él lo recuerda en su infancia, con las poblaciones indígenas subyugadas ante el poder del gobierno nacional.
En “La Pampa es un viejo mar”, Nervi y Cortez sintetizan, en pocas palabras, musicalizadas como milonga, las cuestiones vinculadas al desierto, al monte y a la tierra apta para el cultivo. El indio, el hachero y el chacarero están insertos en el paisaje pampeano desde múltiples miradas, tiempos y lugares. La canción, de alguna manera, da cuenta de esa variedad que, en ocasiones, se torna contradicción y, en otras, belleza.
La dimensión comunicativa del paisaje penetra en cada uno de los registros sonoros analizados en este trabajo. Poetas y músicos le han puesto palabras y sonidos al paisaje de La Pampa, al entorno que determina las posibilidades de vida de los hombres. El cultrún y la espiga, el indio, el criollo y el inmigrante, el campo sembrado, el monte y el desierto sintetizan continuidades y discontinuidades, rupturas y transformaciones en los procesos de construcción y de legitimación de las identidades culturales pampeanas, que fueron abordadas en este escrito a partir de una selección de grabaciones discográficas y del abordaje a la palabra que suena.
Referencias bibliográficas
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- “El cultrún y la espiga” es el título de una disertación llevada adelante por el escritor Edgar Morisoli, el 19 de octubre de 1968, en ocasión de celebrarse el IV Aniversario del Centro de Residentes Pampeanos de la ciudad de Bahía Blanca. Durante la primera entrevista realizada por la autora del capítulo a este autor (el 21 de septiembre de 2006), dijo: “Te voy a mostrar un material que no es muy conocido y que te va a servir. Es la noticia de un acto, que es la primera trascendencia pública de ese movimiento ‘Las voces de la Patria Baya’, y una charla mía, ‘El cultrún y la espiga’; es decir, las dos pampas: La Pampa inmigratoria y La Pampa criollo indígena, representadas por el cultrún y la espiga” (Entrevista a Edgar Morisoli realizada por Ana Romaniuk, Santa Rosa, septiembre de 2006). Aunque este trabajo no aborda específicamente la obra del poeta, el título de aquella conferencia sintetiza las representaciones y miradas sobre la identidad pampeana que se analizan aquí.↵
- Este proceso de construcción identitaria se torna visible a partir de la creación de la provincia en 1951. ↵
- El Indio Apachaca dice: Pampa y Pan. J. Adolfo Gallardou. Matus. Buenos Aires, 1967.↵
- Esta es La Pampa. Armando Forteza y Delfino Nemesio. Hilne. Santa Rosa, 1971.↵
- Voces de la Patria Baya. Dúo Sombrarena. Ediciones Temple. Santa Rosa, 1974.↵
- A través de la Ley Nº 14.037, sancionada por la Cámara de Diputados de la Nación, La Pampa se constituyó como provincia Eva Perón en 1951. ↵
- El oeste de la provincia comprende los departamentos de Chalileo, Chicalcó, Limay Mahuida, Puelén y Curacó. El espacio se caracteriza por la aridez de su ambiente, los montes bajos dominados por el jarillal, la presencia de pequeñas localidades y más de quinientos “puestos” distribuidos en la zona rural. Factores agroecológicos y circunstancias históricas (tales como la construcción, en el sur de Mendoza, de la represa El Nihuil utilizando buena parte del caudal del río Atuel, principal tributario de agua dulce del Salado) condicionaron el desarrollo económico de esta zona. Para más detalles sobre la caracterización del oeste, ver Dillon y Comerci (2014) y Medus y Aráoz (1982). ↵
- Sobre estas nuevas significaciones de pampeanidad, ver: Laguarda et al. (2011), Salomón Tarquini y Laguarda (2012), Salomón Tarquini (2016) y García (2013). ↵
- Ver Lluch y Salomón Tarquini (2008).↵
- Por un lado, la campaña genocida denominada “Campaña del Desierto” culminó, hacia la década de 1880, con la ocupación de las tierras y el sometimiento de la población indígena en nombre de la civilización, el progreso y el proyecto agroexportador. Luego, avanzó la distribución latifundista de esas tierras entre la oligarquía porteña y los militares que participaron en la guerra, y la creación, en 1884, del Territorio Nacional de La Pampa en dependencia directa del gobierno central, la fundación de nuevos pueblos siguiendo la línea del trazado del ferrocarril y la repoblación a través de migraciones internas y transatlánticas como mano de obra para el desmonte del bosque de caldén y la construcción de las vías férreas. La lucha por la provincialización –resistida por los terratenientes porteños– se inició en la primera década del siglo XX, pero logró su objetivo recién en 1951. ↵
- “En términos generales, para los geógrafos, organismos de planificación nacional y la sociedad en general, la región pampeana abarca las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos (desmembrada de la histórica región mesopotámica), Santa Fe (fundamentalmente centro y sur), Córdoba (principalmente el sudeste) y La Pampa (especialmente el sector oriental). Atendiendo a su grado de “centralidad” en la región, podemos definir tres grupos de provincias: 1. Buenos Aires 2. Córdoba y Santa Fe 3. La Pampa y Entre Ríos […] La provincia de La Pampa (Territorio Nacional hasta 1951) se caracterizaba generalmente por una actividad agropecuaria extensiva, con presencia de clase media de origen rural y estilo de vida urbanizado. Debe exceptuarse de esta caracterización al extenso oeste provincial, donde las condiciones ambientales se presentan más adversas y la estructura social resulta, en general, más tradicional. Por ello podríamos dividir al territorio provincial en dos subregiones: hacia el este la mencionada Pampa Alta y en el resto la Pampa Seca, una suerte de travesía con débil presencia de población rural dispersa, que se interpone –a modo de transición- entre la Pampa Húmeda, la Región Patagónica y Cuyo; es el sector más “patagónico” de la Provincia de La Pampa” (Velázquez y Tisnés, 2014, s/p).↵
- La construcción del complejo de diques Los Nihuiles en el año 1947 en el sur de la provincia de Mendoza agravó una situación que se venía produciendo desde principio de siglo, vinculada con la administración y el uso del agua del río Atuel, que escurre en el suelo de ambas provincias. La lucha por revertir esta situación se fue convirtiendo, a lo largo del tiempo, en una causa común de todos los pampeanos, y fue abrazada por algunos músicos y poetas quienes, desde fines de la década de 1950, no cesan de cantarle al río y al agua que no llega. ↵
- El nombre artístico de José Adolfo Gaillardou (1920-2007) fue Indio Apachaca. Nació en un campo cerca de Derqui (provincia de Buenos Aires), pero pasó su infancia y parte de su juventud en las cercanías de la localidad de Conhelo (La Pampa). Artista multifacético (escritor, poeta, libretista, director de escena, animador y recitador de interpretaciones gauchescas), escribió más de 800 poemas, cuentos, relatos y anécdotas; gran parte de ellos, enraizados en La Pampa, la que fue su provincia adoptiva. Muchas de sus obras han sido musicalizadas, siendo las zambas “Guitarra prestada” y “Los decididos” las que alcanzaron mayor popularidad durante la década de 1970 (Evangelista, 2017).↵
- La descripción del contenido del disco, tal como aparece en la contratapa, es la siguiente: FAZ A: 1-“El inventor del pan”. Monólogo; 2-“Alirio el chacarero”. Episodio ocurrido durante el éxodo de los colonos en el año 1938. Poema. FAZ B: 1-“Cortita la trenza”. Movimiento y trayectoria del Malambo. Poema; 2-“Mi padre herrero”. Homenaje a Don Pedro, mi padre. Poema; 3-“Marcelino García”. Episodio ocurrido en Cnel. Pringles 1-1-52. Poema; 4-“Murió en el surco”. Crónica rural. Poema; 5-“Credo rural”. Al labrador numeroso. Poema.↵
- Sobre una propuesta de sistematización de la literatura del monte pampeano, ver Lobos (2019).↵
- Escribió y publicó, entre otros libros, Médanos y estrellas, poemas (1949); Lados de adentro, poemas (1955); Pampa de furias, novela (1955); Pampa y pan (1968), que incluye los poemas que aparecen en el disco; Chaucha e caldén, poema campero (1987). ↵
- Armando C. Forteza (1914-1999) nació en Buenos Aires y se trasladó a La Pampa luego de haber culminado sus estudios secundarios en 1932. Ejerció la docencia, fue periodista, poeta y escritor dedicado a relatar cuestiones históricas de La Pampa. Estuvo a cargo de la Dirección de Cultura de la provincia entre 1959 y 1967. Algunos de sus poemas fueron musicalizados por Erberto Benuzi y Delfino Nemesio (Evangelista, 2017).↵
- Delfino Nemesio (1914-2009) fue músico académico, compositor y arreglador. Creador de la “Delfy Jazz Band”, fue el dueño del sello “Hilne”, desde donde se produjeron numerosas grabaciones discográficas, así como ediciones de partituras desde mediados de la década de 1960. Fue en su sello donde se grabaron y editaron las partituras de “Esta es la Pampa” (Evangelista, 2017).↵
- Mamull Mapu significa tierra del monte en lengua mapuche (mapudungún).↵
- Entre 1840 y 1879, tres grupos que se posicionaron como los más importantes de la región fueron: los Ranqueles (dinastía de los Gûar o de los Zorros), los Salineros (dinastía de los Curá o de los Piedra) y el grupo de Pincén (Zink y Salomón Tarquini, 2008).↵
- La descripción del contenido ubicado en la contratapa del Long Play es la siguiente: Poesías: 1-Sólo el indio. 2-Dinastías pampas. 3-Nuevo tiempo. 4-Romance de las primeras fundaciones. 5-Criollo. 6-Pionero. 7-Compañera. 8-Canto al trigo. 9-Pampa seca. Canciones: 1-Fortín (cifra). 2-Que canten guitarras nuestras (milonga). 3-Amuchimay (canto indio). 4-Evocación (estilo). 5-Volvió la lluvia (vals). 6-Tu voluntad, señor (canto litúrgico). 7-Raiz y destino (huella).↵
- Ver Moreno Chá (1980).↵
- Mapudungún es una de las denominaciones que recibe la lengua mapuche. En la cara interna de la potada del disco se destina un recuadro a modo de glosario, en donde se explicita el “Significado de los vocablos mapuches utilizados”.↵
- Julio Domínguez “El Bardino” (1933-2007) nació en un paraje cercano a Algarrobo del Águila (La Pampa) y, a los quince años, se mudó a la ciudad de Santa Rosa. Fue un músico intuitivo que componía y cantaba sus propias obras. “Sus trabajos literarios y musicales se refieren en gran medida al paisaje del lugar donde nació” (Evangelista, 2017, p. 476). Además de su extensa producción de canciones propias, fue autor de poesías que musicalizaron otros músicos. Sus composiciones han alcanzado una gran difusión tanto dentro como fuera de la provincia (Evangelista, 2017).↵
- Entrevista a Delfor Sombra realizada por Ana Romaniuk en Buenos Aires, en mayo de 2006.↵
- Las peñas y agrupaciones culturales han sido importantes ámbitos de sociabilidad y de creación de redes en el espacio artístico e intelectual pampeano desde principios de la década del sesenta. La Peña y Asociación Civil Temple del Diablo funcionó en la ciudad de Santa Rosa entre 1972 y 1975. Para profundizar sobre el tema, véase Romaniuk (2010) y Salomón Tarquini y Romaniuk (2019).↵
- Julio Domínguez “El Bardino”. “Por la costa de la barda”, “La Chilquita” “Para Vover” y “Cueca de la Blanca”. En Dúo Sombrarena (1974). Voces de la Patria Baya. Ediciones Temple. Santa Rosa.↵
- Manuel Namuncurá fue el tercer hijo de Calfulcurá. Pasó su infancia en la región del Río Llaima, al este de la actual ciudad de Temuco en Chile. En 1931 se trasladó con su padre hacia el área de Salinas Grandes. Cumplió funciones como embajador ante Juan Manuel de Rosas y fue bautizado como Manuel en 1854, al jurar la bandera argentina en Paraná, con Justo José de Urquiza como padrino. Participó en diversos malones y enfrentamientos con tropas del gobierno. Tras la muerte de Calfulcurá fue elegido para ejercer el liderazgo junto con su hermano. Las expediciones de Levalle desde 1878 comenzaron a desarticular a su grupo, quitándole capacidad bélica. Desgastada su resistencia y ante el avance de las tropas nacionales que lo perseguían (debió refugiarse en la Cordillera), en 1882 se entregó a las autoridades nacionales. A través de gestiones diplomáticas logró obtener tierras para el asentamiento de los suyos, con la fundación de la colonia indígena San Ignacio, ubicada en la confluencia del arroyo San Ignacio con el río Aluminé (Zink y Salomón Tarquini, 2008, p. 79). ↵
- Julio Domínguez “El Bardino” (1974). “La rendición de Manuel”. En disco Voces de la Patria Baya. Dúo Sombrarena. Ediciones Temple. Santa Rosa.↵
- Juan Ricardo Nervi (1921-2004) fue pedagogo, escritor, poeta, periodista, dibujante, pintor, deportista y uno de los intelectuales más destacados de La Pampa, reconocido a nivel nacional e internacional. Fue director de Cultura de la provincia entre los años 1956 y 1958. Su extensa obra cuenta con libros de poesía, narrativa, ensayo, didáctica e historia. Varias de sus poesías han sido musicalizadas (Evangelista, 2017). Para un abordaje de su figura y obra, puede consultarse el capítulo de Leda García en este libro.↵
- José Alberto García Gallo, más conocido como Alberto Cortez (1940-2019), fue un músico, compositor, poeta y cantautor. Autor de numerosas obras de amplia difusión en distintos países de habla hispana. Nacido en Rancul (La Pampa), en la década de 1960, se radicó en España, donde desarrolló su carrera como artista (Evangelista, 2017).↵
- Letra tomada del disco de Laura Paturlanne (2004). Melipal, la mirada del Sur. Santa Rosa, Editorial Voces.↵
- La construcción metafórica entre el desierto y el mar que realiza Nervi en la poesía de esta canción puede entroncarse con la historización de la construcción imaginada del desierto pampeano bonaerense propuesta por Graciela Silvestri en “La pampa como el mar” (2008). Allí, la autora propone al ámbito literario como el espacio clave para representar el “paisaje pampeano”. ↵
- Entre los artistas pampeanos que han interpretado y grabado “La Pampa es un viejo mar”, además del mismo Alberto Cortez, se cuentan Laura Paturlanne, Grupo Vocal Pampamérica, Los Caldenes y Lucrecia Rodrigo, además de los artistas bonaerenses Edith Rosetti y Jorge Víctor Andrada, entre otros.↵
- Como ya se ha mencionado, Nervi fue director de Cultura de la provincia entre 1956 y 1858. Fue quien instaló –en el marco de las políticas culturales– la preocupación de definir las bases sobre las cuales se iría construyendo la “identidad pampeana” a través del apoyo a escritores y músicos locales (Salomón Tarquini y Laguarda, 2012, pp. 108-109).↵






