Rocío Carreras, Luis Fornés, Aníbal Verga y Leonardo Gallo
El mejoramiento genético forestal en la Argentina: historia y principales actores
La mejora de árboles ha recorrido un largo camino desde sus inicios hace 70 años en la Argentina y ahora es parte integral de los programas de forestación públicos y privados, con gran desarrollo para las especies introducidas y en crecimiento para las especies nativas. Los avances logrados son el resultado del compromiso sostenido de muchas personas y del trabajo cooperativo entre instituciones gubernamentales, universidades y empresas privadas a través de distintos períodos de cambios estructurales importantes en el país y de mercado a nivel mundial.
Existen antecedentes de introducción y cultivo de especies forestales desde el año 1803 (Fernández 2015). En el año 1857, Domingo F. Sarmiento habría introducido semillas de Eucalyptus globulus que produjeron plantas para las estancias de la Pcia. de Buenos Aires (SAGyP-INTA 1995). Sin embargo, recién en el año 1948 el Estado nacional asume actividades específicas de mejoramiento con la sanción de la Ley N.° 13273 de Defensa de la Riqueza Forestal, a través de la que se crea la Administración Nacional de Bosques (ANB). Esta impulsó investigaciones sobre ecología y mejoramiento de especies forestales e introducción de nuevas especies de interés para la silvicultura argentina. Estas actividades se llevaban a cabo en Estaciones Forestales distribuidas en todo el territorio nacional, y para el año 1962, cinco de ellas funcionaban como estaciones forestales, cuatro estaban dedicadas a plantaciones experimentales y una funcionaba como Centro de Experimentación Forestal en Castelar, provincia de Buenos Aires (Fernández 2015).
Luego, en el año 1973, se modifica la ley N.° 13273 y la ANB pasó a llamarse Instituto Forestal Nacional (IFONA). Entre otras actividades, el IFONA debía realizar investigaciones y experiencias relativas a la introducción y cultivo de especies forestales en las distintas zonas del país. Contaba con un laboratorio de análisis de semillas y equipos de recolección y conservación de germoplasma de especies forestales nativas y exóticas. El IFONA funcionó hasta el 31 de octubre de 1991, fecha en la que fue disuelto por el decreto ley N.° 2284, y las 19 estaciones forestales con las que contaba hasta ese momento fueron asignadas a distintas instituciones del sector público.
Otro hecho importante para el mejoramiento genético en la Argentina fue la creación de la Comisión Nacional de Álamo, en el año 1947, como órgano técnico estatutario de la
FAO. El objetivo de esta comisión es promocionar todos los aspectos vinculados a la investigación, producción, utilización y comercialización de los álamos y los sauces desarrollados en el país por los sectores oficiales y privados.
Luego, en el año 1956, se creó el INTA (decreto ley N.° 21680) y comenzó a funcionar unos años después el grupo de trabajo en “Mejoramiento de los Árboles Forestales”, con programas destinados a la selección masal simple y por mejoramiento híbrido de material reproductivo. Se inicia en el INTA Castelar y en el INTA Delta y desde ahí se propaga a otras unidades del INTA como Concordia, Bella Vista, Montecarlo, Famailla, Bariloche y Esquel. El objetivo fue seleccionar clones e introducir materiales de nuevas especies, orígenes o procedencias. En el año 1999 se organiza en una reunión en INTA Bariloche la Red Científica y Tecnológica de Genética y Mejoramiento Forestal (GeMFo), a través de la que se impulsan programas de mejoramiento forestal y se promueve la difusión de resultados de investigación.
Otra institución de gran importancia para el mejoramiento forestal en la Argentina fue el Centro de Investigaciones y Experiencias Forestales (CIEF), creado en el año 1984 con financiamiento de doce de las principales empresas forestales y foresto-industriales del país. El CIEF estuvo desde su comienzo dedicado a la mejora genética de los géneros de cultivo extensivo como eucaliptos, pinos, sauces y álamos, instalando numerosas redes de ensayos que continúan hasta hoy y que, en parte, abastecen de semillas y clones mejorados a la actividad forestal del país. Este Centro dejó de funcionar en 2010.
En marzo de 1986 comienza a funcionar la Comisión Nacional de Prosopis (CNP), que tenía entre sus objetivos coordinar la actividad de investigación, fomento, desarrollo y protección del género Prosopis. Entre los principales logros de la CNP, se destaca la creación del Banco Nacional de Germoplasma de Prosopis (BNGP), en una acción conjunta entre el IFONA, la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (FCA-UNC) y otras instituciones miembros de la Comisión. Con el financiamiento inicial de la FAO, el BNGP, autogestionado por la FCA-UNC, lleva adelante un trabajo de exploración y cosecha de frutos de las especies más importantes del género y actualmente cuenta con rodales semilleros certificados.
En 1991, como consecuencia de la disolución del IFONA, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP) crea dentro de su estructura la Dirección de Producción Forestal y Conservación de Suelos. Esta es responsable en la actualidad de fomentar, regular y evaluar los bosques implantados, incluida la aplicación de las leyes nacionales y normas relacionadas con el mejoramiento forestal. Por su parte, el INTA se hizo cargo de las actividades de investigación y extensión forestal que realizaba el IFONA y en el año 1996 desarrolla el Programa de Producción de Material de Propagación Mejorado (PPMPM).
Desde el año 2010 hasta la actualidad, el INTA, con financiamiento de la SAGyP, es responsable de la ejecución del Programa de Domesticación y Mejoramiento de Especies Forestales Nativas e Introducidas para Usos de Alto Valor (PROMEF). La instrumentación operativa del PROMEF se realiza a través seis subprogramas de alcance nacional: Pinus y Pseudotsuga; Eucalyptus y Corymbia; Salicáceas, Grevillea y Toona; Prosopis; Cedrela; Nothofagus.
En referencia al sector privado de la Argentina, a partir de la sanción de la Ley de Defensa de la Riqueza Forestal, se instrumenta la promoción de forestaciones mediante el otorgamiento de créditos y degravación de impuestos para la implantación especies exóticas de rápido crecimiento. A partir del año 1960 comienzan las forestaciones en gran escala cuyo principal destino era para celulosa y aserrados de baja calidad, dando como resultado un fuerte aumento de la superficie forestada con pinos y eucaliptos (Aguerre y Denegri 1996). Este proceso favoreció la instalación de industrias consumidoras de madera en el noreste de la Argentina y las empresas comenzaron a demandar material de propagación con mayores crecimientos y posteriormente con mejor calidad. Con estos fines, en los años 80 del siglo xx el sector privado comenzó con los programas de mejora con una inversión sostenida que, en la actualidad, cuentan con redes de ensayos clonales, huertos semilleros de segunda generación, áreas clonales y la inscripción de materiales en el INASE.
Objetivos y técnicas del mejoramiento forestal en la Argentina
El mejoramiento forestal en la Argentina comenzó con la selección fenotípica en especies forestales exóticas con capacidad de adaptación a las regiones ecológicas donde se pretendía desarrollar su cultivo. En la mayoría de los casos, las especies fueron elegidas por su aptitud industrial ya sea para usos sólidos (madera aserrada y postes) o triturables (celulosa y tableros aglomerados). Así, el criterio de selección aplicado a todas las especies forestales fue el crecimiento, y la premisa básica era la de maximizar ganancias para su inmediata utilización operacional. Las poblaciones mejoradas alcanzaron ganancias genéticas en volumen y forma de entre un 10 y un 20 % con respecto a la semilla comercial, llegando en algunos casos a ganancias en volumen de más del 30 % (Mondino, com. pers). Este material mejorado permite abastecer la demanda interna de material de propagación.
Actualmente, los programas de mejoramiento realizan la selección mediante la construcción de índices que incorporan información de parentesco, generaciones y diseños de cruzamientos para minimizar la endogamia. El objetivo en la mayoría es la producción de madera de uso sólido, con criterios de selección vinculados al volumen, forma, resistencia a plagas, enfermedades y factores abióticos adversos junto a algunas propiedades de calidad de la madera como densidad básica, características de las fibras y tensiones de crecimiento (Marcó et al. 2016). Además, considerando los efectos del cambio climático, se pone énfasis en el mantenimiento y generación de variabilidad genética como principal estrategia de adaptación ante condiciones ambientales desconocidas.
Para pinos y eucaliptos se determinaron los principales orígenes o procedencias con mayor rendimiento volumétrico para las diferentes regiones de la Argentina y se instalaron huertos semilleros de plántulas y clonales que equiparan o superan a los materiales importados de su lugar de origen (Bunse 2012). La principal estrategia de mejoramiento se basa en la generación de híbridos intra- e interespecíficos por polinización controlada, la clonación de individuos sobresalientes mediantes técnicas de propagación vegetativa (injertos, estacas, cultivo in vitro) y la incorporación de herramientas moleculares para lograr avances en períodos de tiempo más cortos.
Para álamos y sauces, la mayor parte de los programas de mejora se basan fundamentalmente en la hibridación interespecífica, la cual permite maximizar la varianza genotípica a través de la combinación de las características sobresalientes de las distintas especies, seguida de un minucioso trabajo de selección que opera a través de las distintas fases del programa (Cortizo et al. 2016). Se ha logrado la instalación de estaqueros para la producción de material clonal que abastecen a las plantaciones comerciales y los programas continúan con el objetivo de ampliar la variabilidad genética ya existente a través de la infusión de nuevas especies y genotipos, el diseño de cruzamientos controlados y la incorporación de herramientas biotecnológicas (marcadores moleculares y transgénesis).
Con respecto a las especies forestales nativas, son pocas la que tienen antecedentes de plantación a pesar de que han demostrado que algunas poseen velocidades de crecimiento comparables a las introducidas. Los trabajos de conservación y domesticación de especies nativas comenzaron en el país en los años 70 del siglo xx con Araucaria angustifolia (Marcó et al. 2016) y luego se incorporaron especies de los géneros Prosopis, Nothofagus y Cedrela. Hasta el momento, se han identificado árboles fenotípicamente superiores y establecido ensayos de progenies y aéreas productoras de semilla, algunas de las cuales se registran en el INASE. El PROMEF incluyó estas especies en los programas nacionales, siendo la prioridad identificar y caracterizar las poblaciones, crear unidades de mejoramiento y conservación y proveer material de propagación mejorado en el mediano plazo (Marcó et al. 2016).
Es importante destacar que todos los programas de mejoramiento y conservación genética forestal han incorporando marcadores moleculares con el objetivo de evaluar diversidad genética, controlar la calidad del material mejorado y contribuir a los procesos de selección (Macucci Poltri y Gallo 2016). Entre las herramientas más utilizadas en el país encontramos SSR (Simple Sequence Repeats), AFLP (Amplified Fragment Lenght Polymorphism), DArT (Diversity Array Technology) y SNP (Single Nucleotide Polymorphism). También existen avances en la secuenciación del transcriptoma, diseño de marcadores específicos y selección de genes candidatos para las especies nativas de mayor interés (El Mujtar et al. 2014 y 2017, Bessega et al. 2013, Torales et al. 2013, Torales et al. 2018, Marcucci Poltri y Gallo 2016). Particularmente en coníferas y eucaliptos, se ha avanzado en la selección genómica, detección de QTL y el mejoramiento asistido por marcadores (Cappa et al. 2017 y 2019).
Especies en programas de domesticación y mejoramiento
Las características y avances de los programas de domesticación y mejora desarrollados por universidades nacionales, centros de investigación, empresas forestales y el INTA dependen de las especies y poblaciones involucradas, pero en general las introducidas presentan mayores avances que las nativas. En consecuencia, en el INASE se registran 1517 ha de materiales básicos de especies exóticas (Figura 1), mientras que para las especies nativas se registran 585 ha (Figura 2).

Figura 1. Superficie y provincias con materiales básicos de especies exóticas registradas en el INASE.

Figura 2. Superficie y provincias con materiales básicos de especies nativas registradas en el INASE.
A continuación, se listan los géneros y especies incluidos en programas de mejoramiento con una breve descripción del estado de avance de estos.
Araucaria angustifolia
(Pino Paraná, pino Brasil): especie nativa del sur de Brasil y norte de la Argentina, es utilizada para aserrado, producción de láminas y pasta celulósica. Por su gran explotación ha sido catalogada como especie en peligro crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Los trabajos de conservación y domesticación comienzan orgánicamente en el país en los años 70 del siglo xx (Fahler 1981) y continúan hasta hoy, involucrando a diferentes instituciones públicas y privadas. Actualmente cuenta con un área productora de semillas de 425 ha en Misiones, compuestas por remanentes de bosque nativo y plantaciones con un rango de edades entre 10 y 64 años de distintos orígenes, algunos de ellos de bosques que han desaparecido (Fornes et al. 2016, Eibl et al. 2016, INASE 2020). El Programa de Conservación de los Recursos Genéticos Forestales, Domesticación y Mejoramiento Genético Forestal que lleva adelante el INTA en el año 2011 realizó selecciones individuales contemplando las variables diámetro a la altura del cuello y forma, obteniendo una ganancia genética esperada del 21 %. En los años 2012 y 2015, se instalaron ensayos de progenies y se ajustaron las técnicas de propagación agámica por injerto para la instalación de huertos semilleros clonales y bancos clonales. Estos fueron instalados en el año 2018 en las provincias de Misiones y Buenos Aires (Figura 3).

Figura 3. Diferentes etapas del programa de mejoramiento genético en Araucaria angustifolia (fotos: M. E. Gauchat). Arriba: Plantación de Araucaria angustifolia de más de 60 años de edad en Campo San Antonio, Misiones, Argentina. Abajo, de izquierda a derecha: Progenies en vivero; Injerto de púa; Prueba de progenies de polinización abierta.
Austrocedrus chilensis
(Ciprés de la cordillera): conífera nativa del sur de la Argentina y Chile cuya madera blanda se usa para fabricar muebles, puertas y ventanas. En el año 1994 comienza la caracterización genética de las poblaciones naturales mediante marcadores moleculares (Pastorino y Gallo 2002, Pastorino et al. 2004, Arana et al. 2010) y los estudios avanzaron hasta el análisis con genes candidatos (Pomponio et al. 2013). Con base en estos estudios se definieron zonas genéticas (Pastorino y Gallo 2009) como unidades operativas de manejo genético. El INTA inicio un programa de mejora de baja intensidad para la domesticación de la especie, con el objetivo de seleccionar las mejores procedencias. Actualmente, el programa cuenta con ensayos establecidos en conjunto con el CIEFAP, la Universidad Nacional del Comahue y San Juan Bosco, y se registraron en el INASE 168,6 ha de áreas productoras de semillas (INASE 2020).
Cedrela
Género con especies nativas de la ecorregión de las Yungas y la Selva paranaense, conocidas con el nombre vernáculo de cedros. Poseen maderas semiduras de gran valor en el mercado de productos forestales que son utilizadas para la fabricación de muebles y aberturas, construcciones y carpintería en general. Desde el año 2006, el INTA, en alianza con universidades nacionales, la Administración de Parques Nacionales, organismos provinciales y empresas privadas, comienza un programa de mejoramiento y conservación de las especies C. angustifolia, C. balansae y C. fissilis, que actualmente están categorizadas como “en peligro” (UICN 2015). Los objetivos del programa son incrementar la producción de maderas nobles, el control de la plaga Hypsipyla grandella y recuperar áreas degradadas. En este marco, los resultados más significativos alcanzados hasta el momento son el control total de la plaga con productos químicos de baja toxicidad y la detección de enemigos naturales, la definición de zonas genéticas con marcadores moleculares, la identificación de híbridos y poblaciones con mayor tolerancia al estrés térmico e hídrico, la instalación de huertos semilleros y una red de ensayos de progenies, clonación de individuos fenotípicamente superiores y el desarrollo de protocolos para la producción de plantines en semihidroponía (Fornes et al. 2016). En el INASE se registra un área productora de semillas de 0,387 ha (INASE 2020) (Figura 4).

Figura 4. Programa de mejoramiento en el género Cedrela. Árbol adulto de Cedrela angustifolia. Cedrela fissilis de 12 años de edad y 43 cm de DAP en fajas de enriquecimiento en selva de altura degradada. Injertos de Cedrela fissilis para instalación de Huerto Semillero Clonal (fotos: L. Fornés).
Handroanthus impetiginosus
Su nombre vulgar es lapacho rosado. Se inició un programa de mejoramiento genético de baja intensidad cuya estrategia fue seleccionar individuos en el bosque natural, propagarlos vegetativamente e instalar huertos semilleros clonales. Entre 2011 y 2017, se seleccionaron más de 189 árboles según criterios de rectitud del fuste, autopoda de la primera porción del tronco (hasta 7 m de altura), conicidad, diámetro de la copa y proporción del duramen y sanidad, especialmente de la madera. Se implementó un método de selección participativo, en el cual las empresas forestales que estaban realizando el aprovechamiento en el bosque avisaban al aserradero cada vez que se cortaba un ejemplar destacado de lapacho y el aserradero inmediatamente contactaba al equipo de selección, que viajaba inmediatamente al bosque a evaluar fenotípicamente el individuo apeado y, en caso de ser elegido, recoger púas para realizar los injertos en el vivero. Esta tarea se debió realizar en solo dos meses para que las ramas del árbol apeado estuvieran aún verdes. Se llevaron al vivero al menos 30 ramas por árbol en bolsas de polietileno, etiquetadas y con la humedad adecuada donde se realizó el injerto de púa o cuña en los días inmediatos siguientes sobre portainjertos de dos años de la misma especie.
La mayoría de los árboles seleccionados, población base del programa de mejoramiento, ya no se encuentra en el bosque. Por este motivo, el banco clonal instalado constituye una valiosa colección de campo en donde solo los mejores individuos del ranking fenotípico fueron finalmente seleccionados para ser incluidos en un huerto semillero clonal. Este se instaló en el año 2016 en la Estación Experimental Famaillá del INTA (27º 0′ 40.11″ S; 65º 22′ 41.88″ W; 380 m snm), incluyendo 160 clones de nueve procedencias (Figura 5). El diseño fue en bloques completos al azar con seis repeticiones de parcelas monoárbol y con una distancia entre plantas de 5×5 m. En la actualidad, el huerto semillero clonal ya se encuentra en producción y su semilla está siendo utilizada para ensayos sobre características seminales y ecofisiológicas, al mismo tiempo que se distribuye en viveros y empresas del noroeste argentino.

Figura 5. Huerto semillero clonal de Handroanthus impetiginosus.
Corymbia
Este género originario naturalmente de Australia se introdujo en la década de 1970 en el norte de la Argentina con fines ornamentales, en forma de cortinas y en algunas pocas plantaciones comerciales. Las principales especies cultivadas son Corymbia torelliana, Corymbia citriodora subsp. citriodora, Corymbia citriodora subsp. variegata, Corymbia henryi y Corymbia maculata. El INTA incorporó estas especies a sus programas de mejoramiento en el año 2000 e instaló una red de ensayos con materiales del Brasil, Sudáfrica, Australia y locales. Se seleccionaron 30 ejemplares sobresalientes de Corymbia citriodora subsp. variegata en volumen y rectitud de fuste, utilizando la metodología clásica de selección masal (árboles comparación), y se espera una ganancia genética en el huerto semillero clonal de aproximadamente 17 % en volumen. Actualmente, el programa cuenta con un área productora de semilla de 1,5 ha (INASE 2020), huertos semilleros de plántulas y clonales en evaluación e híbridos de Corymbia torelliana x Corymbia citriodora subsp. variegata (López et al. 2016) (Figura 6).

Figura 6. Programa de mejoramiento en Corymbia citriodora subsp. variegata (foto: L. Harrand).
Eucalyptus
Los Eucalyptus fueron introducidos en la Argentina en el año 1857, y las principales especies cultivadas son E. grandis, E. dunnii, E. camaldulensis, E. tereticornis, E. globulus, E. viminalis, E. cloeziana. E. propinqua y E. urophylla procedentes de Australia, Sudáfrica, Brasil y Paraguay. Son utilizadas con fines madereros, pulpables y dendroenergéticos. Algunas de estas especies cuentan con programas de mejoramiento genético avanzados que han logrado ciclos de corta de 12 a 15 años y volúmenes comerciales superiores a 70 m3/ha. Además de las redes de ensayos, existen 113,83 ha de huertos semilleros y áreas productoras de semillas, así como 84 clones registrados en el INASE (López et al. 2016, López 2005, INASE 2020) (Figura 7).

Figura 7. Programa de mejoramiento en el género Eucalyptus. De arriba abajo y de izquierda a derecha: huerto semillero de progenie de Eucalyptus dunnii. Huerto semillero clonal de Eucalyptus grandis. Polinización artificial en flores de Eucalyptus grandis (fotos: L. Harrand). Emasculación en flores de Eucalyptus globulus (foto: P. Pathauer). Muestreo para determinación de calidad de madera a los 20 años en Eucalyptus dunnii (foto: L. Harrand).
Grevillea robusta
Esta especie, denominada comúnmente roble sedoso, fue introducida en el norte de la Argentina para la producción de madera de alta calidad y es utilizada principalmente para la fabricación de muebles, paneles y revestimientos. Existen antecedentes del cultivo de esta especie en el país desde el año 1976, sin embargo, las primeras experiencias de mejoramiento comienzan en 1994 con la instalación de una red de ensayos de orígenes. En 2000 y 2002, dos de estos ensayos fueron transformados en los primeros rodales semilleros de la especie en la Argentina. Durante 2001, se instalaron ensayos de progenies de polinización abierta con materiales locales y australianos semillas. Con estos genotipos se obtuvieron ganancias del 55 % en volumen y 14 % en rectitud del fuste, se ajustaron los protocolos de propagación de injertos por púa y se instaló un huerto semillero clonal con más de 600 rametos (Fassola et al. 2004). Actualmente se registran inscriptas 13 ha de huertos semilleros y áreas productoras de semillas (INASE 2020) (Figura 8).

Figura 8. Programa de mejoramiento en Grevillea robusta. Ensayo de procedencia, individuo selecto e injerto de púa en Grevillea robusta (foto: J. López).
Melia azedarach
La especie con nombre vernáculo de “paraíso” fue introducida en el país en la década del 30 con procedencias del Brasil y luego de Italia (Ragonese 1981). Se utiliza en muchos casos como sustituto del cedro nativo (Cedrela) para la confección de pisos, muebles, ebanistería, molduras, machimbres, aberturas y en construcción. Las variedades que se cultivan en el país son M. azedarach var. azedarach, M. azedarach var. umbraculifera, M. azedarach var. gigantea cv. Gotz y cv. Garrasino. La variedad gigantea cuenta con un área productora de semilla registrada en el INASE (INASE 2020).
Nothofagus
El género cuenta con especies nativas en el bosque templado andino-patagónico de la Argentina y Chile, con maderas de alto valor económico y ambiental. Las especies que se encuentran incluidas en programas de mejoramiento y conservación son N. nervosa (= N. alpina), N. obliqua, N. pumilio y N. antárctica. Los trabajos de domesticación y mejoramiento comenzaron en 1993 y continúan hasta la actualidad en el marco de diferentes proyectos. Los principales resultados obtenidos son la definición de zonas genéticas para las cuatro especies mediante el uso de marcadores moleculares (Azpilicueta et al. 2013a, 2013b); la secuenciación parcial del genoma de N. nervosa (Torales et al. 2012, El Mujtar et al. 2017); el desarrollo de marcadores moleculares (Azpilicueta et al. 2004, Marchelli et al. 2008, Soliani et al. 2010) que están siendo aplicados en estudios de caracterización genética, divergencia adaptativa, taxonomía molecular e hibridación interespecífica (Gallo et al. 1997, El Mujtar et al. 2017); la instalación de redes de ensayos; el ajuste de protocolos de propagación agámica por estaquillas e injertos, y la inscripción de áreas productoras de semillas (Pastorino et al. 2016). En el INASE se registran 295, 25 ha de áreas y rodales semilleros (INASE 2020) (Figuras 8 y 9).

Figura 9. Programa de mejoramiento en Nothofagus obliqua. Ensayo de procedencias de cuatro meses de edad en vivero, individuo adulto de 170 años de edad en bosque nativo y área productora de semilla registrada en el INASE (fotos: L. Gallo).

Figura 10. Programa de mejoramiento en Nothofagus nervosa. Prueba de progenie y ensayo de procedencias de 12 años de edad en Yuco Alto e individuo adulto de 165 años de edad en bosque nativo (fotos: M. Lanari y L. Gallo).
Paulownia
Las especies de género son conocidas con el nombre vernáculo de kiri fueron introducidas en el país a fines de la década del 60 con procedencias del Brasil y del Paraguay. Actualmente cuenta 9000 hectáreas plantadas con las especies P. tomentosa, P. fortunei y P kawakamii e híbridos entre ellas, con crecimientos en torno a los 38 m3/ha/año y turnos de corta entre 8 y 15 años (Lupi et al. 2019). Si bien estas especies no se incluyen en programas de mejoramiento nacionales, se encuentran en desarrollo en el sector privado, registrándose la producción de clones y la inscripción de 6,4 ha de áreas productoras de semillas (INASE 2020).
Prosopis
Este género contempla especies de uso múltiple con una amplia distribución en la zona norte y centro del país. Las principales especies cultivadas son P. alba, P. chilensis y P. flexuosa. Las primeras experiencias datan de 1950 con ensayos de P. alba y P. nigra, establecidos en Santiago del Estero con el objetivo de mejorar la forma del fuste (López 2005). A partir de 1990 comienzan los programas de mejora llevados a cabo por distintas instituciones públicas (universidades nacionales) y se incorpora como programa nacional del INTA en el año 2001 y continúa hasta la actualidad. Como los principales avances de estos trabajos, se puede mencionar la identificación de grandes grupos genéticos e híbridos interespecíficos a partir de marcadores bioquímicos, morfológicos y moleculares; la instalación de redes de ensayos; la definición de los mejores orígenes para producción maderera; el establecimiento de áreas productoras de semillas y rodales semilleros, y el ajuste de técnicas de propagación agámica mediante injertos y estacas (López Lauenstein et al. 2016, Verga, 2014). A partir de la evaluación de ensayos se estimaron ganancias en altura, diámetro y forma en el orden del de 6, 16 y 18 % respectivamente (Carreras et al. 2016). En el INASE se registran 356,84 ha de áreas productoras de semilla, muchas de las cuales han sido registradas por el BGNP, la Universidad de Santiago del Estero, la provincia de Formosa y el INTA (INASE 2020) (Figura 11).

Figura 11. Programa de mejoramiento en Prosopis alba. De arriba a abajo y de izquierda a derecha: vainas de Prosopis alba, ensayo de respuesta ecofisiológica, plantines en vivero, ensayo de procedencia y árbol adulto selecto en bosque nativo con destacada rectitud y despeje de fuste en Campo Durán, Comunidad Chané (fotos: D. López Lauenstein y A. Verga).
Pinus
Distintas especies del género fueron introducidas en la Argentina desde el año 1960 procedentes principalmente de Estados Unidos y Sudáfrica, aunque también se introdujo material desde España, México, Turquía, Cuba y Australia. Las principales especies cultivadas en el país son P. taeda, P. elliottii, P. patula, P. ponderosa, P. brutia; P. canariensis, P. caribaea, P. contorta, P. jeffreyi, P. montícola y P. pinaster. Algunas de estas especies se encuentran iniciando el tercer ciclo de mejora, redes de ensayos, material adaptado a diferentes zonas ecológicas, silvicultura clonal desarrollada e híbridos con desempeño superior en volumen y forma (Gauchat et al. 2016). En el INASE se registran 1252,96 ha como huertos semilleros y áreas productoras de semillas (INASE 2020) (Figura 12).

Figura 12. Programas de mejoramiento en especies del género Pinus. Embriogénesis somática en Pinus ellitotti. Polinizaciones controladas en Pinus taeda. Familia de Pinus elliottii var. elliottii x Pinus caribaea var. hondurensis a los cuatro años de edad (fotos: M. E. Gauchat). Huerto semillero clonal de Pinus ponderosa, Trevelin, Patagonia, Argentina (foto: V. Mondino).
Pseudotsuga menziesii
El “pino Oregón o abeto de Douglas” fue introducido en la patagonia argentina principalmente desde Washington y Oregón, EE. UU. y Francia. Actualmente es la segunda especie exótica más plantada en la zona, con una madera resistente y estable que tiene amplias aplicaciones en estructuras, pisos, muebles, aberturas, chapas, terciados, terminaciones de interiores y pulpa para papel, entre otras (Davel et al. 2005). El programa de mejoramiento genético fue iniciado por el INTA en 1998 y cuenta con tres huertos semilleros de progenies (3,6 ha inscriptas en el INASE) (Gauchat et al. 2016) (Figura 13).

Figura 13. Ensayo de nueve procedencias de Pseudotsuga menziesii var. menziesii (costera), 20 cm DAP, y 3 de var. glauca (interior), 5 cm de DAP, de 16 años de edad en Mallín Ahogado, Patagonia (foto: L. Gallo).
Salix sp. y Populus sp.
Existen antecedentes de trabajos con salicáceas introducidas en el país desde 1987. Se utilizan principalmente 12 especies de álamos (P. balsamifera, P. deltoides, P. trichocarpa, P. tremuloides, P. alba, P. cathayana, P. ciliata, P. euphratica, P. maximowiczii, P. nigra, P. simoniie y P. tremula) y 14 sáuces (S. caprea, S. dasyclados, S. eriocephala, S. koriyanagi, S. miyabeana, S. purpurea, S. udensis, S. schwerinii, S. triandra, S. viminalis, S. viminalis, S. alba, S. babylonica, S. matsudana y S. nigra). Estas especies producen alrededor de 727.633 toneladas al año destinadas a aserrado, celulosa, partículas y biomasa con fines energéticos (Brandán et al. 2012). La mayoría de los programas de mejoramiento de estas especies se basa fundamentalmente en la hibridación interespecífica, buscando obtener altos rendimientos y adaptación bajo diferentes condiciones de cultivo (Cortizo et al. 2016). Como resultado de estos programas, existen redes de ensayos y 280 estaqueros inscriptos en el INASE (Cortizo et al. 2016, INASE 2020) (Figuras 14 y 15).

Figura 14. Ensayos clonales de Populus deltoides en el delta del río Paraná (foto: S. Cortizo).

Figura 15. Ensayo clonal de diferentes especies del género Salix en el delta del río Paraná (foto: T. Cerrillo).
Recientemente, en la Patagonia, Tucumán y delta del Paraná, se ha iniciado un programa de mejoramiento genético de baja intensidad del único sauce nativo (Salix humboldtiana), que implica el rescate de los individuos sobrevivientes de la especie, la instalación de estaqueros y bancos y ensayos clonales (Gallo et al. 2016, Gallo et al. 2020) (Figura 16).

Figura 16. Ensayo de 33 clones de Salix humboldtiana de cuatro meses de implantación en el Valle inferior del río Negro (foto: L. Gallo).
Schinopsis balansae (quebracho colorado)
Se realizó una primera selección de individuos plus en el año 1997 (Fig. 17 izq.) (Barrett 1997). Se ajustó la técnica de viverización y se obtuvieron plantas disponibles para plantación al cabo de una temporada de crecimiento (Fig. 17 der.). Se cuenta con pruebas de progenies instaladas a campo y con unas 280 ha de plantación. La especie muestra crecimiento de hasta dos metros en los primeros dos años y una buena adaptación al cultivo (Maradei 2019).

Figura 17. Selección individual en quebracho colorado. A la izquierda, árbol plus de Schinopsis balansae. A la derecha: plantines de dos meses rusticándose en vivero (foto: D. Maradei).








