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5 Los dispositivos del Hogar de Cristo en las villas de la Ciudad de Buenos Aires

Ana Laura Azparren

En este capítulo analizamos la dimensión territorial del abordaje de los consumos de drogas realizado por el Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia (conocidos popularmente como curas villeros) mediante el Programa Hogar de Cristo en las villas de la Ciudad de Buenos Aires.[1] Buscamos responder las siguientes preguntas: ¿qué implica realizar un abordaje territorial de los consumos de drogas?; ¿qué características presentan los territorios donde trabaja el Hogar de Cristo?; ¿qué estrategias despliegan los curas villeros para realizar un abordaje territorial de estos consumos?

Para responder a las preguntas planteadas, analizamos doce entrevistas a informantes clave del Programa Hogar de Cristo (sacerdotes, coordinadores/as, acompañantes pares, profesionales, personas bajo tratamiento) y realizamos observación participante en seis dispositivos que se localizan en ‒o próximos a‒ villas de la Ciudad Buenos Aires. Las observaciones fueron realizadas entre los meses de marzo de 2015 y noviembre de 2016, y registradas en notas de campo. Asimismo, relevamos y sistematizamos documentos e informes elaborados por este equipo de curas.

Como veremos a lo largo del capítulo, los curas villeros realizan un abordaje territorial de los consumos de drogas, no solo porque sus dispositivos se localizan en barrios de alta vulnerabilidad social, sino también porque despliegan un conjunto de estrategias que buscan ejercer un control sobre ese territorio, en disputa con otros actores sociales, políticos y religiosos.

El capítulo se estructura de la siguiente manera. En primer lugar, presentamos las definiciones de territorio y territorialidad a partir de las cuales analizamos el abordaje que se realiza desde los dispositivos del Hogar de Cristo. En segundo lugar, describimos las principales características de los territorios en los que se emplazan dichos dispositivos: las villas de la Ciudad de Buenos Aires. A continuación, presentamos las principales dimensiones del abordaje territorial desplegado por los curas villeros desde el Hogar de Cristo: las estrategias para el control del territorio, de las personas y de los recursos.

Territorio y territorialidad: algunas definiciones preliminares

Para analizar la dimensión territorial del abordaje de los curas villeros, resulta fundamental establecer qué entendemos por territorio. En el ámbito de la geografía, el concepto de territorio ha sido ampliamente utilizado y definido desde distintas perspectivas. Desde la geografía clásica, el territorio es entendido como algo externo a la sociedad, como un sustrato material que se encuentra por fuera de las relaciones sociales (Altschuler, 2013). Dentro de esta perspectiva, se destacan la tradición jurídico-política, que asocia el territorio al control político del Estado; y la tradición naturalista, que analiza el territorio como el espacio natural de los animales (Benedetti, 2008).

A partir de la década de 1970, una serie de autores y autoras han introducido el análisis del poder y las relaciones sociales para definir al territorio, conformando lo que se conoce como geografía crítica. Entre estos, se destaca el geógrafo francés Claude Raffestin (2011), quien entiende el territorio como una producción a partir del espacio, que se inscribe en un campo de poder. El brasileño Marcelo Lopes de Souza, por su parte, define al territorio como:

(…) un campo de fuerzas, una tela o red de relaciones sociales que, a la par de su complejidad interna, define, al mismo tiempo, un límite, una alteridad: la diferencia entre “nosotros” (el grupo, los miembros de la colectividad o “comunidad”, los insiders) y los “otros” (los de afuera, los extraños, los outsiders) (Lopes de Souza, 2001: 86).

En esta misma línea, el geógrafo inglés Robert Sack introduce el concepto de territorialidad, para dar cuenta de las estrategias de un grupo o dispositivo para el acceso al control de personas, cosas y relaciones sobre un área geográfica delimitada, que se configura como territorio (Sack, 1980). La territorialidad no es solo la localización, sino que implica la afirmación de la influencia o el control sobre un área geográfica por parte de una organización o dispositivo. La perspectiva de Sack implica el reconocimiento de que los territorios no son fijos, ni se definen de una vez y para siempre. Por el contrario, en tanto “dependen de un esfuerzo constante para mantener las estrategias para influenciar y controlar el acceso a través de sus límites” (Sack, 1986), un área determinada puede convertirse en territorio, o dejar de serlo (Altschuler, 2013).

Siguiendo los aportes de la geografía crítica, la antropóloga Rita Segato retoma el concepto de territorialidad para dar cuenta de los cambios producidos en el campo religioso. Para la autora, las prácticas religiosas contemporáneas pueden ser leídas en el marco de una nueva territorialidad:

Si el territorio es espacio marcado con los emblemas identificadores de su ocupación por un grupo particular, que a su vez inscribe, con sus características, la identidad de ese grupo que lo considera propio y lo transita libremente, en el mundo de hoy sería posible decir que hay un nuevo proceso en curso en lo que respecta a la territorialidad, entendida como experiencia particular, histórica y culturalmente definida del territorio. (…) Podría decirse que las personas llevan los marcadores territoriales a cuestas y que se trata de territorios extensibles, que crecen a medida que sus respectivas adhesiones se expanden. (…) Por ejemplo, en una iglesia, hoy, el territorio son sus fieles (Segato, 2009: 44).

Retomando estas definiciones, entendemos el territorio como una arena de disputa, como un espacio donde se ejerce un poder, ya sea político, económico o simbólico. La territorialidad es la estrategia que se dan los distintos actores sociales para el control del territorio, de las personas y de los recursos en un área geográfica determinada. Como afirma Daniela Soldano, el territorio implica los “procesos de marcación y apropiación subjetiva e intersubjetiva que realizan sus habitantes, dado el sistema de poder vigente” (2008: 208).

Las villas de la Ciudad de Buenos Aires, como área geográfica delimitada, se constituyen en territorios en tanto distintos actores sociales, políticos y religiosos (iglesias, organismos estatales, organizaciones de la sociedad civil, actores vinculados al narcotráfico, etc.) despliegan diversas estrategias para su control. Sin embargo, este control nunca es total. Como afirma Cristina Cravino, si bien “existe una disputa por el ‘control político’ del barrio por parte de actores barriales o partidos políticos, no tiene el carácter de ‘control total’ de lo que sucede en el barrio” (2009: 49).

De esta forma, analizar la territorialidad de los dispositivos del Hogar de Cristo implica describir sus estrategias de apropiación y marcación del espacio, y sus disputas por el control del territorio, de las personas y de los recursos con otros actores sociales y políticos.

Los territorios de abordaje: las villas de la Ciudad de Buenos Aires

Los dispositivos del Hogar de Cristo se localizan en ‒o próximos a‒ villas de la Ciudad de Buenos Aires: villa 31 bis (Retiro), villa 21-24 y Zavaleta (Barracas), villa 1-11-14 y barrio Rivadavia I (Bajo Flores), y barrio Ramón Carrillo (Villa Soldati). Estos barrios presentan ciertas características que los distinguen del resto de la Ciudad, y que colocan en una situación de mayor vulnerabilidad a sus habitantes.

En primer lugar, se trata de barrios cuyos conjuntos de viviendas conforman una trama urbana irregular (no amanzanada), que presentan deficiencias en el acceso formal a los servicios básicos, y una situación dominial irregular en la tenencia del suelo. En segundo lugar, las villas constituyen espacios cerrados simbólicamente, en tanto no suelen ser transitados por personas que no residen allí (Cravino, 2009).

Actualmente cerca de 300.000 personas (casi el 10% de la población total) residen en 15 villas, 24 asentamientos y 2 núcleos habitacionales transitorios de la Ciudad de Buenos Aires (ACIJ, 2016). La mayoría de estos barrios se sitúa en el sur de la ciudad, particularmente en las comunas 4 y 8, que se caracterizan también por presentar los menores promedios de ingresos individuales y familiares, las tasas más elevadas de desocupación y subocupación, y los niveles de instrucción más bajos (Defensoría del Pueblo de la CABA, 2015). Los dispositivos del Hogar de Cristo se localizan en tres de las villas más pobladas de la ciudad: la villa 21-24 (29.782 habitantes), las villas 31 y 31 bis (26.492 habitantes) y la villa 1-11-14 (25.973 habitantes) (INDEC, 2010).

Esta situación de vulnerabilidad se ha visto agravada con el ingreso de la pasta base/paco en el mercado de drogas de estos barrios hacia finales de la década de 1990 (Touzé, 2006). Con el objetivo de medir la magnitud del abuso de pasta pase/paco y de otras sustancias psicoactivas en villas de la ciudad, en el año 2012 el Observatorio de Drogas de la SEDRONAR realizó un estudio mediante una muestra probabilística de la población de 12 a 35 años que habita en once villas de la Ciudad de Buenos Aires, comprendiendo las de mayor magnitud de población. A partir de un cuestionario semiestructurado se realizaron entrevistas en manzanas seleccionadas, conformando una muestra efectiva de 772 personas representativas de unos 45.926 habitantes (OAD/SEDRONAR, 2012: 13).

El estudio realizado por la SEDRONAR arrojó que en todas las sustancias psicoactivas (con excepción de la marihuana), la prevalencia de vida es mayor en las personas que habitan en villas que en la población general.[2] En relación con el consumo de pasta base/paco, el estudio arrojó que mientras que en la población general de 12 a 35 años el consumo realizado alguna vez en la vida alcanza al 0,6% de la población, en las villas dicha prevalencia es del 10,2%, es decir, unas 17 veces mayor.

En relación con la magnitud del consumo ocurrido durante los últimos 12 meses anteriores a realizarse la encuesta, el estudio evidenció también una clara diferencia entre la población general y la población que habita en estos territorios. Mientras que en la primera la prevalencia es del 0,05%, en las villas la prevalencia en los últimos 12 meses alcanza el 6%, es decir, 120 veces más.

El estudio realizado por la SEDRONAR da cuenta de que los territorios de las villas se han convertido en los últimos años en espacios privilegiados para la circulación, venta y consumo de drogas ilegales. Ello ha dado lugar a “nuevas formas de intercambio, trabajos, estructuras de redes sociales, apropiación y ‘des-apropiación’ de los territorios, nuevas tácticas y estrategias de control y represión; una nueva economía” (Epele, 2010: 47).

Distintos actores sociales, políticos y religiosos se disputan actualmente el control de estos territorios. En las villas de la Ciudad de Buenos Aires, la Iglesia católica, a través de los “curas villeros”, resulta un actor fundamental, en tanto detenta un importante despliegue territorial en estos barrios: posee parroquias y capillas distribuidas en distintas zonas de cada villa, clubes deportivos, comedores, jardines de infantes, hogares para ancianos/as, radios, talleres de oficio, etcétera. Como afirma Denis Merklen (2010: 79):

sectores de la Iglesia católica aparecen como el otro gran actor que comprendió esta transformación en la politicidad de las clases populares, en especial en su anclaje territorial. Es así como los “curas de base”, las capillas y las comunidades eclesiales de base se encuentran presentes en casi todos los rincones de casi todos los barrios.

El Programa Hogar de Cristo, creado en 2008 por los curas villeros, se apoya en este importante despliegue territorial de la Iglesia católica en las villas de la ciudad para realizar un abordaje territorial de los consumos de drogas. A continuación, analizaremos la territorialidad de los dispositivos del Hogar de Cristo situados en las tres villas más pobladas de la ciudad: las villas 21-24 y Zavaleta de Barracas, la villa 1-11-14 del Bajo Flores, y las villas 31 y 31 bis de Retiro.

La territorialidad de los dispositivos del Hogar de Cristo

Los curas villeros realizan un abordaje territorial de los consumos de drogas en las villas de la Ciudad de Buenos Aires. Como vimos a partir de las definiciones de territorio y territorialidad analizadas previamente, ello no está dado únicamente por su localización en un espacio geográfico particular, como son las villas de la Ciudad de Buenos Aires, sino por las estrategias que despliegan para la apropiación y marcación del territorio, de las personas y de los recursos. A continuación, analizaremos cada uno de esos aspectos para el caso del Hogar de Cristo.

Las estrategias para el control del territorio

(…) ante la ausencia del Estado, la calle la toma alguien. Si no la toma la Iglesia, la toman los narcos. Eso pasaba acá antes de que nosotros nos organizáramos (referente de centro barrial católico).

Los curas villeros despliegan una serie de estrategias para ejercer el control del territorio de las villas. La primera de ellas consiste en realizar una apropiación del espacio, construyendo instituciones católicas en distintas partes del barrio.

En las villas 21-24 y Zavaleta de Barracas existen actualmente dos parroquias (Virgen de Luján y Virgen de Caacupé), doce capillas distribuidas en distintas zonas del barrio, y decenas de ermitas. En esta villa, los curas han conformado el movimiento Exploradores de Caacupé, el grupo infanto juvenil más grande del barrio (Arteta, 2016). Asimismo, los curas villeros han impulsado comedores y merenderos, la murga Padre Daniel de la Sierra, el centro de formación profesional N° 15 (en convenio con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), hogares para adultos/as mayores y para niños/as, espacios de apoyo escolar, la Escuela de Música Caacupé, un colegio secundario, una radio (FM 96, de la Parroquia Caacupé), y jardines de infantes, entre otros. En estas villas el Hogar de Cristo cuenta con cuatro dispositivos: el centro barrial San Alberto Hurtado (al lado de la Parroquia Virgen de Luján), la Casa de Atención de Usuarios de Paco con enfermedades complejas (cercana al centro barrial), la casa de bajo umbral Niños de Belén (en el barrio San Blas de la villa 21-24), y la casita amigable Hermana Pilar (también en el interior de la villa 21-24).

En la villa 1-11-14 se encuentra la Parroquia María Madre del Pueblo, tres capillas localizadas en distintas partes del barrio, y un club social y deportivo que lleva el nombre de la parroquia. Cuentan también con jardines de infantes, comedores, la murga del Bajo Flores “Padre Ricciardelli”, un espacio radial y espacios de apoyo escolar. En esta villa el Hogar de Cristo desarrolló tres dispositivos: los centros barriales Don Bosco (en el barrio Charrúa) y San Francisco (en Rivadavia I), y el Hogar Santa María (en el interior de la villa 1-11-14, al lado de la parroquia María Madre del Pueblo).

En las villas 31 y 31 bis de Retiro la Iglesia católica cuenta con una parroquia, Cristo Obrero, ubicada en la intersección de la Avenida Ramón Castillo y la bajada de la Autopista Illia, frente a la villa 31 bis. Al lado de la parroquia funcionan un hogar de ancianos/as (Negro Manuel), y el Club Padre Mugica, que ofrece fútbol para varones y mujeres. En el interior de la villa se encuentran cinco capillas, distribuidas por distintas zonas del barrio. En esta villa el Hogar de Cristo cuenta con cinco dispositivos: el centro barrial Padre Mugica y las casitas amigables Santa Isabel y Cura Brochero (todos al lado de la Parroquia), la casa de bajo umbral Madre Teresa (en el interior de la 31 bis), y un lugar de alojamiento llamado “La Boyita”.

Este importante despliegue territorial de la Iglesia católica en las villas de la ciudad les permite a los curas villeros ejercer cierto control sobre estos territorios. La territorialidad de los dispositivos del Hogar de Cristo se construye sobre esta estructura parroquial: los centros barriales se localizan al lado de las parroquias, y se organizan a partir de ellas. Sus actividades y recursos dependen de cada una de las parroquias.

Los dispositivos del Hogar de Cristo se convierten así en una referencia en el territorio. Muchas organizaciones de la sociedad civil (como fundaciones, ONG, voluntarios/as) recurren a estos dispositivos si quieren realizar alguna actividad (un taller, una campaña de salud, etc.) o prestar algún servicio (médico, legal, psicológico). De la misma forma, distintos organismos estatales recurren al Hogar de Cristo para trabajar en estos barrios. La SEDRONAR destina psicólogos/as para que realicen atención y derivaciones en los dispositivos del Hogar de Cristo, a través de los Centros de Evaluación y Derivación (CEDECOR) descentralizados;[3] los Centros de Acceso a la Justicia[4] utilizan las instalaciones de los centros barriales para atender a las personas del barrio, y distintos organismos (defensorías, centros de salud) recurren a estos dispositivos cuando quieren encontrar a alguna persona:

(…) a veces vienen de distintos lugares y nos dicen: “Mirá estamos buscando a esta persona”. Y los chicos conocen el barrio, conocen los lugares, o pasan por acá y bueno… eso también ayuda a tener una buena comunicación (referente, centro barrial católico).

Otra de las estrategias para ejercer un control sobre el territorio está vinculada a la capacidad para circular libremente en él. Los curas villeros conocen el barrio (y sus lugares de consumo de drogas y de comercialización), ya que viven y trabajan ahí (en algunos casos desde hace muchos años), y son conocidos y reconocidos por los demás en su rol de sacerdotes, lo que los dota de un piso de legitimidad que les permite moverse con relativa tranquilidad. Pese a que no utilizan la tradicional vestimenta religiosa, los curas villeros utilizan habitualmente el cuello clerical, como forma de ser identificados.

Este conocimiento del barrio les permite a los curas villeros ir a buscar a las personas que se encuentran con problemáticas de consumo a sus lugares habituales. Como afirma uno de los entrevistados:

(…) la fuerza nuestra radica en estar… por eso no es un centro universal… nosotros conocemos acá, visitamos las casas de familias, a todo el mundo. Sabemos cuando dice “Paramos con tal” con quién está parando. Todo sabemos… por eso nosotros creemos que tiene que haber centros barriales en estos lugares marginales (sacerdote, centro barrial católico).

Esta tarea en la calle resulta fundamental para el abordaje de los consumos de drogas en estos barrios. Los curas villeros van a buscar a las personas consumidoras de pasta base/paco a donde se encuentren, les ofrecen comida y acompañamiento, y los invitan a que se acerquen a los centros barriales. Sin el conocimiento del barrio que detentan, esa tarea sería muy difícil.

Para realizar estos recorridos por los barrios, el Hogar de Cristo incorpora también a las personas que han realizado un proceso de recuperación, y que concurren diariamente a alguno de los dispositivos. El conocimiento que estas personas tienen del barrio, por haber vivido o consumido allí, las dota de una gran habilidad para realizar esta tarea de acompañamiento en la calle. Ellas conforman una Cooperativa de Acompañantes de Usuarios de Paco, por lo que perciben un pequeño ingreso mensual. En palabras de un acompañante par:

(…) el Hogar depende de nosotros, porque a veces no son muchos operadores, no son muchos voluntarios, y tenemos que estar nosotros. A los voluntarios… si no los conocen, no los podés mandar a la villa a buscar a un pibe. Y bueno, vamos nosotros, ¿entendés? Y así, nosotros, vamos tomando conciencia de que se puede salir (acompañante par, centro barrial católico).

El gran despliegue territorial de la Iglesia católica en estas villas de la ciudad, y el conocimiento que los curas villeros y las y los acompañantes pares tienen de estos barrios, es lo que posibilita que los dispositivos del Hogar de Cristo puedan ejercer un cierto control sobre estos territorios, y realizar así su tarea de abordaje de los consumos de drogas “en la calle”.

Las estrategias para el control de las personas

Como analizamos precedentemente, la territorialidad implica también las estrategias para el acceso al control de las personas. Cuando hacemos referencia al “control”, nos referimos a la capacidad de un dispositivo de conducir las prácticas de las personas, o de modificar sus conductas. Estas estrategias no se dan sin resistencias de las propias personas, que a su vez desarrollan sus propias estrategias para el control del territorio. Como afirma Rodríguez Alzueta:

En muchos barrios donde las organizaciones sociales desarrollan sus tareas militantes suelen coincidir con las bandas narcos y las policías. No solo el territorio está en disputa, sino los jóvenes que viven en esos mismos barrios (Rodríguez Alzueta, 2014: 18).

Si bien existen distintos actores que se disputan el control de las y los jóvenes en estos barrios (organizaciones sociales, políticas, religiosas), en este apartado nos centraremos en las estrategias que despliegan los curas villeros en su disputa con los actores vinculados a las drogas ilegales.

En las proximidades de los dispositivos del Hogar de Cristo localizados en estas villas, existen lugares de venta de drogas y lugares de consumo (definidos como “ranchadas”), que son conocidos por quienes concurren a ellos:

(…) el laburo en esta villa es muy complejo… en lo que es consumo, hay muchas cocinas de droga… muchísimas. Eso se sabe, digamos, o sea… como les digo, acá… a medio metro venden, los chicos consumen ahí, y, acá al lado de la parroquia, está el otro pasillo donde también venden, y se consume… o sea, esta pared nos da con una cocina de droga… las ventanas de los chicos dan ahí, donde venden, donde… donde los chicos, mismos, por ahí consumían (referente, centro barrial católico).

En virtud de esta problemática, los curas villeros desarrollan distintas estrategias para lograr el control de las personas en estos territorios. La primera de ellas consiste en ofrecer a las personas con consumos problemáticos de drogas la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas (alimentación, vivienda, atención de la salud). En general, la búsqueda de satisfacer estas necesidades constituye el primer factor de acercamiento al Hogar de Cristo.

¿Cómo llegué acá? Llegué porque yo estaba en la calle, y una chica me dijo, “vamos a un lugar que está bueno, te dejan bañarte, te dan ropa, podés comer”, y yo, imaginate, una mugre bárbara, así, toda y… agarré, y me vine, y conocí acá. Y después ya me vine sola (Tamara, 34 años, centro barrial).

Posteriormente, se les ofrece la posibilidad de acceder a recursos económicos semanales ($400 a diciembre de 2016), a través de la participación en la Cooperativa de Acompañantes de Usuarios de Paco, o del trabajo en microemprendimientos (carpintería, costura, cocina y elaboración de velas). Cada centro barrial tiene criterios distintos para sumar o no a una persona a la Cooperativa, pero en general se prioriza que lleve un tiempo participando de la institución (mínimo un mes), y que muestre compromiso con su recuperación.

Otra de las estrategias para disputar el control de las personas tiene que ver con la conformación de grupos de pares de ex consumidores, que trabajan de manera conjunta en su recuperación, y que alientan a otros consumidores (a través de los recorridos por las calles y pasillos de las villas) a seguir el mismo camino. En una de las charlas informales durante el trabajo de campo, una de las personas que concurre al Hogar me comentó: “esto es como la esquina, pero sin drogas. Acá nos conocemos todos” (nota de campo, 2/05/2016). A estos grupos se les propone la realización de actividades formativas, religiosas y deportivas, que les permitan encontrarse desde un lugar distinto al consumo de drogas.

Durante el trabajo de campo, muchas de las personas que concurren al Hogar refirieron que, una vez iniciado el tratamiento, les resulta difícil sostenerlo porque cuando caminan por el barrio les ofrecen drogas: “Todos me conocen y me invitan a consumir, ese es el código. No te invitan a jugar a la pelota, te invitan a consumir” (nota de campo, 27/09/2016). Ante esta dificultad, desde el Hogar de Cristo se implementan distintas estrategias.

La primera de ellas consiste en realizar un intenso acompañamiento de cada persona que concurre al Hogar de Cristo en sus recorridos por fuera de la institución. Este acompañamiento es realizado principalmente por quienes participan de la Cooperativa de Acompañantes de Usuarios de Paco. Las personas que concurren al Hogar de Cristo son acompañadas cuando tienen que realizar un trámite judicial, cuando van al médico, cuando deciden internarse en una comunidad terapéutica, cuando visitan a un familiar, etcétera. Los recorridos por el barrio también se realizan acompañados o en grupo:

(…) si tienen una salida, van acompañados de alguien, al centro barrial van todos juntos, en eso también tratamos de movernos así, para cuidarlos, porque… digamos, no somos tontos (referente, centro barrial católico).

Los propios recorridos por el barrio están pautados desde la institución. Para ir desde el Hogar Santa María, localizado en la villa 1-11-14, sobre la Avenida Cruz, hasta el centro barrial San Francisco y Santa Clara, en el barrio Rivadavia I, las personas realizan un recorrido pautado por las y los referentes, que busca evitar pasar por los lugares de consumo o de venta de drogas. Se realiza así un recorrido más largo del que podría realizarse, con el único objetivo de evitar dichos lugares.

Otra de las estrategias para evitar que las personas en tratamiento recaigan en el consumo consiste en invitarlas a que concurran a centros barriales localizados en villas distintas a las suyas. En palabras de un entrevistado:

(…) recorrí todos los centros barriales, no me querían mandar acá porque sabían que era mi barrio y me generaba malestar (…) porque el consumo estaba acá, yo miraba ahí y me sentía reflejado al ver a los pibes, los conozco a todos los muchachos y me costaba ir [al centro barrial]. Y me mandaron a otro lado (José, 34 años, centro barrial católico).

Asimismo, a quienes lo solicitan se les ofrecen otras opciones: una internación corta (generalmente de tres meses) en alguna de las tres granjas que tiene el Hogar de Cristo en provincia de Buenos Aires, o la posibilidad de concurrir a una comunidad terapéutica que tenga convenio con la SEDRONAR. En estos casos, la dificultad se presenta cuando regresan de dichas internaciones al mismo barrio. Es por ello que en la mayoría de los casos las casitas amigables, destinadas a quienes ya han realizado un proceso de recuperación, se localizan en zonas alejadas del AMBA:

Nosotros elegimos poner la mayoría de las casitas amigables en provincia (…) porque la realidad es que nuestro barrio no nos ayudaba a tener chicos en reinserción, porque había mucho consumo (…) Nosotros preferimos hacerlo en Laferrere, en Varela, en Bernal… en Pilar, en esos lugares (sacerdote, centro barrial católico).

De esta forma, la cercanía de los dispositivos del Hogar de Cristo a los lugares de venta y consumo de drogas facilita su accesibilidad al tratamiento para quienes se encuentran en situación de consumo, pero posteriormente dificulta el sostenimiento del mismo a largo plazo. Es por ello que para cada momento los curas villeros realizan diferentes estrategias para el control de las personas. A las y los recién llegados les ofrecen la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas y de percibir un ingreso mensual, la construcción de un grupo de pares y un acompañamiento constante. Para quienes ya iniciaron un proceso de recuperación, les brindan la posibilidad de asistir a un dispositivo alejado del barrio cuando la permanencia en este dificulta su recuperación.

Las estrategias para el control de los recursos

Lo que hacemos nosotros no lo pueden hacer ni el Estado ni las ONG, porque vienen de afuera (sacerdote, centro barrial).

En este apartado nos interesa indagar en las disputas y estrategias para el control de los recursos (principalmente económicos) entre los dispositivos del Hogar de Cristo y otros actores sociales, políticos y religiosos presentes en el territorio, y con otras instituciones de atención de los consumos de drogas, presentes o no en las villas.

Para disputar con otros actores presentes en el territorio (ONG, organismos gubernamentales, iglesias evangélicas), los curas villeros han buscado presentarse públicamente como actores con capacidad para ejercer un control sobre el territorio de las villas, y sobre las personas que allí se encuentran. En este sentido, los curas villeros afirman que la Iglesia católica es quien puede y debe realizar las tareas de prevención y tratamiento de los consumos de drogas, por su trabajo histórico en estos barrios y su importante despliegue territorial:

No tengo ninguna duda de que a mí en la villa se me abren las puertas como a Alí. Eso no hay ninguna duda. Por la religiosidad de la gente sencilla, o el trabajo histórico de la Iglesia en las villas. (…) yo no sé si una experiencia así podría haber empezado en una parroquia que no tuviera tejida la red comunitaria… hay 10 años de muchísimo trabajo de organización desde esa red. (…) Nosotros teníamos una plataforma de base, comunitaria, que es muy difícil de reproducir y que tiene que ver con la fe (sacerdote, centro barrial católico).

De esta forma, para los curas villeros, la experiencia del Hogar de Cristo solo es posible en tanto se basa en el despliegue territorial de la Iglesia católica en las villas de la Ciudad, y en la religiosidad de sus habitantes, que sería intrínsecamente católica: “(…) la iglesia acá vino hace 50 años a acompañar un proceso de fe que se venía dando. No es que trajo la fe, la fueron trayendo las personas que vinieron a vivir a las villas de Buenos Aires” (sacerdote, centro barrial católico).

La Iglesia católica se afirma así como algo propio de estos territorios, mientras que otras organizaciones de la sociedad civil (incluyendo a otras iglesias, como las evangélicas), y las instituciones estatales, son presentadas por los sacerdotes como algo externo a las villas: “(…) hay muchas organizaciones que vienen de afuera del barrio… que vienen con una… con la ideología por sobre la realidad, pensando que vienen a sacar algo genuino de la gente, traen algo de afuera” (sacerdote, centro barrial católico).

Al presentarse públicamente como un actor propio de estos territorios, con capacidad para ejercer cierto control sobre ellos, los curas villeros logran captar gran parte de los recursos estatales destinados a estos barrios. En concreto, el Hogar de Cristo recibe financiamiento o mantiene convenios con la Dirección General de Políticas Sociales en Adicciones y con la Dirección General de Niñez y Adolescencia del Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y con los Ministerios de Educación, Trabajo y Desarrollo Social de la Nación. Asimismo, el Hogar de Cristo recibe financiamiento de la Iglesia católica, a través de Cáritas.[5]

Además de las disputas con otros actores presentes en el territorio, los curas villeros deben disputar recursos con otras modalidades de abordaje de los consumos de drogas, principalmente con las comunidades terapéuticas. Estas instituciones constituyen la oferta mayoritaria de asistencia financiada por la SEDRONAR desde la década de 1980. Para poder recibir financiamiento de esta secretaría, los curas villeros han construido la figura de “Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario”, para hacer referencia a los centros barriales, y han firmado un convenio (Resolución 266/2014) por el que perciben un ingreso mensual y son supervisados periódicamente por la SEDRONAR.

El reconocimiento de los centros barriales como modalidad adecuada para el abordaje de los consumos de drogas y su financiamiento por parte del Estado se encuentran estrechamente vinculados con la definición de los consumos de drogas como una consecuencia de la exclusión social.[6] Esta conceptualización permite que su abordaje no se restrinja al ámbito de la salud, sino que pueda ser realizado por diferentes instituciones que busquen la inclusión social de las personas con problemáticas de consumo.[7]

Los curas villeros han estado entre los primeros actores en denunciar públicamente la raíz social de las problemáticas de consumo de pasta base/paco en las villas. Para ello, han elaborado una serie de documentos públicos, en los que afirman que “la lucha contra el paco debe ser causa nacional porque es la lucha contra la exclusión” (Documento “El desafío del paco”, 24 de junio de 2010). Al definir el abordaje de los consumos de drogas como una cuestión de inclusión social (Cunial, 2015), los curas villeros plantean que los tratamientos tradicionales (principalmente comunidades terapéuticas) no logran dar respuesta a esta problemática, ya que

(…) nadie que entienda el problema del paco en estos barrios podrá pensar que un tratamiento de recuperación puede solucionar el problema. Cuando los chicos y chicas de nuestros barrios regresan de un tratamiento se vuelven a encontrar inmersos en un mundo donde se puede consumir de día y de noche (…) (Documento “El desafío del paco”, 2010).

Es por eso que los centros barriales no se presentan como tratamientos para las adicciones, sino como espacios para el “acompañamiento de la vida” de las personas con consumos problemáticos. Para ello, buscan articular con diferentes instituciones (de salud, de educación, etc.):

(…) la pelota se juega acá. Yo siempre digo, como en el fútbol, el centro barrial es el medio campo de la cancha. Vos acá tenés el medio campo, y desde acá articulás hacia todos los lugares […] Si hace falta derivar, si hace falta tener, y ahí empiezan entonces el resto de los desafíos (sacerdote, centro barrial católico).

En efecto, cotidianamente los dispositivos del Hogar de Cristo articulan con una multiplicidad de instituciones y organismos: centros de salud, hospitales, escuelas, Registro Nacional de las Personas, juzgados, Centros de Acceso a la Justicia, SEDRONAR, fundaciones, organizaciones sociales, etcétera.

De esta forma, los centros barriales son presentados por los curas villeros como la forma más adecuada de abordar el consumo de pasta base/paco en las villas, ya que buscan la inclusión social de quienes concurren, y no solo el abandono de las drogas.

Recapitulación y reflexiones finales

A lo largo del capítulo analizamos la territorialidad de los dispositivos del Hogar de Cristo en las villas de la Ciudad de Buenos Aires. Como referimos precedentemente, realizar un abordaje territorial de los consumos de drogas no significa solamente localizar los dispositivos en los barrios más vulnerabilizados, ofreciendo tratamiento allí donde el consumo de drogas (principalmente de pasta base/paco) tiene mayor incidencia. Un abordaje territorial de los consumos de drogas implica también desplegar estrategias para ejercer el control de esos territorios, de las personas que allí se encuentran y de los recursos económicos, en disputa con otros actores.

Esta definición de territorio nos permitió analizar en profundidad la experiencia del Hogar de Cristo, que con sus múltiples dispositivos distribuidos en las villas más pobladas de la ciudad, constituye un abordaje novedoso de los consumos de drogas.

Los curas villeros despliegan un conjunto de estrategias para disputar los territorios de las villas. En primer lugar, han construido una gran cantidad de parroquias, iglesias y ermitas, clubes deportivos, comedores, espacios educativos y dispositivos de atención de los consumos de drogas en distintas zonas de las villas; y realizan un abordaje “en la calle” de los consumos de drogas, recorriendo los pasillos y los lugares de consumo junto a ex usuarios/as, para acercar comida y asistencia a quienes se encuentran en situación de consumo. A través de estas estrategias, los curas villeros se apropian y marcan el espacio, construyen su territorio.

Por otro lado, las personas que residen en las villas también son objeto de disputa. En este capítulo nos centramos en el análisis de las estrategias que despliegan los curas villeros en su disputa con los actores vinculados a la comercialización de drogas. En este sentido, encontramos distintas estrategias para cada momento. Para acercar a quienes se encuentran en situación de consumo al Hogar de Cristo, los curas villeros ofrecen dispositivos cercanos y accesibles, que no tienen demasiadas exigencias para ingresar, en los que las personas en situación de consumo pueden satisfacer sus necesidades básicas (comer, higienizarse, vestirse, etc.), percibir un pequeño ingreso mensual, atender su salud y conformar un grupo de pares. Para quienes ya han iniciado un proceso de recuperación, desde el Hogar de Cristo se ofrece la posibilidad de internarse en una comunidad terapéutica, concurrir a las granjas que tiene el Hogar en provincia de Buenos Aires, o asistir diariamente a un centro barrial localizado en otro barrio. Para quienes ya han realizado un proceso de recuperación del consumo, desde el Hogar de Cristo se les ofrece la posibilidad de vivir en una casita amigable, alejada de sus lugares de consumo habituales. En los distintos momentos, el acompañamiento de quienes concurren al Hogar de Cristo por parte de personas que han realizado un proceso de recuperación es permanente.

Por último, las estrategias para acceder al control de los recursos, en disputa con otros actores presentes en el territorio y/o de asistencia de los consumos de drogas, se basan en el poder que les confiere el control del territorio y de las personas, así como en el desarrollo de un conjunto de pronunciamientos públicos, que los posicionan como un actor relevante en el abordaje de los consumos de drogas. Presentarse como actor intrínseco de las villas (en contraposición con los organismos estatales y otras organizaciones de la sociedad civil, que serían lo externo), y como articulador de distintas instancias, le confiere al Hogar de Cristo un lugar importante en su disputa por los recursos económicos del Estado.

De esta forma, podemos concluir que el abordaje de los consumos de drogas (principalmente de pasta base/paco) les ha permitido a los curas villeros en particular, y a la Iglesia católica en general, construir una nueva territorialidad en las villas de la Ciudad de Buenos Aires: ejercer cierto control sobre estos territorios y sobre las personas que concurren a sus centros, y captar importantes recursos económicos, principalmente estatales. Esta nueva territorialidad, a su vez, les ha permitido posicionarse como un actor político relevante en los debates públicos sobre consumos de drogas, principalmente en relación con su despenalización. Los curas villeros han utilizado esta legitimidad para manifestarse en contra de la despenalización del uso de sustancias, y han logrado en algunos casos obstruir el avance de debates legislativos en esta materia.

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  1. Las y los referentes del Hogar de Cristo lo definen como un “Programa” que incluye una pluralidad de dispositivos: centros barriales, granjas, centros de bajo umbral, hogares residenciales y casas amigables. La “Familia Grande Hogar de Cristo” cuenta con dispositivos localizados en distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires (Barracas, Retiro, Villa Soldati, Flores y Constitución) y en otras provincias del país (Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Entre Ríos, Tucumán, Santa Cruz y Tierra del Fuego). A los fines de este trabajo nos centraremos en el análisis de los dispositivos del Hogar de Cristo localizados en ‒o próximos a‒ villas de la Ciudad de Buenos Aires.
  2. La prevalencia de vida se refiere al consumo realizado alguna vez en la vida. Las sustancias indagadas fueron: tabaco, alcohol, tranquilizantes, estimulantes, marihuana, cocaína, pasta base/paco, solventes/inhalantes, éxtasis, alucinógenos, ketamina y anfetaminas.
  3. En la Ciudad de Buenos Aires, los CEDECOR descentralizados trabajan en las villas 21-24 y Zavaleta (Barracas), 31 bis (Retiro), 15 (Ciudad Oculta), 1-11-14 (Bajo Flores) y Ramón Carrillo (Villa Soldati). En todos los casos (con excepción de la villa 15, donde atienden en la parroquia del barrio) los CEDECOR descentralizados funcionan en las instalaciones del Hogar de Cristo.
  4. Los Centros de Acceso a la Justicia (CAJ) son oficinas dependientes del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, que se localizan en distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires y de otras provincias del país. Su función es: “brindar un servicio de atención legal primaria integral para los problemas cotidianos de los ciudadanos. Cada Centro de Acceso a la Justicia cuenta con un equipo multidisciplinario de abogado/as, psicólogos/as, trabajadores/as sociales y personal administrativo especialmente capacitado para buscar una respuesta integral a distintos problemas como: Familia, Víctimas de delitos, Violencia de género, Conflictos entre vecinos, Pueblos Originarios, Discapacidad, Laborales, Adultos mayores y Penales” (página web, Ministerio de Justicia de la Nación). En la Ciudad de Buenos Aires existen actualmente catorce CAJ, de los cuales ocho se localizan en villas, cinco de los cuales trabajan en dispositivos del Hogar de Cristo, Parroquias o Capillas católicas.
  5. Cáritas Argentina es “el organismo oficial de la Iglesia Católica que lleva adelante la pastoral caritativa para lograr el desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres, con especial preferencia por las personas y por las comunidades más pobres y marginadas. Cáritas Argentina está presente en las 66 diócesis de la Iglesia Argentina y canaliza su acción a través de más de 3.500 parroquias, capillas y centros misionales que permiten el trabajo directo con las familias y personas que viven distintas situaciones de pobreza o exclusión en todo el país. Esta enorme tarea es posible gracias al compromiso cotidiano de más de 32.000 voluntarios y a la colaboración solidaria de toda la sociedad” (página web, Cáritas Argentina).
  6. Sobre esta definición se detiene en mayor profundidad el capítulo 3, de Camarotti, Güelman y Azparren.
  7. Además de los centros barriales del Hogar de Cristo, otras instituciones han sido reconocidas por la SEDRONAR como Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario, entre las que se destaca la Red Puentes del Movimiento Popular La Dignidad.


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