Los cuentos tradicionales nos han acompañado desde nuestra más tierna infancia; quién no recuerda haber escuchado en las voces de seres queridos la historia de la Caperucita roja y el eterno acecho del lobo, que, por cierto, es el cuento más conocido. No es sorprendente tampoco que la Bella durmiente del bosque nos invite a despertar con ella en cien años y que la Sirenita nos lleve de paseo por las profundidades del mar.
De estos y otros relatos, su origen se pierde en el tiempo, están presentes no solo en la mente de niños y niñas, sino de las personas adultas que generación tras generación los han trasmitido, permitiendo que perduren. Sin embargo, a pesar de que sus tramas nos atrapan y continúan vigentes, poco nos hemos detenido a pensar en el mundo simbólico que encierran sus personajes. Es por ello que a continuación presentamos un análisis enfocado especialmente en discernir sobre la violencia hacia los personajes femeninos que aparecen en los cuentos tradicionales.
Erradicar la violencia hacia las mujeres es una deuda histórica que ha estado presente desde la Antigüedad, es quizás por ello que desde diferentes disciplinas ha surgido el interés de explorar los factores que han hecho que aparezca, prevalezca y que cambie de forma a través del tiempo. Así vemos cómo surgen estudios filosóficos, religiosos, antropológicos, psicológicos, políticos y sociales, entre otros, que abonan al entendimiento de este fenómeno, y la literatura no es la excepción.
El título y subtítulo de este libro se refieren a la violencia sistémica o estructural que viven los personajes femeninos, la cual no puede ser atribuida a una persona en concreto, sino que encuentra sus raíces en un sistema sociocultural que genera en sus condiciones materiales la posibilidad de que aparezca. Le da sentido, de tal forma que pasa casi desapercibida porque vivimos inmiscuidos en ella, pues es el mismo sistema de creencias y valores el que la encubre, la normaliza hasta volverla transparente, casi imperceptible. Por ello no es de extrañarnos que aparezca de forma constante en los cuentos tradicionales, dado que estos son un reflejo de la realidad.
La violencia sistémica que viven los personajes de los cuentos es parte de las formas normalizadas desde la estructura social. Para Butler (2022) los actos de violencia, como golpes, maltratos, racismo, sexismo, incluso violación, son una expresión de la violencia sistémica, la cual se observa de forma generalizada, como un patrón cultural sostenido por creencias, estereotipos y tradiciones que prevalecen en el sistema dominante. Estas creencias para Pozo (2009) son una herencia sin testamento, porque en ellas nos movemos y vivimos.
La violencia sistémica impregna a toda la sociedad, y también se refleja en las obras literarias. Ya que en la literatura, como en la vida, el sistema favorece a ciertos grupos, y de este modo provoca efectos impermeables en las personas violentadas, que son absorbidos hasta mermar las estructuras más profundas.
La literatura, con su potencial comunicativo, primero con la transmisión oral, después con la escritura, ha reunido un extenso corpus de historias, leyendas y narraciones que reflejan aspectos de la vida cotidiana, incluso la violencia hacia las mujeres. La literatura visibiliza los temas de género con una cantidad imposible de calcular de obras que cuentan el problema, lo denuncian y ofrecen formas de enfrentarlo. Hay quien considera que la literatura promueve la violencia de género, habría que dimensionarla desde el contexto en que las obras fueron creadas, vistas desde la distancia no suele ser justo.
Es claro que la violencia hacia las mujeres y hacia los personajes femeninos no es lo mismo, pero esta es una forma de entender cómo desde el arte se aborda esta problemática tan sensible.
Hay que aclarar que la misión de la literatura es la recreación, el placer estético; no obstante, desde tiempos remotos, ha cumplido también la tarea de educar, de formar de acuerdo con los valores que la sociedad quiere promover, mostrando ejemplos y contraejemplos con un interés altamente pedagógico.
Es claro que la literatura no es neutra sino que —con intención o sin ella— refleja mensajes, ideas, valores, juicios, prejuicios, en particular la infantil y juvenil (Etxaniz, 2011), que a menudo llega a ser un modelo de comportamiento, de forma de vida. Las tramas y personajes muestran cómo se enfrentan y se resuelven los problemas humanos, presentan el mal, pero también el bien, dualidad fundamental que hay que aprender a diferenciar. Y con ello, se favorece la formación de conceptos e ideas, se configura la forma de ser y pensar.
La literatura permite viajar a otras épocas y culturas, mostrando condiciones específicas, pero también generalizadas de aquellos problemas y situaciones que se comparten. Uno de estos problemas sociales terriblemente dolorosos es, precisamente, la violencia hacia las mujeres, de la que hay testimonios en diversidad de obras literarias antiguas y recientes. En algunas de ellas consideradas obras clásicas, ampliamente conocidas, a veces solo se muestra la violencia, así como formas transgresoras para enfrentarla y contrarrestarla. Dejan claro que la violencia no es aceptable, por eso se castiga a los personajes infractores, como en el Poema de Mío Cid (2007), cantar de gesta escrito alrededor de los años 1200, donde los infantes Fernán y Diego González, esposos de las hijas del Cid, las golpean y las dejan desnudas en el campo creyéndolas muertas; sin embargo ellas sobreviven, son vengadas y los infantes derrotados.
Otro ejemplo es Otelo, el moro de Venecia (1603) de William Shakespeare, donde a Otelo le hacen creer que su esposa Desdémona le es infiel, y él por los celos la asesina, pero al enterarse de que no era cierto, abrumado por la culpa, se suicida. Otro caso destacado es el cuento Barba Azul, donde un rico comerciante, caracterizado por una fisonomía que provoca temor, por ser muy alto, corpulento y tener una barba azul, se casa con una joven a la que le encarga su casa y los tesoros que hay en ella un día tiene que salir de viaje. Le advierte que hay una habitación a la que no debe entrar, pero la curiosa joven entra y descubre que ahí tiene los cadáveres de las mujeres con las que se había casado anteriormente y que estaban desaparecidas. Al regresar Barba Azul, descubre que su esposa entró a esa habitación, por lo tanto decide castigar su desobediencia, y cuando está por matar a la joven, los hermanos de ella llegan y lo matan. En estas tres obras reconocidas por su enorme valor literario, se puede ver que a pesar de que se ejerce violencia contra los personajes femeninos, el tratamiento es de denuncia, de rechazo, porque cierran con un final donde los personajes agresores y asesinos, en este caso masculinos, acaban muertos.
La lista se puede prolongar con más obras maestras clásicas que abordan la violencia hacia los personajes femeninos, donde de alguna manera transparentan lo que vive la sociedad. Cabe señalar que en estas obras, y tantas más, no se hace una apología de la violencia, al contrario, prevalece la justicia, aunque es ejercida por otros hombres, desde un orden patriarcal. En este sentido, la literatura deja claro que la violencia está mal, y busca la reparación dentro de las tramas. Por la antigüedad de estas obras, no se concibe la violencia de género como hoy en día la entendemos, en el marco de los derechos humanos, pero es claro que el maltrato físico y el asesinato desde tiempos antiguos es considerado un acto criminal.
Como podemos ver, la literatura cumple un rol denunciante y justiciero, logra que los lectores se sientan identificados con el bien y que rechacen el mal, y las diferentes formas de violencia.
Específicamente en el campo de la literatura infantil (LI), que es la que nos interesa estudiar, la producción escrita sobre la violencia hacia los personajes femeninos se observa desde las historias de transmisión oral, recuperadas y publicadas por personas como Giambattista Basile, los hermanos Grimm, Charles Perrault y Hans Christian Andersen, en los siglos XVII, XVIII y XIX. Por ejemplo, en 1632 Basile publica su versión de la Bella durmiente titulada Sol, Luna y Thalía, anterior a la de Perrault, donde ofrece una terrible historia de una joven que es violada mientras duerme. Historias que advierten, alertan, en eso reside su valor de denuncia.
Para los siglos XX y XXI, hay un cambio radical en las obras de LI que se publican, proliferaron otras posibilidades creativas con un tratamiento literario diferente sobre el tema de la violencia hacia los personajes femeninos, de manera menos cruda, pero con un mensaje contundente, y un posicionamiento esperanzador, de avanzada, con propuestas de acción que sirven como modelos de comportamiento. Es decir, con una posibilidad enorme para educar contra la violencia, en favor de la igualdad y los derechos humanos. Obras que pertenecen a variados géneros, principalmente al cuento, la novela y el libro álbum —es decir, una obra que contiene dos lenguajes igual de importantes: imágenes y palabras—. Algunas de estas sorprenden a los/las lectores por su belleza estética, gráfica y por su fina forma de abordar el tema. Propuestas que han sido reconocidas ampliamente por sus posibilidades terapéuticas, conciliadoras y que son utilizadas por psicólogos/as, pedagogos/as, docentes y padres/madres para tratar temas que no son fáciles de abordar, y que desde la posibilidad de la literatura, ofrecen una alternativa artística. Estas obras también cuentan con un reconocimiento por los/as especialistas por ser obras de arte, premiadas y ampliamente estudiadas. Se caracterizan por ser narrativas con un posicionamiento poscolonial, transgresor y potencialmente sanador.
En este libro nos centramos en cuentos de los siglos XVII, XVIII y XIX porque reconocer cuáles son las obras recuperadas y escritas de la tradición oral resulta importante por su valor histórico cultural, además de que permitirá tener un panorama de la aportación de la literatura. Aunque el objetivo de este libro es analizar la violencia en torno a los personajes femeninos en los cuentos tradicionales, se hace este estudio en dos planos: desde el literario, protagonizado por personajes femeninos y masculinos y, a partir de una revisión contextual, lo que se describe a partir de los términos hombres y mujeres. En este sentido, cuando nos referimos a personajes (masculinos y femeninos), se trata de ficción literaria, y cuando hablamos de hombres y mujeres, es a partir de procesos histórico-culturales. Establecemos esta relación porque el lenguaje es como el ADN, muestra la identidad aunque se trate de ocultar, como evidente reflejo de la cultura.
La LI que trata el tema sobre la violencia en torno de los personajes femeninos entra en la categoría de los libros censurados o polémicos, porque hay quienes prefieren invisibilizar, y de ese modo negar la posibilidad de que sean utilizados como armas poderosas contra la violencia. Los libros que tratan este tema en épocas recientes son un esfuerzo importante para abonar los derechos de las mujeres, pero muchas veces han sido objeto de censura, al considerar que no son aptos para la niñez. Mostrarlos es necesario porque la “censura es un mecanismo de represión, persecución o coacción que ostenta el poder, casi siempre con la intención de combatir las discrepancias ideológicas y controlar las actuaciones y los pensamientos de la sociedad” (Luján y Sánchez, 2016, p. 15).
Los estudios de los cuentos tradicionales desde la perspectiva de género son relativamente recientes, surgen a partir del movimiento feminista de los 50 y 60 del siglo pasado; estos análisis se concentran en tres aspectos a) textuales, porque se basan en el contenido de los relatos de acuerdo con los temas, argumentos y personajes, b) contextuales, ya que el tipo de relatos que se transmiten van de acuerdo con el sexo del narrador, y c) crítica feminista, porque las diferentes versiones muestran variables trasgresoras (Oriol, 2014). Consideramos que es importante abordar este análisis porque los cuentos tradicionales siguen siendo una literatura viva, a pesar de que fueron creados hace siglos, forman parte activa del corpus infantil, a partir de las narraciones que se hacen en el contexto de la vida familiar, los libros, las películas, las narraciones y los videos en internet.
El interés de esta investigación es revisar los cuentos tradicionales de transmisión oral desde la perspectiva de género, a partir del papel que desempeñan las protagonistas, metodológicamente a partir de en un análisis textual. Se pretende reconocer dos aspectos: a) el papel de los personajes femeninos dentro de las obras: pasivo o activo, b) el tratamiento literario del tema de la violencia en el contexto de la trama narrativa.
Planteamos la importancia de elaborar este material para visibilizar la violencia e incidir hacia la no violencia desde otras posibilidades, las literarias, y donde se puede impactar directamente en los niños/as y jóvenes de educación básica, así como en los/as estudiantes y docentes.
La LI, aunque suele ser clasificada para la niñez, no es exclusiva para ellos/as, no tiene edad, es atemporal, multicultural e intergeneracional, todas las personas se pueden beneficiar de su poder transformador y disfrutar del placer estético que ofrecen. Ya que para las personas adultas es difícil hablar sobre la violencia hacia las mujeres, la LI facilita su abordaje con argumentos literarios y posibilidades creativas a partir de los personajes femeninos.
Es incalculable la cantidad de libros de LI producidos para visibilizar y denunciar la violencia en torno de los personajes femeninos, aquí no pretendemos hacer una investigación exhaustiva, pero sí mostrar un panorama del corpus a partir de cuatro autores y sus obras como compiladores: Giambattista Basile (1575-1632), Charles Perrault (1628-1703), los hermanos Grimm (1786-1859) y Christian Andersen (1805-1875). Elegimos este corpus porque ha trascendido en el tiempo, algunos de estos cuentos son los que más les gustan a niños/as y personas adultas mexicanas. Basamos esta afirmación con un estudio realizado a estudiantes mexicanos/as de educación básica (preescolar, primaria y secundaria), donde se entrevistó a 290 estudiantes, quienes señalaron que el género de su preferencia es el cuento, y los dos más mencionados son La Caperucita roja y Los tres cochinitos (Jiménez en Cañamares, Luján y Sánchez, 2015).
También se encontró que “las personas que enseñan a las nuevas generaciones las manifestaciones de la tradición oral son en primer lugar las mujeres de la casa: madres de familia, abuelas, etcétera, después los padres y abuelos” (Jiménez en Cañamares, Luján y Sánchez, 2015, p. 190). Incluso los estudiantes de secundaria refieren que el lugar donde se difunde principalmente la literatura oral es en el hogar, con ello se comprueba la importancia de la familia en la transmisión de creencias y valores.
Para completar esta información, les preguntamos a estudiantes de la Licenciatura en Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional de la Unidad 095 qué cuentos conocen. Los/las estudiantes entre 17 y 22 años mencionan que conocen, en orden de aparición: Los tres cerditos, La Cenicienta, Caperucita roja, El principito, La bella y la bestia, Blanca Nieves, entre los seis primeros (ver anexo 1). En el caso de los/las estudiantes de entre 30 y 39, entre los seis primeros están Caperucita roja, El patito feo, Los tres cochinitos, Blanca Nieves, La Cenicienta y Ricitos de oro (ver anexo 2).
También se les preguntó a estudiantes de maestría de la Universidad Pedagógica Nacional de la Unidad 095, que tienen la particularidad de ser docentes de educación básica, nos importaba conocer su opinión por ser quienes trabajan directamente con niños/as y adolescentes. Los cuentos que conocen son Caperucita roja, Los tres cochinitos, Cenicienta, Princesas y Pedro y el lobo (ver anexo 3).
En el caso de Caperucita roja, Blanca Nieves y La Cenicienta se trata de cuentos de tradición oral de Grimm, Perrault tiene su versión de Caperucita roja, La bella durmiente del bosque y Cenicienta. El patito feo es de Andersen, de esta manera, se trata de los autores que trabajamos en este libro.
La influencia de los cuentos tradicionales sigue vigente a través de narraciones orales en el contexto de la vida familiar y escolar, pero también por medio de libros y películas que se han inmortalizado. En este sentido, concluimos que estos cuentos que han acompañado a la humanidad durante siglos, siguen escuchándose, narrándose y siendo del gusto de las personas. Por lo tanto, su influencia en la sociedad es innegable, mostrando valores, creencias y formas de comportamiento.
Estas obras han trascendido en el tiempo, se han configurado así como clásicas, la niñez las sigue conociendo y las distintas generaciones las transmiten. Al ser importantes y trascendentes, son la cuna de las obras actuales, y su influencia se nota en los libros que se producen hoy en día. Al seguir siendo literatura viva, se encuentra en el imaginario de las personas adultas y jóvenes, quienes al repetirlas una y otra vez, las convierten en parte importante del capital lingüístico y cultural.
A pesar del bum de la literatura infantil desde los años 80 en México y el mundo, con la aparición de ferias de lectura, librerías, bibliotecas especializadas, maestrías, coloquios y congresos sobre el tema, así como las cuatro décadas de programas nacionales como Los libros del Rincón y Bibliotecas de Aula, las personas entrevistadas mencionan que conocen casi exclusivamente cuentos de tradición oral y los que la cinematografía ha llevado a la pantalla grande.
También hay que señalar que en las últimas décadas la forma de conocer los cuentos tradicionales ha evolucionado hacia una oralidad secundaria (Ong, 1997), por medio de videos que se encuentran en las redes sociales.
Este libro es producto de un proyecto aprobado y auspiciado en la convocatoria 2022 para la investigación científica Diagnósticos, prevención y atención a las violencias en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), llamado “Estado del arte de literatura infantil y juvenil que abone a una vida libre de violencia en la UPN” del Programa Integral de Desarrollo (PIDI).
Se contó con el apoyo del servicio social de Almadelia Fuentes Trejo, egresada de la UPN Unidad 095 de Licenciatura en Educación Inicial y Preescolar en línea LEIyP (2017).
Este libro está dividido en dos partes, en la primera, compuesta por dos capítulos, se da cuenta de los elementos esenciales para tener el primer acercamiento al tema. El capítulo 1 aborda el contexto implicado en los cuentos tradicionales, empezando por la conceptualización de la infancia diferenciada de la vida adulta, la cual es una construcción elaborada durante muchos siglos. Claro que siempre ha habido niños/as, sin embargo, no existía esta figura hasta que las instituciones educativas y la sociedad empezaron a hacerse cargo de su formación. Una vez ya revisado el concepto de infancia, se aborda un breve recorrido de la literatura infantil, donde específicamente se destaca el cuento, en particular el de origen oral.
Al relacionar la infancia con el cuento, es menester hablar de su potencial moralizador, de su abuso, al considerar que es deber de la literatura educar a la sociedad, con lo cual se pierde de vista que la única tarea de la literatura es el placer literario y la recreación. Esta relación entre los cuentos y la formación valoral da lugar a la censura, a la prohibición por parte de las personas adultas y al control sobre lo que lee la niñez. Entre las formas de censura está el interés por negar el tema de la violencia, asuntos que se abordan en el capítulo 2 de esta parte.
La segunda parte comprende cuatro capítulos, donde se encuentran datos referentes a los cuatro compiladores de los cuentos que posteriormente se analizan. En los capítulos 3 y 4 se inicia el análisis de los personajes femeninos en los cuentos tradicionales, quienes viven cautivos en un ordenamiento desfavorable, a partir de estereotipos y la caracterización de diversas conformaciones, como bellas, casaderas, hadas, madrastras y brujas. En el capítulo 5 se continúa con estas clasificaciones con los personajes denominados: sacrificadas y víctimas, formas representativas donde el concepto “amor” enmascara formas de violencia.
Entre la trasgresión y la obediencia son las posibilidades que los personajes femeninos encuentran para sobrevivir dentro de la trama narrativa, ambas condiciones son desfavorables, a partir de una encarnizada competencia, como se puede ver en el capítulo 5. Finalmente se plantean las ideas con las que se cierra este libro.










Nota sobre el libro Entre hadas y brujas en Radio Nacional, LV8 (Mendoza, Argentina):
https://www.radionacional.com.ar/entre-hadas-y-brujas