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9 Theoi Megaloi

Los dioses danzantes de Samotracia

María del Pilar García Arroyo

Abstact: The Mysteries of Samothrace were, after those of Eleusis, the most famous of Antiquity. The secret was so jealously guarded that we are still unable to specify not only the ritual, nor even who the revered gods were. While epigraphy only speaks of Great Gods, Theoi Megaloi, literary sources give them different denominations. From the study of literary sources, associated with the archaeological context of the sanctuary, we will try to demonstrate that these gods, often called daimones, have in common diverse aspects, among which dance stands out.

We propose, therefore, that the dance of ecstatic type represented an essential aspect within the initiation rituals of Samothrace. We will base on the neurophysiological changes that this type of dance induces in the participants, producing an Altered State of Consciousness that is called trance or ecstatic trance. From our point of view, it is precisely this state that allows the participant in the rituals of Samothrace to arrive at the knowledge that, in Aristotle’s words, is not something intellectual, but the “experience of an impression”.

Keywords: Mysteries of Samothrace, Theoi Megaloi, Cabeiri, Korybantes, ecstatic dance

1. Introducción

Samotracia es una pequeña isla de 178 km2 de extensión y situada en el Egeo Norte, frente a las costas de Tracia, aunque también accesible desde Asia Menor. La ciudad de Samotracia estaba situada en el norte de la isla, muy próxima a uno de los escasos puertos naturales de la isla. La topografía de la isla está dominada por el monte Fengari (1611 m.), el punto más alto del Egeo. Quizá por ello, las divinidades de la isla están asociadas al poder sobre el viento, el mar y las tormentas (Cole 1984, 6). De hecho, Diodoro nos relata dos versiones (Biblioteca Histórica, 3.55.8–10; 5.47.2–5) acerca de cómo la isla fue la única tierra que se salvó de una gran inundación tras una fuerte tormenta; en ambos casos, el episodio se conecta con la fundación de los Misterios.

Sabemos que los Misterios de Samotracia fueron los segundos en importancia del Mundo Antiguo, tras los de Eleusis; sin embargo, mientras que de los últimos tenemos gran información, tanto a través de las fuentes literarias como de la Arqueología y de la Epigrafía, los datos sobre Samotracia son muy confusos y muchos más escasos.

La palabra Misterio viene del latín mysterium, que, a su vez, la tomó del griego μυστήριον, un derivado de la palabra μῠ́στης, que significa “el que está iniciado”. A su vez, μῠ́στης provendría del verbo μύω, cerrar, especialmente los ojos, aunque en principio pudo estar conectado con cerrar la boca, callar, pues se le atribuye una raíz anterior indoeuropea, *mewH–, de la que derivaría mutus (mudo), en latín.

Si bien el secreto formaba parte de los Misterios, hasta el punto de ser duramente penada la divulgación de los acontecimientos, actos y experiencias que se vivían en ellos, lo más destacado no era su carácter secreto sino su carácter iniciático. Así, Burkert los define como “rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraba a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado” (Burkert 2005ª, 29).

Los ritos de paso y de iniciación fueron definidos a principios del siglo XX por Arnold van Gennep que describía los Misterios del Mundo Antiguo como “el conjunto de ceremonias que, al hacer pasar al neófito del mundo profano al mundo sagrado, le ponen en comunicación directa, continua y definitiva con este último” (Van Gennep 2008 [1909], 131). Por lo tanto, estos ritos de iniciación serían el conjunto de actividades que marcan la transición de un estado a otro en la vida de una persona, dejando en él una impronta permanente y definitiva[1].

2. El Santuario de los Grandes Dioses de Samotracia

El limitado conocimiento que tenemos de estos Misterios está basado en el estudio arqueológico del santuario de los Grandes Dioses, las inscripciones allí encontradas y los confusos relatos de las fuentes antiguas que nos han llegado.

El santuario de los Grandes Dioses estaba localizado en las proximidades de la ciudad, en un valle entre dos colinas. En la Antigüedad, dos arroyos cruzaban el valle y la zona sacra, antes de ir a desembocar al mar, a corta distancia de allí. Los edificios religiosos estaban entre los dos arroyos, flanqueados por las colinas (Cole 1984, 6).

El recinto sagrado consta de numerosos y diferentes edificios desde la entrada monumental o Propileo a un gran teatro. De hecho, hay muchos más edificios de los necesarios para llevar a cabo rituales de tipo iniciático, por lo que no podemos saber con seguridad qué ocurría en cada uno de los edificios y para qué se utilizaban.

Aunque los restos arqueológicos nos hablan de la existencia del culto desde, al menos, el siglo VII a. C., las construcciones monumentales más importantes son del siglo IV a. C., cuando la familia real macedonia favorece la construcción y monumentalización en la isla ya que estos Misterios se convirtieron para ellos en una herramienta política importante al ser la contraparte de los Misterios de Eleusis. El culto se prolongó hasta la época de Constantino.

Sabemos que, ya en el siglo V a. C., los Misterios están plenamente establecidos, como demuestran, por un lado, la primera estructura monumental del santuario, una zona teatral en la entrada, Theatral Circle; y, por otro lado, un conocido texto de Heródoto (3.37):

Cualquiera que esté iniciado en los misterios de los Cabiros (que celebran los samotracios por haberlos heredado de los pelasgos), ese iniciado sabe lo que estoy diciendo; pues esos pelasgos que pasaron a convivir con los atenienses habitaban, antaño, Samotracia y, de ellos, heredaron los samotracios los misterios. Así pues, los atenienses fueron los primeros griegos que hicieron las estatuas de Hermes con el pene erecto, porque lo aprendieron de los pelasgos. Y por cierto que los pelasgos contaron, sobre el particular, cierta historia sagrada que se ha venido representando en los misterios de Samotracia.

Como vemos, Heródoto está seguro de que los dioses eran los denominados Cabiros; Estesimbrotus de Tasos, contemporáneo de Heródoto confirma su indicación (FGrHist 107 F 20), y él debería saberlo, pues Tasos está bastante cerca de Samotracia (Burkert 2005b, 144).

Cuando estudiamos el santuario de los Grandes Dioses, hemos de tener en mente que la denominación con la que conocemos a los edificios no es la correspondiente a la Antigüedad, sino que ha sido dada por los arqueólogos, es decir, desconocemos realmente su funcionalidad. De entre todos ellos, tres resultan en planta similares al Telesterion de Eleusis y se ha propuesto que uno o varios de ellos fueron la localización de los Misterios. Estos tres edificios son los denominados Hall de las Bailarinas, el Hieron y el Anaktoron. Dada la limitada extensión del presente trabajo, nosotros nos vamos a centrar en el primero de estos edificios, ya que lo consideramos la localización más probable del desarrollo de los rituales iniciáticos[2].

Tras penetrar al santuario por el Propileo, el movimiento dentro del mismo es descendente. En primer lugar, se encuentra una estructura circular pavimentada y rodeada de escalones, que parece que estaba atravesada por la Vía Sacra, y que ha sido denominada Teatro Circular (Theatral Circle). Su orientación y localización fuera del temenos propiamente dicho hacen suponer que ahí tendrían lugar ritos preliminares y preparatorios: quizás recibían instrucciones, se ofrecían libaciones y/o tenían lugar una representación dramática, incluso el rito de thronosis, al que nos referiremos más detenidamente posteriormente. En cualquier caso, desde un punto de vista emocional, la detención intencionada en este espacio podría servir para aumentar las expectativas y la tensión sobre los acontecimientos venideros (Westcoat 2017, 77).

A continuación, la Vía Sacra conduce hacia el denominado Edificio del Friso de las Bailarinas o Danzantes. Es el edificio más grande de todo el santuario y está localizado en su parte central. Su nombre se debe a un friso que le recorre en el que aparecen más de 900 figuras femeninas, la mayoría de ellas danzando, aunque también hay algunas tocando instrumentos musicales (Marconi 2010, 122). Su tamaño, antigüedad (fue construido en el siglo IV a. C.), la realización en mármol y el hecho de que preceda a otros importantes edificios cultuales ha hecho pensar que en él tenían lugar importantes ritos. En un primer momento, se pensó que el edificio sería accesible tanto a iniciados como no–iniciados y tendría relación con un festival anual en conmemoración con la boda de Cadmo y Harmonía (Cole 1984, 9, Marconi 2010, 123). Para otros, no obstante, la ubicación central del edificio ha hecho pensar que sería el escenario de la primera fase de la iniciación o myesis (Clinton 2003, 61), es decir, sería el equivalente al Telesterion de Eleusis. Autores como Marconi (2010, 123) consideran que la falta de bancos u otros elementos semejantes para que los iniciados pudieran acomodarse impiden que los rituales mistéricos tuvieran lugar aquí. Pero ¿y si para iniciarse el movimiento fuera necesario?

3. Theoi Megaloi

Uno de los grandes interrogantes que nos presentan los Misterios se relaciona con los dioses allí venerados. Su identidad y su naturaleza forman parte del secreto de los Misterios, la evidencia que las fuentes nos presenta es confusa y, como vamos a comprobar, contradictoria. En la epigrafía aparecida en la isla, se refieren a ellos como Μεγάλοι θεοί (Megaloi Theoi, los Grandes Dioses), las inscripciones aparecidas fuera de Samotracia los denominan Theoi Samothrakes. Pero ¿quiénes eran exactamente estos dioses?

Hemos visto cómo Heródoto habla de los Cabiros, y volverá a hacerlo en otros fragmentos de su obra. Sin embargo, ya desde la Antigüedad existían opiniones en contra y a favor de esta identificación. Es significativa en este sentido la información recogida por Estrabón (10.3.19–20):

Éstos [los Cabiros] habrían dejado su lugar de origen para ir a Samotracia, que anteriormente se llamaba Mélite, y sus actividades se caracterizaban por el secreto de los misterios.
El Escepsio[3], que ha recogido estos mitos, no acepta sin embargo la última explicación. Argumenta, en efecto, que no hay en Samotracia una tradición de cultos místicos en tomo a los Cabiros. Cita de todas formas una opinión de Estesímbroto de Tasos según la cual los cultos que se celebraban en Samotracia eran en honor de los Cabiros[4]. Y el Escepsio dice que el nombre derivaría del de un monte de Berecintia llamado Cabiro. Algunos autores, sin embargo, creen que los Curetes son servidores de Hécate y los identifican con los Coribantes.

Sin que nos queden muy claros cuáles son los motivos, el texto de Estrabón menciona y mezcla varios grupos de dioses: Cabiros, Curetes y Coribantes. Ya en un apartado anterior de su obra nos había advertido:

Pero la variación en estos relatos es tan escasa que mientras que unos nos presentan a los Coribantes, Cabiros, Dáctilos Ideos y Telquines como idénticos a los Curetes, otros los ven como parientes los unos de los otros y señalan algunas pequeñas diferencias entre ellos, pero los representan a todos, por decirlo de una manera sucinta y general, enajenados por un sagrado entusiasmo y transportados por un frenesí báquico y, a modo de ministros en la celebración de sus sagrados ritos, inspirando terror con sus danzas de guerra acompañadas de alboroto y ruido, con sus címbalos, tímpanos y armas, y también los sones de la flauta y el griterío. Así se ha podido pensar que un cierto carácter común unía todos estos ritos sagrados, los que hemos mencionado, los de los samotracios, los de Lemnos y otros muchos, ya que se identifica a los ministros que los celebran. Sin embargo, cualquier investigación al respecto pertenece al campo de la teología, y no es ajena a las especulaciones de la filosofía. (Estrabón 10.3.7)

Por su parte, Diodoro Sículo (Biblioteca Histórica, 3.55.8–9) también hace referencia a las divinidades locales de Samotracia y las identifica, una vez más, con los Coribantes, a los que hace hijos de la Madre de los Dioses.

Sin embargo, en un fragmento posterior (Biblioteca Histórica, 5.64.) relacionará los Misterios de Samotracia con otros dioses, los denominados Dáctilos de Ida:

Según una tradición, eran cien, pero otros afirman que recibieron este nombre porque eran diez, es decir, un número igual al de los dedos (dáctyloi) de las manos. Algunos historiadores, entre los cuales está Éforo, cuentan que los Dáctilos Ideos nacieron en el monte Ida de Frigia y que luego pasaron a Europa con Migdón; al ser magos, realizaban encantamientos y celebraban ritos de iniciación y misterios, y durante su estancia en Samotracia, con estas prácticas, espantaron sobremanera a los habitantes de la isla; y precisamente en aquella época, Orfeo, dotado por la naturaleza de un excepcional talento para la poesía y para la música, fue su discípulo y fue el primero que introdujo entre los griegos los ritos de iniciación y los misterios.
Los Dáctilos Ideos de Creta, según nos ha transmitido la tradición, descubrieron el uso del fuego, las propiedades del cobre y del hierro y la manera de trabajar estos metales en la zona del monte Berecinto, en el territorio de Aptera; y dado que se consideraba que eran los iniciadores de grandes beneficios para el género humano, obtuvieron honores inmortales. Nos cuentan los historiadores que uno de ellos, que se llamaba Heracles y se distinguía por su fama, instituyó los Juegos Olímpicos, y que los hombres de épocas posteriores, a causa de la homonimia, pensaron que era Heracles, el hijo de Alcmena, quien había establecido la institución de los Juegos Olímpicos. Pruebas de esto, dicen, se encuentran en el hecho de que todavía en nuestros días muchas mujeres reciben conjuros de este dios y fabrican amuletos con su nombre, puesto que era un mago y se ocupaba de los ritos de iniciación, cosas que le distanciaban mucho de las costumbres del hijo de Alcmena.

En su Protreptico (2.19.4), Clemente de Alejandría denuncia las falsas creencias paganas y sus cruentas y equivocadas prácticas, entre las que incluye los misterios de los Cabiros a los que, una vez más, identifica con los Coribantes, aunque también entremezcla prácticas dionisiacas, en un texto que adolece de falta de veracidad.

Podemos comprobar también que uno de los Himnos órficos, el XXXVIII, dedicado a los Curetes, se refiere a ellos como señores de Samotracia y les da la denominación de démones, además de asociarlos a los Coribantes y los Dioscuros:

Curetes que atronáis, con armaduras de guerra, celestiales, terrenales, marinos, afortunados, fecundos soplos, ilustres salvadores del mundo, que habitáis Samotracia, sagrada tierra, y alejáis los peligros mortales que andan errantes por el ponto. Vosotros sois los primeros que instituisteis para los mortales el ritual sacro, inmortales Curetes, que portáis belicosa armadura y movéis el Océano, el mar y los árboles, además; y al marchar hacéis resonar la tierra con vuestros ágiles pies, resplandeciendo con vuestras armas. Todas las fieras se asustan, cuando os ponéis en movimiento; el alboroto y griterío llega hasta el cielo y, por las evoluciones de vuestros pies, el polvo alcanza las nubes, cuando os marcháis. Y entonces brotan, por supuesto, todas las flores. Inmortales démones, nutricios y destructores, a la vez, cuando os lanzáis irritados contra los mortales, destruyendo vidas, recursos y también a los mismos que reciben el perjurio saciándoos con ello. Y gime el grandioso mar en profundos remolinos, los arboles de copas altas caen al suelo de raíz y un eco celeste resuena por el chasquido de sus hojas. Curetes–Coribantes, señores y robustos reyes de Samotracia, e igualmente con propiedad, Dioscuros, perennes brisas, vivificadores, aeroformes; que también sois celebrados en el Olimpo como celestes gemelos, portadores de agradables brisas, serenos y amables salvadores. Soberanos propiciadores de las estaciones y de los frutos, alentadnos, por favor.

Mnseas en el Escolio de Apolonio de Rodas I, 916–918 (FHG fr. 27, III, p. 154)[5] es el único autor que numera y da nombre a los Cabiros que, para él, son tres principales: Axíeros, Axiocerso y Axiocersa, a los que añade Kadmilos. Además, los asimila a Ceres, Plutón, Perséfone y Hermes, respectivamente. Como podemos comprobar, esta asociación los pone en conexión con los Misterios de Eleusis[6].

Nono de Panápolis (Dionisiacas, 3.58–78) hace referencia a la boda entre Cadmo[7] y Harmonía y, una vez más, diferentes dioses se entremezclan y confunden:

Entonces Cipris, que buscaba unir a Harmonía con su esposo, extendió la silenciosa bonanza para evitar la navegación. En ese momento, un tempranero pájaro gritaba cortando el aire; y columnas de Coribantes[8], que habitan las soledades, munidas de hermosos cascos, agitaban sus escudos y zapateaban al son de los rítmicos pasos de las danzas de Cnoso. Y al mismo tiempo que el pandero de Cnoso de bovina piel producía un terrible estruendo ante el espiralado golpe de un rápido hierro, la flauta doble resonaba. Así, mientras los bailarines se aceleraban, una melodía los acompañaba en su cadenciosa agitación. Canturreaban los árboles; mugían las piedras y los bosques se agitaban en una bacanal con inteligente vibración. Las Dríades cantaban y las Osas se lanzaban en tropel hacia la danza saltando y girando enfrentadas; los leones producían un rugido con competitivas gargantas, que simulaban el alalá de los Cabiros en sus fiestas mistéricas, grito lúcido pese al frenesí. La divina Hécate, que ama los cachorros era celebrada. Y las festivas flautas, a las que la técnica del Crónida descubrió una vez, mientras trabajaba el cuerno, resonaban sin acompañamiento.

Nono también relacionará a los Cabiros (de Lemnos), que para él son dos, con Hefesto, de quién los hace descendientes[9] en los cantos XIV, XXVII, XXIX y XXX de sus Dionisiacas.

Los Cabiros no están asociados en exclusividad a Samotracia. De hecho, hay 158 localizaciones que se asocian a estas divinidades, bien a través de la epigrafía, de la numismática o de las fuentes literarias. Corresponden a un amplísimo territorio que abarca zonas de la Grecia peninsular, Asia Menor, Egipto y el área del Mar Negro. Serán, sin embargo, tres territorios insulares, donde los hallazgos son más frecuentes e importantes: Samotracia, por supuesto, y dos islas vecinas, Imbros y Lemnos (Bedigan 2008, 72–73). Las tres islas están cerca de Asia Menor y el intercambio cultural entre las tres islas y Anatolia es evidente, sobre todo porque existía una red comercial en esta zona desde la Edad de Bronce temprano, el período en que una gran diosa madre fue venerada en muchos lugares, y posiblemente también los Cabiros.

Se considera que, en cada uno de los centros, los Cabiros/Grandes Dioses están conectados con una divinidad masculina, propia del sustrato religioso y cultural de cada localización. Así, en Samotracia se asocian con Hermes, en Lemnos con Hefesto y con Dioniso en Tebas (Kesler 2012, 6).

En última instancia, hay que destacar la falta de homogeneidad del culto cabírico y la dificultad para identificar un núcleo originario del culto a partir del cual se acabaría extendiendo por todo el Mediterráneo oriental. A la luz de los datos arqueológicos, los santuarios más antiguos parecen ser los de Lemnos y Tebas, sin embargo, desde finales de la época clásica y, sobre todo, durante el Helenismo, Samotracia tomará una posición preponderante y, con el nombre de Grandes Dioses el culto se transmite por la costa de tracia, las Cícladas y la costa oeste de la actual Turquía. En este periodo y durante la época romana, el sincretismo con otros cultos plenamente griegos, como el de los Dioscuros, se ha convertido en un elemento más de la religión de los Cabiros, como atestigua la inscripción del santuario de Delos en la que leemos: Θεῶν Μεγάλων Διοσκόυρων/Καβείρων (Cruccas 2014, 23).

En definitiva, con respecto a la relación entre los Grandes Dioses de Samotracia y los Cabiros de Lemnos y Tebas, los distintos estudios muestran gran disparidad, desde los que niegan cualquier conexión entre ellos, a pesar de no negar la similitud presente en algunos puntos, hasta los que consideran que básicamente son los mismos dioses, pero con variaciones locales debidas a las necesidades de cada comunidad: 

The available evidence indicates that the Kabeiroi could be represented as a group of masculine deities whose function and background differed according to the needs of the community in which the cult was situated. This variation may also account for the difficulties in attribution; different gods with the same function have often been assimilated in the same way as gods with identical or similar names, and have also been grouped together regardless of the reasons as to why they were being worshipped (Bedigan 2008, 40–41).

Por nuestra parte, consideramos que debió de existir algún tipo de conexión entre los Cabiros y los dioses de Samotracia, puesto que las fuentes, como hemos comprobado, los mencionan de esta manera, incluido Heródoto, cuyo testimonio parece evidenciar su propia iniciación. Hasta el momento, lo que parece quedar claro es que los dioses de los Misterios de Samotracia formaban un grupo (¿tríada?) en los que no debió de ser importante las atribuciones individuales de cada uno de ellos. Su función original estaba conectada con la protección, especialmente en la navegación, sin que quede patente una función escatológica “más amplia”.

La otra posibilidad sería que Grandes Dioses no se refiera a un grupo particular, sino a un epíteto para diversos dioses. Así, si múltiples deidades, todas con algunas funciones similares, usan el mismo título honorífico, ello explicaría por qué los autores los identifican como un solo grupo o entidad (Bedigan 2008, 39).

Nosotros opinamos que la repetida confusión/identificación entre Cabiros y Coribantes, sobre todo, pero también con los Curetes, los Dáctilos y los Telquines nos hace pensar que también debió de existir un elemento común entre todos estos “dioses menores” que favoreciera este intercambio de apelativos. Consideramos que un elemento común principal de estos grupos es su caracterización como “dioses danzantes”[10].

4. Dioses danzantes

Como hemos visto, Estrabón (10.3.7) asimila a los Cabiros con los Dáctilos, Telquines, Curetes y Coribantes. Todas estas figuras son en general identificadas como danzantes extáticos de sexo masculino, caracterizados por sus vestimentas guerreras y a menudo identificados como acompañantes de una Gran Madre y guardianes de rituales de naturaleza mistérica (García Arroyo 2019, 304). Estrabón atribuye la confusión al ritual común como sacerdotes de la Diosa Madre, a la que atienden con danzas extáticas en armas. El origen de estas danzas se encuentra en diversas leyendas en las que estos démones atienden a diversos dioses en el momento de su nacimiento, el más conocido es el caso de Zeus y los Curetes, pero narraciones similares las encontramos con Apolo (Estrabón, 14.1.20) o con los Telquines y Poseidón (Diodoro de Sicilia, 5.55) (Blakely 2013, 13 y 165).

Una de las más antiguas menciones a esta danza guerrera la encontramos ya en el siglo VII a. C., por el poeta Taletas: “La danza armada fue inventada y bailada por primera vez por los Curetes” (Fragmento 10, del Escolio a Píndaro). En épocas posteriores el tema se repite constantemente como demuestran numerosos ejemplos:

Oh caverna de los Curetes y sacras salas de Creta en que nació Zeus! Allí en las cuevas los Coribantes de triple penacho inventaron para mí este redondel de tenso cuero. Y en báquica exaltación lo mezclaron al melodioso aire de las flautas frigias y lo pusieron en manos de la Madre Rea, redoble para los acompasados cánticos de las bacantes. Lo recogieron los sátiros delirantes de la diosa Madre, y lo enlazaron con los bailes bienales, en los que se regocija Dioniso. (Eurípides, Las Bacantes, 120–132)

Desde hace tiempo resuena el escarpado Ida al son de la música, para que el niño dé sus vagidos tranquilo, con su boca balbuciente. Unos golpean con bastones, los escudos, otros, los cascos huecos. De aquello se encargan los Curetes, de esto, los coribantes. Se guardó el secreto, y queda la imitación del hecho primitivo. La comitiva de la diosa agita los bronces y las roncas pieles; en vez de cascos, aporrean platillos, y, en vez de escudos, tambores. La flauta sigue tocando, como tocaba antes, la melodía frigia. (Ovidio, Fastos, 4. 208–215)

Los Curetes están caracterizados por poderes de profecía, fecundidad y fuerza militar. Su iconografía es la más persistente y frecuentes entre los démones, se trata de jóvenes armados bailando alrededor del infante Zeus, golpeando las espadas contra el escudo. Tienen fuertes conexiones en Creta, donde varias ciudades llevan su nombre y aparecen como protagonistas en el conocido como Himno de los Curetes, aparecido en la ciudad cretense de Palaikastro, en el que se les ve, junto con Zeus, en un festival anual en el que se asegura la fertilidad de la tierra y la paz y la armonía entre las ciudades (Blakely 2006, 18)[11].

Diodoro de Sicilia (5.65) los considera dioses metalúrgicos, inventores de la danza, y también dioses civilizadores, nacidos de la tierra[12].

Los Coribantes, iconográficamente idénticos a los Curetes, comparten con estos y con los Dáctilos el mito de asistencia al niño divino. Estrabón y Luciano sugieren que son la versión frigia de los Curetes. La danza es el núcleo central de su experiencia ritual, con un carácter no militar, sino sanador, en un ritual homeopático. También Estrabón (10.3.19) los identifica con los dioses de Samotracia, a los que denomina Cabiros. Según Blakely, la principal diferencia entre Curetes y Coribantes es que los primeros están relacionados con la profecía y la adivinación y los segundos con la sanación a través de la danza extática. La leyenda que deja más clara esta relación entre Curetes y profecía aparece en la historia de Glauco, el hijo difunto del rey Minos de Creta, que es narrado por Apolodoro (Biblioteca mitológica, 3.3) (Blakely 2000, 123).

La conexión entre los Dáctilos y la danza, que parece muy similar a la que practican los Curetes, se aprecia en un fragmento de Ferécides conservado en el escolio a la Argonáutica de Apolonio de Rodas. El escolio hace referencia a un pasaje del texto (Argonáuticas¸ 1.1118–1149) en el que los argonautas, tras haber matado accidentalmente a Cícico, no pueden seguir navegando por las fuertes tormenta. Para aplacar a la Diosa Madre que las causa, son requeridos a subir al monte Díndime, donde realizan una danza armada en un ritual que no solo tiene como efecto calmar la tormenta y, por tanto, la maldición que estaban sufriendo, sino que está íntimamente conectada con ritos que propician la fertilidad y la fecundidad en la Naturaleza.

5. Danza extática y Estados Alterados de Conciencia (ASC)

A mediados de los años 90 un grupo de científicos (Gallese, Fadiga, y otros 1996) descubrieron en el mono macaco un grupo de neuronas situadas en la circunvolución frontal inferior que eran capaz de activarse tanto cuando el animal estaba realizando una acción como cuando observaba a otro hacerlo. A estas neuronas se las ha denominado neuronas espejo (mirror neurons) y numerosos estudios apuntan a que tienen un papel fundamental en el aprendizaje (Rizzolatti, Fogassi y Gallese 2001, Mukamel, y otros 2010) y en la socialización (Lamm y Majdandžić 2015), no solo en monos, también en humanos. Estas neuronas nos permitirían entender qué es lo que otra persona está haciendo e, incluso, decodificar las intenciones, las emociones y las sensaciones del otro (Gallese 2005).

La danza ayuda a conectar el cuerpo con la mente, el interior con el exterior, a través del ritmo y del movimiento. Esta conexión se intensifica cuando es compartida, se realiza en grupo. Las neuronas espejo ayudan a conectar a los individuos que danzan juntos e, incluso, a los individuos que no danzan y que actúan como observadores. La música y la danza aumentan la capacidad intrínseca hacia la conexión social a través del intercambio de información (comportamiento, expresión facial y corporal, vocalizaciones) ayudando a la sincronización de las emociones, del comportamiento y de la cognición que favorecen la catarsis del grupo (Winkelman 2015)[13].

Aunque hay un acuerdo generalizado sobre la importancia de la música y la danza en el establecimiento y mantenimiento de relaciones entre los individuos que bailan juntos, no queda claro cuál es el mecanismo neurofisiológico en el que estos lazos sociales se mantienen. Además de las citadas neuronas espejo, se ha propuesto que juegan un papel fundamental dos tipos de moléculas diferentes. Por una parte, las endorfinas, neurotransmisores que operan a nivel del Sistema Nervioso Central; por otra parte, la oxitocina, a la que se le ha denominado la hormona de la sociabilidad (Tarr, Launay y Dunbar 2014).

La danza tiene la capacidad de alterar la conciencia a través de diversos mecanismos muy similares a los que produce la carrera intensa. Durante el fenómeno conocido como “subidón del corredor”, además de los opiáceos endógenos liberados, se produce anandamida, una sustancia que produce efectos psicoactivos similares al THC de la marihuana, incluyendo la euforia, un sentido de trascendencia y un sentido de contacto con lo divino. El ejercicio intenso conduce a una saturación del sistema nervioso simpático y a un efecto de “desbordamiento” que provoca la activación simultánea del sistema nervioso parasimpático y de las estructuras asociadas. Esta activación simultánea de lo que normalmente son funciones y áreas del cerebro separadas resulta en una saturación del procesamiento del cerebro que lleva a un cese del procesamiento normal y de la comprensión. Este cese de los procesos normales produce una sensación de inefabilidad y una desintegración del yo (Winkelman 2015, 15–16).

La música crea las condiciones que favorecen el trance, regulándolo y facilitando al crear la atmósfera emocional y facilitar la identificación con el grupo (Fachner 2007, 176).

Se han comparado los rituales chamánicos con las fiestas rave (Nencini 2002, Tramacchi 2004), que se definen como eventos espontáneos y comunitarios en las que los sujetos participan activamente y en las que se crea una poderosa vivencia personal en la que el individuo experimenta la disolución de su yo, su ego, a través, fundamentalmente, de la música repetitiva y estridente, de una actividad de baile continuo (non–stop dance), más o menos desenfrenado, y, en muchas ocasiones, del consumo de sustancias psicoactivas (Evans 1992).

Siguiendo a Tramacchi, lo que tendrían en común los rituales chamánicos con las rave parties incluiría el ritual de preparación, el carácter nocturno, la importancia de la música y la danza, la consecución de un ASC (que puede ser inducido o no por consumo de sustancias psicoactivas) y la formación de relaciones sociales caracterizadas por una identificación intensificada con el grupo (Tramacchi 2004).

Por nuestra parte, consideramos que los rituales mistéricos, en general, y los de Samotracia, en particular, no pueden ser calificados como chamánicos puesto que las fuentes no nos hablan de chamanes ni figuras similares. Por el contrario, se trata de rituales de iniciación en las que un grupo de personas decide voluntariamente realizar y superar una serie de pruebas para “encontrar protección, salud, la capacidad para superar los riesgos de la propia vida, mitigar sus miedos o para aliviar la ansiedad que produce la enfermedad, la soledad, la muerte y, también, el Más Allá” (Bernabé 2016, 28).

A pesar de no poder ser calificados como chamánicos, los rituales de los Misterios de Samotracia encajan dentro de las características que Tramacchi con la particularidad, además, de que el ASC no solo favorecía la identificación con un grupo sino que, principalmente, suponía para el iniciado una “aprendizaje” único y esencial que iba más allá de los mitos y de las narraciones: “Como sostiene Aristóteles, los que se inician en los misterios no es preciso que aprehendan algo intelectualmente, sino que experimenten una impresión y que se produzca en ellos una disposición, es decir, que hayan alcanzado la actitud requerida” (Aristóteles, Sobre la filosofía, fr. 15ª Ross).

6. Danzando en Samotracia

En el año 1941, Nock propuso que el ritual de preparación para la iniciación en Samotracia fuera el denominado thronosis (θρόνωσις) o entronización que nos viene descrito por Platón (Eutidemo, 277d):

No te asombres, Clinias, si te parecen insólitos estos razonamientos. Tal vez no te das cuenta de lo que los extranjeros están haciendo contigo: proceden de la misma manera que los que participan en la ceremonia iniciática de los coribantes, cuando organizan la entronización del que van a iniciar. En esa ocasión –lo sabes, además, si han sido iniciado– se lleva a cabo una suerte de jubilosa danza; y ellos dos, ahora, no hacen otra cosa que bailar a tu alrededor, como si estuvieran brincando juguetonamente, con el propósito ulterior de iniciarte.

La conexión entre esta ceremonia y los misterios viene también descrita por Dión de Prusa (Olímpico, 33):

Esto viene a ser prácticamente lo mismo que si alguien presentara a un individuo, griego o bárbaro, para ser iniciado en un suntuario de misterios, espléndido por su belleza y tamaño. El aspirante contempla allí muchas visiones misteriosas, oye muchos sonidos por el estilo, ve cómo aparecen luz y tinieblas alternativamente y cómo van sucediendo otros mil detalles. Y no digamos, si, como se acostumbra a hacer en la ceremonia llamada de entronización, los padrinos hacen sentarse a los neófitos y luego danzan a su alrededor.

El ritual estaría precedido de un sacrificio. A continuación, el sujeto sentado y, quizá, con los ojos vendados, estaría rodeado por un grupo cantando y bailando alrededor con gran alboroto hasta conseguir llevarlo a un estado de frenesí o excitación (trance) mediante la repetición de una melodía con flautas y percusión (golpeteo repetido de los escudos o de algún tipo de tamboril), estruendos y la danza, a la que, con mucha probabilidad, el sujeto acabaría uniéndose. El movimiento y la música son la clave, de tal forma que la excitación acaba haciéndoles sucumbir, relajarse (Ustinova 1998, 509–510).

Cuando Platón habla de los ritos de los Coribantes no hace ninguna referencia a Samotracia, sino que los sitúa en su ciudad, Atenas, y son considerados como una técnica de curación para algún tipo inespecífico de desorden mental o emocional (Leyes, 791ª)[14].

Aquellos que recurren a la ceremonia buscan el alivio de algún tipo de ansiedad y la seguridad de su futura felicidad, van a ser purificados de aquello que les afligía, incluso de alguna maldición. A través de esta experiencia recibían mucho más consuelo del que se podía obtener en los cultos y festivales habituales (Linforth 1946, 155).

Esta ceremonia preparatoria pudo tener lugar, como se ha propuesto, en el denominado Theatral Circle. El área circular rodeado de estrechos escalones recuerda a una orchestra, un espacio en el que se puede danzar rodeado por los espectadores de pie en las gradas, puesto que no hay espacio para sentarse. De producirse, el objetivo de esta ceremonia inicial sería conseguir relajar a todos los participantes, favoreciendo la integración de todos ellos en un único cuerpo de sujetos en busca de un objetivo común.

Sin embargo, como hemos dicho, esta ceremonia de thronosis no sería sino un rito preparatorio. La iniciación como tal tendría lugar posteriormente y en otra localización. Nosotros proponemos que tuvo lugar en el Hall de las Bailarinas y consideramos que estaría conectado con una “boda sagrada”.

La historia de Harmonía y su boda con Cadmo parece jugar un papel importante dentro de la mitología samotracia. Nuestra mayor fuente de información es Diodoro. En su libro quinto nos introduce a los hijos de Zeus y Electra, hija del titán Atlas: Dárdano, fundador de Troya; Yasión, al que Zeus confió los misterios de Samotracia, y Harmonía, que acabó casándose con Cadmo, hijo de Agenor, que llegó a la isla buscando a su hermana Europa[15]. También sabemos, por un escolio a Eurípides (FGrH 70 F 120) que Éforo menciona el secuestro de Harmonía por parte de Cadmo y cómo éste se la llevó a Tebas. Según esta versión, en Samotracia la buscan durante sus festivales. A partir de este fragmento se ha querido ver que en los Misterios de Samotracia había una búsqueda de Harmonía por parte de los asistentes, similar a la búsqueda de Perséfone en los de Eleusis. Sin embargo, a diferencia de éstos, no hay descenso de la joven al inframundo, con lo que desaparece la posible conexión escatológica. La culminación de los rituales sería, por tanto, la aparición de la joven en compañía de Cadmo, con el que se casa en una espléndida boda a la que asisten los dioses del Olimpo, lo que nos llevaría a pensar que el ritual iniciático estaría relacionado con ritos de fertilidad y fecundidad (García Arroyo 2019, 313). Sin embargo, los Misterios debieron tener alguna conexión más, pues las fuentes nos hablan, fundamentalmente, de la salvación de los iniciados de los peligros del mar. Clinton propone que los dos hermanos de Harmonía, Yasión y Dárdanos, realizaron su acción salvífica buscando y llevando a su hermana de regreso, en compañía de Cadmo. En este sentido serían asimilables a los Dioscuros y su relación con su hermana Helena tras ser raptada por Teseo (Clinton 2003, 69–70).

Si el pasaje de la boda de Cadmo y Harmonía es central en la celebración de los Misterios, la danza podría jugar un papel importante. Sabemos que los griegos no concebían sus festejos nupciales sin baile, hasta el punto de considerar ilegítimos aquellos enlaces en los que no se bailaba. En numerosas ocasiones, las mujeres bailaban separadas de los hombres y no eran inusuales los bailes en las que las ellas danzaban en fila, unidas por sus muñecas, hasta acabar en un remolino acelerado (Oakley 2004). Hemos visto anteriormente cómo el Hall de las Bailarinas podría ser un emplazamiento ideal para este tipo de ceremonias, su localización central y la decoración de su friso podrían sugerir esta funcionalidad.

Además de las bailarinas, en el friso están representadas otras figuras que tocan tres instrumentos musicales: khitara, aulos y tympanon. Los tres instrumentos están relacionados con la danza de tipo orgiástico y con el culto a Dioniso y Cibeles. Son también los instrumentos que Estrabón relacionada con las danzas de Cabiros, Curetes, Coribantes, Telquines y Dáctilos, como hemos visto.

El interior del Hall consta de dos secciones separadas por una divisoria longitudinal de la que se desconoce si era un muro total o una columnata. La parte este está situada unos 47 cm. por encima de la oeste, y el pavimento de las dos secciones es diferente. A partir de estos datos Clinton propone que en la parte más elevada pudo tener lugar una representación que era contemplada por los sujetos de la parte inferior (Clinton 2003, 333).

Sin embargo, si el acto principal que tuvo lugar en este edificio es la iniciación a través de la consecución de un ASC mediante la danza extática, bien pudo suceder que los hombres y las mujeres bailaran separadamente, imitando la celebración en las bodas, con lo que cada uno de los sexos tendría su propia plataforma de baile, diferenciada y separada. Esta danza sería de carácter extático, punto culminante de un proceso que se habría iniciado en el Theatral Circle y que se habría continuado con la deambulación de los peregrinos a lo largo de la Vía Sacra hasta llegar al edificio central. La música habría acompañado a los participantes en todo su recorrido.

Por supuesto, será imposible llegar a saber con seguridad lo que acontecía dentro del Hall de las Bailarinas, pero podemos suponer que esta danza sagrada, comunitaria y de tipo extático, favorecería un estado místico de los participantes, su conexión con la divinidad y la consecución de un Estado Alterado de Conciencia que tuviera impronta definitiva en su vida ya que “dicen que quienes han participado en la celebración de los misterios se vuelven más piadosos, más justos y mejores en todos los aspectos” (Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica, 5.48.6).

7. Conclusiones

Como hemos podido comprobar, las fuentes documentales y arqueológicas para Samotracia no solo son escasas, también son muy confusas. Para empezar, ni siquiera sabemos bien cuál era el nombre por el que eran venerados los dioses de los Misterios samotracios, pues mientras la epigrafía habla de Theoi Megaloi, las fuentes literarias los denominan de formas muy diferentes: Cabiros, Curetes, Coribantes, Dáctilos y Telquines. Consideramos que esta mezcla de denominaciones puede estar originada por la similitud que estos démones tenían entre ellos y hemos buscado puntos en común. Llama la atención la relación de todos ellos con danzas de carácter extático y también hemos comprobado como la danza es capaz de provocar un ASC en los sujetos que, en numerosas ocasiones es descrito en términos religiosos, como una experiencia de carácter místico o extático. Puesto que sabemos que el objetivo último de las iniciaciones mistéricas consiste en conseguir una experiencia inefable y transformadora, consideramos que es posible que las danzas frenéticas fueran elementos importantes dentro de los rituales que se llevaban a cabo en el santuario de Samotracia. En este sentido, dos estructuras arquitectónicas pudieron ser escenario de este tipo de danzas: el Theatral Circle y el Hall de las Bailarinas. Mientras que en la primera estructura tendría lugar una ceremonia de preparación, los rituales iniciáticos propiamente dicho se llevarían a cabo en el segundo.

Pensamos que el estudio de la danza extática en los Misterios griegos podría aportar luz sobre la experiencia vivida por los iniciados, no solo en el caso de Samotracia, sino también en otros, como los de Eleusis. No debemos olvidar las palabras de Luciano: “Omito decir que no es posible encontrar ningún antiguo rito de iniciación sin danza” (Sobre la danza, 15).

Fuentes

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  1. Desde esta definición de Van Gennep de 1909 se ha debatido mucho sobre los rituales iniciáticos dentro del mundo griego. Una buena aproximación al estado de la cuestión se encuentra en D.B. Dodd y A. Faraone (eds.), Initiation in Ancient Greek Ritual and narratives. New Critical Perspectives, London and New York, 2003; y, especialmente, en el capítulo titulado: Initiation. A concepto with a troubled history, F. Graz, pp. 3-24.
  2. Para un mayor conocimiento de los estudios arqueológicos del santuario de los Grandes Dioses de Samotracia, su epigrafía e iconogragía: Lehmann, K., 1998, Samothrace: A Guide to the Excavations and the Museum, Thessalonike; Cole, S G., 1984, Theoi Megaloi: the cult of great Gods at Samothrac, Leiden; Cruccas, E., 2014, Gli deis enza nome. Sincretimso, ritualità e iconografía dei Cabiri e dei Grandi Dei tra Grecia e Asia minore, Leidorf; Marconi, C., 2010, “Choroi, Theoriai and International Ambitions: The Hall of Choral Dancers and its Frieze”, Samothracian Connections. Essays in honor of James R. McCredie, O. Palagia, & B. D. Wescoat (edits.), Oxford, 106-135; Westcoat, B., 2017, “The pilgrim’s passage into the sanctuary of the Greats Gods, Samothrace”, Excaving Pilgrimage: Archaeological Approaches to Sacred Travel and movement in the Ancient World, T. M. Kristensen, & W. Friese (edits.), London & New York, 67-87; Clinton, K., 2017, “Two Buildings in the Samothracian Sanctuary of the Gread Gods”, Journal of Ancient History, 5,2, 323-356; Dimitrova, N. M., 2008, “Theoroi and Initiates in Samothrace: the epigraphical evidence”, Hesperia Supplements, 37.
  3. Demetrio de Escepsis.
  4. La «Interpretación de este pasaje depende en gran manera de una palabra: homoios / homos. La lectura que nos dan los manuscritos es homoios, es decir, “igualmente”, “en el mismo sentido” (seguida por Lasserre), mientras que homos, adverbio concesivo-adversativo, “sin embargo”, “de todas formas”, “con todo”…, es el resultado de una corrección generalmente aceptada por los editores a partir de la conjetura de Xylander (cf., por ejemplo, Jones). Según esta interpretación más extendida, el sentido insiste en el argumento de que en Samotracia no había misterios de los Cabiros, pese a la opinión de Estesímbroto de Tasos, mientras que con la interpretación basada en un homoios, se insistiría en la oposición entre una tradición secreta, en la que los Cabiros, con lo que la traducción sería “Argumenta, en efecto, que no hay en Samotracia una tradición de cultos místicos en torno a los Cabiros y cita en el mismo sentido una opinión de Estesímbroto de Tasos, según el cual el culto oficial que se celebraba en Samotracia era en honor a los Cabiros mismos.” En este caso la opinión de Estesímbroto no estaría en contradicción con la de Demetrio de Esepsis». Nota del traductor del texto p. 465.
  5. https://www.dfhg-project.org/DFHG/search.php?what=mnaseas
  6. Esta asimilación con dioses de otros panteones la veremos también con los dioses romanos: Macrobio (Saturnales, 3.4.7-9), citando a Varrón y a Casio Hermina, los llega a identificar con los dioses Penates: «Según Varrón, en el libro II de las Antigüedades humanas, Dárdano transportó los dioses Penates desde Samotracia a Frigia, y Eneas desde Frigia a Italia. Ahora bien, ¿quiénes son los dioses Penates? Varrón, en el mencionado libro, no lo explica. Pero quienes con más celo sacan a la luz la verdad, dijeron que los Penates, son aquellos dioses merced a los cuales hay un hálito de vida “en nuestro interior” (penitus), tenemos un cuerpo y poseemos la razón del espíritu; ahora bien, Júpiter es la zona media del éter medio, Juno la capa inferior del aire colindante con la tierra, y Minerva el estrato superior del éter. Y aducen como prueba que Tarquinio, hijo de Demarato de Corinto, iniciado en los misterios de los ritos de Samotracia, reunió en un solo templo y bajo un mismo techo a las mencionadas divinidades. Casio Herminia afirma que los dioses de Samotracia, que son los mismos Penates de los romanos, son propiamente llamados theoi megáloi, theoi khrestoi, theol dynatoi, esto es, dioses grandes, dioses buenos, dioses poderosos».
  7. En un canto posterior (Dionisiacas, 4.83-93) identifica a Cadmo con el dios Hermes.
  8. La referencia parece estar hablando de los Curetes, no de los Coribantes.
  9. Relación que ya habían puesto de manifiesto, Heródoto (Historia, 3.37) y Calímaco, fr. 115.
  10. Además de la danza extática, se han considerado como elementos comunes de todos estos démones su relación con la metalurgia, con la Diosa madre/Kybeles y, curiosamente, su nacimiento directo de la tierra. Estos elementos no serán analizados en el presente trabajo, pero deberán ser considerados más profundamente en estudios posteriores.
  11. «Cada uno de ellos se ciñe una espada y en la mano derecha porta una lanza, un báculo o algo semejante, y en la izquierda lleva un escudo tracio, parecido a un escudo alargado en forma de rombo con los lados más estrechos, que dicen que llevan entre los griegos los que realizan los ritos de los Curetes. Y los salios, en mi opinión, son, traduciendo su nombre al griego, los Curetes, así llamados por nosotros a causa de su edad pues son kúroi, y por los romanos a causa de su movimiento rítmico; pues saltar y brincar se dice en latín salire. Y por esta causa a todos los otros danzantes, puesto que también efectúan saltos y brincos, los llaman saltatores tomando este nombre de los salios. Pero si yo he comprendido correctamente esta denominación o no, cualquiera la explica sacándola de sus propias acciones; pues realizan movimientos con sus armas a ritmo de flautas, unas veces todos juntos, otras por turno, y cantan himnos tradicionales mientras bailan. Pero la danza y el movimiento de hombres armados y el ruido producido por sus puñales contra los escudos, si hay que prestar crédito a los relatos antiguos, fueron los Curetes los primeros en realizarlo» (Dionisio de Halicarnaso, Historia Antigua de Roma, 2.70).
  12. «Después de los Dáctilos Ideos, cuentan las historias, nacieron nueve Curetes. Algunos mitógrafos afirman que estos dioses fueron engendrados por la Tierra, mientras que para otros serían descendientes de los Dáctilos Ideos. Los uretes habitaban en zonas montañosas, cubiertas de bosques y cruzadas por barrancos y, por lo general, en lugares que ofrecían protección y abrigos naturales, dado que aún no se había descubierto el arte de construir casas. Al distinguirse por su inteligencia, dieron a conocer muchos descubrimientos útiles para la comunidad; fueron, en efecto, los primeros en reunir rebaños de ganado, domesticaron otras clases de animales y descubrieron la apicultura. Igualmente introdujeron el tiro con arco y la caza de animales, y enseñaron las relaciones recíprocas y la convivencia entre los hombres, y también fueron los iniciadores de la concordia y de un modo de vida ordenado. Inventaron las espadas, los yelmos y las danzas de guerra, gracias a cuyo estruendo consiguieron engañar a Crono; se dice que, cuando su madre Rea les entregó a Zeus a escondidas de su padre Crono, lo acogieron y lo criaron» (Diodoro de Sicilia, 5.65).
  13. Un reflejo de cómo estas neuronas espejos funcionan lo encontramos en un texto de Luciano de Samósata: «Heródoto cree que las percepciones visuales son más dignas de crédito que las auditivas, pero en la danza se unen las que llegan por los oídos y las que proceden de la vista. Su fascinación es tan poderosa que, si un enamorado acude al teatro, se tranquiliza viendo las funestas consecuencias del amor. Y uno que está apesadumbrado sale del teatro más alegre, como si hubiera tomado una medicina que hace olvidar y, para decirlo con el poeta, “bebiendo una droga contra el llando y la cólera”. Una prueba de la afinidad de la danza con la realidad y de que cada uno de los espectadores reconoce lo que se está representando, es que con mucha frecuencia los asistentes lloran, cada vez que se presenta algún suceso digno de compasión y lástima. La danza báquica, que se cultiva sobre todo en Jonia y en el Ponto, a pesar de ser satírica, hasta tal punto ha sojuzgado a la gente de allí, que en la época señalada todos acuden olvidándose de todo y están sentados todo el día, contemplando Titanes, Coribantes, Sátiros y rústicos. Y ejecutan estas danzas los individuos más nobles y más caracterizados de cada ciudad, no solo sin avergonzarse, sino que se jactan de ello más que de su nobleza, de sus servicios públicos y de las distinciones de sus antepasados».
  14. «Esos dos sentimientos son temor y los temores existen por un mal estado del alma. Cuando alguien desde fuera imprime una agitación a esos sentimientos, el movimiento exterior, predomina, porque asimila al interior que es asustadizo y frenético y, como al dominarlo posibilita que el alma se calme y se tranquilicen las rápidas palpitaciones de los temerosos –algo absolutamente agradable-, en un caso hace que unos alcancen el sueño, mientras que en el otro, con la ayuda de los dioses a los que todos elevan sacrificios con buenos augurios, provoca que, despiertos y bailando al ritmo de la flauta, alcancen un estado de lucidez y sobriedad que reemplaza a su frenesí».
  15. «Esta boda fue la primera, dicen, que los dioses celebraron con un banquete. Deméter, enamorada de Yasión, regaló el fruto del trigo, Hermes regaló una lira, Atenea el famosísimo collar, un peplo y una flauta; el presente de Electra fueron los sagrados ritos de la llamada Gran Madre juntamente con címbalos, tímpanos y los instrumentos de aquel ritual; Apolo tocó la cítara, las Musas la flauta, y los demás dioses pronunciaron palabras de buen agüero, contribuyendo así al esplendor de la boda. A continuación, dicen, Cadmo, obediente al oráculo que había recibido, fundó Tebas en Beocia, y Yasión se casó con Cibele y engendró a Coribante. Una vez que Yasión pasó a ocupar un puesto en el círculo de los dioses, Dárdano, Cibele y Coribante trasladaron a Asia los sagrados ritos de la Madre de los Dioses y se fueron con ellos a Frigi. Después Cibele, tras unirse a Olimpo, engendró a Alce y dio a la diosa su propio nombre, Cibele, por su parte Coribante, atribuyendo asimismo su propio nombre, llamó coribantes a los que eran presa del furor divino en la celebración de los ritos de la Madre» (Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, 5. 49. 1-3).


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