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Introducción hacia un debate grupal

El gobierno en la perspectiva de la gubernamentalidad

GEG-UNNE

Proponemos iniciar este libro con una reelaboración de una ponencia grupal compartida en el III Workshop Internacional y VI Workshop Nacional: Estado, Gobierno y Control Social: Genealogías de la pandemia y reconfiguración del capitalismo neoliberal llevado a cabo en junio de 2022 en la ciudad de Rosario (Argentina). Para el equipo ha representado un desafío poder consensuar un modo común de presentar nuestras apuestas de varios años, expresar nuestras dudas y debilidades respecto del trabajo implicado e identificar las zonas de fortaleza comparada en relación a otros estilos de trabajo.

En orden a presentar de modo ordenado estos asuntos, nos ha parecido adecuado comenzar precisando qué entendemos por los estudios sobre formas de gobierno, o estudios en gubernamentalidad. Seguidamente, puntualizamos bajo la denominación de elementos algunos conceptos que nos parecen estructurales en esta grilla analítica, y por último nos esforzamos por singularizarla respecto de otras propuestas de análisis, pertenecientes a disciplinas variadas; movimiento sesgado, claro, por los caminos recorridos.

El estilo de escritura no remite a los modos usuales empleados, pues no apela a disquisiciones relacionales de textos consignadas en citas debidas o en apoyos esperados en otras voces. Esto no significa ninguna distancia de nuestra parte respecto de tales prácticas. Tan solo hemos creído que la exposición llana de nuestras percepciones y puntos de vista colabora de mejor modo con el objetivo que nos propusimos.

Primera Parte. Gubernamentalidad y gobierno

Esta primera parte se organiza a partir de dos preguntas que presentan de modo problemático el lugar en el que nos encontramos trabajando. Las mismas están seguidas de unas breves reflexiones que intentan presentarse como disparadores para continuar conversando.

¿Qué entendemos que hacemos bajo la denominación de estudios en gubernamentalidad?

  1. Si asumimos que el término gubernamentalidad alude a cierto estilo o modo de trabajo, nos ponemos a cierta distancia de comprenderlo como mentando un objeto específico o una temática elaborada de antemano en el campo de las ciencias sociales o naturales. Comprender la gubernamentalidad de esta manera conlleva pensarla como una actividad o perspectiva singular.
  2. Como tal, no delimita o singulariza de antemano (a priori) un campo de experiencias determinado como recorte privilegiado de la mirada. La gubernamentalidad en este sentido remite para nosotros/as a un modo de abordar las vicisitudes que atravesamos como individuos en zonas particulares de nuestra vida (laboral, sexual, ética, económica, etc.) y el modo en que tales vicisitudes están vinculadas a prescripciones de diferente escala (familiares, institucionales, gubernamentales nacionales o supranacionales, y en muchos casos en sinergia entre ellas u obstaculizándose). Esto también funciona para nosotros/as respecto al pasado.
  3. El hecho de que sea vista como un modo de trabajo no implica asociarla a una determinada metodología. Una característica de los estudios en gubernamentalidad implica lidiar con materiales de diverso orden y abordarlos en función de las inquietudes señaladas en el punto anterior. En la mayoría de los casos tratamos con documentos de géneros variados, pero asumimos que también es posible trabajar con testimonios, observaciones de espacios y prácticas u otras formas de inteligibilidad académica. Es un tema a indagar en qué medida el tratamiento de los materiales puede ser asumido por estrategias metodológicas conocidas sin que ello ponga en tensión algunos de los aspectos centrales de la grilla, como el hecho de que las prácticas históricas se dan sus propios objetos.

¿Qué relación hay entre gubernamentalidad y gobierno?

  1. Una opción es pensar que la gubernamentalidad es el modo de acceso, la perspectiva, la grilla, el modo de trabajar o acceder al fenómeno del gobierno (o a los problemas de gobierno), tal como se sostuvo en el punto anterior. En este caso, la grilla va a colaborar con la conformación del objeto gobierno, es decir, sus efectos sobre la modelización de lo que merece ser atendido adquieren la forma específica del interés plegado sobre un recorte del tipo de práctica consistente en la intervención sobre el comportamiento de individuos, cosas o procesos. Este es un punto complejo sobre el cual volveremos más adelante.
  2. Otra opción es pensar a la gubernamentalidad como una dimensión de lo real, como el dominio intelectual y técnico-material en el que una práctica de gobierno es asumida con determinados rasgos. Para esta acepción, el término gubernamentalidad no nombra un tipo de estrategia analítica, sino más bien un conjunto de elementos de la realidad que informan la práctica de gobierno. En este sentido, el sintagma estudios de gubernamentalidad remitirá a los análisis de estos dominios específicos, a diferencia del sentido asignado previamente.
  3. Parece decantarse que el estilo de trabajo, al prestar atención a los dominios históricos o presentes en los que se reflexiona sobre el ejercicio de la práctica de gobierno, interviene efectivamente en la modelización de los mismos, aunque sin poner de antemano el objeto sobre el cual tales prácticas se despliegan. En ese sentido, la categoría de gobierno pareciera ser una categoría formal, vacía, que no provee por sí misma la sustancia sobre la que se desarrolla. Es necesario remitir al dominio intelectual-práctico de la gubernamentalidad para poder visibilizar qué objeto se ha vuelto inteligible como tal en y por la práctica de gobierno en algún momento específico de la historia (cuerpos, instintos, intereses, sociedad, mercado, etc.).
  4. Esto viene a decir que la gubernamentalidad, en tanto grilla analítica o estilo de trabajo, no es una propuesta académica constructivista, en tanto que por sí misma no da forma a los objetos de los que habla (para utilizar la conocida expresión). Provee, como contrapartida, una categoría formal, respecto de la cual es el dominio histórico de realidad el que define su positividad. En síntesis, la grilla no crea su objeto de la nada, ni este se encuentra en el mundo definido de antemano a la historicidad en la que habita.
  5. Por cierto que la categoría de gobierno, junto con su posible aspecto formal, conlleva unos pocos presupuestos. En primer lugar, el gobierno no es algo que parezca darse de modo contingente pero tampoco remite a un fenómeno estructural transhistórico. Asumimos, en consecuencia, que las formas de inteligibilidad y los dominios prácticos de intervención diagramados responden a otra cosa que al azar o a la condición variable de unas mismas leyes en el tiempo. Pero para avanzar en esto resulta preciso presentar los elementos que conforman esta grilla y el modo en el que se vinculan (siempre teniendo presentes las investigaciones particulares que llevamos adelante como grupo).

Segunda Parte. Elementos

En los trabajos que venimos desarrollando como grupo durante los últimos años se conjugan intereses diversos, relativos al gobierno de sí mismos en el mundo militar, el modo en que las políticas públicas dieron cuenta de la novedad que representan los ex combatientes o veteranos de guerra, las formas en que se entrecruzan derecho, mercado y sociedad, la sociedad civil como objeto permanente de intervención y las nuevas formas de trabajo y subjetividad que emergen con el management.

A pesar de la heterogeneidad temática, existe con respecto al segundo sentido de la noción de gubernamentalidad[1] un fondo común caracterizado por dos dimensiones. La primera, relativa a las mentalities que los anglosajones subrayan en la composición del término governmentality y que pone el acento en el carácter reflexivo de los procesos de gobierno, en otras palabras, lo que Foucault denominó la “conciencia de sí del gobierno”. Esta dimensión comprende elementos distinguibles o similares según el modo en que cada uno de nosotro/as los aborda en sus propios trabajos. Nociones como pensamiento, problematización y racionalidad, que encuentran en las prácticas discursivas su medio de realización, permiten asociar los procesos de gobierno a sus instancias reflexivas. Mientras que la racionalidad alude a un orden de regularidades en el ajuste entre juicios, estrategias y objetos, la problematización remite a aquellos momentos reconstructivos producto de –o inducidos por– acontecimientos de desnaturalización o puesta en duda de lo aceptado como evidente. En relación con lo cual la noción de pensamiento podría verse definida alrededor de la puesta en inteligibilidad de un dominio de realidad en tanto que dominio de gobierno.

La segunda dimensión remite al orden de los procedimientos reglados, de las prácticas concretas, de las relaciones entre, actores humanos y no humanos bajo un esquema que organiza las redes socio-técnicas que reúnen objetos, movimientos, circuitos, traslaciones y mutaciones entre un extremo y otro. Podríamos abordar esta dimensión del término gubernamentalidad a través de nociones tales como las de técnicas y tecnologías, no sin enfrentarnos a problemas e incertidumbres que ponemos en común para continuar el diálogo. Algunos de ellos son:

¿Qué jerarquía y qué tipo de relación se puede establecer entre los elementos mencionados (racionalidades, problematizaciones, pensamiento, técnicas y tecnologías)? En la puesta en funcionamiento de la analítica, ¿qué razones dan cuenta de la elección de unos conceptos sobre otros al momento de implementar la perspectiva de la gubernamentalidad y de circunscribir un acontecimiento de gobierno?

El carácter no exhaustivo de los elementos listados tiene su razón de ser en los intereses y lugares por los que se mueven actualmente nuestras investigaciones. Los presentamos alrededor de un conjunto de preguntas que tienen por finalidad habilitar el intercambio, puesto que remite a la constitución y funcionamiento de la grilla, así como de los objetos que se integran a la misma.

Algunas cuestiones sobre la precisión conceptual

  1. Racionalidad: ¿en qué consiste la racionalidad de las prácticas de gobierno?, ¿a partir de qué instancias o elementos determinarlas y circunscribirlas?, ¿es la regularidad de las prácticas un indicador de las mismas? Si no es el caso, ¿qué otras alternativas existen?
  2. Problematización: ¿qué relación es posible trazar entre problematización y gubernamentalidad?, ¿qué denota el término?, ¿cómo comprender la afirmación foucaulteana de que una historia del pensamiento tiene por objeto las problematizaciones históricas?, ¿qué tipo de relación es posible trazar entre racionalidad y problematización?, ¿se trata de una relación sinonímica o de otro tipo?, ¿en qué medida todo esto resulta importante para aproximarse al análisis del gobierno?
  3. Pensamiento: ¿es posible afirmar que en algún sentido este tipo de trabajo posibilita una historia de formas de pensamiento? Ante una hipotética respuesta positiva, ¿qué efectos prácticos o qué tipo de miradas aspira a producir respecto del pasado y del presente?, ¿qué lugar ocupan en una historia de las formas de pensamiento las racionalidades y problematizaciones?
  4. Técnica/Tecnología: ¿de qué manera afrontar el desafío de hablar de otra cosa que de racionalidades, problematizaciones y pensamientos, sin caer en la descripción de cosas en sí, de objetos dados? Si describimos el funcionamiento de determinadas técnicas o “conjuntos tecnológicos”, ¿no debieran atenderse también las mil y una peripecias involucradas en ese funcionamiento en cada caso concreto?, ¿qué ventajas comportaría un acercamiento de esta naturaleza? Ahora bien, ¿cuál es la alternativa? ¿Es posible ver en la “racionalidad de las técnicas” (el sentido y los objetivos con los que una práctica, artefacto, institución o política pública son diseñados) un modo de comprender estas cuestiones?, ¿qué gana y qué pierde el análisis al pasar del funcionamiento efectivo al funcionamiento soñado y planificado? A su vez, ¿qué razones podríamos darnos para atender a ambos momentos? y, por el contrario, ¿no deberíamos tener cierta distancia de su funcionamiento efectivo si lo que se quiere es captar su racionalidad?

Tercera parte. Fronteras

En principio, asumimos que con los estudios en gubernamentalidad no estamos ante una disciplina o teoría que traiga en su mochila las resoluciones previas a los problemas que se plantea. Al recuperar la potencialidad de entenderlos como una perspectiva, aceptamos que tienen una serie de ganancias frente a otros modos de trabajo. La grilla, al definir y organizar el abordaje en torno a un problema por el que se ordena el material de análisis, posibilita a la vez tomar en cuenta las experiencias y el orden micro de las prácticas junto a reflexiones sobre regularidades de mediano y largo plazo. Plantea, a la vez, un cuestionamiento a análisis que dan por sentada la realidad indiscutible de los acontecimientos humanos, a las que basta observar y explicar, pero también a ciertas formas extendidas de constructivismo que terminan subordinando el análisis a los límites de la misma construcción que su propia reflexión produce.

En ese sentido, la gubernamentalidad se distancia de otras formas de producir conocimiento sobre el presente y sobre el pasado. Por un lado, de los abordajes politológicos, históricos o sociológicos que ponen el foco en los modelos o las capacidades de funcionamiento de los Estados, organizaciones, grupos, etc., –incluso los que le dan potencia explicativa a categorías como clase o “burocracias” –que, si bien poseen una interesante capacidad comparativa, suelen subsumir las prácticas a esas estructuras. Por el otro, de enfoques que tratan de resolver el dilema sujeto/objeto privilegiando los modos en que las interacciones, las experiencias, los posicionamientos impactan en los modos en que los humanos organizamos nuestro hacer. Nos referimos a las perspectivas etnográficas sobre los rostros de los procesos, que pasan desde las antropologías y las sociologías de las experiencias o las historias de las emociones, historias sociales o historias de las ideas, en donde el punto de vista del actor organiza lo que puede decirse sobre el escenario donde éste se desenvuelve.

En relación con un punto de vista filosófico o ligado a las ciencias sociales y humanas en general, este estilo de trabajo parece prescindir de la lucha por novedosos y más sutiles conceptos con los que comprender nuestra realidad. Por caso, no parece ser un asunto importante determinar la política, lo político, Estado, Economía, Sociedad, ni quiera tener una teoría del sujeto o de la subjetividad con la que “leer lo que pasa”. De lo que se trata es de indagar bajo qué sentidos de la política, el Estado, la individualidad, el mercado, etc. las personas han buscado organizar y prescribir el comportamiento de otras o de sí mismas, se han movilizado y organizado. Existe, en este punto, una suerte de principio de simetría. El mundo no académico no espera que la academia le brinde una definición de Estado, de persona o de mercado, para desarrollar determinadas instituciones o encauzar de tal modo algunos comportamientos. Es cierto que los saberes expertos tienen una función relevante en esto, pero aquí nos referimos al papel de las ciencias sociales y humanas en su carácter de agentes comprensivos del mundo. Estas, por lo general, han duplicado el sistema categorial con el que los individuos se mueven y lo mueven. Esto no supone afrontar la vía alternativa de la recuperación de la voz de los sujetos históricos. En consecuencia, es entre la duplicación categorial y la visibilización de una suerte de voz en sí que la historia de las formas de pensamiento en relación con la práctica de gobierno pareciera encontrar su lugar.

Por último, la cuestión del pensamiento también parece estar a cierta distancia en este tipo de trabajo de la historia de las ideas, la historia conceptual, la historia intelectual o la historia del conocimiento. Quizá las distancias deberían evaluarse para cada caso (cuestión que lo podemos debatir aquí), pero algunos asuntos importantes seguramente podrían ser los siguientes: a) el estatus del lenguaje o del discurso; b) la relación que hay con las experiencias históricas; c) el modo en que pensamos la relación pasado-presente; y d) el modo de comprender el hecho de que, en las prácticas, las técnicas, etc., habite un tipo de racionalidad específica.

Qué esperar de este libro

Como se desprende de este escrito introductorio, una característica del grupo que asume el papel de autor colectivo de este libro es la intersección creada en base a discusiones teórico-conceptuales antes que objetuales o disciplinares. En ese sentido, su contenido responde a esa “tradición” y sus capítulos atraviesan desde lecturas inmanentes a una serie de escritos de Michel Foucault, pasando por la posibilidad de constituir una apuesta teórico-metodológica autónoma, hasta la potencia del par gobierno/problematización para dibujar y dar cuenta de objetos específicos. En ese sentido, y a diferencia del anterior (El gobierno como problema. Objetos y abordajes en clave de gubernamentalidad) no dividiremos este libro en secciones o partes, pero su orden responde a unos diálogos que alternan entre intereses personales de cada autor/a y discusiones grupales que nos movilizan hace una década.

Por estas razones, los dos primeros capítulos elaborados por Guillermo Vega y Marilina Del Valle, dialogan en torno a cómo pensar un posible método analítico en una serie de textos de Michel Foucault de fines de la década del 1970, girando en torno a un racimo de conceptos (problematización, problema, eventualización, acontecimiento, veridicción, pensamiento, etc.) y que le han dado horas de debate a este grupo. El capítulo de Aldo Avellaneda muestra un intento de madurar lo que el autor –siguiendo algunas propuestas del propio Foucault– llama una historia de las formas de pensamiento que dialogan con, pero distanciándose de, otras perspectivas que se las han visto con ideas, conceptos o culturas y sus historias. Finalmente, las propuestas de Joaquín Bartlett y Daniel Chao se preguntan por esos objetos que se dibujan desde la grilla, y desde la interacción entre nociones como gobierno, gubernamentalidad, problematización y sus “formas” en torno a lo estatal y el Estado, o a modelos de sujeto autorrealizado y “coucheados” dentro de un tipo de racionalidad. Finalmente, el libro contiene la traducción de una entrevista realizada por Martina Tazzioli y William Walters a Colin Gordon, una referencia en los estudios angloparlantes en gubernamentalidad. El material fue amablemente cedido por el autor para esta compilación y su contenido nos permite revisar, desde las respuestas de Gordon, algunos elementos fundamentales de los estudios en gubernamentalidad y su actualidad. En definitiva, quienes tengan acceso a este libro se encontrarán con apuestas que son individuales y colectivas, académicas y políticas, y que dan cuenta de la continuidad de una perspectiva que no deja de preguntarse por los caminos bifurcados del presente.


  1. La gubernamentalidad no en tanto grilla o perspectiva analítica, sino como cierto “orden de lo real”, caracterizado por la reflexión sobre las prácticas de gobierno y las prácticas mismas (aludimos a ello como “dominio intelectual y técnico-material”).


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