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Introducción

Mara Burkart, Damián Fraticelli y Cristian Palacios

Desde tiempos remotos, el humor y lo cómico han sido reconocidos como participantes en los procesos de conformación comunitaria e identificación colectiva. Ya Bergson ([1899] 2009), en su clásica obra La risa, observa que hay que pertenecer a la parroquia para acceder al placer cómico, dado que lo reidero tiene por condición saberes compartidos, presupuestos, máximas, cuya súbita interrupción o transgresión precipita la risa. Pero lo comunitario no es solamente una condición de posibilidad de lo reidero, sino también un resultado. Lo cómico no solo se constituye sobre determinados horizontes de expectativas, sino que también puede contribuir a crearlos, identificándonos con aquellos que se ríen de los mismos chistes, separándonos de quienes no los entienden o se ofenden.

Reírse de un chiste es acordar, aunque sea por un instante, con los supuestos que formula. Freud ([1905] 2006) señalaba que solemos confirmar el pensamiento de lo que nos agradó en la forma chistosa, aun cuando nos parezca incorrecto en su forma seria. También Gombrich (1997) advierte sobre la cuestión al reflexionar sobre las imágenes cómicas: aun las caricaturas más feroces no tienen como objetivo principal atacar o provocar violencia sino más bien cohesionar y tranquilizar a quienes ya están convencidos, estableciendo conexiones entre lo familiar y no familiar. Dime de qué ríes y te diré quién eres. Esa fórmula, que siempre estuvo presente en la vida social, parece ser una gramática relevante de la conformación identitaria en nuestras sociedades contemporáneas. El rol tradicional que tenían las instituciones de producir identidades colectivas se ha debilitado y en su lugar se fortalecen colectivos de identificación que surgen de las interacciones de individuos hipermediatizados. Individuos que establecen vínculos fluctuantes con esos mismos colectivos de identificación como resultado del proceso de individualismo y personalización mediática.

La vida online y offline no constituyen a priori ámbitos separados, sino que, como señala Carlón (2020), aquello que uno dice ser en las redes tiene una relación de equivalencia con lo que uno dice ser por fuera de ellas. De allí que las cuentas fakes se denuncien como enunciadores marcados. En el juego de construcción de una identidad hipermediatizada, lo reidero cumple un rol fundamental porque hace a la pertenencia o no a colectivos de identificación. Y, a su vez, a los colectivos hipermediatizados se les demanda actuar para regular lo reidero. Esa regulación, que siempre ha existido en el humor, aparece hoy en día con una particular configuración que se ha popularizado bajo el nombre de cultura de la cancelación. Esta no es solo propiedad de los colectivos, sino también de internautas individuales que se conforman como colectivos en la misma acción de cancelar. Ello nos obliga a repensar la remanida cuestión de los límites del humor en términos de identidades colectivas.

El libro que presentamos reúne una serie de escritos que nos permiten incrementar el conocimiento sobre este vínculo entre lo reidero y la formación de colectivos. Sus autores, con quienes estamos profundamente agradecidos, lo abordan desde distintas perspectivas y ocupándose de fenómenos muy distantes en el tiempo.

El recorrido que proponemos comienza con dos textos sobre los modos en que el humor negro genera lazos comunitarios que permiten transitar situaciones penosas. Jorge Montealegre Iturra reflexiona acerca de dicho humor como un elemento de convivencia y adaptación en la cotidianidad de la prisión política de los setenta. Bárbara Martínez y Carolina Baranowski registran su desarrollo desde la experiencia etnográfica con enfermos de esclerosis lateral amiotrófica y personal de salud ocupado en la detección de potenciales donantes de órganos.

Luego, proponemos la lectura de tres trabajos dedicados a categorías y enfoques analíticos. Fernando Andacht analiza el conocido canal de YouTube uruguayo Tiranos Temblad, con el fin de superar la dicotomía activo/pasivo con la que suele pensarse a las audiencias y comunidades mediáticas, y plantea, en su lugar, un abordaje sociosemiótico que combina la teoría semiótica de Peirce y el análisis de marcos de Goffman. Cristian Palacios, por su lado, analiza las formas en que lo reidero conforma colectivos de identificación en tres diferentes niveles de alcance, de lo más general a lo más particular, lo que demuestra cómo a menudo lo humorístico parece constituirse sin la necesidad de acudir a aquellas operaciones que comúnmente reconocemos como tales. Juan Samaja nos introduce en un tema nodal de los estudios de lo cómico y el humor: la violencia. Samaja analiza el programa radial y obra de teatro Fútbol o Muerte, y postula que la violencia no es un elemento espurio de la experiencia reidera, sino que es la misma violencia, pero bajo una configuración simbólica asimilable por el colectivo social.

Planteadas estas propuestas, incorporamos indagaciones que hacen foco en cómo lo cómico degrada colectivos identitarios a la vez que genera comunidad, y cómo la emergencia de un nuevo sujeto productor de risa puede revelar la existencia de un colectivo que se hacía pasar por universal. Jimena Schere propone una nueva lectura de la comedia Lisístrata de Aristófanes buscando blancos de la burla que fueron compartidos por el público de aquel entonces, muchos de los cuales integraron luego la tradición literaria de Occidente. Thaís Moreira analiza cómo las feministas de principios del siglo XX fueron ridiculizadas por distintas manifestaciones culturales. Mara Burkart analiza la irrupción de las mujeres como sujetos productores de risa y el consecuente cuestionamiento al supuesto universalismo del humor gráfico realizado por humoristas hombres a partir del análisis de la obra de Maitena publicada en la revista SexHUM®. Por su parte, João Paulo Rodrigues expone los modos en que la caricatura política de principios del siglo XX colaboró en la construcción global de un estereotipo de los afrodescendientes.

Desde aquellos tiempos, damos un salto a la década de 1960 con dos trabajos que se concentran en los modos en que lo reidero construye sus públicos. Bernardo Suárez se ocupa de describir cómo las poéticas de lo reidero popular y artístico construyeron colectivos en reconocimientos diferentes. Mientras que Laura Cilento analiza las maneras en que las revistas La Hipotenusa y Satiricón ofrecían a sus lectores diversas competencias estéticas para constituirse en público de los fluidos diálogos entre los medios de comunicación masiva y el mundo del arte de aquel momento.

Finalizando el recorrido, se presentan tres trabajos que se ocupan de la conformación de colectivos por parte del humor hipermediático. Nicolás Canedo analiza las gramáticas productivas de lo reidero de los libertarios. Andrea Failla y Lucía Eugenia Villalba Cabreira describen cómo se instituye el colectivo identitario incel a través de sus memes. Y Damián Fraticelli indaga en cómo lo reidero está operando como un interpretante fundamental en la identificación de individuos y colectivos en el sistema hipermediático.

Mediante esta propuesta, Dime de qué ríes y te diré quién eres. Humor y conformación de colectivos pretende abrir un espacio de reflexión e intercambio sobre el rol que ha tenido lo reidero a lo largo de su historia y la manera especial en que se configura hoy en día, porque consideramos que, en un tiempo en el que se reconoce que los modos habituales en que se construían las identidades colectivas están en crisis, el humor y lo cómico están cumpliendo un papel protagónico que vale la pena observar.

Bibliografía

Bergson, H. ([1899] 2009). La risa. Ensayo sobre el significado de lo cómico. Buenos Aires: Losada.

Carlón, M. (2020). Circulación del sentido y construcción de colectivos en una sociedad hipermediatizada. San Luis: Universidad Nacional de San Luis.

Freud, S. ([1905] 2006). El chiste y su relación con el inconsciente. Obras completas. Tomo VIII. Buenos Aires: Amorrortu.

Gombrich, E. H. (1997). Magia, mito y metáfora: reflexiones sobre la sátira pictórica. Ponencia presentada en el XXIII Congreso Internacional de Historia del Arte. Estrasburgo, 1989. En Gombrich Esencial (pp. 331-353). Madrid: Debate.



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