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“Identidades móviles”

Dos estudios sobre narrativas migrantes y luchas por el acceso a derechos

Anahí Viladrich y Gabriela Novaro

En este trabajo abordamos dos estudios de caso distintos y complementarios a los efectos de reflexionar acerca de la relación entre testimonios de personas migrantes, procesos de identificación y luchas por el acceso a derechos. El primer estudio se basa en las construcciones identitarias de poblaciones migrantes en la frontera de México y los Estados Unidos (Ciudad Juárez y El Paso). Dicha investigación se centró en las dinámicas sociales que influyen en la producción de autorrelatos que le dan sentido al difícil, y generalmente largo, periplo migratorio hacia los Estados Unidos (en adelante, EE. UU.). En este estudio vinculamos dichas construcciones con la necesidad de fortalecer los procesos de petición de asilo en los EE. UU. en línea con las normativas estatales, así como respecto de los cruces fronterizos realizados de manera irregular.

En el segundo estudio, nos centramos en las identificaciones construidas por los referentes de una organización de migrantes de origen boliviano durante festividades que tienen lugar en la localidad de Escobar (provincia de Buenos Aires). En este contexto, los testimonios resaltan, por un lado, el “aporte” que realizan las familias bolivianas a la economía argentina, y, por el otro, la alternancia de su adscripción a Bolivia y a la Argentina, junto con la proyección de dichas identificaciones a sus descendientes. Relacionamos estos testimonios con la intención de tomar distancia de imágenes de victimización asociadas al colectivo, enfrentar situaciones de exclusión en el territorio que ahora habitan y sostener la permanencia en él; asimismo, con la necesidad de mantener el vínculo con el país de procedencia y proyectar la continuidad de referencias en las nuevas generaciones.

En ambos estudios cuestionamos las nociones meritocráticas del derecho a migrar y a permanecer, reflexionamos sobre la implicancia de los procesos de victimización mientras que señalamos las dificultades de las instituciones estatales para aceptar la legitimidad de las múltiples pertenencias nacionales. Nos interesa también comprender los usos y significados de los relatos autoidentitarios en distintos contextos, al tiempo que discutimos las perspectivas que limitan los procesos de identificación a un recurso estratégico. Planteamos también una serie de desafíos metodológicos surgidos de las diversas expresiones de la identidad migrante en escenarios en donde el acceso a derechos aún constituye un tema de controversia.

Este trabajo conjunto plantea el desafío de presentar y discutir dos estudios diferentes, tanto respecto de su acercamiento teórico como empírico. Se trata de situaciones y colectivos disímiles, aunque atravesados por el mismo interrogante general: cómo abordar la autopresentación de los sujetos migrantes (de manera individual y colectiva) tanto en el tránsito hacia un nuevo territorio (primer estudio de caso), como en la permanencia en él (segundo estudio de caso). En definitiva, esta propuesta hace evidente la importancia del diálogo y del análisis comparativo a los efectos de enriquecer e interpelar la producción académica sobre los procesos migratorios que tienen lugar en escenarios disímiles.

(Re)construyendo identidades en la frontera: el caso de los migrantes en Ciudad Juárez, México

Con base en un estudio etnográfico realizado por Viladrich en la frontera de México y los EE. UU., particularmente en Ciudad Juárez, se analizan a continuación las construcciones identitarias en torno al derecho a migrar tanto legalmente como cruzando la frontera de manera irregular. El corredor migrante de Ciudad Juárez-El Paso es uno de los principales puntos de ingreso a los EE. UU. Lejos de ser un país de paso, México se ha convertido en un espacio emblemático de (in)movilidad para quienes llegan allí con la esperanza de ingresar a los EE. UU. La mayoría de los migrantes que arriban a esta región lo hace luego de un difícil (y a menudo largo) recorrido que suele durar meses, y hasta años, mientras huyen de la violencia social, política y económica que azota a sus países de origen.

En los últimos años, tuvo lugar el mayor número de detenciones de inmigrantes irregulares en la frontera de México-EE. UU., de las cuales un 45 % terminó siendo expulsado a México en virtud del Título 42 (Isacson, 2022). Como resultado, Ciudad Juárez se ha convertido en una “sala de espera” superpoblada para quienes se ven obligados a permanecer allí mientras procuran migrar a los EE. UU. (Villagran, 2022). El trabajo de campo de Viladrich tuvo lugar mayormente en refugios migrantes auspiciados por veinticuatro iglesias cristianas, distribuidas en distintos barrios de Ciudad Juárez. Se presentan a continuación el marco conceptual y los resultados principales de esta investigación.

Teoría en acción: abordando el estudio de identidades fronterizas

Este trabajo se apoya en cuatro categorías complementarias respecto del análisis teórico-empírico de la construcción de las identidades migrantes. Estas incluyen la teoría del encuadre (framing en inglés), la doble determinación de la estructura/agencia, la construcción dinámica de la historia autorreferencial (Goffman, 2002), y los discursos de resistencia a las representaciones dominantes. En diálogo con la literatura, la teoría del encuadre entrelaza las narrativas públicas acerca de la migración con el forjamiento identitario de los sujetos migrantes (Austin y Fozdar, 2018; Viladrich, 2019, 2023). Por ejemplo, en el trabajo de Cecilia Menjívar (2016), la autora señala cómo los inmigrantes latinoamericanos en los EE. UU. se autorrepresentan como trabajadores esforzados y meritorios a los efectos de distanciarse de los discursos públicos que los retratan como criminales.

Dadas las crecientes restricciones para ingresar a los EE. UU., muchos de quienes arriban a la frontera mexicana con la esperanza de “cruzar pa’l otro lado” (una expresión muy popular en la región) suelen apoyarse en relatos que los describen como sujetos de derecho, a la vez que se autorrepresentan como individuos vulnerables y necesitados de amparo legal. Dichos discursos se centran en la supuesta persecución política que los migrantes han sufrido en sus países de origen (por ejemplo, el caso de los venezolanos), o los desplazamientos forzados que experimentan quienes han vivido violencia o extorsión, como en el caso de las poblaciones centroamericanas y mexicanas que huyen del crimen organizado.

La posibilidad de acceder al asilo en los EE. UU. se sustenta en la capacidad de probar el “miedo creíble”: las/os migrantes deben demostrar haber sido objeto de violencia política, física o social en sus países de origen. Esta normativa deriva en que muchos migrantes tiendan a producir (y reproducir) historias de vida que exacerban su condición de “víctimas”. Dicha construcción simbólica y jurídica se acompaña de relatos que actualizan las situaciones de abuso y violencia experimentada por las/os migrantes y sus familias, tanto en los países de procedencia como durante su desplazamiento geográfico hacia el norte.

Pese a que la necesidad económica sigue constituyendo una motivación poderosa para migrar hacia los EE. UU., esta se encuentra altamente estigmatizada y a menudo se considera indigna del derecho al asilo. Esta situación obliga a que muchas/os migrantes reformulen su “presentación del yo” en favor del arquetipo de la “víctima”, que al menos en el terreno formal les pueda garantizar el ingreso legal a los EE. UU., así como el reconocimiento oficial como solicitantes de asilo. Las/os migrantes se involucran en la elaboración de narrativas que encapsulan sus luchas, pruebas y tribulaciones, experiencias que además contribuyen a validar sus trayectorias dentro de un marco que exige victimización para legitimarlas. Por ejemplo, las organizaciones internacionales y estatales en México ofrecen servicios especiales (incluidos asesoría legal y logística) a quienes hayan sido objeto de violencia, acoso y maltrato ya sea en los lugares de origen o en los de acogida. En este sentido, el proceso de victimización es profundamente performativo en el sentido que tiende a actualizarse en contextos específicos, por ejemplo, cuando las/os migrantes se encuentran en presencia de organizaciones humanitarias que cumplen un rol primordial en facilitarles el procesamiento de sus peticiones de asilo. En dichos escenarios, la narrativa del inmigrante merecedor es hegemónicamente construida “desde arriba” a los efectos de fortalecer el derecho a ingresar y permanecer legalmente en los Estados Unidos. Esta se presenta en oposición a quienes son considerados “engañadores” y “aprovechadores” del sistema de asilo.

Con base en la conceptualización de la doble determinación de la estructura y la agencia (Giddens, 1984), observamos que muchos de quienes se trasladan hacia el norte de México despliegan una dinámica de resistencia a las políticas migratorias selectivas y restrictivas en la región. Lejos de considerar la petición de asilo como la única posibilidad de ingreso a los EE. UU., muchos migrantes entran irregularmente a dicho país con la esperanza de regularizar su estado legal en el futuro. Sin embargo, la decisión de “cruzar pa’l otro lado” es muchas veces producto de la necesidad y desesperación, y no es necesariamente interpretada por los sujetos como un derecho intrínseco a su condición migrante. En otras palabras, la trayectoria de movilidad hacia los EE. UU. no se plantea necesariamente como un acto volitivo de ejercicio de derechos, sino como una estrategia de sobrevivencia. Este es el caso de quienes llegan a Ciudad Juárez escapando del crimen organizado y, por lo tanto, no pueden esperar a que les sea otorgada la cita de asilo en los EE. UU., o de quienes fueran deportados de dicho país en el pasado y, por lo tanto, no cuentan con la opción de reingresar a él de manera legal.

En diálogo con la teoría del interaccionismo simbólico de Goffman (2002), identificamos dimensiones identitarias confluyentes y divergentes a la vez. En este sentido, el storytelling (el narrar la propia historia) conlleva procesos de autodefinición que suelen modificarse respecto del contexto y a lo largo de la trayectoria migratoria, y que se presentan en diálogo estrecho con las circunstancias particulares que atraviesan las/os migrantes. Durante el trabajo de campo, observamos cómo los sujetos articulaban distintos argumentos a los efectos de justificar sus decisiones migratorias, ya fuera haciendo hincapié en las situaciones de violencia vivida, o enfatizando sus deseos de cruzar la frontera para alcanzar “el sueño americano” y lograr así un futuro mejor para ellos y sus familias. Lejos de tratarse de un artilugio instrumental para ocultar o revelar aspectos puntuales de sus historias de vida, dichas narrativas surgen como complementarias. Es más, en sus relatos, muchas/os de las/os participantes combinaron historias de abuso con perspectivas esperanzadoras respecto de su posible éxito económico en los EE. UU.

Por ejemplo, en las entrevistas con la población venezolana, las razones económicas para migrar fueron típicamente mencionadas como secundarias a las políticas. Sin embargo, una vez establecida la confianza con las/os participantes, con frecuencia surgieron historias de vida que dieron cuenta de las serias dificultades económicas sufridas en Venezuela. En conjunto, estas narrativas (que a primera vista podrían parecer contradictorias) constituyen instrumentos retóricos esenciales respecto de la construcción móvil de la identidad. En definitiva, las/os migrantes hacen acopio de distintos recursos retóricos a los efectos de (re)definirse, y así darles sentido a las situaciones críticas por las que atraviesan en un contexto en donde sus opciones son extremadamente limitadas.

Identidades múltiples en la población boliviana de Escobar: proyectar la permanencia acá y la continuidad allá

El trabajo con la población boliviana migrante en la Argentina se basa en una investigación etnográfica realizada por Novaro en un barrio de la localidad de Escobar distante 50 km de la Ciudad de Buenos Aires. Desde el año 2010, Novaro viene investigando las experiencias educativas, las relaciones intergeneracionales y los procesos de identificación de familias procedentes de Bolivia en espacios familiares, comunitarios y escolares. En este texto nos basamos en registros observacionales en el marco de dos festividades, y en particular en las narrativas de referentes de la colectividad boliviana (la Colectividad) durante estas celebraciones, así como en materiales alusivos publicados en la página de Facebook de la organización.

La población latinoamericana y en particular la boliviana en la Argentina se ha enfrentado históricamente a un discurso estatal que, con modificaciones a lo largo de la historia, resaltó la migración europea como un “aporte” al desarrollo nacional, al tiempo que puso en cuestión el derecho a migrar y a permanecer de los migrantes provenientes de países limítrofes (Novick, 2008; Pacecca, 2010). En conjunto, se trata de un relato hegemónico estatal, cuestionado, pero aún vigente, que ha contribuido a construir una visión de la historia nacional sostenida en la imagen de un conglomerado blanco y europeo. Si bien varias disposiciones estatales en los últimos años, y en particular la normativa migratoria vigente desde hace ya una década, han cuestionado dichas narrativas, diversos estudios señalan que la población migrante latinoamericana, y en particular la boliviana, continúa siendo objeto de imágenes sociales, discursos y dispositivos estatales que limitan su acceso a derechos básicos. Esto último se ha profundizado en el último año tanto a nivel del Estado nacional como en algunas provincias.

Una de las características estudiadas en la migración latinoamericana, y en particular la boliviana, es la tendencia a concentrarse en determinadas zonas (Mera, 2024). Escobar es una de ellas. La población boliviana con la que trabajamos se asienta desde la década del 70 y sobre todo en los 80 en determinadas áreas de esta localidad. Desde hace años hemos registrado frases racistas y xenófobas en pasacalles, negocios y medios de transporte, que incluyen expresiones como “bolivianos a Bolivia”, “bolivianos en 4×4 y argentinos a pie”, etc. En este contexto se comprenden, en gran medida, los discursos de los propios migrantes que, como veremos, enfatizan el aporte económico y cultural que mancomunadamente vienen realizando en la Argentina.

La Colectividad Boliviana de Escobar (CBE) es una de las organizaciones de migrantes más importantes de la Argentina. En las últimas décadas, la CBE ha sostenido diversos emprendimientos vinculados a la producción y comercialización hortícola, junto con la promoción de espacios de socialización de las familias migrantes. Para muchos, la continuidad de la referencia a Bolivia resulta un modo de garantizar la supervivencia y de mejorar su condición. “Seguir siendo bolivianos” es una condición ineludible para afiliarse a la organización (se debe haber nacido en Bolivia o probar ascendencia boliviana hasta la tercera generación). Se espera también sostener vínculos económicos (la propiedad de terrenos, por ejemplo), políticos y de parentesco con Bolivia. Estas condiciones tienen lugar junto con la consolidación de proyectos de permanencia en la Argentina, así como con situaciones que alternan la distancia y la proximidad, y la aprensión y colaboración mutua con organismos del gobierno local. En dicho marco resulta lógica la construcción de identificaciones tanto con Bolivia como con la Argentina, proceso que también atraviesa a los llamados “descendientes”. Esta simultaneidad de referencias se expresa en muchos ámbitos de la vida y también (con gran visibilidad) en las festividades organizadas por la CBE. En definitiva, es evidente que la formulación de proyectos que suman referencias a Bolivia y a la Argentina son claves en los posicionamientos identitarios en esta población.

En las próximas páginas, recuperamos desarrollos clásicos y actuales sobre los procesos de identificación desde un enfoque histórico y relacional, así como investigaciones focalizadas en el análisis de los procesos de construcción colectiva de la memoria en contextos de movilidad. Atendemos al modo en que los testimonios de las experiencias migratorias y las proyecciones de movilidad y permanencia construyen pertenencia, orientan posiciones y acciones compartidas y definen proyectos futuros de las distintas generaciones (Candau, 2001; Giménez, 2008). Se trata de memorias construidas no solo respecto de una mirada autorreflexiva y centrada en el propio grupo, sino vinculadas con los procesos tanto de negación como de reconocimiento externo (para lo que el diálogo con el marco analítico del estudio anterior resulta fundamental). Se trata además de memorias y sentimientos relacionados con la construcción de un “nosotros” que se materializan y reactivan, entre otros espacios, en las celebraciones colectivas (Giménez, 2008).

Historias de movilidad: epopeyas hacia dentro y hacia fuera del colectivo migrante

En este apartado reflexionamos acerca del modo en que la CBE realiza una presentación de sí que de alguna manera intenta retratar colectivamente a los bolivianos residentes en Escobar en dos espacios festivos que, año a año, son objeto de cuidadosos preparativos y despliegues por parte de esta organización: la fiesta del 6 de agosto (Día de la Independencia de Bolivia) y el aniversario de la creación de la CBE (el 22 de enero).

En textos anteriores (Novaro, 2018, 2020), hemos analizado la fiesta del 6 de agosto como un espacio desde donde se crean y difunden mensajes destinados tanto hacia dentro de la comunidad migrante (a los efectos de legitimar liderazgos y promover la unidad), como hacia la sociedad argentina (destacando los logros y aportes de la CBE) y hacia las jóvenes generaciones, reiterando que “Bolivia se lleva en la sangre, ellos (nuestros hijos) son bolivianos de segunda generación”.

En los festejos del aniversario de la CBE (22 de enero), se suelen enumerar y destacar las obras realizadas por la organización, y en particular la figura de los socios fundadores. Los videos de la celebración subidos a la página Facebook proyectan año tras año la imagen de mercados de alimentos y ferias de ropa, canchas de fútbol, junto al salón de eventos de la organización, todo con un fondo de música de sikuris. De forma reiterada, se muestra la presencia en la fiesta de autoridades políticas del municipio, el embajador y el cónsul de Bolivia, junto a miembros de otras organizaciones bolivianas, etc. Los discursos de los referentes de la organización suelen aludir a un pasado de privación y discriminación que fuera superado con esfuerzo, lo cual se acompaña con expresiones como las siguientes: “Nos va bien porque somos trabajadores, nosotros creamos trabajo, todo lo hemos logrado acá [en los terrenos de la Colectividad], antes no había nada”.

Así, mientras que la celebración del 6 de agosto tiende a reforzar los vínculos con el país de origen (sin dejar de aludir recurrentemente al presente de este “pedazo de Bolivia en Argentina”), la festividad del 22 de enero expone los logros y las proyecciones de la colectividad en el país de destino (que no implica “olvidar de dónde venimos”). Los mensajes hacia los no migrantes son evidentes ya sea enumerando los logros de la CBE, retratando la conformación de esta entidad como una epopeya, presentando a sus socios fundadores como líderes, o destacando los valores de esfuerzo y trabajo como inherentes a la identidad boliviana. Estas estrategias de autorrepresentación apuntan a instalar la imagen de un colectivo orgulloso de sí mismo, que a la vez se distancia de la desvalorización de la que ha sido objeto desde el discurso hegemónico. Nos preguntamos si además no siguen en parte la lógica de este discurso cuando dan por supuesto que los bolivianos de Escobar recibieron un favor de “esta tierra tan generosa”, y que debe ser devuelto aportando trabajo. A partir de destacar sus logros, la Colectividad apunta a tomar distancia de un pasado de discriminación en la Argentina, al que se alude en expresiones reiteradas como un “tema de antes”.

El énfasis en destacar los logros colectivos bajo la fuerza de liderazgos individuales (o de ciertas familias) tiene además como destinatario el mismo colectivo migrante, buscando reforzar el lugar de ciertos referentes y profundizar la unidad a pesar de las diferencias (de clase, pertenencia étnica, género y generación, y de alineamientos en la política local). Los discursos también (y en ocasiones, sobre todo) interpelan a los y las jóvenes procurando garantizar su proyección en la Argentina y la continuidad colectiva: se los impulsa a apostar al éxito, así como a garantizar la permanencia y la inclusión “acá” a partir de la continuidad de la referencia a Bolivia.

Los testimonios y registros remiten a narraciones donde la construcción de cierta imagen del pasado (de las localidades de origen, del proceso migratorio, de la conformación y los logros de la Colectividad) se vinculan a los dilemas y las necesidades del presente (en términos de Candau, 2001) y los proyectos de futuro de esta población (sostenerse como colectivo y permanecer en Argentina). Siguiendo a Candau (2001, p. 119), en los relatos del pasado y el presente, resulta evidente el modo en que las memorias migrantes “conjugan hábilmente las incorporaciones y rechazos de la novedad con las ideologías de la conservación de la herencia”. Es decir, las localidades de origen se definen como espacios de definición identitaria que perduran, y “la sangre” se presenta como garantía de la continuidad de esa pertenencia en los descendientes.

A los efectos de reflexionar respecto del primer estudio presentado (los migrantes en Ciudad Juárez), nos interesa señalar cómo, en los mensajes dirigidos hacia la sociedad argentina, sobre todo en la exaltación de los logros de la CBE, se advierte el distanciamiento público del colectivo boliviano de las concepciones victimizantes. En esta línea, se intenta consolidar la imagen de poder y esfuerzo asociada con la creación de dicha entidad, con lo que parece reforzarse la capacidad de acción y demanda del colectivo. El derecho a permanecer (formalmente garantizado por ley) intenta sostenerse en la búsqueda de reconocimiento del aporte que los bolivianos han venido realizando en el territorio argentino. Se trata, en este caso (quizás a diferencia del estudio anterior), de retener imágenes del pasado y construir la situación presente desde procesos de afirmación colectiva y no solo de trayectorias personales. También se trata de una población que, al tiempo que proyecta la inserción en el país que habita desde hace muchos años, apuesta por la continuidad de la referencia al territorio de origen.

Nos preguntamos, y dejamos la duda planteada para investigaciones futuras, si la doble apuesta (por permanecer y seguir siendo bolivianos) supone estrategias de resistencia al mandato asimilacionista impuesto por algunas instituciones del Estado argentino (las escuelas, por ejemplo), que, a pesar de la normativa que habilita la doble nacionalidad, siguen presuponiendo el carácter único y excluyente de las identificaciones nacionales.

Desafíos metodológicos en ambos estudios de caso

Desde el constructivismo teórico, nuestros estudios dan cuenta de los diferentes contextos que auspician narrativas identitarias cambiantes, y que se plantean en oposición a la formulación empirista propia del positivismo conceptual. Es decir, los relatos migrantes no reflejan un “dato” de la realidad, sino que contribuyen a construir una o más realidades. En diálogo con el trabajo de Levitt y Glick Schiller (2004), podríamos decir que los sujetos formulan interpretaciones acerca de sus experiencias y trayectorias de vida que simultáneamente remiten a diferentes escenarios y vivencias, y que incluyen los lugares de partida, tránsito y destino.

En el caso del estudio realizado en la frontera de México-EE. UU., las entrevistas formales favorecieron las presentaciones del “yo” a partir de relatos de victimización por parte de los entrevistados. Sin embargo, durante las reuniones mantenidas con miembros de la comunidad migrante, así como en el transcurso de encuentros en otros ámbitos (por ejemplo, al término de los servicios religiosos y durante meriendas), surgieron historias alternativas. Fue en dichos contextos donde los sujetos entrevistados (como en el caso de la población venezolana señalada anteriormente) a menudo se animaron a compartir otras motivaciones (por ejemplo, económicas, personales y familiares) que los llevaran a migrar a los EE. UU.

En el caso del estudio sobre la población boliviana de Escobar, la combinación de métodos de investigación (entrevistas, registros observacionales, interacción en actividades colaborativas) y el relevamiento realizado en distintos espacios (familiares, comunitarios y escolares) a lo largo de muchos años permitieron reflexionar sobre el material de las festividades nacionales, teniendo en cuenta la dinámica local y el contexto de enunciación. En este caso, también es necesario advertir que ciertas escenas públicas (como las fiestas) remiten a situaciones donde en forma explícita los sujetos producen y transmiten imágenes de sí. Los sentidos de dichas imágenes se comprenden en relación con el registro de tendencias, charlas y testimonios de muchos otros contextos; en ocasiones estos refuerzan, pero no pocas veces también contradicen, los registros de las fiestas, que representan escenas performativas por definición[1].

Conclusiones

En este trabajo conjunto, nos propusimos reflexionar tanto teórica como metodológicamente acerca de la articulación (y tensión) que existe entre los discursos autorreferenciales y los contextos de construcción de diversas identidades migrantes. Utilizamos aquí el término “(in)movilidad” (Glick Schiller y Salazar, 2013) para referirnos a dos estudios de caso enmarcados por las fronteras de dos Estados nacionales: un grupo migrante diverso que se encuentra en México, y en tránsito hacia los EE. UU., y un colectivo que parece más uniforme en cuanto a su historia y composición, estudiado en el lugar de destino (Argentina) en donde se encuentra radicado desde hace décadas. En ambos escenarios, los sujetos migrantes despliegan identidades “móviles” en tanto y en cuanto alternan discursos que pueden presentarse como complementarios o contradictorios, dependiendo del contexto del que se trate.

Como se señaló en las páginas anteriores, en el caso del estudio en la frontera mexicana con los EE. UU., los discursos de “victimización” suelen alternarse con los de resistencia a la mirada hegemónica, en cuanto esta última afirma que solo aquellos “merecedores” del estatus legal (por ejemplo, los que postulan al asilo en los EE. UU.) pueden ejercer el derecho a migrar (Viladrich, 2023). Muchos de quienes terminan cruzando irregularmente a los EE. UU., en cambio, lo hacen al margen de las normativas estatales que, de ambos lados de la frontera, los criminalizan simbólica y legalmente.

En el caso de la población boliviana de Escobar, los referentes de la organización destacan públicamente su poder socioeconómico y político, a la vez que desafían las concepciones dominantes que discriminan social y racialmente al colectivo, o le imponen identificaciones nacionales únicas. En este sentido, sostienen el derecho a seguir siendo bolivianos y a transmitir esta identidad a sus hijos resistiéndose al mandato asimilacionista, promovido por las agencias estatales, que reclama la renuncia a otras identidades nacionales como condición sine qua non para su inserción en el país de destino. Al mismo tiempo, el énfasis en destacar su “aporte” a la sociedad argentina apunta a la autovaloración frente a los estereotipos discriminantes. Nos preguntamos, sin embargo, de qué modo la reiteración del “aporte” dialoga con un discurso dominante que los coloca “en deuda” con el país que habitan desde hace décadas.

En conjunto, las narrativas examinadas en este estudio confluyen en (re)construir la identidad subjetiva de las poblaciones en movimiento, en tanto que son atravesadas por los discursos hegemónicos, a la vez que ofrecen resistencia a ellos. Se trata de identidades construidas en torno al derecho a migrar y a permanecer en las sociedades de acogida.

Referencias bibliográficas

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  1. Por ejemplo, en espacios más privados de interacción, muchos padres hicieron referencia al origen argentino de sus hijos (más que su cercanía a Bolivia), como un elemento para cuestionar lo absurdo de situaciones donde fueron discriminados por su origen boliviano.


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