Iluminada del Carmen Ros Losa
Abstract: Religion is present in the cultural substrate both Spanish and Latin American, but is this substrate reflected in the manuals of Spanish as a foreign language? Are English–speaking students with a Protestant religious culture aware of the differences between Catholicism and Protestantism? Are Spanish teachers aware of these differences when talking about customs, festivals, traditions or superstitions in Spanish class? Would it be necessary to explain some key concepts for a better understanding of the student? To answer these questions, manuals of Spanish as a foreign language, monographs and articles on how to approach interculturality and culture in the classroom have been consulted. However, when consulting the bibliography the existent emptiness regarding the religion in the language class has been verified. This work highlights the need of the student for this knowledge and two didactic guides are proposed to obtain a better understanding of our culture where Catholicism is very present and can not be ignored, always from a didactic perspective.
Keywords: Religion, Culture, ELE, Interculturality, Education
1. Introducción
En la actualidad, aquellos que trabajan en el campo de ELE tienen muy claro que el binomio lengua–cultura es indivisible y así viene ya preestablecido en el Marco Común Europeo de Referencia (Consejo de Europa 2002, 1). Por esta razón, el concepto de cultura ha sido estudiado por numerosos investigadores y se encuentran abundantes estudios acerca de sus campos, sus definiciones, sus limitaciones o cómo llevarla al aula, entre los que destaca el de Miquel y Sanz (2004).
En cuanto a cómo debe ser llevada al aula, casi todos los estudios confluyen en el concepto de interculturalidad y más aún, competencia intercultural, véase como ejemplo el estudio realizado por los profesores Barros y Van Esch (2006, 61–74). Competencia intercultural que el alumno debe lograr adquirir junto a la comunicativa. Mediante esta competencia el estudiante será capaz de comunicarse con personas de distinta lengua y cultura de manera satisfactoria, dejando de lado sus diferencias. Como se puede comprobar, esta competencia es muy necesaria en el mundo en el que vivimos, donde la pluralidad está en nuestro día a día. Con este concepto se persigue que sea más fácil la aceptación del otro mediante el entendimiento y que los alumnos sean capaces de conocer su cultura desde un punto de vista crítico, así como la cultura del otro desde el mismo punto de vista. Se trata de lograr la igualdad a través del respeto, pero un respeto hacia el otro mediante el conocimiento de su cultura y su lengua.
Está de más decir que la competencia intercultural está muy estudiada, como ocurre con el campo de la cultura, aunque a través de este estudio se pretende poner de manifiesto cómo hay todavía terrenos por descubrir que aportarían mucho a un mejor entendimiento entre nuestros alumnos y de estos con los nativos de la lengua que están aprendiendo, el español en nuestro caso. Estudios culturales como el de Cerrolaza (2009, 19–32) o el de Cruz Moya y De la Torre García (2010, 33–49), así como diferentes estudios interdisciplinares como el realizado por Estévez Coto (2009, 13–21) y González Blasco (2013, 109–127), recogen numerosas situaciones donde el estudiante puede encontrar los denominados choques culturales, situaciones donde el alumno puede llegar a sentir ansiedad e incluso rechazo a la otra cultura. Sin embargo, estos estudios suelen dejar de lado el campo religioso, un campo que se encuentra muy unido a la cultura no solo en España, sino también en Hispanoamérica. Es de sobra conocido que en España e Hispanoamérica el cristianismo, y más concretamente el catolicismo, influye en sus manifestaciones culturales. No obstante, a pesar de esta realidad, la religión se configura como tema muy delicado a la hora de llevarlo a una clase de ELE donde se hallan, por lo general, alumnos de diversas culturas.
La religión es vista en ELE como un tema muy enrevesado que se prefiere omitir o a lo sumo considerar desde su componente cultural y así aparece en manuales de cultura española como el de Balea y Ramos (2009, 124–185) entre otros. Un claro ejemplo es explicar los Reyes Magos a través de sus equivalentes San Nicolás o Santa Claus. Por ello, los estudios culturales e interculturales en su mayoría suelen obviar los aspectos religiosos. En ellos, la religión se menciona pero no se desarrolla. Por ejemplo, aparece, si no en todas, en la mayoría de clasificaciones culturales y, sin embargo, no hay un trabajo en el que se desarrolle cómo llevar la religión al aula o desde qué perspectiva afrontar su enseñanza, mientras que sí existen trabajos sobre cómo abordar otros temas que aparecen en esas clasificaciones como la familia o el trabajo. Sin embargo, sí aparece en los dos grandes referentes en la enseñanza del Español: por un lado, el Plan Curricular del Instituto Cervantes (2006) recoge un bloque completo dedicado a la religión, concretamente en los apartados denominados referentes culturales, inventario de saberes y comportamientos y en las nociones específicas, donde se proponen conceptos religiosos como religión, cristiano, judío, musulmán, ir al templo, a la sinagoga, etc. Por otra parte, el Marco Común Europeo de Referencia (2002) recoge la religión en diferentes puntos como lo son la identificación personal, el contexto externo del uso de la lengua, en el conocimiento sociocultural, en la competencia existencial y en las competencias generales del individuo, declarando el conocimiento de las creencias religiosas como esencial para la comunicación intercultural, demostrándose así la importancia que tiene la adquisición de este conocimiento religioso.
Además, se han consultado una serie de manuales donde se han encontrado varias líneas bien marcadas: o bien no entran en aspectos religiosos y se declinan solo por describir o nombrar pero sin matizar o explicar, así son la mayoría de manuales; o bien realizan toda una explicación histórica de la religión en España. Este es el caso de Hooper (1996, 136–153) quien se centra sobre todo a partir del franquismo, una explicación demasiado extensa y demasiado específica para los alumnos de lengua y cultura española. Otros manuales, como el de Styles (2008, 83s.) directamente marcan la religión en España como un tabú, cuando en realidad en España es muy común hablar de religión y la religión sale a la calle en fiestas como Semana Santa o Navidad; o bien entran en debates internos de la religión católica como los anticonceptivos, el aborto, la homosexualidad, etc., debates que deben quedar para quienes profesan esa religión y no para los alumnos extranjeros que ya tendrán formadas sus propias opiniones, tal es el caso de E. Gago (2013). Sí se han encontrado algunos manuales interesantes, véase el de Cortés Moreno (2003), aunque han quedado un poco obsoletos por su antigüedad y necesitarían una revisión.
En cuanto al primer caso, el de los manuales descriptivos, cabe mencionar dos aspectos muy llamativos encontrados en ellos: por un lado, muchos mencionan el número de practicantes, tanto católicos como de otras religiones, siguiendo diferentes estadísticas. En realidad esto es un sinsentido, ya que las cifras varían en el tiempo y más en un país como es España, donde la migración es constante. Quizás sería más interesante para el alumno describir las distintas religiones que puede encontrar en España en la actualidad y hacer una comparación entre estas, entre estas y su propia religión, o entre estas y las distintas religiones de sus países de procedencia. Por otro lado, resulta cuanto menos sorprendente el hecho de que se dé más importancia en los manuales de cultura al islam que al catolicismo. Es innegable el peso de la cultura islámica en la cultura y el idioma hispánico, pero no se debería olvidar el innegable peso que tiene también el catolicismo.
2. José María Blanco White
Esta investigación parte de las Cartas de España de José María Blanco White (1972) y pretende ir un poco más allá mediante un estudio que podría ir dirigido a todos los alumnos, con independencia de cuál sea su religión, si bien preferentemente se ha puesto el foco de atención sobre aquellos alumnos que puedan tener una base cultural cristiana aunque no católica como los protestantes, debido a los matices diferenciales de esta religión respecto al catolicismo que les podría llevar a errores o interpretaciones no del todo exactas. Así mismo, este estudio se centra en alumnos que se encuentren en inmersión cultural, es decir, aprendiendo español en un país de habla hispánica, en concreto en España, ya que aquí tendrán mucha más cercanía a la cultura española y, por tanto, a la religión católica.
El autor de la obra, José María Blanco White, fue un religioso español de principios del siglo XIX con ideas liberales que, ante los acontecimientos ocurridos en España, se marcha a Inglaterra donde sufre una crisis de fe y se convierte al anglicanismo primero y al protestantismo después. Allí escribe una serie de cartas a modo de artículos periodísticos dirigidas a un público inglés y donde describe España, su cultura, su religión, el carácter de sus ciudadanos, etc. Estas cartas son importantes por varios motivos:
El primero de ellos es que están escritas por un español que no solo describe, sino que también explica el porqué de aquello que describe. No es, por tanto, una guía escrita por viajeros para otros viajeros, donde los matices desaparecen por la falta de precisión debido al desconocimiento. Precisamente esto es lo que no queremos para nuestros alumnos, que sean observadores sin entender lo que están viendo o haciendo malas interpretaciones de lo que observan.
Los viajeros más perspicaces y observadores están sujetos a continuas equivocaciones, y quizá todavía más por una circunstancia que se suele considerar favorable: el mediano conocimiento de las lenguas extranjeras. El viajero que sólo usa sus ojos no podrá describir más que los objetos exteriores y, ciertamente, tendrá la ventaja de que, aunque a su narración le falten muchos asuntos de interés, estará exenta de disparates (Blanco White 1972, 37).
El segundo motivo es que el autor huye de los estereotipos, algo que nosotros pretendemos también para nuestros aprendices de español. España es paella, toros, flamenco, fiesta, diversión; pero también es mucho más.
Tendrá que perdonarme usted por haberme abstenido de trazar un cuadro del carácter nacional de los españoles. Siempre he considerado tales descripciones carentes de sentido, mero conjunto de antítesis en donde, para producir efecto, se contraponen las buenas y las malas cualidades, con muy poca base en la naturaleza humana. El poder de observación del hombre no puede ser al mismo tiempo tan preciso y tan extenso, tan minucioso y tan general, como para permitirle incorporar los rasgos particulares de millones de seres en un solo ser abstracto que contenga los de todos ellos. […] no voy a esforzarme ni en la abstracción ni en la clasificación, sino en recoger cuantos hechos permitan a otros darse cuenta de las tendencias generales del estado civil y religioso de mi país, y emitir juicio sobre su influencia en el mejoramiento o degradación de esta parte de la humanidad, independientemente de las infinitas modificaciones que surgen de las circunstancias externas o internas de cada individuo (Blanco White 1972, 53–54).
El tercer motivo consiste en que, aunque están escritas en el siglo XIX, resultan ser actuales, pues en ellas encontramos muchísimos aspectos que identificamos, incluso hoy en día, con ser español. Por ejemplo: los españoles hablamos gritando, la rivalidad con los franceses, la descripción de un brasero, se mencionan los huevos con jamón, el bacalao con tomate y la tortilla de cebolla; en el aspecto político dice textualmente que: “las riquezas y el poder se mofan de la opinión pública” (Blanco White 1972, 56), mientras que al hablar de la siesta dice: “es universal en el verano, especialmente en Andalucía, donde la intensidad del calor produce sueño y languidez. Lo que se hace en invierno es dar un paseo inmediatamente después de levantarse de la mesa” (Blanco White 1972, 70), proporcionando esos matices que dejarían de lado la visión de la siesta por obligación que tienen muchos alumnos extranjeros.
El cuarto motivo es que son un gran documento histórico. Blanco White es un fiel historiador de su época aun sin proponérselo. A través de sus cartas conocemos la vida cotidiana, la política, la sociedad, la cultura, el folclore, etc., en la España de su momento. Y no solo de España, Blanco White nos describe sus dos realidades, España e Inglaterra, haciendo además una comparación entre ambas sociedades para un mayor entendimiento por parte de sus lectores ingleses.
Por último, pero no menos importante, no se debe olvidar que la vida de Blanco White discurre ligada a la religión. La religión es uno de los puntos más importantes de esta obra, si no el más importante. Para el autor, la religión es inseparable de la cultura y la sociedad española, lo abarca todo, incluso el lenguaje a través de los refranes o dichos populares, por ejemplo:
La religión o, mejor dicho, la superstición está tan íntimamente ligada a todo el sistema de la vida española, tanto pública como privada, que temo cansarle con mi continua referencia a ella. […] pero si quiere usted conocer a fondo el carácter nacional de mi país, tiene usted que conocer también a fondo el carácter de la religión nacional. La influencia de la religión en España no tiene límites y divide a sus habitantes en dos clases: fanáticos e hipócritas. Pero no me comprenda mal: no pretendo, ni mucho menos, difamar a mis compatriotas […] (Blanco White 1972, 41).
Blanco White describe la religión católica, sus ritos, sus credos, lo positivo y lo negativo. Bien es cierto que para él prima lo negativo debido a su crisis de fe, pero no se queda ahí. Gracias a su conocimiento del protestantismo, nos introduce en estas diferencias entre ambas religiones. Una comparación que parte de la crítica hacia ambas religiones, aunque generalmente el catolicismo resulta más perjudicado. Sin embargo, esos matices comparativos son los que interesan a la hora de llevar la religión al aula de ELE. Él realiza esta comparación gracias al conocimiento que tiene de estas religiones, que es lo que pretenden los profesores de sus alumnos. El autor no se introduce en temas delicados en esos contrastes entre religiones, pues cuando habla de estas religiones lo hace más bien al describir la vida cotidiana para un mayor entendimiento por parte de sus lectores ingleses.
Blanco White se convierte así en lo que hoy se espera de un profesor de cultura española completo, pues reúne las siguientes características que los estudios interculturales definen como esenciales para un buen profesor. Siguiendo a Miquel y Sanz (2004) y a Cruz Moya y De la Torre García (2010, 33–49), en primer lugar es observador desde una perspectiva antropológica de su propia cultura, conociendo aquello que puede ser malinterpretado o no comprendido en su totalidad y evitando así los estereotipos o los choques culturales. En segundo lugar, es exponente de su propia cultura. En tercer lugar, es crítico con su cultura y, además, es conocedor de la otra realidad cultural. En cuarto lugar, se convierte en un puente o mediador entre culturas donde predomina la búsqueda del entendimiento. Y, por último, ayuda a descubrir e identificar los conceptos escondidos tras las palabras.
3. La enseñanza de la religión en las clases de español para extranjeros: ¿qué enseñar?
¿Cuáles son estos matices tan importantes que se convierten en elementos diferenciadores y que deberían enseñarse a los alumnos, descritos anteriormente, en clase de ELE?
No se pretende con ese trabajo que el profesor adoctrine a los alumnos como defiende Cerrolaza (2009, 19–32), sino que sea capaz de comprender aquellas diferencias existentes entre las distintas doctrinas cristianas. Aquellas pequeñas diferencias que pueden dar lugar a malentendidos o a malas interpretaciones. En ocasiones estas diferencias afectan a la forma de ser del individuo, por lo que son de suma importancia. Otras veces el mismo concepto existe en ambas religiones, aunque no significa exactamente lo mismo, por lo que el profesor deberá tener esto en cuenta. Un claro ejemplo de ello es el siguiente texto que recoge Blanco White, donde una pequeña diferencia se convierte en la gran diferencia entre ellas, ya que cambia totalmente el carácter de las religiones aquí tratadas y de sus practicantes:
El entusiasmo, ese hijo bastardo de la libertad religiosa, esa mala hierba que crece en el protestantismo, no puede medrar bajo la celosa mirada de una autoridad infalible. Es verdad que el catolicismo ha producido unos cuantos casos de locura espléndida, pero sus visiones y raptos son en gran parte consecuencia de la sumisión de un espíritu previamente agotado por miedos y angustias y mansamente dirigido por la autoridad de un sacerdote. […] Los Santos católicos sufren en la pasividad de una ciega sumisión hasta que la naturaleza exhausta se derrumba y la razón cede el paso a una locura tranquila y visionaria (Blanco White 1972, 82–83).
En este texto vemos cómo el protestantismo se podría describir como una religión entusiasta, lo que nos lleva a entenderla como una religión donde priman los aspectos positivos, mientras que el catolicismo se describe como una religión que tiene como base el miedo, aportando una visión general más negativa. Este aspecto resulta muy general pero a la vez muy importante, tanto para el profesor como para el alumno. El profesor debe conocer esta diferencia para que el alumno, que ve el mundo desde su perspectiva, pueda conocer y comprender la otra realidad a la que se está enfrentando. Su conocimiento del mundo es totalmente distinto y su acercamiento a las manifestaciones religiosas católicas lo llevará a cabo desde una óptica bien distinta que influirá en su interpretación. Otro ejemplo similar lo encontramos en la idea del trabajo, pues mientras para un protestante el trabajo es la redención, para un católico se trata de un “castigo divino”. Una concepción tópica, pero distinta de un mismo concepto que marca una gran diferencia en el individuo y su percepción del trabajo, y no solo del individuo, sino de todos los miembros de la cultura a la que pertenezca esa visión hacia el trabajo.
Además de hacer referencia a los aspectos generales, a lo largo de la obra de Blanco White encontramos muchas más referencias a aspectos más específicos relacionados con estas diferencias como pueden ser:
- El credo mariano, muy extendido tanto en España como en Hispanoamérica y que puede escapar del entendimiento de los protestantes que ven a María solo como la madre de Jesús, sin otorgarle la categoría de santa ni de virgen.
- Todo aquello referente a los santos es también un credo católico no compartido por el protestantismo. Los santos cobran una vital importancia; por poner algunos ejemplos: cuando hablamos del calendario con fechas como San José o San Juan, cuando hablamos de las fiestas locales mediante los patrones de las ciudades o pueblos, pues la religión católica es una religión donde destaca el dominio de lo local, cuando hablamos de la Semana Santa, las estampas, los escapularios, medallas, rosarios, etc. Y todavía más allá, ¿qué pensará un alumno protestante o anglicano cuando asista a una procesión en Semana Santa, a una romería o al rosario? Habrá que explicarles qué implica la figura de un santo para el católico. Los santos están presentes desde el primer suspiro de vida de un católico a través del nombre, pues los católicos no sólo celebran el cumpleaños sino también el día de su santo.
- Los sacramentos también son un tema importante, pues el catolicismo cuenta con ritos de paso como el bautismo, la primera comunión o extremaunción, que un protestante no los tiene a la misma edad o directamente no cuenta con ellos en su religión. Especial importancia cobra el sacramento de la penitencia o la confesión. En el caso del catolicismo la confesión es auricular, y se realiza a través de la mediación del sacerdote. Práctica muy alejada a la realizada por el ritual protestante y anglicano.
- Monjes, curas, frailes o monjas no nos transmiten la misma imagen en el catolicismo que en el protestantismo.
- El purgatorio, las oraciones a los difuntos, las ánimas benditas o las promesas son algo muy enraizado en la cultura popular de habla hispana, aunque totalmente desconocido para los protestantes; incluso podemos hablar de la festividad de los difuntos el 2 de noviembre.
- En el catolicismo, mediante el sacrificio voluntario, el purgatorio y la buena conducta se accede a la salvación, mientras que en el protestantismo se nace salvado o condenado y la salvación se manifiesta con el éxito en el trabajo.
- La religión católica no solo marca el calendario, sino también las fiestas, ya que la mayoría, por no decir todas, contienen una importante base religiosa, como el autor muestra. Así, se podría citar aquí el Carnaval, el Miércoles de Ceniza, El Corpus Christi, los gigantes y cabezudos o el Día de la Cruz, aparte de Navidad y Semana Santa que marcan el calendario académico.
- El catolicismo subyace incluso en las supersticiones como la del color amarillo, máximo representante de la mala suerte en España, por ser el color con el que siempre se ha pintado la figura de Judas, no solo en España, sino en toda Europa, como pone de manifiesto Blanco White (1972, 218).
4. La enseñanza de la religión en las clases de español para extranjeros: ¿cómo enseñarla?
Vista la necesidad de los alumnos de aprender aspectos religiosos para comprender la cultura española o hispanoamericana y también para hablar, habrá que crear una forma de llevarla al aula. Para ello, se parte de la idea de que la religión en España no es un tabú como puede suceder en otros países. En España es muy común hablar de temas relacionados con la religión y, además, somos una cultura muy curiosa y abierta.
A la hora de llevar la religión al aula, se proponen dos líneas a seguir: la Religión para Hablar y la Religión para Comprender. Por un lado, la Religión para Hablar es aquella que servirá para las conversaciones entre los alumnos o entre estos y los nativos, donde el profesor actuará como mediador. En este caso la religión sirve para definirse como individuo. Esta línea didáctica englobaría todo aquello relacionado con la gramática respecto a la religión. Ya se ha comprobado cómo el Plan curricular del Instituto Cervantes (2006) recoge palabras como religión, cristiano, judío e ir a la iglesia o mezquita desde el nivel inicial A1. Palabras que pueden dar mucho juego en el aula para la Competencia Comunicativa y para la Competencia Intercultural sin olvidar el resto de competencias.
Para esta línea didáctica se proponen actividades como exposiciones, adecuadas siempre a su nivel de lengua, donde cada alumno nos descubra las diferentes religiones que podemos encontrar en sus países, si las conoce todas o no, y en el caso de que el alumno se sienta cómodo hablando de ello, nos explique cuál es su entorno religioso. Tras la exposición puede surgir un debate sobre costumbres si hay otros alumnos pertenecientes a las religiones mencionadas o de la propia religión del ponente, pero de otro país, por ejemplo.
Otra actividad para conseguir que el alumno se sienta cómodo hablando de su religión podría ser guiar al alumno mediante una serie de tareas que le lleven a ser capaz de hablar de su propia religión. Para ello se propone la actividad del Anexo 1 llevada al aula con alumnos de niveles A1 y A2 y con muy buenos resultados. Se trata de una actividad diseñada para alumnos procedentes de Estados Unidos, Canadá (aunque con padres indios), China, Japón, Siria, Italia, Rusia y Arabia Saudí y con religiones muy diversas como judíos, ortodoxos, hindúes, católicos, protestantes, sintoístas, budistas y musulmanes. El diseño de la actividad se realizó a través de la nacionalidad, el nombre de los alumnos y teniendo en cuenta las religiones que tenían en su entorno. Con ella se consiguió que los alumnos se identificaran como individuos religiosos, en caso de que lo fueran, o no religiosos, pero desde una perspectiva positiva tanto hacia ellos mismos como hacia sus compañeros. También se consiguió que hablaran abiertamente de sus religiones en una actividad donde el profesor participó y que resultó muy amena, entretenida y fuera de lo común para los alumnos.
Se trata de actividades donde el alumno es el protagonista y es un participante activo, pues no se debe olvidar que al alumno le gusta hablar de su cultura y su entorno siempre que encuentre un ambiente propicio para ello. Por ello es necesario que el profesor guíe a los alumnos hacia ese entorno positivo y confortable donde el alumno se sienta cómodo para hablar de su religión abriéndose a sus compañeros. La labor del profesor, en este caso, es la de mediador intercultural entre los alumnos para limar posibles asperezas entre alumnos y posibilitar la aceptación de todos dentro del grupo. Además, en este caso, el profesor puede comenzar su tarea de observador que más adelante necesitará para la línea didáctica denominada Religión para Comprender, pues en este tipo de actividades se pueden ver ya diferencias y semejanzas existentes entre las religiones del aula y entre estas y el catolicismo.
Por otro lado, la Religión para Comprender es aplicable a los temas culturales, históricos, literarios o de arte y donde el profesor debe ser el observador capaz de comprender esas diferencias entre religiones vistas en Blanco White, aquellos términos donde puede haber problemas de comprensión completa o todo aquello donde las connotaciones religiosas subyacen. La Religión para Comprender está basada en los aspectos culturales principalmente, y se podría resumir de la siguiente manera: aprender aquellos aspectos religiosos que subyacen en el sustrato cultural español e hispanoamericano en contraposición con la religión propia de los alumnos. Esto es: saber identificarlos, saber definirlos y saber interpretarlos de una manera crítica, tanto para la cultura de procedencia como para la cultura en proceso de aprendizaje. En este caso se englobaría lo expresado más arriba en cuanto a las diferencias entre el catolicismo y otras religiones, cuyo mayor referente en este estudio es Blanco White a través de su obra Cartas de España. Para conseguir este objetivo, los alumnos deberán tener un mayor conocimiento de la lengua, por lo que se situarían en los niveles intermedios y avanzados, pues en ellos cuentan con un vocabulario más completo.
Para ello, las actividades deberían ser diferentes a las de Religión para Hablar debiendo estar enfocadas todavía más en la Competencia Intercultural, sin dejar de lado la Competencia Comunicativa y el resto de competencias. Estas actividades podrían ir desde textos como los de Blanco White (1972), cuya versión original está en inglés, para los niveles intermedios, hasta actividades de búsqueda de información, donde los alumnos entrevisten a nativos que les expliquen los aspectos religiosos que subyacen tras algunos de los exponentes culturales a los que asistirán en España. En este caso, se podrían usar muchas de las actividades culturales existentes en manuales o en Internet, pero modificándolas y poniendo el foco de atención sobre la religión. En estas actividades se espera seguir trabajando en un futuro.
El profesor, en esta línea didáctica, sigue la línea marcada por Miquel y Sanz (2004) para los temas culturales e interculturales, donde se convierte en antropólogo–observador haciendo visibles “los implícitos culturales, todo aquello que para un ciudadano es natural y obvio”. El profesor no solo hará visible las diferencias entre las religiones o aquellos conceptos que varíen, sino también hará visible cómo la religión abarca el arte, la historia, la literatura, etc. Para ello, el profesor también debe ser observador de la cultura de sus alumnos, como hemos explicado en el apartado anterior de Religión para Hablar. Todo ello sin dejar de lado su labor como mediador intercultural, no solo entre los alumnos sino también entre los alumnos y la nueva realidad a la que están expuestos.
Realizando una recapitulación, ambas posturas o líneas de actuación entrarían en el plano de la competencia intercultural, pues ayudan al estudiante a interactuar con personas pertenecientes a otros ámbitos distintos al suyo en el caso de la primera, y a comprender la otra realidad a la que están expuestos en el caso de la segunda. Sin embargo, mientras en la Religión para Hablar prima la competencia comunicativa, en la Religión para Comprender primaría la competencia intercultural como sus nombres indican. En cuanto al papel del profesor, mientras en la Religión del Habla prima el papel de profesor–mediador, en la Religión de la Comprensión prima la figura del profesor–antropólogo u observador.
Pero a pesar de estas diferencias entre ambas es importante señalar cómo no son incompatibles. Se propone comenzar con la Religión para Hablar desde los niveles iniciales, como marca el Plan Curricular (2006), para poco a poco ir introduciendo la Religión para Comprender a partir de los niveles intermedios y que ambas líneas continúen enseñándose de manera conjunta.
5. Conclusiones
Como se ha podido comprobar, la religión resulta necesaria para los estudiantes de idioma en general y para los estudiantes de español en este caso. Los alumnos la usarán para definirse y para admitir al otro, es decir, para adquirir la Competencia Intercultural tan ansiada y necesaria en la actualidad. También es necesaria para que los alumnos tengan una mejor aproximación a los temas literarios, históricos, culturales, sociales, políticos y artísticos. La religión no solo está presente en estos aspectos, sino también en el lenguaje a través de los dichos populares, los refranes o las frases hechas, y por ello cobra una mayor importancia.
Para la introducción de esta materia en la clase de español se han propuesto dos líneas didácticas a seguir. Estas están abiertas al debate, pues se comprende que es un tema muy susceptible y poco tratado por los investigadores.
En cuanto a la religión en la clase de ELE, se debe destacar la figura del profesor como mediador y observador entre los alumnos. A él le corresponde acabar con los tabúes y que la religión deje de ser un tema invisible en el aula por miedo a herir la sensibilidad de los alumnos y a él, ciertamente, le corresponde dar ese salto hacia una nueva didáctica de la religión.
Otro aspecto a destacar es la importancia de conocer tanto la religión católica, como base de la cultura hispana, como la religión de los alumnos. Cabe aclarar que no se pretende que el profesor sea un experto en Ciencia de las Religiones, pero sí que tenga inquietud y curiosidad hacia lo desconocido con el fin de facilitar el camino a sus alumnos.
Asimismo, los manuales deberían facilitar la tarea del profesor introduciendo las líneas didácticas propuestas y teniendo en cuenta los aspectos tratados a lo largo de este estudio.
Por último, hay que apuntar que este trabajo pretende ser un acercamiento al tema propuesto, un acercamiento que, por supuesto, debe seguir investigándose y trabajándose más adelante. Con él se ha pretendido arrojar un poco de luz sobre un tema que, si bien se conoce su presencia, se tiende a obviar o a pasar por encima sin prestarle la atención que este trabajo considera necesaria. Esperamos que, aunque no se consiga llevar la religión a todas las aulas de ELE, tampoco quede olvidado y se comience a ver la religión con un punto de vista más “protestante” o positivo que “católico” o negativo.
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