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Segunda escena[1]

“¿Y usted por qué lo defiende
al doctor Zamorano?”

Carlos Zamorano fue siempre un militante político y, como abogado, se dedicó a defender perseguidos, presos políticos y gremiales. Era comunista, así que la Liga era el lugar desde donde hacerlo. Los años setenta no fueron fáciles para un militante comunista. Ningún tramo de aquellos años. El gobierno de “Isabelita” y la Alianza Anticomunista Argentina hicieron lo suyo y el 28 de noviembre de 1974 cayó preso. Fue preso a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, esa rémora caudillista que los gobiernos usaban para detener, torturar y expulsar.

Eduardo Barcesat también era militante comunista y miembro de la Liga, y era el abogado de todos. De los militantes, de los sindicalistas y de los abogados que caían presos. Varias docenas de veces había concurrido a la Cámara Federal para que se resolviera la libertad de Zamorano. Ya habían pasado tres años y un golpe de Estado. Esta vez parecía haber chances de lograrla por la influencia de uno de los camaristas que él mismo definía como un liberal honesto. Y así fue. Era abril de 1977 cuando la Cámara resolvió que debía ser puesto en libertad. Decían que la libertad era más importante que una hipotética peligrosidad que no estaba comprobada, y el tiempo había corrido de sobra si hubieran querido comprobarlo con Zamorano.

La dictadura no se quedó quieta. César Black, quien por entonces era fiscal, apeló la decisión y el asunto entró en la Corte Suprema.

Barcesat decidió entonces ir a hablar con el último ministro nombrado en el máximo tribunal. Sólo tenía referencias generales de Pedro Frías. Sabía que era un profesor de Derecho Constitucional en Córdoba y un hombre de confianza de la Iglesia Católica. El supremo lo recibió en su despacho sin invitarlo a tomar asiento. Estando los dos parados, lanzó:

—¿Y usted por qué lo defiende al doctor Zamorano?

—Bueno, la verdad que física o personalmente no lo conozco porque como ha estado deambulando por distintas prisiones del interior del país… Lo defiendo porque era el vicepresidente de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y el abogado responsable del cuerpo jurídico… Zamorano es comunista y yo también.

El juez pensó un minuto. Cambió su rictus.

—Tome asiento, doctor, le voy a ofrecer… tengo coñac, café y bizcochitos, porque alguien que en este momento venga al despacho de un juez y le diga “yo soy comunista” a mí me merece todo el respeto.

Frías parecía tener respeto por Barcesat. Todos tenían respeto por ese abogado de fuste que miraba desde la política y conocía los pasillos del Palacio.

Con aparente complicidad, Frías realizó un pedido de informes al gobierno militar para resolver con fundamentos la situación de Zamorano. Frías decía, en esa resolución, que la actividad de los jueces en situaciones excepcionales debía ser fuerte, precisamente para garantizar derechos. Los antecedentes que llegaron a la Corte sobre el detenido eran un racconto pormenorizado de toda su vida: desde la participación en la huelga de los obreros cañeros hasta la defensa de presos de la guerrilla. No es un prontuario, es un verdadero curriculum vitae, pensó Barcesat.

—Vamos a dejarlo detenido —se sinceró Frías— pero le vamos a dar la oportunidad a usted de que diga lo que entienda que debemos decir respecto a los antecedentes.

Con la bronca a flor de piel, Barcesat escribió su respuesta: un memorial ante la Corte en tono peliagudo. Esta no era cualquier causa y la trampa del jesuita (como empezó a llamar a Frías) lo había indignado. Entonces convocó a conocidos juristas para que lo acompañaran. No eran militantes. Algunos veían con simpatía el movimiento de derechos humanos, otros, al menos, cuestionaban la legitimidad del gobierno militar. Habían discutido lo mismo con anteriores gobiernos militares. Así firmaron Genaro Carrió, Carlos Fayt, Darío Cogorno, que era presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, y Ricardo Entelman.

—Tenga paciencia doctor —dijo Frías cuando lo llamó luego de recibir el memorial— es mejor que siga detenido a no saber dónde está.


  1. Basado en la entrevista realizada al Dr. Barcesat en 2020.


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