La Argentina es el octavo país del mundo en cuanto a superficie y posee una amplia diversidad de climas, originada esencialmente por su tamaño, su ubicación en la zona templada del hemisferio sur, su orografía marcada esencialmente por la Cordillera de los Andes y su amplia distribución latitudinal, de más de 30 grados (22 a 55° de latitud S). Los rangos pluviométricos en las diferentes regiones varían entre 6000 mm de precipitación media anual hasta menos de 100 y los térmicos entre 28 y 1 °C de temperatura media del mes más cálido y entre 19 y -18 °C del mes más frío. Todo ello determina 18 ecosistemas diferentes que con el transcurso de la historia evolutiva han originado una diversidad de especies adaptadas a condiciones ambientales muy contrastantes, probablemente de las más grandes dentro de un mismo país. Esa diversidad contrastante de especies es lo que mejor caracteriza a la diversidad de especies en la Argentina. El contraste en la diversidad de especies se expresa también entre las poblaciones de los árboles, arbustos, palmeras y bambúes nativos del país, es decir, en la diversidad intraespecífica. A esto debe sumarse la diversidad genética forestal introducida durante 500 años de historia de colonización por los más diversos grupos humanos. La fuerte historia inmigratoria del país devino en el ingreso de una gran cantidad de especies de otros continentes, algunas de las cuales se encuentran ya asilvestradas (cap. 1).
Las principales causas de la pérdida de los recursos genéticos forestales (RGF) o bien común genético forestal (BCGF) en la Argentina se podrían clasificar como de origen socio-cultural y socio-económico. El país carece de una autopercepción forestal que tiene que ver con su historia de colonización y con el modelo de desarrollo económico impuesto desde su reconocimiento como Estado nación, hace ya unos 170 años. Si bien se logró una independencia política, la dependencia económica aún persiste y ha sido un factor importante en la pérdida del BCGF ya que el modelo agro-exportador ha influido e influye notablemente en el desmonte e incendios de grandes superficies de bosque nativo (Lander 2000; Carrasco et al. 2012). A ello se suman intereses inmobiliarios y conflictos culturales que provocan intencionalmente grandes incendios de superficie boscosa y de otras tierras forestales (Cap. 1 y Cap. 3).
El país cuenta con siete macrorregiones forestales claramente definidas por sus características climáticas, orográficas, de composición específica, de uso del territorio y desarrollo histórico: Parque chaqueño, Yungas, Selva paranaense, Monte, Espinal, Delta y bosque andino patagónico. Entre ellas se destaca el Parque chaqueño, por ser la de mayor superficie y por ser la que más ha sido sometida al desmonte por expansión de la frontera agrícola y pecuaria. Los grandes desmontes seguidos de quemas generan pérdida de biodiversidad, por lo tanto, de recursos genéticos, pero además liberan grandes contenidos de carbono a la atmósfera, disminuyen la capacidad de retención de este y de la liberación de oxígeno, provocan el ascenso de las napas freáticas y el aumento de la escorrentía. Esto conlleva un impacto negativo que intensifica el cambio climático y a la ocurrencia de grandes inundaciones a varios kilómetros de distancia. Adicionalmente, el desmonte tiene consecuencias inmediatas de mucha gravedad, como el desalojo de comunidades indígenas y campesinas de sus tierras ancestrales y que terminan engrosando los cordones de pobreza de las ciudades cercanas (Cap. 2).
En la Argentina se consideran otras tierras boscosas (OTB) a aquellas superficies con una cobertura arbórea menor al 20 % o con árboles de menos de 3 m de altura, arbustos y cañaverales. Tres regiones forestales son las que contribuyen con la mayor superficie de OTB: el Espinal, el Monte y los bosques andino-patagónicos. Las dos primeras han sido fuertemente desmontadas por el avance de la frontera agrícola-ganadera y las tres regiones están sujetas continuamente a pérdidas por grandes incendios. Por otro lado, los bosques mal manejados e incendiados pueden pasar a engrosar la superficie de OTB en solo un año. Durante el año 2019, se perdieron 1,2 millones de ha de OTB por incendios y desmontes, siendo las provincias de Buenos Aires, San Luis y Tucumán las más afectadas (Cap. 3).
En la actualidad, el último registro de la base mundial Global Tree Search del Botanic Gardens Conservation International informa para nuestro país unas 685 especies arbóreas nativas. Las especies forestales nativas, más las especies forestales introducidas de importancia en la actividad forestal del país y que son una parte importante del BCGF, han sido informadas en el reciente relevamiento para el Plan de acción mundial para la conservación, la utilización sostenible y el desarrollo de los recursos genéticos forestales de la FAO (Informe en línea Argentina 2020). Se reportaron 129 especies forestales nativas e introducidas en el formulario en línea de ese informe coincidentes con las registradas por la FAO. Adicionalmente, en este informe se adjuntan otras 413 especies forestales nativas más, la mayoría de las cuales están protegidas en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. En el presente informe, se reportan por lo tanto unas 542 especies forestales, nativas e introducidas, consideradas como parte del BCGF del país.
A todo ello se suman más de 500 especies que proveen los llamados productos forestales no madereros. Algunas de ellas proveen madera, pero en su gran mayoría se trata de árboles bajos y arbustos y en algunos casos de Bromeliaceas, helechos y hongos. Finalmente, completan el panorama las 42 especies de bambúes nativos y exóticos e incipientes actividades en la caracterización de hongos endomicorríticos, ectomicorríticos y bacterias beneficiosas asociadas a especies arbóreas nativas e introducidas (cap. 4).
Los estudios orientados al monitoreo y análisis de la diversidad genética de especies forestales nativas se realizan esencialmente por parte de grupos de investigación del INTA, del CONICET y de diferentes universidades nacionales. La Argentina se destaca en la región por ser líder regional en estudios de variación intraespecífica molecular, con más de 30 años de experiencia. Hasta la fecha, 35 especies forestales nativas cuentan con información sobre su diversidad genética molecular; varias de ellas son utilizadas además en programas de mejoramiento genético, de enriquecimiento y de restauración. Las técnicas moleculares se aplican en el manejo y ordenamiento territorial del bosque nativo, en la certificación de material de propagación nativo e introducido y para lograr mayor eficiencia en los programas de mejoramiento, ya sea en el manejo de huertos semilleros o a través de selección asistida por marcadores moleculares y selección genómica (cap. 5).
La forma principal de conservación del bien común genético forestal es in vivo–in situ, es decir, conservando el bosque nativo. Esta estrategia posee la ventaja de permitir que tenga lugar la dinámica evolutiva del bosque para que se desplieguen los mecanismos adaptativos de las poblaciones. Esto adquiere vital importancia en el actual contexto de cambio climático. El país cuenta con 48 áreas protegidas nacionales a las que se suman las municipales, provinciales, del Ministerio de Defensa, de universidades nacionales, privadas y de los humedales bajo el convenio de RAMSAR. Muchas de ellas conservan especies forestales nativas (Cap. 6). Por otro lado, existen numerosas colecciones de campo (conservación in vivo-ex situ), la mayoría de las cuales se originaron como derivaciones del material utilizado y analizado en ensayos genéticos en los numerosos programas de mejoramiento y que involucran a unas 60 especies forestales introducidas y nativas. Estas colecciones de campo se localizan principalmente en campos del INTA y también de las comunidades indígenas, de productores, de empresas privadas y de algunas universidades nacionales. A esta forma de conservación in vivo–ex situ se suma la conservación de ejemplares de diferentes especies forestales que se registran en los 52 jardines botánicos y Arboreta del país (Cap. 7). Se cuenta, además, con 27 bancos de germoplasma y colecciones de trabajo o bancos activos, es decir, que cumplen la doble función de conservar el material a mediano plazo y de ser fuente de abastecimiento de semillas para programas de mejoramiento y planes de forestación, enriquecimiento y restauración. Para el caso del género Prosopis, existe, además, un banco base en la Universidad Nacional de Córdoba (Cap. 7).
Desde el año 1991, el INASE (Instituto Nacional de Semillas) es el órgano de aplicación de la Ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas promulgada en el año 1973. Dicho organismo nacional es el encargado de certificar el material de propagación forestal de una lista de especies registradas, que son utilizadas luego en las plantaciones y trabajos de enriquecimiento y restauración. El material de propagación de esas especies nativas e introducidas es generado de diferentes fuentes que están clasificadas como Área Productora de Semillas, Rodal Semillero, Huerto Semillero, Clones, etc. Los huertos semilleros clonales o de progenies se categorizan como genéticamente comprobado o no comprobado y, además, a qué generación del programa de mejora corresponden. Adicionalmente, existe una categorización de los viveros registrados (certificadores, identificadores, expendedores, de uso propio) y del material básico de los cuales se obtiene semilla certificada (ensayado, calificado, seleccionado, identificado). Si bien una parte del material de propagación forestal no está declarada ante el INASE, el mayor volumen de lo que se utiliza en la actividad forestal está registrado y cubre holgadamente la demanda actual del país. Se presentan en este informe los detalles para cada uno de los principales géneros y especies que se utilizan en la Argentina como material de propagación forestal (Cap. 8).
El país cuenta con un programa de mejoramiento genético forestal que, en algunas especies de los géneros Pinus, Populus, Salix y Eucalyptus, data de los años 60 del siglo xx. Los dos métodos de mejora que más han sido utilizados corresponden a selección masal simple recurrente y mejoramiento híbrido. En los últimos años, se ha comenzado a evaluar la selección asistida por medio de marcadores moleculares y la selección genómica. Dentro de los organismos estatales, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria realiza gran parte de la investigación y desarrollo tecnológico relacionado con el mejoramiento genético de especies forestales. A esta institución se suman los programas de mejora de algunas empresas en forma individual o de un consorcio de ellas iniciado para el mejoramiento genético y que funcionó hasta hace un par de años. En los años 90 del siglo xx se comenzó a trabajar en forma orgánica desde el INTA en el mejoramiento genético de especies forestales nativas, destacándose entre ellas las de los géneros Prosopis, Cedrela, Araucaria y Nothofagus. Entre lo realizado por el Estado y por los privados, se han desarrollado programas de selección y mejora en más de 50 especies forestales (Cap. 9).
Si bien es un dato que varía periódicamente, se reconocen, redondeando, unos 40 pueblos indígenas y unas 1800 comunidades reconocidas declarativa o constitutivamente que habitan en el 86 % de los bosques del país. De acuerdo con la Constitución Nacional de 1994, el bien común forestal pertenece administrativamente a las jurisdicciones provinciales y a las comunidades indígenas, si bien pocas veces se reconoce la potestad de estas últimas, explicitada claramente en el art. 75, inc. 17. Además, el país ha firmado varios acuerdos internacionales en relación con la conservación de los recursos genéticos, destacándose en ellos el derecho que poseen los pueblos indígenas a ser consultados previamente para autorizar el acceso a estos en sus territorios y a recibir los beneficios que surjan de cualquier tipo de utilización y comercialización. En más de 300 estudios de caso de América Latina y el Caribe, se ha constatado que el manejo comunitario de bosques en territorios indígenas es mucho más eficiente para la conservación de los recursos genéticos forestales que el manejo de muchos bosques privados o estatales concesionados e incluso que el de la mayoría de los parques nacionales (FAO 2021). Se destaca el importantísimo papel que desempeñan las mujeres en la recolección y procesamiento de productos forestales no madereros y como monitoras permanentes del estado de conservación del bosque (Cap. 10).
La Argentina ha contado y cuenta con excelentes leyes forestales para regular el manejo y la conservación de los bosques nativos que se detallan en orden cronológico en el presente informe (Cap. 11). La primera normativa data de 1590 y se promulgó para proteger a los algarrobos en las proximidades del Riachuelo. Se podría considerar al decreto N.° 1054, de octubre de 1880, con sus 23 artículos, como la primera ley forestal de nuestro país. Entre esas leyes se destaca la Ley N.° 13273 de Defensa de la Riqueza Forestal, promulgada en 1948, por ser la primera que reconoció la importancia económica, social y física de los bosques en el país, comprendiendo en su espíritu y en su letra todas las posibilidades necesarias para llegar a concretar una real y ventajosa política forestal nacional. Consideraba al bosque no solo como proveedor de bienes (madera), sino también de numerosos servicios ecosistémicos, como la protección de cuencas hídricas y de suelos. En 1998, se promulga la Ley 25080 de Promoción a las Inversiones Forestales y Ampliación de Bosques, lo que le dio un fuerte impulso a la actividad forestal, incrementando la superficie plantada y el enriquecimiento con especies nativas. Con ello se promovió el ingreso al país de material genético de especies introducidas seleccionado en otros países y el funcionamiento de los programas nacionales de mejoramiento. Desde el año 2007 se destaca otra ley de avanzada, la ley 26331 –Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos–, que, entre otras cosas, promueve el ordenamiento territorial del bosque nativo en tres categorías basadas en el valor de conservación del bosque: alto, mediano y bajo. La ley no es aplicada en su total dimensión por irregularidades en su aplicación y financiación. Entre los criterios de identificación del valor de conservación, no figuran formalmente aspectos genéticos. No obstante, en el ordenamiento territorial de algunas de las provincias se ha comenzado a incorporar criterios de diversidad o particularidad genética, destacándose en ese aspecto la provincia de Tierra del Fuego (Cap. 11).
En el presente informe, se destacan, asimismo, los diferentes convenios internacionales firmados por el país en relación con la conservación y el manejo de los recursos genéticos en general y del BCGF en particular. El país, a su vez, posee numerosos vínculos internacionales en proyectos de investigación y actividades de docencia de posgrado. Profesores e investigadores argentinos realizan tareas de docencia, investigación y asesoramiento en países de la región, de América del Norte y de Europa (Cap. 12).
En la última parte del informe se plantean los desafíos y oportunidades para la conservación y el uso sostenible del bien común genético forestal (Cap. 13). Los desmontes (muchos ilegales) que se realizan para ampliar la frontera agrícola-ganadera con el objeto de exportar materias primas y los incendios forestales que, en el 97 % de los casos, tienen origen antrópico, se consideran las principales amenazas al bien común genético forestal de la Argentina. Para una efectiva acción de conservación y uso sostenible, es imprescindible detener los desmontes y los incendios forestales.
Para la conservación del BCGF resulta muy relevante hacer cumplir la Constitución Nacional y las leyes nacionales vigentes con respecto a los derechos de los pueblos indígenas, resolviendo el reconocimiento territorial formal y con ello la tenencia comunitaria de la tierra (ley 26160). Como ha sido documentado recientemente, los ecosistemas boscosos en territorios indígenas y con manejo comunitario del bosque representan la mejor forma de conservación de los bosques y, consecuentemente, de los recursos genéticos que hay en ellos (FAO 2021). Por otro lado, la posesión colectiva del territorio por parte de comunidades indígenas ha sido probada recientemente como una forma eficiente de poner freno a la deforestación (Camino et al. 2023).
Entre otras medidas por tomar se menciona la capacitación de tomadores de decisión y de funcionarios y la de periodistas ambientales; la financiación regular para investigación, monitoreo, caracterización y manejo del BCGF; la incorporación de indicadores genéticos en el manejo de ecosistemas boscosos; la articulación entre todos los organismos nacionales y provinciales pertinentes; la promoción del arraigo de pobladores rurales y de pueblos indígenas y comunidades campesinas; y la creación de un único organismo nacional forestal que concentre la gestión y administración del bosque nativo y de las plantaciones con especies introducidas.
Particularmente se destaca la necesidad de crear una Comisión Nacional para la Conservación, Manejo y Uso Sostenible del Bien Común Genético Forestal (BICOGEF) como instancia de discusión, formación, promoción y asesoramiento.
El desarrollo y uso del bien común genético forestal nativo e introducido, tal como se menciona en los capítulos de este informe, aparece como herramientas clave de aplicación en superficies muy significativas del territorio nacional y con fuerte vínculo socio-cultural. La conservación y uso de los RGF se constituye así en un elemento fundamental para el diseño de sistemas productivos alternativos y en la recuperación y reversión de los múltiples efectos ambientales y productivos negativos que ha generado el proceso de agriculturización, como así también en la búsqueda de respuestas a las necesidades de mitigación y adaptación al cambio climático.
Finalmente, se sintetizan en un modelo conceptual esquemático las principales relaciones entre algunos de los elementos del sistema abordado en el informe y un listado bibliográfico con las citas y con cerca de 1000 referencias que representan gran parte de la bibliografía generada en el país con relación directa sobre el tema.

Bosque de Araucaria araucana y Nothofagus antarctica. Ñorkinko (Neuquén) (foto: L. Gallo).








