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11 Reflexiones sobre Alicia

Mandrut, C. Fotografía analógica. (2002), CABA, Buenos Aires.

Comencé este trabajo con la intención de hacer un ensayo fotográfico sobre la imagen “real” de la mujer en la sociedad y terminó siendo una aproximación estética y ética sobre la sombra y la política de la imagen de la mujer y lo femenino. Un híbrido entre la palabra y la imagen, entre lo teórico y lo estético, entre lo personal y lo social: La imagen es como un portal que permea distintos mundos.

En lo que a mí refiere: miro, siento y pienso –y no necesariamente en ese orden– desde mi condición de mujer blanca, cis y de clase media, una situación de privilegio si tenemos en cuenta los parámetros que establece la sociedad actual; que tuvo acceso a la formación terciaria, a través del estudio de los oficios de joyería y fotografía; y académica, en la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires, centro político del país; y que, desde pequeña se adentró en el maravilloso mundo de la imagen y ejerce de fotógrafa desde hace tantos otros. Por lo que se supone desarrollé habilidades y capacidades que me habilitan a pensar, analizar y deconstruir, siempre hasta un determinado punto, el discurso de la imagen publicitaria que es la forma dominante dentro del campo de la fotografía.

Al comienzo de este ensayo, uno de los primeros dilemas a resolver fue cómo hablar de imágenes sin violentarlas con palabras, pues al tratar de explicarlas reducimos su potencia, polisemia y el lenguaje simbólico que anida en ellas. Frente a esta disyuntiva, tenemos al menos dos caminos, podemos decidir no utilizar palabra alguna y hacer un ensayo netamente fotográfico, o bien aceptar el desafío que implica introducir el lenguaje escrito y posicionarnos desde un lugar crítico para con una misma. Por eso, decidí aproximarme a la fotografía desde una mirada más abarcativa que las ofrecidas por la semiótica o la técnica de la imagen. Finalmente, decidí rescatar e incluir un trabajo que había realizado hace 16 años y tenía olvidado en un cajón.

En 2002 emprendí -lo que a la luz de los años considero- mi primera declaración de principios contra la representación del cuerpo femenino en la publicidad. “Alicia y su mundo de fantasías”, fue uno los últimos trabajos que realicé para la escuela de fotografía. Cuando conocía Alicia, una mujer cercana a los 80 años, vivía en su departamento de tres ambientes cerca de la cancha de River Plate en la capital. La casa estaba decorada con todos los objetos que no había podido vender cuando tenía su negocio de antigüedades. Ella tenía un novio “bañero” en la costa de la provincia con quién se veían a menudo, muchas de las fotos que hicimos eran un regalo para él. Con Alicia quería mostrar una mujer adulta en su intimidad, empoderada, sin tabúes respecto a su cuerpo. Le propuse hacer un desnudo y acordamos hacer las fotos en ropa interior. El objetivo era mostrar que se podía mostrar un cuerpo femenino, cuya imagen no necesitaba de manipulación posterior para lucir bella porque a sus ojos –y a los míos- ya lo era.

Años después y con otras lecturas encima, empecé a cuestionarme el enfoque elegido en Alicia. ¿Era necesario exhibir un cuerpo semidesnudo para mostrar la intimidad de una mujer? ¿Desde qué lugar me posiciono en relación a la construcción del cuerpo femenino? De la misma manera si cuando pensamos en la representación de un cuerpo desnudo en una obra de arte, la primera imagen que se nos aparece es la de una figura femenina, ¿Alicia no reproducía esa mirada? ¿Existen otras zonas de la cultura que exhiben imágenes de cuerpos femeninos semidesnudos? En suma, ¿podría fotografiar lo femenino sin caer en las trampas del Arte?



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