Marcela Melana
En este capítulo, nos proponemos desarrollar algunos aspectos teórico-prácticos sobre el ensayo como género académico, con el objetivo de facilitar recorridos de escritura y delimitar aspectos problemáticos en torno a su producción, a la vez que intentaremos orientar tanto a estudiantes como a docentes a partir de la consideración actual de este género como instancia de evaluación de aprendizajes, ya sea en las carreras de grado como de posgrado. Frente a estas nuevas demandas, sabemos que algunos géneros implican mayores dificultades y desafíos para los estudiantes en el transcurso de su vida universitaria, tal es el caso del ensayo académico.
Nuestra propuesta surge no solo de las prácticas de escritura que hemos realizado con estudiantes a lo largo de nuestra trayectoria como docentes frente a talleres vinculados a la producción de textos académicos, sino también de nuestro posicionamiento como investigadores que nos hemos ocupado de analizar dichas prácticas en función de obtener conocimiento a partir de ellas, tras lo cual elaboramos diversas estrategias para abordar las constantes interpelaciones que la escritura nos presenta.
Comenzaremos por hacer un breve recorrido sobre los orígenes del género en cuestión, lo que nos permitirá ubicarlo en la historia del devenir de los géneros discursivos solo a modo orientativo, para extraer de allí aquellos aspectos definitorios del tipo de escritos al que nos dedicaremos.
1. El ensayo como género contemporáneo. Contextualización histórica
Si vamos a referirnos a los orígenes del género ensayístico, debemos remontarnos al siglo XVI, alrededor de 1580, cuando apareció la primera edición de los Essays de Michel Montaigne. Se considera a este autor francés como el iniciador del género a partir de la denominación que él mismo atribuyó a ese conjunto de textos de extensión más bien breve, temática diversa y perspectiva particular. Ya que, como el propio autor señala, se trata de escritos muy variados en los que él mismo será la materia de su obra. En rigor, este escritor, que se ha dedicado durante más de diez años a la lectura de los clásicos, convirtió su experiencia de lectura en objeto de sus escritos.
Nos conviene hacer esta aclaración por dos motivos: por un lado, para diferenciarlo de otros géneros más antiguos y mucho más extensos como los tratados, las compilaciones, los manuales, entre otros, que pretenden agotar una temática dada y entroncan con la tradición clásica grecolatina. Por otro, para insertarlo en una tradición reciente, frente a lo dicho antes, que comenzó a aparecer en la modernidad y en la que se abrió paso hacia una mirada más subjetiva. Al respecto Michel Montaigne (1898) expresa en el ensayo “De Demócrito a Heráclito”:
Es el juicio un instrumento necesario en el examen de toda clase de asuntos, por eso yo lo ejercito en toda ocasión en estos Ensayos. Si se trata de una materia que no entiendo, con mayor razón empleo mi discernimiento, sondeando el vado de muy lejos; luego si lo encuentro demasiado profundo para mi estatura, me detengo en la orilla. El convencimiento de no poder ir más allá es un signo del valor del juicio, y de los de mayor consideración (p. 257).
Una vez presentado el aspecto referido a la ubicación del género estudiado en la tradición correspondiente, nos dedicaremos a delimitar el concepto, a partir de diferentes miradas de algunos expertos que se han abocado, no solo a cultivar este tipo de escritura, sino también a problematizarla.
2. Definición del ensayo académico
De acuerdo con lo que se perfiló en torno a los orígenes históricos de este género contemporáneo, consideramos oportuno recurrir a la imagen del “cuarto en el recoveco[1]” (Rest, 1982) acuñada por Jaime Rest para aproximarnos a su definición, pues nos permite pensar un espacio, un tanto alejado, donde se depositan un montón de escritos de temática, estilo y extensión variados que se resisten a ser clasificados o tipificados.
Asimismo, Liliana Weinberg (2017) plantea una serie interesante de metáforas que nos remite a lo que ella denomina “un género sin residencia fija” (p. 450), en cuanto se posiciona al ensayo en una zona fronteriza entre textos y entre formas de enunciar sus temas, que pueden ser de los más diversos. Se nos presenta, así, como un género que moviliza la “curiosidad intelectual” y la “exploración del mundo” que, de acuerdo con lo que indica la ensayista,
nos conduce en muchos casos a concebirlo como un género abierto, […] portador de una clara vocación relacional, tanto en lo que hace a su clasificación, caracterización, comprensión, como a su propia posición fronteriza y mediadora entre campos y entre mundos, entre formas del pensar y sistemas de representación (Weinberg, 2017, pp. 450-451).
Entonces, podemos delimitar el ensayo como un género discursivo académico eminentemente moderno que, a partir de los más diversos temas, permite, como su nombre lo indica, ensayar, explorar, reflexionar sobre la subjetividad que enuncia y, a la vez, reconocer el papel decisivo de la escritura en la construcción del conocimiento.
3. Caracterización del ensayo académico
En cuanto al tratamiento del tema, y en comparación con algunos géneros muy próximos, podemos destacar junto con Vilém Flusser (1998) que
el ensayo no resuelve, como hace el tratado, su tema. No explica su tema, y en este sentido no informa a sus lectores. Por el contrario, transforma su tema en enigma. Se implica en el tema, e implica en él a sus lectores. Este es su atractivo[2] (p. 2).
Asimismo, el ensayo comporta un hacer sobre el lenguaje, una reflexión sobre la escritura misma que hace posible el espacio para una indagación metaescrituraria. En tal sentido, Fernanda Cano et al. (2008) sostienen que en El ensayo como forma, Theodor Adorno (1962) “defiende la postura de que la idea no preexiste a la palabra, de que la escritura termina de darle forma a la idea, y de ahí la importancia de la forma del ensayo”. El ensayo para Adorno “nunca se presupone como Verdad, tan sólo se sabe verdad contingente, momentánea, dependiente del recorte hecho en el objeto de estudio” (p. 12).
El ensayo es, casi siempre, escritura sobre unas lecturas y, al tiempo que dialoga con estas últimas, se consolida como su refutación o como su aceptación, como continuidad o como modificación de las ideas de partida, es decir, como perspectiva, como mirada posible. En este sentido, se proyecta en la argumentación y, en cuanto discute con otros textos, expande sus posibilidades persuasivas. Al respecto sostiene Cano que es una “actividad imprescindible porque ningún texto es sus conclusiones, todo texto es antes sus argumentos, su estructura argumentativa” (Cano et al., 2008, p. 12).
Consideramos el ensayo como género “a caballo” de las prácticas del realismo y literarias, o, como dice Rest, “una vía literaria de aproximación a cierto conocimiento de índole conceptual” (1982, p. 17); lo que implica desafíos para el que escribe, sobre todo si se intenta plantear una escritura que se quiere diferenciar de la escritura de novatos. Dentro de los aspectos que presenta el género, el de la enunciación es quizás uno de los más ricos a la hora de jugar con estrategias de escritura. En tal sentido acordamos con la propuesta de Fernanda Cano (2008) en cuanto consideramos al ensayo como
el género quizás más complejo de la escritura argumentativa, porque nunca es sólo funcional a sus contenidos, es decir, nunca es sólo la exposición de una idea, nunca es una información de saberes obtenidos en otro lugar, nunca es sólo herramienta para la transmisión de algunos conocimientos, es también y principalmente, el ámbito de concreción de esas ideas, saberes y conocimientos, es descubrimiento e invención (aristotélica y prosaica), es escritura en sí y no mero instrumento, es un género que coquetea con la literatura y la poesía, es lírico y no sólo académico (p. 10).
Un género es un marco cultural e histórico que condiciona nuestra escritura y, en tal sentido, toda práctica de escritura implica alguien que dice algo desde algún lugar. El lugar de la enunciación existe siempre como instancia lógica presupuesta por la existencia del enunciado. Como dijimos, el texto ensayístico juega con muchos recursos que lo acercan a la práctica literaria, por lo que una propuesta de escritura de ensayos deberá contemplar también los problemas que tiene la construcción del enunciador en la literatura (Mozejko y Costa, 2002).
En primer lugar, consideramos la relación entre el enunciador y el enunciado. Es importante monitorear lo que se dice y los recursos puestos en juego –metáforas, comparaciones, metonimias, paradojas, etc.– y también la construcción de los escenarios de la historia que se refiere, sus actores.
En segundo lugar, consideramos la relación entre el enunciador y otros enunciadores. Es clave en el ensayo el recurso polifónico (Bajtín, 1995). El ensayo juega con otros textos, otras voces, otros enunciadores para convalidar lo dicho, para legitimar su decir y hacer del discurso ensayístico un juego abierto a la pluralidad textual. Es importante monitorear este aspecto para saber qué citas son las más adecuadas, no solo por lo que dicen, sino por cómo lo dicen. El ensayo es un género que debe construirse permeable al juego con otros textos. La delegación de la voz, según sea necesario, se deberá llevar a cabo con el cuidado y el rigor que implica asumir los dichos de terceros, que se constituyen en autoridad, para validar nuestras opiniones. Por este motivo, se recomienda respetar las indicaciones y procedimientos señalados por el manual de estilo utilizado (MLA, APA, etc.), tanto en los casos de citas directas e indirectas, como en las paráfrasis.
4. Estructura del ensayo académico
Una vez caracterizado el género, debemos considerar cómo se organizará su contenido, para ello recurrimos al cuadro formulado por Zunino y Muraca (2012: pp. 66-67), propuesta que nos permite visualizar claramente las partes fundamentales que debería presentar un ensayo académico.
Partes | Funciones |
Título | Tema del trabajo y su contextualización. Se recomienda que el docente defina listas de temas para que el estudiante escoja. El tema debe ser central y de actualidad en el marco de la disciplina, puesto que la elaboración del ensayo lo enfrenta a tomar posiciones, manejar conocimientos y desarrollar pensamiento crítico. |
Introducción | • Presentación del tema general y el aspecto específico que se abordará. • Planteo del problema (interrogantes que se pretenden responder en el trabajo). • Planteo de la hipótesis de lectura. • Exposición de los objetivos del trabajo. • Presentación de las fuentes consultadas o las teorías que serán objeto de análisis. • Presentación del contexto de estudio. • Anticipación de conceptos del desarrollo y conclusiones. • Anticipación de la estructura del texto: presentación de los ejes de análisis. |
Desarrollo | • Desarrollo de los diferentes ejes propuestos para el análisis del tema. • Presentación de la información necesaria para comprender el razonamiento orientado hacia la conclusión:
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Conclusión | • Formulación de las conclusiones a las que se arribó:
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Referencias bibliográficas | • Consignación de la bibliografía consultada para el estudio. |
Asimismo, el ensayo, como género académico, resulta un tipo de práctica de escritura que implica varios desafíos para el sujeto de la escritura. Nos basamos, según lo expresado, en las consideraciones teóricas referidas más arriba, de que se escribe atendiendo a la necesidad de que la escritura sea un hacer planificable, controlado por el sujeto que enuncia a través de un proceso cognitivo que se transparenta por medio de un planteo estratégico. A continuación, se explicitará de qué modos se puede orientar a los estudiantes en la planificación de un escrito de estas características.
5. Planificación del ensayo. El proceso de escritura y la reformulación del conocimiento
Siguiendo el enfoque dado por Alvarado y Cortés (2001), sostenemos que la escritura puede ser entendida como una herramienta intelectual. Esto supone asumir que la escritura “promueve procesos de objetivación y distanciamiento respecto del propio discurso, que, al materializarse y fijarse, permite una recepción diferida” (Alvarado y Cortés, 2001, p. 175), un distanciamiento de lo escrito que hace posible la revisión crítica de las propias ideas y, consecuentemente, su reelaboración o transformación. En ese juego de alejamiento-acercamiento, el texto se expande y crece, y, al mismo tiempo, se construye el pensamiento. De allí que resulte de fundamental importancia para los estudiantes realizar este tipo de experiencias de escritura sostenidas y sistemáticas a lo largo de su formación profesional.
Asimismo, desde una perspectiva social, la escritura se entiende como una “herramienta cultural” (Alvarado y Cortés, 2001, p. 175) a la que accedemos a través de determinadas instituciones y prácticas que propician la circulación de géneros escritos, en muchos casos de cierta complejidad –como los académicos– en situaciones formales de comunicación. Dichos géneros requieren por parte de los estudiantes “habilidades y estrategias maduras de lectura y escritura, cuya adquisición y desarrollo exigen un entrenamiento sistemático y especializado” (Alvarado y Cortés, 2001, p. 175) tanto para su producción como para su recepción.
En tal sentido, los modelos sobre los procesos de composición desarrollados desde la psicología cognitiva por Linda Flower y John Hayes (1996) y por Carl Bereiter y Marlene Scardamalia (1992) constituyen aportes significativos para la enseñanza de la escritura. Estos nuevos enfoques permitieron responder al interrogante acerca de cómo se escribe y, al mismo tiempo, reconocer el proceso y los subprocesos cognitivos que ocurren mientras el texto se va haciendo.
Desde esta perspectiva, el modelo de Bereiter y Scardamalia (1992) aporta una distinción importante entre escritores inmaduros y escritores expertos. La diferencia radica en que, para los escritores maduros, escribir es un verdadero problema retórico, y en la búsqueda de adecuación a una audiencia y a un género determinado, vuelven una y otra vez sobre el conocimiento almacenado en su memoria, buscan informaciones y citas que amplíen o especifiquen su texto y, así, en este proceso de reformulación, generan nuevas ideas, nuevas asociaciones, se “apropian” del conocimiento. Así, “se trata, por lo tanto, de un proceso de descubrimiento desencadenado por la representación retórica de la tarea de escritura y por la misma actividad de escribir” (Alvarado y Cortés, 2001, p. 177). De este modo, la explicitación y el reconocimiento de estos procesos y subprocesos habilitan un manejo de las estrategias de producción de textos que redunda en mayor autonomía de trabajo por parte de quien escribe.
¿En qué consiste la representación retórica del proceso de escritura para estos investigadores? Se trata, pues, de poder reconocer que siempre se escribe para alguien, con unos determinados propósitos, en función de ciertos objetivos particulares que se irán desplegando en el texto que crece desde el mismo momento en que comenzamos a pensarlo y aún no hemos redactado ninguna idea. Por supuesto que lo más difícil es comenzar a escribir esas ideas que al principio pueden resultar confusas o desordenadas y que luego deberemos jerarquizar para darles concreción en el papel o la pantalla. Veamos, entonces, cómo podemos planificar la escritura de un ensayo, a partir de las sugerencias que dejamos a continuación.
Presentamos, seguidamente, una secuencia de escritura que ha resultado productiva para la confección de ensayos. En primer lugar, sugerimos delimitar una situación problemática que derive de un tema de su interés, en muchas ocasiones se recomienda la orientación cuidadosa de los docentes a cargo. Una vez detectado este aspecto, debemos comenzar a pensar un tema acompañado de un título tentativo que se presente atractivo para los lectores y, si fuera posible, que recupere esa noción problemática de la que hablamos anteriormente. A continuación, se requiere la redacción de lo que podría ser el primer párrafo de ese escrito ensayístico, una especie de introducción que presenta el tema y hace las veces de marco de referencia sobre la tesis. En párrafo aparte, sugerimos redactar la tesis o idea central de acuerdo con lo que se explicó en apartados anteriores.
Como ya se indicó al hablar de las partes del ensayo, en el desarrollo se exponen los argumentos, es decir, aquellas ideas ligadas a la tesis que servirán para defenderla y vertebrar de este modo el texto mismo. Los argumentos se constituyen en función de pensamientos que confluyen para demostrar la postura que se asumió frente al tema, es decir, la tesis. No debemos perder de vista que un ensayo es ante todo una argumentación mediante la cual se pretende convencer a la audiencia. Una vez realizados los pasos anteriores, resultará más accesible plantear una secuencia de cuatro o cinco argumentos; luego se irá pensando una posible conclusión.
A continuación, se detalla un ejemplo de planificación de escritura de ensayos que sigue las indicaciones dadas más arriba[3].
Tema: la escritura literaria
Título: “Escritura, memoria e identidad”
Primer párrafo: El momento de la escritura siempre me ha parecido mágico, chamánico. La disposición del papel sobre la mesa, las muecas y gestos reconcentrados del “escribidor”, la vibración del lápiz sobre la superficie bidimensional para exhalar grafos del pensamiento, es decir, palabras, acercan la escritura a la alquimia. Muchas cosas pasan en ese laboratorio mínimo, desde los experimentos más osados, con explosiones y tiros, hasta las fórmulas superprobadas del final feliz. Sin embargo, uno me inquieta, por sobre otros, por su persistencia e intensidad. Se trata de un aspecto de las escrituras oculto, al menos para mí, y que, desde hace un cierto tiempo, ha empezado a reclamar su presencia…
Tesis: La práctica de la escritura literaria en taller no solo se restringe a resolver una consigna ajustada a unos temas, recursos y estéticas. Algo más aparece entre líneas y resulta interesante destacar. Se trata de procesos de subjetivación que llevan a la construcción de memorias e identidades.
Secuencia de argumentos:
La secuencia que organiza el ensayo tiene como finalidad mostrar algunas explicaciones posibles, plausibles a este fenómeno identitario en la escritura literaria. Para ello oscilaré entre la referencia a hechos reales, que son experiencia de taller, y discusiones más teóricas que justifican lo dicho desde la perspectiva de determinados autores.
Argumento 1. Continuaré el primer párrafo con una escena de aula en la que muestro cómo la pregunta se fue haciendo evidencia.
… Eran las 10 de la mañana de un día soleado y apacible. Los alumnos se habían dispuesto en círculo para escribir. No sabía todavía con certeza qué íbamos a hacer. Computadora abierta en el archivo de taller, arriba y abajo las páginas del Word, hasta que encontré algo: “Escribe un relato breve a partir de un personaje curioso de ficción”. De ficción significaba de ficción, les dije, es decir, sin que se ajustase a un hecho vivido realmente. Al principio me escucharon, me miraron atentos, con esa mezcla de azoro y temor que producen las consignas de escritura. Después se pusieron a escribir por un tiempo. Mágica imagen de alambique, los lápices furiosos y furtivos sobre el papel, hincados ante la palabra que se escapa y llega…
Argumento 2. Desarrollaré una entrada teórica a las posibles explicaciones del fenómeno identitario que se presentó en la escena de aula del argumento 1. Aquí, citaré a Émile Benveniste y otros. Utilizaré además símiles, metáforas, comparaciones.
… La escena muestra que la escritura de literatura es algo más que retóricas, temas y géneros. Cuando escribimos literatura, hacemos algo más que una práctica asociada a las “bellas letras”. Escribimos para decir, para decirnos, para hacernos espejo, unas veces plano, otras cóncavo o convexo de nosotros mismos. Es decir, la escritura de literatura es siempre una práctica que vuelve al sujeto que escribe, a su identidad.
Tal afirmación se soporta en dos argumentos que, si bien son todavía provisionales, funcionan como disparadores de las ideas. En primer lugar, todo acto de lenguaje –la literatura es uno de ellos– supone un yo como forma vacía que la práctica de discurso llena con sus signos. Este yo despliega un simulacro de comunicación con un tú, también vacío y lugar del enunciatario textual y que se completará con la actividad enunciativa. Según Benveniste, no podremos escapar a la “encerrona” enunciativa, siempre caeremos en el yo, estrategia en el texto de nosotros como escritores de carne y hueso.
En segundo término, la literatura es un discurso especialmente disparador de las historias de vida. El carácter pasional y subjetivo de los materiales que le dan forma (lingüísticos, culturales, históricos, entre otros) hace inevitable el retorno al sujeto que escribe. Regreso que, a través del recuerdo, la asociación de ideas, las analogías con historias de la propia vida, refuerza la visión especular de todo discurso literario. Es decir, la escritura literaria, sea cual fuere el cariz de la consigna, se desplazará en algún punto de su productividad hacia un territorio de preguntas que autorreferencian la práctica, al resolverse en torno a problemas que involucran al yo y su subjetividad, inicio, además, de preguntas identitarias…
Argumento 3. Desarrollaré con más detalles otro aspecto de la relación entre escritura e identidad, intercalando ejemplos de la escena primera de aula para mostrar cómo se pueden leer las escrituras en el marco de una teoría de las memorias y las identidades.
… Tal vez, para entender lo que los alumnos hicieron, debamos contar con otras herramientas de análisis. El proceso memorialista es el camino por el cual la identidad se hace visible en cuanto acción que involucra recuerdos y olvidos. En el registro de lo acaecido, el sujeto de la memoria puede tanto afirmar como negar sectores de su pasado. Así, en todo proceso de construcción de identidad, se ligan indisolublemente las nostalgias eufóricas de los proyectos concretados con los fragmentos dolorosos de lo que se quiere olvidar. Pensada de este modo, la identidad es una construcción de los agentes sociales a partir de un recorte, unas veces consciente, otras inconsciente, de lo acaecido. De este modo: “La memoria es ‘generadora’ de la identidad, en el sentido de que participa de su construcción […]. Identidad [que] da forma a las predisposiciones que van a conducir al individuo a ‘incorporar’ ciertos aspectos particulares del pasado, a realizar ciertas elecciones en la memoria” (16).
(Citaremos algunos estudiosos del asunto, como Candeau, S. Hall, etc., y ejemplos de alumnos en la escena primera que todavía estoy reelaborando a partir de datos acaecidos).
Conclusión: Sugerencias y reflexión final para ver estas prácticas en el taller, y los modos de capitalizarlas.
6. Diez recomendaciones para la planificación, elaboración y revisión de ensayos
En este apartado, presentamos un listado de recomendaciones para la escritura de ensayos, que ha sido implementado en talleres de producción de textos con estudiantes universitarios durante las primeras etapas de su formación académica. Las indicaciones que se detallan debajo han funcionado de manera muy operativa a lo largo de varios años y con diferentes grupos de alumnos, motivo por el cual compartimos la propuesta, confiando en que tanto docentes como estudiantes podrán encontrar en esta un recorrido que se adecue a sus necesidades y condiciones de escritura.
De acuerdo con lo que venimos exponiendo, entendemos que la metodología de taller de escritura se constituye en una modalidad de trabajo con la palabra, sustentada en el proceso inventivo y la experimentación con el lenguaje. Estas propuestas suponen la participación activa de los estudiantes, en cuanto que permiten la exploración de la propia palabra a través de la modalidad de aprender a escribir escribiendo. En especial, la tallerización de la escritura brinda la posibilidad de circulación social de los escritos, vale decir, el intercambio entre pares convertidos en autores y lectores de sus propios textos.
De acuerdo con lo antes señalado, brindamos a nuestros estudiantes –y, en esta oportunidad, lo hacemos extensivo a los docentes que lo consideren pertinente– una serie de indicaciones que operan a modo de recorrido tentativo en el complejo entramado de decisiones que se deberán asumir al momento de componer un escrito de estas características:
- A partir de un listado de interrogantes explícitos que pueden sugerir los docentes, se recomienda la elección de un tema que les resulte problemático, de modo que permita asumir una postura sobre él. Recuerde que adoptará un solo enfoque y otros pueden ser objeto de su refutación. Formule la tesis o posición asumida frente al tema. Si se anima, coloque un título o varios posibles.
- Diseñe la situación retórica[4]: para quién/es escribe; qué se propone hacer con este texto; cuánto sabe sobre el tema (experiencias anteriores de escritura y memoria a largo plazo). Al responder a estas preguntas, quizás reconozca la necesidad de hacer una búsqueda bibliográfica. Consulte fuentes autorizadas y guarde los datos de publicación.
- Elabore al menos cinco argumentos fuertes con los que sostendrá ese tema presentado en la tesis. Consigne brevemente en qué consisten. A continuación, jerarquice de acuerdo con su importancia los propósitos que se ha planteado en esta argumentación y los objetivos internos del texto. Relea sus argumentos y revise la pertinencia de ellos.
- Elabore el primer párrafo del texto a modo de introducción tentativa. Relea y revise si efectivamente presenta el tema.
- Socialice su párrafo. Entregue su producción a un compañero para que le comente por escrito su texto. A su vez, usted también deberá comentar por escrito el fragmento de su compañero. Criterios: claridad conceptual (tesis en particular), organización de las ideas en el párrafo, pertinencia de los argumentos, uso de los recursos argumentativos, entre otros aspectos. Analice y considere los comentarios y sugerencias recibidos.
- Comience a desarrollar un argumento por párrafo. Recuerde las técnicas argumentativas: seleccione la más adecuada para cada argumento. No descuide las nociones sobre normativa. Tenga en cuenta que, cuando sea necesario introducir la voz de otro/s, encontrará el camino para hacerlo en el manual de estilo. Allí también se indican aspectos formales de presentación. Tenga en cuenta la extensión sugerida para su ensayo.
- Esboce una conclusión que reúna a modo de cierre las ideas desarrolladas.
- Revise la pertinencia del título.
- ¡Lea en voz alta cuantas veces sea necesario!
- ¡Sea el principal crítico de su escrito! ¡No se conforme con ideas tibias! ¡Hay quienes sostienen que somos lo que escribimos! Bueno, este sería tema para otro ensayo…
7. Algunas consideraciones de cierre
Nos hemos referido más arriba a diferentes aspectos que estimamos nos permiten una aproximación a la escritura de ensayos; entre ellos hemos mencionado sus orígenes, sus características más notorias, su organización en partes, un modelo de planificación de este tipo de género acompañado de un ejemplo concreto de trabajo con la palabra; asimismo, planteamos una serie de sugerencias que pueden resultar de utilidad para la confección y revisión de las propuestas de escrituras tanto para docentes como para estudiantes.
A modo de cierre, nos queda hacer una consideración que vale la pena recordar al asumir la tarea de escribir en el ámbito académico. Debemos tener siempre presente que la actividad académico-científica se expresa mediante un discurso que le es propio y a través de unos géneros específicos que se rigen por convenciones y normas –algunas comunes a todas las disciplinas, otras más específicas según el ámbito científico– que debemos respetar si deseamos llevar adelante procesos enriquecedores y obtener resultados satisfactorios.
8. Algunos ejemplos para consultar
Proponemos algunas sugerencias de lectura de ensayos académicos como referentes del género estudiado. Señalamos a continuación los datos donde se podrán encontrar los ejemplos indicados:
- Moreno Esparza, H. (2025) (pp. 119-138). “¿Quién manda aquí?”, en Ma. del Refugio Pérez Paredes (ed.). Estudios de discriminación lingüística desde una perspectiva crítica y decolonial. D.R. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Biblioteca de Signos. En pubfilosofia.izt.uam.mx/index.php/pf/catalog/view/106/107/323.
- Mignolo, W. (2020). Avatares de habitar y pensar en/las fronteras (pp. 426-499), en La Biblioteca. Dossier especial, primavera de 2020. Resquebrajaduras del presente. Virus, neoliberalismo y humanidades. En www.bn.gov.ar/micrositios/revistas/biblioteca/la-biblioteca-dossier-especial-primavera-2020.
Referencias bibliográficas
Adorno, T. W. (1962). “El ensayo como forma”, en Notas de literatura. Barcelona, Seix Barral.
Alvarado, M. y Cortés, M. (2001). “La escritura en la universidad. Repetir o transformar”, en Lulú Coquette, n.º 1, año I. Buenos Aires.
Bajtín, M. (1995). Estética de la creación verbal. México, Siglo Veintiuno Editores.
Bereiter, C. y Scardamalia, M. (1992). “Dos modelos explicativos de los procesos de composición escrita”, en Infancia y Aprendizaje, n.º 58, Madrid.
Cano, F. y otros (2008). Ensayo y error. El ensayo en el taller de escritura. Buenos Aires, Eudeba.
Flower, L. y Hayes, J. H. (1996). “La teoría de la redacción como proceso cognitivo”, en Textos en contexto 1, Lectura y vida, n.º 3, Año III. Buenos Aires.
Flusser, V. (1998). Ficciones filosóficas. Editorial de la Universidad de San Pablo. Traducción al español: Pablo Katchadjian.
Mignolo, W. (2020). “Avatares de habitar y pensar en/las fronteras” (pp. 426-499), en La Biblioteca. Dossier especial, primavera de 2020. Resquebrajaduras del presente. Virus, neoliberalismo y humanidades. En www.bn.gov.ar/micrositios/revistas/biblioteca/la-biblioteca-dossier-especial-primavera-2020.
Montaigne, M. de (1984). Ensayos completos. Buenos Aires, Ediciones Orbis.
Montaigne, M. de (1580-1898). Cap. L “De Demócrito y Heráclito”, en Essays. Edición a cargo de Constantino Román y Salamero. Libro en línea. En www.cervantesvirtual.com/obra-visor/ensayos-de-montaigne–0/html/fefb17e2-82b1-11df-acc7-002185ce6064_160.html#I_63.
Moreno Esparza, H. (2025). “¿Quién manda aquí?”, en Ma. del Refugio Pérez Paredes (ed.). Estudios de discriminación lingüística desde una perspectiva crítica y decolonial. D.R. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Biblioteca de Signos. En pubfilosofia.izt.uam.mx/index.php/pf/catalog/view/106/107/323.
Mossello, F. (2025). “Literatura y subjetividad. La emergencia del sujeto en la escritura literaria”, en Luthor, n.º 60, junio. Buenos Aires. En www.revistaluthor.com.ar/ojs/index.php/luthor/article/view/345/370.
Mozejko, T. y Costa, R. (2002). “Producción discursiva: diversidad de sujetos”, en Mozejko, T. y Costa, R. (Comps.). Lugares del decir. Competencia social y estrategias discursivas. Rosario, Homo Sapiens.
Rest, J. (1982). El cuarto en el recoveco. Buenos Aires, CEAL.
Weinberg, L. (2017). “El ensayo: un género sin residencia fija”, en Weinberg, L. (comp.). El ensayo en diálogo II. Universidad Nacional Autónoma de México.
Zunino, C. y Muraca, M. (2012). “El ensayo académico”. En Lucía Natale (coord). En carrera: escritura y lectura de textos académicos y profesionales. Editorial Universidad Nacional de General Sarmiento.
- La metáfora citada corresponde al título del libro homónimo de uno de los críticos más prestigiosos de la literatura argentina y europea. Dicho libro es el resultado de la revisión de cuatro conferencias sobre la problemática del género estudiado, que dictara en septiembre y octubre de 1978 en la Sociedad de Escritores de Buenos Aires. En ellas ya planteaba su preocupación por el ensayo como espacio crítico que conjuga tanto la exposición de ideas, como el cultivo de un estilo personal. ↵
- Publicado originalmente en el diario O Estado de S. Paulo, 1967. Tomado de Flusser, Vilém, Ficções filosóficas, San Pablo, Editora da Universidade de São Paulo, 1998. Traducción al español: Pablo Katchadjian.↵
- El texto completo lleva por título “Literatura y subjetividad. La emergencia del sujeto en la escritura literaria”. Pertenece a Fabián Mossello y fue publicado en la revista Luthor, n.º 60, junio de 2025, Buenos Aires. En https://www.revistaluthor.com.ar/ojs/index.php/luthor/article/view/345/370.↵
- Dentro del modelo de composición planteado por la perspectiva teórica de Flower y Hayes (1996), se entiende por “situación retórica” aquella instancia en la que el sujeto que escribe asume la escritura como un problema que se resuelve con palabras. En este marco, es necesario reconocer para qué se escribe, para quién, con qué propósitos y cuánto se sabe sobre el tema por tratar.↵






