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3 Disciplinar a la salvaje

La imagen del cuerpo femenino

La historia del arte es una historia cargada de olvidos, selecciones y rechazos, tanto de obras como de personas que, para la institución Arte, parecen no merecer formar parte de su tradición. Hoy, gracias a las nuevas interpretaciones feministas sobre el arte podemos abordar la temática del cuerpo femenino desde una perspectiva de género que problematiza y desnaturaliza aquella mirada canónica que ubica al desnudo femenino como la base sobre la que se edificó la figura de la mujer en la historia del arte occidental.[1]

En los siglos XIX y XX, el cuerpo femenino ha sido objeto de exhibición y recreación para la mirada de los hombres[2]. “Así lo demuestran los cuadros de pintura al óleo donde la atención de la mujer en general se dirige afuera del cuadro, hacia aquel que se considera su auténtico amante: el espectador propietario(Berger, 2002, p. 65).

Cuando el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) inauguró, en 2015, “La seducción fatal, imaginarios eróticos del siglo S XIX, abrió un punto inflexivo en su historia. Por primera vez, el museo planteaba una reflexión crítica acerca de la mirada del arte sobre el cuerpo femenino, y el lugar del Museo como institución que reproduce y transmite esa cultura[3].

La muestra consistía en la selección de imágenes producidas mediante la técnica de grabado, pintura y, presentaba como novedad, fotografías del siglo XIX hasta el fin de la Primera Guerra Mundial. También era la primera vez que la técnica fotográfica se incluía en este tipo de exhibiciones; al respecto, la curadora de la muestra e investigadora de arte argentina, Laura Malosetti Costa, cuenta las razones que la llevaron a tomar esa decisión: “hasta el advenimiento, en 1839, del daguerrotipo, ningún ser humano había visto el cuerpo desnudo y absolutamente real de una mujer plasmada en una imagen” (Malosetti Costa, L. , p. 19).

La inclusión de fotografías fue un gesto osado y necesario para una muestra de este tipo. Osado porque, para el mundo del arte, la fotografía siempre ha sido un problema y un arte menor en comparación con el “gran arte”, que es la pintura. Necesario, porque de esa manera pone a dialogar imágenes entre sí sin distinción de técnica ni año de creación. Al exhibir las distintas representaciones de cuerpos femeninos juntas en un mismo espacio y tiempo, permite al espectador observar las “persistencias” del género desnudo en las imágenes a lo largo de la historia; y de esa manera,  habilita el pensar con ellas. De la muestra nos interesa recalcar el estereotipo de belleza que se manifiesta a partir del análisis de su conjunto de imágenes. La curadora de la muestra explica que en estas obras se puede observar la presencia y aparición de cuerpos de mujeres blancas, desnudas y sin vello, como expresiones naturales de lo que se consideraba la belleza en un contexto social donde la mayoría de la población en Argentina era mestiza. Un estereotipo que, en realidad, fue (y es) la expresión idealizada de una elite europeizante que buscaba imponer los parámetros del cuerpo occidental en la Argentina:

“Son obras que invitan a reflexionar sobre el gusto predominante en las colecciones argentinas que procuraba instalar en Buenos Aires los hábitos y gustos de una modernidad urbana europeizada pero también un nuevo disciplinamiento de los cuerpos, del deseo y de las relaciones de género. Cuerpos delgados, depilados, blancos, idealizados (el destacado es mío), se ofrecieron desde entonces a los visitantes del Museo Nacional como ejemplos de belleza y de alta cultura. Esto parece algo natural. Pero no lo es” (Malosetti Costa, L. , p. 18).

Si ya en los comienzos de la historia del arte argentino vemos promover las características –digámoslas una vez más- de cuerpos jóvenes, delgados, depilados y blancos como parte de un ideal de belleza femenino europeizado, cuando vemos las mujeres de las imágenes publicitarias del siglo XXI, ¿podemos decir que existe un antecedente ético y estético que no ha perdido vigencia? ¿Existe alguna correspondencia entre el arte y la publicidad en relación a la imagen del cuerpo femenino?

Lydia, joven desnuda sobre sofá

Lydia

Fotógrafo sin identificar. Gelatina de plata (cerca 1915). Colección Abel Alexander.

Antes de intentar responder esa pregunta, retomaremos las palabras de John Berger, ensayista y pensador de la imagen quien, a comienzos de los años 70, ya planteaba en “Modos de Ver”, una recopilación de ensayos de distintos autores en torno a la imagen, las relaciones entre el capitalismo, el arte y la publicidad. Casi 50 años después, sigue siendo un material indispensable y potente para pensar cómo afecta la publicidad a nuestra manera de interpretar lo social.

“A diferencia de lo que se cree, la publicidad no es la decadencia del arte, sino su última forma moribunda. Su importancia radica en ser la vida del capitalismo: sin publicidad el capitalismo no podría sobrevivir, y al mismo tiempo es su dueño” (Berger, p. 169).

En tan breves líneas, Berger explica que el capitalismo depende de la publicidad para mantener las estructuras de poder establecidas que le dan forma y sustento; por eso puede decir que detrás de toda publicidad solo hay un mensaje: la venta. Ahora bien, para que la publicidad sea creíble, necesita del arte y, en particular, de la pintura al óleo para legitimar su discurso y obtener de ella su autoridad (2002). Si volvemos a mirar el daguerrotipo donde aparece una mujer acostada que posa desnuda mientras mira a la cámara, encontraremos similitud con muchas publicadas en la actualidad en revistas como  Playboy[4], donde vemos que tanto una como otra, en ambos casos los desnudos se sustentan por un mismo código, el del arte.

La pintura al óleo no es simplemente una técnica, sino que define una forma de arte, una forma que presenta a la mujer como un género distinto al del hombre, aunque no lo sea (Berger, 2002, p. 94).

Considerar a la mujer como un género distinto fue lo que permitió a la historia del arte mostrar y a la vez construir la imagen de la mujer como sumisa, débil, pura, simple objeto de deseo, pero nunca deseante. “La diferencia entre lo femenino y lo masculino en el arte es lo que Berger (p. 55) sintetiza en ‘los hombres actúan y las mujeres aparecen’; es decir, para esta forma de arte, la mujer es una visión, un objeto para satisfacer la mirada de los hombres”.

Entonces, podemos ver que ambas historias, la del arte y la de la imagen de la mujer occidental, convergen en un mismo punto, el de constituir a la mujer como “visión” para satisfacer la mirada de los hombres que representan el “espectador propietario”. Este proceso no ha sido ajeno a la fotografía, en tanto que la cámara brinda la posibilidad de convertir el mundo en imagen, objetivarlo, coleccionarlo y asirlo (Sontag, 2005). Desde este punto de vista, entendemos que la fotografía publicitaria se ha montado sobre este discurso y reforzado la idea del cuerpo femenino como objeto a disposición que también es un espectador propietario (Berger, p. 74).

Recapitulando, si ya sabemos que el capital necesita de la publicidad para reproducir su sistema, nos resta entender por qué -después de tantos años- la publicidad necesita seguir construyendo un estereotipo de belleza que mantenga a lo femenino como visión, como objeto a disposición al cual poder adaptar, reducir y, violentar de ser necesario. En suma, necesitamos comprender cuáles son los intereses a los que responde y reproduce la publicidad hoy.


  1. Sobre el tema del desnudo y la desnudez cfr.“Desnudez”, de Giorgio Agamben, “Modos de Ver” de Berger y “Antropología del cuerpo y la modernidad” de David Le Breton.
  2. “Conviene señalar que en otras tradiciones no europeas – el arte hindú, el arte persa, el arte africano, el arte precolombino – la desnudez nunca es supina de este modo. Y si el tema de alguna obra es a la atracción sexual, lo más probable es que muestre un amor sexual activo entre dos personas, la mujer tan activa como el hombre, las acciones de uno absorbiendo al otro” (Berger, 2002, p. 61).
  3. “Era ya hora, en esta segunda década del siglo XXI, una mirada crítica donde se intersectan el género pictórico y la cuestión de género sobre este periodo del arte argentino“ Marcela Cardillo, Directora Ejecutiva del MNBA (Malosetti Costa, p. 11).
  4. 2 Por ejemplo, en la edición N 32 año 2008 de la Revista Playboy Argentina, encontramos una foto de Silvina Luna, modelo salida de un reality show de Argentina, en una pose similiar a la del daguerrotipo


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