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11 Pintura de Cleobulina en Banquete
de los siete sabios
de Plutarco

13. Plutarco, Banquete de los siete sabios 148c-e

[148c] Anacarsis estaba sentado en el pórtico y una muchacha de pie frente a él le acomodaba el pelo con las manos. Ella corrió espontáneamente hacia Tales, este la besó y sonriendo le dijo:

—Embellece al huésped para que no se nos presente a la vista temible y salvaje, a pesar de ser el más civilizado.

Después que yo [scil. Diocles] preguntara quién era la niña, respondió:

[148d] —¿No conoces a la sabia y famosa Eumetis? Su propio padre la llama así, pero la mayoría, Cleobulina, por el nombre paterno.

—Seguramente elogias la inteligencia y sabiduría de la joven para los acertijos —dijo Nilóxeno—. Pues algunos de los lanzados por ella han llegado hasta Egipto —agregó—.

—No precisamente —dijo Tales—, pues los usa algunas veces para jugar, como los astrágalos, y los lanza a quienes le salen al paso. Además, posee una asombrosa sensatez, pensamiento político y carácter filantrópico, y hace a su padre [148e] un gobernante más apacible y popular ante los ciudadanos.

—Claro —dijo Nilóxeno— eso le parece a quien observa su sencillez y simplicidad. ¿Pero por qué cuida de Anacarsis con tanta ternura?

—Porque es un varón sensato y conocedor de muchas cosas —dijo—, y le ha transmitido generosamente y con entusiasmo la dieta y la purificación que los escitas usan con los enfermos. Creo que ahora ella lo trata con respeto y se muestra amable porque aprende, de cierta manera, dialogando con él.



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