Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

El problema de la definición de la situación y sus efectos[1]

William I. Thomas[2]

La definición de una situación[3]

La habilidad para tomar decisiones por uno mismo, en vez de tenerlas impuestas desde afuera, es una de las competencias más importantes que se ha adquirido durante la evolución de la vida animal. Las criaturas inferiores no toman decisiones, tal como entendemos el término, sino que son empujadas y jaladas por substancias químicas, calor, luz, etc., como limaduras de hierro que son atraídas o repelidas por un imán. Tienden a comportarse apropiadamente en condiciones dadas –un grupo de pequeños crustáceos huirán como en estado de pánico si un poco de estricnina es colocada en el recipiente que los contiene y, en cambio, se amontonarán hacia una gota de salsa de ternera como cerdos revolcándose en su comida–, pero hacen esto como una expresión de afinidad orgánica por esa sustancia y repugnancia por la otra, y no como una expresión de elección o “libre voluntad”. Son, por así decirlo, reglas de comportamiento, pero estas representan un tipo de ajuste mecánico afortunado del organismo a situaciones recurrentes, y el organismo no puede cambiarlas.

Por el otro lado, los animales superiores, sobre todo el hombre, tienen el poder de negarse a obedecer una estimulación que habían seguido previamente. La respuesta a la estimulación previa pudo haber llevado a una consecuencia dolorosa; por lo tanto, la regla o el hábito en dicha situación cambia. Llamamos a esta habilidad “poder de inhibición”, y depende del sistema nervioso, que guarda memorias o registros de experiencias pasadas. A esta altura la determinación de la acción ya no proviene exclusivamente de fuentes externas, sino que está localizada al interior del organismo.

Previo a cualquier acto de comportamiento autodeterminado, siempre hay un momento de examinación y deliberación que podemos llamar “definición de la situación”. Los actos concretos no son los únicos dependientes de la definición de la situación, sino que gradualmente toda una política de vida y la personalidad del individuo siguen tal serie de definiciones.

Sin embargo, el niño siempre nace en el seno de un grupo de personas entre las cuales todos los tipos generales de situación que podrían surgir y las reglas de comportamiento correspondientes ya han sido definidos, y donde el individuo ya no tiene la más mínima posibilidad de hacer sus propias definiciones y de seguir sus deseos sin interferencia. Los hombres siempre han vivido juntos en grupos. Sea que la humanidad tiene un verdadero instinto gregario o que la constitución de los grupos provoca ese fenómeno no tiene ninguna importancia. Efectivamente, en general, los deseos solo pueden ser satisfechos en una sociedad. Tan solo debemos referirnos al código penal para apreciar la variedad de formas en las que los deseos individuales pueden entrar en conflicto con los deseos de la sociedad. El código penal no toma en cuenta las múltiples expresiones no sancionadas de los deseos que la sociedad intenta regular mediante la persuasión y el chisme.

Por ende, siempre hay una rivalidad entre las definiciones espontáneas de la situación realizada por el miembro de una sociedad organizada y las definiciones que la sociedad le ha provisto a él. El individuo tiende a una selección hedonista de la actividad, privilegiando el placer; y la sociedad tiende a una selección utilitaria, priorizando la seguridad. La sociedad desea que sus miembros sean laboriosos, dependientes, regulares, sobrios, ordenados, sacrificados; mientras que los deseos del individuo se apartan de esto y buscan nuevas experiencias. La sociedad organizada busca también regular el conflicto y la competencia inevitable entre sus miembros en la búsqueda de sus deseos. El deseo de tener riqueza, por ejemplo, o cualquier otro deseo socialmente sancionado, no puede ser consumado a expensas de otro miembro de la sociedad –mediante asesinato, robo, mentira, estafa, chantaje, etc.–.

En relación con esto, surge un código moral, que es un conjunto de reglas o normas de comportamiento que regulan la expresión de los deseos, y que se construyen mediante definiciones sucesivas de la situación. En la práctica, la transgresión surge primero y luego la regla es creada para evitar su repetición. La moralidad es, por lo tanto, la definición generalmente aceptada de la situación, ya sea expresada en la opinión pública y en la ley no escrita, en un código legal formal o en mandamientos y prohibiciones religiosos.

La familia es la unidad social más pequeña y la principal agencia de definición. Tan pronto como el niño tiene libertad de movimiento y comienza a tirar, rasgar, cuestionar, entrometerse y merodear, los padres empiezan a definir la situación a través del habla y otros signos y presiones: “Mantén el silencio”, “Siéntate derecho”, “Suénate la nariz”, “Lávate la cara”, “Cuida a tu madre”, “Sé amable con tu hermana”, etc. Este es el verdadero significado de la frase de Wordsworth “Las sombras de la prisión del hogar comienzan a ceñirse sobre el niño en crecimiento”. Sus deseos y actividades comienzan a inhibirse, y gradualmente el miembro en crecimiento aprende el código de su sociedad mediante definiciones dentro de la familia, de los compañeros de juego, en la escuela, en catequesis, en la comunidad, a través de la lectura, la instrucción formal y los signos informales de aprobación y rechazo.

Además de la familia, tenemos la comunidad como agente de definición. En la actualidad, la comunidad es tan débil y vaga, que no nos da idea acerca del poder que solía tener el grupo local para regular el comportamiento. Originalmente, la comunidad solía ser prácticamente el mundo entero para sus miembros. Estaba compuesto de familias por sangre y matrimonio y no era tan grande como para que todos los miembros no pudieran unirse; era un grupo cara a cara. Le pregunté a un campesino polaco cuál era el alcance de una okolica o vecindario, hasta dónde se extendía. “Llega”, dijo, “hasta donde se habla de un hombre, hasta donde puede hablarse de él”. Y fue en comunidades de este tipo donde se originó el código moral que ahora reconocemos como válido. Las costumbres de la comunidad son “usos populares, y tanto el Estado como la Iglesia han reconocido e incorporado estos “usos populares” en sus códigos más formales.

La comunidad típica está desapareciendo, y no sería posible ni deseable restaurarla en su forma anterior. No es compatible la dirección actual de la evolución social, y sería angustiante vivir en esa condición. Pero, en la inmediatez de las relaciones y la participación de todos en todo, representa un elemento que hemos perdido y que probablemente tendremos que restaurar en alguna forma de cooperación para asegurar una sociedad equilibrada y normal, algún arreglo que se adecúe a la naturaleza humana.

[…]

Un medio menos formal pero no menos poderoso que emplean las comunidades para definir la situación es el chisme. La declaración del campesino polaco de que una comunidad llega hasta donde se habla de un hombre fue significativa, ya que la comunidad regula el comportamiento de sus miembros principalmente hablando de ellos. El chisme tiene mala reputación porque a veces es malicioso y falso y está diseñado para mejorar el estado del chismoso y degradar su objeto, pero el chisme es generalmente verdadero y es una fuerza organizadora. Es un modo de definir la situación en un caso dado y de adjudicar halagos o culpas. Es uno de los medios por los cuales se fija el estatus del individuo y de su familia.

La comunidad también, particularmente con relación a los chismes, sabe cómo oprobiar a personas y acciones mediante el uso de epítetos que son al mismo tiempo definiciones breves y emocionales de la situación. “Bastardo”, “prostituta”, “traidor”, “cobarde”, “zorrilla”, “costra”, “snob”, “basura”, etc., son tales epítetos. En Fausto, la comunidad dijo de Margaret: “Ella apesta”. La gente aquí está empleando un dispositivo conocido en psicología como “reflejo condicionado”. Si, por ejemplo, se coloca ante un niño (digamos de seis meses de edad) un objeto agradable, un gatito, y al mismo tiempo se pellizca al niño, y si esto se repite varias veces, el niño llorará inmediatamente al ver el gatito sin ser pellizcado; o, si se le sirviera una rata muerta siempre al lado del plato de sopa de un hombre, eventualmente le daría asco la sopa aun cuando esté servida por separado. Si la palabra “apesta” se asocia con el nombre de Margaret, ella nunca volverá a oler bien. Tal como afirman los psicoanalistas, muchas consecuencias malvadas han resultado de convertir la vida sexual en un tema “sucio”, pero el mecanismo ha funcionado de una manera poderosa, a veces paralizante, sobre el comportamiento sexual de las mujeres.

Los guiños, los encogimientos de hombros, los empujones, las risas, las burlas, la arrogancia, la frialdad, “un vistazo” implican también un lenguaje que define la situación y son sentidos dolorosamente como un reconocimiento desfavorable. La mueca de desprecio, por ejemplo, es un gesto de desagrado similar a un vómito, que significa: “Tú me enfermas”.

De ahí que, eventualmente, la violación del código incluso en un acto sin importancia intrínseca como llevar comida a la boca con el cuchillo provoca condena y asco. El tenedor no es mejor instrumento para transportar alimentos que el cuchillo, al menos no tiene superioridad moral, pero la situación se ha definido a favor del tenedor. Para nosotros, hacer ruido con la boca al comer es de mala educación, pero los indios han definido más lógicamente la situación de la manera opuesta; para ellos hacer ruidos al comer es un cumplido para el anfitrión.

Con respecto a esto, el grupo utiliza el miedo para producir las actitudes deseadas en sus miembros. La alabanza también se usa, pero con más moderación. El cuerpo lleno de hábitos y emociones es tanto un producto comunitario y familiar, que la desaprobación o separación es casi insoportable. El siguiente caso muestra la dolorosa situación de alguien que ha perdido su lugar dentro de su familia y de su comunidad.

Caso n.º 1[4]

Soy una mujer joven de veintipicos años; nací en América, pero mis padres provienen de Hungría. Son muy religiosos… Cuando tenía catorce años, conocí en la escuela a un niño goy (no judío) de padres alemanes. Era un niño muy bueno y decente. Me gustaba su compañía… y nos hicimos muy amigos. Nuestra amistad continuó durante varios años, sin el conocimiento de mis padres. No quería decirles, sabiendo muy bien que no permitirían mi amistad con un goy (no judío).
Cuando nos hicimos mayores, nuestra amistad se convirtió en un amor pasional y hace un año decidimos casarnos sin el consentimiento de mis padres, por supuesto. Supuse que, después de mi boda, me perdonarían por haberme casado con un joven goy (no judío), pero resultó todo lo contrario. Mis padres religiosos se llenaron de desprecio cuando se enteraron de mis acciones secretas, y no solo no me perdonaron, sino que me echaron de la casa y se negaron a tener contacto conmigo.
Para añadir a mi desgracia, ahora mi amigo, mi amante, mi todo, mi esposo me desprecia. Después de nuestro matrimonio, se convirtió en un hombre diferente; bebía y apostaba y se dirigía a mí de las formas más viles. A menudo preguntaba por qué se casó con una “maldita judía”, como si fuera solo mi culpa. Antes de nuestro matrimonio, yo era la mejor chica del mundo para él, y ahora me ahogaría en una cucharada de agua para deshacerse de mí. Afortunadamente, no tengo ningún hijo todavía.
Los padres de mi esposo me odian aún más que mi esposo y, así como me expulsaron de la casa por casarme con un goy (no judío), sus padres le mostraron la puerta por casarse con una judía.
Bueno, hace unos meses mi esposo me abandonó y no tengo idea de su paradero. Estaba confrontada con una situación terrible. Despreciada por mis propios parientes y por los de mi esposo, me siento muy sola, sin tener a nadie a quien contarle mis problemas.
Ahora, quiero que me aconsejes en cómo encontrar a mi esposo. No quiero vivir con él por obligación, ni busco su apoyo porque me gano la vida trabajando en un comercio. Simplemente le pido su ayuda para obtener el divorcio de alguna manera, para poder regresar a mi gente, a mi Dios y a mis padres. No soporto la soledad y no quiero ser odiada, denunciada y rechazada por todos. Mi soledad me llevará a la tumba prematuramente.
Quizás puedas decirme cómo deshacerme de mi desgracia. Créame, no tengo la culpa de lo que he hecho, fue mi ignorancia. Nunca creí que fuera un crimen tan terrible casarse con un goy (no judío) y que mis padres bajo ninguna circunstancia me perdonarían. Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa, a hacer el mayor sacrificio, si solo se me quitara de encima esta terrible prohibición.

La reconfiguración de una situación[5]

De lo anterior, parece que el grupo cara a cara (familia-comunidad) es un poderoso mecanismo de formación de hábitos. El grupo debe proporcionar un sistema de comportamiento para muchas personas a la vez, un código que se aplica a todos y que dura más que cualquier individuo o generación. Como consecuencia, el grupo tiene dos intereses respecto al individuo: suprimir los deseos y las actividades que están en conflicto con la organización existente, o que parecen ser el punto de partida de la desarmonía social, y alentar los deseos y las acciones que el sistema social existente requiere. Si el grupo realiza esta tarea con éxito, tal como lo hace en el caso de los salvajes, los musulmanes, y como lo hizo hasta hace poco con los campesinos europeos, no se observa un cambio significante en el código moral o en el estado de la cultura que transcurre de generación en generación. En las comunidades pequeñas y aisladas, hay poca tendencia a cambiar o progresar porque la nueva experiencia del individuo se sacrifica ante la seguridad del grupo.

Pero mediante un proceso, una evolución, conectada con invenciones mecánicas, facilitadas por la comunicación, la difusión de la imprenta, el crecimiento de las ciudades, la organización empresarial, el sistema capitalista, las ocupaciones especializadas, la investigación científica, las doctrinas de la libertad, la visión evolutiva de la vida, etc., las influencias familiares y comunitarias se han debilitado y el mundo en general ha cambiado profundamente en su contenido, ideales y organización.

[…]

Cada nuevo invento, cada oportunidad de conocer a alguien por azar, cada nuevo entorno tiene la posibilidad de redefinir la situación y de introducir cambios, desorganizaciones u otro tipo de organización en la vida del individuo o incluso del mundo entero. Entonces resulta que la invención del cheque llevó a la falsificación; el fósforo de azufre llevó al incendio provocado; en la actualidad, el automóvil se liga a una mayor cantidad de atractivos de lo que se podían encontrar generalmente en las ciudades; un asesinato precipitó la Guerra Mundial; las películas y el Saturday Evening Post han estabilizado y desestabilizado muchas existencias, simplemente abriendo oportunidades a nuevos tipos de profesiones. Los artículos caros y lujosos de ropa femenina organizan la vida de muchas niñas (como diseñadoras, artistas y compradoras) y desorganizan la vida de muchas personas que anhelan estas cosas bonitas.

En las pequeñas y aisladas comunidades del pasado, donde las influencias eran fuertes y constantes, los miembros se acostumbraron y reconciliaron más o menos con una vida de deseos reprimidos. A todos los miembros, se les exigió esta represión, el acuerdo fue equitativo y, aunque se prohibieron ciertas experiencias nuevas y el placer no se consideró un fin en sí mismo, permanecieron algunas satisfacciones, entre las cuales se encontraba la supresión de los deseos de los demás. Por otro lado, el mundo moderno se presenta como un espectáculo en el que el observador nunca participa lo suficiente. La revuelta y el malestar modernos se deben al contraste entre el escaso cumplimiento de los deseos del individuo y la plenitud, o aparente plenitud, de la vida a su alrededor. Todos los rangos etarios han sido afectados por la sensación de que se pierden de mucho, demasiado en la vida. Este malestar es más sentido por aquellos que hasta ahora han sido excluidos de una participación plena en la vida: las mujeres adultas y las jóvenes. Esto a veces se expresa en la desesperación y la depresión, y a veces en transgredir todos los límites.

Caso n.º 2

Yo había estado buscando a Margaret porque sabía que era un ejemplo llamativo de lo “inadaptado” que hace menos de un año había llegado con algún tipo de lógica estética al Greenwich Village. Ella necesitaba algo con mucha urgencia. Lo que yo había escuchado acerca de ella que me entusiasmó fue que tenía veinte años, era soltera, nunca había vivido con un hombre o no había tenido ninguna experiencia de ese tipo, había trabajado durante un año en un periódico socialista y una revista socialista, era una gran bebedora y frecuentaba el Hell Hole, venía de una familia de clase media, pero prefería la sociedad de marginados a cualquier otra. Greenwich Village no está compuesto por marginados, pero no los rechaza, y permite que un hombre o una mujer que desee conocer el mundo de la marginalidad satisfaga el deseo sin sentirse apartado de la humanidad. Hell Hole es un salón en el cual carteristas, trabajadores, filósofos, poetas, revolucionarios, soplones y lo más miserable de la humanidad se encuentran en la sala del fondo. Margaret ama este lugar y la gente que hay en él, eso me dijeron, y allí hizo y dijo cosas extremas en las que manifestaba una amarga crítica a la sociedad decente.
Así que esa noche, cuando vino con Christine, la invité a que fuera conmigo a Hell Hole a tomar un trago. Bebió whisky tras whisky y no mostró efecto alguno. Tan pronto como nos sentamos en la habitación de atrás solas, ella comenzó a contarme sobre su vida. Olvidé qué trivialidad dije para que ella comenzara. Sabía por instinto lo que yo deseaba y me contó su historia con total franqueza y con un respeto simple y poco agresivo para con sí misma.
Pertenezco a lo que se considera una familia respetable de clase media. Mi padre es un destacado periodista. Cuando estaba enferma, cuando era niña, me daba whisky en lugar de medicina. Esto comenzó a la edad de cuatro años. Una de mis diversiones infantiles era mezclar licor y agua para entretener a mis pequeños amigos. Vivíamos en la ciudad, y tuve desde los cuatro años libertad en las calles. A los seis u ocho, lo sabía todo sobre sexo, sobre la vida difícil de la calle. Lo sabía equivocadamente, por supuesto, porque lo podía ver, pero no lo sentía. Me sentía mal por todo esto y le temía, no era una parte de eso, excepto como observadora. No había visto ni belleza ni amabilidad en el sentimiento sexual. Creo que fue esto lo que me mantuvo alejada de la intimidad física con hombres; no podía atraerme después de mi infancia en la calle. Sé que no siempre sucede así, pero esa fue mi realidad.
Cuando cumplí los trece años, mi padre revirtió su actitud hacia mí; antes de eso, libertad absoluta; después de eso, completa restricción. Estaba completamente encerrada. Poco después me volví religiosa y me uní a la Iglesia. Por un largo tiempo, mantuve una correspondencia religiosa con otra chica y solía meditar todo el tiempo acerca de Dios y sobre mis deberes trascendentales. Esto duró hasta los dieciséis años, y luego la vida, la vida cotidiana regresó rápidamente y no pude soportar por más tiempo mi propio mundo interior y la restricción exterior, y quise irme de mi casa. Así que trabajé duro en la escuela secundaria y obtuve una beca de $300 en latín y griego. Con esto fui a Western College y permanecí allí dos años, trabajando para ganarme la vida a mi manera y pagando mis gastos. Leí mucho en este momento y me gustaba la literatura revolucionaria; leí socialismo y poesía que estaba repleta de revueltas. Me atraía cualquier cosa que expresara una reacción contra las condiciones de mi vida en casa.
Llevé adelante mis estudios, y supongo que podría haber completado el curso universitario, excepto que me metí en problemas con las autoridades, por pequeñeces, a mi parecer. Fumaba cigarrillos, un hábito que había adquirido de niña, y eso, por supuesto, estaba prohibido. Tampoco sé por qué estaba prohibido entrar al cementerio del vecindario. Un día fumé un cigarrillo en el cementerio, una doble ofensa, y luego, en mi espíritu juguetón, escribí un poema al respecto y lo publiqué en el periódico de la universidad. En este periódico ya había satirizado al Y. M. C. A. Algunos otros actos de esa naturaleza me transformaron en persona no grata en la universidad y terminé mi relación con dicha institución.
Después de un período infeliz en mi casa mi padre y yo no podíamos convivir; desde mi infancia él me había intentado reformar’–, conseguí un trabajo en el Socialist Call, un diario de Nueva York, por un dinero semanal. Era un trabajo duro de todo el día, pero me gustaba y no bebía, no quería hacerlo, y pude vivir a base del sueldo sin pedir prestado. Más tarde fui a Masses y allí tuve un buen pasar económico. [Luego fui a Washington a protestar a favor de las sufragistas y obtuve una sentencia en la cárcel, y cuando regresé Masses había sido suspendida]. Fue en ese momento cuando comencé a juntarme con los Hudson Dusters [una pandilla de delincuentes] y a beber mucho. Greenwich Village parecía pensar que era demasiado bueno para mí o que yo era demasiado mala para él. La mayoría de las mujeres tenían miedo de asociarse conmigo. Solo los Hudson Dusters, o personas como ellos, me parecían realmente humanos. Fui en un estado de desesperación a la orilla del agua, y me quedé tres días y tres noches en una habitación trasera de un bar de mala muerte, donde había varias prostitutas viejas. Y me gustaron. Parecían humanas, más que otras personas. Y en este lugar había hombres trabajadores. Un hombre, con su esposa e hijos, notó que me dirigía hacia allí, aunque no parecía del lugar, y me pidió que fuera a su casa y viviera con su familia; y lo decía en serio, y lo decía de manera correcta.
Quiero conocer a los vagabundos, dijo Margaret con tranquilidad, casi con intensidad fanática. Encuentro la bondad en los lugares más bajos, y a veces más que bondad, algo que no sé qué es, algo que quiero”[6].

[…]

Algunas situaciones que ya se definieron una vez se han vuelto vagas nuevamente; algunas situaciones incluso han surgido y nunca han sido definidas. Si este país va a participar en la política mundial, si Estados Unidos es un refugio para los oprimidos de otras nacionalidades, si los ingleses deberían ocupar India o África belga, si debería haber diversiones los domingos, si la historia del mundo es el desarrollo de la voluntad de Dios, si los hombres pueden beber vino, si se puede enseñar la evolución en las escuelas, si el matrimonio es indisoluble, si la vida sexual fuera del matrimonio es permisible, si los niños deben aprender sobre los actos sexuales, si el número de niños nacidos puede ser limitado voluntariamente, estas preguntas se han vuelto vagas. Hay definiciones opuestas de la misma situación, por ello ninguna de ellas es vinculante.

Además de la vaguedad acerca de estas preguntas generales, existe cierta indeterminación sobre actos particulares y políticas de vida individuales. Parece que el comportamiento de una joven está influenciado en parte por algún código tradicional, en parte por definiciones de la situación no del todo configuradas derivadas de esos eventos pasajeros del “gran mundo” que le producen placer y reconocimiento. Si alguna norma prevalece o caracteriza a un colectivo social distinguible, esta es en sí misma una definición de la situación. Por lo tanto, en una ciudad, los escaparates, los disfraces usados ​​en las calles, los anuncios de ropa de mujer en el periódico, las noticias sobre objetos de lujo definen a una niña “correcta” como aquella que está vestida de forma bella, elegante y costosa, y el comportamiento de la niña es una adaptación a este estándar.

[…]

Caso n.º 4

A una niña se le puede enseñar en casa y en la iglesia que la castidad es una virtud, pero los periódicos y las películas muestran a mujeres con problemas vinculados a ello, retratándolas en la actualidad como heroínas, incluso sollozando sobre su misterio y su pathos. Aparentemente “ellas” reciben toda la atención y la atención es la sangre vital de la juventud. En la parte humorística de los periódicos, ridiculizan el matrimonio, las amas de casas y los hombres tímidos. Las películas, las revistas, la conversación callejera y la vida cotidiana están llenas de descripciones de crisis de comportamiento que de alguna manera se vuelven estables e incluso exitosas. Si la joven moderna practica la virtud, posiblemente no esté convencida. La preparación para hacer lo incorrecto es aceptada como un modo de época. Cuando la niña sufre una crisis, con frecuencia se debe a la falta de una definición uniforme y autorizada del código social[7].

[…]

Por otra parte, el individualismo significa el diseño personal de la vida, haciendo las propias definiciones de la situación y determinando las propias normas de comportamiento. En realidad, nunca ha habido y nunca habrá nada como una individualización completa, porque nadie vive o puede vivir sin tener en cuenta a un público. Plantear lo contrario sería una locura.

Métodos e incertidumbre en las ciencias sociales[8]

En el último capítulo, hemos visto el desarrollo de métodos definitivos y éxitos muy positivos, pero aquellos que tratan con seres humanos de forma profesional, el educador, el criminólogo, el estadista sienten que no tienen un método seguro para controlar el comportamiento, que existen elementos oscuros e incalculables, que el mismo procedimiento no garantiza los mismos resultados cuando se aplica a diferentes individuos, que los éxitos son a menudo tan ininteligibles como los fracasos, y que tales éxitos dependen del sentido común, la personalidad y el ensayo y error antes que de cualquier sistema de leyes conocido.

[…]

De hecho, no existe una línea clara entre el método de sentido común del hombre promedio y el método científico con el fin de determinar los hechos y las relaciones causales. Cuando encontramos que cierto efecto es producido por una determinada causa, la formulación de esta dependencia causal tiene en sí el carácter de una ley; suponemos que siempre que la causa se repita, necesariamente le seguirá el efecto correspondiente. La agricultura del campesino y del granjero antiguo era científica en la medida en que habían observado una relación causal entre el estiércol, la cal, la humedad, los cambios estacionales, las variedades de suelos, las plagas de animales y plantas, y el éxito o el fracaso de sus cultivos. Pero la ciencia es superior al sentido común en sus métodos de experimentación, medición y comparación, en su aislamiento y estudio intensivo de los problemas desde una mera curiosidad científica, sin tener en cuenta la aplicación práctica de sus resultados. La ciencia se llama “fría” porque es objetiva, busca los hechos sin tener en cuenta si confirman o destruyen los sistemas morales y prácticos existentes.

Sin embargo, la ciencia siempre es eventualmente constructiva. Una gran cantidad de especialistas que trabajan en muchos campos, ante problemas separados y a menudo aparentemente triviales –prímulas, chinches de papa, mosquitos, luz, sonido, electricidad, herencia, radio, gérmenes, átomos, etc.–, establecen un conjunto de hechos y relaciones cuyo significado social no sospechan ellos mismos en ese momento, pero que finalmente encuentran una aplicación (en agricultura, medicina, invención mecánica) en la vida práctica.

La ciencia acumula hechos y principios que jamás podrían ser establecidos por el sentido común del individuo o la comunidad, y estos son tan variados y generales, que algunos penetran constantemente la vida práctica. El viejo granjero aprendió el valor del análisis del suelo, aunque con reticencia y sospecha, y aprendió a rociar sus huertos para preservarlos de las plagas cuya existencia no sospechaba. En este momento la ciencia le aconseja recompensar, en lugar de imponer una multa por la matanza de los buitres. Su sentido común le había dicho que el buitre era valioso como carroñero. Ahora la ciencia le dice que el buitre es un aliado de la mosca de la parálisis y que transporta enfermedades de ganado, de cerdo y otras a todo el país. “Probablemente más del ingreso de un millón de dólares se gasta cada año en varias instituciones biológicas marinas para el estudio de tres formas pequeñas: el erizo de mar y su descendiente el coral y las medusas”. Un entomólogo estadounidense ha pasado muchos años midiendo la influencia del entorno físico en las chinches. Estableció colonias de estos insectos en México, los movió de una temperatura a otra, de un grado de humedad a otro, de una altitud a otra, y registró los cambios que se muestran en sus crías. Luego trasladó las nuevas generaciones al antiguo entorno y registró los resultados, para ver si cambiaron o permanecieron las manchas u otras características adquiridas. Su objetivo era determinar ciertas leyes de herencia, si se producen nuevas especies y bajo qué condiciones, si los caracteres adquiridos son hereditarios. Para el sentido común, este procedimiento parece trivial, casi una locura. Pero, suponiendo que un biólogo determina una ley de herencia, esto presumiblemente tendrá un efecto práctico en los campos de la agricultura, la eugenesia, el crimen y la medicina.

Estos ejemplos muestran que una ciencia que deviene en una técnica práctica y eficiente se constituye al tratarla como un fin en sí misma, no simplemente como un medio para otra cosa, y es necesario darle tiempo y oportunidad para desarrollar todas sus líneas de investigación posibles, incluso si no sabemos cuáles serán las aplicaciones eventuales de uno u otro de sus resultados. Luego podemos tomar cada uno de sus resultados y probar dónde y de qué manera se pueden aplicar prácticamente. No sabemos cuál será la ciencia futura antes de que se constituya, y cuáles pueden ser las aplicaciones de sus descubrimientos antes de que se apliquen.

Pero, por otro lado, el científico se verá influido naturalmente en el orden y la resolución de sus problemas mediante el presupuesto de que, si se hacen descubrimientos en ciertos campos, estos tendrán aplicaciones prácticas. Él puede saber, por ejemplo, que, si podemos descubrir el germen de la escarlatina, podemos controlar esta enfermedad, y él puede trabajar sobre este problema, o puede intuir que, si supiéramos más de la química del azúcar, podríamos controlar el cáncer y pudiera trabajar sobre dicho problema.

No cabe duda de que un control más racional y adecuado en el campo del comportamiento humano es muy deseable, y los poderes de la mente humana requeridos para la formación de una ciencia en este campo han sido empleados en el desarrollo de una ciencia y una práctica correspondiente en el mundo material. El principal obstáculo para el crecimiento de una ciencia de la conducta ha sido nuestra confianza en que teníamos un sistema adecuado para el control de la conducta en la regulación habitual y de sentido común de los deseos del individuo ejercido por las influencias de la familia, la comunidad y la Iglesia, como se describe en el primer acápite, si tan solo aplicáramos el sistema de forma exitosa. Y en que las viejas formas de control basadas en el supuesto de una estabilidad esencial o de todo el marco social fueran reales, siempre que esta estabilidad fuera real.

Pero esta estabilidad ya no es un hecho. Precisamente, el maravilloso desarrollo de las ciencias físicas y biológicas, tal como se expresa en la comunicación a través del espacio y en el sistema industrial, ha hecho del mundo un lugar diferente. La falta de armonía del mundo social se debe, de hecho, a la tasa de avance desproporcionado en el mundo mecánico. La evolución del mundo material, basada en la ciencia, ha sido tan rápida como para desorganizar el mundo social basado en el sentido común. Si no hubiera habido desarrollo de inventos mecánicos, la vida comunitaria se habría mantenido estable. De cualquier modo, la vida del pasado no es algo que deseamos perpetuar.

[…]

Un método de investigación que busca justificar y hacer cumplir cualquier norma de comportamiento ignora el hecho de que está ocurriendo una evolución social en la que están cambiando no solo las actividades, sino también las normas que regulan las actividades. Las tradiciones y costumbres, las definiciones de la situación, la moral y la religión están experimentando una evolución, y una sociedad que asume que cierta norma es válida y que todo aquello que no cumple con ella es anormal se encuentra impotente cuando se da cuenta de que esta norma ha perdido su importancia social y que alguna otra norma ha aparecido en su lugar. Así, hace cincuenta años, reconocíamos, en términos generales, dos tipos de mujeres, una completamente buena y otra completamente mala, lo que ahora llamamos “la niña tradicional” y la niña que había pecado y se encontraba fuera de la ley. En la actualidad tenemos varios tipos intermedios: la prostituta ocasional, la niña de caridad, la semivirgen, la flapper equívoca y, además, niñas con nuevas normas de comportamiento sociales que se han adaptado a todo tipo de trabajo.

[…]

Un método de estudio exitoso será lo suficientemente amplio y objetivo como para incluir tanto al individuo como a las normas en un proceso evolutivo, y dicho estudio debe hacerse caso por caso, comparativamente y sin prejuicios ni indignación. Cada nuevo movimiento en la sociedad implica algún desorden, algunos movimientos aleatorios y exploratorios preliminares a un tipo de organización diferente que responde a nuevas condiciones. El individualismo es una etapa de transición entre dos tipos de organización social. Ninguna parte de la vida del individuo debe estudiarse como disociada de toda su vida, lo anormal como separado de lo normal, y los grupos anormales deben estudiarse en comparación con los grupos restantes que llamamos “normales”. No hay interrupción en la continuidad entre lo normal y lo anormal en la vida real que permitiría la selección de cuerpos exactos de los materiales correspondientes, y la naturaleza de lo normal y lo anormal solo puede entenderse con la ayuda de la comparación. Cuando tengamos relaciones causales suficientemente determinadas, probablemente descubriremos que no hay energía individual, no hay disturbios, no hay ningún tipo de deseo que no pueda sublimarse y hacerse socialmente útil. Desde este punto de vista, el problema no es el derecho de la sociedad a protegerse de la persona desordenada y antisocial, sino el derecho de la persona desordenada y antisocial a ser ordenada y socialmente valiosa.

Pero, aunque tenemos prejuicios que se han interpuesto en el camino de un estudio objetivo del comportamiento, no hay duda de que la principal dificultad en la actualidad es la falta de un método concreto de acercamiento. Este método deberá desarrollarse en detalle en el curso de muchas investigaciones particulares, como ha sido el caso en las ciencias físicas; pero el enfoque del problema de comportamiento radica en el estudio de los deseos del individuo y de las condiciones bajo las que la sociedad, en vista de su poder para dar reconocimiento, respuesta, seguridad y nuevas experiencias, puede limitar y desarrollar estos deseos de maneras socialmente deseables.

[…]

El conflicto surge del hecho de que el individuo introduce otras definiciones de la situación y asume otras actitudes hacia los valores que las convencionales y, en consecuencia, tiende a cambiar los planes de acción e introducir desorden, para alterar las normas existentes. Un nuevo plan puede ser simplemente destructivo de los valores de la organización, como cuando un falsificador imita un billete de banco o cuando una niña destruye su propio valor y el de su familia al prostituirse; o puede ser temporalmente desorganizador aunque eventualmente organizativo, como cuando un inventor desplaza el telar manual por el telar eléctrico o el biólogo introduce una teoría de la evolución que contradice la teoría de la creación especial. La sociedad desea estabilidad, y el individuo desea una nueva experiencia e introduce cambios. Pero, eventualmente, todos los valores nuevos, todos los nuevos elementos culturales de una sociedad son el resultado de los cambios introducidos por el individuo.

[…]

Las actitudes de una persona determinada en un momento dado son el resultado de su temperamento original, las definiciones de situaciones dadas por la sociedad durante el transcurso de su vida y sus definiciones personales de situaciones derivadas de su experiencia y reflexión. El carácter del individuo depende de estos factores.

Cualquier movilización de energías en un plan de acción significa que alguna actitud (tendencia a la acción) entre las otras actitudes se ha posicionado al frente y ha subordinado por el momento a las otras, como resultado de una nueva definición de la situación. Esta definición puede ser el consejo de un amigo, un acto de la memoria que revive una definición social aplicable a la situación, o un elemento de la nueva experiencia que define la situación.

[…]

Por lo tanto, el bien o el mal moral de un deseo no radica en la inteligencia o la elaboración del esquema mental a través del cual se expresa, sino en su consideración o desprecio por los valores sociales existentes. El mismo deseo y la misma calidad mental pueden conducir a resultados totalmente diferentes.

[…]

El problema de la relación ideal de los deseos individuales con los valores sociales es, por lo tanto, doble: contiene (1) el problema de la dependencia del individuo de la organización social y la cultura, y (2) el problema de la dependencia de la organización social y la cultura frente al individuo. En la práctica, el primer problema significa: ¿qué valores sociales y cómo se presentan producirán las actitudes mentales deseadas en los miembros del grupo social? Y el segundo problema significa: ¿qué esquematizaciones de los deseos de los miembros individuales del grupo producirán los valores sociales deseables, promover la organización y la cultura de la sociedad?

[…]

Existen en la sociedad fuentes de influencia organizadas, instituciones y agencias sociales, incluyendo la familia, la escuela, la comunidad, el reformatorio, la penitenciaría, el periódico y las películas. Estas son fuentes de influencia masiva y, naturalmente, serán los principales objetos de estudio y cambio. Pero, para complementar y hacer científicos estos estudios y darles un método adecuado, es necesario preparar al mismo tiempo registros más completos de la evolución personal de los individuos. Eventualmente, la vida del individuo es la medida de la totalidad de la influencia social, y la institución debe estudiarse a la luz del desarrollo de la personalidad del individuo. A medida que acumulamos registros de evolución personal, con indicaciones de los medios por los cuales los deseos buscan expresión y sobre las condiciones de su satisfacción normal, estaremos en una mejor posición para medir la influencia de instituciones particulares en la formación del carácter y la organización de la vida, así como determinar líneas de cambio en las propias instituciones.

El “documento humano”, preparado por el sujeto, sobre la base de la memoria es una forma de medir la influencia social. Es capaz de presentar la vida como un todo conectado y de mostrar la interacción de las influencias, la acción de los valores sobre las actitudes. Puede revelar los deseos predominantes en diferentes temperamentos, los incidentes que constituyen puntos de inflexión en la vida, los procesos de sublimación o de transferencia de intereses de un campo a otro, el efecto de otras personalidades en la definición de las situaciones y la influencia de organizaciones sociales como la familia, la escuela, el propio entorno en la formación de los diferentes patrones de organización de la vida. Al comparar las historias de personalidades así determinadas por las influencias sociales y expresadas en varios esquemas de vida, podemos establecer una medida de las influencias dadas. Las variedades de la experiencia humana serán innumerables en sus detalles concretos, pero, mediante la multiplicación y el análisis de los registros de vida, podemos esperar determinar líneas típicas de la génesis del carácter en relación con los tipos de influencia. Se encontrará que, cuando ciertas actitudes están presentes, se puede confiar en la presentación de ciertos valores para producir ciertos resultados.


  1. Este texto es una selección realizada sobre una investigación de W. I. Thomas en 1923: The Unadjusted Girl; with cases and standpoint for behavior analysis. La selección es un extracto de los capítulos 2 (“The regulation of wishes”), 3 (“The individualization of behavior”) y 6 (“The measurement of social influence”) del mencionado informe de investigación de 257 páginas. La selección intentó respetar la línea argumental del autor, evitando la selección de párrafos aislados. Intentó al mismo tiempo recuperar tanto el argumento conceptual del autor, como su trabajo empírico sobre un gran número de casos particulares. W. I. Thomas y Dorothy Swain Thomas formulan estrictamente el teorema (“Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”) en el libro The child in America: behavior problems and programs (1928). Pero esta investigación previa ya contiene todos los elementos que conducen a su formulación: las influencias morales de los ámbitos familiares, comunitarios e institucionales en lo que respecta a la definición de una situación; al mismo tiempo que las posibilidades y dificultades de las personas para individualizar su comportamiento frente a dichas restricciones morales. La reconfiguración permanente de estos esquemas mentales constituye la materia sobre la que se aplica el teorema de Thomas (nota de la selección de textos).
  2. Traducción: Cecilia Forment. Selección y revisión: Gabriel Nardacchione.
  3. Capítulo 2. “La regulación de los deseos”: pp. 41-44, 49-52.
  4. Forward, 10 de marzo, 1920.
  5. Corresponde al capítulo 3 “The individualization of behavior”: pp. 70-76, 82, 84, 86.
  6. Hutchins Hapgood: At Christine’s (Manuscript)
  7. Miriam van Waters: “The True Value of Correctional Education”. Paper leído en el 51.º American Prison Conference, 1 de noviembre, 1921.
  8. Corresponde al capítulo 6 “The measurement of social influence”: pp. 222, 225-232, 234, 241-244, 249-250, 254-256.


Deja un comentario