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9 La educación de Cleobulina
y su lugar entre las mujeres intelectuales de Grecia

6. Diógenes Laercio, Vidas y sentencias de los filósofos más ilustres I 91-92

[91] Cleobulo afirma que es necesario dar a las hijas en matrimonio cuando son jóvenes de edad, pero de mente madura, demostrando así que es necesario educar también a las muchachas […]. [92] Aconsejaba ejercitar bien el cuerpo; ser más amigo de la escucha que charlatán, más bien erudito que ignorante; guardar la lengua para las palabras auspiciosas; que la virtud nos sea propia y el vicio, ajeno; rehuir la injusticia; aconsejar lo mejor a la ciudad; dominar el placer; no hacer nada con violencia; educar a los hijos; poner fin a la hostilidad; no sobreprotejer a una mujer, ni pelear con ella en presencia de extraños, pues aquello es señal de estupidez, esto, de locura; no reprender a un esclavo borracho, pues esto nos hará parecer borrachos; y casarse con personas que sean del mismo estatus social, pues en caso de tomar a una de las de estatus superior, tendrás a sus parientes como jefes.[1]

7. Plutarco, Preceptos conyugales 145e[2]

Tú, Eurídice, intenta por sobre todo atender a los apotegmas de los sabios y nobles, y tener siempre en tu boca aquellas frases que recibiste de nosotros cuando eras una niña, para que regocijes al varón y seas admirada por las otras mujeres, adornada con poca cosa, de forma extraordinaria y respetable. Pues no es posible, sin gastar mucho, tomar las perlas de la mujer pudiente y los vestidos de seda de la mujer extranjera y ponérselos encima. En cambio, con los adornos de Téano, de Cleobulina, de Gorgo —mujer de Leónidas—, de Timoclea —hermana de Teágenes—, de la antigua Claudia, de Cornelia —hija de Escipión— y de cuantas fueron admiradas y famosas, con estos, es posible que vivas honrada y feliz, llevándolos como una dote y adornándote con ellos.

8. Clemente, Stromata IV 19. 122-123

[122] De Aspasia de Mileto, sobre la cual los cómicos ponen por escrito muchas cosas, se beneficiaron Sócrates para la filosofía, Pericles para la retórica. A causa de la extensión del discurso omito a las otras, ya que no cuento ni a las poetisas Corina, Telesila, Mía y Safo ni a las pintoras Irene, hija de Cratino, y Anaxandra de Nealces, [123] a las que Dídimo menciona en Simposíacos. La hija de Cleobulo, el sabio y soberano de Lindos, no se avergonzaba de lavar los pies a los extranjeros que visitaban a su padre.


  1. Cfr. Estudio preliminar, apartado 2. 3, “Selección de apotegmas”.
  2. Sobre T 7-8, cfr. Estudio preliminar, apartado 6, “Las mujeres en la historia intelectual griega” y Jerónimo, Contra Joviniano I 49.


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