En los cuentos clásicos la participación de los personajes femeninos tiene una relevancia particular, generalmente no son heroínas, pero sus acciones a menudo detonan el surgimiento de las historias y el desenlace. En la literatura estos personajes cumplen patrones reconocibles. Es por ello que en este capítulo analizamos el papel de las hadas, las madrastras y las brujas.
Las hadas son producto de una evolución, se ha hablado de que son hijas de los dioses, mujeres poseedoras de riquezas, de dones mágicos, que son blancas, altas, aunque también se les describe como pequeñas, pero luminosas.
Las madrastras en los cuentos tradicionales, como personajes arquetípicos, asumen el rol de cuidadoras de sus hijastros/as, circunstancia que las ha inmortalizado. Las brujas siempre aparecen como seres malvados, son las dueñas del mal, tienen poderes, vínculos demoníacos. Estos tres tipos de personajes son fundamentales en la literatura, “son seguramente, los personajes femeninos que con más frecuencia aparecen en los cuentos infantiles” (Fernández, 2015, p. 37). Desde la literatura clásica hasta la contemporánea están presentes.
Estos personajes femeninos tienen una importancia particular en los cuentos tradicionales, les dan sabor a las tramas, añaden el misterio y favorecen el desborde de la creatividad.
4.1. Hadas
Las hadas como seres incorpóreos tienen un origen mítico, generalmente evocan a seres fantásticos relacionados con lo “femenino, bondadoso con poderes mágicos que ayuda siempre a la protagonista —o el protagonista— a salir victoriosos cuando eran víctimas de una injusticia”(Gúzman, 2006, p. 7). Hay cierta coincidencia con otros seres como elfos, duendes, genios, gnomos, que forman parte de mitos y leyendas. Las hadas han alimentado el imaginario social a partir del deseo de que existan entes mágicos, de origen sobrenatural que viven en torno a las personas.
Cuando los seres humanos estaban estrechamente relacionados con la naturaleza, las explicaciones a fenómenos naturales se expresaban por medio de la creación de seres omnipoderosos tanto buenos como malos; con el avance de la ciencia, han mermado estas creencias, pero no han desaparecido.
En los pueblos antiguos, celtas, griegos, romanos, asiáticos, europeos, americanos, prácticamente en todo el mundo, se ha hablado de habitantes de montes, selvas, praderas a los que se les temía y respetaba. Actualmente siguen conformando el folclore popular y forman parte de la literatura.
En los cuentos tradicionales se les señala generalmente como buenas, incluso con una doble personalidad: hadas y madrinas. Pero también hay cuentos donde aparecen hadas malas, vengativas, aunque las que salvan y protegen son las más comunes. Como en el cuento Piel de asno, de Perrault, donde, al morir su fiel compañera, el rey busca nueva esposa y no encuentra a nadie que supere a la difunta, solo la infanta, su propia hija era quien tenía las cualidades para serlo. Ella al darse cuenta llora por ello. Entonces fue a ver a su madrina, que era una hada y vestía ricamente adornada de nácar y de coral, para que la ayudara. Su hada-madrina le aconsejó que le pidiera a su padre vestidos deslumbrantes que superaran al sol, a la luna y al viento, esperado que no pudiera dárselos, pero él todos se los dio. Finalmente el hada le aconsejó pedirle la piel de su asno preferido, con esa se vistió y se fue de palacio, llevándose un baúl mágico que su misma madrina le obsequió. Así pudo salvarse de la boda con su padre y más adelante, después de muchos sucesos, se casó con un príncipe joven igual que ella. Una versión similar está en el cuento La osa de Basile, donde una joven también es salvada de su padre, quien quiere desposarla, es ayudada por un personaje femenino denominado “vieja”, que tiene poderes mágicos a manera de bruja o hada. La joven es convertida en osa y así se libra de casarse con su padre.
El conocido caso del hada del cuento Cenicienta o El zapatito de cristal, en la versión de Perrault, cuando las hermanastras se van al baile y Cenicienta está llorando, aparece el hada-madrina y le concede ir al baile con la clásica advertencia de regresar antes de medianoche. El príncipe no paraba de verla tan hermosa, y Cenicienta regresó a la hora prometida. Al día siguiente había otro baile, Cenicienta pidió a las hermanastras que la llevaran, pero no accedieron. Ella fue nuevamente al baile y casi olvida regresar a tiempo, corre por la escalera y se le cae la zapatilla de cristal. Llega a casa en harapos. El príncipe jura casarse con aquella a quien le quede la zapatilla, llega a la casa de Cenicienta y a las hermanastras no les queda, ella pide probársela y el príncipe la reconoce. La participación del hada en este cuento es fundamental para detonar el desenlace tan conocido, que da origen al final feliz centrado en el matrimonio de la Cenicienta y el príncipe. Situación que recuerda la perspectiva de Bettelheim (2022), según la cual la esperanza tiene lugar en estos cuentos al demostrarse que incluso las personas más humildes pueden triunfar y dominar las adversidades.
Otro ejemplo donde la magia de las hadas sirve para ayudar es el cuento El pájaro grifo (Grimm, 2015), en el que una princesa está enferma, el rey acude a un hada para que le ayude a curarla, y esta da la solución: “sé del mal que aqueja a tu pequeña hija (…) creo tener el remedio que podrá curarla (…) para que recobre la salud y la belleza, es necesario que coma una manzana” (p. 12).
También encontramos el caso de las hadas que ocasionan graves daños, como en La bella durmiente del bosque, en la versión de Perrault, al nacer la princesa, invitaron a siete hadas famosas en aquellos tiempos para que le dieran cada una un obsequio. No invitaron a una por pensar que estaba muerta, pues tenía mucho tiempo que no se sabía nada de ella; sin embargo, acudió a la fiesta y al servir el banquete ya no había bellos cubiertos por no estar contemplada, así que le dieron cubiertos que no eran de oro como a las demás. Ella se molestó. Todas las hadas le dieron sus regalos a la niña como cantar como un ruiseñor, bailar y tocar instrumentos en la versión de Perrault; bondad, riqueza, belleza en la versión de Grimm. Pero al tocar el turno de la última dijo que al pincharse con un huso moriría. Como todavía faltaba su turno al hada más joven, lo único que pudo hacer es cambiar el hechizo y le concedió que al llegar el momento solo dormiría 100 años. Es decir que el hada le salva la vida a la Bella durmiente.
Perrault en el cuento Las hadas narra que había dos hermanas, una bella y la otra fea. La primera fue por agua a la fuente y encontró a una anciana, esta le pidió agua y amablemente ella se la dio; por eso le concedió una gracia, pues esa mujer era un hada: cada vez que hablara saldrían de su boca flores, perlas y diamantes.
Las hadas también tienen dones para los personajes masculinos, en Riquete el del copete de Perrault, un hada, al ver el sufrimiento de la reina porque su hijo es un niño feo y malformado con un copete en medio de la cabeza, le da el don de ser ingenioso y que pueda compartir ese genio con una persona que ame. En este mismo cuento, siete años después, otra reina tiene dos hijas, una es “tan estúpida como hermosa”, y la otra es fea e ingeniosa. La hermosa conoce a Riquete y ambos comparten el don: ella se vuelve ingeniosa y él hermoso. Así que ambos salen beneficiados. En este cuento en un primer momento se le da un don al personaje masculino, pero después, al femenino.
En algunos cuentos se retrata a las hadas como seres bondadosos que ayudan a otros personajes femeninos, pero también está su contraparte, porque si se sienten ofendidas se vuelven vengativas, malvadas. En este sentido las hadas generalmente son buenas, pero en ocasiones pueden realizar malas acciones. Incluso las hadas pueden tener una doble personificación porque son hadas-madrinas, lo que implica que resguardan con sus artes mágicas a quienes consideran sus protegidos/as.
Las hadas son personajes importantes en los cuentos tradicionales, con poderes sobrehumanos, lo que les da una condición de superioridad, incluso por encima de los hombres poderosos, quienes por una parte les temen, pero también acuden a sus poderes. Esta asignación de poderes a seres femeninos es una forma de escapar al rígido sometimiento patriarcal.
4.2. Las madrastras
Las madrastras de los cuentos de tradición oral son personajes arquetípicos de un modelo de mujer que asumen el rol de cuidadoras de los hijos de su pareja, construidas con ciertas características que las han inmortalizado. La cinematografía también ha contribuido, consagrándose en películas retomadas de los cuentos tradicionales, empresas como Walt Disney ha explotado la imagen de la maldad entrañada en estos personajes femeninos. Esta empresa ha aportado al concepto de madrastra/maldad, como una condición sine qua non, se trata de una antagonista que destruye la vida de la protagonista. En el imaginario colectivo el término “madrastra” tiene un significado poderoso, que inmediatamente se relaciona con creencias construidas socialmente, incluso en el Diccionario de la Real Academia Española aparece como “madre que trata mal a sus hijos”. Los cuentos tradicionales recuperan la representación de las madrastras que ya existía durante la época moderna, siempre relacionándolas con la maldad, el maltrato hacia los hijos o hijas de su esposo. Señala Huamanchumo (2015) que muchos investigadores que tratan el tema de los personajes femeninos coinciden en que están cargados de características negativas.
Las imágenes de las películas que tienen madrastras son poderosas, pueden aparecer o bien como brujas con la enorme nariz con verruga, o bien mujeres bellas, elegantes, pero siniestras, incluso son personificadas por artistas como Kate Blanche o Angelina Jolie.
Señala Lagarde (1990) que históricamente las mujeres cumplen el estigma de ser consideradas las encargadas “naturales” de cuidar a los otros, de atender, de servicio, de ser las responsables de las tareas que implican asistir a los demás, a niños/as, hombres, personas enfermas, con discapacidad, adultas mayores. Pero también son las encargadas de realizar el trabajo doméstico, en una división del trabajo masculinizada, donde las mujeres tienen la mayor carga laboral. Por ello, cuando un hombre queda viudo en los cuentos tradicionales, busca a una mujer que cuide de sus hijos/as y de su casa, que cumpla el rol de madre abnegada y discreta; sin embargo, en los cuentos, el papel de la madrastra está muy lejos de reunir estos atributos ya que son más parecidas a la categoría brujas y hechiceras (Díaz, 2005).
Los personajes/madrastras se caracterizan por ser vengativas, ambiciosas, violentas, mentirosas, pueden cometer actos crueles para conseguir lo que desean. No asumen el rol de mujeres cuidadoras de sus hijastros/as, pero además influyen negativamente en sus esposos, que están bajo su dominio.
Los cuentos Ninnillo y Nennella de Basile (1992), Blancanieves, Cenicienta, La novia blanca y la novia negra, Los hermanos y Los seis cisnes de los hermanos Grimm (2015) han ayudado a impulsar el estigma que se tiene contra las madrastras, debido a las acciones que cometen contra sus hijastras/os. En los cuentos las madrastras dañan a sus hijastros/ as de diferentes formas, que van desde enredos, engaños, embrujos hasta intentar matarlos. Podemos encontrar múltiples ejemplos tan solo en los cuentos de los hermanos Grimm (2015), en los cuales estos personajes tienen poderes diabólicos, como en La novia blanca y la novia negra, donde la madrastra hechiza al rey para que se case con su hija en lugar de su hijastra; en Los seis cisnes, la madrastra les pone a sus seis hijastros unas camisas embrujadas para convertirlos en cisnes; en Los hermanos les pega a sus hijastros, estos huyen, la bruja los sigue y encanta las fuentes para convertirlos en tigres-lobos; el niño es convertido en corzo y escapan, cuando la madrastra se entera de que los niños viven felices en el castillo, ahoga a la niña, que ahora es la reina, y pone en su lugar a su hija. En Los tres enanitos del bosque, la madrastra tira por la ventana a la hijastra y a su bebé y mete en su cama a su hija para engañar al rey de que se trata de la reina.
Sin embargo, en los cuentos tradicionales las madrastras no tienen éxito en sus intentos de matar a sus hijastros/as, a veces tratan de convencer a otras personas para que cometan el delito, les dan la orden, o lo realizan ellas mismas, con sus propias manos.
Hay cuentos donde abandonan a sus hijastros/as en el bosque para que las fieras se los coman o se mueran de frío y hambre. Por ejemplo, en Los tres enanitos del bosque (Grimm), la madrastra mandó a su hijastra al bosque en invierno a buscar fresas, aunque sabe que moriría de frío; en Ninnillo y Nennella (Basile) la madrastra le dice al papá que deben dejar a los niños en el bosque porque no tienen para alimentarlos, el padre al principio no quiere, pero finalmente acepta. Aunque el padre deja a sus hijos en el bosque, se dice que la madrastra es la que lo convence, y así, con la intención de culpar a la madrastra y excusar al padre, se justifica su proceder. Son constantes los cuentos donde las madrastras son crueles con su/s hijastro/s; en este mismo cuento, Los tres enanitos del bosque (Grimm), se dice: “la mujer no quería nada a su hijastra, y no sabía qué inventar para fastidiarla; y es que la hija del hombre era muy hermosa y muy simpática, y la otra niña era feísima y antipática” (2015, p. 23), también la envidia hacia sus hijastras es una constante.
Las madrastras incluso llegan a matar a sus hijastros/as directamente, en Los tres enanitos del bosque (Grimm, 2015), tira por la ventana a su hijastra y a su bebé. En Blancanieves (Grimm, 2015), una historia muy conocida, la madrastra manda matar a su hijastra con el cazador y pide su hígado y pulmones como prueba, además trata de envenenarla con una manzana, un peine y ahorcarla con una cinta.
Las madrastras comenten los actos de violencia contra los/as niños/as para favorecer a sus propias hijas, quienes no son tan bonitas, amables, blancas, simpáticas como sus hijastras. El conflicto surge cuando las madrastras desean que sus hijas sean elegidas por el rey o príncipe para ser sus esposas, pero estos escogen a sus hijastras. Las madrastras saben que sus hijas no tienen los mismos atributos que sus hijastras, por eso se valen de artimañas y actos violentos para ganar la preferencia del rey o príncipe.
4.3. Las brujas
La creación de este singular personaje es el resultado de siglos de evolución; las antecesoras de lo que se llama brujas son hechiceras, cercanas a la divinidad, poseedoras de fuerzas de la naturaleza, mujeres sabias. Quizás por eso el origen del término witch proviene del egipcio baq, que significa poseedora del poder, mujeres empoderadas (Fernández, 2015). En este sentido las hechiceras con los siglos se van transformando en lo que hoy entendemos como brujas, y con el cristianismo se relacionan con los cultos paganos y los llamados pactos con el diablo. En la literatura de tradición oral son arquetipos de maldad, como parte necesaria del conflicto su papel es fundamental.
En el contexto de la Edad Media, en la literatura universal aparecen una serie de libros que supuestamente están escritos por brujas y brujos donde dan cuenta de sus hechizos.
El concepto de bruja va tomando con el tiempo el rostro actual, algunos de estos personajes son icónicos, como Lilith en Gilgamesh, Circe en La Odisea, Claudina en la Celestina, por mencionar algunas; en estas obras se muestran personificaciones femeninas vinculadas con la magia. En la literatura infantil las brujas, magas o hechiceras son indispensables en todas las épocas, desde obras como Blancanieves, Hansel y Gretel, El Mago de Oz, o recientes como Las brujas de Roald Dahal o Crónicas de Narnia. Las brujas y brujos aportan a la literatura la posibilidad de que haya problemáticas, tramas complicadas, pero también resoluciones y finales felices. El triunfo del bien sobre el mal es fundamental, donde las brujas son desenmascaradas y castigadas.
La caracterización construida alrededor de la brujería, en este contexto, es diferente de acuerdo con el género: los brujos se relacionan más con la astrología, las brujas con los hechizos, pócimas, filtros amorosos; desde una visión misógina, a ellas se las vinculaba con el mal, ya que al ser mujeres con poderes, se les daba una diferente valoración moral. A las brujas también se las vincula con referencias religiosas, la herejía, pactos con el diablo, porque el diablo es el que les enseña y les da poderes. En este sentido, esas virtudes y poderes de los personajes femenino no serían propios, sino dados por fuerzas del mal. Además se las vincula con la fealdad física, para denigrarlas aún más.
Con el pasar de los siglos, en la literatura infantil contemporánea, las brujas ya no siempre tienen una connotación de maldad, ni la caracterización de personajes feos y oscuros. Incluso se presentan como seres divertidos, afortunados de tener dotes mágicos, a veces jóvenes bellas y sensibles. Aunque hay obras donde se sigue conservando este dejo de maldad y fealdad que las caracteriza.
En los cuentos tradicionales a las brujas se las describe como viejas, feas, vestidas con harapos; se destacan algunas características que las delatan, como la bruja come niños en Juanito y Margarita, conocido como Hanzel y Gretel, escrito por los hermanos Grimm: “Las brujas tienen los ojos colorados y son cortas de vista; pero tienen la nariz muy fina, como los animales, y huelen a las personas a mucha distancia” (2015, p. 286). En Blancanieves, en la versión de estos mismos autores, se cuenta que un rey viudo, padre de Blancanieves, se vuelve a casar con una mujer hermosa pero orgullosa y altanera, que no soportaba que hubiera una mujer más bella que ella. Por eso cuando su hijastra crece y se convierte en una joven bella, la manda matar, pero el cazador no se atreve, por eso la misma reina decide hacerlo ella misma. Como la joven huye y se queda a vivir en el bosque con los siete enanitos, la madrastra se disfraza para tenderle una trampa: “se pintó la cara, se vistió como una vieja pobre, de las que venden chucherías por el camino” (2015, p. 39). Y aunque es hermosa como madrastra, cuando asume el rol de bruja, se transforma, llama la atención que se pinta la cara, aunque no da más datos, se recordará que en este libro se menciona que una de las características más notorias de lo que se consideraba fealdad era tener la piel oscura.
Como se puede ver, las brujas suelen tener otras personalidades, brujas-caníbales, brujas-madrastras, otro ejemplo de esta doble connotación está en el cuento Hermanos, donde el personaje madrasta-bruja sigue a los niños por el bosque: “les había seguido todo el tiempo muy calladita; como hacen las brujas; y había ido encantando todas las fuentes del campo” (p.160).
No siempre se dice de manera explícita que la madrastra es una bruja, pero sus actos lo demuestran, como en el cuento Los cisnes salvajes de Andersen, donde la madrastra que practica artes de hechicería, para deshacerse de los hijos de su esposo, convierte a los 11 hermanos en grandes aves sin voz; también intenta hacerle hechizos a la hermana pequeña, llamada Leonor, pero no lo logra, pues ella es demasiado bondadosa para que sus hechizos funcionen.
Las habilidades de las brujas que se mencionan en los cuentos tradicionales son vastas, desde expertas mentirosas, hábiles en hacer pócimas y hechizos variados para transformar en animales a los personajes, dar cualidades, maleficios, entre otras posibilidades. Como ejemplo de las conversiones, en el cuento El rey-rana, “una bruja muy mala le había encantado y desde entonces tenía que ser rana y vivir en la fuente” (Grimm, 2015, p. 134). Otro tipo de habilidades se menciona en La Sirenita escrita por Andersen, la Sirenita al enamorarse del príncipe quiere tener piernas para poder acceder al amor, ya que su cola no le permite tener la cercanía que desea. Por ello busca a la bruja del mar, y señala lo siguiente: “voy a buscar, a la bruja del mar, a quien tanto horror tuve hasta hoy. Acaso ella pueda darme consejos y ayudarme” (2019, p. 51). La bruja del mar le responde: “Tus deseos son estúpidos. Sin embargo, me prestaré a complacerte porque sé que traerá tu desgracia”(2019, p. 51). La bruja le concede piernas a cambio de su voz, con ello la Sirenita puede subir a la superficie a buscar al príncipe, pero este se enamora de otra chica. La bruja además de poderosa es adivina.
Como se puede ver tanto en los cuentos tradicionales como en el corpus de la literatura, la mirada religiosa les da una asignación peyorativa a los poderes de los personajes femeninos, les atribuye consideraciones malévolas, pactos con el diablo, justifica desde una orientación siniestra sus saberes y poderes. Las brujas, al ser mujeres con más poder que los hombres, son vistas como seres malignos y sus poderes producto de asociaciones diabólicas. Y como en estos cuentos prevalece el bien sobre el mal, las brujas son castigadas, violentadas, asesinadas, como producto de sus actos. Así el mal se castiga con mal, como parte de un círculo de violencia.
Palabras finales
Los tres personajes mostrados en este apartado: hadas, madrastras y brujas, son íconos culturales mundialmente conocidos. Aparecen de diferente manera a lo largo de la literatura como seres con poderes, ya sean mágicos o basados en artimañas.
Remiten al trasfondo de las relaciones humanas, a los designios de poder, donde las mujeres además de ser violentadas, son señaladas como agresoras. La literatura muestra estos personajes como formas caricaturizadas de los comportamientos humanos.
En el caso de las hadas aparecen tanto con una connotación negativa como positiva: pueden ser las protectoras que utilizan la magia para favorecer a los personajes, o que la utilizan para dañar, pero esto lo hacen solo cuando se sienten ignoradas, maltratadas u ofendidas. En cambio, parece que las madrastras son malas por naturaleza, con atributos negativos, lo que las ha inmortalizado, con características bien definidas, no hay otro personaje que haya impactado tanto el sistema de creencias sobre la configuración de las familias, donde la pareja no es mamá de los hijos. Nos preguntamos si el término “madrastra” en la vida real está impregnado de los atributos propios de la ficción, o los sucesos de la vida real han servido para caracterizar al personaje denominado de esa manera. Es difícil decidir quién influye más.
Las brujas son las antagonistas naturales, destructoras del orden establecido, generadoras del caos, a través del ingenio crean planes certeros, hechizos perniciosos para despojar a los personajes de lo que ellas ambicionan. Para lograrlo, se valen de sus artes. No tienen interiorizada la piedad, son malvadas.
Estos personajes femeninos coinciden en que confrontan el orden patriarcal, incluso los hombres con poder les temen, porque les pueden hacer daño, o hacerles favores; sin embargo, en la resolución de los conflictos de las tramas las brujas y las madrastras suelen ser castigadas o denigradas. Así pierden su posición de superioridad. Pero las hadas conservan su estatus, están por encima de los poderes mortales y patriarcales.
Las acciones de estos personajes son actos valientes y subversivos, una bocanada de aire fresco anverso al control patriarcal.










Llegué hasta aquí preguntándome ¿Por qué hombres “buenos” están casados con las peores brujas/madrastras en los cuentos?
y luego pensé qué tipo de hombre o masculinidad puede convivir románticamente con una mujer que maltrata a sus hijos… o que tenga claros problemas mentales, emocionales como altamente violenta, intrigosa… y demás características de personalidad que la vuelven “malvada”,”madrastra” o “bruja”… ¿Cómo son esos hombres de los cuentos de hadas que están emparejados con madrastras y brujas?
Por cierto, me agradó su texto.