Uno de los propósitos centrales de este libro es estudiar los enigmas de Cleobulina de Lindos. No obstante, el primer enigma que nos sale al paso es el que arroja su propia figura, a la que sólo podremos aproximarnos a través del haz de representaciones tanto historiográficas como literarias que nos devuelven los testimonios. Esta tarea no está exenta de dificultades, ya que Cleobulina no ha concitado una gran atención y su presencia en los estudios sobre la tradición intelectual griega antigua es exigua. Varios motivos podrían explicar este fenómeno. Por una parte, su realidad histórica ha sido puesta en duda, sobre todo en el ámbito de la filología alemana decimonónica. Crusius ha propuesto que la figura de Cleobulina fue creada en el marco de la transmisión de las fábulas esópicas, tomando como referencia el testimonio de Banquete de los siete sabios de Plutarco donde esta aparece cerca de Esopo y se le adjudica la autoría de una fábula.[1] Wilamowitz, en cambio, alega que fue un personaje de comedia inventado por Cratino, autor de una pieza titulada Cleobulinas, y utilizado luego en otras obras, como Cleobulina de Alexis.[2] Por otra parte, su imagen ha quedado eclipsada por la de Cleobulo, su padre, uno de los siete sabios de Grecia, a tal punto que se ha creído que este era el experto en la composición de acertijos y que, como sugiere Buffière, Cleobulina sería una personificación de la adivinanza.[3] Por último, si bien el material con el que contamos para su estudio no es copioso, como ocurre con buena parte de los pensadores y pensadoras de la Antigüedad, en ediciones como las de Bergk, Diehl y West sólo se han incluido, desprovistos de contexto, tres de los enigmas de Cleobulina —el de la ventosa, el del buen ladrón y el de la flauta—, y se han soslayado otros testimonios que permiten reconstruir su carácter, apreciar la originalidad de sus composiciones y evaluar la importante influencia que ejerció en la tradición posterior.[4]
La historicidad de Cleobulina está atestiguada en numerosas fuentes. Diógenes Laercio y la Suda señalan que Cleobulo tuvo una hija que llevaba ese nombre y que se dedicaba a la composición de acertijos [T 1-2, 26]; Plutarco, Clemente de Alejandría, Jerónimo y Jorge Sincelo la nombran junto a otras mujeres destacadas cuya existencia histórica es indudable [T 4-5, 7-8]; y el autor anónimo de Discursos dobles cita, en razón de su autoridad y antigüedad, un enigma de Cleobulina y unos versos de Esquilo como apoyo de una de las tesis que examina [T 24]. El hecho de que Cleobulina haya sido utilizada como un personaje literario es un indicio del interés que suscitó su figura. Es probable que su destacada labor intelectual y su preeminente posición social la hicieran blanco tanto de las burlas de los comediógrafos como de la admiración de Plutarco. La interpretación de Cleobulina que aquí proponemos intenta integrar estas dos facetas, la de la persona y la del personaje, pues ambas se presentan como inescindibles. Por esta razón, hemos tomado como referencia la colección de testimonios y fragmentos reunida por Matelli, ya que incluye fuentes que permiten obtener una visión más amplia sobre Cleobulina y su labor.[5] Asimismo, hemos concedido una singular atención a Banquete de los siete sabios de Plutarco. Consideramos que se trata del testimonio más importante, debido a la belleza, la extensión y la complejidad de la representación de Cleobulina que nos ofrece, a quien se la asocia con la tradición del enigma, del saber gnómico y de la fábula. Esta aproximación nos permitirá rescatar los enigmas de la poetisa rodia no como una curiosidad enciclopédica, sino como la expresión original de una nueva forma de mirar e interrogar el mundo.
Sobre Cleobulina poseemos pocos, pero interesantes datos biográficos. Jerónimo señala que llegó a ser célebre en la octogésima segunda Olimpíada (452-449 a. C.), al mismo tiempo que otros poetas y poetisas como Crates, Telesila, Baquílides y Praxila [T 4].[6] Como se puede deducir a partir del comentario de Jorge Sincelo [T 5], esta sería la fecha en la que Cleobulina adquirió notoriedad, probablemente porque sus enigmas se hicieron conocidos en Atenas o porque fue representada en la comedia, no el momento en el que habría alcanzado su madurez intelectual (akmé), ya que es una fecha un poco tardía, puesto que se suele situar a Cleobulo y su hija en el siglo VI a. C.[7]
Plutarco comenta que Cleobulina era llamada de esa manera por su padre, aunque su verdadero nombre era Eumetis [T 3, 13-14]. En la mitología griega Metis es hija de Océano y Tetis, y la primera esposa de Zeus. Profusa en recursos, es quien le entrega a este la droga que debe ingerir Crono para vomitar los hijos que se ha tragado.[8] De ahí que el sustantivo griego mêtis designe una forma de inteligencia caracterizada como “astucia” que combina diversas operaciones mentales y discursivas como la intuición, la previsión, la sagacidad, la picardía, el engaño y el sentido de la oportunidad, utilizadas para conseguir exitosamente algún fin en el ámbito práctico.[9] Según la opinión de Detienne y Vernant, el nombre “Eumetis” expresa el tipo de saber que posee Cleobulina, saber que le permite componer enigmas haciendo uso de la ambigüedad del lenguaje y, al mismo tiempo, conocer la respuesta que permite resolverlos:
El saber de Eumetis es doble: sabe trenzar las palabras ambiguas, reunir los contrarios y entrelazar dos sentidos, pero recíprocamente su mêtis le permite encontrar la palabra o la respuesta que viene a aportar una voz única al discurso polimorfo y, como si fuera una ligadura mágica, a forzar los aspectos más confusos de una palabra que escapa a la univocidad.[10]
Que el verdadero nombre de Cleobulina sea Eumetis, i. e. buena mêtis, esconde un juego de palabras que anticipa la sutileza de sus acertijos. Que este nombre haya quedado eclipsado por el de Cleobulina constituye un indicio de la dificultad que plantea la aproximación a su figura que por momentos se asoma y por momentos se oculta detrás de otras.
Se desconoce quién fue la madre de Cleobulina, pero se sabe con certeza que Cleobulo fue su padre. Este es considerado uno de los siete sabios de Grecia. A pesar de que los testimonios señalan que se dedicó a la formulación de acertijos, se le adjudica uno solo, el del año, cuya autoría también se atribuye a Cleobulina [T 26-27]. Aquel compuso cantos, numerosos apotegmas y el siguiente epitafio para Midas:
Soy una virgen de bronce y reposo sobre la sepultura de Midas. Mientras el agua fluya y los grandes árboles se cubran de hojas, permaneciendo sobre su tumba muy llorada, anuncio a quienes pasan que Midas se encuentra aquí, enterrado (Platón, Fedro 264d).[11]
Cleobulo fue soberano de Lindos, de manera que es probable que su hija haya nacido y pasado la mayor parte de su vida allí. Según el testimonio de Plutarco, esta podría haber colaborado con su padre en las tareas de gobierno, ya que se destacaba por su sensatez, su pensamiento político y su filantropía [T 13]. Lindos es una de las ciudades más importantes de la isla de Rodas, debido a su posición naval estratégica y su desarrollo cultural. En la carta que Cleobulo dirige a Solón se dice que es una ciudad gobernada democráticamente (damokrateoménan) (Diógenes Laercio, I 93). Según la mitología, Lindos, Ialisos y Cámiros fueron fundadas por Tlepólemo, hijo de Heracles y Astíoque, y ocupadas por los dorios (Homero, Ilíada II 653-670). Además de Cleobulo y Cleobulina, son oriundos de esta ciudad el historiador Evágoras e importantes escultores como Cares, creador del Coloso de Rodas; Pitocrito, probable autor de la Victoria de Samotracia; y Agesandro, Polidoro y Atenodoro, miembros de la destacada escuela de estatuaria de Rodas y posibles autores del grupo escultórico conocido como “Laoconte y sus hijos”.
La acrópolis de Lindos se ubica en una elevada roca que domina el paisaje de la ciudad y desde la cual se puede observar las azules aguas del mar Egeo. Actualmente, está rodeada por las murallas del castillo de los caballeros de la orden de San Juan, levantadas en el siglo XIV d. C. Allí se conservan los restos de construcciones de época antigua, helenística y bizantina, entre las que se destacan los vestigios del templo de Atenea Lindia. El que se ve actualmente en el sitio arqueológico de Lindos fue construido en el siglo IV a. C. sobre los restos de un edificio más antiguo.[12] Se caracteriza por ser un templo anfipróstilo de orden dórico en el que se distinguen el pronaos, el opistodomos y la cela, donde se encontraban la estatua de la diosa y el tesoro. De acuerdo con el mito, el santuario habría sido fundado por Dánao y sus cincuenta hijas en su paso por Rodas, mientras huían de los cincuenta hijos de Egipto. La construcción del primer templo dedicado a Atenea Lindia se adjudica a Cleobulo [T 1].
- Crusius, Otto, “Litterargeschichtliche Parerga: Kleobuline, Kleobulos und Aisopos”, Philologus, 1896, pp. 1-5. Cfr. T 14-16.↵
- Wilamowitz, Ulrich, “Lesefrüchte”, Hermes, vol. 34, 1899, pp. 219-222. Cfr. T 9-10, 12.↵
- Buffière, Félix, Anthologie grecque. Première partie: Anthologie palatine, tome XII: livres XIII-XV, París, Les Belles Lettres, 1970, p. 82, n. 3: “es probable que ‘la hija de Cleobulo’ no sea otra cosa que la adivinanza personificada”.↵
- Bergk, Theodorus, Poetae lyrici graeci, pars II: Poetas elegiacos et iambographos continens, Leipzig, Teubner, 1866, pp. 440-441; Diehl, Ernestus, Anthologia lyrica graeca, fasc. 1: Poetae elegiaci, Leipzig, Teubner, 1949, pp. 130-131 y West, Martin, Iambi et elegi graeci ante Alexandrum cantati, vol. 2: Callinus, Mimnermus, Semonides, Solon, Tyrtaeus, Minora adespota, Nueva York, Oxford Clarendon Press, 1992 (1° ed. 1972), pp. 50-51. El mismo criterio adoptan Bernabé Pajares, Alberto y Rodríguez Somolinos, Helena, Poetisas griegas, Madrid, Ediciones Clásicas, 1994, pp. 130-131.↵
- Matelli, Elisabetta, “Sulle tracce di Cleobulina”, Aevum, vol. 71, 1997, pp. 11-61. Aunque mucho más breve, también es relevante la colección reunida por Capellà i Soler, Margalida, Poetes gregues antigues, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2004, pp. 42-45.↵
- La Olimpíada era el lapso de cuatro años que transcurría entre las competencias olímpicas. La primera tuvo lugar entre el 776 a. C., año en que se celebraron dichas competencias por primera vez, y el 773 a. C.↵
- Matelli, Elisabetta, op. cit., pp. 35-36. El término griego akmé (en latín, floruit) refiere al momento en que una persona alcanza su madurez intelectual. En las doxografías y cronologías antiguas se hace coincidir de forma arbitraria la akmé con los cuarenta años.↵
- Hesíodo, Teogonía 358, 886-900. Además, Metis era la madre de Atenea. Cuando estaba embarazada, Gea y Urano advirtieron a Zeus que, luego de dar a luz a la niña, concebiría un hijo que lo destronaría. Por esta razón, este devoró a Metis y alumbró a Atenea, gracias a un hachazo en la cabeza que le propinara Hefesto. Cfr. Detienne, Marcel y Vernant, Jean-Pierre, Les ruses de l’intelligence. La mètis des Grecs, París, Flammarion, 1974, pp. 61-74 y Grimal, Pierre, Diccionario de mitología griega y romana, trad. Francisco Payarols, Barcelona, Paidós, 2008 (1° ed. 1951), s. v. Metis.↵
- Detienne, Marcel y Vernant, Jean-Pierre, op. cit., pp. 9-10.↵
- Ibidem, p. 290.↵
- En Fedro el epigrama se cita a propósito de la crítica final de Sócrates al discurso de Lisias, en el extenso pasaje en que emprende la resignificación de la retórica y su conciliación con la filosofía. Sócrates establece que todo discurso debe asemejarse a un organismo vivo y destaca el carácter inorgánico del epigrama de Cleobulo, ya que se puede cambiar el orden de los versos sin que se altere el supuesto sentido. En opinión de Beta, Simone, Il labirinto della parola. Enigmi, oracoli e sogni nella cultura antica, Turín, Einaudi, 2016, p. 79, el epitafio de Midas escondería un enigma. Cfr. Diógenes Laercio, I 89-90 y Antología palatina VII 153.↵
- Sobre las razones de la renovación del templo de Atenea en Lindos, véase el estudio de Lippolis, Enzo, “Il santuario di Athana a Lindo”, Annuario della scuola archeologica di Atene e delle missioni italiane in Oriente, 1988-1989, vol. 48-49, pp. 97-157.↵









Reseña de El enigma de Cleobulina publicada en Ágora / Papeles de Filosofía (Universidad de Santiago de Compostela):
https://revistas.usc.gal/index.php/agora/article/download/5852/6387
Reseña publicada en Nova Tellus (UNAM):
https://revistas-filologicas.unam.mx/nouatellus/index.php/nt/article/view/909