Aproximaciones a la noción de “pluriverso” en James y de “realidades múltiples” en Schutz
María Virginia Nessi y Luciana Martínez Albanesi
Es un hecho universalmente conocido que las relaciones no se detienen en ninguna parte.
Henry James (hijo)
Introducción
La lectura de William James y Alfred Schutz está adquiriendo una mayor relevancia en las ciencias sociales debido al valor heurístico de sus propuestas conceptuales, sumamente novedosas para su época y, sin dudas, también para la nuestra. En el campo tanto del pragmatismo como de la fenomenología, respectivamente, ambos pensadores dieron forma a perspectivas teóricas que muchas veces logran converger y otras veces se diferencian en fecundos debates. En gran parte, esto se debe a que Schutz ha sido un asiduo lector de James para desarrollar su propia teoría.
Por eso, este capítulo se propone, por un lado, recuperar y profundizar en algunas propuestas que aún tienen mucho para brindar a nuestra disciplina y, por el otro, trazar los puntos de influencia que posee el pragmatismo jamesiano en la fenomenología social de Alfred Schutz, tomando como indicador la contribución conceptual de “universo pluralista” de James en las nociones de “realidades múltiples” y “realidad eminente” en Schutz.
A modo de ordenamiento, presentamos tres apartados. En el primero, se desarrolla una breve contextualización de las vidas de James y Schutz supeditada a la elaboración de estas nociones. En el segundo, se ahonda en el universo pluralista de James a partir de una serie de puntos claves. En el tercero, nos concentraremos en cómo Schutz utilizó el concepto jamesiano para enriquecer la fenomenología social, mediante la formulación del concepto de “realidades múltiples”, junto a las críticas que le realiza.
Hitos biográficos académicos como escenario conceptual
En este apartado buscamos indagar sobre diferentes hitos en la vida de los autores que permiten contextualizar la emergencia de sus conceptos y el modo en que los han ido tejiendo.
Influencias en William James
William James nació en Nueva York en 1842 y vivió 69 años. De las muchas influencias que nutrieron su concepción de un universo pluralista, vamos a reparar en cuatro: su padre, el cosmopolitismo, Henry Bergson y el método pragmatista.
En primer lugar, su padre, Henry James, era teólogo y reverendo. Debido a su influencia, el hogar que compartía con su hermano, el novelista Henry James (h), solía ser permanentemente visitado por exponentes de los principales movimientos y actividades literarias de la época. Entre las tantas cavilaciones que oscilaban por la vida reflexiva de su padre, hay una que puede ser recuperada como antecedente de su perspectiva pluralista. Henry James padre pensaba que “lo material y lo mental, lo natural y lo espiritual, los seres del mundo terrestre y del universo espiritual [constituyen] una unidad” (Mills, 1968: 227). En una carta, William James escribe sobre la influencia que en él tuvo su padre diciendo que en él perduraría “el derecho a decir una palabra sobre las razones más profundas del universo” (Mills, 1968: 228).
En segundo lugar, la educación de James estuvo marcada por el cosmopolitismo. Estudió en institutos de Inglaterra, Francia, Suiza y Alemania y también se embarcó en expediciones científicas como aquella realizada a Brasil en 1864 bajo la dirección del geólogo sueco Louis Agassiz[1], investigador de la Universidad de Harvard, donde James había entrado en 1861 para graduarse como doctor en Medicina en 1869. Durante este período en que James se dedicaba formalmente al estudio científico, comenzaba a participar también en dos círculos de interés: uno de literatos humanistas y el otro científico que compartía con el padre de Charles Peirce (Mills, 1968). En las transcripciones de sus conferencias académicas[2], puede apreciarse la combinación de un lenguaje y el otro, una forma tan potente como peculiar de usar analogías y metáforas para describir conceptos y perspectivas y explicarlas de manera tal que permitiesen mostrar una mayor amplitud[3].
En tercer lugar, es importante reparar en la influencia de Bergson. Si la experiencia formativa con Agassiz había arraigado a James en la vida concreta, decidiéndolo a buscar una perspectiva alternativa a la absolutista, la potente lectura del filósofo y ganador del Premio Nobel de Literatura Henry Bergson (1859-1941) fue crucial en el descarte del método intelectualista como guía adecuada para estudiar la realidad. En las conferencias sobre el universo pluralista, James dice:
Leer sus trabajos es lo que me ha vuelto audaz. Si no hubiese leído a Bergson, probablemente estaría todavía manchando interminables páginas en privado, con la esperanza de hacer coincidir extremos que no estaban hechos para coincidir (…) es seguro que sin la confianza que me da el poder recostarme sobre la autoridad de Bergson nunca me hubiera aventurado a impulsar estas particulares miradas mías (2009 [1909]: 135).
Finalmente, la primera vez que James escuchó sobre el método pragmatista fue en palabras de Peirce durante los encuentros del club metafísico que ambos integraban[4]. Peirce representaba para James la traslación del método científico a la filosofía (Mills, 1968). De esta primera aproximación con el pragmatismo, James extrajo la “máxima pragmática” de que todo objeto se reconoce por sus efectos, sean estos inmediatos o remotos. A priori, el método no arroja resultados particulares, sino que su comprensión cabal se produce cuando se aplica a casos concretos tal como él lo hizo en sus estudios sobre religión (James, 1984 [1907]).
Para William James, el pragmatismo es un pensamiento mediador que le permite vivir ese cosmopolitismo experimentado de manera personal. El valor del pragmatismo radica en su carácter abierto, como un conjunto de puentes vinculantes[5]. Y esto calza en él, una persona de extensa movilidad y con una sensibilidad abierta “a todas las combinaciones de pensamientos y sentimientos de su época” (Mills, 1968: 236). James logró desarrollar su noción de “universo pluralista” porque conocía de diversidades, de la relatividad de la experiencia, del estilo de pensamiento en función al ámbito legítimo de aplicación.
Los itinerarios académicos de Alfred Schutz
La intersección entre el pragmatismo de William James y el pensamiento fenomenológico social de Alfred Schutz lo podemos retrotraer a un momento particular: el exilio de Alfred Schutz a Estados Unidos por el advenimiento del nazismo en Europa.
Llegado a Estados Unidos, y luego de un breve paso por Francia, Schutz continuó su trabajo como consultor legal para bancos y empezó a desenvolverse como profesor invitado en The New School for Social Research. Aquí es donde su producción académica comenzó a permear con el pensamiento pragmático y se introdujo en un nuevo mundo significativo. Para ese entonces, el espacio universitario estadounidense tenía una fuerte influencia pragmatista de la mano de Dewey, Mead y James.
Schutz no solo se basó en estos pensadores para armar sus clases, sino que también comenzó a debatirlos en vínculo con algunos conceptos de Edmund Husserl. Este filósofo ha nutrido la perspectiva teórica de Schutz ya que le ha posibilitado acercarse a la fenomenología transcendental, a la cual le ha dado un giro sociológico en cuanto fenomenología social para poder llevar a cabo el abordaje de las realidades sociales. Así, a lo largo de la obra de Schutz, nociones sobre temporalidades, mundo de vida, motivación e intersubjetividad serán puestas en escena en articulación con otros aportes teóricos.
Además de profundizar los estudios de su predecesor, la búsqueda de Schutz se orientó en darle un carácter fenomenológico a la sociología comprensiva weberiana. Aun compartiendo los postulados de la fenomenología trascendental husserliana (Wagner, 1982), fue en cierta medida sobre la base de los aportes del pragmatismo como Schutz empezó a tener una lectura crítica de su maestro. La teoría pragmática favoreció al desarrollo de la fenomenología de la realidad social, con la cual Schutz consiguió abordar científicamente la vida cotidiana.
James, su incursión en la filosofía
El debate entre racionalismo y empirismo
A principios de siglo xx, William James se preocupó por definir aquello que concebía como un universo pluralista: un mundo plural e inacabado, uno y, simultáneamente, múltiple. Un mundo ininterrumpido y reunificado, hecho de diferenciaciones, de experiencias situadas, de conexiones parciales, de novedades, historias y desarrollos. Revisando la noción jamesiana de “universo pluralista”, Savransky (2019) cree y argumenta a favor de que en esta propuesta se encuentran los elementos necesarios para prestar atención y responder, mediante investigaciones empíricas, a la pregunta “¿De qué es capaz la realidad?” (Savransky, 2019: 3).
Antes de adentrarnos en este concepto, tan abarcador como novedoso, es preciso detenernos en la controversia entre racionalismo y empirismo en la que James se hallaba inmerso al momento de formularlo. “Universo pluralista” es un concepto que surgió en respuesta a las visiones monistas que predominaban sobre la naturaleza del universo. Cuando James comenzó a involucrarse en la filosofía, el transcendentalismo era el pensamiento dominante en Cambridge (Mills, 1968), y, como vimos anteriormente, la experiencia formativa con Agassiz y luego con Bergson y Peirce lo decidieron a abandonar ese sistema de pensamiento para inclinarse por un estilo más experimental, sin por ello renunciar al rigor y a la sistematicidad científica (Mills, 1968). De este modo, la tarea que emprendió en sus conferencias de 1909 en el Manchester College fue la de volver a examinar los fundamentos acerca de la concepción de realidad y rediscutir el método empleado para hacerlo.
Ahora bien, ¿por qué era importante para James reabrir esta discusión? Porque a James le preocupaba volverse ajeno al mundo en el que vivía y así destinaba sus esfuerzos por generar una práctica científica que permitiera “recobrar un vínculo directo” (2009 [1909]: 21) con el mundo de carne y hueso, lo cual puede palparse en su constante gravitación en torno a los asuntos vitales. En Un universo pluralista (2009 [1909]: 39), puede leerse:
El pluralismo, al conjurar el absoluto, conjura al gran des-realizador de la única vida con la que nos sentimos en nuestro hogar, y redime así a la naturaleza de la realidad de su ajenidad esencial. Todo fin, razón, motivo, objeto de deseo o aversión, causa de pena o alegría que sintamos, pertenece al mundo de la multiplicidad finita, ya que solo en ese mundo ocurre realmente algo, solo allí se producen los acontecimientos.
El debate entre empirismo y racionalismo se da al interior de lo que él define como filosofías espiritualistas, las cuales, a diferencia de las materialistas, consideran que lo humano es una cualidad lo suficientemente significativa y estrechamente ligada al universo como para ser incluida en sus estudios. A su vez, el espiritualismo se subdivide en una parte más íntima y otra menos íntima. Dentro de la más íntima, encontramos dos subespecies de panteísmo[6], una monista y otra pluralista. La primera, asociada a la filosofía del absoluto, y la segunda, al empirismo radical[7], muestran dos maneras diferentes de concebir esa intimidad según los presupuestos de los que parten: mientras que el empirismo tiende a explicar el todo por las partes, la filosofía del absoluto o el racionalismo posee el hábito de explicar las partes por el todo, y esa diferencia resulta crucial en el modo de elucubrar la relación.
Ahora bien, cuando el monismo adopta una modalidad idealista, el todo se torna una mente absoluta que crea hechos parciales al pensar en ellos, tal como producimos personajes en una historia al imaginarlos o imágenes oníricas al soñarlas (James, 2009 [1909]). Si lo pensamos en términos de contenido, podemos advertir que el absoluto y el mundo poseen un contenido idéntico: “El mundo y el omni-pensador se compenetran y embeben sin dejar restos. No son más que dos nombres para el mismo material idéntico” (James, 2009 [1909]: 29). Aquí la intimidad solo reposa en los iluminados que poseen un estilo de filosofar donde el absoluto se vuelve consciente de sí (James, 2009 [1909]).
Para la filosofía del empirismo radical, corriente en la que se enmarca la propuesta de James, la suma total y absoluta de las cosas no existe porque no se experimenta. Por lo tanto, la única forma que adopta la realidad es la de un conjunto diseminado, distribuido, o unificado de forma incompleta. La intimidad, en este caso, está implicada en las experiencias finitas y entramada en la historia del mundo: “Soy un ser finito de una vez y para siempre y todas las categorías de mi simpatía están enlazadas al mundo finito como tal y a las cosas que poseen una historia” (James, 2009 [1909]: 38).
Según los racionalistas, el absoluto posee una duración eterna e inconmensurable; en cambio, para James,
el tiempo es tan real como cualquier otra cosa, y no hay nada en el universo tan grande o inmutable o eterno como para carecer de historia. El mundo que cada uno de nosotros siente de manera más íntima como su hogar es el de los seres con historias que intervienen en nuestra historia (James, 2009 [1909]: 39).
Lo que encontramos aquí es la máxima pragmática que toma la experiencia sensible como punto de partida para la formulación de objetos de estudio, y como ámbito donde las distintas hipótesis se verifican. De este modo, sean cuales fueran sus exploraciones, estamos frente a un pensador que no admite nada que no sea experimentado por alguien o algo, por más menor, extraño o marginal que sea (Lapoujade, 2021).
Detengámonos un momento en la metodología empleada por cada enfoque: el método intelectualista propio de la perspectiva racionalista y el método pragmatista que emplea James. En cuanto al primero, James señala que el intelectualismo comenzó cuando Sócrates y Platón enseñaron que aquello que nos dice lo que realmente es una cosa es su definición, lo cual, en sus derivas más abusivas, termina por convertirse en puro verbalismo improductivo. La disociación entre concepto y realidad
no es otra que la vieja historia de una práctica útil convirtiéndose primero en un método, después en un hábito y finalmente en una tiranía que rechaza el fin para el cual era usada. Los conceptos, empleados primero para hacer inteligibles a las cosas, son aferrados incluso cuando las hacen ininteligibles (James, 2009 [1909]: 138).
En este sentido, James nos recuerda la limitación de los conceptos frente a la realidad. Los conceptos son excluyentes –señalan que una cosa es una cosa y no otra– cuando, en los mínimos pulsos de la experiencia, se descubre que “algo va indisolublemente con algo más” (2009 [1909]: 161). El modo en que el racionalismo usa los conceptos no tiene otro efecto más que hacer que la naturaleza parezca irracional[8] e imposible, siendo que lo actual nunca puede ser imposible (James, 2009 [1909]).
El método pragmatista, por su parte, se libra de las interminables disputas metafísicas siguiendo las múltiples formas en que la realidad se manifiesta, es decir, trata de interpretar cada noción mediante el trazado de sus respectivas consecuencias prácticas. El método pragmatista es una actitud de orientación que parte de la pregunta “¿Qué diferencia de orden práctico supondría que fuera cierta tal noción en lugar de su contraria? Si no puede trazarse cualquier diferencia práctica, entonces las alternativas significan prácticamente la misma cosa y toda disputa es vana” (James, 1984 [1907]: 46).
En este caso, los conceptos son más bien notas tomadas por nosotros/as mismos/as a partir de la experiencia: “… lo que hacemos es embridar la realidad con nuestros sistemas conceptuales para conducirla lo mejor posible” (James, 2009 [1909]: 154). Ahora bien, no solo “la concepción es una operación que nos da material para nuevos actos de percepción” (James, 2009 [1909]: 156), sino que, además, la producción científica –y esto se podría pensar para las ciencias sociales– tiene un importante rol social: “… los conceptos no sólo nos dan verdades eternas de comparación y mapas de la posición de las cosas, sino que traen a la vida nuevos valores” (James, 2009 [1909]: 157).
La vocación empirista de James por registrar las múltiples expresiones de la realidad no lo conduciría a un coleccionismo de curiosidades. Es decir, el suyo no es un empirismo dedicado a recolectar experiencias, hechos y anécdotas alrededor del mundo con la intención de registrar todos aquellos datos aislados que se hacen presentes a los sentidos, sino que, por el contrario, al tratarse de una propuesta que sigue la corriente de la experiencia y observa las múltiples formas en que se expresa la pluralidad en la vida, terminó por comprobar que hay “mucha más conexión y unión de la que sospechábamos” (James, 1984 [1907]: 100).
Universo pluralista
Como señalamos en el apartado anterior, para la época de James, la producción de conocimiento filosófico estaba envuelta en una apasionada discusión donde se enfrentaban posturas que abogaban o bien por la unidad o bien por la variedad de lo existente. James se unió a esta controversia y cambió los términos de la discusión indicando que lo que nuestro intelecto aspira a conocer no es ni la unidad ni la variedad, sino la totalidad. Tener como horizonte de conocimiento la totalidad evita la encrucijada dualista, pues parte de una premisa diferente según la cual las diversidades de la realidad son tan importantes como sus múltiples conexiones.
Para poder figurarnos esa totalidad siendo fiel al estilo de nuestro autor, tomemos como referencia la idea de “Tierra” tal como James (2009 [1909]: 101) la interpreta de Fechner[9]:
La complejidad en la unidad es otro signo superioridad. La complejidad de toda la Tierra excede por mucho la de cualquier organismo dado que incluye en sí misma todos nuestros organismos, junto con un infinito número de cosas que nuestro organismo no consigue incluir. Aun así, ¡qué simples y macizas son las fases de su propia vida auténtica! Así como el porte total de un animal es reposado y tranquilo comparado con la agitación de sus corpúsculos de sangre, la Tierra es reposada y tranquila comparada con los animales que mantiene.
A diferencia de una interpretación abstracta –cuasi mística– de la unidad, que la adopta como un principio predeterminado, el abordaje pragmatista va a partir de las siguientes preguntas: ¿cómo puede ser uno lo que es múltiple?; ¿cómo pueden las cosas salirse de sí mismas?; ¿cómo son a la vez distintas y conectadas?; ¿cómo pueden actuar unas sobre otras?; ¿cómo ser por otras y aun así por sí mismas?; ¿cómo logran estar ausentes y presentes al mismo tiempo? (James, 2009 [1909]). A continuación, intentaremos caminar en estas direcciones.
Punto 1. La realidad existe de manera distributiva
Comencemos a responder estas preguntas desmenuzando la principal premisa jamesiana acerca de cómo es de plural la realidad. Mientras que, para la postura monista, o bien todo el universo existe en bloque de principio a fin o no hay ningún universo, la experiencia mundana y científica de James lo llevaría a postular que la realidad existe de manera distributiva. Esta distribución se produce bajo la forma de un conjunto de cadas reales que se presentan a todos en lo inmediato y en lo finito como empíricamente observables: “… el único material que tenemos a nuestra disposición para crear una imagen completa del mundo, lo proporcionan las distintas partes de ese mundo, de las cuales ya hemos tenido experiencia” (James, 2009 [1909]: 16).
De aquí se desprenden dos categorías que marcan una diferencia clave entre las perspectivas racionalistas y empiristas: para el racionalismo el universo existe bajo la forma todo, mientras que para el empirismo el universo existe bajo la forma cada. El argumento de la visión pluralista para rechazar la forma todo es que nunca se puede reunir por completo la sustancia de la realidad indiferenciada como un bloque impertérrito completo porque siempre alguna parte va a quedar afuera por más grande que sea la combinación, lo mismo que ocurre con la emergencia de sucesos novedosos (James, 2009 [1909]).
Ahora bien, si, en el paradigma de la forma todo, las partes están esencial y eternamente coimplicadas de manera que no se admite abandono de conexiones, en la forma cada, una cosa puede estar conectada a otra por intermediarios sin que exista necesariamente una conexión esencial o inmediata. La multiplicidad y el dinamismo que advienen con estas conexiones discontinuas se ligan a otra noción de este sistema de pensamiento, que es la de “relaciones externas”.
Llamar al universo “muchos” quiere decir concretamente que las diversas partes de la realidad pueden estar relacionadas externamente. En ese sentido, todo lo que se pueda pensar, por vasto o inclusivo que sea, necesariamente posee un ambiente externo del cual ese “algo” se diferencia. Por lo tanto, la relación externa es un tipo de relación que puede cambiar sin que sus términos cambien de naturaleza con ella. De esta forma, podríamos decir que, en la medida que las cosas establecen relaciones espaciales, estamos libres de imaginarlas con diferentes orígenes y, una vez allí, han confluido de manera aditiva sin perjuicio de sus naturalezas y con la suficiente indeterminación para que puedan sobrevenir todo tipo de relaciones entre sí.
La premisa monista carece de valor teórico porque no puede otorgarnos una comprensión interna sobre cómo se producen los cambios o cuáles son las causas que gobiernan su dirección. Al contrario, se trata de una visión que cierra posibilidades para conocer cómo las partes que difieren entre sí aportan sus cualidades a las diferentes totalidades que conforman. Gracias a este tipo de conjunciones, el mundo, en cuanto experimentado, se mantiene cohesionado de una manera tan variada, que para James “una filosofía de la experiencia pura debe tender en su ontología al pluralismo” (2009 [1909]: 218).
Otro de los pasos que da James a favor de la ontología pluralista consiste en legitimar la noción de “algunos”, la cual permite reparar más sensiblemente sobre el modo en que cada parte del mundo está conectada de ciertas maneras (y no de otras) con las demás. En palabras de James (2009 [1909]: 199-200):
Las cosas son unas “con” otras de muchas maneras, pero nada incluye todo o domina sobre todo. La palabra “y” va enganchada detrás de cada oración. Algo siempre se escapa. “Nunca completamente” debe decirse de los mejores intentos hechos en cualquier lado en el universo por alcanzar la omni-inclusividad. El mundo pluralista es así más como una república federal que como un imperio o un reino. No importa cuánto pueda ser recolectado, no importa cuánto pueda reportarse como presente en cualquier centro efectivo de conciencia o acción, algo más está auto-gobernado y ausente y no-reducido a la unidad.
Junto a las relaciones externas, James dirige también su atención hacia las relaciones más íntimas, de penetración y transformación. Lo importante es discriminar qué relaciones son más externas y cuáles son más íntimas. En el caso de estas últimas, para James hay que abandonar la idea de que las relaciones se establecen “entre” los términos para considerar que lo que allí ocurre es un vínculo de penetración. De este modo, la relación íntima involucra los términos fusionando sus seres entre sí. Ahora bien, ¿cuál sería una forma de saber cómo esos términos se tornan uno? Estudiando las actividades que allí se están produciendo.
Actuar sobre algo significa introducirse de alguna manera en ello, es decir, salir de uno mismo y ser otro, un suceso contradictorio en términos lógicos, pero factible en la realidad. De hecho, para James cada uno/a de nosotros/as es su propio otro y sabe vívidamente cómo realizar el truco que la lógica indica que no puede hacerse:
Mis pensamientos animan y accionan este mismo cuerpo que ustedes ven y escuchan, y de ese modo influencia sus pensamientos. La corriente dinámica de alguna manera llega desde mí a ustedes, por numerosos que tengan que ser los conductores intermediarios. En lógica las distinciones pueden ser aislantes todo lo que ellas quieran, pero en la vida las cosas distintas pueden estar y están en comunión en todo momento (2009 [1909]: 164).
Punto 2. La unidad de la realidad se da por grados
Para el pluralismo, lo que se admite como realidad es lo que cada uno/a de nosotros/as encontramos empíricamente en cada mínimo de vida finita. Cada uno de esos elementos finitos tiene sus propios modos autóctonos de multiplicidad en unicidad. James nos muestra que nada real es simple, porque cada pequeñísimo fragmento de la experiencia es mucho en lo pequeño pluralmente relacionado. Cada relación es un único aspecto, carácter o función, modo de su ser tomado, o modo de tomar otra cosa. Pero, aunque un fragmento de la realidad esté comprometido en una de estas relaciones, eso no implica que no esté simultáneamente comprometido en otras.
En este sentido, el tipo de unión que se propone en el enfoque pluralista es sinequista: no se trata de una integración universal, sino más bien de una unión por interpenetración, enlazamiento, continuidad, contigüidad o concatenación, donde las conjunciones corren en paralelo a las disyunciones. Esto nos indica que los procesos de unificación y multiplicación actúan coordenadamente. En las conferencias sobre pragmatismo, James señala:
Resultado de esto son las innumerables y pequeñas interdependencias de las partes del mundo dentro de otras mayores, pequeños mundos, no sólo de razonamientos, sino del funcionamiento, dentro del ancho Universo. Cada sistema ejemplifica un tipo o grado de unión, en el que las partes están ensartadas en esa peculiar clase de relación, de forma que una misma parte puede figurar en muchos otros sistemas diferentes[10] (James, 1984 [1907]: 94).
Sobre los grados de unión, nuestro autor va a observar que todas nuestras experiencias sensibles, inmediatamente que las adquirimos, cambian por pulsos discretos de percepción, cada uno de los cuales continúa diciéndonos “más, más, más” o “menos, menos, menos” según cómo los incrementos o las disminuciones se hacen sentir. La discontinuidad es todavía más evidente de percibir cuando las cosas viejas terminan mientras ocurren cosas completamente nuevas (James, 2009 [1909]).
El ejemplo de los sueños permite comprender de una manera más simple cómo funciona este proceso: los sucesos de nuestros sueños son absolutamente privados en relación con los contenidos que pululan en cualquier otra mente. En “Viento Helado”, canción de Rosario Bléfari, se puede escuchar: “… si no durmiera no podría ni soñar con lo que de otra forma nunca encontraría”. Además de contar con un contenido muy propio, como universos alternativos, los sueños coexisten sin influirse entre sí. Pero, si a lo que soñamos le añadimos como reacción contárselo a otros/as o considerarlos mensajes o señales, la unión entre el ámbito onírico y el de la vigilia aumenta.
Para James, “todo cuanto existe se haya influido de algún modo por alguna otra cosa” (1984 [1907]: 94). Pero, así como todo está conectado por líneas de influencia, también James nos señala que no hay conexión que no fracase. Es precisamente en estas irrupciones aleatorias en las que el mundo se torna múltiple, justamente en las relaciones que se vuelven disyuntivas, como cuando el flujo de la luz se interrumpe frente a un cuerpo opaco, de la misma forma que una conciencia se detiene ante un enunciado que le resulta indescifrable (Lapoujade, 2021).
Aquí aparecen dos categorías que permiten identificar el movimiento que ocurre dentro de esa gradación cambiante con el que la realidad se unifica y se diversifica: “continuidad” y “discontinuidad”. Tanto el tiempo como el espacio son vehículos de continuidad mediante los cuales las partes del mundo se mantienen unidas entre sí, de forma que es posible pasar de una a otra manteniéndose dentro del mismo universo. Otras vías de continuidad práctica entre cosas son las líneas de influencia como la gravedad, el calor, las influencias químicas, eléctricas y luminosas, las cuales nos muestran de qué forma el universo se une tras sus efectos.
Pero también existe un tipo de influencia que a las ciencias sociales interesa particularmente y es la red de conocimientos mutuos. Esta red, mantiene a las personas y las cosas en relación y nos muestra de qué forma los esfuerzos humanos unifican diariamente al mundo, formando distintos sistemas semánticos y llevando adelante diferentes procesos de sistematización. Pensemos en la unidad de propósito. Una categoría que será muy valiosa para los ulteriores estudios pragmatistas[11]. Las personas cooperan en propósitos colectivos y en fines mayores que abarcan otros fines más pequeños. Ahora bien, lo que consiguen en sus luchas siempre es diferente a lo que se propusieron, debido a los redireccionamientos que surgen imprevistamente durante el proceso de consecución. Esto nos permite entender de forma empírica que nada en el mundo esta unificado teleológicamente si no, más bien, hay ordenamientos parciales, falibles, y con la posibilidad de ser revertidos.
De esta manera, para James, la realidad, además de plural, es indeterminada, pero los
cambios [que allí se producen] no son aniquilaciones completas seguida por creaciones completas de algo absolutamente novedoso. Hay una parcial decadencia y un parcial crecimiento, y todo el tiempo existe un núcleo de relativa constancia desde el cual se suelta lo que decae, y que asimila dentro suyo todo lo que es injertado, hasta que finalmente algo totalmente nuevo ha tomado su lugar (James, 2009 [1909]: 199).
Recapitulando, en la visión pluralista de James, el mundo es Uno en tanto experimentamos sus partes vinculadas entre sí por alguna conexión definida y es Múltiple cuando, precisamente, esa conexión falla. Esto significa que la unidad y la multiplicidad están absolutamente coordinadas. En el espacio la separación de las cosas corre pareja a su unificación, aunque algunas veces se presente una función y otras veces otra. Así, “el universo se compone de una pluralidad de mundos subordinados (sub-universe) que constituyen numerosos sistemas en un mundo vasto y abierto” (Lapoujade, 2021: 15).
Realidades múltiples en Schutz
Este marco elaborado por James permite adentrarnos en el modo en que Schutz conceptualizó una nueva manera de nombrar esta pluralidad: las realidades múltiples que se conforman de ámbitos finitos de sentido. Para esto, Schutz nos presenta un esquema de pensamiento sobre el mundo de la vida[12] en el cual el concepto de pluriverso, lo uno y lo múltiple ayuda a problematizar la realidad social y, en particular, el lugar de los actores y su orientación en esta realidad.
Para introducirnos en el despliegue teórico de Schutz, debemos situarnos en el contexto en el cual él produjo su obra. Como hemos comentado, Schutz fue un forastero[13] en diversos momentos de su vida. Durante el nazismo emigró forzadamente a Francia y luego a Estados Unidos, pero también Schutz fue un forastero intelectual. Llegar al mundo científico estadounidense lo hizo introducirse en las discusiones que atravesaban los pensadores locales.
No es novedosa su búsqueda por nuevos conceptos y enfoques para comprender la realidad social de manera de complejizar su concepto estrella: el mundo de la vida cotidiana. Ya desde sus inicios profundizó el vínculo entre la sociología comprensiva de Max Weber y la fenomenología trascendental de Edmund Husserl. Nutriéndose de múltiples autores, tejió un entramado conceptual rico para concretar una filosofía de la vida cotidiana. Así, a lo largo de su carrera, leyó y debatió con diversos autores y escribió innumerables estudios en torno a la realidad social[14]. En particular, profundizó en los aportes de los pragmatistas estadounidenses –Dewey, Mead y James– para comprender al actor en la realidad social.
Ahora bien, si lo que aquí nos interesa es saber cómo Schutz planteó la continuidad respecto al enfoque plural propuesto por William James, comencemos por preguntarnos qué lugar le dio Schutz a la obra de James, cómo nos introduce a este concepto, qué aportes le brinda el concepto de “pluriverso” para pensar el mundo de la vida cotidiana, el concepto eje de su propuesta teórica. Indaguemos, entonces, en este debate que nos propone Schutz y veamos los puntos de acuerdo y las distancias con su antecesor James.
Realidades múltiples y ámbitos finitos de sentido
Veamos primero qué acercamiento hizo Schutz sobre pluriverso, empezando por identificar los escritos con los cuales hace referencia a este concepto[15]. En “Sobre realidades múltiples” ([1962] 2015), Schutz introduce el capítulo xxi del libro Principios de psicología de James, señalando que es allí donde este analiza el sentido de la realidad. Nos dice Schutz que “el genio de James tocó una de las cuestiones filosóficas más importantes” (Schutz, 2015: 215) al referir a los múltiples mundos. Es la siguiente cita textual que muestra un punto central de la propuesta schutziana: “… mientras se atiende a él, cada mundo es real a su manera; solo que su realidad desaparece al dejar de prestarle atención” (James en Schutz, 2015: 215).
Aquí tenemos una noción que le permitiría a Schutz problematizar los múltiples mundos. La idea de “prestarle atención” nos está adelantando su concepción de lo múltiple. Para Schutz, la dicotomía entre aquello a lo que le prestamos atención y a lo que no es lo que le posibilita desplegar conceptualmente la noción de “pluriverso” dentro de su búsqueda por comprender el mundo de la vida. Por supuesto, cuando está pensando en prestar o no atención, lo hará teniendo en cuenta un concepto particular: “atención a la vida”. En breves palabras, esta es “el principio regulador básico de nuestra vida consciente [porque] define el ámbito de nuestro mundo que es importante para nosotros” (Schutz, [1962] 2015: 220).
No es un concepto propio, sino que lo deriva de la propuesta de Henri Bergson: la idea de que nuestra conciencia funciona con diferentes grados de tensión que surgen de nuestros intereses, los cuales son siempre diversos y no están a la mano todo el tiempo. No obstante, Schutz nos dice que la acción representa nuestro máximo interés para enfrentar la realidad: cuando actuamos en el mundo externo, necesitamos estar con el máximo nivel de atención, así como, cuando escuchamos una clase, orientamos los sentidos y nuestra corporalidad a ello.
¿Y dónde actuamos? Actuamos –en el sentido de planificar y ejecutar una transformación mediante movimientos corporales– en el mundo de la vida cotidiana. Toda la obra de Schutz se condensa en mostrar de qué manera el mundo de la vida cotidiana se presenta como el escenario para nuestras acciones, un mundo que viene dado, pero en el cual nosotros/as actuamos y el cual nos presenta estímulos externos que condicionan (constriñendo o habilitando) nuestra acción. En el mundo de la vida, nuestra atención está en su mayor tensión porque necesitamos estar atentos a qué sucede para poder efectuar y ejecutar nuestros proyectos y planes de acción. En este sentido, al igual que James cuando retoma la noción pragmática de “unidad de propósito”, para Schutz actuar en el mundo de la vida cotidiana requiere de un propósito de acción potencial, la efectuación, que, cuando se lleva a cabo en dicho mundo, se ejecuta. Al efectuar, y por sobre todo, al ejecutar, requerimos un estado de alerta en el cual estamos completamente interesados en el mundo circundante aunque no en todo, sino en aquel “sector del mundo que tiene significatividad pragmática” (Schutz, [1962] 2015: 221).
¿Para qué hacemos toda esta introducción sobre la atención, el estado de alerta, la significatividad? Porque aquí está el quid de la cuestión. Para Schutz el eje central está en el sentido, en la significatividad que le damos a la parte del mundo donde actuamos. El mundo de la vida cotidiana es el centro de nuestra acción, pero hay otros mundos, vinculados al mundo de la vida cotidiana, que son accesibles a mi vida intencional. Acá es donde Schutz se va a separar conceptualmente de James. Va a proponer que, en vez de hablar de subuniversos, usemos el concepto de “ámbitos finitos de sentido” para darle foco a este último punto en su carácter del sentido como significatividad.
¿Qué está por detrás de esta noción? Por ámbitos de sentido, Schutz va a separarse de James en cuanto va a proponer que “lo que constituye la realidad es el sentido de nuestras experiencias y no la estructura ontológica de los objetos” (Schutz, [1962] 2015: 234). El carácter de “finito” refiere a la coherencia acotada a dicho espacio: “… un determinado conjunto de nuestras experiencias si todas ellas muestran un estilo cognoscitivo específico y son -con respecto a este estilo-, no solo coherentes en sí mismas, sino también compatibles unas con otras” (Schutz, [1962] 2015: 235).
De ahí, cada ámbito finito de sentido tendría sus propias experiencias que serían acordes a las reglas o los modos específicos de experienciar en este submundo. Las fronteras entre un ámbito y otro derivarían de su propia esencia intrínseca, de la coherencia de las experiencias respecto a ese estilo de conocimiento en particular. En cierto sentido, una experiencia en un ámbito que no corresponde queda invalidada por el propio estilo cognoscitivo. Por eso, no es posible pensar en pasar un tipo de experiencia coherente para un ámbito singular hacia otro distinto sin que eso suponga una ruptura o discontinuidad. A partir de allí, el acento que le otorgamos a cada uno de estos ámbitos hace que ellos se vuelvan reales según esta atención.
Las conmociones como hitos de cambio
Hasta aquí comprendemos cómo define Schutz la idea de ámbito finito de sentido. Ahora nos queda identificar dónde aparece la pluralidad, aunque hemos tenido algunos spoilers. Al igual que James, Schutz da cuenta de la diversidad de ámbitos finitos de sentido existentes y también nos va a señalar que, en un mismo día, en una misma hora, pasamos de uno a otro varias veces.
A diferencia de James, su foco no estará en las múltiples conexiones, sino en cómo los sujetos pasan de un ámbito a otro. ¿Por qué? Porque para Schutz este paso no es gratuito. Para pasar de uno a otro, tiene que haber un “salto” o una “conmoción”. Podemos pensarlo como un hito (con mayor o menor significatividad) que indica que se pasa de uno a otro ámbito. Nos trae el ejemplo de cuando vamos a ver una obra de teatro: cuando empieza a subir el telón, automáticamente todos/as los/as presentes cambiamos el estilo cognoscitivo del mundo de la vida cotidiana al mundo del teatro mediante un indicador claro y tangible, la subida del telón.
Hitos, saltos, conmociones: pensemos en toda la fuerza pasional que está detrás de estos conceptos. Pasional porque nos hacen cambiar drásticamente de un estilo de pensamiento a otro, para que las experiencias que suceden en un ámbito puntual comiencen a tomar sentido para nosotros/as. Esto implica un choque de lo que hasta entonces creemos dado. La conmoción es tal, que nos obliga a volver a poner en juego aquello que pusimos en suspenso, entre paréntesis. Es tal, que nos olvidamos de que el teatro puede ser una habitación que en otro momento funciona de aula.
Schutz está muy atento a los cambios entre un ámbito y otro, pero no sobre qué pasa cuando se borran los límites entre un ámbito y otro. Es decir, no profundiza en la continuidad de la que tanto se ocupó James. Él reconoce que los ámbitos no son estáticos, que fluimos entre uno y otro, pero va a profundizar en el modo en que es posible que en un ámbito finito convivan normas de otro, mediante la noción de “enclaves”.
Pensemos ahora cómo la muerte se presenta de manera diferente. En la película Roma, dirigida por Adolfo Aristarain, vemos a Roma y a su hijo. Cuando él era niño, su padre murió. Atravesado por la fe y buscando consuelo, le dice a su madre: “Si tenemos problemas, papá desde arriba nos va a ayudar”. Ella automáticamente le contesta:
No, Juaco, papá no está en ningún lado. No está arriba, no está en el cielo, ya no podemos pedirle nada, porque no está. Se murió. Cuando alguien se muere, es el final. La muerte es el final: fin. Como en las películas.
En quince segundos le (nos) rompe la posibilidad de dialogar con el más allá, con esa significatividad que tiene para los/as creyentes de la fe católica la idea del “cielo”. No hay otro mundo para ella, y es la manera de hacerles frente a las preguntas de su hijo. En términos de Schutz, no hay salto al otro mundo, todo lo contrario, hay una clara búsqueda de mantenerlo en el mundo terrenal, en el mundo cotidiano. Tan importante es esa puesta en suspenso, que Roma se niega a romperlo, por ahora, y así crearle –lo que ella cree que son– falsas esperanzas a su hijo sobre la posibilidad de reencontrarse con los muertos.
No obstante, Roma continúa diciendo: “Lo que nos queda es el amor, eso es lo que nos dejó, eso es lo que nos dio. Tenemos su recuerdo, su trato, su forma de ser. Eso. Nada más”. A su manera, Roma está proponiendo un diálogo con los muertos, desde lo que él les ha transmitido en vida. Esto es lo que Schutz dará a llamar un “enclave”. Un poco de las lógicas propias de un ámbito que funciona dentro de otro. El enclave existe resquebrajando la finitud “dura” con la que el autor viene planteando para los ámbitos de sentido; sin embargo, no llega a hacerlo del todo. Así, podría señalarse que un enclave dentro del mundo de la vida es, en términos de Schutz, lo que a James son las relaciones de lo múltiple en lo uno. Si bien aún aquí hay límites o fronteras, todos nuestros ámbitos se unen en uno solo: el mundo de la vida cotidiana.
Los mundos que se abren, las múltiples realidades, dice Schutz, son modificaciones de él. Los otros mundos (el mundo de la fantasía, de la muerte, del teatro o el académico) no son más que formas diferentes que adquiere el mundo de la vida cotidiana, donde el foco –la atención– se encuentra en ciertos marcos finitos específicos. Por ello, el máximo de atención es la atención a la vida, y eso solo ocurre cuando estamos actuando operativa y pragmáticamente sobre nuestro mundo de la vida.
De esta forma, lo uno y lo múltiple de lo que nos habla James se presenta en la propuesta schutziana. Cada mundo es real si se atiende a él, y así debería seguir funcionándonos, a menos que haya algo que nos haga chocar con ese sentido que le estamos otorgando. Cerremos con Schutz diciéndonos en El Quijote, Escritos II:
… el significado de la cordura y de la locura ¿no depende acaso del subuniverso dentro del cual, y solo dentro del cual, son válidas esas medidas? ¿Qué es la locura, qué es la cordura en el universo entero que es la suma total de todos nuestros subuniversos? (Schutz, 2012 [1964]: 154).
Reflexiones finales
El esfuerzo que hemos hecho fue solamente traer aquello que expusieron los autores con claridad durante varios años de sus carreras. Por ello, partimos de comprender cómo trazó su marco conceptual William James para luego dar lugar a los puntos que retoma Alfred Schutz en función de apreciar cómo estas recuperaciones lo ayudaron a la interpretación del mundo de la vida cotidiana. Conceptos que tienen larga data, pero que aún hoy se pueden seguir usando con el fin de encontrar nuevas pistas para problematizar nuestra realidad social.
¿Por qué lo hicimos?, porque no queremos que el valor heurístico de estos conceptos quede tieso, más bien resultaría muy provechoso ponerlos en relación con nuestras realidades, poner el foco de atención en aquello que nos empuje a reflexionar. Sobre todo, deseamos enormemente que este capítulo sea una invitación a seguir profundizando en las continuidades y discontinuidades dentro de nuestro mundo circundante y eminente: nuestra cotidianeidad. Porque, fin y al cabo, de lo que se trata es de seguir asombrándonos acerca de qué es capaz la realidad.
Bibliografía
Barthe, Yannick et al. (2017). “Sociología pragmática: manual de uso”. Papeles de Trabajo: la Revista Electrónica del IDAES, 11(19), 12.
Hervé, Francisco y Charrier, Reinaldo (2020). “Louis Agassiz en Chile y Argentina: Una historia poco conocida”. Revista de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 7, 41-47.
James, William (1984 [1907]). Pragmatismo. Un nuevo nombre para algunos antiguos modos de pensar. Barcelona: Orbis.
James, William (2009 [1909]). Un universo pluralista. Filosofía de la experiencia. Buenos Aires: Cactus.
Lapoujade, David (2021). Ficciones del pragmatismo, William y Henry James. Buenos Aires: Cactus.
López Agrasar, Nieves (2006). “El empirismo radical de William James como superación del empirismo clásico”. En XVI Congrés Valencià de Filosofia. Valencia: Universidad de Valencia.
Mills, C. Wright (1968). Sociología y pragmatismo. Madrid: Siglo Veinte.
Savransky, Martin (2019). “Pensar el pluriverso: elementos para una filosofía empírica”. Diferencias, n.º 8, pp. 62-71.
Schutz, Alfred ([1964] 2012). “El forastero. Ensayo de psicología social”. En El extranjero. Sociología del extraño (pp. 27-42). Sequitur.
Schutz, Alfred ([1962] 2015). El problema de la realidad social. Escritos 1. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Wagner, Helmut (1982). Phenomenology of consciousness and sociology of the life-world. Universidad de Alberta.
- El tiempo compartido con el geólogo y paleontólogo Louis Agassiz (1807-1873) en la expedición Thayer, que sumó una colección de 80.000 muestras de animales, plantas, fósiles y rocas (Hervé y Charrier, 2020), recabando datos sobre la diversidad material de la tierra, generó en James una conciencia científica y también la determinación por “no convertirse en abstraccionista” y vivir en la “plenitud concreta del mundo” (Mills, 1968: 229), lo cual puede observarse en su forma intramundana de practicar la filosofía. ↵
- Nos referimos a las conferencias reunidas bajo los títulos de Pragmatismo. Un nuevo nombre para antiguos modos de pensar (1907), Universo Pluralista (1909) y Ensayos de Empirismo Radical (1912). ↵
- Son incontables las veces que podemos encontrar el empleo de un lenguaje literario en James para ir un poco más lejos en sus descripciones, aquí un ejemplo elegido entre muchos: “Y el mundo se concibe según la analogía de una selva o de un bloque de mármol” (James, 2009 [1909]: 17). ↵
- En Sociología y pragmatismo, Mills brinda una serie de precisiones históricas sobre esta influencia: “Aquí conviene hacer una referencia al artículo de Peirce publicado en 1878. Ciertamente, de acuerdo con Baum, James estaba aplicando el criterio del sentido en noviembre de 1877, antes del artículo de Peirce; pero por supuesto, James había escuchado la idea de labios de Peirce en el Club Metafísico y el artículo de Peirce había sido escrito a principios de la década de 1870” (1968: 235).↵
- Para nuestro filósofo, “el pragmatismo suaviza todas las teorías, las hace flexibles y manejables: No constituyendo nada esencialmente nuevo armoniza con muchas tendencias filosóficas. Está de acuerdo, por ejemplo, con el nominalismo en su apelación constante a los casos particulares; con el utilitarismo, en poner de relieve los aspectos prácticos; con el positivismo, en su desdén por las soluciones verbales, las cuestiones inútiles y las abstracciones metafísicas” (James, 1984 [1907]: 50). ↵
- El panteísmo es una doctrina filosófica en la cual el universo, la naturaleza y Dios son lo mismo. ↵
- Ensayos sobre empirismo radical es una obra que contiene artículos que comenzaron a publicarse en 1904 y 1905. Una diferencia sustancial entre el empirismo clásico y el radical estriba en su concepción de “experiencia”. Mientras que para el primero la experiencia se basa en el análisis retrospectivo de la vivencia originaria que causa la idea o la creencia, para el segundo, la experiencia se orienta al análisis proyectivo, donde las ideas devienen en causas de experiencias futuras. Esto último lleva a vislumbrar un futuro abierto y plástico en el que los seres humanos obran e interactúan, distinguiéndose de la primera propuesta para la cual los humanos solo inciden en una realidad ya concluida (López Agrasar, 2006).↵
- Sobre las sensaciones James dice: “Si desean conocer la realidad zambúllanse otra vez en el flujo mismo […] vuelvan su cara a la sensación, esa cosa envuelta de carne que el racionalismo ha llenado siempre de insultos” (2009 [1909]: 159). ↵
- Fechner fue un psicólogo y filósofo polaco de principios del siglo xix. ↵
- Una síntesis muy linda de James sobre este punto dice así: “Una misma cosa puede pertenecer a varios sistemas, como un (a persona) esta conectad(a) a otros objetos por el calor, la gravitación, el amor y por el conocimiento” (James en Lapoujade, 2021: 10).↵
- Por ejemplo, los estudios pragmatistas sobre las prácticas de “interesamiento” que llevan adelante los actores sociales (Barthe et al., 2017).↵
- No nos proponemos acá ahondar sobre este concepto y su génesis, pero pueden indagar sobre él en profundidad en Schutz ([1962] 2015).↵
- Este es un concepto fascinante que pueden encontrar en Schutz ([1964] 2012), “El forastero. Ensayo de psicología social”.↵
- Dentro de los tópicos que abordó a lo largo de su carrera Alfred Schutz, podemos señalar los siguientes: la problemática de la temporalidad, las motivaciones, el problema del conocimiento científico, la racionalidad, el lenguaje y la conciencia, el carácter intersubjetivo y subjetivo de la realidad, los proyectos de acción. Sus escritos fueron publicados en diversas compilaciones denominadas Collected Papers, con cuatro volúmenes, como así también obras póstumas como Las estructuras del mundo de la vida, junto a Thomas Luckmann ([1973] 2009).↵
- Mayormente en Escritos I ([Schutz ([1962] 2015). “Sobre las realidades múltiples”, en Escritos II, “Don Quijote y el problema de la realidad” y en Escritos IV, “William James’ concept of the stream of thought phenomenologically interpreted” Schutz (1996).↵








