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El Humor Hipermediático como plataforma transversal para el análisis de la contemporaneidad

Mario Carlón

La publicación de un libro de un investigador cercano, compañero de muchos años de docencia e investigación, solo puede ser motivo de alegría. Y si ese libro, además, retoma una categoría con la que uno ha intentado trabajar, como la de hipermediatización, la alegría es mayor. Ambas cosas son ciertas respecto a esta obra, de la cual, a lo largo de los años, he tenido la fortuna de escuchar segmentos a través múltiples exposiciones. Pero una cosa es escuchar una exposición, una intervención puntual, y otra es encontrarse con un texto en el que la argumentación se extiende y desarma el carácter fragmentario que posee la presentación de un caso o la distinción teórica entre algunas categorías.

El libro que el lector tiene entre sus manos o lee en una pantalla digital presenta aportes para el campo de los estudios semióticos de lo cómico y el humor que no podrán ser ignorados por aquellos que se interesen en esta temática, tanto en este momento como en los próximos años. Para esos estudios, donde la bibliografía no abunda, el libro no podrá ser soslayado porque es un acontecimiento: está escrito por Damián Fraticelli, un especialista que lleva más de una década trabajando en este tema y que ha impulsado, junto a Tomás Várnagy y Mara Burkart, este campo de estudios en América Latina; que escribió un libro fundamental para entender el apogeo y la decadencia del humor televisivo, El ocaso triunfal de los programas cómicos. De Viendo a Biondi a Peter Capusotto y sus videos[1], y que sintetiza en esta publicación sus investigaciones sobre lo cómico y el humor en una sociedad hipermediatizada, fenómeno que denomina “Humor Hipermediático”. Fraticelli lo hace en un texto en el que retoma y calibra a la luz de fenómenos actuales los aportes de la bibliografía clásica sobre lo cómico y el humor (reflexionando sobre la obra de autores internacionales como Sigmund Freud, Henri Bergson y Umberto Eco, y referentes locales como Oscar Steimberg, Tomás Várnagy y Oscar Traversa), y en el que despliega una perspectiva actualizada, que no teme enfrentar cuestiones que los estudios semióticos, a no ser que opten por algún tipo de aislamiento suicida, ya no pueden soslayar (como el hecho de que, para estudiar fenómenos contemporáneos, deben pasar de concentrarse exclusivamente en la producción del sentido, como se lo hacía en la era de los medios masivos, a hacerlo sobre su circulación).[2]

Nada de lo señalado puede estar bajo discusión. El aporte de este libro para el campo semiótico de los estudios sobre el humor es tan grande que no puede pasar inadvertido. Así, poco aporte puede hacer este prologuista si se empeña en destacar lo que Fraticelli, mejor que nadie, expone en él. Por lo tanto, la pregunta que enfrenta este autor es de qué debe tratar este prólogo.

Creo haber encontrado una respuesta posible a ese interrogante tras leer el final del libro, cuando Damián Fraticelli expresa que

las propiedades del Humor Hipermediático que se fueron describiendo a lo largo del libro […] permiten sostener que su existencia afecta al conjunto de la semiosis, razón que lo constituye en un objeto que debe ser atendido si queremos comprender las producciones de sentido de nuestras sociedades hipermediatizadas.

El comentario es revelador porque nos permite vislumbrar cuáles fueron los principales objetivos que el autor se propuso: demostrar la existencia del Humor Hipermediático, evidenciar que afecta al “conjunto de la semiosis” (porque no hay tema que este humor no trate) y mostrar que debe “ser atendido”. Al leerlo comprendí que había encontrado cuál podía ser mi aporte, cuál era la tarea que debía intentar: sumar mis argumentos y explicar por qué estoy de acuerdo con su conclusión. Lo curioso, puede decirse, es que, al realizarla, aconteció algo que muchas veces sucede con la escritura; me di cuenta de que Fraticelli no solo logró lo que se propuso, sino que hizo algo más: un aporte al estudio de lo contemporáneo. ¿Cuál? No lo voy a revelar todavía, lector, tendrás que llegar hasta el final.

Ayuda a comprender el aporte al estudio de lo reidero mediatizado de este nuevo libro de Damián Fraticelli atender a sus continuidades y discontinuidades con el anterior, el ya citado El ocaso triunfal de los programas cómicos. De Viendo a Biondi a Peter Capusotto y sus videos, que es resultado de su tesis de doctorado. En esa obra, en la que cuenta la historia y decadencia de los programas cómicos televisivos en la Argentina, fenómeno que no puede disociarse del proceso “fin” de la televisión, Fraticelli establece una periodización que distingue, basándose en un análisis enunciativo, al humor clásico del moderno y el posmoderno. En este presente libro, realiza una modificación, porque introduce una nueva etapa, posmassmediática, el Humor Hipermediático. Pero, otra vez, mantiene la consideración de tres grandes momentos: el Humor Mediático, el mediatizado y el hipermediatizado.

Antes de concentrarnos en la pregunta evidente que es a qué se debe el cambio, podemos formularnos la siguiente: ¿refuta esta nueva periodización, en la que es evidente que la “mediatización” ocupa un lugar central, su trabajo anterior, que distinguía un humor clásico, otro moderno y, finalmente, otro posmoderno en la historia de la televisión? Desde mi punto de vista, no. No hay análisis más sofisticado sobre la historia del humor televisivo en la Argentina que el que despliega en El ocaso triunfal de los programas cómicos. De Viendo a Biondi a Peter Capusotto y sus videos. La distinción entre esos tres tipos es lógica si se considera que circunscribir rasgos del humor posmoderno era un objetivo principal. Por eso, entre dos desarrollos de la misma época, terminológicamente tuvo que optar por llamar “posmoderno” a uno y “moderno” al otro. Y decidió denominar “posmoderno” a aquel que ponía en juego mayores operaciones a nivel de los lenguajes (Fraticelli dice “estilos dentro de lenguajes”), es decir, al que despliega procedimientos con muchos rasgos posmodernos en la especificidad televisiva debido a que “se desarrolla expandiendo en los programas la parodia y las mixturas de géneros y estilos televisivos y, también, de otras producciones culturales”). Podríamos concluir, aunque indudablemente es una reducción, que es el que presenta vínculos más estrechos con el famoso “pastiche” posmoderno.

Pero hay algo más, porque también puede decirse que lo que su nueva conceptualización muestra, ante todo, son las consecuencias de trabajar, como nos ha tocado hacerlo, en el final de una época y el comienzo de otra. Por eso, si hoy podemos pensar –es una hipótesis, no pretende ser más que eso– que los momentos que denomina “humor moderno”, “posmoderno” y “metatelevisión”, que se desarrollaron en el período que actualmente considera de “Humor Mediatizado”, fueron tres rostros de la posmodernidad televisiva, no es porque su opción anterior haya sido incorrecta, sino porque nos encontramos en otro momento histórico. Y, como se sabe, con el diario del lunes, todos nos vemos obligados a recalibrar. Pero ese posible reajuste no le quita de ningún modo méritos a su clasificación precedente. En realidad, somos muy afortunados de que Fraticelli no abandonó el proyecto de publicar su libro sobre el ascenso y la caída del humor televisivo –un objeto que desapareció en el aire, al igual que las audiencias de la televisión masiva–, porque en él da cuenta con rigor de una época compleja y diversa, sobre la cual deberemos seguir reflexionando para comprender mejor la actual, dado que muchos recursos de ese humor regresan apropiados y resignificados por los humoristas contemporáneos, tanto profesionales como amateurs. Es algo que no debemos olvidar porque aquí aplica una máxima que conocemos bien: solo si logramos captar mejor la diferencia con el momento anterior, estaremos en condiciones de comprender nuestra contemporaneidad.

La segunda pregunta que nos podemos hacer, ahora sí, es qué ha cambiado. ¿Por qué Fraticelli nos propone una nueva clasificación? ¿Acaso descubrió ahora la dimensión mediática, como nos sugiere el ordenamiento que distingue un Humor Mediático de otro mediatizado y, finalmente, de uno hipermediatizado? Sin dudas, no. Porque la atención a la dimensión mediática y, más precisamente, a la enunciación mediática ocupaba ya un lugar muy importante en El ocaso triunfal de los programas cómicos. De hecho, creo que es uno de los grandes méritos de su investigación debido a que la mayor parte de las corrientes de los estudios sobre comunicación desde el surgimiento de los medios masivos en la modernidad soslayaron esta dimensión (esta misma carencia se presenta, según Fraticelli, en el campo de los análisis sobre el humor). ¿Estoy exagerando? Entiendo que no. Para demostrarlo, recordemos una anécdota que nos recuerda por qué el análisis de la dimensión mediática no es “natural” en el campo de las ciencias sociales y que ese proceso no comenzó hoy.

En la presentación del libro Las políticas de los internautas. Nuevas formas de participación, mientras exponía oralmente el prólogo que había escrito para ese volumen, “La mediatización, ayer y hoy”, Eliseo Verón expresó a través de una figuración poco común en su discurso que, en la modernidad, las ciencias sociales crearon objetos “marcianos”. Esto se debe, según su apreciación, a que, en la época en la que las ciencias sociales se desarrollaron, a partir del siglo xix, pese a que a la vez se estaba organizando el sistema de medios masivos, construyeron sus objetos de estudio sin considerar su dimensión mediática: el homo economicus, la acción social orientada, el homo politicus, la cultura, etcétera. Aún hoy muchas perspectivas y análisis siguen sin brindarles un lugar específico a los medios en sus investigaciones, así que no viene mal recordar esta situación.

Pero entonces, otra vez, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué ahora Fraticelli destaca tanto la dimensión mediática en su categorización? Solo podemos comprender lo que ha cambiado si atendemos a que no son exactamente lo mismo la dimensión mediática y la mediatización. El campo de los actuales estudios de la corriente “latina” de las mediatizaciones incluye, al menos desde sus antecedentes “modernos” a cargo de Christian Metz, el gran semiólogo del cine en cuya obra se inspiró Verón, la consideración de la dimensión mediática. Y en el libro de Fraticelli, el lector se encontrará con una fuerte demostración de lo que se está expresando. Pero, a la vez, los estudios sobre mediatizaciones –y ahora hago referencia explícitamente a la corriente latina fundada por Eliseo Verón en la posmodernidad, cuando se refirió a sociedades mediáticas y mediatizadas, y a la “nórdica”– han ido determinando en estos últimos años su objeto de estudio con cada vez mayor precisión, indicando que la mediatización es un proceso de gran escala que afecta progresivamente a toda la vida social. Tomar consciencia de la existencia de ese proceso ha tenido importantes consecuencias en quienes nos abocamos a estos estudios y, por supuesto, también en Damián Fraticelli.

La consolidación de este campo de estudios ha tenido, como puede leerse en el análisis comparativo de los dos libros, como mínimo, dos grandes efectos en la obra de Damián Fraticelli. Por un lado, lo ha empujado a ajustar su periodización, que ahora se organiza en función de la mediatización: hubo un período de humor “mediático”, seguido de otro “mediatizado”, y ahora, finalmente, nos encontramos en uno “hipermediatizado”. Por otro lado, lo ha llevado a sobrepasar el análisis en producción que se ocupa de dar cuenta de la especificidad mediática/discursiva de lo reidero (análisis de programas cómicos en un medio de comunicación como la televisión a partir del análisis estilístico y enunciativo; análisis de la enunciación a través de un dispositivo conceptual que prescinde de toda pregunta sobre las relaciones entre “texto” y “autor”; análisis de la interdiscursividad en producción como biblia que se agota en sí misma, etcétera), a focalizar el reconocimiento y, más allá, los nuevos circuitos de circulación. Una dimensión que constituye, como señaló el gran experto en Charles Sanders Peirce, Fernando Andacht, el principal aporte que el semiólogo argentino realizó al campo de los estudios sobre el sentido. Así, Fraticelli pasó en este libro a atender a la circulación hipermediática y a la hipermediatización, es decir, a procesos que afectan prácticamente a todas las manifestaciones de la vida social. Y, por lo tanto, a ocuparse de las múltiples formas en que se despliega el sentido, de las redes sociales a los medios masivos y a las redes de mensajería instantánea como WhatsApp (y viceversa).

Entonces veamos ahora con más detalle cómo aparece la mediatización en su nuevo libro. Al finalizar el segundo apartado del segundo capítulo, luego de haber identificado la importancia de la dimensión de la mediatización para estudiar lo reidero, deja claro que espera haber demostrado que, “cuando se analizan videos o memes descontextualizados, no se está estudiando lo reidero en las redes, sino describiendo procedimientos textuales sin asidero en la vida social”. Para Fraticelli, dejar de lado la mediatización implica pensar que el humor que estudian los autores clásicos es el mismo que el de la época en que vivimos. Por eso se ocupa en demostrar que, si bien las categorías clásicas son útiles para estudiar el despliegue actual – y ahí se encuentra una de las grandes diferencias entre su análisis y el que realizan otros enfoques–, no son suficientes con su focalización. Porque las categorías del estudio del humor, aunque muchas de ellas se hayan originado en la Antigüedad, no son metahistóricas, en el sentido en que Umberto Eco consideraba en Apostillas a El nombre de la rosa que podía serlo el manierismo –cuando se refería a una kunstwollen de época que permitía pensar a la posmodernidad–, sino que deben conceptualizarse en su especificidad epocal.

Pasemos ahora a considerar al Humor Hipermediático y a retomar lo expresado por Fraticelli en su conclusión, cuando argumenta que este afecta al conjunto de la semiosis y que debe ser atendido si se pretende comprender nuestras sociedades contemporáneas. Empecemos por el ángulo que necesitamos adoptar para situar su aporte. Hay, según señala Jean Marie Schaeffer en El fin de la excepción humana (2009 [2007]), dos grandes enfoques de estudio. El primero se apoya en algún tipo de concepción del sujeto y construye un modo de conocimiento en primera persona. El segundo es propio de las ciencias naturales y sociales y se caracteriza por una construcción del conocimiento en “tercera persona”. Un enfoque de este tipo, desde mi punto de vista, nos permite vislumbrar lo contemporáneo a través de una serie de “portales” íntimamente conectados entre sí que nos habilitan a circunscribir y conceptualizar transformaciones profundas de la semiosis o de la red de circulación del sentido en la que nos encontramos inscriptos.

Señalo rápidamente tres características de esa transformación que en este libro se consideran tanto en el análisis de casos particulares, como en su formulación general:

  1. que nuestra red se encuentra hipermediatizada, es decir, que, desde el “fin” de los medios masivos (como diagnóstico), ha dejado atrás su estatuto de sociedad mediatizada (posmoderna) para pasar a estar estratificada producto de la existencia de diferentes sistemas mediáticos;
  2. que posee nuevas formas de circulación del sentido habilitadas por su hipermediatización (que son intra e intersistémicas); y
  3. que es producto de la acción de múltiples actores/enunciadores; aquí hay que distinguir individuos y colectivos (orgánicos) de medios e instituciones (no orgánicos), y de fakes, trolls y, por supuesto, no humanos, como los bots.

¿Cuál es la característica principal de estas transformaciones que podemos considerar “portales” para comprender la contemporaneidad? Que son transversales, es decir, que no hay “campo social” o “mundo” que no se encuentre afectado por ellas. ¿Qué es el Humor Hipermediático, tal como puede interpretarse de la exposición de Fraticelli? Una específica articulación entre lo reidero, que es un marco metacomunicativo, y la hipermediatización. ¿Por qué es tan relevante? Porque la articulación de estos dos metaprocesos afecta de modo amplio la semiosis y adquiere formas específicas en nuestra contemporaneidad.

Es en este punto en el que nos damos cuenta de que el análisis de Fraticelli nos permite observar con mucha precisión cómo se produce en su campo de estudios el pasaje de la modernidad/posmodernidad a la contemporaneidad. Este es otro de los motivos por los cuales puede afirmarse que sus aportes van más allá de la perspectiva en su estatuto canónico, tradicional, y que deben ser especialmente atendidos no solo por los estudios semióticos, de la mediatización o del humor, sino por todo tipo de perspectivas de investigación social.

Ahora bien, lo interesante es que Fraticelli no se limita a enunciar sus tesis, sino que se ocupa de demostrarlas a través del estudio de casos emplazados en distintos “mundos” o campos sociales de desempeño contemporáneos. Se observa claramente lo que estamos señalando cuando se atiende a uno de los tantos aportes que realiza en este libro, que es cuando circunscribe como característica del Humor Hipermediático la “diversidad que le brinda tanto la emergencia de nuevos géneros y formatos, como el retorno del humor negro y satírico”. En este terreno sus estudios sobre la burla y la sátira contemporánea no pueden ser más actuales, porque, si el análisis de la sátira nos lleva, como observa, hacia los discursos de odio, el de la burla nos conduce hacia el cyberbullying. Veámoslo con cierto detalle.

Respecto de la burla, género cómico que consiste en ridiculizar a alguien con objeto de provocar risa, Fraticelli recuerda que es conocida desde la Antigüedad y que gozó de muy buena salud en la Edad Media, hasta que comenzó a ser cuestionada a principios del siglo xvii, cuando inició la decadencia de las bufonerías de la corte y el carnaval. Proceso que se consagró cuando una “nueva regulación de lo reidero” se instaló en el sistema de medios masivos que emergió entre el siglo xix y el xx. Entonces, con un sistema de censuras y autocensuras que afectaron a todos los actores/enunciadores sociales, se controló la burla y su despiadada crueldad. Pero en nuestra contemporaneidad, tras la emergencia de nuevos sistemas mediáticos y formas de circulación del sentido, la burla regresó. Con una novedad que destaca Fraticelli: la producción discursiva no institucionalizada ni regulada a gran escala a través de redes sociales mediáticas como Facebook, Twitter, TikTok y, sobre todo, WhatsApp. Por lo cual debe tomarse nota de que esta expansión de la burla apoyada en la mediatización en la que el humor estaba regulado por las instituciones no es un rasgo menor, sino constitutivo de la contemporaneidad que la diferencia de la posmodernidad.[3]

En lo que hace a la sátira política, una operación que radica en que “el enunciador se alía al enunciatario con el fin de ridiculizar y criticar la moral y las prácticas de los políticos”, la investigación de Fraticelli pone en evidencia por qué hoy no solo es clave analizar la circulación, sino también distinguir actores/enunciadores auténticos de otros como fakes, bots y trolls y seguir su devenir en análisis diacrónicos.[4] Su investigación muestra que, cuando se develó el estatuto del actor/enunciador administrador del medio de comunicación Dra. Pignata, que había adquirido cierta celebridad en Twitter debido a sus provocaciones, cambiaron tanto el régimen de lo cómico por el cual esa cuenta se había instalado, como su valoración social. En este caso el análisis de Fraticelli es revelador porque además señala que, durante el período en que era “una incógnita el propietario de la cuenta”, se potenciaba “la polisemia y ambigüedad”, mientras que, cuando se produjo la develación de la identidad que se escondía detrás del fake, se establecieron un conjunto de transformaciones, entre las cuales una muy significativa fue el cambio de lo “risible a lo político”. Este pasaje provocó que “en reconocimiento la interpretación cómica compitiera con la cínica al identificar a la Dra. Pignata como un enunciador macrista que se burlaba cruelmente de sus oponentes políticos” y “también de las minorías, los derechos humanos, etc.”. Además, en este caso, sucedió algo muy interesante: Hernán Lombardi, quien fue señalado como el empleador del titular del medio de comunicación, se refugió en la vigencia del derecho a la libertad de expresión.[5]

Un derecho que seguramente no estoy aprovechando al máximo en esta breve, incompleta y esquemática presentación. Porque los aportes realizados por Fraticelli son muchos más que aquellos a los que he hecho referencia y porque ameritan, sin dudas, una reflexión mucho más extensa y profunda que la que aquí puedo desarrollar. Así sucede, por ejemplo, con su pertinente análisis sobre los memes, que trascienden el inmanentismo, y con sus proposiciones sobre los colectivos hipermediáticos, de los cuales indica que carecen de regulación. Es decir, porque el libro invita al desarrollo de una conversación que seguramente en otra oportunidad (quizás en la presentación, que esperemos no tarde en llegar) espero pueda continuar con Damián… ¡y con el lector!

Para cerrar, y para cumplir con una promesa realizada algunas páginas atrás, me gustaría destacar que Fraticelli logró demostrar en esta obra lo que se proponía, que es la existencia del Humor Hipermediático y, por lo tanto, la necesidad de su focalización. Es decir, la importancia de sumarlo a las categorías que se deben tener en cuenta para el análisis de lo contemporáneo. Pero quiero remarcar también que, a la vez, realizó otra tarea muy importante, que es sentar un nuevo cimiento para demostrar la existencia misma de lo contemporáneo, una categoría en incesante expansión, pero aún tan insuficientemente consensuada como difícil de delimitar.

Bibliografía

Andacht, Fernando (2021). “Así en pandemia como en la vida: un acontecimiento en Tiranos Temblad 2021”, Revista Animus, vol. 20, n.º 43, Programa de Pós-Graduação da Universidade Federal de Santa Maria, RS, Brasil. Disponible en bit.ly/3OC4AT9.

Carlón, Mario (2020). Circulación del sentido y construcción de colectivos en una sociedad hipermediatizada. NEU: UNSL.

Carlón, Mario (2021). “Antes, durante y después. La construcción contemporánea de los acontecimientos”. Actas del iv Seminario Internacional de Investigación en Mediatizaciones y Procesos Sociales. Sao Leopoldo: Unisinos.

Carlón, Mario (2022). “¿El fin de la invisibilidad de la circulación del sentido en la mediatización contemporánea?”, Mediatizaciones, deSignis, n.° 37, coordinado por Andreas Hepp y Guillermo Olivera con la colaboración de Susan Benz, Lucrecia Escudero Chauvel y Heiko Kirschner. Rosario, UNR.

Carlón, Mario (2022). “A modo de Glosario”, Mediatizaciones, deSignis, n.° 37, coordinado por Andreas Hepp y Guillermo Olivera con la colaboración de Susan Benz, Lucrecia Escudero Chauvel y Heiko Kirschner. Rosario, UNR.

Carlón, Mario y Scolari, Carlos A. (2009). El fin de los medios masivos. El comienzo de un debate. Buenos Aires: La Crujía.

Diretoria de CISECO (2017). “Circulation turn: produção e reconhecimento em tempos de novas condições de acceso”, en Paulo César Castro (org.), A circulação discursiva entre produção e reconhecimento. Maceio: Edufal.

Fraticelli, Damián (2019). El ocaso triunfal de los programas cómicos. De Viendo a Biondi a Peter Capusotto y sus videos. Editorial Teseo.

Jenkins, Henry, Ford, Sam y Green, Joshua (2014 [2013]). “Introducción”, en Cultura da conexão. Criando valor e significado por meio da mídiapropagável. São Paulo: Aleph. Edición original en 2013: Spreadable media. Creating value and meaning in a networked culture, NYU Press.

Schaeffer, Jean Marie (2009 [2007]). El fin de la excepción humana. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Steimberg, Oscar (2000). “Naturaleza y cultura en el ocaso (triunfal) del periodismo amarillo”, Cuadernos de Información y Comunicación, n.º 5, pp. 235-240, Universidad Complutense de Madrid (España).

Verón, Eliseo (2001 [1984]). “El living y sus dobles. Arquitecturas de la pantalla chica”, en El cuerpo de las imágenes. Buenos Aires: Norma.


  1. En un claro homenaje a Oscar Steimberg, autor de “Naturaleza y cultura en el ocaso (triunfal) del periodismo amarillo”, en Cuadernos de Información y Comunicación, n.º 5, 2000, pp. 235-240, Universidad Complutense de Madrid (España).
  2. Es decir, asumir decididamente que vivimos en la era del circulation turn, tal como se debatió en los dos simposios dedicados por CISECO a este tema. Al respecto puede consultarse: Diretoría de CISECO (2017). “Circulation turn: produção e reconhecimento em tempos de novas condições de acceso”, en A circulação discursiva entre produção e reconhecimento, Paulo César Castro (org.). Maceio: Edufal.
  3. Esto sucede también porque lo reidero, como señala, no posee ninguna cualidad política transhistórica en sí misma, es decir, esencial: puede estar vinculado a las vanguardias y ser campo de exploración (humor vanguardista), pero, también, puede ser conservador y reforzar verosímiles de colectivos y mayorías, como lo había señalado Eco con respecto a lo cómico.
  4. Los actores/enunciadores auténticos son aquellos que, por un lado, “dicen ser” en las redes quienes “dicen ser” en el offline (no solo lo dicen ellos, sino también el Estado), y, por otro, son reconocidos en ese estatuto por otros enunciadores que los reconocen en la circulación, es decir, a través de encadenamientos de operaciones de producción/reconocimiento. Este estatuto se ve reforzado en los medios cuando la red social mediática establece una verificación de la cuenta.
  5. Desde mi punto de vista, los resultados de este análisis pueden vincularse con los que obtuve en la investigación sobre de la circulación de los discursos publicados por otro medio fake (anónimo), Chicas Bondi, cuyas fotografías publicadas en las redes establecieron controversias sobre cuestiones morales, de sexo y de género. La atención comparativa de los resultados obtenidos nos muestra que, más que con “casos”, nos encontramos con “modelos de casos” reveladores de funcionamientos específicos de nuestra contemporaneidad hipermediatizada.


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