Entre historia e interdisciplinariedad
Rafael A. Barroso Romero, José A. Castillo Lozano, E. Macarena García García, Lorena González Blasco & Diego Solera Alfonso
Abstract: This introductory chapter presents a general assessment of the state of research in Religious Studies in Spain. It begins by introducing some notes on the sensitivities that must be faced when considering religion as an object of scientific study, focusing especially on the obstacles that have hindered its structural implementation in the Spanish academy. Subsequently, the main contributions of the Sciences of Religions in Spain are presented, and finally, the choice of denomination of the volume is briefly justified by advocating the need to sustain the interdisciplinarity inherent to the study of religions.
Keywords: Sciences of Religions, History, Spain, interdisciplinarity, university.
1. Introducción
Si hoy en España es posible hablar del estudio científico de la religión como una realidad en auge en el sistema académico nacional es gracias al esfuerzo, coordinado o no, de numerosos especialistas a lo largo de las últimas tres décadas, y con antecedentes a mediados del pasado siglo. No obstante, el hecho de que la implantación de estos estudios haya encontrado importantes obstáculos ilustra muy bien cómo la religión, o las religiones, son un objeto de estudio particularmente controvertido, afectado por sensibilidades que van más allá de lo académico. En otras palabras: las dificultades que rodean al estudio de la religión van más allá de los obstáculos epistemológicos que debe hacer frente cualquier investigador, también atienden a problemas de tal magnitud que afectaron a la implantación de su estudio científico y aconfesional, y el caso español es un buen ejemplo, como se verá a continuación. En definitiva, las religiones, especialmente en la cultura occidental hodierna, son formas de verdad (algunas institucionalizadas teológicamente) y, por tanto, a menudo actúan como elementos vertebradores de la vida diaria al ayudar a conformar algunos principios de actuación cotidiana. Son realidades tan diversificadas y pluralizadas que algunos autores reivindican el empleo del término “espiritualidades” para hablar de tales principios vitales de comportamiento (vid. Rüpke 2014, 2 y ss.)
Cualquier persona que se haya planteado qué es la religión habrá advertido que la aparentemente sencilla respuesta acaba complicándose según vamos reflexionando sobre cuáles son los elementos indispensables -si es que los hay- para considerar qué es religión y qué no. De hecho, esta situación ha llevado a sugerir a ciertos investigadores que no es necesario definirla[1], pero eso no hace sino corroborar aquel extremo, ya que, al ser un concepto tan familiar, los problemas conceptuales que la rodean pueden hacerse invisibles a los ojos del investigador, que al hablar de religión categoriza ineludiblemente ciertos comportamientos e ideas como religiosos. Es decir, indagar sobre religiones implica manejar implícita o explícitamente alguna definición del término, aunque sea incompleta, y cada estudio de caso refuerza algunos aspectos frente a otros[2]. El debate sigue en boga y continúa llegando a controvertidas encrucijadas conceptuales. Como se verá a lo largo de esta introducción, el cuestionamiento profundo del concepto de religión ha sido posible en la universidad española gracias al esfuerzo, coordinado o no, de numerosas voces académicas que han logrado cuestionar sus límites en las últimas décadas. Precisamente, el objetivo de este capítulo es dar cuenta de algunos de esos esfuerzos, así como esbozar ciertos retos futuros a los que se deberá hacer frente para la plena consolidación de las Ciencias de las religiones en España, ya sea como línea de investigación o como disciplina autónoma.
Ahora bien, a pesar de que la teoría no ha calado particularmente en el panorama académico español, fuertemente fundado por la filología y la historia cultural, el reconocimiento y la reflexión en torno a los sesgos implícitos en el estudio de las actividades religiosas ya fueron reivindicados en los años noventa del pasado siglo, como ejemplifican las palabras del teólogo A. Torres Queiruga (1993, 223‑224): “Una cosa es hablar con Dios o participar activamente en un rito y otra distinta, reflexionar acerca de la posibilidad o imposibilidad de ese hablar, así como del sentido o sinsentido de ese rito”.
Paradójicamente, las sensibilidades ideológicas que rodean a la religión han sido el principal obstáculo en la implantación del estudio académico de las religiones en el sistema universitario español. Como argumenta F. Bermejo Rubio (2016, 123), España ha ocupado un lugar muy limitado en el desarrollo de las corrientes intelectuales que en los siglos XIX y XX dieron lugar a la creación de cátedras, departamentos e institutos de estudios religiosos. La razón hay que buscarla, según este autor, en la homogeneidad religiosa del país, dominado exclusivamente por el cristianismo ya desde finales del s. XV, y fortalecido por el nacionalcatolicismo de la dictadura franquista. A ello se suma la abrumadora hegemonía de la Iglesia, que supuso un obstáculo manifiesto para el estudio de la diversidad religiosa en el ámbito cultural y educativo, incluso a niveles universitarios (vid. infra).
Podemos afirmar que el estudio de las religiones como disciplina académica experimenta un auge definitivo a finales del siglo XIX, dado que se producen tres hechos que actúan como punto de inflexión: los descubrimientos filológicos (por ejemplo, el sánscrito); el surgimiento de la crítica bíblica y el desarrollo de la filosofía de la religión, especialmente en el campo de la antropología y de la sociología. Asimismo, en este siglo se produce la disociación que da sentido a la disciplina como tal, a saber, el estudio de una religión en concreto frente a la creencia en ella. Hasta la época decimonónica, lo frecuente era que una religión solo fuese estudiada por personas que se identificaban con ella. No obstante, a partir de los fenómenos mencionados antes, se produce esta desunión que conlleva una amplitud de miras, pues una religión puede ser estudiada desde dentro o desde fuera:
El proceso religioso no consiste en reducirlo todo a nuestra referencia religiosa, como si fuera un esquema en el que hay que incluir la realidad entera para poder interpretarla. Si por un lado es importante, en el momento de suministrar nuestro testimonio, referir lo que se dice a la religión propia, pasando nuestra experiencia por el tamiz de la tradición a la que cada uno de nosotros nos referimos, por otro lado, es igualmente importante tener una actitud mística, que consiste en no usar las propias categorías religiosas como filtro para comprender al otro: entender al otro sin usar la religión de uno como paradigma interpretativo. Una vez más, en esto estriba la diferencia entre relatividad y relativismo: no se trata de ponerlo todo a un mismo nivel de un modo neutro, sino de ver la relatividad de todas las posturas sin dar valor absoluto a ninguna de ellas en particular, comenzando por la propia (Panikkar 2014, 19).
En este texto, Pannikar pone de manifiesto otro problema que nos puede surgir a la hora de abordar el laborioso estudio de las religiones: el etnocentrismo. Es un concepto aparentemente fácil de definir y de entender; ahora bien, es una traba que podríamos considerar hasta cierto punto insalvable. El etnocentrismo consiste en la actitud de una persona o de un colectivo basada en la asunción de que los principios, valores y categorías bajo las que concibe el mundo, en definitiva, su cultura, es superior al resto. El escollo que supone en la propia investigación puede parecer imposible de superar. Incluso en el hipotético caso de que el investigador considerase superior una cultura ajena a la propia (lo cual seguiría suponiendo un desequilibro metodológiamente insolvente), esta valoración se produciría dentro del marco cultural al que el investigador pertenece. Es, por tanto, no solo el problema de considerarse superior al otro, sino, principalmente, de que no exista ninguna investigación cuyo nivel de prejuicios y preconcepciones sea “cero”. No obstante, es posible plantear la cuestión de si este hecho es necesariamente un problema. En el siglo pasado, Gadamer se dedicó con profundidad a este tema, centrándose, principalmente, en el problema de la tarea del historiador. En ese sentido, el filósofo alemán afirma:
El comprender debe pensarse menos como una acción de la subjetividad que como un desplazarse uno mismo hacia un acontecer de la tradición, en el que el pasado y el presente se hallan en continua mediación. Esto es lo que tiene que hacerse oír en la teoría de la hermenéutica (Gadamer 1960, 360).
Es decir, en todo ejercicio de comprensión, tiene lugar una simbiosis, una mezcolanza entre lo estudiado y el investigador, pues, “el intérprete, cuando comprende, pone siempre de lo suyo, pero ese “suyo” es también de su época, de su lenguaje y de sus interrogantes” (Grondin, 2008: 84). La cuestión, no es, por tanto, el problema de partir de una tradición, de unos presupuestos y de unas categorías, sino, en primer lugar, no ser consciente de ello; y, en segundo lugar, dar por supuesto que son mejores a los de cualquier otra época o lugar.
Uno de los principales problemas que nos encontramos a la hora de abordar el estudio de las religiones desde una óptica científica es, paradójicamente, el nombre mismo de dicha disciplina. Una de las denominaciones con más peso es Historia de las Religiones, de la cual hace uso la Asociación Internacional de Historia de las Religiones (International Association for the History of Religions, IAHR) y algunas de las más célebres revistas académicas, como, por ejemplo, Revue de l’Histoire des Religions, History of Religions o Numen. International Review for the History of Religions. No obstante, las críticas que ha recibido esta denominación es que subraya en exceso la importancia de la perspectiva histórica en el estudio de las religiones, invisibilizando así al resto de las perspectivas que aportan otros campos de estudio, tales como la psicología, la antropología o la filología, entre muchas otras[3]. En España, la ambición de la Historia de las religiones ha sido definida por F. Díez de Velasco (2005, 9-10), quien arguye que la disciplina debe perseguir:
adentrarse en las explicaciones totales, intentar comprender la religión teniendo en cuenta que se materializa en un pasado que también ofrece razones para el presente, que crea una multiplicidad de posibilidades de sustentar la mirada, necesariamente abierta a la diversidad de las religiones de ayer y de hoy. Religiones que es necesario entender en su plasmación histórica, a la par que, desarrollando una sensibilidad hacia las diferencias, pero también hacia la posibilidad de las semejanzas.
Otro concepto al que tenemos que aludir en la presente introducción es el de Religiones Comparadas. Aunque hoy ha perdido gran parte de su uso, todavía muchos de los departamentos universitarios aluden a él. Sin embargo, una particularidad en la que nos tenemos que detener si empleamos dicho vocablo es la relativa a que deja a un lado los estudios que se centran en una única religión, a la par que introduce uno de los más controvertidos métodos asociados al estudio de las religiones: el método comparativo[4].
Otra posible denominación para esta disciplina es Religious Studies (Estudios Religiosos), cuyo ejemplo paradigmático no es sino la célebre “European Association for the Study of Religions” (EASR). Pese a que, en primera instancia, pueda parecer un nombre más neutral que los anteriores, puede abarcar estudios confesionales de una religión (o varias), incluidos la investigación religiosa por antonomasia: la teología. En este sentido, nos encontramos ante un problema, pues se referiría a estudios que no respetan uno de los pilares fundamentales de esta disciplina: la aconfesionalidad.
La denominación que mayor popularidad ha alcanzado en España es Ciencias de las Religiones y proviene de la denominación alemana Religionswissenchat (Ciencia de la Religión). Con ella se resalta su carácter interdisciplinario, pues se entiende como una simbiosis de muchas perspectivas provenientes de una gran cantidad de aproximaciones académicas: la histórica, la filosófica, la antropológica, la filológica… En definitiva, bajo esta denominación se engloba a toda disciplina que pueda estudiar el fenómeno de la religión desde una óptica no confesional. El principal problema es que esta variedad de disciplinas puede propiciar el olvido de la evidente necesidad de una visión holística respecto de las religiones. No obstante, ha tenido un notable impacto, como decíamos, en España -aunque no solo-, pues el foro académico de la disciplina es la SECR (Sociedad Española de Ciencias de las Religiones).
No es nuestra intención hacer un análisis exhaustivo de todos los nombres que ha recibido esta disciplina, pues dicha tarea nos ocuparía mucho más espacio del que podríamos dedicarle en esta obra. Nuestra intención es poner de manifiesto que, aunque en muchos países hay un importante número de investigaciones académicas y de títulos oficiales que obedecen al concepto de estudio de religiones desde una perspectiva aconfesional, no existe consenso académico a la hora de elegir un nombre para la disciplina, dado su amplio campo de estudio y su variedad metodológica. Esto a su vez, es una muestra de la naturaleza de estos estudios, pues resulta que pocas veces un problema nominal se limita a ser, precisamente, un perjuicio terminológico (vid. Torres Queiruga, 1993).
2. Breves apuntes sobre el caso español
A diferencia de la tradición centenaria del resto de Occidente, lo cierto es que en España esta disciplina de estudio aconfesional de las religiones no ha tenido un desarrollo destacable hasta hace poco tiempo. Podríamos retrotraer su breve historia hasta el siglo XIX, momento en el que el sistema universitario contemporáneo comienza a consolidarse y la teología tiende a desaparecer de las facultades españolas[5]. Dicha ruptura con los estudios teológicos puede fácilmente explicarse a tenor de las reservas de los liberales por incluir en su sistema educativo enseñanzas de carácter clerical, si bien es cierto que también las sedes episcopales aprovecharon la circunstancia para favorecer el estudio teológico en sus propios centros: los seminarios y (posteriormente) las universidades ligadas a la Iglesia. La pérdida total de las colonias de ultramar a finales de siglo tampoco incita a adoptar una posición de apertura o apreciación de la diversidad cultural, a la que claramente sí se veían abocados británicos o franceses, de modo que no existía ninguna razón de índole social que apremiara al desarrollo de estos estudios en el sistema universitario público. En consecuencia, los estudios sobre religión –tanto en singular, vinculados preeminentemente a la fe católica, como también en plural, sobre las diversas religiones del mundo– quedaron en este momento bajo el prisma de una visión confesional, mientras que las facultades españolas se desligaban de la evolución que la disciplina iba poco a poco adquiriendo en el contexto europeo (Díez de Velasco 2013, 211-212; 2017ª, 228-229).
En el contexto del intelectualismo católico, el interés por las religiones y su historia se materializa en la inclusión de la materia en algunos de los seminarios y universidades eclesiásticas, así como en publicaciones generales que adolecen de un claro sesgo religioso bajo nuestra óptica actual[6]. En contraste a la tónica general, destaca la labor de Antonio López Carballeira, canónigo de la catedral de Toledo y profesor de “Introducción a la Teología y Apologética e Historia de las Religiones” en la Universidad Pontificia de Toledo. Si bien en sus charlas y escritos aún puede verse cierto rastro de religiocentrismo, lo cierto es que es la única figura que aboga por la creación de cátedras de historia de las religiones en España que pudieran equiparar el sistema educativo superior al de otros países occidentales a este respecto (López Carballeira 1936, 16; Díez de Velasco 2017a, 230-231).
También a comienzos de la Segunda República destaca la publicación de la Historia de las Religiones del arqueólogo y antropólogo José Pérez de Barradas (1932). El breve manual –muy influenciado por la obra de Wilhelm Schmidt– parece abrir camino hacia un estudio plural de las religiones, si bien las publicaciones posteriores de este investigador no continuaron esta línea (Díez de Velasco 2017a, 232). A pesar de las dificultades que la disciplina tenía para desarrollarse en un ambiente republicano marcado por las posiciones anticlericales y antirreligiosas de una parte importante de la población (incluyendo los círculos académicos), Francisco Díez de Velasco defiende que
[…] hemos de pensar que probablemente, si la floreciente universidad española de la época republicana, con su apertura a los modelos culturales europeos, hubiese pervivido, el Estudio científico de las Religiones, en tanto que disciplina inserta en el contexto de la Humanidades y claramente diferenciada de la teología, hubiera terminado teniendo un lugar en ella, pues no es de desdeñar el interés que muchos intelectuales punteros de aquella época (particularmente filósofos como, por ejemplo Unamuno, Ortega y Gasset o en otros contextos intelectuales Eugenio d’Ors) expresaron hacia la religión y las religiones (2013, 213)[7].
Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil y, posteriormente, la dictadura de Francisco Franco imposibilita tal desarrollo al otorgar a la Iglesia católica una posición privilegiada en cuanto a la toma de decisiones culturales. La confesionalidad del estudio de la religión/religiones es indudable en esta época. De hecho, y ahondando más en esta tesis, el peso del pasado católico de España, potenciado por el régimen franquista, hará que la enseñanza de la religión devenga en un simple catecismo. Esto explica la inexistencia de una ciencia de las religiones libre de los poderes eclesiásticos y de la ideología del país durante buena parte del s. XX (Bermejo Rubio 2016, 123).
El único contrapunto lo encontramos en la figura de Ángel Álvarez de Miranda (1915‑1957)[8], que inició sus estudios en el Seminario de Vitoria, los cuales tuvo que interrumpir por el estallido de la Guerra Civil Española. Al finalizar el conflicto, se licenció en Filosofía en la Universidad de Madrid (precursora de la actual Universidad Complutense de Madrid). Posteriormente, fue nombrado director del Instituto Español de Lengua y Literatura en Roma en 1948. Durante su estancia en Italia, completará su formación en Historia de las Religiones de la mano del célebre investigador Raffaele Pettazzoni, bajo cuya supervisión escribe la tesis doctoral, titulada Mitti e riti sulla sacralità del toro. L’ origine magica delle “corridas” nella Penisola Iberica ed in Creta (defendida en 1952 y publicada en español en 1962). Gracias a la formación que recibió en Italia, llegó a España la influencia de la llamada “Scuola di Roma” en 1954[9], cuando Álvarez de Miranda consiguió la cátedra de Historia de las Religiones de la Universidad de Madrid. Se trataba de una cátedra sin precedentes en su momento y fue convocada como parte de la renovación a nivel universitario del Ministro de Educación Joaquín Ruiz Giménez, reflejo de la tímida apertura hacia Europa que España experimentaba durante esos años. Sin embargo, los problemas de salud impidieron que A. Álvarez de Miranda impartiera su magisterio durante mucho tiempo, ya que falleció prematuramente en 1957. En 1964, la cátedra salió a oposición, fue declarada desierta y no volvió a convocarse, desvaneciéndose así toda oportunidad de crear una escuela española de Historia de las Religiones. Por su parte, la asignatura homónima se mantuvo en el plan de estudios de Filosofía y Letras, aunque sin catedrático titular de la disciplina que pudiera promover su desarrollo (Díez de Velasco 1995, 52-53; 2009a, 125-126; 2017a, 227-228; Marcos 2009, 192-193).
Como se ha comentado anteriormente, el contexto histórico-social español no promueve la consolidación de una escuela de Historia de las Religiones con la misma potencia que su homóloga italiana[10]. El fundamentalismo católico frena dichos intentos[11] ante el temor de un desarrollo similar al francés, donde el nacimiento de esta disciplina responde a la acción de librepensadores y anticlericales ante el monopolio de la Iglesia de los estudios sobre religión. A ello, se suman nuevas causas en los años setenta y ochenta, como el desprestigio de las humanidades frente a otros campos de estudio considerados más rentables económicamente, la falta de sensibilidad o respecto hacia los temas religiosos de gran parte de los intelectuales antifranquistas e izquierdistas españoles, así como la preferencia de estudios cronológicos en el campo de la Historia frente a una visión temática que pudiera llevar a un conocimiento de carácter general y facilitar una metodología comparativa. Aún así, destaca en los últimos años del franquismo la creación de la Societat d’Història de les Religions – Sociedad de Historia de las Religiones (SHR), activa en Cataluña de 1972 a 1983 (vid. Díez de Velasco 1995, 54-55; 2002, 26-27; 2009ª, 127; 2013, 213-214; Marcos 2009, 193-194).
No obstante, el mayor impulso de la disciplina se da a partir de los años noventa, ya asentada la democracia, con la creciente inclusión de materias referentes a las diferentes religiones en los planes de estudios universitarios y, sobre todo, la creación a inicios de 1993 del Instituto de Ciencias de las Religiones en la Universidad Complutense (IUCCRR), así como la constitución en mayo del mismo año de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones (SECR). Finalmente, en 1996 se recupera la cátedra de Historia de las Religiones en el sistema universitario español, en este caso en la Universidad de la Laguna, con su toma de posesión por parte de F. Díez de Velasco.
Respecto a la denominación Ciencias de las Religiones utilizada por ambas instituciones, en lugar de la ya conocida Historia de las Religiones, F. Díez de Velasco apunta:
Al optar por el plural en ambos parámetros, Ciencias de las Religiones, se reflejó tanto la diversidad de religiones susceptibles de ser estudiadas cuanto la pluralidad de enfoques disciplinares (entendidos como ciencias) aplicables, marcando una característica española en este asunto, que es la inclusividad aún a costa quizá de perder seguridad de fronteras (2013, 214)[12].
De este modo, la filosofía, la filología, la historia o la ciencia jurídica se dan la mano para llegar a conformar un estudio de carácter marcadamente interdisciplinar: una idea también recogida en la introducción del Boletín 0 de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones (SECR 1993, 2).
A partir del establecimiento de estas dos instituciones, el campo de las Ciencias de las Religiones en España no ha hecho sino crecer. Además de la fundación de ’Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, Bandue. Revista de la Sociedad Españolas de Ciencias de las Religiones o la Enciclopedia IberoAmericana de las Religiones, el panorama universitario español se ha beneficiado con la aparición de diferentes programas centrados en el estudio aconfesional de las religiones, tales como el reciente Grado en Ciencias de las Religiones y los ya consolidades Máster Universitario y Doctorado de la Universidad Complutense de Madrid. A ellos se suman el Máster Interuniversitario en Ciencias de las Religiones: Historia y Sociedad de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, la Universidad Carlos III de Madrid y la Universidad de La Laguna; el Máster en Historia de las Religiones, título propio de la Universidad de Barcelona; o el Diploma de Experto Universitario en Historia y Filosofía de las Religiones de la Universidad Nacional de Educación a Distancia[13]. Sin olvidar, por supuesto, la fundación de la Asociación de Jóvenes Investigadores en Ciencias de las Religiones en 2016. Un panorama que podría crecer aún más en los últimos años, pues la reciente Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (también conocida como LOMLOE o, popularmente, “Ley Celáa”)[14], indica que en el marco de la regulación de las enseñanzas de Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria se podrá establecer la enseñanza no confesional de cultura de las religiones. De materializarse[15], la inclusión de este tipo de estudios en la educación obligatoria –no solo como contenido anecdótico, sino bien estructurado y fundamentado– llevaría sin duda alguna a una mayor valoración u apreciación social por esta disciplina emergente y, en ocasiones, incomprendida.
3. Algunos aportes de las Ciencias de las Religiones en España
Como señala F. Bermejo Rubio (2016, 125) en su solvente estudio sobre el estado de las Ciencias de las Religiones en España, durante mucho tiempo la mayor parte de la investigación ha tenido un valor y alcance limitados por varias razones: la ausencia de una metodología sofisticada, uso casi exclusivo de fuentes literarias, pobreza de medios y de bibliotecas especializadas, ausencia casi completa de equipos interdisciplinares o carencia de renovación de las técnicas de trabajo. Esta situación ha favorecido la coexistencia de métodos de trabajo muy diferentes que, no obstante, han cosechado unos resultados nada desdeñables y que han sabido introducir una serie de tesis muy interesantes dentro del panorama internacional. A continuación, siguiendo la línea marcada por el citado autor, se expondrán aquellas investigaciones más destacadas organizadas en torno al ámbito geográfico correspondiente, sin pretensión de conformar un catálogo bibliográfico exhaustivo de las investigaciones sobre religiones producidos en España.
Para el Próximo Oriente Asiático, contamos con los minuciosos trabajos de Gregorio del Olmo Lete que ha abierto grandes caminos en el conocimiento de la religión ugarítica (Del Olmo Lete 1981; 1992; 1999 y 2014) y que, además, ha coordinado un amplio conjunto de especialistas para dar a luz una obra de total referencia: Mitología y Religión del Oriente Antiguo. Dentro de los estudios destinados a este ámbito geográfico, nos encontramos con los interesantes aportes de la religión hitita de Alberto Bernabé (1989) o de los recientísimos trabajos sobre religión babilónica y mesopotámica de Óscar Vega Prieto (2018; 2021 y 2022).
Las aportaciones relacionadas con el mundo egipcio son muy abundantes. Al respecto, debemos mencionar el proyecto Djehuty dirigido por J. M. Galán Allué que ha permitido conocer las prácticas funerarias y la realeza divinizada en el reino de Hatshepsut o los proyectos de excavación de Heracleópolis Magna y de Oxirrinco que han arrojado luz de la religión egipcia, pero también del cristianismo primitivo en esta zona (Padró i Parcerisa 1991; Padró i Parcerisa 1999 a; Padró i Parcerisa 1999 b; Padró i Parcerisa, Martínez García y Piedrafita Carpena 2018; Mascort i Roca y Padró i Parcerisa 2021 y Martínez García 2022).
Los estudios relacionados con la religión griega han sido abordados por diferentes autores, siendo la mayor parte de ellos protagonizados por filólogos e historiadores. Entre aquellos que se han destacado en el estudio de este campo, contamos con personalidades de la talla, por ejemplo, de Lasso de la Vega (1963), Alsina (1955), García López (1970 y 1975) o Suárez de la Torre (1994). Del mismo modo, contamos con una serie de intelectuales que han trabajado sobre los mitos griegos y la teoría del mito como son Jaume Portulas (1988), C. García Gual (1979 y 1992), J. C. Bermejo Barrera (1979) y F. Díez de Velasco (1988 y 1995 a). También, debemos hacer referencia autores que han tratado cultos de una manera más específica como son los casos de A. Bernabé (2004-2005) y R. Martín Hernández (2010) para el Orfismo, o de Bernabe y Jiménez San Cristobal para los cultos dionisíacos (Bernabe y Jiménez San Cristobal 2013).
En lo relacionado con la religión prerromana de la Península Ibérica contamos con pocos trabajos que traten esta religión desde una visión general y panorámica, puesto que la mayoría de las aproximaciones son a través de ciertos hallazgos arqueológicos y desde una perspectiva más local. Aún así, contamos con interesantes trabajos cuya autoría pertenece a J. Mª. Blázquez Martínez (1977 y 2001), a J. C. Bermejo Barrera (1982 y 1986) y M. García Quintela (1999).
Del mismo modo, son muy prolíficos (casi imposible de abordar en un trabajo de esta índole) los trabajos referidos a la religión romana desde muy diferentes ángulos. Podeos destacar dentro de ella, los estudios sobre la adivinación y los presagios romanos, así como sus implicaciones políticas (Montero Díaz, 1991; 1992; 1997; 2000; 2007; 2012 y 2020; y Requena Jiménez, 2001; 2003 y 2014); los estudios de F. Marco Simón (1996) sobre la figura del flamen dialis; los de S. Perea Yébenes que ha tratado la religión romana desde muy diferentes ópticas, destacando tal vez aquellos trabajos suyos donde relaciona la religión con el ejército (Perea Yébenes 2000; 2001; 2012 y 2014), etc.
La investigación sobre los apócrifos, el inicio del cristianismo, y sobre la propia figura de Cristo, son los ámbitos de estudio del catedrático Antonio Piñero (1989; 1990; 1994; 2014; 2016; 2017 y 2018). Dichas líneas de trabajo también han sido transitadas por otros célebres investigadores españoles que, desde una perspectiva histórica y filológica, han intentando adentrarse en el estudio de los orígenes de la religión cristiana. Baste como ejemplo citar los magníficos trabajos de J. Montserrat i Torrents (1989 y 1992) o de F. Bermejo Rubio (2005; 2006 y 2018) que, también, ha trabajo temas relacionados con el maniqueísmo (Bermejo Rubio y Montserrat i Torrents 2008) y de gnosticismo (Bermejo Rubio 1998). De igual modo, no han sido pocos los expertos españoles que han trabajado en asuntos relacionados con el interesante hallazgo de Qumran como es el caso de Florentino García Martínez que, sin ir más lejos, ha sido director del Instituto Qumran de la Universidad de Groningen, así como secretario de redacción de la Revista de Qumran y editor de la colección de Studies on the Texts of the Desert of Judah publicada por la celebérrima y afamada editorial Brill.
Asímismo, también contamos con una amplísima lista de especialistas que han trabajado diferentes aspectos del impacto del cristianismo en el Imperio romano y de la esfera religiosa en la Antigüedad Tardía como son los estudios sobre el antijudaísmo realizados por el profesor R. González Salinero (2000; 2001 y 2003); los trabajos realizados sobre los padres de la Iglesia dentro del seno de la Universidad de Murcia, donde destacamos la labor del catedrático, ya jubilado, Antonino González Blanco (1980) y de algunos de sus discípulos como, por ejemplo, José Antonio Molina Gómez (2000); la figura del obispo y su proyección social, política y carismática en ciertas comunidades que han sido estudiadas por R. Teja (1995 y 1999; recientemente, en un homenaje a su persona, se ha publicado un volumen colectivo sobre este tema: Acerbi, Marcos y Torres 2016) y por J. A. Castillo Lozano en un estudio de caso (Castillo Lozano 2023); otra línea interesante por la que han transitado muchos expertos ha sido la relacionada con la hagiografía (Castellanos García 1999 y 2004, y Castillo Maldonado 2002 y 1999); el tema de los monacatos también ha sido muy recurrente, destacando sobremanera las magníficas investigaciones sobre esta realidad en época visigoda del catedrático P. de la Cruz Díaz Martínez (1987); etc.
En lo referido a la islamología, el número de figuras insignes disminuye algo en comparación con aquellos que se dedican al estudio de la religión cristiana en nuestro país (sobre todo centrada en esa horquilla cronológica denomina Antigüedad Tardía). Sin embargo, contamos con investigadores de la talla de M. Asín Palacios (1919 y 1931), J. Vernet (1987 y 2001) y García Sanjuan (2015; 2019 y 2020).
Como se ha podido comprobar a lo largo de este apartado, la aproximación al mundo de las religiones se ha hecho en nuestro país desde una perspectiva histórica y filológica casi exclusiva, si bien tampoco hay que desmerecer los acercamientos que a esta se han hecho desde el mundo material (fundamentalmente desde la arqueología, vid. Llinares García 2017). Sin embargo, las perspectivas antropológicas, sociológicas o psicológicas, apenas han medrado en los círculos académicos para intentar entender el fenómeno religioso. A pesar de ello, contamos con ciertos especialistas que se han acercado al estudio de las religiones desde la antropología para el estudio de aspectos populares, folclóricos y arquetípicos de ciertas creencias (Caro Baroja 1966 y 1985, y Lison Tolosana 1990). De igual modo, también contamos con estudios sociológicos de este tema como los realizados por S. Giner y R. Díaz Salazar (1994) y por J. Estruch (1994).
4. Grandes maestros y nuevas promesas
Ya a finales del siglo pasado, R. Panikkar subrayaba que “el estudio de la religión no es una disciplina académica ‘normal’” (1994, 3). Nuestro objeto de investigación nos aboca a contemplar el pasado, en aras de ofrecer un análisis de las cosmovisiones que fueron, pero también supone una mirada al presente, con el florecimiento de formas alternativas de creencia y praxis. En consecuencia, el trabajo del académico de las religiones se ve inmerso en un continuo proceso de revisión y actualización que no solo debe tener en consideración los nuevos descubrimientos, sino también las transformaciones religiosas que se han producido y se producen en la actualidad. Es por ello por lo que el presente volumen aúna diversos estudios cuyo objeto de análisis va desde la prehistoria hasta nuestros días, haciendo uso de diferentes metodologías en relación con una multiplicidad de religiones que, esperamos, ofrezcan al lector una idea de la rica variedad que comprenden las investigaciones en este ámbito.
Dicho esto, como editores consideramos que uno de los grandes aportes de este volumen reside en el hecho de haber dado voz tanto a reconocidos académicos de la disciplina como a investigadores noveles. De este modo, el compendio de investigaciones recogido se caracteriza eminentemente por su actualidad: se trata de estudios recientes[16], algunos de los cuales abren nuevas vías de investigación. Creemos que esta monografía aporta una fotografía veraz de cómo son los estudios españoles en Ciencias de las Religiones en las primeras décadas del siglo XXI.
La organización de los distintos capítulos que componen este volumen se aleja de la clásica ordenación cronológica y, en su lugar, propone una triple división bajo criterios temáticos, distinguiendo entre aquellas investigaciones centradas en la literatura, tanto profana como religiosa; aquellos versados en prácticas y ritos; así como los referentes a figuras clave y pensamientos individuales. Pero ello no significa que se trate de tres compartimentos estancos, sino que responde a la esencial interdisciplinaridad de estos estudios. Filología, Historia, Filosofía, Psicología… todas ellas se entremezclan en las páginas de este volumen, de modo que la literatura religiosa puede hacer referencia a ritos específicos o el análisis de una figura clave realizarse gracias a la documentación escrita disponible. En definitiva, se trata de una pequeña muestra del amplio campo de las Ciencias de las Religiones en el contexto español que se viene desarrollando en los últimos años y que, esperamos, constituya una piedra más en el largo y fructífero camino hacia la consolidación de esta disciplina en el ámbito de las humanidades.
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- En recientes (y no tan recientes) publicaciones del ámbito académico español (así en Alvar 2001 y en Marco Simón 2021), las definiciones antropológicas de la religión -con especial peso de la acuñada por C. Geertz- gozan de especial éxito, quizás por las limitaciones que presentan las fuentes históricas.↵
- En los últimos años, la IAHR ha sometido a votación la modificación de su nombre por “Asociación Internacional de Estudio de las Religiones”, pero la mayoría de sus miembros se han negado. Las razones dadas para el mantenimiento de su denominación original son desarrolladas por M. Brand (2022); vid. el número completo de la revista con un debate sobre el rol de la Historia en el estudio de las religiones. ↵
- G. G. Stroumsa (2019) explora los inicios y usos de la comparación en el estudio académico de las religiones junto con una valoración de los retos actuales. ↵
- Esta desaparición tiene lugar específicamente en el año 1852, si bien se recuperan los estudios teológicos en las universidades (públicas) poco después y no son definitivamente suspendidos hasta 1868.↵
- Como, por ejemplo, la Historia descriptiva y filosófica de las religiones de E. Moreno Cebada (1871), La religión y la Historia o Ciencia de las Religiones de D. Tortosa (1915) o La Religión a través de los siglos. Estudio histórico comparativo de las religiones de la humanidad de R. Fernández Valbuena (1918-1920).↵
- La misma idea aparece reforzada en otra de las publicaciones destacadas de este investigador (Díez de Velasco 2017a, 232-233). Por otra parte, es destacable la relación establecida entre Eugenio d’Ors y Mircea Eliade, quien ya gozaba de un gran reconocimiento en esos momentos (vid. F. Díez de Velasco 2009b).↵
- Para más información sobre este pionero de la disciplina en España, remitimos a los estudios del F. Díez de Velasco (1995 y 2007).↵
- Para un estudio de los principales referentes intelectuales de Ángel Álvarez de Miranda (en el que destaca Raffaele Pettazzoni), remitimos a uno de los más recientes artículos de F. Díez de Velasco (2017b).↵
- Si bien no se constata el desarrollo de una escuela, sí que pueden encontrarse durante el franquismo diferentes figuras que muestran un interés especial en el estudio de las religiones, como ejemplifican Xabier Zubiri y Julio Caro Baroja (Díez de Velasco 2013, 213).↵
- De hecho, uno de los principales motivos por el que la cátedra de Historia de las Religiones queda desierta en 1964 y no vuelve a convocarse es el cuestionamiento que se hace sobre la necesidad de estudiar una pluralidad de religiones cuando solo existe una única religión verdadera (en alusión al catolicismo).↵
- Acerca de la denominación escogida, así como una descripción más extensa de las primeras actividades y miembros destacados de la SECR, vid. Díez de Velasco (2009a, 128-129).↵
- A este respecto, M. Marcos (2009, 129-203 y 206-209) proporciona una descripción más exhaustiva de las diferentes áreas de estudio, materias, asignaturas específicas o programas universitarios que pueden relacionarse, de una forma u otra, al estudio aconfesional de las religiones.↵
- Boletín Oficial del Estado (BOE) del 30 de diciembre de 2020, núm. 340, sec. I, 122868-122953.↵
- No es la primera vez que se plantea una asignatura de tal índole en el sistema español, si bien es cierto que su inclusión en el currículum no goza de estabilidad. “Sociedad, Cultura y Religión” fue el título de la asignatura establecida por el gobierno socialista en 1995. Se trataba de una alternativa de carácter obligatorio para todos aquellos que no cursaban religión confesional en los últimos cursos de la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato, si bien no evaluada. Con el cambio de gobierno, los populares plantearon en 2003 que “Sociedad, Cultura y Religión” pasara a ser un área de estudios calificable y presente en todos los niveles educativos desde primaria, con una rama confesional y otra aconfesional. No obstante, este y otros cambios educativos propuestos nunca llegaron a hacerse efectivos en la práctica. Cabe decir que la situación de segregación por creencias generadas en las aulas en este momento promovió la firma por parte de diversos miembros de la SECR del “Manifiesto de Cosgaya (Cantabria) sobre la enseñanza de las religiones en España” (http://secr.es/wp-content/uploads/2018/10/Manifiesto-Cosgaya-1.pdf). Por último, con el retorno al poder del PSOE, se promueve en 2007 la asignatura “Historia y Cultura de las Religiones” en la educación secundaria: calificable pero no obligatoria, que fue abolida en 2013 por el gobierno del PP (vid. Díez de Velasco 2016, 288).↵
- Algunas de estas investigaciones han sido presentadas a lo largo de los últimos años en los encuentros organizados por la Asociación de Jóvenes Investigadores en Ciencias de las Religiones (AJICR), foro de debate para el estudio académico y aconfesional de las religiones.↵






