Mujeres mexicanas organizadas contra los feminicidios. Desde las periferias tejiendo comunidad
Habitar los márgenes, vivir la periferia: el Estado de México y Nezahualcóyotl
Que tiemble el Estado, los cielos, las calles
Que tiemblen los jueces y los judiciales
Hoy a las mujeres nos quitan la calma
Nos sembraron miedo, nos crecieron alas
[…]
Por todas las compas marchando en Reforma
Por todas las morras peleando en Sonora
Por las comandantas luchando por Chiapas
Por todas las madres buscando en Tijuana
Vivir Quintana – Canción sin miedo
De un tiempo a esta parte, a partir de la segunda década del siglo XXI, se ha hecho “común” leer y escuchar afirmaciones que plantean que los feminicidios y desapariciones de mujeres y cuerpos feminizados, exceden las fronteras de Ciudad Juárez y la entidad federativa de Chihuahua, aquel espacio insigne y catalogado como sinónimo de violencia feminicida. Tanto desde medios masivos de comunicación como desde diversas investigaciones al respecto, se plantea que son otras las ciudades, otros estados mexicanos, los que concentran una tasa más alta de feminicidios: hay quienes consideran una buena idea tasar los asesinatos de mujeres (Salazar, 2006). Tal como argumenta Claudia Salazar (2006), estos discursos que pretenden borrar el horror mediante su normalización, se encuentran con que la ignominia de estas otras ciudades es justamente su indiferencia cómplice, la oscuridad del silencio. No obstante, en estos entornos y en contra-corriente a la avanzada de la máquina feminicida, agrupaciones, organizaciones sociales de amigas, amigos, vecinas, vecinos, familiares y madres de mujeres y niñas asesinadas, comienzan a ver en las organizaciones juarenses, como Nuestras Hijas de Regreso a Casa, la inspiración sobre una ruta posible para la dignificación del dolor (Salazar, 2006).
En este sentido, si bien el horror feminicida esparce sus perversos tentáculos por todos los territorios habitados, como una necrosis sub-cutánea que se oculta bajo los discursos normalizadores y encubridores del paradigma masculino-occidental dominante, florecen fuertes las resistencias que se niegan a aceptar sus designios, mil flores con raíces asentadas en las memorias, en los linajes de lucha y con los pistilos de cara al futuro-otro que quieren construir. En Chihuahua, Veracruz, Nuevo León, Puebla, Monterrey, Culiacán, Iztapalapa, Tijuana, el Estado de México[1] y todo el territorio mexicano, las mujeres, feministas, madres y familiares se organizan, se enlazan, se acuerpan para resistir.
Desde este reconocimiento, y siguiendo las justificaciones expuestas en la introducción, este primer apartado se avoca a exponer las condiciones socio-históricas y estructurales que conforman al territorio de Nezahualcóyotl y el Estado de México (o Edomex), como espacio y escenario del devenir de la Asamblea Vecinal “Nos Queremos Vivas Neza” -en adelante NQVN-, retomando la constatación –desde una lectura crítica hacia posiciones normalizadoras del horror– de que la máquina feminicida excede Ciudad Juárez. En efecto, a casi tres décadas de las primeras denuncias de desapariciones y feminicidios masivos en Juárez en 1993, la magnitud de los casos, el ensañamiento con los cuerpos, la impunidad y la inoperancia e indiferencia estatal, continúan siendo aspectos comunes y en aumento en las entidades federativas mexicanas, donde las estadísticas estatales –siempre cuestionables, siempre indolentes–, le han otorgado al Edomex, ya por varios años, los dolosos primeros lugares en cuanto a número de feminicidios, convirtiéndolo en un nuevo paradigma de impunidad y violencia feminicida desatada sobre mujeres y niñas (Juárez, 2016).
El Estado de México sumó 17.510 muertes violentas de mujeres desde enero de 2015 a diciembre de 2019, y desde que se decretó la Alerta de Violencia de Género en 2015 hasta marzo de 2020, el gobierno estatal sólo ha realizado 125 sentencias condenatorias por feminicidio como delito, junto con esto, la mayoría de las muertes violentas son catalogadas como homicidios dolosos y no como feminicidios, lo que fortalece el encubrimiento y silenciamiento, parte del accionar estatal: de esa cifra, solo 407 muertes fueron registradas como feminicidio (Soto, 2020). Otros datos exponen que el 12% de los municipios mexiquenses[2] concentran el 64,33% de los feminicidios registrados en el Edomex desde 2015 hasta marzo de 2020, la mayoría fueron perpetrados en Ecatepec, Nezahualcóyotl y Chimalhuacán, cada uno de estos municipios registra uno de cada cuatro homicidios dolosos en contra de las mujeres (Huerta, 2020).
Ya en 2010, Padgett (2011), planteaba que el Edomex era la entidad federativa de México donde más mujeres eran asesinadas[3], comparándolo y sentenciándolo como “peor que Ciudad Juárez”: desde el gobierno federal se contabilizaron 2.881 feminicidios entre 2000 y 2009. En el libro “Las muertas del Estado. Feminicidios durante la administración mexiquense de Enrique Peña Nieto”, Padgett y Loza (2014) exponen que durante los mismos años que hicieron a Juárez el epicentro nacional y mundial del feminicidio, en Edomex fueron asesinadas diez veces más mujeres, tanto en tasas como en términos absolutos.
Por su parte, según el estudio de Arteaga y Valdés (2010), a través de una lectura de las actas ministeriales es posible inferir que gran parte de las mujeres víctimas de feminicidios en el Estado de México, habitaban zonas de reciente urbanización o en proceso de consolidación urbana, especialmente en las periferias de cabeceras municipales, espacios caracterizados por relaciones vecinales fracturadas y hacinamiento.
Si el desierto de Juárez se convirtió en las últimas décadas en espacio geográfico y simbólico de muerte e impunidad, en el municipio de Ecatepec, Estado de México, el Río de los Remedios se ha consolidado como otro espacio estratégico de la cultura feminicida en México (Juárez, 2016). La periodista Lydiette Carrión publica en 2018 “La fosa de agua: desapariciones y feminicidios en el Río de los Remedios”, una obra a modo de gran reportaje sobre las desapariciones y feminicidios de al menos diez adolescentes en Ecatepec y Tecámac, entre 2011 y 2013. Un libro al que pude acceder gracias a la solidaridad feminista transfronteriza[4] en 2019, y que me acompañó durante ese verano. La lectura fue larga, y pausada, se hacía doloroso continuar leyendo en innumerables ocasiones, y había momentos en los que necesitaba dejarlo: el horror de lo indecible te atraviesa el corazón, el nudo en la garganta aparece y no se va. Varias ocasiones me vi llorando en la micro -transporte público-, mirando con la mirada perdida, en mi pieza, o en el patio de la casa de mis papás, y después esas sensaciones te acompañan porque son parte de tu memoria lectora, corporal y evocativa. La impotencia -la exposición de la inoperancia e indiferencia estatal es cruda y detallada-, y la profunda tristeza, algunas veces se tradujeron en dolencias e incomodidad corporal.
Desde la vereda académica, investigaciones como las de Arteaga y Valdés (2010), Juárez (2016), Padgett (2011), Padgett y Loza (2014), Sánchez (2009), Estrada (2011), entre otras, versan sobre el análisis del Edomex como el territorio con mayor riesgo y realidad feminicida en México. Si bien, estas investigaciones se han dedicado a analizar la problemática, las lecturas predominantes refieren a análisis cuantitativos, de cifras y estadísticas, así como a interpretaciones que asocian los feminicidios a “crisis de la masculinidad”, provocadas por los cambios en los roles de género: el aumento de la presencia de mujeres en el espacio público y el mercado laboral, quebrantan las normas de género, amenazando la supremacía de los hombres[5] (Falquet, 2014). Como expone Falquet (2014), al poner por delante la frustración masculina, podemos deslizarnos rápidamente a la pendiente dudosa del masculinismo reaccionario, donde las mujeres se tornan culpables de haber trastocado la “eterna” jerarquía de los sexos. Sumado a esto, se presenta una tendencia a enfatizar el análisis en la categorización de las mujeres víctimas según su estado civil, rangos etarios, nivel educacional y ocupaciones laborales.
En este sentido, se presenta una carencia de análisis críticos respecto de los feminicidios en el Estado de México –y en este caso particular de Ciudad Neza–, que enfoquen su mirada desde perspectivas feministas, descoloniales, estructurales e históricas del fenómeno, en el marco del desarrollo de la globalización neoliberal (Falquet, 2014), parte a su vez de la modernidad/colonialidad como marco más amplio y profundo que le da sentido. Las condiciones que atraviesan las vidas de las mujeres en el Edomex acontecen en el espacio contextual del Estado moderno mexicano, que en su condición de estado poscolonial, como lo plantea Rufer (2015, citado por Santos, Garrido, Martínez y Del Cueto, 2019), debe ser pensado como un estado que reproduce en los cuerpos de las mujeres la cultura de la diferencia, y que ésta lleva el signo del racismo de por medio. Desde este lugar, a través del presente apartado busco aportar con algunos supuestos tentativos, propuestas analíticas abiertas, que permitan observar raíces socio-históricas y políticas de los feminicidios en este territorio.
El “Estado Libre y Soberano de México”, o Edomex, se emplaza a casi 1800 kilómetros al sur de Ciudad Juárez. Ubicado en el centro-sur del país[6], tiene una extensión aproximada de 22 mil kilómetros cuadrados distribuidos en 125 municipios, a su vez divididos en 16 regiones, y se erige como el cordón industrializado que rodea a la Ciudad de México: su extensión oriente actúa como zona periférica que rodea tres cuartas partes de la capital.
Es la entidad federativa con mayor cantidad de habitantes, y la más alta densidad poblacional[7] del país. Su población, es mayoritariamente urbana, y una parte significativa se encuentra localizada en 60 municipios limítrofes y cercanos a la Ciudad de México, que conforman la gran conurbación conocida como Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), donde se presenta una fuerte concentración económica e industrial. La ZMVM es uno de los conglomerados urbanos más grandes de América Latina y el mundo. El desbordamiento de los límites administrativos de la Ciudad de México, el crecimiento urbano sostenido de los municipios vecinos y la metropolización, comenzaron a ocurrir en los años 50’ y 60’, y continúan (Pradilla, 2005).
Entre 1930[8] y 1980 la metrópoli fue el motor de la industrialización y desarrollo capitalista de la nación, así como de la modernización tecnológica y cultural, y el vanguardismo arquitectónico y urbanístico, sin embargo, desde las últimas décadas del siglo XX hasta la actualidad, ha entrado en una larga fase de crisis social, económica y urbana (Pradilla, 2005). El mismo autor expone cómo, esta mega ciudad se encuentra fragmentada en su gestión, gobernada pragmáticamente y sin planificación, a la vez que es utilizada como plataforma de acceso al poder político.
Si bien, la ZMVM ha sido desde el siglo XX un espacio político y económico estratégico de desarrollo para el país como para la dinámica regional y nacional, principalmente por el papel central que ha jugado la industria, esta se ha visto afectada en las últimas décadas, sobre todo en los periodos posteriores a los procesos de liberación y apertura comercial (1993-2008). Estas transformaciones se deben a diversos factores: la lógica de descentralización industrial desde el centro a la periferia (Dávila, 2004; Mendoza y Villeda, 2006; Celaya y Díaz Bautista, 2002, citados por Rendón y Godínez, 2016), los efectos derivados de la competencia internacional con pérdidas para la industria textil, automotriz, química y metalúrgica (Sobrino, 2011, citado por Rendón y Godínez, 2016), las alteraciones en el escenario macroeconómico nacional (apertura comercial, políticas económicas restrictivas, ausencia de programas sectoriales), el agotamiento de economías de proximidad, y los efectos derivados de la lógica caótica del ordenamiento urbano-territorial de las zonas metropolitanas del centro del país (Rendón y Godínez). A pesar de ello, esto no ha significado un vaciamiento industrial, sino la disminución del peso relativo de la industria manufacturera de la ZMVM, respecto de las actividades de comercio y servicios.
La periferia mexiquense, puede observarse como un espacio fronterizo, que cuenta con diversas zonas industrializadas, urbanas, semiurbanas y rurales. Sin embargo, esta producción económica no ha asegurado un “desarrollo social”, esto se explica desde una lectura histórica por la tendencia a la centralización de la administración pública federal de México, la que interviene en la distribución diferencial del espacio social nacional, como de la población que lo conforma (Yeh, 2015). De ser una entidad federativa primordialmente agrícola –aún conserva el 47.7% de su superficie dedicada al cultivo de maíz, frijol, cebada, avena y papa–, en la segunda mitad del siglo XX y como parte de la expansión económica, pasó a conformar el segundo lugar en la industria manufacturera y de servicios, y sin embargo, se ubica entre los 11 estados más pobres de México (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2006). Esta industrialización le hizo receptor permanente de flujos migratorios de diferentes entidades federativas, en búsqueda de mejores oportunidades de vida, lo que de una parte se ha expresado en una pluralidad de orígenes culturales y diversidad de lenguas habladas[9]. Pero a su vez, en sobrepoblación, hacinamiento, precarización, carencia de servicios básicos, degradación ambiental, inseguridad y violencias múltiples, características de las zonas urbanas más densamente pobladas de la entidad federativa, espacios donde se concentra también la violencia feminicida (Vasil’eva, Centmayer, Del Valle y Gabriel, 2015). Aquí, en la periferia, es posible observar de manera expresa –como también en el caso de la Frontera Norte y Ciudad Juárez– la unidad binaria/jerárquica de doble cara del proyecto de la modernidad/colonialidad, donde no existe la una sin la otra: los discursos de progreso, desarrollo y civilización, que en su puesta en acción conllevan explotación, racismo, desigualdad, expropiación e injusticia sobre los pueblos y cuerpos colonizados y racializados.
En esta línea, desde el paradigma occidental dominante, se construyen nociones e imaginarios negativos respecto del territorio y la población que le habita, signada por la raza y el mestizaje. Yeh (2015), expone cómo la periferia y la frontera, se erigen como espacios donde se presenta la oposición binaria y jerárquica entre lo indígena y lo europeo, como muestras de lo moderno y lo primitivo, ergo, son espacios donde colindan los márgenes de superioridad e inferioridad del mestizaje y donde se hacen tangibles los “deslices sutiles que perturban la aparente solidez del mestizo como sujeto nacional” (Yeh, 2015, p. 406). Estas relaciones de dominación, como se ha expuesto a lo largo de la tesis, encuentran su origen en el hito-herida colonial y la conformación de los estados-nación latinoamericanos, permeando hasta nuestra actualidad. En México, por auto-enunciarse como nación mestiza[10], suele afirmarse que no existe racismo, no obstante, las diferencias sociales sustentadas en la raza permean no sólo el lenguaje cotidiano (Yeh, 2015), sino todas las estructuras sociales y simbólicas que conforman la sociedad. Lo charlamos con Rubí en nuestras largas entrevistas-conversaciones en Buenos Aires el 2019, donde me lo exponía de la siguiente manera:
Me parece que la gente, sabemos, cuando somos pobres no, y que se sabe que la minoría en México son ricos, y también se sabe mucho que la gente más güera[11] es rica, es algo que por ahí, la parte de la raza no es algo que la gente lo diga, pero se sabe. La parte de la clase se menciona más, pero la parte de género y raza no se menciona tanto, pero yo creo que la parte de raza sí se sabe, solo digo como en este asunto también de la discriminación y del colonialismo interno y demás, me parece que nos cuesta trabajo mencionar el tema de la raza pero se sabe, o sea sí se sabe que en los pueblos somos mas morenos, se sabe que si tú vas a la zona mas cheta de la Ciudad de México son todos rubios no […] se sabe como que a las pobres nos pasa más o a nosotros los pobres nos pasa más, […] te digo lo de raza, yo creo que sí pero como que hay algo que no permite que se mencione tanto, que es quizás el temor a asumirse inferior por ser más moreno, pero yo creo que la gente siempre sabe que somos morenos y que los güeros viven en otras zonas que no son las nuestras. (Rubí Olvera, 2019)
En México en realidad, la mayoría de la población es morena, salvo las clases más altas por ahí sí son de piel blanca y demás, pero en la población en general, sigue teniendo esta aspiración a ser lo que no somos, a ser blancos […] Y bueno a mi me parece que justo […] los cuerpos menos valorados y demás son pues, de aquellas mujeres que somos más morenas, porque también eso funciona para […] el capital, o sea, hay grupos que no se tocan, y específicamente en México hay grupos que se pueden tocar y coinciden que son las poblaciones pobres, y las poblaciones morenas. (Rubí Olvera, 2019)
El racismo estructural internalizado, pero oculto por las diferencias de clase, -cuando son co-constituyentes-, opera en todo el territorio latinoamericano. Al hablar con Rubí y con otras compañeras del continente, emergía constantemente como interrogante abierta ¿por qué cuesta tanto hablar de raza, por qué es tan difícil reconocer la racialización? Cuando te atraviesa el cuerpo como huella imborrable, en nuestras comunidades o territorios de donde venimos. En las sociedades latinoamericanas, es la raza el elemento constitutivo que cruza las jerarquías de clase y de género (Carneiro, 2001), pero la marca de la raza duele, reconocida o no, te apuntala a los márgenes de la exclusión. Y en México, la racialización y el mestizaje conllevan peculiaridades históricas intrínsecas, inseparables de cualquier análisis que verse sobre violencia.
Por otro lado, volviendo al territorio en cuestión, al observar el mapa del Estado de México, es posible dar cuenta de la relación periférica para con la Ciudad de México (CDMX), y la forma en cómo esta ubicación espacial-política, determina al Edomex como la “puerta” grande de entrada para la capital: para entrar o para salir de ella, se debe pasar por los territorios mexiquenses (Santos, Garrido, Martínez y Del Cueto, 2019), por las periferias densamente concentradas. En su condición periférica, el territorio obliga a sus habitantes a una movilidad compleja y sostenida, distintas formas de movilidad conforman una suerte de sistema cardiovascular peculiar que bombea a diario los casi tres millones y medio de cuerpos viajantes que entrecruzan la ciudad (Fernández Silva, 2018). Esta movilidad compleja del Edomex como espacio periférico y su relación con la CDMX, presenta ciertas particularidades, en comparación a otras ciudades enormes: el tiempo requerido y dispuesto de los cuerpos que viajan, la fragmentación de los sistemas de transporte (las periferias están dislocadas de la capital en cuanto a su conectividad interrumpida, a partir de una frontera administrativa que es también socioeconómica), el nivel de exigencia física y hacinamiento, la desigualdad de género, el nivel de exposición de intimidad y la generación de estrategias creativas de adaptabilidad para sobrellevar los viajes (Espasandín, 2019).
En cuanto a la problemática de la representación de las periferias, en América Latina esta tiene asociada una complejidad y trayectoria histórica de larga data, desde su formación a través de la invasión colonial. La condición periférica-Sur del continente respecto del centro-norte ha sido reflexionada extensamente, así como la misma condición dicotómica se replica y se habita en su interior. Las categorías de “colonialismo interno” de González Casanova (2006) –que advierte cómo en un estado-nación se mantienen y renuevan muchas de las estructuras coloniales internas del dominio colonial–, y de “líneas abisales” de Boaventura de Sousa Santos (2009) dan cuenta de esta complejidad. Esta última noción expone la creación de líneas divisorias en nuestra comprensión del mundo, que implican la negación de aquello que se encuentra al otro lado: la línea/frontera que divide lo central de lo periférico expresa la exclusión y la invisibilización (Monroy, 2018). Estas lecturas de las periferias perduran en los imaginarios sociales y en algunos posicionamientos académicos que colaboran en el sostenimiento de la discriminación y negación de lo otro, de lo que debe a todo lugar, ocultarse:
La periferia parece ser resultado del fracaso. Nada bueno es posible observar en tanta humanidad dispuesta en el territorio […] De este modo, las periferias han pasado de la invisibilidad a la exposición de la ruina, son casos de extrema falta de cohesión que pueden afectar al resto de la urbe. (Nivón, 2016, pp. 6-7)
Por ejemplo, esta construcción de la exclusión periférica aparece fuerte en la trayectoria vital de la compañera Areli, en su caso, marcó un hito de huida, pero también de reconocimiento y retorno, una transmutación del origen territorial y la identidad de periferia: que es lucha con profundo raigambre popular.
Quería huir porque marcaron mi pensamiento con ideas racistas; en la academia, por ejemplo, algunas personas hacían chistes sobre la periferia Oriente, sobre todo, haciendo alusión a la pobreza, marginación, violencia, la infraestructura de la zona, y a mí me daba pena, vergüenza, entonces no me quise arraigar, al contrario quise huir y siempre huir. Hui de Neza muy pequeña, pero mi mamá vive allí, ahí está mi familia, y entonces mi pensamiento cambió cuando salí del país a conocer otros territorios, estando lejos, asumí de dónde vengo y me dio mucho orgullo pertenecer a un lugar que lucha y resiste. (Areli, 2021)
Monroy (2018) argumenta que, no obstante, a pesar de la exclusión, paradojalmente las periferias son centrales en la dinámica urbana actual, no sólo por su vasta extensión territorial, dimensión poblacional y complejidad socioeconómica, sino debido a las relaciones que tienen con el centro -CDMX-, que las hacen una unidad de cierta forma inseparable. En este sentido, la autora también destaca la heterogeneidad intrínseca de la periferia, urbanística, económica, social y cultural que la destruyen al tiempo que la multiplican: no hay un solo centro (Norte) y una sola periferia (Sur), sino muchos, que a su vez reproducen en sí mismos más centros y más periferias.
Parte de este entorno periférico, por añadidura complejo, es Nezahualcóyotl[12], o Ciudad Neza. Ubicado al nororiente de la CDMX, es el segundo municipio más poblado de la entidad federativa, después de Ecatepec de Morelos[13]. Con 1.039.867 habitantes[14], este gigante urbano contiene la densidad poblacional más alta del país. Las características del territorio son únicas, tanto por su proceso de urbanización desde la década de los 50’ y 60’ –periodo inicial de su aumento poblacional, hoy en tasas de crecimiento negativas–, como por la problemática socio-urbana que ha enfrentado históricamente (Bassols y Espinosa, 2011). Estas características sociohistóricas, y sus rasgos políticos y culturales propios, le han conferido un perfil emblemático y significativo particular.
Ciudad Neza surge en el periodo de las tendencias migratorias mexicanas campo-ciudad, posterior a la segunda posguerra. Las primeras colonias, Juárez Pantitilán, México y El Sol (1944-1960), se asentaron a orillas del área urbana que limitaba con el entonces Distrito Federal (desde 2016 Ciudad de México, CDMX). A medida que el terreno del lago de Texcoco se fue disecando, la tierra se fraccionó para convertirla en colonias ofrecidas a personas de bajos recursos, principalmente migrantes, a fin de que construyeran allí sus viviendas (García Luna, 1990, citada por Bassols y Espinosa, 2011).
Desde la época de la invasión colonial, en los alrededores del lago de Texcoco se realizaron obras de desagüe, deslindes, fraccionamientos y ventas clandestinas que finalmente lo condujeron a ser territorio “propicio” para la conurbación de la Ciudad de México, procesos en los cuales intervinieron económica, política y socialmente diversos actores, de manera que el desequilibrio ecológico, desecación y cambio de uso de suelo rural a urbano, fue socialmente construido[15] (Espinosa-Castillo, 2008).
En el periodo de instauración de asentamientos, las problemáticas en torno a la irregularidad de la tenencia de suelo, hacinamientos, carencia y precariedad de servicios básicos, enfermedades respiratorias y estomacales, eran parte del cotidiano vivido, algunas se extienden, complejizadas, hasta la actualidad. Esta época se caracteriza por una marginalidad política y urbana, donde las poblaciones llevaron prácticamente por sí solas el acondicionamiento físico y urbano del territorio, sin intervención estatal. Respecto de este proceso de constitución de Neza hay memoria, se reconoce la genealogía de un territorio-comunidad “que se hizo a sí mismo”, y que las mismas personas organizadas en torno al sostenimiento de la vida transformaron en hogar. Tanto Rubí como Lupita me lo contaban, como cuando uno le explica a una “turista” o “extranjera” cómo es el lugar donde vive, la historia del territorio como una parte insoslayable de la construcción de identidades.
Neza ha sido un parte aguas […] Neza creció como comunidad unida entre ellos, defendiendo el territorio, defendiendo su casa, su espacio, construyendo las mujeres sus hogares no, siendo quienes se quedaban al cuidado de estos terrenos en esas épocas donde iniciaba Neza, donde no querían como darle un nombre todavía a la ciudad de Nezahualcóyotl, entonces siempre ha sido como en comunidad, organizándose entre ellos hasta que lo lograron. (Lupita, 2021)
Neza es históricamente una zona urbana o popular, a la que llegaron migrantes del país, de distintos estados del país, y llegaron como en condiciones poco apropiadas para vivir, pero se asentaron y comenzaron a construir el municipio […] en las periferias, en Chimalhuacán, en Neza, son lugares que históricamente se sabe que son populares. (Rubí Olvera, 2019)
Bassols y Espinosa (2011), exponen que no fue sino hasta 1963, con la creación del municipio de Nezahualcóyotl, que comenzó a realizarse una regularización de los terrenos y la dotación de servicios básicos para las denominadas colonias del ex Vaso de Texcoco. De acuerdo al trabajo de los autores, puede reconocerse una periodización del proceso sociourbano de construcción del municipio posterior a su creación: desde 1964 a 1980, periodo de las primeras administraciones locales, se fortalece la estructura urbana, se legalizan las tierras, se mejoran paulatinamente los servicios, y junto con ello, se suceden las movilizaciones sociales más importantes; de 1980 a los 2000, el municipio se integra de forma plena al espacio metropolitano, principalmente debido a las obras viales y de infraestructura, lo que decanta en el decrecimiento de las movilizaciones sociales debido a la mejora de los servicios (a la vez que se incrementa la actividad partidaria y la alternancia política); finalmente, desde los 2000 en adelante, se crean y fortalecen áreas comerciales y el crecimiento poblacional cesa con marcada tendencia hacia su consolidación.
En consecuencia, las periferias del Edomex se han integrado a la metrópoli, y a los devenires del capitalismo globalizado, con las relaciones sociales y económicas generadas, sostenidas y profundizadas por sus dinámicas. La acumulación por despojo, marginalidad y desigualdades extremas son parte del territorio. En el Nezahualcoyotl del siglo XXI se observa, de una parte, la promoción de innovadores programas de gestión municipal, y a la vez, no aislados casos de corrupción y sobornos; sectores de la población que habitan principalmente la zona norte de la ciudad, cercanos al lujo, y otro sector de escasos recursos que vive al día, y junto con ello, nuevas generaciones de profesionales, artistas, gestores culturales que han aportado a las artes y la cultura, contribuyendo a generar nuevas formas de vida dentro del municipio (Bassols y Espinosa, 2011).
Sin embargo, las dinámicas sociourbanas en las cuales se desarrolló el crecimiento de Ciudad Neza, características de la zona, y las profundas desigualdades sociales, continúan signándole como uno de los municipios más “problemáticos”. En este entorno urbano marginado, las personas habitantes de Neza asumen un reconocimiento del espacio, a partir del enfrentamiento a complejas condiciones de vida como parte de una identidad territorial, identificándose desde diversos procesos, representaciones y prácticas, viven y dotan de sentido a situaciones que podrían analizarse como efectos de diferenciaciones producidas por la marginalidad de las periferias (Santos, Garrido, Martínez y Del Cueto, 2019), y los efectos estructurales de opresiones múltiples –racismo, clasismo, machismo–, que finalmente, permean las representaciones e imaginarios sociales en el Edomex como territorio periférico.
Las condiciones que generan la exclusión y discriminación en el Edomex, y en el caso concreto de Ciudad Neza, se encuentran determinadas por las prácticas políticas y nociones epistémicas de las relaciones de poder que los grupos que han gobernado el territorio, sostienen de forma histórica (Santos, Garrido, Martínez y Del Cueto, 2019). Como se mencionó anteriormente, desde el periodo de 1980 al 2000, cuando el municipio se integra a la zona metropolitana, se incrementa la actividad política partidaria y estado-céntrica, donde las políticas públicas que enmarcan la gestión y administración estatal, están determinadas por el carácter histórico de dominación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) -que gobierna el Edomex desde hace 90 años-, y que ha contribuido a la instalación de dinámicas que constituyen permisividad, normalización, encubrimiento, ejercicio e impunidad de la violencia y los feminicidios.
Las representaciones que asignan determinado valor en las personas que habitan en el Edomex –el de ser mujer, pobre, morena, “mestiza”–, están constituidas por relaciones de dominación instauradas culturalmente […] [y] que forman parte de una epistemología política neoliberal naturalizada, que administra a la población por medio del ejercicio de la soberanía, del control sobre el cuerpo, la valoración que se le asigna a los cuerpos y la decisión de quienes pueden vivir y quiénes no. (Santos, Garrido, Martínez y Del Cueto, 2019, p. 58)
En 2017 y 2018, Nezahualcóyotl fue el municipio donde se registraron más feminicidios, según cifras de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) (Solís, 2018). En el Estado de México, desde 2011 a 2017 se contabilizaron un total de 1653 homicidios dolosos de mujeres, y 363 feminicidios, dando un total de 2016, según cifras de la Fiscalía General del Estado de México[16]. Y en 2019, el Edomex fue la entidad federativa donde más asesinatos de mujeres se cometieron, y la segunda, después de Veracruz, en feminicidios: Ciudad Neza y Ecatepec, fueron los municipios con mayores cifras, según datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) (Morales, 2019). Nuevamente, los números y cifras varían, y cuando provienen de instancias estatales su legitimidad es dudosa, y por lo bajo, cuestionable. Por otro lado, encontrar estadísticas respecto de los feminicidios en Neza se torna más complejo, debido a carencia de la información, tanto periodística, como institucional y de investigaciones al respecto.
De acuerdo a lo expuesto en torno a los territorios analizados, Ciudad Juárez-frontera y Ciudad Neza-periferia, es posible inferir la tesitura respecto de cómo allí, en aquellos espacios donde el capitalismo colonial patriarcal se asienta más fuerte, se expresa, sostiene y desarrolla de forma desbocada a través de la industria maquiladora y la metrópolis como centro de poder, las relaciones sociales se tejen a partir de la exacerbación de las opresiones y despojos de los cuerpos feminizados: cuerpos desechables signados por género, raza y clase, que se descartan por las hendijas y los márgenes. Las violencias y feminicidios se ejercen como expresión de la soberanía y actúan como afianzamiento de las lógicas de poder y dominación que administran, que gestionan y permiten la muerte. En otras palabras, allí donde la articulación de los sistemas de dominación capitalismo-colonialismo-patriarcado se expone y se vivencia más feroz, como es la Frontera Norte y la zona metropolitana Periférica, la máquina feminicida actúa al símil devenir de sus requerimientos, y es por ello, que son los espacios territoriales y simbólicos donde los feminicidios se ejercen con mayor intensidad, amparo estatal y crueldad: no es coincidencia que sean las entidades federativas con mayor cantidad de mujeres asesinadas.
No obstante, desde la Frontera y la Periferia se gestan acciones de resistencia y campos de acción que se defienden ante la muerte, se siente, se lucha, se crea conocimiento y potencia organizativa. Tal como expresé en el anterior capítulo, yo escribo sobre la Frontera Norte y la Periferia mexicana desde mi lugar de enunciación propio, y mi territorio habitado. Escribo sobre Juárez y Neza desde la comodidad de mi casa en Temuco, Sur de Chile, y sin nunca haber pisado su suelo: las contradicciones internas y las incomodidades me han acompañado muchas veces, pero a medida que siento-y-escribo, también transmuto. Escribo sobre estos territorios desde mi propio-territorio-y-mi-cuerpo, desde lo que pienso y siento desde la panza, el corazón y el cuerpo afectado, marcado, abrazado por las conversaciones con las compañeras[17], sus relatos compartidos, espacios emocionales desde donde es posible teorizar. Escribiendo busco construir un aporte que incite a pensar estos territorios transcendiendo los discursos monolíticos que los encierran en designios marginalizantes, discursos que reproducen la violencia y que enfatizan en el dolor de la frontera, en el horror de la periferia, en la desesperanza. Modo contrario, al escribir desde la afectación corporal y el respeto, se aperturan posibilidades de observación y esperanzas críticas para desenmarañar la madeja –histórica, estructural, política–, y juntar los hilos para bordar las resistencias encarnadas en Juárez y Neza, por las mujeres que toman la defensa de la vida como camino común.
Otra ausencia que deviene en organización. Valeria, y el origen de la asamblea vecinal Nos Queremos Vivas Neza
Seamos intolerantes al silencio, para que ni una más sea despojada de abril, del viento y de la lluvia.
Guisela López – “Ni una más”
El jueves 08 de junio de 2017, Valeria Teresa Gutiérrez Ortiz de 11 años, salió del colegio para regresar a su casa en Ciudad Neza. Su padre, Sergio Gutiérrez, la recogió para irse juntos en bicicleta, pero debido a las lluvias, deciden que Valeria tome el autobus. Tomó el bus de la Ruta 40 en calle Mañanitas, mientras su papá la esperaba en la parada, pero nunca llegó. Su desaparición fue reportada por la familia inmediatamente, y gestaron su búsqueda desde esa tarde. A las 13.00 horas del viernes siguiente, vecinos y vecinas de la calle Zandunga, dieron aviso de una combi de transporte público abandonada desde el jueves en la noche. La desaparición, súbita, se hizo certeza de muerte: allí encontraron el cuerpo de Valeria, con señales de abuso y violación.
La madre y el padre de Valeria recorrieron las calles de la colonia buscando a su hija, acercándose a policías para pedir ayuda con la búsqueda, recibiendo la respuesta de que “seguro está bien y se escapó con el novio”. Acudieron al Centro de Justicia de Nezahualcóyotl de la Fiscalía del Estado de México a las 02.00 a.m. del jueves para levantar la denuncia por desaparición, pero no fueron atendidos hasta la mañana siguiente, debido a la jornada electoral de gobernador para el Estado de México. La emisión de la Alerta Amber[18] se realizó a las 12.00 p.m. del viernes -casi 20 horas después de la desaparición de Valeria-, ya que, según la institución, la alerta no debe emitirse en caso de secuestro pues se pone en peligro la vida de la persona, aun cuando nunca existió información que evidenciaria un posible secuestro. En la misma línea de irregularidades comunes, el cuerpo de Valeria fue encontrado con su uniforme de colegio, sin embargo, en la descripción de la Alerta Amber se describe otra vestimenta completamente distinta, y en el boletín de urgencia difundido por redes desde la Dirección General de Seguridad Ciudadana de Nezahualcóyotl, también se expuso una descripción diferente[19]. Hechos recurrentes que aparecen una y otra vez, inagotables, en cada caso de feminicidio y que actuan como intensificadores y reproductores de la inoperancia y de la indiferencia estatal.
La Fiscalía General de Justicia del Estado de México, informó el día sábado 10 de junio de 2017, la detención del acusado como responsable del feminicidio de Valeria, el chofer de la unidad de transporte público donde fue encontrado su cuerpo. José Octavio Sánchez Razo, de 43 años, tenía ya antecedentes por agresión sexual a otras cuatro jóvenes de entre 17 y 20 años de Ciudad Neza, y antecedentes penales en la Ciudad de México. En su credencial se señalaba que tenía 24 años, mientras que en algunos medios de comunicación lo presentaron como el dueño de la combi, la fotografía del sujeto no correspondía con la edad del detenido -entre otras irregularidades- hasta que finalmente, fue identificado por otros choferes. José Octavio Sánchez Razo, llevaba menos de una semana trabajando como chofer de la Ruta 40, y sus antecedentes por violencia sexual no fueron solicitados para desempeñarse en la labor de transporte público.
El 15 de junio de 2017, tras sólo cinco días de encontrarse preso por el feminicidio de Valeria, Sánchez Razo fue encontrado muerto en la celda del penal Neza-Bordo, donde se encontraba recluido. En ese momento, la principal línea de investigación fue el suicidio, pues fue encontrado con una cuerda atada al cuello, junto a los dos internos que compartían celda con el. Sin embargo, medios de comunicación expusieron el testimonio de otro reo, quien contradijo a la Fiscalía del Estado de México, argumentando que los demás reos esperaban la llegada de Sánchez Razo al penal y que fue asesinado.
En medio de todo el caos feminicida y la inoperancia estatal, la comunidad de Neza se organizó como mecanismo de resistencia y demanda por justicia ante los feminicidios que adolecen al territorio mexiquense. Fue justamente, el feminicidio de Valeria, el que estremeció y removió profundo los sentires de la comunidad: era una niña, que regresaba de la escuela a su casa, por las calles de su barrio. El 13 de junio de 2017, se convoca a la primera asamblea vecinal para hacer frente a la violencia. Allí asistieron vecinos y vecinas, sin trayectorias organizativas, como familiares y madres de mujeres desaparecidas o víctimas de feminicidios, agrupaciones feministas, organizaciones que trabajan por la educación y derecho a vidas y viviendas dignas. Se organizaron para continuar con convocatorias a manifestarse en las afueras del palacio municipal y exigir acciones gubernamentales respecto de la violencia feminicida, pero también, para discutir de manera interna propuestas vecinales de defensa de la vida de las mujeres, más allá de la responsabilidad/irresponsabilidad del estado. Junto con esto, la asamblea buscó vincularse con la madre y padre de Valeria, con el fin de apoyar y acompañarles en el proceso legal por el delito de feminicidio. El hecho de que el feminicida de Valeria haya sido identificado y apresado tan pronto, se dio en gran medida por la presión social y política que detentaron las/los habitantes de Ciudad Neza.
Indignó mucho, desde cómo desapareció, o sea no porque otras desapariciones no sean indignantes, pero creo que una, la edad de la niña fue como que a todo el mundo le molestaba que una niña hubiese desaparecido y luego por otro lado, que desapareciera en las calles que normalmente la gente transita ¿no?, como que creo ahí pegó mucho a, pues a las familias, como que es mucho mas sencillo que la gente se sienta como, o empatice con esa situación y con los papás, la mamá y el papá de la niña. (Rubí Olvera, 2019).
El desate sistemático de la violencia de la máquina feminicida, se expresa descarnado sobre los cuerpos de mujeres y niñas, en espacios que deberían ser seguros, en las propias comunidades, en sus mismos barrios, cerca de su familia. Se despliega como un telón de fondo inmanente que enmarca y construye las relaciones sociales en los extensos territorios mexicanos, a niveles micro y macro. Pero al mismo tiempo, y otra vez, la vida se defiende, y las comunidades y las mujeres se organizan: y ante la complicidad feminicida del estado, se teje resistencia comunitaria. Es la tensión constante, inagotable, entre la vida y la muerte, entre el odio feminicida y los afectos revolucionarios que defienden la sostenibilidad de la vida. Como Lilia Alejandra en Ciudad Juárez, para la comunidad de Neza, Valeria significó una ausencia transmutada en presencias, en organización auto-convocada enfocada en la capacidad de agencia que pueden detentar las propias comunidades ante las violencias que nos matan. De esta forma, la asamblea vecinal NQVN, buscó desde allí gestionar un espacio y una forma-hecha-cuerpo para resistir. La potencia de la vida que se defiende colectiva ante la imposición de la muerte. A través de diversas acciones políticas como protestas, marchas, manifestaciones, acompañamiento jurídico, conferencias de prensa, talleres, educación popular, difusión, activismo en redes sociales, programas radiales, entre otras, parte de un proceso organizativo mas extenso e integral que persiste hasta hoy, la asamblea NQVN existe y resiste.
Retomando el hilo lanzado en el apartado anterior, la territorialidad habitada se erige como una de las particularidades que define el accionar de la asamblea. El vínculo identitario y afectivo con el territorio de Ciudad Neza, su historia de luchas, memoria y genealogía es reconocida-y-sentida como una pieza fundamental en la confección del trabajo político-organizativo. La memoria-territorio convoca, es el espacio de acción y lugar de enunciación que determina identidades políticas como mujeres y comunidades organizadas que luchan ante las violencias y múltiples despojos. Ciudad Neza, o Nezita, deviene en una territorialidad histórica significada y resignificada.
[…] me parece incluso una de las, quizás, explicaciones o razones de que, también persista la organización. O sea Ciudad Neza es una zona que llamaríamos urbano-popular, está muy pegadito a la Ciudad de México, pegadita […] entonces como que ahí la gente está acostumbrada a reclamar, o a gestionar ciertas vidas, o exigir ciertas cosas. Después ahora Neza es un municipio grande […] y eso, como que la gente sigue manteniendo esa capacidad o posibilidad de reclamar cosas, de exigir justicia. (Rubí Olvera, 2019)
Sinónimo de exclusión, marginalidad, carencia de servicios, de vidas determinadas como periféricas. Esa determinación de negación, de construcción de otredades intencionadas como identidades fijas sin capacidad de agencia para la población de Neza, fue respondida desde la rebeldía organizada, lucha popular y resignificación identitaria del territorio. Esta genealogía de resistencia popular, es reconocida como sello que permea los presentes de las organizaciones que luchan desde distintas veredas en contra de las opresiones histórico-estructurales. Pensar y repensar, accionar y poner el cuerpo desde el entorno situado y habitado, desde la realidad concreta de la exclusión periférica como resultado inevitable de una interacción dialógica y creativa entre múltiples memorias, herencias, diferencias y reclamos.
Rubí me lo contaba de otra compañera de la asamblea, cómo con el feminicidio de Valeria y el devenir de la organización, la lucha fue convocando y permitiendo a su vez el encuentro con el territorio:
Elsa es de Neza, dejó de vivir mucho tiempo ahí porque, como que se dedicó al activismo en la Ciudad de México […] pero desde que pasó esto, ella va más seguido a Neza a visitar a su familia, y de hecho lo dice ella, desde que comenzamos con esto de la asamblea como que me reencontré con Neza y vengo más, ¡la mayoría de ellas ama mucho Neza, bueno yo también!, pero digo como las compañeras que son de ahí, aman mucho Neza. (Rubí Olvera, 2019)
Yo soy reciente en la Asamblea, de hecho yo llegué de Colombia en diciembre del 2019 a México, porque estuve viviendo seis años allá, entonces yo iba a regresar pero el virus ya no me dejó. Yo estaba al tanto de la situación de violencia en México y me di cuenta del trabajo de varias colectivas en la periferia Oriente del Estado de México, que estaban trabajando para visibilizar y denunciar esta violencia feminicida. Traté de ponerme en contacto con algunas porque yo soy de Neza, yo crecí allí, pero siempre había querido huir, y ahora que volvía quería hacer algo en y por el territorio de donde vengo. Y no, no tuve como mucha resonancia con algunas de las colectivas, pero sí con las compañeras de la Asamblea, y desde marzo del 2020 formo parte de esta colectiva de mujeres hermosas. (Areli, 2021)
La exclusión periférica es transmutada, pues si bien, de una parte, mujeres y niñas del territorio encuentran sus trayectorias vitales signadas por la co-constitución del género, la raza/etnia y la clase, la territorialidad donde residen y se construyen sus vidas es clave también, y en muchos sentidos determinante de la indiferencia institucional, impunidad y entorpecimiento en la búsqueda de justicia. Por otra, el territorio es campo de disputa y construcción de sentidos, símbolos, memorias, identidades y por ende discurso y acción política. Las características contextuales y las condiciones socio-históricas que construyen la territorialidad urbano-popular forman parte del universo simbólico de Ciudad Neza, donde se desarrollan los ámbitos de interacción y sentido de las relaciones sociales. De esta forma, se hacen visibles las nociones de violencias-cuerpos-territorio, cuerpos femeninos y feminizados que pueden ser conquistados, que devienen en espacios donde se hace carne la metáfora. A la vez, que es posible observar un vínculo-continuidad entre territorio-exclusión-resistencia que opera en los sentidos y acciones de la asamblea.
Por otro lado, la composición humana de NQVN es otra de las características que le definen, y cómo esta ha ido transformándose en el devenir natural de la organización es parte fundamental de su biografía colectiva. En primera instancia, si bien la asamblea vecinal comenzó siendo un espacio mixto y auto-convocado, donde inicialmente se reunieron vecinos y familiares enlazados en torno al dolor e impotencia del feminicidio de Valeria, luego el grupo fue conformándose y consolidándose únicamente por mujeres.
No hubo un conflicto, o sea nunca hubo como una pelea o algo así, en realidad justo cuando yo llegué aun había hombres, o sea me tocó unos meses a los hombres, y después dejaron de ir. Pero nunca fue una discusión ni una pelea ni demás, entonces, bueno como que en la asamblea no se le dedicó tanta discusión, pero se hablaba. También un poco por la limitación de los tiempos y demás, pero se ha hablado de eso, de lo que implica, o sea por qué se fueron. Y un poco lo que hemos dicho es que, y también es algo que yo pienso, porque la mayoría como que decían, bueno, quizás no se sintieron cómodos con que seamos mujeres las que hacemos, las que tomamos muchas decisiones, y que básicamente alrededor de nuestras decisiones se organiza nuestra acción. Y yo pienso que eso es verdad, pero, también pienso que por ahí puede ser que como muchos de ellos […] vienen como de una tradición de izquierda, que por ahí, además de esa incomodidad de que no sean los referentes o los lideres o los que toman decisiones, también creo que está, que quizás por ahí, hay un poquito más de sensibilidad, en algunos de ellos, no digo que en todos, pero quizás por ahí hubo más como de, bueno, si lo están haciendo, que lo hagan, o sea lo están haciendo ellas y quizás es eso, por ahí también eso como que quizás pudieron haber sentido que era un espacio de mujeres en donde ellos pues no tenían mucho que aportar […] por ahí siguen pendientes, igual que otras mujeres vecinas que se fueron. Por ejemplo, son la gente que, si es necesario dinero han apoyado, con poco pero apoyan, o llevan comida o así. Entonces sí, como que nunca hubo una pelea con nadie, pero la gente como que se va […] tal cual, se van decantando las organizaciones. (Rubí Olvera, 2019).
Pienso que la fortaleza es la unión que hemos tenido las que la conformamos. En la asamblea tenemos dos grupos, uno donde está toda la gente que quiere estar, todos los que dicen “ah méteme a este grupo de whatsapp”, y hay hombres, mujeres, maestras, este, muchísima gente […] pero tenemos un grupo que es el de coordinación, que solo somos las mujeres que hacemos el trabajo. (Lupita, 2021)
El hecho de que la participación activa de los varones dentro de la asamblea se haya diluido con el tiempo hasta conformarse un espacio de mujeres, puede analizarse desde las dimensiones que menciona Rubí, y a la vez, a partir de la observación, en clave también histórica, de cómo las luchas aglutinan de manera sostenida a aquellos colectivos que se ven más directamente oprimidos por la violencia contra la que reclaman y resisten, es decir y en este caso, cómo han sido las mujeres y disidencias quienes han “levantado los lienzos” y han puesto los cuerpos en la lucha contra las violencias de género. La construcción social asociada a que estas violencias son “un problema de las mujeres”, -por ende un problema menor-, continúa permeando fuerte los imaginarios sociales: seguimos siendo nosotras desde las diversas veredas, quienes investigamos, nos formamos, trabajamos y nos enlazamos en contra de la violencia patriarcal, cuando en la realidad social vivida, la violencia es un mal social general planetario, enraizado y de larguísimo aliento, de un origen colonial. En este sentido, las compañeras tienen consciencia de que su comunidad está conformada también por varones: vecinos, amigos, padres, abuelos, tíos, esposos, hijos, y que la transformación sustancial de las tramas vinculares que ponen la vida en el centro contemplan a la comunidad-toda, a todas las personas que la componen. Desde un trabajo organizativo sostenido entre-mujeres, se teje resistencia situada y comunitaria no excluyente.
El grupo de mujeres que fue urdiéndose para conformar la asamblea, contiene en sí una composición diversa, otra de las cualidades que le caracterizan como organización. Algunas enunciadas como feministas, algunas con trayectorias de militancia política, algunas con vínculos directos-e-íntimos con la violencia feminicida, estudiantes, profesionales, madres, dueñas de casa, trabajadoras, vecinas. Es decir, una diversidad de experiencias vitales en torno a la organización, los activismos y las violencias, que le conceden a la asamblea un carácter político con particularidades y profunda raigambre comunitaria-popular, donde confluyen mujeres diversas en torno a la necesidad de acuerparse.
Por ejemplo está ella Lupita, que siempre ha trabajado como en su casa y demás, pero por ejemplo está Karina, que Karina vive en Neza, ella no era de Neza, pero ella vive en Neza desde hace varios años, y ha estado como metida en otras organizaciones en Neza entonces también es un territorio que conoce, y su identidad ya está cruzada por Neza […] ha sido activista […] o sea digamos que su activismo inicia ahí en la universidad. Y bueno de hecho, Karina y yo nos conocimos, yo llego a la asamblea por Karina, porque ella y yo nos conocimos en una organización de derechos humanos que trabajamos más tierra y territorio, derechos indígenas, y ahí nos hicimos amigas y cuando surge la asamblea, pues ella es una de las primeras que corre al llamado de la población, y ya pues me iba contando como le iba y así, y ya después como que yo intento también involucrarme y voy, porque también de alguna forma conozco Neza […] es un territorio que de alguna forma conozco, o suelo visitar […] Por ejemplo Yelitza nunca había participado de activismo o de cosas así, y ella estudia, es estudiante, estudia de hecho biología, no estudia nada de sociales, pero bueno como que se activó, y […] su trabajo mas fuerte de activismo inició con la asamblea […] y Elsa por ejemplo, ella es, yo creo que es como la más, yo creo que Elsa y Karina son como nuestras compañeras mas experimentadas en activismo […] habemos estudiantas, y otras personas que trabajan en otras cosas. Está Lupita, Julieta que es la mamá de Yelitza, porque además están ahí mamá e hija, es profesora, hay como distintos perfiles. Y Julieta no sé, la verdad bien su edad, pero yo creo que debe tener unos 50 años, esa es como la edad que le calculo. […] y eso, sí, somos como muy diversas. (Rubí Olvera, 2019)
Lupita por su parte, nunca había participado de una organización política, su experiencia activista inicia en la asamblea, a la que se integra desde la primera convocatoria en 2017 hasta la actualidad.
Empezaron a convocar a la primera asamblea y yo estaba en ese entonces laborando, y todavía no terminaba y ellas ya estaban reunidas, y chin!, y ya salí de laborar y dije no, sí voy, y me llevé a mis niñas, o sea yo las jalaba porque yo sí decía, o sea que ellas vean esta situación, y alcancé a llegar a la primera asamblea, luego a la segunda y así consecutivamente, o sea todas, todas las reuniones empecé a ir. Yo de verdad no sabía absolutamente nada, o sea yo creo que fue más como la preocupación de la situación que estaba pasando y que mis hijas aprendieran esta situación que está pasando […] y pues ya estamos a nada de cumplir 4 años y hemos estado desde el inicio. (Lupita, 2021)
La amplitud plural de las trayectorias vitales que conforman NQVN, finalmente converge, pues se entrelazan vidas y corporalidades sintientes en torno a objetivos comunes, desde una territorialidad concreta y compartida: la lucha contra las violencias y los feminicidios en y desde Neza.
Yo ahorita prácticamente tengo como un año dos-tres meses con la asamblea, y ha sido un trabajo intenso, intenso, y yo les decía a todas las compañeras el otro día: si yo tengo un año y lo siento la intensidad en la cuerpa, cómo están ustedes que llevan cuatro años en esta lucha y este compromiso. No hay dinero por lo que hacemos, pero se convirtió es un compromiso inherente a nuestras vidas, porque no importa todas las actividades que tengas que hacer para corretear la chuleta -vegetariana-, pero es así, como no dejar de hacerlo: acuerpar, acompañar, autodefenderse por lo que significa haber crecido ahí, por lo que significa también apropiarse, resistir y enraizarse en un lugar. (Areli, 2021)
Respecto de los objetivos de la asamblea:
El objetivo principal es, pues, trabajar en contra del feminicidio en Ciudad Neza, y de la violencia de género en Ciudad Neza, y eso como siempre acercándonos a la población […] y hay un gran interés, o sea como que se ve que la táctica más importante para la asamblea es como hacer talleres, mantenernos cercanas a la población, porque es el lugar en donde estamos intentando cambiar cosas, entonces bueno, el objetivo siempre está muy focalizado en Ciudad Neza. (Rubí Olvera, 2019)
La apuesta política militante de la Asamblea vecinal Nos queremos vivas Neza [es] la juntanza de mujeres que le apuestan a la vida, desde los feminismos populares que lo que defienden es la vida, y se organizan, acción directa, hacemos acción directa al acompañar a las compañeras, hacemos acción directa al llamarle todos los días, al hacer estas respiraciones para relajarse para que se puedan calmar, hacemos la acción directa al llevarles instrumentos médicos para medir la presión, el contratar un tanque de oxígeno, esa es la acción directa que hace la asamblea vecinal […] sí en especial es este acompañamiento, acuerpamiento para tender a erradicar y denunciar la violencia de género, la violencia feminicida […] la apuesta política es defender la vida. (Areli, 2021)
La defensa de la vida en el centro de la acción colectiva. Volveré a esta dimensión -que es el corazón palpitante que bombea energía-, en el cuarto capítulo, dedicado a juntar los hilos, desatar los nudos y confeccionar tejido en torno a las políticas en femenino de las organizaciones, que sitúan las luchas por la vida como semillero. Ya aparece, y vuelve aparecer constantemente en los relatos, como un mantra que se repite: los mantras están hechos para ser repetidos porque se espera que de cada acto repetitivo -enunciativo, materializado en acciones-, surjan nuevos significados: la enunciación mántrica como acto de transformación radical, no de osificación (Brah, 2011).
En cuanto a la organización interna del trabajo político que lleva adelante NQVN, la horizontalidad y la diversificación de labores compartidas son dimensiones que sostienen y dan sentido. El quiebre consciente de las jerarquías organizativas, y el desarme de estructuras organizacionales tradicionales enmarcadas en lógicas políticas propias del mundo masculino occidental, se traducen en una búsqueda de crear nuevas formas de vincularse y formas-otras de hacer política común. Esto va construyendo a la vez, potenciaciones mutuas, acuerpamientos amorosos polifónicos, en contra de la monoglosia colonizadora y la violencia estructural (Bidaseca, 2010), donde las voces acalladas, periféricas, inaudibles son “recuperadas”, y enunciadas fuerte, con megáfono, con consignas, con diálogos afectivos-afectuosos, con conversas-y-escuchas que tejen realidades diferentes a las impuestas por el patriarcado-capitalista-colonial y su máquina feminicida.
Yo creo que justo el feminismo nos permite ser una organización, una muy horizontal, y dos, no que no establezcamos tareas, pero nunca decimos como “solo a esto te vas a dedicar” […] lo que sí hacemos es identificar como ciertas fortalezas[…] por ejemplo Karina, que estuvo en la misma organización que yo, justo en esta organización que estuvimos Karina se hacía cargo de la comunicación, entonces como que ahí armó toda una agenda de medios […] siempre que se hacen conferencias de prensa es Karina la que convoca a los medios, porque tiene la agenda e incluso la conocen algunos de los medios. Y por ahí eso, vamos como detectando fortalezas, pero en general intentamos que todas hagamos de todas, si queremos no, tampoco es que nos obliguemos […] por ejemplo Elsa como que siempre sabemos que ella puede explicar muy bien hacia afuera, o sea como que tiene capacidad de palabra, y ella conoce mucho de derechos humanos y de la ley, entonces como que también hacia afuera, a veces convence un discurso desde ahí y le pedimos que ella lo haga, pero hemos intentado que otras también lo hagamos, o sea incluso ella misma nos empuja a hacerlo, por eso digo que es algo muy horizontal, porque me parece bien y digo, nos ha funcionado […] Elsa por ejemplo, pese a que todas queremos que o Elsa o Karina, hablen, porque son buenas como diciendo hacia afuera, como que ellas nos dicen, pues que también lo hagamos otras o nos impulsan a hacerlo. Por ejemplo a Lupita que es a la que mas les cuesta hablar en público intentamos que también lo haga, y lo ha hecho. Vamos intentando que todas hagamos de todo un poco. (Rubí Olvera, 2019)
Yo creo que una de las grandes [potencialidades], es lo que yo te dije, es la diversidad de pensamientos y que el poder se ejerce de manera colectiva, esa es una cosa increíble. De verdad para mí ha sido una experiencia re bonita saber que se puede, saber que, que sí es cierto, que sí existe ejercer el poder de manera horizontal , de generar red […] Eso también está bien chévere, poder hacer estas articulaciones, ejercer el poder de manera colectiva es una cosa que yo admiro profundamente de la asamblea, y que nunca en mi vida lo había experimentado. Yo estudié ciencias políticas y en el intento de hacer asambleas sobresalía la fuerza del que habla más, la fuerza del que tiene mayor discurso, y aquí con la NQVN el ejercicio del poder, puedo asegurarlo, se ejerce en colectivo, en red, no hay jerarquías, … solamente hay pensamientos y saberes que se comparten y así se ejerce la reflexión colectiva también. (Areli, 2021)
Reunirnos, exactamente para hablar de nosotras, de nuestros sentires, de cómo estamos y eso es lo que hace la unión no, lo mencionábamos hace poco que nos reunimos este colectivo que conformamos nosotras […] tenemos eso, hablarnos con la verdad, sincerarnos, no atacarnos, no sobresalir una más que otra, o sea y si preguntan quién es la líder, ninguna es líder, todas somos la asamblea, si nos invitan a alguna reunión, alguna mesa de dialogo no sé, en alguna escuela […] no nos decimos solo soy yo, sino, somos todas, entonces creo que esa hermandad que hemos logrado hacer entre nosotras, es lo que nos ha dado la fortaleza de seguir, o sea ese es el plus para seguir adelante nosotras. (Lupita, 2021)
La horizontalidad es enlazada con el posicionamiento feminista como una ética y una práctica política, donde el deseo está puesto en crear espacios de complicidad y resistencia entre distintas-pero-iguales, con las capacidades y potencialidades de tejer comunidades con los hilos de una subversión organizada, de bordar horizontes de transformación con efectos materiales y afectivos en los paisajes urbanos habitados. Esto se materializa desde el compartir una identidad definida y la confluencia en objetivos comunes, que aunque pueden modificarse como en toda organización de personas de acuerdo a los devenires y condiciones socio-históricas, siempre se regresa a ellos, a la raíz que las enlazó originalmente, qué es lo que quieren y sienten que tienen que hacer como asamblea, y esto es reconocido como una fortaleza. Cuando las escuchaba a Lupita, Areli y Rubí contarme, emocionadas, orgullosas, cómo se vinculaban internamente como asamblea: horizontales, amorosas, acuerpadas, la emoción también me atravesaba, la esperanza viva de que mujeres en sus territorios están creando otras-políticas comunes arraigadas en la vida: ¡se puede hacer, se está haciendo!
[…] otra fortaleza puede ser que la verdad la gente nos conoce, como que si, la asamblea se ha hecho conocida, en el estado de México, en la ciudad de México, y por ahí en otros estados también, entonces eso nos ayuda incluso frente a las amenazas, porque como que estamos visibilizadas y las autoridades por ahí nos tienen un poco mas de consideración, no es que nos respeten pero a veces sí pesa que estemos ahí. La otra es, a mi me parece que una fortaleza es que todas tenemos como conocimientos distintos, que ayudan, entonces como que eso permite que hagamos varias cosas o que podamos, que tengamos capacidad de hacer distintas actividades. (Rubí Olvera, 2019).
Nuevamente, aparece el reconocimiento de la diversidad de trayectorias vitales como una característica valiosa dentro de la organización. Las diferentes vidas contienen distintos saberes, experiencias, repertorios de memorias, herramientas y sentires que devienen en potencialidades, y en testimonio materializado de cómo lo personal es político, lo doméstico, lo íntimo, los afectos. Y que desde allí, el mismo trabajo de la asamblea, si bien situado, comunitario y territorial, se ha propagado y ha logrado tejer acciones y redes reconocidas en el Edomex. Es la manifestación amplificada de cómo el dolor y la impotencia que convoca, se sostiene y se expande. El hecho de que la asamblea se haya transformado en referente organizativo en el Estado de México, ha permitido que el problema de las violencias y feminicidios se visibilice, así como también que otras personas, familiares y madres de mujeres desaparecidas o asesinadas en los municipios vecinos se acerquen, instando a la realización de redes organizativas, vínculos activistas y actividades políticas como encuentros y marchas que trascienden los límites territoriales de Ciudad Neza. Vuelvo a esto en profundidad en el siguiente apartado.
Por otro lado, la consecución de un objetivo si bien concreto, pero a la vez profundamente amplio, como es luchar contra la violencia machista en Ciudad Neza, conlleva dificultades materiales y de despliegue, que son igualmente reconocidas desde una lectura crítica pero a la vez, generosa y compasiva de la realidad habitada-y-construida por la asamblea.
Como problemas no, no siento que hayamos tenido más que esta parte de no poder a veces acompañar, pero siempre tratamos de repartirnos para por lo menos una o dos o si se puede todas no, pero no dejar sola a quien nos está pidiendo ese acompañamiento, entonces pues no nos veo como mayor problema que eso. (Lupita, 2021)
[…] nos desespera mucho no tener abogadas o abogados, o sea porque quisiéramos dar mas apoyo, mucho mas cercano y mucho mas de largo plazo a las madres que se acercan, o sea como que nos gustaría poder dar seguimiento a algunos casos, quizás no se podría a todos porque en serio que llegan muchos, o hay muchas desapariciones y feminicidios […] Incluso para asesorías, igual por ahí no para llevar los casos pero a lo mejor sí nos gustaría incluso tener todavía mas conocimiento de la ley para dar ciertas asesorías […] quisiéramos tener esa capacidad. A veces hemos dicho que no, o sea que también hay que aceptar qué es lo que somos, y podría no ser una debilidad si lo que somos lo hacemos bien, pero bueno, como que siempre ha sido una aspiración poder conocer más a profundidad, la ley, las leyes o como el marco jurídico y poder trabajarlo más de cerca con las familiares o los familiares (Rubí, 2019).
En este sentido, hay una mirada atenta hacia la estrategia de conocer y manejar las legislaciones en torno a la violencia y los feminicidios, pues permite exigir y defenderse ante el sistema, pero con sus propias reglas y en su propio lenguaje. Es decir, hay una conciencia clara de que ante el embate de la violencia y su complicidad estatal por ende patriarcal, colonial y capitalista, hay que resistir con una multiplicidad de herramientas, “las suyas y las nuestras”, desde la búsqueda de lograr generar acompañamientos efectivos a las madres y familias, y que estas no sean una y otra vez pisoteadas, re-victimizadas. Las disciplinas, como el derecho en este caso, pueden ejecutarse desde un posicionamiento crítico feminista que camine en compañía con la búsqueda de justicia, mientras encaminamos el rumbo hacia las transformaciones sociales más profundas, más allá del lo estado-céntrico totalizante. Como plantea Rita Segato (2012), debemos empeñarnos en inscribir el feminicidio en el discurso de la ley y dotarlo así de eficacia simbólica y performativa, a la vez de obtener, en esa ruta, ventajas prácticas que resulten de esa eficacia. Aunque la historia nos demuestre que el ejercicio de lo jurídico expresado en condenas de responsabilidad del estado en los feminicidios, no se haya traducido en la justicia buscada, la esperanza en defensa de nuestras vidas no se rinde, y eso sostiene el trabajo político de la asamblea.
El tejido de vínculos de la asamblea, y los casos de Mariana y Diana. El Estado de México como escenario de dolor y de lucha
Para las mujeres la necesidad y deseo de acuerparse mutuamente no son patológicos sino redentores, y hay que partir de este conocimiento para redescubrir nuestro auténtico poder.
Audre Lorde
Las labores de la asamblea vecinal NQVN se han expandido en distintas hebras lanzadas hacia los espacios donde resuena luchar y generar acciones, como ha sido el tejido de redes con otras organizaciones y de vínculos con madres y familiares de mujeres desaparecidas y asesinadas más allá de las fronteras del municipio de Nezahuálcoyotl.
[…] hay como una articulación mas amplia en el estado de México que se llama la Asamblea 25N, que es donde están articuladas otras agrupaciones de otros lugares del estado de México, y otras colectivas y demás, junto con la Asamblea 25N, donde la asamblea NQVN tiene presencia o acude, se han organizado como marchas un poco mas amplias, el día de la mujer por ejemplo […] vamos a otros municipios, a Ecatepec, o sea como que esos han sido eventos importantes, nos seguimos vinculando con otras organizaciones y al final sigue siendo el estado de México, que para nosotras es importante eso, sobre todo si pensamos que once municipios tienen Alerta de Violencia de Género, entre ellos pues está tanto Chimalhuacán y está Ecatepec […] organizar estas marchas en otros municipios y que nosotras también vayamos acompañando a otras organizaciones del estado de México, son momentos importantes, porque se visibiliza y porque se generan redes. (Rubí Olvera, 2019)
Uno que me llega a mí en personal es el 8 de marzo del año pasado [2020], que hicimos este pues la manifestación, no fue solo de la asamblea, hay varios colectivos que de hecho se llamaba Asamblea 25N, donde están reunidos varios colectivos de Neza, de Chimalhuacán, algunos de la Ciudad de México que se vinieron acá al estado de México. Hicimos una convocatoria acá en Neza para hacer esta manifestación y salieron muchísimas mujeres, o sea mujeres adultas, mujeres con niñas o sea donde te das cuenta de la exigencia de alzar la voz no, salieron muchísimas muchísimas mujeres y eso o sea te llena, ver tantísima gente apoyando aquí en Neza te llena, […] lo veo como algo, como un logro muy bueno de nosotras, como te digo no fuimos solo nosotras fueron varias colectivas pero eso es muy llenador. (Lupita, 2021)
La articulación territorial en el Edomex responde a la certeza dolorosa de que las desapariciones y feminicidios son un mal social generalizado que se expande por todos los territorios de México, y que la lucha situada debe igualmente fortalecerse a través de la vinculación activa que visibilice el problema, que demuestre en las calles, en lo público, que hay tantísimas mujeres trabajando y resistiendo. Las manifestaciones públicas, como las marchas, mitin y plantones, por ejemplo, han sido estrategias de lucha parte del repertorio histórico de las movilizaciones sociales, que actúan sin duda, como amplificadoras de las consignas y muestras visibles y audibles, de las demandas políticas de los grupos sociales oprimidos. Para el caso del movimiento feminista, la visibilización en lo público ha sido históricamente una estrategia fundamental para sacar a la calle los problemas que durante mucho fueron designados al ocultamiento de lo íntimo y lo privado.
Carteles hechos a mano, brazos que levantan pancartas con pedidos de justicia, un sistema judicial que necesita la intervención y vigilancia feminista para quebrar el prejuicio patriarcal. Víctimas presentes en fotografías, exhibidas por familiares saturados de dolor, desbordan las calles que se convierten en territorios de lucha. Cuerpos que felizmente se cargan al hombro una propuesta de liberación colectiva, que genera esperanza, porque sabemos que no estamos solxs. Tomar las calles en clara señal de protesta, poner el grito en el cielo, levantar los puños con ímpetu, exacerbar el espíritu, sentir que el corazón bombea fuerte. (Santoro, Santiago, Aue, Beltramo y Arrieta, 2015, p. 55)
Justamente, para nuestra historia reciente, es parte de la memoria y genealogía feminista desde Abya Yala y para el mundo, el 03 de junio de 2015 en Argentina: una multitud de cuerpos en lo público, impugnando las múltiples violencias bajo la potencia de la consigna ¡Ni una menos! Ese hito es pieza fundamental del protagonismo “nuevo” que ha detentado el movimiento feminista, como proceso político de transformaciones que sigue abierto: las movilizaciones en lo público se multiplicaron, potenciaron y amplificaron a nivel planetario, produciendo una resonancia desde el cuerpo común construido, la política que hace del cuerpo de una el cuerpo de todas (Gago, 2019). Desde esta potencia feminista como capacidad deseante de cambiarlo todo, siguiendo a Verónica Gago (2019), las movilizaciones públicas adquieren otro aliento, pues se entrelazan inseparables los distintos ámbitos de la vida social: aquella escisión binaria de la vida-toda producto de la imposición moderna/colonial. La lucha por la defensa de la vida y en contra de las violencias, se cocina a fuego lento, en una olla común, en la casa, en el barrio y en las calles.
Para la genealogía de NQVN, la manifestación pública también ha significado importantes momentos o hitos históricos en la construcción de su quehacer político y su trayectoria.
[…] me parece que ha habido como algunas marchas importantes, por ejemplo, justo este fin de semana fue la marcha por el segundo año del asesinato de Diana, entonces hace un año yo estuve en la marcha ahí, que esa es justo en Chimalhuacán, y este año fueron las compañeras también a la marcha, y no sé, me parece que esas marchas son importantes porque se convoca a gente de Neza, de Chimalhuacán, pero también llegan activistas de otros lados […] son como marchas muy importantes para visibilizar, no necesariamente el trabajo de la asamblea pero sí al menos que se está trabajando en general, que hay gente luchando contra el feminicidio. (Rubí Olvera, 2019).
[…] se han hecho marchas, porque en Chimalhuacán justo pasó el feminicidio de Mariana Lima Buendía, y ahora hay otro caso, que es también, que se está volviendo o ha sido emblemático, que es el feminicidio de Diana, entonces con la mamá de Diana también tenemos una, de hecho yo cuando llegué ya a la asamblea ya conocía a Lidia, se llama la mamá de Diana, porque ella se acercó, como que al primer lugar al que se acercó sin saber nada del feminicidio, o sea solo porque su hija había sido asesinada, fue a la asamblea. Entonces como que la asamblea la ayudó a crear vínculos. (Rubí Olvera, 2019).
Aquí se enlazan cuestiones trascendentales tanto para la historia de la asamblea, como para la memoria feminista mexicana y latinoamericana, que son la potencia de la movilización en lo público, el tejido de redes vinculares activistas y dos de los casos de feminicidios más dolosos y emblemáticos del Estado de México.
El 29 de junio de 2010, fue encontrado sin vida el cuerpo de Mariana Lima Buendía de 29 años, pasante de derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. En su casa, donde vivía con su esposo Julio César Hernández Ballinas, un policía ministerial, en Chimalhuacán, Estado de México. El 09 de septiembre de 2011, el Ministerio Público concluyó, con base en el testimonio de Hernández, que Mariana se había suicidado y se decidió no ejercer la acción penal (Quintana, 2018). En este caso convergen una serie de elementos que exponen, nuevamente, la inagotable complicidad, indiferencia y omisión del estado frente a la muerte de las mujeres, pero a la vez, la incansable lucha de las madres que pelean, solas y acuerpadas, contra un sistema indolente. Irinea Buendía, inició con la compañía de su esposo Lauro Lima, una lucha contra el sistema judicial del Estado de México.
La puerta estaba abierta […] que da acceso a las habitaciones, estaba abierta, y subimos por las escaleras porque las recamaras están arriba, son dos, entonces sí efectivamente el cuerpo de mi hija ahí estaba, pero nosotras nunca lo vimos ni colgado ni suspendido ni nada, cuando llegamos estaba acostada en la cama, con claras evidencias de que el cuerpo había sido golpeado, que el cuerpo había sido bañado. Empezamos a revisar de donde se pudo haber colgado, no veíamos nada. Según el dicho de Julio César mi hija se colgó de un cordón de cinco milímetros de diámetro, de color rosa. Y los peritos dicen que de un clavito, yo lo que vi fue una armellita pequeña como de un centímetro de diámetro. (Buendía, 2019)
Las irregularidades, negligencias y omisiones en el caso de Mariana no fueron aceptadas por su familia. Desde el primer momento, Irinea denunció las violencias a las cuales fue sujeta su hija por parte de Julio César Hernández. Desde que Mariana se casó con el sujeto, fue víctima de violencia verbal, sexual, física, psicológica y económica durante 18 meses. De acuerdo a declaraciones de gente cercana, Mariana incluso se habría cortado el cabello para que éste no la agarrara fácilmente para golpearla (Quintana, 2018). Más de una vez, Hernández llamó directamente a Irinea para decirle que mataría a su hija y que no la vería nunca más, mientras que a Mariana, cuando amenazaba con denunciarlo, le sentenciaba que nadie le creería pues sus amigos de la policía investigarían el caso.
En cuanto al procedimiento de la investigación, no constan los nombres de quienes realizaron el levantamiento del cuerpo, ni de los peritos que analizaron la escena, no obstante, sí hay registros en fotografías que se encuentran en el expediente, que el esposo de Mariana se encontraba dentro del equipo encargado de “proteger” y “analizar” la escena, así como que no se acordonó la zona, ni se embalaron pruebas, ni siquiera el cordón con el que supuestamente Mariana se había suicidado o su teléfono celular (Quintana, 2018).
Luego de la decisión del Ministerio en 2011, Irinea Buendía, acompañada del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), interpuso un recurso de revisión para que dicha decisión fuera reconsiderada por el procurador, luego de no recibir respuestas dentro del plazo legal, solicitó información a las fiscalías especializadas. Ante el retardo de dichas autoridades, interpuso un amparo, y luego presentó un recurso de revisión atraído por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). El ente, llevó a cabo un análisis basado en el derecho internacional de DDHH, utilizando como referente la sentencia Campo Algodonero, determinando que se debía investigar la muerte de Mariana, de nuevo y con perspectiva de género (Sordo, 2017).
El feminicidio de Mariana ocurrió un año antes de que se tipificara el delito de feminicidio en el Código penal del Estado de México, y su caso logró trascender fronteras luego de que el 25 de marzo de 2015, tras seis años de largo andar e incansable resistencia de Irinea, la SCJN sentara jurisprudencia al emitir la llamada “Sentencia Mariana Lima Buendía”. Dicha sentencia sostiene que en los casos de muertes de mujeres se debe: identificar las conductas que causaron la muerte, verificar la presencia/ausencia de razones de género que originen o expliquen la muerte violenta, preservar evidencias específicas para determinar si hubo violencia sexual, y realizar las pericias pertinentes para determinar si la víctima estaba inmersa en un contexto de violencia. Es decir, con dicha sentencia se establece que toda muerte violenta de una mujer en México debe ser investigada con perspectiva de género para determinar si se trata o no de un feminicidio (Luna, 2018).
El 15 de junio de 2016, se consigna el caso y se da la orden de aprehensión para Julio César Hernández Ballinas, dándose el auto de formar prisión el 29 de junio. Sin embargo, a pesar de que Hernández se encuentre en el penal Neza-Bordo desde 2016, aun no se ha dictado sentencia. Tras once años del feminicidio de Mariana, aun se está a la espera del cumplimiento de la justicia. Incluso en el penal, luego de cinco años, Hernández continúa amedrentando a la familia, como ha sido cruelmente común en las trayectorias de madres y familias que luchan contra los feminicidios. El 20 de enero de 2020, el mismo día de la audiencia del caso, Guadalupe, testigo clave y hermana de Mariana, sufre un atentado fallido de al menos seis balazos que impactaron el auto donde viajaba junto a su escolta, en Ciudad de México. Irinea argumenta que no es primera vez que su familia sufre agresiones, y que han atentando varias veces contra sus hijos/as. Sumado a esto, aun queda pendiente que se investiguen y sancionen las negligencias, y se garantice la reparación integral del daño ocasionado a Mariana y su familia.
Si bien, la sentencia del caso de Mariana marca un referente, y es un antes y un después en las investigaciones en torno a los feminicidios en todo México, en lo concreto, la justicia liberal sigue exponiéndose injusta. Incluso, la sentencia ni siquiera fue considerada en la versión actualizada del protocolo para juzgar con perspectiva de género de la misma SCJN, lo que demuestra una indolente falta de reconocimiento a la extensa lucha de las madres y familias, y una demostración concreta, otra vez, de que las vidas de las mujeres no le importan al estado y a su (in)justicia. A pesar de esto, Irinea no se rinde, y sus palabras resuenan fuerte acogiéndose a la herencia de las ausentes, estremeciendo con tanta dignidad.
Pues simple y sencillamente, decirle a las madres de víctimas que no guardemos silencio, porque guardar silencio es como cerrar los ojos en la oscuridad, nada cambia y de nada sirve. Que tenemos que levantar la voz para decir: ya basta. (Buendía, 2019)
En el Estado de México, los feminicidios siguen, a pesar y más allá de las sentencias, de los compromisos del estado, de las Alertas declaradas, la impunidad se renueva y se refuerza, se enraíza potente en los cimientos del estado moderno/colonial. Diana Velázquez Florencio, de 24 años, salió a hacer una llamada telefónica el 02 de julio de 2017 en Chimalhuacán, pero nunca regresó a casa. Su cuerpo violado y estrangulado fue encontrado en la vía pública, inicialmente reportado por policías ministeriales y peritos como el cadáver de un varón, fue apilado en la morgue de Nezahualcóyotl mientras su familia seguía buscándola.
A la mañana del día siguiente de su desaparición, su madre Lidia y su hermana Laura acuden a la Fiscalía de Chimalhuacán, donde las autoridades se negaron a levantar el acta con el argumento de que debían esperar 72 horas para hacer la denuncia. La familia solicitó imágenes de las cámaras de vigilancia de la zona a las autoridades de Chimalhuacán, quienes respondieron que debían solicitarse en Neza. El 06 de julio, Laura y Jairo el padre de Diana, acuden al Servicio Médico Forense a consultar si había algún cuerpo, luego de horas de espera, pudieron ver fotografías y sus restos, difíciles de reconocer por el grado de descomposición. Fueron las trenzas que Diana acostumbraba a usar, tal como se ve en la foto de las marchas, las que permitieron identificarla. También se enteraron de que el cuerpo de Diana estaba allí desde el domingo, el día que desapareció. Irregularidades respecto de la no notificación del hallazgo y manipulación de la escena, así como el hecho de que no se han realizado análisis de ADN a las muestras de semen encontradas en la ropa y cuerpo de Diana, ni raspado de uñas, ni exámenes toxicológicos, no se embalaron las pruebas de donde fue encontrada, ni se entregaron los videos de las cámaras y registros telefónicos. Y la impunidad suma y sigue, y las omisiones se hacen más indolentes.
A casi cuatro años del feminicidio de Diana, su madre Lidia, -al igual que Irinea, y que Norma, y que tantas, demasiadas madres-, continúa luchando por justicia. Se acercó a la asamblea NQVN como relata Rubí, y no ha descansado. Asiste a movilizaciones, marchas, protestas, se enlaza con otras mujeres y madres para tejer-se fuerte en los hilos de la resistencia, para zurcir el dolor, mientras el caso de Diana continúa estancado e impregnado de irregularidades.
Todas se conocen, o sea, por ejemplo Irinea tiene contacto con Norma y con Lidia y con otras madres. Se conocen y se dan consejos, se acompañan a algunas cosas, incluso ellas mismas se convocan […] Si bien se comparten muchas formas de acción, también tienen sus propias formas de acción, que es mucho jurídico también, pero no porque no tengan otras capacidades, las tienen, pero los procesos legales les demandan muchísima energía, mucho tiempo. De repente las madres se vuelven las mas conocedoras de la ley, o sea al paso del tiempo. Entonces, como que también tienen otras dinámicas […] Mucho acostumbran las madres de las mujeres que han sido asesinadas a avanzar de otra forma en colectividad, como que también tienen que hacer ciertas cosas […] mas en solitario. No totalmente, siempre hay apoyo de ONG’s, de activistas, de colectivas, organizaciones, pero digamos como que también la parte legal creo yo, que les absorbe para estar mucho en esto […] (Rubí Olvera, 2019)
En este sentido, si bien las madres son las que llevan adelante sus propios procesos de búsqueda de justicia en los casos de sus hijas, resisten igualmente a través del enlace, del entre-tejido con las organizaciones como el caso de la asamblea NQVN y NHRC. Son acompañadas en su largo camino, en un extenuante andar que no se detiene. Los nombres de Mariana y de Diana, junto a los de muchas otras, continúan erigiéndose en los lienzos, en los murales, gritos y charlas íntimas que acontecen en el Estado de México. Aun en las condiciones más difíciles de la crueldad, está presente e inagotable, la lucha: llamada también las ganas de seguir viviendo (Suárez, 2015, citada por Reyes-Díaz, 2017), el ímpetu por no dejarse matar (Reyes-Díaz, 2017), el entrelazamiento para resistir ante el continuum de la violencia.
Los casos de búsqueda por justicia ante los feminicidios se sostienen en gran medida por la identificación madre-víctima (Reyes-Díaz, 2017) y la solidaridad política, hacia otras víctimas y entre mujeres. La desaparecida, la asesinada, está ausente, pero transmuta en potencia: las madres y familias encarnan la ausencia en contra de la pedagogía de la crueldad (Segato, 2018b), y esta no se hace efectiva hasta el nivel de abandonar los casos, pues la fuerza la encuentran en lo que llaman amor, como energía superior en un sentido metafísico de la existencia, que halla concreción verdadera y refugio en la genealogía femenina (Reyes-Díaz, 2017). Las mujeres como base de la comunidad, los cuerpos de las mujeres que resisten ante el designio de ser lienzos sobre los que se inscribe la violencia patriarcal feminicida, los cuerpos de las mujeres como territorio de resistencia colectiva, entrelazadas por los hilos -nunca invisibles, sino poderosos- de tramas vinculares solidarias. No hay lucha común posible si no nos negamos a basar nuestra existencia y su reproducción en el sufrimiento de otras, a no ser que rechacemos la noción de un nosotras separadas de ellas (Federici, 2020).
Finalmente, respecto de la importancia de los vínculos entre madres y entre-mujeres, en palabras de Rubí:
[…] la figura de doña Irinea, cuando se vincula con otras madres pesa, porque es un referente, entonces las autoridades ya la conocen, y no es que Irinea tenga un vinculo de amistad, simplemente eso la ayudó a que pues mas o menos la conozcan, a que sepan que doña Irinea está informada y que no la van a engañar. Que acompañe a otras madres les ayuda a esas otras madres para mas o menos, ser más escuchadas o atendidas. Y es un poco lo que pasa con la asamblea, como que el que hecho de que seamos varias y que podamos organizar marchas o alguna manifestación, como que a las autoridades les hace mas o menos medirse. (Rubí Olvera, 2019).
Nos Queremos Vivas Neza frente al fracaso del estado mexicano y su responsabilidad en el sostenimiento de la violencia
Mi vecinita sale a la calle vestida en carnaval,
quiere bailar la vida porque en su casa la pasa mal
pega en su cara una lentejuela con forma de luna,
borda en su falda el nombre que llevó una hermana muerta
tapa su cara porque en la calle una bomba la espera,
su mamá se retuerce al no saber si volverá
[…]
el metal es tan frío que nunca siente piedad,
unas palomas caen y las otras vuelan.
Pascuala Ilabaca – “Compañeras al compás”
Bajo las condiciones ya expuestas, la violencia feminicida en Ciudad Neza ha ido aumentando en ensañamiento y casos, prácticamente al compás del territorio mexicano. Desde diciembre de 2010, organizaciones de la sociedad civil se unen para solicitar la declaración de la Alerta de Violencia de Género para el Estado de México, no obstante, pasarían cinco años para que el Sistema Nacional de Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, declarara la Alerta en 11 municipios de la entidad en el año 2015. Sin embargo, no sorprende que dicha acción estatal, no ha significado una disminución de los casos de feminicidios ni de las violencias hacia las mujeres, más aun, en 2015, año cuando se declara la Alerta de Violencia de Género, los homicidios dolosos de mujeres y feminicidios continuaron en aumento sostenido. Y año a año estas “cifras” se ensanchan, “perdemos la cuenta”, o más bien, la cuenta no nos cierra (Bidaseca, 2015).
En este escenario, las instancias estatales hacen esperar prolongadamente, hacen de las madres y familiares eternos pacientes que deben aguardar, por dispositivos que no son únicamente producto de la desidia burocrática-estatal, sino que tienen un doble sentido: primero, que las familias se desmoralicen y desistan de la lucha, y segundo, naturalizar que así son las cosas y los tiempos del estado, permeando y construyendo sentidos comunes (Reyes-Díaz, 2017). De esta forma, la impunidad se hace parte del relato estatal y de su patrón sostenido de violencia, desprestigio, ocultamiento, indolencia, injusticia y omisión. No obstante, sabido esto, el estado en maridaje con el capital es el escenario cruento donde nos desenvolvemos como sujetas sociales e históricas, y donde nuestros cuerpos son categorizados, juzgados, desechados, con su beneplácito, para luego tener que acudir a este en búsqueda de un tipo de justicia, en sus propios términos. Si bien, desde NQVN es reconocida la importancia de conocer y manejar las herramientas legales, institucionales y estatales, principalmente para llevar adelante los acompañamientos a madres y familiares, y expandir esta información a la comunidad de Neza, no es desde un lugar de comprensión y ejercicio político con la esperanza puesta en el accionar del estado. Sino, todo lo contrario.
La asamblea es muy crítica, también de hecho, ha sido uno de los problemas, no al interior sino como incluso existenciales, de muchas de nosotras, como que muchas decimos como bueno, es horrible tener que pedirle algo al estado que además llamamos estado patriarcal, o sea como le vamos a pedir justicia al estado que es patriarcal. O algunas otras compañeras como que se desesperan, o igual nos llegamos a desesperar […] digo como, de qué sirve, de qué sirve exigirle justicia al estado, y también lo que decimos a veces es como bueno, eso es verdad, pero nosotras entendemos que exigirle justicia al estado es por un lado como para hacer ver que, no que digamos el estado no es patriarcal, sino que digamos, tienes obligación, y tan es así, que emitiste una ley, y tiene que haber costos si no la cumples. (Rubí Olvera, 2019)
“El estado opresor es un macho violador”, dirían tus compatriotas de Las Tesis… sí, tenemos algunos contactos estratégicos, con gente de la fiscalía y todo, pero reconocemos y denunciamos la violencia estatal policial, el acoso y la omisión y la injusticia del estado […] [es] exigirles hacer su chamba, decirles cómo hacerla, pero sí estamos totalmente conscientes de que el estado es responsable de esto, de que los feminicidios sean crímenes de estado. (Areli, 2021)
Es parte del litigio estratégico, finalmente el estado y la jurisprudencia es incompetente a pesar de los instrumentos legales que puedan existir, entonces la presión que ejerce la asamblea es a partir de ese litigio estratégico al señalar su incompetencia, al decirles: “mira a ver, hay doble alerta de género en el Estado de México, doble alerta de género, no puedes negar unas medidas cautelares”, por ejemplo, entonces es utilizar estos instrumentos que por algo deben de servir, tal vez no es suficiente, porque la gente de las instituciones carece de una clara perspectiva de género, la gente de la administración pública allí carece de perspectiva de género, de conocimiento en la materia, y también es omisa e inoperante, entonces sí, son instrumentos y estrategias porque las usamos exigiendo justicia en […] estos casos violencia, feminicidio, desaparición, violación. (Areli, 2021)
En esta línea, me sumo a las reflexiones de Santos, Garrido, Martínez, y Del Cueto (2019), de que es pertinente replantearnos si realmente habitamos estados fallidos, en el sentido de que los estados han logrado una profunda eficacia respecto del control y administración social a partir de la diferencia, la reproducción de mecanismos de dominación y en la producción de efectos de soberanía cuyas bases prevalecen desde la colonización: el estado-nación se erige como una serie de instancias que producen alteridades, que administra y gestiona cual es el rol y valor de cada grupo social dentro del proyecto de nación. Aquí, los cuerpos de mujeres y niñas signadas por identidades atravesadas por género, raza, clase y territorio, cuerpos desechables para el estado patriarcal-capitalista-colonial, son los cuerpos que también se manifiestan en las calles, frente a las instituciones del estado, los cuerpos que se entrelazan para defender la vida, aun cuando desde sus-nuestras trayectorias, damos cuenta de la diferenciación que nos limita y nos excluye como “sujetas de derechos”, al tiempo que nos obliga a movilizarnos para exigir, que el mismo estado cumpla.
A la asamblea no le interesa una relación o un vínculo con el estado, pero sí nos interesa que si es posible, alguna autoridad nos haga caso, porque si eso va a ayudar a que algún proceso marche bien, pues entonces está bien […] Y por otro lado, también decimos bueno, a las familiares o a los familiares, no les podemos decir como “el estado es patriarcal, el estado no va a hacer nada”, porque aunque nosotras lo sintamos así, o lo pensemos así, las familias siempre buscan justicia, y no la buscan sentados, la buscan yendo con las autoridades, entonces también como que la asamblea ha entendido o ha intentado entender que es válido, porque esas familias así lo quieren. (Rubí Olvera, 2019)
En este sentido, se expone una tensión que no es menor, sino compleja, incluso “existencial” en palabras de Rubí. Exigir justicia a un estado en el cual no se cree, navegando un poco en contra, si se quiere, de la lectura política que se tiene de este como ente intrínsecamente patriarcal y responsable de la impunidad y de la muerte. Lo que se erige aquí, en el centro de la contradicción, es la voz y la búsqueda de las madres y familias directamente afectadas por la muerte. Voces-búsquedas que son puestas en el centro de la lucha, en el sentido de que el acompañamiento solidario, amoroso y subversivo es parte fundamental del quehacer político de la asamblea, y de las organizaciones que luchan contra la violencia y los feminicidios en México. Poner primero, el dolor dignificado de las madres y familias, antes que las propias convicciones políticas críticas hacia un estado que entrega con una mano lo que ya retiró con la otra (Segato, 2010b), me parece, es profundamente político-y-amoroso. Pero no por ello, menos complejo.
Nosotras no tenemos contacto con ninguna autoridad, o sea nosotras lo que hacemos es hacerla por nuestros medios, ir a exigir a los ministerios públicos […] uno llega y les exige no, o sea uno no va y pide, uno va y exige. Pero no tenemos contacto como con las autoridades, o sea, ya hubo un intento de acercamiento […] a mí me dijeron que le dijera a la colectiva que hiciéramos una mesa de dialogo aquí en Nezahualcóyotl con las autoridades de Nezahualcóyotl, entonces yo lo que les comenté “es que no te puedo decir que sí, no es decisión mía, es colectiva, pues yo te aviso”, pues se decidió que no, no, que nosotras no tenemos porqué sentarnos porque ellos saben su obligación, que ellos lo que quieren es que nosotros no hagamos tanto ruido aquí en Neza, […] esa es su intención, de sentarnos no, de callarnos vaya, entonces no se aceptó. Después en otra ocasión nos hablaban por teléfono igual, que querían que nos reuniéramos con la fiscal del estado de México y tampoco aceptamos, o sea pues no sé realmente, pero nosotros vemos la fuerza que tenemos en Neza y no necesitamos a las autoridades, o sea con el simple hecho de que nosotras nos paremos afuera del ministerio público con eso se pone a chambear la gente no. (Lupita, 2021)
[…] a veces nos pesa, o sea nos pesa porque hay como contradicciones ideológicas y demás, pero, sí, las familias van a seguir exigiendo justicia, y además es un problema en México, es un problema el feminicidio, la desaparición, entonces como que nada, igual si uno elige estar en esta lucha a veces tienes que asumir que hay gente que está vinculada a las desaparecidas y a las mujeres asesinadas, de una manera más cercana que incluso nosotras, y que en ese sentido van a buscar otros medios y a veces hay que apoyar, no podemos hacer algo en contra de esa lucha. (Rubí Olvera, 2019)
El vínculo de las organizaciones que luchan contra las violencias y feminicidios con el estado mexicano deviene complejo, entreverado, difícil de desarmar para comprender y enunciar. Se entrecruzan diferenciaciones, jerarquías, exclusiones, sentidos, así como caminos y lenguajes “autorizados”, detentados por el poder y que constriñen el accionar político de las luchas amorosas, aquellas que se tejen desde el lugar femenino del mundo (Gutiérrez, 2014). En esta contradicción que habita la lucha, se comprende que el estado es el otro, y tiene dueños: si el estado ofrece recursos, podemos entreabrir la puerta, pero no dejarnos intervenir, permanecemos en el pliegue con inteligencia estratégica (Segato, 2018a). Las organizaciones se hacen conocedoras de su lenguaje, de sus instituciones, buscan comprender y así compartir la inteligibilidad de su aparato legal y jurídico, tomando los recursos de “justicia” que este ofrece, como acción consciente y a la vez amorosa-política, pero jamás poniendo e inmovilizando toda la esperanza en el campo estatal. Sino, más allá, desde un entre-mujeres generalizado y en diversos niveles, tejido-y-bordado en las polimorfas y heterogéneas luchas por la defensa de la vida en Abya Yala, y que nos prende la llama de la energía suficiente para echar a andar la insurrección (Gutiérrez, 2018).
Ya habiendo trazado un extenso recorrido con pretensiones analíticas críticas, comenzando por la herida colonial, las condiciones socio-históricas de la violencia y la máquina feminicida en México, anudando los hilos con las biografías de las organizaciones Nuestras Hijas de Regreso a Casa y Nos Queremos Vivas Neza en sus territorios, se habilita el paño de tela para centrarme en el corazón que propone la tesis. En el siguiente y último capítulo, trama y urdimbre se hacen cuerpo, cuerpos de mujeres que entrelazadas resisten.
Imagen 5: Bordado para “Manta del feminicidio de Ciudad Juárez”, (2021). Colectivo de denuncia y acompañamiento “Bordeamos por la paz”.

- Los Estados con mayor número de delitos asociados al feminicidio entre enero y diciembre de 2019, según los datos del Secretariado del Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (El Heraldo de México, 2020). ↵
- Gentilicio utilizado para diferenciar a las personas que habitan el Estado de México.↵
- Desde el 31 de julio de 2015, el Sistema Nacional de Prevención y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, acordó decretar la Alerta de Violencia de Violencia de Género contra las Mujeres en once municipios del Edomex: Chalco, Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec, Ixtapaluca, Naucalpan de Juárez, Nezahualcóyotl, Tlalneplanta de Baz, Toluca, Tultitlán y Valle del Chaco. Esta alerta de mantiene en la actualidad. (Alerta de Género, Secretaría de Justicia y Derechos Humanos, s.f.) ↵
- A través de una compañera de maestría de Colombia, Daniela, quien me puso en contacto con su amiga de México, Ghali. Ella gestionó el envío del libro desde el Estado de México hasta Buenos Aires, Argentina, como un regalo, como una práctica de enlace y solidaridad feminista. No nos conocemos con Ghali, por lo que este obsequio poderoso que atravesó miles de kilómetros para llegar a mi, por supuesto tiene significancias potentes, coherentes con lo que nuestros discursos enuncian y se demuestran materializados: las redes feministas, entre-mujeres, nos sostienen. ↵
- Como expone el estudio de Arteaga y Valdés (2010), donde afirman que la violencia y el feminicidio no son resultado único de una “cultura machista”, que suponen ha sido desterrada de otros sectores sociales (¿las clases altas y privilegiadas, blanqueadas?), sino que, los procesos de desafiliación y carencia de densidad social, impiden que los hombres tengan recursos para generar dinámicas que les permitan enfrentar los procesos de reconfiguración de las relaciones de género. ↵
- Limita con los estados de Querétaro, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Morelos, Ciudad de México, Guerrero y Michoacán. ↵
- Población total de 16.187.608 habitantes y una densidad de 655.9 hab./km² en 2015, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y su “Encuesta Intercensal 2015. Estados Unidos Mexicanos”. ↵
- Desde los años 30’ y con más intensidad desde la Segunda Guerra Mundial, el Distrito Federal y la Zona Metropolitana del Valle de México, jugaron un papel de motor en la industrialización por sustitución de importaciones (modelo ISI), y del crecimiento económico nacional (Pradilla, 2005). ↵
- Además del castellano y las lenguas originarias mazahua, otomí y náhuatl, los censos registran hablantes de mixteco, totonaca, zapoteco, mixe, chinanteco, tlapaneco, purépecha, maya, trique, huasteco, matlazinca, tepehua, amuzgo, cuicateco, tzeltal, ocuilteco, popoloca, ztoltzil, chatino, chocho, chol, tarahumara, zoque, huave, huichol, ixcateco, tojolabal, yaque, entre otros (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2006).↵
- El mito del mestizaje en México responde a una profunda preocupación por el lugar del país en el escenario internacional, lo que tomó forma durante el periodo de reconstrucción intensiva del Estado-nación a finales del siglo XIX y comienzos del XX, y representaba una de las principales estrategias retóricas de México a través de la cual esperaba, podría unirse al concierto de las naciones “civilizadas” (Yeh, 2015). El proyecto nacional del mestizaje comenzó a articularse desde temprano con una impronta defensiva, principalmente a la soberanía estadounidense (Alonso, 2005, citada por Yeh, 2015). La discusión más amplia en torno al mestizaje la abordo en el capítulo I.↵
- Referido a personas de piel blanca, con características fenotípicas más “occidentales”: piel clara, pelo claro, cabellos claros, en contraposición a lo “oscuro”: lo indígena, lo afro, lo mestizo.↵
- Del idioma náhualt, proviene de las raíces “nezahual, nezahualo” ayunar, y “coyotl”, coyote, pasando a significar “Coyote que ayuna”, fue nombrada así en honor al rey, filósofo y poeta Nezahualcóyotl, del pueblo alcohuano, habitante del territorio previo a la invasión colonial. ↵
- Ambos municipios comparten elementos históricos y sociales, que encuentran su origen común en las colonias asentadas en el ex vaso de Texcoco, la desecación de la cuenca de México y en similares procesos de urbanización (Espinosa-Castillo, 2008).↵
- Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática de México, 2015↵
- Según plantea Espinosa-Castillo (2008), previo a la intrusión española, los asentamientos humanos que habitaban el territorio convivían íntimamente con el agua: en la cuenca de México se formaba un sistema de lagos (Zumpango, Xaltocan, México, Chalco, Xochimilco y Texcoco, el mayor de todos) producto de corrientes fluviales que bajaban de las montañas.↵
- La Fiscalía General del Estado de México proporciona cifras sólo hasta el año 2016, por lo cual éstas se recuperaron para el año 2017 del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, ente que expresa que sus fuentes son las Fiscalías y Procuradurías locales.↵
- En este momento generalizo en femenino, pues si bien entrevisté también al compañero Humberto como parte de NHRC, lo tomo como una decisión provisoria en cuanto a despatriarcalizar el lenguaje -asumiendo la complejidad que conlleva aquella tarea en la lengua castellana, intrínsecamente binaria-. Durante siglos habiendo grupos mixtos se ha generalizado en masculino, invisibilizando la existencia femenina, en este proyecto, lo femenino como lugar, paradigma, territorio, forma de ser, hacer y estar en el mundo, atraviesa toda la tesis y por ende el posicionamiento teórico político desde el cual se escribe. ↵
- Sistema de notificación de menores de edad desaparecidos/as, implementado en diversos países desde 1996.↵
- Alerta Amber y Boletín de Urgencia pueden observarse en la siguiente referencia, “Pudo evitarse el feminicidio de Valeria, de tan sólo 11 años” (14, marzo de 2018): https://www.vix.com/es/actualidad/183371/pudo-evitarse-el-feminicidio-de-valeria-de-tan-solo-11-anos ↵






