El enigma de la ventosa
20. Plutarco, Banquete de los siete sabios 153e-154c
[153e] —Cleodoro, también los antiguos griegos tenían la costumbre [153f] de lanzarse unos a otros problemas de este tipo —afirmó Periando interrumpiendo—. Pues escuchamos que para los funerales de Anfidamante en Calcis se reunieron los poetas más notables entre los sabios de aquel tiempo.[1] Anfidamante era un varón hábil en la guerra y cayó en la batalla por Lelanto, luego de ofrecer muchas dificultades a los eretrios. A causa de su rivalidad, los versos compuestos por los poetas hacían difícil y problemática la decisión, y la fama de los competidores ocasionaba a quienes juzgaban una gran [154a] perplejidad, acompañada de respeto reverencial.[2] Los poetas se volvieron hacia interrogantes de este tipo y Lesques, según se dice, lanzó este:
Cuéntame, Musa, estas cosas,
las que no sucedieron antes ni sucederán en el futuro.
Hesíodo respondió improvisadamente:
Cuando alrededor de la tumba de Zeus los caballos de cascos sonantes chocaron sus carros deseosos de victoria.[3]
Se dice que por esto fue muy admirado y obtuvo el trípode.
—¿En qué [154b] se diferencia este último de los acertijos de Eumetis? —preguntó Cleodoro—. Tal vez no sea inadecuado que, mientras ella juega y teje como las demás tejen cinturoncitos y redecillas, los lance, pero que los varones que son sensatos los consideren con cierta seriedad es ridículo.
Aunque con gusto le hubiera contestado algo, Eumetis se contuvo por vergüenza, según parece, y su rostro se llenó de sonrojo. Esopo, como intentando defenderla, dijo:
—¿No sería más ridículo no poder resolverlos? Por ejemplo, el breve acertijo que nos lanzó antes de la comida:
Vi a hombre soldar con fuego bronce a hombre.
¿Podrías decir qué es esto?
—[154c] No me hace falta entenderlo —dijo Cleodoro.
—Sin embargo, nadie conoce esto más que tú —replicó— ni lo hace mejor. Si lo niegas, tengo como testigos a los sicionios.[4]
Cleodoro se echó a reír, pues hacía más uso de las ventosas que los médicos de su tiempo y gracias a él este tratamiento había obtenido fama por sobre otros.
21. Demetrio, Sobre la elocución 102
También hay que cuidarse de utilizar la alegoría continuamente, para que el discurso no se nos vuelva un enigma, como el de la ventosa medicinal:
Vi a hombre soldar con fuego bronce a hombre.[5]
22. Ateneo, Banquete de los sabios 452b-c
[452b] Muchos de los enigmas son como este:
Vi a hombre soldar con fuego bronce a hombre,
tan íntimamente soldados quedaban que se hacían consanguíneos.
[452c] Esto refiere a la aplicación de ventosas.
23. Antología palatina XIV 54
También a mí el ingenioso arte de Peán
me hizo encerrar el fuego que aún respira detrás de labios de bronce.
Mientras extraigo la oscura sangre de los miserables hombres,
a Hefesto mato encerrándolo en mi vientre.[6]
El enigma del buen ladrón
24. Anónimo, Discursos dobles § 3. 10-12
[10] Volveré sobre las técnicas, especialmente sobre los recursos técnicos de los artistas. Pues en la composición de tragedias y en la pintura quien más engaña al hacer cosas similares a las que son verdaderas, ese es el mejor. [11] Quiero traer el testimonio de los poemas más antiguos. De Cleobulina:
Vi a hombre robar y engañar violentamente
y hacer esto con violencia era lo más justo.[7]
[12] Esos versos existían hace tiempo. Estos son de Esquilo:
Del engaño justo no está lejos el dios:
hay casos en los que el dios honra el momento oportuno para las mentiras.
El enigma de la flauta
25. Plutarco, Banquete de los siete sabios 150d-f
[150d] Una vez que las mesas fueron levantadas y las coronas repartidas por Melisa, nosotros hicimos las libaciones. Después de tocar breves notas para nuestras libaciones, la flautista se retiró de en medio. Tras llamar a Anacarsis, Árdalo le preguntó si entre los escitas había flautistas:
[150e]—No —respondió aquel, tajante— y tampoco viñedos.
—Pero los escitas tienen dioses —replicó a su turno Árdalo.
—Sin duda —afirmó—, dioses que escuchan el lenguaje humano, no como los helenos, quienes pensando que argumentan mejor que los escitas, creen sin embargo que los dioses escuchan con mayor agrado los huesos y la madera.
—¡Ojalá supieras, extranjero, —agregó Esopo— que los actuales fabricantes de flautas, como han abandonado los huesos de cervatillo, se valen de los de burro y afirman que suenan mejor! Por este motivo, también Cleobulina se refirió a través de un acertijo a la flauta frigia:[8]
[150f] Con la pata y la pezuña, un burro muerto me golpeó la oreja.
De manera que nos sorprende que el burro, a pesar de ser el animal más bruto y menos armonioso, ofrezca el hueso más delicado y armonioso.
—Sin duda —afirmó Nilóxeno—, por eso los busiritas nos acusan a nosotros, los naucratitas, pues nos valemos de los huesos de burro para la flauta.[9] Sin embargo, ellos tampoco se permiten escuchar una trompeta porque, cuando suena, se parece a un burro. Y ustedes saben, presumo, que a causa de Tifón el burro es tratado con desprecio por los egipcios.[10]
El enigma del año
26. Suda, s. v. Cleobulina
Cleobulina de Lindos, hija de Cleobulo, el sabio. Escribió versos, enigmas y un acertijo que celebra el año, cuyo comienzo es: “uno el padre, doce los hijos y cada uno de ellos, treinta hijos”.
27. Diógenes Laercio, Vidas y sentencias de los filósofos más ilustres I 90-91
[90] En Las notas de Pánfila[11] hay un enigma de Cleobulo: [91] “uno el padre, doce los hijos. Para cada uno de ellos, dos veces treinta hijas, de aspecto diverso, divididas en dos grupos: unas se ven blancas; otras, por el contrario, negras. Aunque son inmortales, todas perecen”.[12] Es el año.
- Se dice que para el funeral de Anfidamante, rey de Eubea, su hijo, Ganictor, organizó un certamen que reunió a los poetas más sabios. Allí se enfrentaron Homero y Hesíodo, y ganó este último. Plutarco reemplaza la presencia de Homero por la de Lesques, un poeta autor de Pequeña Ilíada, porque no creería en la leyenda que relata el encuentro entre los dos sabios. Esta se desarrolla en un texto de época imperial conocido como Certamen de Homero y Hesíodo cuyo contenido parece haber sido tomado de Museo de Alcidamente. Cfr. West, Martin, “The Contest of Homer and Hesiod”, The Classical Quarterly, vol. 17, 1967, pp. 433-450 y Uden, James, “The Contest of Homer and Hesiod and the Ambitions of Hadrian”, The Journal of Hellenic Studies, vol. 130, 2010, pp. 121-135.↵
- Hemos traducido por “respeto reverencial” el término aidós, valor propio de las sociedades aristocráticas del mundo homérico que refiere al sentimiento de vergüenza o intimidación que se siente frente a la mirada ajena.↵
- Que haya caballos alrededor de la tumba de Zeus es algo que jamás podría suceder, dado que Zeus es inmortal.↵
- Aquí Esopo hace un chiste a partir del doble sentido del término sikýa que refiere tanto al habitante de Sición como a la ventosa. Sobre el humor de Plutarco, cfr. Estudio preliminar, apartado 2, “Cleobulina en Banquete de los siete sabios de Plutarco”.↵
- La fuente de este testimonio es el tratado Sobre la elocución, compuesto probablemente entre los siglos II y I por Demetrio de Siria, quien se formó en Alejandría y fue maestro de Cicerón en Atenas, según la hipótesis de Chiron, Pierre, Un rhéteur méconnu: Démétrios (Pseudo-Démétrios de Phalère). Essai sur les mutations de la théorie du style à l’époque hellénistique, París, Vrin, 2001, pp. 311-370. En este contexto Demetrio analiza la alegoría y, bajo la influencia de la opinión de Aristóteles, previene sobre su uso abusivo que puede volver oscura y enigmática la expresión.↵
- En este enigma hay una personificación de la ventosa que habla en primera persona. Cfr. Antología palatina XIV 54.↵
- Cfr. Aristóteles, Ética nicomaquea 1134a15-20.↵
- Sobre las armonías lidia, jónica, frigia y dórica, cfr. Platón, República III 398c-399d.↵
- Los busiritas son los habitantes de Busiris y los naucratitas, de Náucratis.↵
- Tifón era un monstruo alado, mitad hombre y mitad fiera. Su cuerpo estaba cubierto de víboras y sus dedos eran cabezas de dragón. Cuando atacó el cielo, los dioses huyeron hacia Egipto y adoptaron formas de animales. Murió cuando Zeus, persiguiéndolo, lanzó contra él el monte Etna. Cfr. Grimal, Pierre, op. cit., s. v. Tifón.↵
- Pánfila habría sido la autora de un libro sobre mujeres guerreras y del mencionado volumen de notas que recopilaría dichos de mujeres. Cfr. Hawley, Richard, “Ancient Collections of Women’s Sayings: Form and Function”, Bulletin of the Institute of Classical Studies, vol. 50, 2007, pp. 163-164.↵
- El mismo enigma es transmitido por Estobeo, I 8. 37 y Antología palatina XIV 101, fuentes que también atribuyen su autoría a Cleobulo. Las hijas de los meses son mujeres porque la palabra heméra es de género femenino. Cada mes tiene sesenta hijas, en lugar de treinta, porque en cada jornada se distinguen el día de la noche.↵








