¿Cómo se explica? ¿A qué necesidades y búsquedas responde?
Este capítulo se propone trazar las líneas explicativas que contribuyen a comprender la masividad que han adquirido las prácticas y los discursos espirituales asociados al yoga y la meditación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Cada una podría ser concebida como un cauce para reflexionar en torno a las dinámicas sociales urbanas del capitalismo tardío y su impacto en el nivel subjetivo.
El yoga (en sánscrito “unión”) es una disciplina física y mental originada en la India, que combina posturas corporales (asanas) y ejercicios de respiración o meditación (pranayamas). Desde el ámbito de las investigaciones médicas, se ha comprobado que esta práctica puede resultar efectiva para mejorar la salud tanto en personas sanas como enfermas. Además, se han desarrollado estudios para examinar y distinguir los beneficios de los diversos tipos de yoga (Ross y Thomas, 2010). Más allá de la legitimación científica de sus efectos positivos, se debe reconocer que muchas disciplinas legendarias occidentales, como el esgrima, u orientales como el taiso (gimnasia para las articulaciones), shiatsu (digitopuntura), tai chi (arte marcial desarrollado en China), se han mantenido como prácticas de nicho, a pesar de sus comprobados beneficios para la salud. Por eso cabe el interrogante acerca de los motivos por los cuales el yoga se ha vuelto una práctica tan extendida en ciudades globales[1] como CABA. ¿Cómo puede explicarse este fenómeno? ¿A qué necesidades y búsquedas responde? ¿Cuáles son los sentidos que aquellos/as que se acercan al yoga le otorgan a su práctica?
El yoga forma parte de las prácticas del hinduismo,[2] el budismo[3] y el jainismo[4] antes circunscriptos a Oriente. Si bien gurús procedentes de la India introdujeron el yoga y la meditación trascendental en Occidente desde finales del siglo XIX, estos se popularizan durante las décadas de 1960 y 1970 como parte de la cultura beatnik, apuntalada a partir del viaje espiritual de The Beatles a la ciudad india de Rishikesh.
El estereotipo místico del Oriente, tal como lo emplea la contracultura de los años sesenta y su movimiento sucesor, la Nueva Era, fue el resultado de un posicionamiento crítico para con la propia cultura y sociedad, y la identificación con ideas que representan el opuesto absoluto del objeto de rechazo (Grace Diem y Lewis, 1992, pp. 57-58). Durante los años setenta, el complejo alternativo del cual forman parte el yoga, la meditación trascendental y la bioenergéntica —entre otras disciplinas— se extiende en Estados Unidos desde California hasta Nueva York, contando entre sus integrantes con muchos de los exactivistas de los movimientos estudiantiles y la nueva izquierda (Carozzi, 1999, p. 24).[5]
A partir de la década de 1980, el yoga comienza a extenderse como forma de ejercicio físico, lo que da lugar a un desarrollo progresivo que cuarenta años más tarde hace de los centros de yoga espacios conocidos y cotidianos del trazado urbano occidental,[6] con un abanico de variantes como el hatha yoga, el ashtanga yoga, el kundalini yoga, el yoga iyengar o el bikram yoga.
Mallimaci y Giménez Béliveau (2007) consideran que en Argentina el retorno de la democracia contribuyó a la fragmentación del monopolio católico y al debilitamiento del papel regulador de las instituciones tradicionales, favoreciendo la proliferación de alternativas religiosas y de una espiritualidad autoconstruida individualmente. El ingreso de la Nueva Era a la ciudad estuvo liderado por escasos referentes con vinculaciones internacionales que generalmente habían tenido experiencias formativas en algún lugar de Europa o Estados Unidos. La difusión del yoga en CABA, de crecimiento continuo en los últimos treinta años (Carrone y Funes, 2013), resultó marcada por la fundación Indra Devi, que abrió su primer estudio de yoga en 1987 y en la actualidad cuenta con su sede central (y original) en Barrio Norte y otras cuatro en los barrios porteños de Belgrano, Palermo y Caballito y en Acassuso (zona norte del Gran Buenos Aires). Impulsados por Indra Devi, en 1987, 1988, 1989 y 1990 se realizaron los primeros congresos argentinos de yoga. La difusión de estas actividades se realizaba por correo postal, si bien la presencia de Indra Devi en la televisión argentina hacia su parte. Fueron los años en que comenzaron a publicarse primero la revista Mutantia y luego Uno mismo, en las que se desplegaba una cultura del bienestar que tenía su público de nicho. Allí el acotado gentío interesado encontraba información sobre yoga, reiki, masajes o astrología. A partir de la demanda de practicantes de yoga en Indra Devi que se acercaban a Barrio Norte desde otras zonas, los institutos se fueron desparramando por determinadas zonas de la ciudad marcadamente habitadas por las clases medias-altas: en 1992 en Belgrano, en 1994 en Palermo, en 1996 en Caballito, en 1998 en Acassuso y en 1999 en Colegiales (sede que cerró en 2015). Hasta el año 2000, el crecimiento de esta fundación fue constante. Luego se registra un detenimiento en el ritmo de crecimiento atribuible a la crisis de los años 2001/2002 y a la cantidad de instructores/as de yoga formados/as en Indra Devi que comenzaron a abrir sus propios espacios, contando además con nuevas herramientas de publicidad y difusión provistas por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Mientras que en 1987 se daban dos clases por día de las que participaban entre cincuenta y sesenta personas en total, hacia el año 2000, con seis estudios en funcionamiento, la fundación ofrecía alrededor de cincuenta clases por día y contaba con aproximadamente 3.200 practicantes. En 2019, la matrícula de la fundación Indra Devi rondaba los/as 1.400 practicantes, habiendo sido el semillero para un paisaje urbano cada vez más plagado de institutos e instructores/as de yoga, factor que permitió multiplicar la cantidad de practicantes de yoga en toda la ciudad. Un artículo periodístico publicado de 2007 afirma que, según institutos, escuelas y maestros/as, entre 2005 y 2007 se duplicó la cantidad de gente que practica yoga en CABA (“Se duplicó la cantidad de gente que practica yoga en la Ciudad”, 2 de septiembre de 2007).
Como corolario global de esta conquista local, en 2014 las Naciones Unidas declararon el 21 de junio como Día Internacional del Yoga, con vistas a difundir en el mundo entero los beneficios de esta práctica.[7] Tras este reconocimiento, en el año 2020 durante la pandemia por COVID-19 y el mismo día que comenzaba el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) en Argentina, la Organización Mundial de la Salud (OMS) destacaba a través de su cuenta oficial en Twitter la práctica de yoga como buena alternativa durante el confinamiento.[8] Durante toda la pandemia, las Naciones Unidas insistió con la promoción del yoga como herramienta útil para lidiar con el estrés y la incertidumbre, así como para mantener el bienestar físico tanto de los/as adultos/as como de los/as niños/as recluidos/as en sus hogares.[9]
Aquí se pone la lupa en la circulación del yoga como práctica que se incorpora masivamente a los estilos de vida urbanos contemporáneos, independizada de la creencia o la confianza en que la humanidad se halla en los inicios de una Nueva Era. El escenario en el que tiene lugar este fenómeno de masificación presenta indistinguibles —o al menos, muchos más conectados— a la burguesía y a la bohemia.[10] Como advierte Brooks (2000), estas categorías se encontraban claramente diferenciadas durante las décadas de 1960, 1970 y 1980, cuando los/as artistas e intelectuales enarbolaban valores antiestablishment en tanto los yuppies (“young urban professionals”) encarnaban la integración al sistema capitalista. En el marco de la era de la información, la población urbana de alto nivel educativo puede mantener un pie en el mundo de la creatividad y el otro en el mundo de la ambición y el éxito, sosteniendo una cultura híbrida.
La explicación más difundida acerca de la popularidad del yoga en las grandes ciudades —y una de las más presentes en los discursos de los/as practicantes e instructores/as— destaca la necesidad de combatir el estrés y poner un freno a un ritmo vertiginoso. La invitación a religar cuerpo, mente y espíritu resulta pertinente ante un orden social alienante que ha tendido, durante mucho tiempo, a distanciar a las personas de sensaciones, sentimientos y emociones. Contrariamente, es escasa la potencia que logra el supuesto de que conectar con uno/a mismo/a se torna un recurso estratégico para salir de la dispersión total de la infinita red digital. La poca circulación de esta idea entre practicantes e instructores/as no debe llevar a su descarte, puesto que es interesante reconocer en la clase de yoga uno de los pocos momentos de la jornada en que se toma distancia de los dispositivos móviles y se pone una pausa a los incesantes estímulos de las redes sociales. Es posible pensar que el posicionamiento crítico frente a una ciudad que resulta percibida como escenario tóxico se encuentra, en nuestros días, mucho más extendido que la actitud reflexiva con respecto al uso de las redes sociales y el actual acoplamiento entre cuerpo y teléfono celular en la población urbana.
La apertura a la meditación como técnica para experimentar y aceptar la realidad tal como es, sin ansiar otra cosa, interpela al mismo sector social que adquiere conocimiento, acumula posesiones y tiene posibilidades para concretar lo que se propone pero no se siente feliz, porque siempre está deseando más. Como se verá, esta apertura no se manifiesta con el rigor de la premisa de “no desear para liberarse de todo sufrimiento” que predicó Siddharta Gautama (El Buda) hacia el año 500 a. C.[11] Buda sí está presente en muchos hogares de CABA como objeto decorativo, velador o pisa papeles, pero la extensión de su imagen no es de ningún modo expresión de la adopción de su prédica. En su circulación en clases de yoga y/o meditación que se desarrollan en el ámbito urbano, las ideas de “aceptar las cosas como son” o “registrar sin comprometerse” pueden colaborar más con el despojo de la responsabilidad de transformación social que con la renuncia al deseo personal e individual.

Buda deco: C. Duer (año 2022).
El primer interrogante que debe responderse es acerca de quiénes son los/as que se acercan al yoga y adoptan esta práctica como actividad regular en sus cronogramas semanales. A partir de las representaciones más regulares entre los/as entrevistados/as acerca del perfil más extendido del/de la practicante y de los datos relevados en la encuesta realizada vía redes sociales a 195 practicantes de yoga, se combinan elementos subjetivos y objetivos para delinear algunos rasgos centrales de los/as practicantes de yoga en la ciudad. En primer lugar, resulta rotunda la mayoría de mujeres. El panorama que se esboza a partir de las declaraciones de los/as instructores/as y practicantes entrevistados/as plantea que entre el 70% y el 75% de los/as practicantes son mujeres, aunque este porcentaje pueda ser menor en algunos tipos de yoga que hacen hincapié en el entrenamiento físico y el desarrollo de fuerza, se haya ido alejando paulatinamente del 100% desde los años noventa y continúe siendo más alto en los instructorados o instancias de formación.[12]
Por su parte, la encuesta mostró una distribución de los/as practicantes en un 78,9% de mujeres y un 21,1% de hombres. Es interesante observar que esta distribución no varía si se pone la lupa en cada una de las dos franjas etarias predominantes, de 28 a 40 años y de 41 a 60 años, que en conjunto concentran el 80,4% de los casos. Esto permite poner en duda que entre los/as adultos/as más jóvenes el yoga esté dejando de ser una actividad fundamentalmente de mujeres. Se robustece la idea de que, independientemente de la edad, la mayor presencia de hombres y el acortamiento de la brecha por género tendrán lugar en las prácticas más exigentes en términos físicos, con menor interpelación y explícita alusión a los procesos femeninos.
¿Por qué resulta tan categórica la mayoría de mujeres? Muchas se acercan al yoga aceptando la necesidad de un espacio sanador, de refugio y sostén ante múltiples frentes de exigencia. Apuestan a su desarrollo profesional, se encuentran insertas en el mercado laboral, pero además se hacen cargo de tareas domésticas y de cuidado, así como de cuestiones médicas y escolares de sus hijos/as, si es que son madres:
En otros tiempos la mujer no trabajaba tanto afuera. Entonces, había una cuestión como más relajada, ¿no? Ahora tiene que trabajar, ocuparse de los chicos, ocuparse de la casa, estar hermosa, no envejecer. (Instructora de yoga, eutonía y bioenergética, 67 años.)
En mis clases, la mayoría es de veinticinco a treinta y cinco, treinta y siete. La mayoría son mujeres muy independientes, emprendedoras, profesionales, pero todas trabajadoras, la mayoría minas fuertes, digamos, con ímpetu de descubrimiento. (Instructora de yoga, 29 años.)
En cuanto a la franja etaria predominante entre los/as practicantes, los/as entrevistados/as recalcan la presencia de personas de edades bien diversas, desde los 17 hasta los 70 años, aunque es la franja que va de los 25 a los 40 (“25 a 37”, “27 a 40”, “de 25 a 40 y pico”, “la franja entre 30 y 40”) la que se encuentra más presente, lo que coincide con una etapa de desarrollo profesional y conformación familiar. Cabe señalar que la escasa presencia de adolescentes resultó destacada por varios/as de los/as entrevistados/as.
En la encuesta resultaron igualmente predominantes los/as practicantes pertenecientes a las franjas de 28 a 40 años (el 38,9% de los casos) y de 41 a 60 años (el 41,5% de los casos). El 11,3% de los/as encuestados/as tiene entre 61 y 79 años y el 8,2% se ubica entre los 18 y los 27 años. No se registraron casos de menores de 18 ni de mayores de 79 años.
Gráfico 1. Distribución de los/as practicantes de yoga según franjas etarias, año 2020

Entre los/as practicantes de yoga en la ciudad, la presencia de profesionales tiene una mayor representación que en el conjunto de la sociedad porteña, lo que alimenta la idea de una práctica adoptada por sectores identificados con las clases medias profesionales, provistos de recursos económicos para sostenerla y de conocimientos que estimulan la necesidad de un espacio propio tras la jornada laboral; con capacidad de autoexplorarse, de indagar en sus estados y necesidades emocionales, y de reaccionar frente a estos, de dar espacio al deseo y a las ganas.
La encuesta realizada complementa las representaciones relevadas en lo concerniente al nivel educativo alcanzado al delinear con claridad el perfil profesional del/de la practicante. El 76,3% de los/as practicantes encuestados/as cuenta con nivel superior completo, incluso un 30,4% del total de encuestados/as completó estudios de posgrado. Si se recorta la muestra excluyendo a los menores de 28 años (es decir, aquellos/as que se ubicaron en la franja que va de los 18 a los 27 años), el porcentaje de practicantes con estudios superiores completos asciende al 91%.[13] Estos datos contrastan significativamente con lo que sucede al poner la mirada sobre el conjunto de la población de CABA. Según datos de la Dirección General de Estadística y Censos, entre la población porteña mayor de 25 años, cerca del 22% tiene estudios universitarios completos. Si se tienen en cuenta los estudios terciarios, en CABA 36 de cada 100 mayores de 25 años cuentan con alguna titulación superior completa (Dirección General de Estadística y Censos, 2014, p. 15). En relación con este punto, el español Joaquín P. López Novo (2012) —dedicado en los últimos años a indagar sobre la expansión del yo y la cultura de la transformación personal— vincula el acceso a la educación superior con la apertura de procesos de transformación a escala subjetiva: “La elevación del nivel educativo dota a los individuos de recursos cognitivos y de autoconfianza para desarrollar su propia búsqueda personal con una actitud de auto-experimentación y de aprendizaje de la experiencia” (p. 86). Solo aquellos/as que cuentan con las oportunidades sociales para la realización de sus deseos pueden dar lugar a la “expansión del yo”: “Crecimiento del territorio del yo, o del espacio psico-existencial sobre el que el yo interviene al realizar sus proyectos vitales” (p. 87).
Por otro lado, con relación a los motivos por los cuales las personas se acercan al yoga, regularmente los/as entrevistados/as aludieron a la relevancia que tiene el acercamiento terapéutico a la práctica, como tratamiento para alguna lesión o dolor específico o como complemento en un tratamiento determinado (posquirúrgico, oncológico, psiquiátrico), que luego —en muchos casos— puede estimular el despliegue de un camino que trasciende esta motivación inicial y favorece la adopción de nuevos hábitos, actitudes y formas de vida. Esta idea pudo constatarse en la encuesta realizada, en la que más de la mitad de los/as practicantes (el 51,8%) declaró que la razón principal por la que hace o hizo yoga como actividad regular es “la salud y el bienestar físico, el tratamiento de alguna lesión o afección”.
Gráfico 2. Distribución de los/as practicantes de yoga según razón principal de la actividad, año 2020

A su vez, la idea de que quienes se acercan a practicar yoga “quieren ser felices”, “sentir la alegría de estar vivo”, “encontrar el equilibrio/la paz/la armonía”, “tener una vida mejor” estuvo presente entre practicantes e instructores/as entrevistados/as. Se reconoce la ciudad como un entorno vertiginoso, hostil y estresante, pero también como un escenario “jugoso” que posibilita una gran variedad de experiencias. El yoga contribuye a la consolidación de una barrera imaginaria entre lo que se quiere y lo que no del entorno urbano; ofrece un refugio para conectar con el sentir, frenar un poco la cabeza y escucharse a uno/a mismo/a; resulta valorado como un momento de silenciamiento, para tratar de escuchar el corazón, aquietar el barullo mental y del ambiente.
Más información que complementa y enriquece las representaciones y los datos relevados acerca de los/as practicantes de yoga —aunque se desplaza del plano porteño al plano nacional— se encuentra en la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina (Mallimaci et al., 2019).[14] Allí se registra la práctica de yoga y meditación trascendental en alrededor de 10 de cada 100 personas, lo que se eleva a 20 si se toma el grupo de los/as sin religión (grupo que crece a medida que aumenta el nivel educativo), y se reduce a 5 de cada 100, si se toma el grupo de los evangélicos (predominantes entre quienes tienen niveles educativos más bajos). El hecho de que el yoga y la meditación sean incluidos como prácticas religiosas es lo que permite obtener estos datos sumamente interesantes para el presente estudio. Al mismo tiempo, circunscribir estas prácticas al plano religioso impide captar su modo de circulación e incorporación como parte de un estilo de vida que prolifera entre modos de ser y habitar en los que se yuxtaponen al menos tres dinámicas: el ambiente urbano, una matriz comunicacional de sensaciones y estímulos permanentes y la exigencia de una adaptación exitosa a la incertidumbre y el cortoplacismo imperantes.
El cultivo de estilos de vida maleables
El estilo de vida pudo tener más que ver con cuestiones colectivas o de clase durante el capitalismo del siglo XX, pero llega hasta nuestros días como un fuerte marcador de identidad individual.[15] La teoría social contemporánea aporta diversos conceptos que resultan enriquecedores para comprender modos de ser y habitar la ciudad menos signados por la pertenencia a una clase social y más vinculados con la búsqueda de personalización y autenticidad. Para pensar hoy la relación entre estratificación social y participación cultural,[16] resulta necesario tomar como punto de partida los conceptos construidos por Bourdieu y enriquecerlos considerando aportes teóricos posteriores, algunos de cuño latinoamericano. Ligándolo estrechamente con el nivel de instrucción y el origen social, Bourdieu (2003 [1984]) presenta el consumo cultural como un acto de desciframiento, de decodificación. La decoración de una casa, los objetos que se escogen y el modo en que se los dispone, la manera de vestir y gestionar la propia imagen, los gustos en materia de cine, teatro o música, el modo de usar el tiempo libre, la alimentación (lo que se come y lo que se bebe, pero también las costumbres y los rituales que rodean esta necesidad vital) resultan determinados por los esquemas de percepción en tanto se despliegan también como esquemas de acción.
La teoría de la homología entre clase social y gusto resulta continuamente retomada y enriquecida desde la sociología contemporánea. En la introducción a La trama social de las prácticas culturales. Sociedad y subjetividad en el consumo cultural de los chilenos, Pedro Güell y Tomás Peters (2012) presentan lo que puede considerarse una actualización de la propuesta bourdiana. Los autores reconocen que en nuestros días, si bien los criterios estamentales en la circulación de los bienes culturales no han desaparecido, están debilitados y se dibujan nuevas líneas de diferenciación. La división del mundo simbólico en dos grandes campos (alta cultura y baja cultura o cultura selecta y cultura popular) deja lugar a una mayor horizontalidad entre los universos simbólicos. Los individuos se enfrentan a gran cantidad de símbolos objetivados, disponibles para un juego de libre combinación. En el devenir del capitalismo de masas a la globalización informacional, la cultura pasó de ser un campo organizado de relatos a ser un sistema abstracto de reglas de combinación de “bienes-signo” relativamente descontextualizados de sus ambientes originales de producción y uso. Güell y Peters reconocen que, aun cuando los objetos culturales cambiaron radicalmente en términos de su modo de producción y de circulación, continúan siendo vehículos de formación de identidad. La gran diferencia con respecto a lo que sucedía a mediados de siglo XX es su autonomización respecto de los contextos sociales de origen y su liberación para ser usados por los individuos en un juego de combinaciones mediante el cual construyen sus identidades. Así es que los bienes culturales ya no funcionan tanto como vehículo de las pertenencias, sino cada vez más como medio para las autoafirmaciones individuales. El contexto está marcado por el ascenso de las sociedades de afirmación individual fuerte (compuestas por individuos que construyen sus identidades mediante combinaciones libres de objetos simbólicos), cuyo horizonte es la democracia cultural (presente como posibilidad en tanto se debilitan los determinismos estamentales más rígidos). En el primer capítulo de la compilación, “Individuación y consumo cultural: las afinidades electivas”, Güell, Peters y Morales (2012) desarrollan con rigurosidad la noción de individuación estructurada. Los autores se interrogan no solo por la correlación entre factores sociales objetivos —como estratificación y consumo cultural—, sino también por su vínculo con factores sociales subjetivos, como la individuación. Se parte del reconocimiento de dos tradiciones en la investigación sobre la relación entre los individuos y la estructura social en el campo de la producción y el consumo de bienes culturales, una con énfasis en el individuo y otra con énfasis en la estructura. La perspectiva del individuo se interroga por las posibilidades de libertad y creatividad del individuo, en el contexto de asociaciones que se dan a través de medios simbólicos masificados. La perspectiva de la estructura busca comprender las fuerzas estructurales de la sociedad que explican las formas particulares del consumo de bienes culturales por parte de los individuos.[17] Se debe entender la unidad del fenómeno que vincula la estructura de la sociedad con la subjetividad a través de estos bienes. Así cobra pertinencia la noción de individuación, entendida como el modo de comportamiento que se construye a partir de elecciones personales acerca del tipo de vida deseable y de los medios para realizarla. El individuo es portador de cierta capacidad de autodeterminación y considera a los referentes, valores y autoridades tradicionales de la sociedad como orientaciones que deben someterse a reflexión, evaluación y elección personal, y no como simples obligaciones impuestas desde el exterior. Algunos rasgos afirmativos que definen la individuación como modo de comportamiento o forma particular de existencia serían la existencia de un sí mismo y la afirmación de una agencia o capacidad de acción personal; la capacidad de atribuirle a ese sí mismo preferencias, valores, gustos y estilos elegidos, que justifican el trayecto escogido y contribuyen a la definición de una identidad propia; la capacidad de ese sí mismo de posicionarse en una “distancia evaluativa” respecto de las ofertas de sentido, preferencias y valores por parte de las identidades sociales (estas ofertas no son tomadas por su valor o autoridad intrínsecos, sino por el significado y la utilidad que se le atribuyen para el proyecto personal); el rechazo a los patrones e identidades sociales impuestos; la comprensión de las relaciones sociales en que se participa a la luz de principios de libertad, negociación y contrato (lo que no excluye el altruismo ni el sacrificio).[18]
Partiendo de aquí, Güell, Peters y Morales (2012) se proponen pensar las dinámicas de consumo cultural en el vértice de la relación entre individuación (factores sociales subjetivos) y estructura social (factores sociales objetivos), guiados por interrogantes acerca de la correlación empírica entre el grado de individuación de una persona y la intensidad y tipo de su consumo de bienes culturales: ¿qué rol cumplen las variables estructurales de los sujetos en esa relación? ¿Qué relaciones se dan entre la individuación y las pertenencias estructurales en el campo del consumo cultural?[19]
Para los autores, el consumo está determinado por la estratificación social, pero esa determinación resulta desbordada por comportamientos individuales o de grupos específicos. Siguiendo esta línea, no hay contradicción, sino complemento o mutua referencia, entre individuación y estratificación. Esto quiere decir que ni la fuerza de las estratificaciones elimina completamente la libertad para la composición de los estilos de vida, ni el mundo del consumo ofrece completa libertad para la composición de los estilos de vida. En el marco de sociedades desiguales, la individuación no es lo opuesto a la estratificación, sino que ella misma es estratificada. Las personas componen la particularidad de su identidad biográfica dentro de las alternativas que disponen sus condiciones materiales de vida. Por otra parte, las formas de estratificación no operan por debajo ni de forma autónoma respecto de las orientaciones de los actores.
La consideración de factores sociales subjetivos y su articulación con condiciones objetivas mediante el concepto de individuación estructurada resultan un aporte para reflexionar en torno a la inclusión de bienes culturales espirituales en la conformación de estilos de vida de sectores profesionales urbanos. El acercamiento a bienes culturales espirituales constituye, como todo consumo y modo de participación cultural, mucho más que un acto privado o un modo de satisfacer una necesidad. Se trata de una vía para establecer vínculos y pertenencias, darse a conocer y ser reconocido. Los consumos y las prácticas culturales asociadas a una espiritualidad reconfigurada pueden ser vistos como piezas con las cuales los individuos van completando sus biografías, organizando formas intencionales de distinción y afirmando sus identidades.
En el siglo XXI, el deseo de acumular objetos no es tan importante como la confirmación de que la propia vida coincide con lo que cada uno/a se propone construir en términos subjetivos. Con la autonomía como la convicción más potente frente a cualquiera que provenga de sistemas de creencias rígidos o dogmáticos, se montan formas personales que combinan sofisticación y enaltecimiento de la calidad de vida. Así, se delinean nuevos estilos de vida urbanos en un contexto marcado por una economía de la experiencia que perfecciona o enaltece la comercialización de productos y servicios, ofreciendo a los/las consumidores/as acontecimientos memorables que los/as involucra de manera personal y emotiva. La edificación de un estilo de vida singular lejos está de ser espontánea o desinteresada. Como señala el sociólogo polaco-británico Zygmunt Bauman (2007), en su desarrollo de la sociedad de consumidores como tipo ideal —es decir, como herramienta para el análisis y la comprensión de la realidad social—, los/as propios/as consumidores/as se encuentran volcados/as a la tarea de volverse consumibles. Esto implica “alzarse de esa chatura gris de invisibilidad e insustancialidad, asomar la cabeza y hacerse reconocibles entre esa masa indiscriminada de objetos no diferenciables que ‘flotan con igual peso específico’ y captar así la atención (¡voluble!) de los consumidores” (p. 26). El modo de ser y habitar la ciudad se encuentra definido por elecciones de consumo, la subjetividad se compone de esas elecciones.
Cabe aquí reponer el retrato etnográfico que realizan Viotti y Vargas (2013) de dos grandes eventos públicos realizados en CABA: “El planeta medita 2012”, vinculado con la espiritualidad alternativa, y la “Experiencia Endeavor 2010”, fuertemente emparentada con el emprendedurismo empresarial. En ambos eventos se registra la convivencia entre dos modelos (lo que robustece este análisis social, en tanto sería exagerado e inadecuado plantear el reemplazo de uno por otro, perdiendo de vista las hibridaciones y una cuota presente de remanentes): el clásico modelo del esfuerzo, el ascetismo y la disciplina y un nuevo modelo del placer y el confort. Entre estas dos grandes corrientes se juega buena parte de los procesos de continuidad o de cambio en una cultura urbana identificada con las clases medias. Los valores asociados al progreso individual que se expresan en procesos de ascenso social, el esfuerzo personal que se encarnó en la valorización de la educación y el mejoramiento emocional que diferentes prácticas psi ayudaron a construir resultan tópicos comunes dentro de la cultura de la clase media porteña. Pero, en las últimas décadas, surgen novedades en las formas de entender el desarrollo personal. Viotti y Vargas (2013) parten de considerar que los eventos masivos destinados a promover la transformación personal resultan significativos para entender procesos de cambio de una porción de las clases medias urbanas, con relación a novedosas formas de comprender la realización personal y, por ende, las formas de socialidad y la construcción de subjetividad. En dichos escenarios se promueve como estilo de vida a escala individual aquietar la mente; luchar contra el estrés y estar en equilibrio; asumir la responsabilidad de cada uno/a para mejorar su vida; conectar o encontrarse con uno/a mismo/a, con nuestro ser interior; cultivar como cualidades deseables la osadía, el disfrute, la aventura, el deseo, la afirmación, la apertura, el esfuerzo sin sacrificio, el humor, la informalidad y la intimidad; abandonar la amargura y la crítica; valorar las relaciones sociales no conflictivas; tener capacidad de aceptación; hacer foco en el aquí y ahora.
Junto con estas premisas que se consolidan y se extienden mediante prácticas como el yoga o la meditación, se registran, en el paisaje cultural urbano, fenómenos afines y sincrónicos como la difusión cada vez mayor de la alimentación saludable o consciente, la astrología u otras terapias alternativas, como la bioenergética, la decodificación celular o el mindfulness. Estos son parte de la edificación de un estilo de vida que da lugar a un ascenso del sentir, una espiritualidad que no demanda ni rechaza lo religioso, que se porta como un habitus, un modo de desempeñarse en la vida que supone hábitos pero no rigideces.
Somos rutinarios de ciertas cosas, en casa nos levantamos y los dos meditamos y los dos practicamos yoga a la mañana antes de desayunar, es un hábito que tenemos muy incorporado y cada uno lo hace por separado o a veces juntos. Y después, como es mi trabajo también, es como que estoy vinculada al cien por ciento. O sea, escribo acerca de eso, bailo y tomo clases de yoga todas las semanas, además de dar las clases… es mi estilo de vida. (Instructora de yoga, 29 años.)
Se puede hacer yoga, ser vegetariano, meditar todas las mañanas, comer orgánico, buscar siempre lo natural, como concepto, hasta en las telas que uno va a usar, o se puede practicar yoga, pero… no sé, fumar o mantener otros hábitos que quizás suenan disonantes, pero no lo son porque se trata de fusiones también, o sea… uno va armando su propio estilo de vida. (Músico e instructor de yoga, 46 años.)
Resultan habituales las rutinas sencillas y breves de meditación, respiración (pranayamas) o posturas (asanas) al inicio y al cierre del día, así como la utilización de técnicas para la limpieza del sistema nervioso o del sistema digestivo, aunque este tipo de conductas, con frecuencia estipulada, estén mucho más generalizadas entre instructores/as que entre practicantes. Circulan en las clases presenciales y en las redes sociales rutinas que se adaptan al modo de vida urbano, respiraciones o meditaciones que se pueden hacer en pocos minutos ofreciendo beneficios atractivos. Está presente la intención de hacerse un rato para practicar posturas y ejercicios que hacen bien, pero también es valioso evitar las rutinas rígidas para mantener la sensibilidad con respecto a lo que el cuerpo está necesitando, que no todos los días es lo mismo. Una espiritualidad posmoderna no da cabida a lo estático o universal, sino que circula como una invitación a seguir la propia intuición, seguir al corazón, andar el propio camino.
Respecto de este punto, David Brooks (2000, pp. 224-228) rescata la idea de flexidoxia para describir la vida espiritual de los/as burgueses/as bohemios/as en ascenso en el capitalismo del siglo XXI.[20] Tomando distancia del rigor y de la ortodoxia, la espiritualidad se experimenta desde la libertad y la flexibilidad, más como un temperamento que como un credo. Mientras se valoran los rituales reconfortantes, se rechazan los códigos morales intransigentes.
La amplitud como cualidad es parte de este estilo de vida que se aleja de fanatismos y obturaciones. Incluso, desde esta actitud de apertura es que se concibe la espiritualidad. Entrevistada en la televisión pública a fines de 2019, una instructora de yoga e instagrammer con más de 144.000 seguidores se definía como maestra de intención en movimiento, y señalaba en relación con su manera de ver y transmitir la espiritualidad: “Mi forma de ver la espiritualidad incluye también esas noches que no das más con vos y te abrís una botella de vino, y te pones Bridget Jones o una película de Jennifer Anniston y llorás y te comes un paquete de papas fritas. Eso es el amor propio”.
Detrás de la ola de vegetarianismo y veganismo, las últimas tendencias en relación con la alimentación no radican tanto en la asunción de restricciones como en una conciencia con respecto a lo que se consume, su origen, su proceso de producción, su frescura, sus componentes, sus propiedades nutritivas y el modo en que cada cuerpo lo asimila. Hay una atención puesta en lo que se come, un interés en elegirlo, en que aporte a una alimentación sana y variada, sin severidades ni privaciones.
Pero me como una hamburguesa cada tanto también. (Instructor de bioenergética, 34 años.)
Pero no renuncio tampoco, si me quiero comer una milanesita me la como. (Practicante de yoga, mujer, 60 años.)
Hacerse tiempo para prepararse la comida es otra intención manifestada. Hay una percepción de empoderamiento al decir “Yo me hago el pan”. Se valora la intención de dar lugar a una alimentación que permita estar más liviano/a o disponible, pero se encara con calma y con la inclinación para darse los gustos.
El yoga me ayudó a conectarme con “¿Qué quiero yo? Listo, voy para acá” con tanta seguridad, que incluso me empezó a cambiar la alimentación. Empecé a preguntarme “¿Qué quiero comer?”. Entonces tuve el llamado de dejar de comer lo procesado. Ni vegetariana ni nada. No quiero meterme mierda en el cuerpo. (Practicante de yoga, mujer, 33 años.)
Como de todo. Nosotros somos muy conscientes pero comemos carne, ninguno de los dos es vegetariano por más de que… no es que nos cocinamos un bife con puré en casa, pero sí elegimos comer carne cuando salimos o cuando vamos a lo de nuestros familiares, no tenemos problemas con eso, pero sí somos muy conscientes. Tratamos de comprar la verdura en la verdulería, la carne en la carnicería, el pescado en la pescadería, no compramos en supermercados, no comemos nada enlatado. Tenemos una relación muy consciente con el alimento. (Instructora de yoga, 29 años.)
Fui muy extrema, por ejemplo con la macrobiótica, fui pasando por diferentes tipos de alimentación. Estuve mucho tiempo sin comer carne. Pero lo que me sucedió es que yo sentí que esa cuestión estricta se pasaba también a mi carácter como una cosa muy rígida. Y bueno, a través de leer y de vivir, siempre vas descubriendo cosas. Para mí la fórmula está en uno mismo. Esto me hace bien. Para mí todas las fórmulas pasan por el sentir. Entonces, me parece que cada uno tiene que elegir la dieta de acuerdo a su momento, ¿no? (Instructora de yoga, eutonía y bioenergética, 67 años.)
Yo no creo en las imposiciones. Creo que hay gente que está altisimamente conectada con la espiritualidad y no es vegetariana y yo soy vegetariana porque en mí funciona así, pero observo vegetarianos que carecen de una sensibilidad en otros planos. No considero que una alimentación de cierto tipo garantice un contacto con la espiritualidad. (Instructora de yoga, 52 años.)
En muchos casos las etapas de vegetarianismo quedaron atrás aunque pueden volver, y resultan procesadas como parte de una necesidad sentida en el cuerpo, pero “nunca desde lo dogmático” (instructora de bioenergética, practicante de yoga, 34 años). Cuando se sostienen por mucho tiempo, también se subraya su vinculación con un pedido del cuerpo, pero “no por ninguna creencia, ni ningún dogma ni nada” (instructora de bioenergética, 39 años). La aproximación más exigente a un modo de alimentación y el sostenimiento de dietas restrictivas se encuentran más asociados con los “veintis”. Entre lo que trasciende a una posible etapa más radicalizada, respetar el alimento, saborearlo sin excesos, darle color y variedad son otras de las actitudes presentes en las maneras de relacionarse con esta necesidad primaria del ser humano.
El alimento —junto con la práctica corporal y el buen descanso— ocupa un lugar central en el marco de cosmovisiones en las que se asume la relación con la salud como un modo de vida que promete mantener lejos la enfermedad. Por ello, la alimentación sana, vital, cruda son mundos observados con interés, de los cuales con frecuencia se entra y se sale sin mayor culpa o remordimiento. La alimentación orgánica está presente como un desafío para este estilo de vida, en tanto se reconoce que por el momento no es sencillo el acceso a lo orgánico en CABA. Es probable que quienes identifican esta dificultad hayan visitado otras ciudades globales europeas o estadounidenses, donde las opciones y los hábitos de consumo en torno al bienestar (wellness) y la alimentación orgánica se encuentran más desarrollados y al alcance, desde hace más años.[21]
Una actitud distante o medida —aunque no estricta— con la carne, el alcohol, los medicamentos, las harinas blancas, el azúcar refinada y los lácteos industriales forma parte del ethos del/de la yogui urbano/a, que a su vez expone una aproximación a lo crudo, lo vivo o activado, lo no procesado, sin conservantes ni colorantes. Se trata de escuchar al cuerpo, percibir cómo está, si está pidiendo menos carne o menos harinas, sin necesariamente asumir un rótulo o conducta estática, y con la disposición para adaptarse fuera del hogar.
Si no es como que, en pos de la espiritualidad, empezás a cortar el vínculo con el otro y tampoco está bueno, tiene que haber un equilibrio en todo. Voy a tomar mate, le metés edulcorante, hago una arcada y lo tomo, ya fue. A ver, si me preguntás te digo amargo, pero si le mandaste edulcorante no te voy a poner cara de asco, porque si no te fanatizás tanto con el fundamento que te autolimitás. (Practicante de yoga mujer, 33 años.)
La feria Buenos Aires Market sirve como ejemplo de evento masivo en CABA que cristaliza la extensión de estilos de vida maleables —de aproximación a lo sano, pero sin dogmatismos—. En su propio recorrido, fue incorporando productos no necesariamente saludables u orgánicos, pero sí frescos, respondiendo a esta lógica de apertura no dogmática a lo saludable. Cuando surgió en 2012, se trató del mayor mercado de CABA dedicado exclusivamente a los alimentos saludables. Al estilo de los mercados de productos orgánicos de Londres o Nueva York, Buenos Aires Market comenzó realizándose un fin de semana por mes, convocando a los principales productores de alimentos orgánicos y saludables de Argentina. Desde 2016 —en total sintonía con los testimonios relevados que representan a un amplio sector comprometido con una alimentación sana pero con licencias, y dando cuenta de una comprensión más cabal de las búsquedas, gustos e intereses de los/as potenciales concurrentes—, se realiza el Burger Fest, primer festival gastronómico de CABA dedicado a los fanáticos de las hamburguesas. Allí se ofrecen en puestos y food trucks versiones clásicas y gourmet, con medallones caseros de carne vacuna, de cerdo, de pescado, de legumbres y vegetales, con panificados artesanales y un sinfín de toppings, alternativas veganas y aptas para celíacos.
Este modo de alimentación también se materializa en el auge de dietéticas en el paisaje urbano. Este tipo de comercio barrial se multiplicó y se reinventó, pasando de ser un lugar para la adquisición de productos light (en los años ochenta y en los noventa) a ser un espacio asociado a la alimentación saludable (Ini, 26 de octubre de 2019). En los últimos años, las franquicias de dietéticas crecieron abruptamente en CABA. Los nuevos comercios que abren suelen presentarse con eufemismos como “almacén naturista” o “tienda saludable”, y muchos de los que ya existen se rebautizan en esta misma dirección. Algunos se distinguen por ofrecer exclusivamente productos orgánicos, otros son punto de distribución de bolsones de verdura orgánica, y están los que ofrecen pollos de campo o cosmética vegana.
Si tres décadas atrás los productos estrella en las pocas dietéticas eran aquellos de bajas calorías, hoy la población porteña identificada con la clase media concurre masiva y regularmente a ellas en busca de frutos secos, mostrando interés también por los cereales en grano, las legumbres, las harinas integrales, las hamburguesas vegetarianas y el azúcar orgánico. Hay productos que se ponen vertiginosamente de moda en el circuito de las dietéticas, como el kéfir o la kombucha, bebidas fermentadas y ricas en probióticos, destacadas por sus propiedades para fortalecer el sistema inmunológico.[22] Dos o tres décadas atrás la concurrencia a dietéticas estaba asociada con la búsqueda de suplementos dietarios o bien con un público pequeño, casi de nicho, interesado ya por entonces en ampliar su horizonte en materia de alimentación y cuidado personal. En los últimos años se instaló en CABA una cultura de alimentación saludable. Esta tendencia en un público mucho más amplio y diverso hizo de estos comercios un canal de abastecimiento masivo.[23]
Para complementar el plano de la alimentación, la búsqueda de autenticidad encuentra su desafío en conectar con la felicidad, entendiendo que la vida es aquí y ahora y tratando de lograr la mejor versión posible de cada uno/a. En esta exploración hay una mayor comodidad e identificación con lo espiritual y con lo energético que con lo religioso institucionalizado (más abocado a estructurar y dar sentido a transiciones vitales como el nacimiento, el casamiento o la muerte). Se registra la disposición a relacionarse con una energía activa, una frecuencia, una vibración para acceder a una realidad mucho más plena. Acompañando el debilitamiento de la creencia en un dios que dirige y decide el destino de cada uno/a, cobra vigor el acercamiento a una espiritualidad con la que fluir.
No me siento religiosa pero sí me siento muy espiritual. (Instructora de El Arte de Vivir, 62 años.)
Me acuerdo de que un día fui a un templo budista y cuando entré me encontré con una foto de Jesús, enorme, divina, pero no en la cruz ni nada por el estilo, sino que tenía una túnica blanca, era una belleza lo que emanaba, porque algunas esculturas que están hechas desde el espíritu emanan energía verdadera. (Instructora de yoga, eutonía y bioenergética, 67 años.)
El angelito de la guarda para mí es una figura que, si bien está relacionada con el catolicismo, la vinculo con algo más energético. Esa figura siempre estuvo para mí, nunca la dejé y a mis hijos se las transmito… hay algo ahí de una energía que te cuida más allá de nosotros y tiene la figura del angelito de la guarda pero se puede resignificar, no sé… el universo. (Instructora de yoga, 42 años.)
Entre aquellos/as que fueron criados/as en el catolicismo y se acercaron al yoga, está presente el trazado de un itinerario que desemboca en la separación crítica entre el mensaje de Jesús y la Iglesia católica, castigadora y rectora de una sofocante culpa. Hay un giro estimulado por cierta actitud de apertura y por el agotamiento tanto de la creencia dogmática como del descrédito generalizado, que rescata lo que se encuentra valioso en cada religión sin incurrir en lógicas institucionalizadas para preservar el criterio individual de selección (y así mantener alto el índice de individuación, en términos de Güell, Peters y Morales [2012]).
Mi mamá era mucho más devota, me llevaba a la iglesia, estoy bautizada… bautismo, comunión… ahí quedó. Cada tanto me pinta ir. Sábado a la tarde, a las 7, esa es la misa que a mí me gusta, es un lugar en el que limpiás mucho. Me parece que es muy acotado quedarse solo con las creencias del catolicismo. Me sirve tomar lo que me sirve de cada religión y no necesariamente, estrictamente católica… es como encasillarse. Entonces, ah, no. Como soy católica no puedo ir al barrio chino a festejar el año nuevo porque estoy en 2018. Me fui alejando un poco porque, en relación con lo que es Dios, me pregunté ¿si Dios te ama por qué te castiga? Empecé a cuestionar un poco y me alejé porque me pareció un fanatismo. (Practicante de yoga, mujer, 33 años.)
Tuve un regreso a lo espiritual tardío. Digo regreso porque fui muy creyente. Mi familia es católica, mi formación fue católica. Fui muy creyente hasta los 18 años. Iba a un colegio de hermanos Maristas, para darte una idea en el recreo más largo de media mañana se podía comulgar en la iglesia del colegio. Yo iba a comulgar casi todos los días. Después me fui alejando de todo eso. Trabajé veinte años en un banco. Soy banquero. Gané muchísimo dinero, en esa época de mi vida me interesaba ganar plata y gané fortunas. Y durante esos años cero espiritualidad. Esos años fueron de ateísmo militante. Tuve un largo período de ateísmo militante hasta que en el año 2010 empiezo a tomar ayahuasca y ahí empiezo como a religar con una práctica espiritual, una creencia en algo que nos trasciende. Ya no ligado a una religión en particular, sino desde un lugar, por un lado panteísta, en el sentido de creer que el creador y lo creado son lo mismo. Y por el otro lado como rescatando de distintas religiones algunas cosas que a mí me habían llamado la atención. (Organizador de ceremonias de ayahuasca, estudiante de astrología y de terapia bioenergética, 50 años.)
Lo que le sucede al banquero es frecuente en muchos profesionales que, ante cierta insatisfacción con su presente o poco entusiasmo con el recorrido esperable para sus vidas, deciden —muchas veces después de un viaje— dar un viraje, hacer un cambio, probar algo distinto. Lejos de la renuncia al deseo que predicó el Buda Siddharta Gautama, cierto sector urbano profesional se reserva para su vida cotidiana un amplio espacio para el deseo personal, el goce, el cuestionamiento, la renuncia a mandatos y a creencias limitantes y la transformación personal. Entre los/as adultos/as jóvenes urbanos/as y profesionales, el ahorro como meta y la previsión como aptitud vienen resultando devaluados frente a la búsqueda de vivencias inspiradoras.
Estos recorridos relevados en el trabajo de campo se condicen y robustecen a partir de los datos de la Segunda Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina (Mallimaci et al., 2019). Esta encuesta mostró que en el AMBA se registra la mayor proporción de personas sin religión, que asciende al 26,2% (que desciende al 18,9%, si se considera el total de las regiones, y que alcanza solo al 5% y al 7% de la población, si se pone la lupa sobre el Noroeste (NOA) y Noreste (NEA) argentinos, respectivamente. Algunos aspectos emergentes de la encuesta fueron que la adscripción al catolicismo disminuye aunque conserva una mayoría atenuada (62,9%), mientras que los/as sin religión (18,9%) y los/as evangélicos (15,3%) están en crecimiento. A medida que aumenta el nivel educativo, mayor es la proporción sin religión. Los/as evangélicos/as predominan en los niveles educativos más bajos. La individuación se consolida en el campo religioso: las personas prefieren relacionarse con Dios por su propia cuenta, se registra una caída en la asistencia semanal al culto y predominan las prácticas religiosas que se realizan en la intimidad. Es interesante que en el ranking de creencias prevalecen las de la cultura cristiana junto con la energía, a la que adscribe el 76% de los/as encuestados/as. Incluso al poner la lupa sobre los/as sin religión, en su ranking de creencias la energía ocupa el primer puesto, con el 71% de respuestas afirmativas. Si se comparan estos datos con los relevados once años atrás, en la Primera Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas, se constata que tanto la creencia en Jesucristo como la creencia en Dios presentan una reducción de 10 puntos porcentuales entre 2008 y 2019 (del 91,8% al 82,5% y del 91,1% al 81,9%), mientras que la creencia en la energía hizo un recorrido inverso, creciendo diez puntos porcentuales y pasando del 64,5% en 2008 al 76% en 2019. Un último aspecto, mencionado anteriormente en este capítulo, que vale la pena retomar es que entre los/as sin religión dos de cada diez practicó yoga o meditación en el último año (19%). Este valor se reduce a la mitad al considerar el total de encuestados/as (11,5%) y a un cuarto entre los/as evangélicos/as (4,6%). Además de evidenciar el ascenso de una espiritualidad más alejada de lo institucional y más sostenida en torno a la creencia en la energía, estos datos delinean el trazado de una circulación social no democrática del yoga y la meditación. Si se considera el nivel educativo alcanzado como proxy de la renta del hogar o condición socioeconómica, se muestra que el yoga y la meditación son prácticas mucho menos extendidas entre los más desfavorecidos.
Otro aspecto que se insinúa en los estilos de vida enyoguizados radica en el registro de un distanciamiento de “la actualidad”, de la lectura de diarios o la práctica de ver la televisión, aunque sí está presente Netflix, con su abanico de posibilidades y recomendaciones perfectamente dirigidas a cada consumidor/a. “Me entero en la oficina” o “escucho de oído” pueden ser acercamientos habituales a lo que acontece en el plano político o económico en los niveles nacional e internacional.
La apertura a nuevos intereses y la intención de motorizar transformaciones personales a partir del yoga no es una actitud impostada del/de la yogui urbano/a. Desde la presente descripción no se pone en cuestión el hecho de que el yoga actúa, trabaja sobre la respiración e influye en la percepción, el pensamiento y la posibilidad de hacer foco para tomar decisiones, sino que se observa el modo en que esta práctica se combina con otras actitudes y elecciones que delinean cierto estilo de vida entre aquella parte de los sectores urbanos identificados con la clase media.
De lo ideológico a lo sensitivo: una apertura a Oriente
La adaptación del yoga a Occidente supone encontrar la forma de trasponer una práctica que en la India está integrada a la vida, a ciudades globales en las que se inserta como actividad para realizar en el tiempo libre. “Hace más de tres décadas, cuando el turismo espiritual aún no estaba desarrollado, encontrar en India un instituto de yoga era como si en Argentina se pudiera encontrar una escuela para tomar mate”, señalaba el director de la Fundación Indra Devi, en el marco de la entrevista realizada. Acercar y adaptar el yoga supone reconocer diferencias físicas, culturales e idiosincráticas entre Oriente y Occidente, incluso entre dos ciudades capitales como Nueva Delhi y CABA. Son varias las razones por las cuales en CABA no podemos hacer yoga como en Oriente. Desde lo físico, por ejemplo, cabe considerar que pararse de cabeza o ponerse en cuclillas puede resultar mucho más complejo que en sociedades donde se suele llevar peso en la cabeza o hacer las necesidades en cuclillas. Además, los cuerpos son distintos y las tensiones que se generan, asociadas a la vida cotidiana de cada lugar, pueden variar y depositarse en otras partes.
Si se pone la mirada en las Upanishads del yoga[24] como base filosófica de la práctica, se observan puntos de encuentro y de desencuentro con la apertura a Oriente, a la que se da cabida a partir de la gestión de la subjetividad occidental y urbana. Aquellas disposiciones que pregonan la centralidad de lo sensible y el rechazo al dualismo cuerpo/mente se promueven y circulan de manera creciente, otorgando vigencia a máximas como “Lo verdadero es lo que se percibe por la visión, el oído y los otros sentidos, pues todo lo que existe es brahman,[25] como dicen los que saben” (de Dársana Upanishad) o “Controla la mente hasta que se funda en el corazón, esto es sabiduría, esto es meditación; el resto son palabrerías” (de Amritabindu Upanishad). Otras enseñanzas o preceptos se mantienen distantes de los estilos de vida y hábitos cotidianos de los/as yoguis urbanos/as de Occidente, por ejemplo: “Tener compasión es contemplar al prójimo en acto, palabra o pensamiento, como si fueses tú mismo: así se expresan los que saben” (de Dársana Upanishad), y todos aquellos versos que ponen en el centro las abstenciones de diversa índole. Se está ante una apertura sumamente selectiva a lo oriental.
Como observan Carrone y Funes (2013), en su estudio sobre la editorial Deva’s[26] y la fundación El Arte de Vivir como dos casos de industria cultural floreciente en lo que denominan “campo espiritual heterodoxo”, ciertos objetos y accesorios de reminiscencia oriental que circulan o se consumen en este campo remiten a ideas y formas concretas de entender el mundo e interactuar con él. El acercamiento masivo a estos objetos y accesorios indicaría entonces una apertura a nuevas cosmovisiones que difieren radicalmente de aquellas en torno a las cuales giraron las etapas de socialización primaria y secundaria de muchos/as practicantes de yoga y/o meditación en ciudades globales de Occidente. La cotidianidad que se estableció como realidad o sentido común y se impuso bajo el cobijo de la objetividad muestra su agotamiento como unidad inquebrantable e incuestionable. Mientras que el paradigma cartesiano como vía para definir la condición humana se materializó, por ejemplo, en la preeminencia del cerebro como órgano rector de la vida misma, la actual apertura a lo oriental puede considerarse una respuesta afirmativa de muchos/as a la invitación a religar cuerpo, mente y alma.
Así, la emergencia de una propensión a lo no racional, no mental, no occidental se desarrolla como línea explicativa para comprender el boom de una nueva espiritualidad en CABA, y como rasgo de las subjetividades urbanas identificadas con las clases medias. Un modo de ser y estar propio de una etapa posanclaje en la palabra, por lo tanto, pospsicoanalítica. Un ascenso de la experiencia, del sentir y de la energía que sopesa y denota el agotamiento del entendimiento y de la razón. La experiencia se valoriza por el hecho de portar consigo la idea de transformación. La apertura a cosmovisiones de Oriente puede ser pensada como signo del agotamiento del racionalismo occidental, presente sobre todo entre las generaciones de jóvenes adultos/as. Aflora un llamamiento a lo posracional, al posicionamiento de la experiencia y la sensibilidad por sobre la razón, a priorizar el sentir por sobre el pensar. El corazón y el alma se elevan sacudiendo la hegemonía del cerebro y de la mente. Se trata de un pasaje de la cabeza al cuerpo entero, que derriba las paredes que no dejan sentir, desarrolla la sensibilidad y despierta la percepción.
La espiritualidad te da toma de conciencia de cada cosa en tu vida. Mientras más profundizás, aumenta tu nivel de conciencia y cuando aumenta el nivel de conciencia, tus actos, tus palabras empiezan a tener un refinamiento y es como que se amplifica un filtro. Aparece un filtro que te dice “Ok, esto no lo digas, esto decilo, esto no lo hagas, o hacelo”, y empezás a actuar más a través de un alma que te está diciendo qué es lo correcto y qué es lo incorrecto, y no estás actuando solamente a través de tu mente que es una herramienta más para el lado del pensamiento, de lo técnico. El alma trabaja más con el corazón, entonces decís “bueno”… No es que una tiene que sacar a la otra sino que las dos tienen que trabajar de manera conjunta. (Practicante de yoga, hombre, 35 años.)
En las reflexiones sobre Oriente y Occidente que elaboran Daisetz Teitaro Suzuki y Erich Fromm en Budismo Zen y psicoanálisis, publicado en 1960, presentan al ser humano occidental como separado de la naturaleza, que solo se concibe para ser utilizada por el humano elocuente, inquisitivo, resistente e intelectual. En tanto para el ser humano oriental —más integrado a la naturaleza—, los misterios de la existencia —que embriagan más que el entendimiento— resultan más aceptados. La mentalidad occidental es descripta como analítica, selectiva, individualista, intelectual, objetiva, científica e impositiva, mientras que la mentalidad oriental se caracteriza como totalizadora, no selectiva, no discursiva y subjetiva (Suzuki y Fromm, 2006 [1964], p. 13).
El hecho de hacer un lugar al campo de los sentimientos y la experiencia en el “agotado” campo del entendimiento, con su intelectualidad, su academicismo y su disposición a la acción, aparece con fuerza entre los/as practicantes de yoga de la CABA.
Yo vengo de una familia muy racional, de espiritualidad cero. Todo muy racional. Luego de muchos años me largué solo porque sentía que me faltaba algo, que algo no estaba bien. Mi visión de la realidad era muy corta. (Practicante de yoga, hombre, 34 años.)
Es una búsqueda muy desde el corazón. Vengo de una familia intelectual de izquierda, por decirlo de alguna manera, con militancia de mis viejos, y siempre mi manera de enfrentar el mundo fue desde una visión histórica, política, incluso desde el materialismo histórico de Marx. De ahí venían las explicaciones de la existencia. De la matriz moderna con esa concepción técnica y científica de la vida. Y yo, a nivel personal, como algo muy interno, muy del corazón, comencé a sentir que todas esas respuestas no me servían mucho. Hacían mucha agua. (Practicante de yoga e instructora de bioenergética, 36 años.)
Descubrí partes del cuerpo que podía mover de manera que no sabía y que me conectaba con alguna emoción y entonces me empecé a dar cuenta también de que la vida implicaba esas cosas mucho más allá que la razón, que era a lo que más estaba acostumbrada, a lo intelectual (…) en lo personal me sucedió que —con una vida superintelectual siempre, inculcada por mi familia y desarrollada por mí también— mi vida la viví con explicaciones intelectuales y racionales sobre las cosas. En algún momento me di cuenta de que no me funcionaban ya tanto esas explicaciones. Incluso que me hacían daño a veces. (Practicante de yoga e instructora de bioenergética, 30 años.)
Todo lo que sea espiritual es cien por ciento una experiencia. Y cuando lo llevás al terreno de la experiencia y podés dejar de lado un poco esas ideas rígidas que tenemos de las cosas, hay un aprendizaje y una apertura impresionante, donde no necesitás palabras ni razonar tanto, sabés lo que te hace bien y lo que no y el cambio que eso genera en vos. (Practicante de yoga, mujer, 33 años.)
El relato de la modernidad no colma ni ofrece respuestas. Las penetraciones puramente racionales sobre las cosas que pasan parecen percibirse como obsoletas. Con entusiasmo y con sorpresa se comienza a transitar por otros paradigmas y se van incorporando otras formas de explicar el mundo. En el capítulo que Bourdieu le dedica a “la buena voluntad cultural” de la pequeña burguesía en su obra La distinción, Bourdieu hacía referencia a un pasaje del deber al deber de placer. Se trataba de un repliegue “de subjetividades en busca de sí mismas” (Bourdieu, 2012, p. 433) por el que comenzaban a optar principalmente los representantes de la nueva pequeña burguesía (aquellos dedicados a la venta de bienes y servicios simbólicos, entre quienes empieza a circular con fuerza la creatividad como aptitud de relevancia). Pero estas búsquedas más o menos secularizadas de salvación, si bien convergen con el actual universo yogui en el componente antipolítico y en la exaltación del yo, se afincan sobre todo en lo psicológico; en una relación psicologizada —y por lo tanto, racional— con el cuerpo y con el placer: “Mística racionalizante de la edad de la ciencia, el psicoanálisis libremente interpretado ofrece el discurso legitimador que proporciona apariencia de fundamento racional a los presupuestos simultáneamente arbitrarios y necesarios de un ethos” (Bourdieu, 2012, p. 435).
Como señala López Novo (2012) para explicar el desplazamiento del idioma y de las prácticas vinculadas con la transformación personal de la periferia al centro —o de minorías a públicos extensos—, se debe considerar el giro valorativo liderado por las generaciones más jóvenes de las sociedades avanzadas, por el cual se debilita la predisposición a orientar la propia vida desde posicionamientos racionales de supervivencia con foco en la búsqueda de seguridad y la maximización del bienestar material, al tiempo que cobra vigor la necesidad de experimentar y explorar múltiples facetas de la existencia. En las ciudades globales contemporáneas, el yoga ofrece a quienes lo practican la posibilidad de trascender el fundamento, encontrar un silencio mental para conectarse con el ser, con el corazón, con el sentir, con el alma. Hay una intención de derribar las paredes que no dejan sentir y dar otro lugar a la percepción sobre el propio cuerpo y sobre las emociones. La apertura a Oriente se consolida a partir de una valoración del necesario complemento entre lo intelectual y lo sensitivo. La invitación a llevar la conciencia al cuerpo resulta atractiva en tanto se confía en que este reclama desde una sabiduría propia y se modifica a partir de la práctica. En CABA, esta forma de encarar la transformación personal se solapa con la tan extendida psicología, particularmente con el psicoanálisis como técnica que pareciera haber dejado atrás su etapa culminante de dominio. Los efectos del yoga se perciben como más ligeros y palpables que lo que ofrece la terapia psicoanalítica. Oriente, a través del yoga, ofrece la posibilidad de una atención más integrada de distintos planos humanos, como las emociones y los pensamientos. Muchos/as practicantes e instructores/as de yoga reconocen los límites de la intelectualización, la racionalización y el anclaje en la palabra: hay lugares a los que no se llega por más que se extienda la terapia o pueda recurrir a un/a psicólogo/a recomendado/a. En reiteradas ocasiones, los/as practicantes de yoga señalaron la limitación que implica para el psicoanálisis trabajar fundamentalmente a partir de la palabra, por eso en muchos casos se valora el complemento y el espacio en el cronograma semanal para las clases de yoga y la sesión de psicoterapia. Pero el sostenimiento de los abordajes exclusivamente intelectuales sobre las cosas que uno/a vive y que suceden alrededor comienza a sentirse obsoleto.
La apertura a Oriente también se evidencia en una concepción renovada de la salud, con la incorporación de enfoques o paradigmas que en el nivel masivo solían verse con sospecha y desconfianza, como la medicina ayurveda.[27] Por ejemplo, durante la pandemia por COVID-19, desde el Ministerio de Ayurveda, Yoga, Unani, Siddha y Homeopatía (AYUSH), del Gobierno de la India, se difundieron al mundo occidental tips ayurvédicos para reforzar la inmunidad, tales como la elaboración de infusiones con especias de fácil acceso, o la incorporación de procedimientos simples para realizar una o dos veces por día. En un gesto que evidencia esta penetración de la India en Occidente en el mundo, uno de los aspectos que más trascendió de los llamados telefónicos que el primer ministro indio Narendra Modi mantuvo con su par estadounidense, el presidente Donald Trump, y con el presidente de España Pedro Sánchez para estrechar lazos de cooperación internacional en la lucha contra la pandemia, fue la recomendación que les hizo a ambos de que se aproximaran a la medicina ayurveda para interiorizarse en las medidas y hábitos preventivos que esta ofrece (Cohn, 4 de abril de 2020).

Imagen tomada del sitio de Internet del Ministerio de Ayurveda, Yoga, Unani, Siddha y Homeopatía (AYUSH), Gobierno de la India.[28]
Como parte de los nuevos modos de ser y habitar la ciudad, el registro de sensaciones y emociones dinámicas cobra protagonismo, en tanto aquello que se percibe como barreras del entendimiento resulta superado mediante experiencias transformadoras. “¿Qué siento en este momento?” es un interrogante rector que quita relevancia al posicionamiento exclusivamente racional sobre lo que acontece.
En los mundos de las celebridades y de la política con mayor resonancia en el nivel local también se pueden encontrar signos de este acercamiento a un paradigma posracional/no occidental.
Calu Rivero es una actriz e influencer argentina difusora de un estilo de vida en el que la experiencia se ubica sobre el argumento, lo sensible sobre la razón, como forma superadora de aproximación a la realidad. En enero de 2020, expresó en su cuenta de Instragram tras un encuentro espiritual que tuvo lugar en la exclusiva ciudad balnearia de Punta del Este (Uruguay):
Ver lo fresco, lo crudo, lo concreto, lo genérico, lo abstracto, lo categorizado. Vivir más en el mundo real de la naturaleza que en el mundo verbalizado de los conceptos, prejuicios, estereotipos. Estar abierto a la experiencia. I’m from the illumination nation. Gracias por jugar” (Instagram, @lacalurivero, 11 de enero de 2020. Destacado propio)
Pocos meses antes, en agosto de 2019, el entonces presidente de Argentina y candidato a la reelección Mauricio Macri interpelaba persuasivamente a los/as votantes en total sintonía con esta propuesta posracional y afectiva:
No se necesitan argumentos, no es necesario dar explicaciones. Es tu autoridad, tu confianza, tu credibilidad, las que tus relaciones valoren para acompañarte en tu decisión. Por eso yo te invito a publicar esta foto en tus redes. (Twitter, @mauriciomacri, 4 de agosto de 2019. Destacado propio).
La imagen que acompañaba la publicación era de Macri junto con la leyenda “Yo lo voto”.
Como se verá más adelante al poner la lupa sobre la socialidad mediada por las redes sociales, su lógica propia tiende a exacerbar precisamente la consagración de la emoción sin argumentación.
Es notable cómo en cada época ciertas palabras condensan climas, sensibilidades y ejes de acción. En este sentido, la experiencia como circunstancia de alta concentración de emociones y sensaciones es un elemento destacado de la vida social contemporánea, que asume significados tanto positivos como negativos. En la introducción a la compilación Un mundo de sensaciones. Sensibilidades e imaginarios en producciones y consumos culturales argentinos del siglo XXI, Ana Wortman (2018) propone pensar que el imaginario social que se ha instalado en nuestro presente es aquel en que la vida se trata de tener experiencias, de capturar el momento, no pensarlo, sino experimentarlo. Esta aproximación experiencial —que elude una existencia circunscripta al entendimiento— atraviesa e hilvana situaciones sumamente diversas: una comida no convencional, organizada en diversos pasos en un ambiente especial (“experiencias gastronómicas”), una clase de gimnasia, un show musical, un viaje, una pieza teatral (“experiencia teatral”[29]), experiencias en vivo —gratuitas, con valor pautado o “a la gorra virtual”— durante la pandemia por el virus COVID-19.


La variada oferta de “experiencias” en CABA.
Esta elevación de la experiencia se concatena con un modo de vinculación con el tiempo que alimenta la búsqueda de sensaciones profundas en un instante, estallidos efímeros que van más allá de nuestras percepciones habituales. La experiencia está vinculada a la piel, a la conmoción, a una dimensión no racional ni instrumental de lo que se mira, se dice o se hace (Wortman, 2018, p. 12).
Al tiempo que lo sensorial se enaltece, la racionalidad se descubre como un obstáculo por sus efectos rígidos e inflexibles (Han, 2014, p. 71). El ejecutar juicios comienza a percibirse como una forma de limitación de la realidad y de reducción de perspectiva. Entra a brillar en escena la emocionalidad, de curso paralelo al libre despliegue de la personalidad, y se celebra la emoción como expresión de la subjetividad libre. Como ha quedado planteado, esta emocionalidad situacional y volátil circula por espacios heterogéneos. En el ámbito de las gerencias empresariales también se está produciendo un cambio de paradigma, por el cual las emociones son cada vez más relevantes. Los/as mánagers actuales se alejan del principio de comportamiento racional para concentrarse cada vez más en lo motivacional, cuyo fermento son las emociones positivas (Han, 2014, p. 74). Los procesos de control de calidad de muchas empresas pasan a llamarse customer experiencie, e involucran la suma de todas las experiencias que una persona tiene sobre una compañía al relacionarse con ella de cualquier manera, tanto antes de ser su cliente como durante y después del vínculo comercial. Desde el mundo publicitario se está al acecho de claves y ejemplos para emocionar, potenciados por las posibilidades de personalización que ofrece el big data.
Cada clase de yoga puede enmarcarse en esta perspectiva posracional en tanto constituye una invitación a poner en pausa el intelecto para estrechar el vínculo entre existir y sentir, atravesando una experiencia siempre distinta que suele componerse de momentos de meditación, conexión con sonidos de cuencos y aromas de inciensos, instancias activas y otras de máxima relajación. Pero el súmmum de la aproximación experiencial en el campo de las nuevas espiritualidades o espiritualidades heterodoxas se encuentra en los retiros o viajes transformadores. Esta oferta se plantea principalmente como un freno para reponer o equilibrar energías, una renovación que transforme la vida cotidiana, un alejamiento de lo urbano y un acercamiento a la naturaleza. Inspirarse, relajarse, disfrutar, aprender y conectar con uno/a mismo/a, potenciar la creatividad y la intuición son algunas de las promesas de estos viajes difundidos como “experiencias únicas”. Una instructora de yoga e instagrammer, que se autodefine como “maestra de intención en movimiento”, organiza y lidera viajes enfocados en la transformación personal, que combinan práctica de yoga y meditación, alimentación saludable, un entorno natural y mucho confort. El uso del inglés en los nombres de cada viaje o retiro —Reseat experience, Balance experience, Essence experience— o en expresiones como Sold out o Check list viajero es un elemento del marketing que evidencia el tratamiento mercantil de la espiritualidad, pero también un indicador del sector social al que se interpela. Cada viaje realizado a Colonia (Uruguay), Mar de las Pampas (Argentina), Tulum (México) tiene su sello singular, pero todos comparten un mismo “Manifiesto viajero” que incluye:
• Destinos naturales que inspiran.
• Alojamientos con estilo y diseño adaptado al entorno.
• Alimentación consciente y local.
• Actividades que potencian la creatividad y la intuición.
• Experiencias que te conectan con personas y mentes transformadoras.
En busca de vivencias y conocimientos de primera mano de tradiciones espirituales ancestrales, los viajes organizados por la fundación El Arte de Vivir representan la posibilidad de tener experiencias transformadoras, centradas en las emociones, la alegría, el disfrute, la liberación del pasado —percibido como carga— y la apertura al sentir en cada instante.


Esta propuesta de turismo espiritual organizada por El Arte de Vivir y Sumu Travels no es la única, en tanto son tiempos de microsegmentación del mercado y también las experiencias transformadoras se conciben según targets sumamente específicos. Junto con Swarupa trips, El Arte de Vivir invita a otro perfil etario y social espiritual (que posiblemente converja con el interpelado por la propuesta anterior, en términos de una alta disponibilidad de capital económico) a “disfrutar de lo mejor de Uruguay de una manera especial: Surf – Yoga – Meditación – Respiración – Comida sana”. Significantes como “wellness spa” o “eco posada” proliferan en el marco de un turismo espiritual o de bienestar que ofrece experiencias adecuadas para sectores profesionales que viven una vorágine cotidiana intensa, incluyendo entre sus servicios y propuestas: “descanso inteligente”, “desintoxicación y revitalización”, “manejo del estrés”, “resolución natural del sobrepeso” “despertar la vida”, “descontracturar física y emocionalmente”, “nutrir cuerpo y alma”. La alimentación es un aspecto central en las propuestas de turismo de bienestar, en cuanto vía para la sanación de los cuerpos urbanos intoxicados por las presiones, los dispositivos móviles y las redes sociales.
A modo de cierre del presente apartado, cabe reflexionar en torno al vertiginoso ascenso del mindfulness en CABA. Su enorme aceptación, consolidada mediante su apoyatura en el discurso científico y su específica apelación a las neurociencias (conjunto de disciplinas científicas dedicadas al estudio del sistema nervioso), constituye un ejemplo de amalgamiento de paradigmas, entre lo sensorial y lo racional. El Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) ofrece como parte de sus actividades talleres de mindfulness e incorpora esta práctica en sus programas de tratamientos o de rehabilitación. El creador de INECO, el neurólogo, neurocientífico y político argentino Facundo Manes, dirige además el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, por lo que se trata del referente de dos instituciones de vanguardia que lideran el campo de las neurociencias en América Latina. Manes escribió el prólogo del libro Mindfulness. La meditación científica (2017), escrito por Martín Reynoso, y expresó en diversas oportunidades su alta valoración de esta práctica de origen oriental como recurso psicológico y terapéutico:
El mindfulness es una técnica que se utiliza con fines terapéuticos y que ha ganado un creciente interés dentro del ámbito médico y psicológico. Derivado de las antiguas tradiciones del Oriente, se la conoce también como la meditación científica tras su sistematización y desarrollo por parte de Kabat-Zinn, que adaptó su formato para hacerlo compatible con nuestro contexto de vida occidental e inauguró una tendencia de someter a la investigación científica sus efectos y mecanismos. (Maslaton, 31 de mayo de 2019)
Para quienes conservan un mayor apego a la modernidad occidental, el prestigio o la garantía de la práctica resultan fortalecidos por las corrientes científicas y los/as médicos/as especialistas, quienes reconocen sus beneficios y les otorgan un baño de credibilidad. La penetración del mindfulness en el modelo médico occidental muestra que el ascenso del sentir y la apertura a Oriente no implican un borramiento de las cosmovisiones interiorizadas durante la modernidad en Occidente. Si existe la posmodernidad, su característica principal no es el vencimiento de lo moderno, sino el ocaso de toda esfera de acción, teoría o concepto cerrado sobre sí mismo.
Fusionar para enriquecer
Así como se imbrican Oriente y Occidente, el lugar otorgado a las fusiones es un rasgo que caracteriza la circulación y el consumo de nuevas espiritualidades en CABA. Se valora la posibilidad de no dejar nada de lado, de captar e incorporar toda la riqueza en todo lo circundante, alimentando el fenómeno de la desterritorialización, por el cual muchos bienes simbólicos se alejan de sus usos y significados de origen.[30] Este aspecto tan ligado a lo posmoderno, que resulta notable en la oferta cultural y gastronómica de CABA, se evidencia en el campo de las prácticas espirituales a través de propuestas como el yoga-booty[31]-ballet, que surgió en Los Ángeles, California hace más de veinte años, y combina posturas de yoga con trabajo localizado sobre los glúteos y ejercicios de danza; el aeroyoga, variante en la cual se incluyen movimientos acrobáticos que se realizan sobre una hamaca formada por una tela; la fusión yoga-eutonía-bioenergética o la fusión pilates-yoga. Asimismo, la disposición de instructores/as y practicantes a mezclas y combinaciones se manifiesta mediante la incorporación de música nacional, como folclore o rock, en las clases de yoga.
Yo encontré la forma, creo, de meterte el Ohm Shanti Ohm más occidentalizado. Te trabaja el cuerpo porque chivás un montón y físicamente lo dejás todo, te trabaja el espíritu porque trabajás con intenciones y además te podés sentir en comunión con otras mujeres. (Instructora de yoga, 29 años.)
El mundo que crean quienes se acercan a practicar yoga y meditación está repleto de fusiones y sincretismos que promueven la armonía en la diversidad, el encuentro entre lo autóctono y lo importado, en el marco de una espiritualidad laica, no dogmática y terapéutica que se recorre de manera individual con interés por lo plural. En las antípodas de lo unívocamente definido, se encuentran también muchas de las propuestas de turismo espiritual mencionadas en el apartado anterior, como “Move and Yoga”, experiencia de yoga en conexión con la naturaleza en Brasil, o “Wine and Yoga”, experiencia gastronómica y de yoga en la provincia argentina de Mendoza.[32]
Quienes crean esta oferta de prácticas fusionadas han ido enriqueciendo una formación de base con otros recursos y disciplinas. Eutonía, bioenergética, yoga, astrología, cábala, constelaciones familiares, mindfulness, reiki, flores de Bach, lectura de registros akáshikos, decodificación biológica, danza y psicología se combinan de formas diversas en espacios desparramados por la ciudad, con una mayor concentración en barrios como Palermo, Belgrano, Barrio Norte, Villa Crespo, Almagro y Caballito. Algunas composiciones logran mayor penetración que otras en un público curioso e interesado y comienzan a extenderse. Actualmente en muchos consultorios psicológicos de CABA se integran recursos de la astrología, la bioenergética o las flores de Bach. Son espacios que se han renovado y abrieron sus puertas a propuestas anteriormente remotas, como la influencia de los astros o el poder de las afirmaciones. En particular, la dimensión que alcanzó la astrología en la vida cotidiana de muchas personas ha sido objeto de numerosos artículos periodísticos y revistas de ciencias sociales de Buenos Aires: “En algo hay que creer. La astrología y las ‘energías’, ¿el boom de creencias que viene a reemplazar a las tradicionales?” (Gualano, 24 de noviembre de 2019); “Astrólogos: los nuevos gurús de la generación millennial” (Reina, 8 de diciembre de 2018); “El Cielo las hará libres” (Viotti y Felitti, 2016). La astrología se encuentra actualmente integrada al abanico de disciplinas alternativas a las que muchos/as profesionales urbanos/as recurren para conocerse, encontrar respuestas y recibir orientación individual. Es una astrología psicologizada la que pisa fuerte en CABA, alejada de las predicciones de personajes mediáticos como Aschira, Lilly Sullos, Horangel o Ludovica Squirru,[33] y mucho más centrada en el “yo presente”. Una astrología que maneja significantes de la época como bienestar, confort, flexibilidad o emprendedurismo, y se apropia del mundo virtual comprendiendo que las redes cumplen un papel fundamental para la interacción con el público millennial. Consultada por el diario La Nación (Reina, 8 de diciembre de 2018), Lucía Gaitán, astróloga e instagramer, asume que el boom en la generación nacida a finales de la década de 1980 tiene que ver con el ego: “Si bien se interesan por el medio ambiente y se muestran solidarios con distintas causas sociales, los millennials son (somos) egocéntricos. Y la astrología psicológica te habla desde tu individualidad, de tus particularidades. Desde lo que te hace especial”. Entre los/as más jóvenes, adquieren masividad las aplicaciones para seguir signos y fases de la luna, así como sitios de Internet y cuentas de Instagram que siguen desde sus smartphones. Hay personas/personajes más orientados al público femenino (@mia_astral), astrología transgénero (@transfemiastros) y propuestas orientadas a futuras mamás, que integran embarazo, parto y puerperio con ascendentes y lunas (@lunademadres). Revolución virtual y fusión de saberes para darle un toque cool a un estudio milenario. Si los/as más jóvenes exploran la astrología sin pretensión cientificista, muchos/as adultos/as que quieren profundizar y separar niveles de información acuden a escuelas que proponen una formación de cuatro o cinco años. La Fundación Centro Astrológico de Buenos Aires se creó en 1961 y fue la quinta escuela de su tipo en el mundo, luego de las de Estados Unidos e Inglaterra: “Si en aquel momento solo un puñado de excéntricos se atrevían a decir que exploraban pseudociencias del cielo, en los últimos cuatro años se observa una verdadera explosión de matrículas: de 40 pasaron a ser 500 alumnos” (Gualano, 24 de noviembre de 2019). El contrapunto porteño que también vio crecer y diversificar su alumnado es Casa XI, que se fundó en 1987 y fue ganando terreno entre psicólogos/as y asociaciones psicoanalíticas. Según una de las docentes más antiguas de esa escuela, bioenergetista y terapeuta transpersonal,
las aulas se llenaron de jóvenes y hay más cantidad de varones que antes. La astrología se popularizó y es menos elitista. Creo que el interés se debe a que este lenguaje sagrado nos ayuda muchísimo a comprender quiénes somos, participantes activos de esa búsqueda de respuestas. Desde las religiones, en cambio, pareciera que no hay mucho cuestionamiento posible, hay una única verdad a la que uno adhiere o niega. Desde esta mirada uno es protagonista del viaje de su vida y del desarrollo de aquello que es (Gualano, 24 de noviembre de 2019).
Fusionándose con el arte, la astrología llegó al Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA) en 2018, con el programa “Astrología en el Museo”, que incorporaba prácticas y conocimientos de esta disciplina para generar nuevos modos de acercarse al arte contemporáneo. El astrólogo y director de artes escénicas Martín M. Wollmann tuvo a su cargo las visitas guiadas mensuales que proponían un recorrido con mirada astrológica por una selección de obras del museo. “La astrología es el lenguaje de la energía, le pone palabras. Cada obra tiene vida propia y emana una energía distinta. Para el museo es una manera de atraer nuevos públicos y para mí es la manera de traer la astrología a otros ámbitos y expandir sus posibilidades, que la gente pueda poner un ‘filtro astrológico’ para mirar las cosas”, explicaba Wollman en una entrevista con el diario La Nación (Reina, 8 de diciembre de 2018), en la que ofreció también más detalles de esta propuesta, que durante los años 2018 y 2019 terminaba en la calle, con cerveza y DJ en vivo.

El MACBA, lugar de encuentro entre arte y astrología.
Es posible plantear en este punto, que la aproximación a prácticas, ideas y consumos desconocidos o ausentes en las primeras etapas de socialización, así como la disposición a diseccionarlos y fundirlos, para luego generar nuevas combinaciones, resultan aspectos distintivos y de cierto esnobismo entre los sectores urbanos identificados con las clases medias. Esta idea acerca nuevamente el contexto que trazan y la propuesta conceptual que despliegan Güell y Peters (2012), en tanto ilustran el reconocimiento de nuevas líneas de diferenciación a partir de la libre combinación de símbolos objetivados, más o menos desterritorializados con respecto a sus ambientes originales de producción y uso. Símbolos que funcionan cada vez menos como aglutinantes sociales y cada vez más como medio para el forjamiento de identidades personales. Se registra entre los/as practicantes de yoga una apertura a lo integral, una alta valoración de las propuestas consolidadas y enriquecidas a partir de diversas perspectivas, y un entusiasmo por recorrer diferentes lugares para tomar lo mejor de cada uno (“ir tomando de cada parte lo que me corresponde, lo que me sirve o lo que me resuena”).
Las fusiones son hechos cotidianos e inevitables en un mundo completamente interconectado, en el que los/as yoguis urbanos/as adoptan con frenesí la consigna de “ir mechando”, “fusionar un poco”, “mezclar esto con lo otro”.
Yo en mi casa hago yoga con folclore. ¿Por qué hay que hacer yoga con música hindú? ¿Quién dijo que en Buenos Aires hay que poner música hindú cuando hacés yoga? El yoga se va a ir convirtiendo en otra cosa en Buenos Aires y también en otras ciudades. Además, hay posturas que no tienen que ver con nuestros físicos y no tienen que estar en una práctica para mí. Porque son peligrosas. Yo me he lesionado una rodilla por hacer unas posturas que están diseñadas para cuerpos que las hacen desde que tienen 7 años. Entonces, si hay algo que me inquieta es buscar mi manera de hacer yoga en Buenos Aires. (Músico e instructor de yoga, 46 años.)
Así, al tomar distancia de lo puramente mental y buscar adentrarse en el cuerpo de una manera nueva y diferente, al descubrir nuevas sensaciones, emociones y formas de moverse, una práctica va llevando a otra y muchas veces, sean fusionadas o no, se encuentran en la misma grilla semanal de actividades: yoga combinado con bioenergética dos veces a la semana y una clase semanal de una danza centrada en la expresión de emociones y en la conexión con las energías y los elementos de la naturaleza (como danza afro o biodanza[34]), o bien, yoga dos veces a la semana más una sesión semanal de psicoterapia con herramientas de bioenergética, o bien, sesiones semanales de psicoterapia astrológizada o de astrología psicologizada.
Tiene aquí cabida la noción de cosmopolitismo estético (o esteticismo cosmopolita), concepto desarrollado por Bekesas, Riegel y Vercesi Mader (2016) para aludir a una disposición cultural registrada entre los/as jóvenes universitarios/as de la ciudad de San Pablo, que implica una postura estética e intelectual de apertura a pueblos, lugares, ideas y experiencias de diferentes culturas. El cosmopolitismo estético supone una ampliación de los márgenes de la experiencia cultural. Frente al consumo globalizado, se abre un enorme abanico de posibilidades en cuanto a formas de reapropiación local que, incluso, pueden dar lugar al desenvolvimiento de posturas reflexivas y formas de participación. Las clases de yoga constituyen hábitos culturales que se mueven entre su condición actual de experiencia global y unificadora, y sus procesos de reapropiación. La globalización en el plano del consumo cultural, plasmada en la creciente circulación de contenidos y prácticas culturales provenientes de diferentes continentes, profundiza un cosmopolitismo estético definido, por una parte, por una fuerte atracción y curiosidad en relación con prácticas culturales y productos exóticos de diversos lugares, y, por otro lado, por su hibridación con formas culturales nacionales o con apropiaciones individuales localizadas. Es interesante que en su planteo, Bekesas, Riegel y Vercesi Mader (2016) se ocupen de señalar que la experiencia estética cosmopolita no necesariamente se transforma en reflexividad o sentido de responsabilidad con las realidades sociales de los lugares exportadores de cultura. Es decir, la incorporación del yoga como actividad regular, que puede resultar acompañada de una inmersión en pautas de alimentación y de gestión del bienestar indios, atracción por la música y por objetos decorativos propios de la India, no implica ningún involucramiento con el panorama de inequidad social que ofrece el capitalismo de ese país, en donde el 1% más rico de la población posee el 51,5% de la riqueza nacional, mientras que el 60% más pobre se reparte el 4,7% (Roberts, 19 de mayo de 2019). En forma de oxímoron, el capitalismo estético (afectivo, sensible) también carece de sensibilidad social. El sentido estético desatado, la centralidad de la experiencia sensible que mantiene a flote el orden social actual, se sustrae de la cuestión social, para fundamentarse en resolver todas aquellas cuestiones que puedan aportar belleza a la propia vida, percibida como obra de arte para modelar a partir de la enorme oferta cultural que ofrece el ambiente urbano.
La idea de mundo global se sostiene en los intensos flujos de circulación de capital, personas, prácticas culturales e información, y permea en los/as integrantes del universo del yoga y la meditación en CABA, entre quienes se registra un mayor sentido de pertenencia a lo global que a lo nacional. Se asumen integrantes de una realidad global en la que el yoga ha dejado de ser una cosa rara para ser una tendencia, que solo los/as más esotéricos/as pueden asociar con “un despertar de la conciencia humana”, “una revolución planetaria” o “el inicio de una nueva era superadora”. En la edificación selectiva de sus estilos de vida, son las personas quienes traccionan los procesos de acoplamiento cultural. La globalización favorece la difusión de tradiciones, ideas y prácticas que antes eran accesibles para unos/as pocos/as, pero que hoy están al alcance de quien cuente con las condiciones de posibilidad para dar cabida a sus curiosidades y motivaciones.
Creo que la gente viaja muchísimo más. Además, tiene más información. Antes quizás, estas prácticas eran como mucho más restringidas al que tenía la posibilidad de acercarse o de obtener información, estaban más en grupos pequeños. Creo que también la globalización acercó muchas culturas en general, comemos un montón de cosas, hacemos un montón de prácticas, yoga, medicina china… (Instructora de yoga, 33 años.)
Para aquellos/as que tienen la posibilidad de viajar —muchos de estos/as, jóvenes que emprenden un itinerario de algunos meses abriendo un paréntesis que marca la clausura definitiva de la adolescencia y la inmersión en la vida adulta—, la vuelta a la ciudad invita a poner en práctica nuevos aprendizajes que permitan transformar la existencia cotidiana en un entorno urbano acelerado y hostil.
La ciudad, obstáculo para la vida buena
—Sí…, no me has hablado de tu pintura. ¿Qué coño es lo que tu pintas? No me digas que como Rembrandt… —Elías Kaminsky sonrío.
—No…, pinto paisajes urbanos. Edificios, calles, paredes, escaleras, rincones… Siempre sin figuras humanas. Son como ciudades después de un holocausto total.
—¿No pintas personas porque está prohibido para los judíos?
—No, no, ya eso no le importa mucho a nadie… es que quiero representar la soledad del mundo contemporáneo. En realidad en esos paisajes hay personas pero son invisibles, se han hecho invisibles. La misma ciudad se los ha tragado, les ha quitado su individualidad y hasta su corporeidad. La ciudad es la cárcel del individuo moderno, ¿no?
Conde asentía mientras probaba su añejo.
—¿Y dónde los invisibles encuentran su libertad?
—Dentro de sí mismos. En ese lugar que no se ve, pero existe. En el alma de cada uno.
Leonardo Padura. Herejes (2017).
Si la ciudad supo ser representada como un lugar aspiracional, al que personas con distintos sueños arribaban con profusa esperanza, hoy cobra vigor su representación como espacio viciado y opuesto a “lo natural”: atributo, valor y experiencia en ascenso. En este sentido, puede desarrollarse otra línea explicativa del boom del yoga y la meditación, relacionada con la consideración del entorno urbano como un obstáculo para una vida buena, plena y en paz, y la consecuente búsqueda de bálsamos o pequeñas suspensiones a su perturbador caos. Buenos Aires ofrece un conjunto heterogéneo de prácticas desintoxicantes que tácitamente aluden a lo perjudicial de la vida urbana. El auge de las iniciativas “detox” se ha venido manifestando en formatos diversos. A los jugos y las máscaras desintoxicantes y purificantes se han sumado nuevos productos y propuestas. En 2017, se emitieron simultáneamente las publicidades de las marcas de shampoo Pantene, Sedal y Elvive, en las que presentaban sus respectivas y novedosas líneas capilares “detox”. Por entonces también tomó forma la idea de “detox digital”, dando lugar al acondicionamiento de espacios o “spa urbanos” para la desconexión digital, como respuesta terapéutica frente al reconocimiento de un uso excesivo de los dispositivos electrónicos y de Internet (“Siesta tech: la moda de los spas de detox digital”, 30 de septiembre de 2016). Durante esos años, en CABA, algunos restaurantes comenzaron a realizar descuentos a aquellos clientes que no utilizaran el celular durante la comida, asumiendo el avance de la tecnología en las mesas de encuentro como otra práctica tóxica urbana (Ríos, 30 de mayo de 2015). Por aquí pasan algunas de las alternativas que se han ido sumando a la práctica de yoga y meditación para atenuar los efectos de una vorágine porteña enloquecida. Paliativos frente a un panorama inevitable, con rasgos cada vez más exacerbados.
En 2020, como parte de la proyección de un refugio en lo natural que atenúe el rasgo tóxico, y en pandemia también riesgoso, del entorno urbano, creció abruptamente la venta de plantas para interiores en muchas ciudades (“Crece venta de plantas para interiores durante la pandemia”, 16 de agosto de 2020; Marantos, 1 de junio de 2020; “Ventas de plantas de interiores permite a viveros superar efectos de pandemia”, 4 de octubre de 2020). En dicho contexto, la Revista Anfibia presentó en su podcast “Muy en una” un programa dedicado a “La fantasía pospandémica de huir de la ciudad”,[35] en el que se reconocía como punto de partida que la pandemia y la posibilidad de hacer teletrabajo llevó a muchas personas a pensar, durante la cuarentena, un cambio hacia una vida más tranquila, apacible y alejada del contagio del virus. “¿Y si me voy a vivir a otro lado? ¿Y si pruebo en la playa? ¿En la montaña? ¿En aquel pueblo de la infancia?”, fueron algunos de los interrogantes disparadores de este episodio centrado en la ilusión de muchos/as de abandonar el epicentro del caos. “Tener una vida más saludable”, “más relajada”, “en contacto con la naturaleza” son algunas de las consignas que motorizan la búsqueda de nuevos estilos de vida lejos de CABA, a las que en el contexto pandémico se sumaron las bondades inmunológicas que hasta entonces no habían sido consideradas.
Entre quienes no encaran proyectos de éxodo a entornos naturales, pueblos pequeños o ciudades intermedias, el yoga y la meditación se encuentran posicionados como acciones estratégicas en la búsqueda de una vida feliz y reducida en toxinas en contextos urbanos. Hay una intención explícita de “poner un freno” (hallar una “sanación”, una “bocanada de aire”, un “paliativo”) al “ritmo enfermo de la ciudad”, al “ritmo del capitalismo”, representado en imágenes como la del “subte lleno de gente” o en la “alienante” acción cotidiana de ir a “trabajar y marcar tarjeta”. La masividad del fenómeno es entendida y asumida como una respuesta individual a una “época de ansiedades” y a un modo de vivir en el cual cada uno/a debe enfrentar como pueda sus angustias.[36]
Las entrevistas realizadas entre 2017 y 2019 a practicantes e instructores/as de yoga, meditación o bioenergética permitieron un mayor desarrollo de esta percepción de la ciudad como escenario violento, acelerado, egoísta, loco, impulsivo, contaminado, ruidoso que despierta en sus habitantes la búsqueda de un refugio o, al menos, una pausa para luego seguir en el ruedo:
¿A qué se debe que estas prácticas se han extendido tanto en los últimos años? A la locura en la que vivimos sobre todo. Hay una crisis importante por el ritmo en el que vivimos, el nivel de exigencia, la muy poca pausa. No tiene que ver tanto con lo espiritual como con el ritmo de la naturaleza. Es anti todo la forma en que vivimos en la ciudad. Entonces hoy en día todo esto es una forma de mínima resistencia. Primero, desde lo personal, es como una forma de resistencia y un deseo de llegar a vivir más tranquila y conectada con ritmos más orgánicos y pausas. Desde lo colectivo no sé, creo que hasta se puede relacionar con la crisis de los partidos políticos. Hay búsquedas que pueden ser más profundas y cosas que pueden ser más superficiales, pero en cualquier caso es como que las necesidades insatisfechas van ahí. Necesidad de creer, necesidad de compañía muchas veces, creo que hay gente que está sola y tiene necesidad de trabajar ciertos vacíos. Creo que hay un vacío importante que genera esta rutina loca y medio enajenada. También una sociedad de mucha competencia, mucha agresividad y falta de confianza y de autoestima colectiva muchas veces. Frente a todas esas emociones, hábitos, pensamientos negativos y adicción a cosas que no hacen bien, como la violencia, el miedo, el estar a un ritmo más rápido del que uno puede, la falta de conexión con la naturaleza, con los tiempos internos, toda esa acumulación hace que la gente necesite un espacio. Puede ser más superficial o más profundo, pero todas son como lucecitas y posibilidades de un registro distinto que pasa tan rápido como la vida, se termina adaptando a este ritmo. No termina de permear en la vida cotidiana sino que son como pequeños momentitos en el marco de esta vida loca que estamos llevando. (Instructora de bioenergética y practicante de yoga, 34 años.)
De la vida en la ciudad —en el marco del capitalismo digital— también agobia la lógica de lo ilimitado y el estímulo al/a la consumidor/a insomne. En 24/7. El capitalismo tardío y el fin del sueño, el crítico de arte y ensayista estadounidense Jonathan Crary (2015) plantea que el siglo XXI instala en las ciudades cambios en las configuraciones del sueño y la vigilia. Su diagnóstico en relación con el lugar del sueño en un capitalismo transformado por las nuevas tecnologías señala una disparidad entre la conectividad electrónica ilimitada y los límites naturales de la corporalidad y la finitud física. Explica Crary que si bien el sueño siempre ha sido poroso y ha estado impregnado de la actividad desarrollada durante la vigilia, hoy está más desprotegido que nunca de agresiones que lo corroen y disminuyen. A pesar de estas degradaciones, el sueño es la recurrencia en nuestras vidas de una espera, de una pausa; afirma la necesidad de un aplazamiento y de una recuperación, así como la posibilidad de una reanudación. El sueño es una remisión, una liberación de la “continuidad constante” de todos los senderos en los que se está inmerso/a durante la vigilia. Requiere la retirada de redes y dispositivos, y habilita la entrada en un estado de inactividad e inutilidad. Es una forma de tiempo que lleva a otra parte, más allá de las cosas que se poseen o se creen necesarias. En la modalidad 24/7 —que es esencialmente urbana— persisten las más conocidas unidades que señalan duración (como “de 9 a 17 horas” o “de lunes a viernes”), pero se superponen con otras prácticas de gestión del tiempo, que son posibles gracias a redes y mercados que funcionan las 24 horas, los 7 días de la semana. El individuo está constantemente ocupado, interconectado, comunicándose, interactuando, respondiendo o procesando algo en Internet. Con tono desalentador, el autor afirma: “Un entorno 24/7 tiene la apariencia de un mundo social, pero en realidad es un modelo no social de rendimiento propio de máquinas y una suspensión de la vida que no revela el coste humano que se necesita para mantener su eficacia” (Crary, 2015, p. 20). La cuenta bancaria y las amistades pueden manejarse a través de operaciones y gestos maquínicos idénticos, lo que da cuenta de una homogeneización creciente de lo que solían ser áreas desvinculadas de la experiencia. A través de las posibilidades ilimitadas de personalizar los consumos culturales, quienes mantienen cercanía física pueden habitar universos incomunicados. No obstante, la gran mayoría de estos micromundos, a pesar de sus diferencias en lo que hace a los contenidos, tiene una monótona semejanza respecto de sus patrones temporales y sus segmentaciones (el consumo de contenidos audiovisuales en plataformas como Netflix ejemplifica esta idea). Para los/as profesionales urbanos/as no existe momento, lugar o situación en los que resulte complicado comprar online o utilizar los recursos de Internet. Mientras tanto, la lógica 24/7 desactiva la visión a través de procesos de homogeneización, redundancia y aceleración. Es por ello que, en lugar de una expansión de las capacidades mentales y perceptivas, para Crary hay una notable y creciente disminución de ellas. En las ciudades donde resplandece el capitalismo 24/7 se agota de modo inexorable la sociabilidad fuera del interés individual, se torna irrelevante el espacio público como base de acción interhumana y se propaga la insularidad digital (Crary, 2015).
En lo que se distingue como un espacio multitudinario de desencuentro con la naturaleza e indiferencia entre seres humanos, el encuentro con el ser interior o la conexión con uno/a mismo/a se despliegan como recursos para acercarse a la plenitud.
A través del concepto de eudaimonia —compuesto de las palabras eu (“bueno”) y daimōn (“espíritu”)— la filosofía griega contribuyó a posicionar la “vida buena” como objetivo fundamental de la existencia humana: una vida próspera, lograda, plena. En Ser y tiempo (1927), Heidegger propone al Dasein como existencia ideal de vida buena, a la vez que denota que, en su cotidianidad, este se encuentra bajo el dominio del uno. La “dictadura del uno”, tal como la describe Heidegger, puede ser retomada en el marco del presente apartado como una manifestación propia de la vida en la ciudad:
Sin llamar la atención y sin que se lo pueda constatar, el uno despliega una auténtica dictadura. Gozamos y nos divertimos como se goza; leemos, vemos y juzgamos sobre literatura y arte como se ve y se juzga; pero también nos apartamos del montón como se debe hacer; encontramos “irritante” lo que se debe encontrar irritante. El uno, que no es nadie determinado y que son todos (pero no como la suma de ellos), prescribe el modo de ser de la cotidianidad (Heidegger, 2016 [1927], p. 131).
Al preguntarse cuáles son los caracteres existenciales del estar-en-el-mundo cuando se mueve en el modo de ser del uno, Heidegger expone las ideas de habladuría, curiosidad y ambigüedad. La primera delinea un escenario en el que el convivir involucra el hablar de unos/as con otros/as, así como las resonancias de lo hablado, que suele ser expansión sin fundamentos y jactancia de comprensión respecto de aquello de lo que se habla. Lo que fue explicado por Heidegger como curiosidad alude a la primacía perceptiva del ver, es decir, la consagración de la vista como sentido hegemónico. Curiosidad y habladuría son presentadas como dos modalidades —modos de ser cotidianos del discurso y la visión— que se arrastran la una a la otra: “La más bulliciosa habladuría y la curiosidad más ingeniosa mantienen el ‘quehacer’ en marcha, allí donde cotidianamente todo sucede y en el fondo, no sucede nada” (Heidegger, 2016 [1927], p. 176).
Esa marcha incesante, cíclica y alienante —tan propia de la vida urbana— es objeto de crítica por parte de quienes, desde el universo del yoga, apuestan a una existencia distinta:
Hay muy poco tiempo que uno se puede dar todos los días para dejar el trabajo y comenzar tu vida propia. O estás cansado y te tirás a ver televisión o una película, entonces vivís a través de la vida de otro. Es mucho más fácil si venís cansado comprar la comida hecha, pero el hecho de que te pongas música, empieces a cortar la cebolla y te conectes con eso es otra cosa. Vos estás cocinando para vos, para tus hijos, es un arte. Y eso se pierde en medio de toda esta vorágine. (Instructora de yoga, eutonía y bioenergética, 67 años.)
La noción de ambigüedad tal como la desarrolla Heidegger responde al concepto contemporáneo de posverdad: cuando en el convivir cotidiano la posibilidad de cualquiera de decir cualquier cosa vuelve imposible discernir lo auténtico. Heidegger sostiene que la ambigüedad impacta tanto sobre el mundo como sobre la relación del Dasein consigo mismo.
Son estas las condiciones —potenciadas por las tecnologías contemporáneas— en las que el ser urbano sale en busca de un bálsamo:
Veo los recursos concretos que generan estas prácticas, como alivio o salirse un poco del estrés o de la locura de vivir en la ciudad. Pero creo que no son la espiritualidad. Son calma, descarga, aprender técnicas para no volverse loco… para mí la espiritualidad es otra cosa. (Instructora de yoga, 52 años.)
Me parece que la gente va probando cosas en las ciudades. Obviamente necesita deporte, necesita distenderse del trabajo de distintas maneras. Las más cómodas y las que requieren menos esfuerzo son prender una televisión, charlar con un amigo, etc., etc. Creo que el ritmo de la ciudad termina empujando a las personas a una situación casi diría de sentirse abrumados. Una manera es descargar. Jugar al fútbol, ir a la cancha, gritar, tomar mucha cerveza. Me parece que a mucha gente no le termina de funcionar eso porque le termina haciendo mal al cuerpo. Terminás descargándote. La gente que grita los goles como sacando una angustia de adentro, que vos decís “eso no es pasión, no es folclore” es una garcha para mí. Entonces, qué pasa con el yoga, bueno… te hacés cargo un poco de todas las tensiones que estás mandando al cuerpo, al trapecio, al hombro, usando el celular. Yo viví en Misiones y a pesar de que hice yoga ahí, hice algo más específico para curarme la espalda, pero realmente la gente no hace yoga en el campo. ¿Por qué? Porque el yoga en el campo termina siendo caminar, respirar a otro ritmo, contemplar. Me parece que en Occidente está muy ligado a las ciudades. Es un complemento necesario para la vida en la ciudad. Un cuentito corto, vino una vez una pareja de ingleses a la posada de Misiones cuando yo trabajaba ahí, que habían sido los primeros que habían puesto un almacén orgánico en Londres. Eran recontra pioneros y la chica hacía yoga. Entonces, en un momento estaba recomendando una postura y tocó las espaldas de tres o cuatro personas que estábamos ahí, estaban todas duras, “gente que vive en la ciudad” dijo, vino, me agarró mi espalda, que era como de goma, me dijo “vos no necesitás nada”. Estaba todo blando. ¿Por qué? Porque vivía en el campo. Tenía muchísima menos tensión que una persona viviendo en la ciudad. (Músico e instructor de yoga, 46 años.)
En Ser y tiempo, Heidegger diferencia el acontecer de la comunidad o del pueblo al que designa un destino común (Geschick), de la suma de destinos individuales, así como entiende que el convivir es diferente al mero estar-juntos de varios sujetos. En el marco del ejercicio de interpretación de la huida de la ciudad —autoimpulsada, imaginaria, transitoria— que se concreta actualmente mediante prácticas y discursos espirituales, esta idea puede relacionarse con la distinción que establece Tönnies (1947 [1887]) entre comunidad y sociedad en su libro homónimo. Al presentar este tema, Tönnies propone pensar las relaciones orgánicas como esencia de la comunidad —que es vida en conjunto—, en tanto las relaciones concebidas como formación ideal y mecánica serían esencia de la sociedad —entendida como mera coexistencia de personas independientes entre sí—. Tomando esta propuesta, resulta notable cómo frente a una existencia situada en el aislamiento desde el cual cada uno/a es responsable de gestionar su propia vida, se consolida en la ciudad la necesidad de ser parte de algo mayor (“universo”, “cosmos”, “naturaleza”, “trama”), de con-formar, de dar forma con otros/as a algo trascendente.
Vos ingerís una sustancia que va a generar cambios químicos en tu organismo, particularmente en tu cerebro y ahí el estado no ordinario de conciencia se va a hacer muy evidente y eso va a ofrecer una visión distinta de un montón de cosas en tu vida, entre ellas esa sensación muy profunda de ser parte de una trama. Pero no el pirirpipí sanatero de “somos todos uno”, sino desde un lugar muy claro y muy concreto. (Organizador de ceremonias de ayahuasca, estudiante de astrología y de terapia bioenergética, 50 años.)
Nosotras estamos tejiendo un entramado en esta conversación, con tu energía y tus formas y yo con la mía y en el medio el entramado. (Practicante de yoga, mujer, 33 años.)
En plena ciudad, se despierta la intención de enredarse con otros/as, perforar los compartimentos estancos que dividen la existencia de cada uno/a de la de los/as demás, percibirse como parte de la naturaleza, reconociéndola como energía unificadora, admirando cada vez más sus procesos y respetando cada vez más sus tiempos, distintos a los de la sociedad de consumo (manifestación intrínsecamente urbana). La naturaleza es un concepto central para pensar el boom de una nueva espiritualidad en CABA que abre una posibilidad de escape para salir o tomar distancia del plano material consumista, sin que eso signifique el involucramiento con posicionamientos críticos.
Y la música que hago no está relacionada con el rock, ni con una descarga. No son canciones que hablan de la injusticia, ni la bronca… no. Están más relacionadas al yoga, a lo meditativo, a la naturaleza, a la tierra, al camino… de hecho ninguna de mis letras habla de la ciudad por ejemplo. Ninguna. (Músico e instructor de yoga, 46 años.)
La sociedad, que Tönnies asocia con la cultura urbana, es un artefacto mecánico signado por lo aparente y lo pasajero, frente a la comunidad entendida como organismo vivo, vida en común duradera y auténtica. La comunidad, que es presentada por el autor como lo opuesto a lo social/urbano, existe ante todo como relación de cuerpos allí “donde quiera que se encuentren seres humanos enlazados entre sí de un modo orgánico por su voluntad y afirmándose recíprocamente” (Tönnies, 1947 [1887], p. 33). La comunidad es unidad de lo diferente, posesión y goce de bienes comunes, como también sufrimiento de males comunes. Mientras que la sociedad se ubica en las ciudades —espacio de lo superfluo—, la comunidad que describe Tönnies habita en el campo —lugar de lo indispensable— y se desenvuelve según el modo de vida de familia:
Mientras que en la comunidad permanecen unidos a pesar de todas las separaciones, en la sociedad permanecen separados a pesar de todas las uniones… cada cual está para sí solo, y en estado de tensión contra todos los demás. Las esferas de su actividad y de su poder están rigurosamente delimitadas, de suerte que cada cual rechaza contactos e intromisiones de los demás, considerándolos como actos de hostilidad… Nadie hará o prestará algo a los demás, a no ser a cambio de una contraprestación o contradonación que él considere por lo menos igual a lo por él dado. Y hasta es necesario que lo considere más ventajoso que si hubiese conservado lo que ya tenía, pues solo la obtención de algo que le parezca mejor podrá inducirle a desprenderse de un bien (Tönnies, 1947 [1887], pp. 65-66).
A punto de entrar en el siglo XX, Tönnies se atreve a plantear que no existe bien común en el ámbito de la sociedad, en tanto esta es pensada como una agregación de individuos cohesionados por una mera convención incapaz de contribuir a la superación de la hostilidad latente. La regla suprema de toda socialidad sería la cortesía que se plasma en intercambios que aparentan la disposición de unos/as para con los/as otros/as, cuando ciertamente cada cual piensa en sí mismo/a. Las personas sueltas entran en contacto y proceden a intercambiar, sin que surja entre ellas voluntad comunal que no resulte esporádica. El contraste entre comunidad y sociedad (campo y ciudad) radica entonces en la oposición entre un ordenamiento basado en la coincidencia de voluntades y otro fundado en la convención. Afirma Tönnies que “la ciudad es la forma más elevada, es decir la más complicada, de la convivencia humana en general” (Tönnies, 1947 [1887], p. 307). Se encuentra signada por la celeridad y la ambición, rasgos que son destacados por muchos practicantes y/o instructores/as al momento de explicar su acercamiento a discursos y prácticas espirituales como el yoga y la meditación.
Es muy irregular vivir del modo en que vivimos en las ciudades, aglomerados, levantándonos a determinada hora para ir a cumplir un horario… se hace necesario descargar todo ese nivel de estrés y ansiedad que acumulamos en el día. Pasa en Buenos aires pero pasa en ciudades chicas también, porque todos tenemos que cumplir con rigideces del sistema para poder sostener un alquiler. Lo que me parece que sucede con este tipo de herramientas es que a medida que la gente las va probando son claramente valiosas y efectivas para poder recuperar un poco de armonía interior, a pesar de cómo vivimos. Cuando yo voy a la mañana a trabajar, por ejemplo, el tráfico es una cosa tremenda y yo lo único que puedo pensar es cómo puede ser que hagan que todas las personas salgan a la misma vez a su trabajo. Una organización tan desorganizada. Muy maquinaria. Y me parece que esos ritmos medio impuestos desde afuera se terminan replicando en todas las ciudades grandes. La gente va toda a la misma hora al supermercado y hacen compras con la lógica del consumo extremo, van todos a la misma hora a laburar… la diferencia es que en una ciudad como Neuquén está la posibilidad de alejarse un poco durante el fin de semana, por ejemplo. Se puede ir caminando al río. Es mucho más accesible. Tenés vías de escape todavía. He estado en Córdoba y me parece que también es una ciudad que vive de ese modo, con un trajín todo acelerado, apurado. Lo he visto en La Plata. Me parece que la ciudad propone relaciones que se dan generando cierta distancia entre los unos y los otros, y me parece que las disciplinas como el yoga o la bioenergética proponen un grado mayor de intimidad entre quienes las practican. Una intimidad que no debería asustarnos porque es en realidad de humano a humano, pero que creo que asusta cuando uno está muy infectado con un estilo de vida más clásico. (Instructor de bioenergética, 34 años.)

Línea de subte B, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fotos: C. Duer (año 2019).
Mujeres que habilitan sus procesos emocionales

En lo que se refiere a los aspectos visuales, el yoga suele asociarse con un cuerpo femenino delgado y estilizado. Pero más allá de lo iconográfico, ante el reconocimiento unánime de una amplia prevalencia de mujeres en los espacios de prácticas como yoga, meditación o bioenergética, emerge la cuestión de género con su aporte explicativo en los cambios en la vida de las mujeres de sectores urbanos identificados con las clases medias. Se trata de mujeres exigidas desde diversos planos, más libres de mandatos que las de generaciones precedentes (con mayores niveles de individuación), mujeres fuertes y sensibles que participan del mercado laboral conservando una responsabilidad mucho mayor a la de los hombres en las tareas domésticas y de cuidado.[37]
La inequidad de género sigue siendo una realidad injusta en CABA. Las mujeres encuentran truncadas sus oportunidades de desarrollo por falta de políticas de cuidado y son las principales víctimas de variadas expresiones de violencia en diversos ámbitos. A contrapelo de esta composición en la que las mujeres ocupan un lugar de vulnerabilidad, el ámbito de las prácticas espirituales las presentan como personas más abiertas y dispuestas a habilitar sus procesos emocionales.
En la encuesta realizada a mediados de 2020, la idea de “Detener los pensamientos y conectar con el sentir” fue escogida por el 20,9% de los/as practicantes entre cinco opciones posibles para responder la pregunta: “¿Cuál es la razón principal por la que hiciste o haces yoga?”. Esto varía si se reduce la muestra exclusivamente al universo masculino, en tanto solo el 12,2% identificó esta como la razón principal de su práctica.
Más allá de la mayor apertura y la menor intimidación frente al universo de signos, rituales y posturas que vienen de la mano de la práctica de yoga, para muchas mujeres el empoderamiento femenino puede realizarse a través del yoga. Allí se hace posible un trabajo que trasciende el foco en la tonicidad de los músculos, favoreciendo una conducta corporal sana y un equilibrio emocional que perdura y se instala más allá de la clase. Muchas mujeres se sienten empoderadas al gestionar su espiritualidad y resignificar lo sagrado en compañía de otras mujeres. Muchas responden cotidianamente a múltiples frentes y viven como una liberación la habilitación de un refugio espiritual. Las propuestas de retiros o viajes transformadores las convoca y las encuentra para despojarse en comunión de los mandatos, las responsabilidades y las preocupaciones relativas a sus trabajos, parejas, hijos/as. Se reúnen en torno a una práctica, conversan de lo que les pasa, comparten emociones, sensaciones y experiencias. Sin duda, constituye un privilegio social —aunque velado— contar con las condiciones de posibilidad de preguntas centrales en el camino del autoconocimiento como “¿Dónde quiero estar?” “¿Estoy eligiendo yo?” “¿Estoy siendo feliz?”.
Liberarse de todas las capas, de todas las presiones… siempre digo que tenemos muchas presiones en nuestro día a día. Tenemos que ser buenas madres, buenas mujeres, tenemos que ganar plata y si trabajamos mucho somos re workaholic y darle bola a la casa, tenés que sacar al perro y tenés a tu vieja que te dice que no sé qué… siempre cuento que este año que me casé en marzo, mi mamá me decía “bueno, vos sos la novia, tenés que comprarte zapatos de novia”. Y yo decía ¿qué es esto? ¿Qué es al final la novia?… ¿Qué es el zapato de novia? ¿Qué es esta presión de “el zapato tiene que ser blanco”? ¿Por qué tiene que ser blanco? Y yo misma me enfrentaba con los comentarios de mi vieja, de qué significaba ser novia. Yo tengo 29 años y puedo elegir qué zapatos me quiero poner. Hay tantas mujeres que por ahí se dejan llevar y se comen el personaje de novia. Y así te comés un montón de personajes en tu vida, ¿entendés? Y nunca frenás para preguntarte ¿esto que estoy haciendo me está haciendo feliz? ¿Realmente yo estoy eligiendo estar acá? Las mujeres que vienen a tomar mis clases sé que son mujeres que tienen un poder de decisión y de dónde quieren estar y de qué quieren hacer. (Instructora de yoga, 29 años.)
Sin bien hubo transformaciones notables, aún persiste la representación del yoga como “cosa de minas”. Muchos hombres se acercan con timidez, sabiendo que habitan un espacio urbano en el que están llamados a soportar la ansiedad y el estrés, “bancársela”, mientras que “las mujeres nos animamos a blanquear más esas cosas”, “para las mujeres es como una necesidad vital”. Los hombres parecieran tener más miedo a expresarse, a llorar. Hecho que se comprende a partir del discurso de varios practicantes que reconstruyen cómo desde chiquitos fueron convocados a ser duros y ocultar las emociones, edicto que en las ciudades globales hoy ya expone sus resquebrajaduras.
En las clases a las que iba en Palermo la proporción era de 8 a 2 más o menos. No sé si tiene que ver con el arquetipo de hombre que hay en Buenos Aires, que está más relacionado con el macho, con el tipo muy futbolero. Por más de que se lo tilde de folclore no me parece que el fútbol le haga muy bien a la gente en Buenos Aires. Es un deporte divino, espectacular, pero… ¡cómo se ponen los hombres con el fútbol! Llegan a un grado de estupidez… mirándolo, hablando de fútbol. Están todo el tiempo viendo muchos partidos de fútbol, se gasta un montón de tiempo ahí, después opinando de lo que vieron, después discutiendo. Es muy anormal ver dos personas que son de equipos distintos que no discutan. A lo que lleva es a lo mismo que la política. Blanco y negro. Está directamente relacionado también con la intolerancia, para mí es una gran pelota que hay en Buenos Aires, que no está buena. El yoga no entra en ese estereotipo. El yoga está más relacionado con lo femenino, con la flexibilidad, de hecho, los cuerpos los cambia más para ese lado. Mencioné esto del fútbol porque me acuerdo de que tenía un compañero de yoga que me decía que no les decía a sus amigos futboleros que hacía yoga porque lo iban a joder. (Músico e instructor de yoga, 46 años.)
Es interesante rastrear el modo en que esta apertura a las emociones por parte de las mujeres es registrada en la narrativa argentina contemporánea, particularmente en la obra de Manuel Puig. Un recorrido por Pubis angelical (1996 [1979]) proyecta un escenario en el que se despliega una figura masculina confinada a ser racional y dominante, menos impulsiva y sentimental, más cerebro y menos ternura. Partido de fútbol y telenovela se muestran como dos concepciones diferentes de la vida. Trasladando esta idea al universo que conforman los discursos y las prácticas espirituales expandidos en los últimos años en CABA, allí también se reconocen energías masculinas y femeninas. Lo etéreo, lo sensible, lo introspectivo son atributos asociados a la energía femenina. Algunas dicotomías reduccionistas que emergieron durante el trabajo de campo exponiendo la radicalización de estereotipos son “yoga/boxeo” y “vegetarianismo/asado con vino”. La asociación del yoga con sensaciones más delicadas, con lo frágil o lo vulnerable, ayuda a comprender por qué muchos practicantes hombres reconocen haber sentido algo de vergüenza o inseguridad en el momento de acercarse a la práctica (“me van a decir puto”).
Mujeres. Por todos lados. Muchas mujeres con muchas preguntas. Quizás porque las mujeres tenemos muchos más procesos emocionales que los hombres, que también los tienen pero son mucho más simples. Es blanco o es negro. Nosotras somos un mandala, ¿entendés? Yo a veces me llamo víctima de las hormonas. En muchos momentos del mes no podemos elegir cómo estamos y hay veces que soy Thalía en Marimar, la telenovela, y otros momentos en los que soy una guerrera que me llevo el mundo por delante… y a todas nos pasa. (Practicante de yoga, mujer, 34 años.)
La feminización de las espiritualidades alternativas resulta evidente. Los/as entrevistados/as coincidieron en la abrumadora mayoría de mujeres y en la percepción de un movimiento que acerca cada vez a más hombres. Aquellos/as que recorrieron diversos estilos y profesores/as de yoga pueden identificar que si el profesor es hombre o la propuesta es intensiva en términos de entrenamiento físico es probable que la brecha por género se reduzca un poco, en cambio si la clase es más bien suave, con mucho énfasis en la elongación o en los ejercicios de respiración, la brecha se acentúa. Mientras que entre las mujeres que tuvieron hijos/as o son más grandes, pisa fuerte la intención de hacer lugar al despojo de una carga importante de responsabilidades y el distanciamiento de mandatos a los que adscribieron durante muchos años, entre las más jóvenes la posibilidad de conectar con las emociones, reconocer y aceptar lo que se siente frente a cada situación se presenta articulada con el derecho al goce y al control sobre el propio cuerpo, libres de toda forma de sujeción. Aquí confluyen en la escena urbana las nuevas espiritualidades con un movimiento feminista en plena ebullición, protagonista en la lucha por el aborto seguro, legal y gratuito, y en la reivindicación de la sororidad como vía para remover una estructura social patriarcal. En esta línea, la práctica de yoga durante el embarazo resulta valorada como oportunidad de fortalecimiento entre mujeres, que reunidas vigorizan sus herramientas para que se respeten sus derechos en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el posparto (reconocidos formalmente en Argentina mediante la ley de Parto Humanizado número 25929/2004). Así es que fundamentalmente entre las practicantes de entre 20 y 35 años pueden registrarse puntos de encuentro entre el acercamiento a una espiritualidad reconfigurada y las expectativas relativas al reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. La reivindicación del poder sobre el propio cuerpo puede anudar la militancia feminista con la práctica de yoga o la terapia bioenergética. Partiendo de aquí puede explicarse que para muchas jóvenes el espacio de la espiritualidad heterodoxa y el ámbito de la militancia compartan el sabor a salirse del sistema. Aunque se debe reconocer que no toda huida del sistema es colectiva o transformadora, lo que el movimiento feminista realiza a partir de la autodeterminación sobre el propio cuerpo, la apertura al placer y a las emociones es acción política.
Entre los contenidos que circularon por las redes sociales en el contexto de manifestaciones contra la violencia hacia las mujeres que tuvieron lugar en CABA y en otras ciudades del país en 2016, se hizo viral un dibujo de un rostro femenino y un corazón en la mano y otro de una chica en posición de meditación. También se viralizó en Twitter y Facebook la propuesta de “intencionar la consigna ‘vivas nos queremos’”. Se trata de imágenes e intervenciones para considerar, si se piensa la relación entre espiritualidad femenina y activismo político CABA. Entre las mujeres que se nutren de la espiritualidad femenina, las más activas y organizadas políticamente colocan en el centro la transformación colectiva, cuestionan el rol de las mujeres en las religiones y reconocen la necesidad de tender puentes con movimientos sociales.
Las manifestaciones urbanas del empoderamiento femenino también se han venido anudando a causas relacionadas con el cuidado del medioambiente y con el fomento de estilos de vida más sostenibles. La vertiginosa expansión de la copa menstrual (alternativa reutilizable intravaginal que no se transforma en desecho y que se consigue en cualquier supermercado o farmacia de la ciudad) pone fin a una larga etapa de invisibilización tanto del ciclo como de la gestión menstrual.
Pero es preciso reconocer que la integración de la espiritualidad femenina en las contiendas políticas por los derechos de las mujeres no constituye un fenómeno masivo, al menos por el momento, y que también existen puntos de desencuentro entre militancia feminista y espiritualidad femenina. Viotti y Felitti (2016) señalan que la espiritualidad femenina es vista por amplios sectores del feminismo como parte de un orden que reafirma la sujeción de las mujeres a lugares subordinados. Desde esta óptica, la espiritualidad en clave de superación personal femenina se encontraría subsumida a la lógica mercantil que promueve la cultura neoliberal. En las publicaciones dirigidas a mujeres desde el universo del yoga se reconocen sus dificultades con respecto a la gestión del tiempo, la distribución entre responsabilidades profesionales y personales, la maternidad, incluso se registran fenómenos como la feminización de la precariedad laboral. Pero a contrapelo de cualquier alusión a las necesarias políticas públicas en relación con todas las problemáticas señaladas, se las invita a profundizar sus niveles de autoconocimiento para empoderarse como mujeres libres y autónomas, a sanar, a autocuidarse, autoadministrándose un bálsamo, un refugio que las prepare para encarar fortalecidas todo reto que la vida les presente. La receta no hace más que adaptar y focalizar la fórmula general de “sálvese quien pueda” al universo femenino.
En sus análisis acerca de la mercantilización del yoga a nivel global, la doctora en estudios religiosos y profesora de la universidad de Indiana (Estados Unidos) Andrea Jain (2015 y 2020) reflexiona en torno al mensaje que subyace en la convocatoria a practicar yoga a mujeres multitasking, en lucha permanente contra el estrés, que se han incorporado al mercado de trabajo, pero mantienen una mayor responsabilidad que los hombres en las tareas domésticas y de cuidado. Para Jain, la centralidad en el cultivo del work/life balance atenta contra la posibilidad de que esas mujeres hagan algo que transforme estructuralmente la realidad social de inequidad de género, como mejores políticas de licencias por maternidad y paternidad y servicios de cuidado en los lugares de trabajo.
Para un feminismo que reclama al Estado políticas públicas que vuelvan a las mujeres autónomas y soberanas en términos materiales, promoviendo derechos en torno al empleo, la igualdad salarial o el aborto legal, seguro y gratuito, el énfasis en el empoderamiento —entendido como la posibilidad de responder y resistir a múltiples frentes conservando espacios propios— contribuye a un vaciamiento de la dimensión política. Para buena parte del activismo feminista comprometido con la construcción de estrategias para ampliar los derechos de las mujeres, es adecuado hablar de potenciamiento y emancipación, en tanto el empoderamiento resulta identificado con una matriz individualista que combina eficiencia, elecciones personales y placer.
Maestros/as de sí mismos/as
En La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han (2012) pone la lupa sobre el panorama patológico de comienzos de siglo XXI y observa que este se encuentra definido por enfermedades neuronales como la depresión o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), estados patológicos que atribuye a un “exceso de positividad”. Para el filósofo surcoreano, la violencia de la positividad resulta de la superproducción, la supercomunicación y el superrendimiento, fenómenos analizados críticamente como generadores de agotamiento, fatiga y asfixia. La sociedad del siglo XXI está más regida por el rendimiento que por la obediencia y los sujetos de rendimiento son, por un lado, emprendedores de sí mismos y, por el otro, responsables de sus fracasos. Los entornos urbanos occidentales a los que alude Han están más signados por el verbo poder (tener el permiso o la posibilidad) que por el no poder (la prohibición): “El inconsciente social pasa del deber al poder” (Han, 2012, p. 27). El auge de la depresión en la sociedad de rendimiento tiene que ver con los efectos del esfuerzo que realiza el individuo por devenir él mismo, sin coacción externa. El imperativo de iniciativa personal y de rendimiento puede explicar que la supresión de un dominio externo o de un liderazgo vertical conduzca a la autoexplotación. Lo que aflora es un sentimiento de libertad paradójico que puede manifestarse en las enfermedades psíquicas más extendidas de la época. El diagnóstico de Han también considera el exceso de estímulos, información e impulsos que fragmenta y dispersa la percepción, modelando una atención amplia y dispersa, en la que el foco cambia entre diferentes tareas y fuentes de información en una vorágine que reproduce y acelera lo ya existente. Para competir en este juego se torna importante estar bien preparados/as, desarrollar al máximo el potencial propio y desplegar la mejor versión de cada uno/a.
En un entorno que promueve el emprendedurismo, los sectores urbanos profesionales, frecuentemente reacios —o inmersos en ambientes reacios— a los dirigentes políticos y sumergidos en una sensibilidad que desacredita y obstaculiza la posibilidad de representación, resultan atraídos por la idea de convertirse en maestros/as de sí mismos/as.[38] La fuerte valoración de la autonomía y la libertad impide la configuración de liderazgos verticalistas (más allá de que algunos movimientos espirituales de notable penetración entre profesionales porteños/as conserve una llamativa simpatía con cierta asimetría vincular, como ocurre en el caso de El Arte de Vivir con la figura de Sri Sri Ravi Shankar). Lo que sí se consolida es la figura del/de la acompañante espiritual en el camino de la sanación, la ampliación de conciencia o la armonía, que se presenta en redes sociales como “camarada en procesos de transformación personal a través de experiencias espirituales”, “compañía para el desarrollo personal y de conciencia” o “coach en bienestar integral”. Muchas de estas figuras comparten día a día contenidos en las redes sociales digitales referidos a cuestiones de alimentación, cosmética natural, prácticas corporales y actitud frente a la vida. Estos resultan claves pertinentes o pautas de orientación para personas alejadas de religiones institucionalizadas y de doctrinas políticas que se mueven diariamente en un campo de acción competitivo e incierto, que los estimula a sentirse artífices de su destino, “emprendedores/as de sí mismos/as”.
A través del concepto de management del yo, Arigaza (2017) describe la tarea de gestionar individualmente la incertidumbre en la sociedad contemporánea.[39] Esta labor puede llevar por caminos sumamente diversos que comparten la búsqueda de bienestar y el despliegue de la mejor versión de uno/a mismo/a como objetivos comunes. La autorregulación de medicamentos psicotrópicos ante cualquier alteración del confort físico, y como estrategia central para gestionar el yo en un contexto de incertidumbre, es una de las vías sobre la que la autora hace foco. El uso de estos medicamentos a modo de “droga para el estilo de vida” comparte con la inmersión en el mundo del yoga y la meditación el hecho de constituir búsquedas autogestionadas para empoderarse y elevar la calidad de vida. En sintonía con el planteo de Han (2012) y con el trabajo de Luc Boltanski y Ève Chiapello (2002), sobre la cultura del management como elemento central del proceso de reestructuración ideológica acometido por el capitalismo, Arizaga (2017) vincula la autorregulación de psicotrópicos con reglas de la organización social posmoderna, que posicionan al sujeto en el terreno de la iniciativa personal más que en el de la obediencia. Retomando el trabajo emprendido por el sociólogo Alain Ehrenberg durante la década de 1990,[40] la autora atribuye al discurso de la iniciativa individual parte de la responsabilidad del desplazamiento de la neurosis a la depresión, en tanto la inhibición —que en el marco de una cultura de obediencia y prohibición tenía una función normativa— se transforma en una disfunción o un déficit. Mientras que la extensión de la neurosis podía explicarse como respuesta patológica a una sobrecarga de coacciones internalizadas, el auge del consumo de psicotrópicos para tratar la depresión se explica como estrategia de individuos que buscan superar la inhibición en una cultura que les exige iniciar, sostener y alcanzar objetivos de manera infatigable.
En su retrato de la sociedad de consumo, Zygmunt Bauman (2007) también acude a Ehrenberg para señalar que
si tal como Alain Ehrenberg argumenta convincentemente, los sufrimientos humanos más comunes en la actualidad suelen producirse a causa del exceso de posibilidades más que del exceso de prohibiciones, como ocurría en el pasado, y la oposición entre lo posible y lo imposible ha reemplazado a la antinomia de lo permitido y lo prohibido como encuadre cognitivo y criterio esencial de la elección de estrategia de vida, es esperable que la depresión provocada por el terror a ser inadecuado reemplace a la neurosis causada por el horror a la culpa (es decir, horror a la acusación de inadaptación por haber transgredido las reglas) como dolencia psicológica más característica y difundida de la sociedad de consumidores. (p. 130).
Volviendo a Arizaga (2017), cabe subrayar que la autora de ningún modo plantea el fin del disciplinamiento, sino su interdependencia y acoplamiento con el management del yo. Como visibilizan Ehrenberg y Arizaga, la publicidad de estos fármacos suele prometer sensaciones de omnipotencia que activen las mejores aptitudes en todos los campos en los que el individuo se encuentra exigido a actuar y eviten la acumulación de fracasos (que son siempre percibidos como personales). Es interesante que en este proceso en el cual la elevación de la calidad de vida se posa sobre la curación de enfermedades como estrategia principal de abordaje del bienestar, el antidepresivo no circula principalmente como medicamento sino como una “aspirina del espíritu” (Arizaga, 2017, p. 87). La figura que emerge es la del paciente autodidacta, perfil conformado por una clase media profesional que rescata cierto discurso médico de los medios o de alguna consulta realizada en cierta oportunidad. Sobrevuelan el ideal de rendimiento y la idea de un individuo en autoconstrucción, un sujeto habilitado y exigido a “emprender la empresa de sí mismo”, un sujeto “liberado de las ataduras del pasado, alejado de los condicionamientos de las grandes instituciones tradicionales” (Arizaga, 2017, p. 97). Consumo de psicotrópicos y práctica de yoga pueden ser pensados como dos caminos para la autorregulación, la búsqueda de equilibrio y armonía direccionada al plano interior para la recuperación o el resguardo frente a la vulnerabilidad y el estrés acechantes, dos dispositivos al servicio del desarrollo personal. Advirtiendo estos puntos de contacto entre dos prácticas tan distintas, señala Arizaga en relación con las publicidades y la folletería de varios medicamentos psicotrópicos:
La apelación a un desarrollo espiritual y sensible desde una estética propia de la new age —a partir de los recursos de la naturaleza y la meditación como ámbitos propicios para el reencuentro con el yo auténtico— marca el camino para recuperar la armonía emocional perdida en el ajetreo de la vida urbana. Así confluyen lo químico y lo espiritual en la búsqueda de una seguridad interior, casi ontológica (p. 98)
El yoga favorece el desarrollo y sostenimiento de habilidades, con fuerza y lucidez. Entre quienes lo practican, hay una propensión a elegir referentes personales o de grupos reducidos, guías en el camino del bienestar, de la vida buena, en la búsqueda simultánea de equilibrio, paz interior y proactividad. En tiempos signados por lo cambiante, en que cuesta comprender la remota idea de dar la vida por un líder o por un ideal, se ve al/a la profesor/a como un referente que transmite su conocimiento y su experiencia en el mundo del yoga, la meditación o la bioenergética para que el/la practicante vaya configurando la mejor adaptación de sí mismo/a. Con los/as profesores/as, con frecuencia, se mantiene una relación informal y de cariño, ni adoración, ni idolatría, ni entrega total. El/la profesor/a o guía tampoco exige ni siente comodidad con la actitud de devoción; tiene claro el mensaje a transmitir y lo hace con convicción pero sin severidad. Asume la tarea de adaptar el encuentro a los/as practicantes allí presentes y a lo que las coyunturas externas puedan despertar (por ejemplo, un cacelorazo que arranca en la ciudad en el mismo horario en que se está desarrollando una clase). Crea un ambiente a través de imágenes, sonidos y olores, y hace que su voz sea lo más orgánica posible con respecto a lo que están diciendo, incorporando un tono fiel al contenido.
Está presente la percepción de empoderamiento mutuo entre maestro/a y practicante. El/la practicante se asume maestro/a de sí mismo/a y se nutre de referencias variopintas frente al desafío de alcanzar su máximo potencial, al tiempo que el/la líder espiritual urbano/a no quiere ser admirado/a ni puesto/a en un pedestal, sino que intenta facilitar que cada practicante mire dentro suyo y encuentre sus propias verdades.
Yo no soy maestro de nadie, a lo sumo soy maestro de mí mismo. El derrotero de los maestros arquetípicamente es siempre el mismo: apogeo y caída. Si vos te dejás endiosar por la gente, es decir, si vos te comprás el arquetipo del maestro, el relato ya está escrito. Ya sabés que vas a tener el apogeo y la caída. Yo no tengo ganas de tener ni apogeo ni caída. Básicamente porque quiero evitar la caída (…)
Lo cual no significa que no tenga claro que en el mundo del yoga hay gente que sabe mucho más, que me puede transmitir conocimiento, experiencia… lo mismo en el mundo de la ayahuasca, en el mundo de la meditación o de la bioenergética… eso seguro, pero ¿maestro? (Organizador de ceremonias de ayahuasca, estudiante de astrología y de terapia bioenergética, 50 años.)
El espacio que se genera y la clase que se genera ahí es algo que convocamos ambos, la persona que viene y yo que estoy ahí. Me parece importante dejar bien claro que todo eso es compartido, que si bien yo estoy adelante —adelante significativamente— por la trayectoria, por el conocimiento o por la formación, a la hora de laburar o de tomar herramientas, la cosa es compartida. Yo también aprendo y tomo mucho. (Instructora de bioenergética, 39 años.)
Postdata I. Espiritualidad de moda/lucrativa versus espiritualidad real

Evento América Medita, edición 2015. Foto: C. Duer.
Una cuestión emergente del trabajo de campo ha sido la reiterada separación entre una espiritualidad de moda “en la que me visto de blanco y canto el Omm” y otra en la que hay un verdadero desarrollo de la conciencia.
Si bien nadie va a reconocerse como exponente de un movimiento superficial, liviano o reducido a pura mercancía, la ciudad ofrece la posibilidad de toparse con documentos o escenas que dan cuenta de cierta banalización o simplificación de las posibilidades de desarrollo espiritual que pueden estimularse a partir de la práctica de yoga. En un volante de distribución masiva dedicado a promover un centro de yoga y meditación con cuatro sedes en CABA, se enumera todo lo que se puede alcanzar mediante el free pass mensual:
1. Ser más positivo/a.
2. Verte más lindo/a y luminoso/a.
3. Bajar el nivel de estrés que causa enfermedades.
4. Ordenar los pensamientos.
5. Concentrarse, ser eficaz y obtener resultados exitosos.
6. Dormir mejor y liberarte del cansancio.
7. Sentirte cómodo/a y feliz.
8. Estar seguro de vos mismo/a.
9. Ser más saludable.
10. Vivir de verdad.
Cabe considerar que el yoga llega a Occidente fundamentalmente a través de Estados Unidos e Inglaterra, de donde emerge el estilo Nueva Era, condensando —mediante discursos enunciados y formas de acción promovidas— espiritualidad con promesas de éxito. La superficialidad alrededor del universo del yoga, así como el interés principalmente lucrativo detrás de apariencias de coherencia, profundidad y elevación espiritual son aspectos reconocidos por parte de practicantes e instructores/as. Se asume que, como sucede con toda moda, el circuito espiritual porteño reúne “gente seria y cuidadosa” con personas que buscan sacar provecho de un boom.
Hay gente que sigue trabajando el yoga desde el ego. Hay, por ejemplo, unas chicas a las que yo les había dado like, pero en cuanto empecé a mirar los videos me parecieron medio nefastas, se llaman AsanaRebel. Son unas chicas que crearon un fitness inspirado en el yoga, para trabajar el cuerpo. Lo que me horrorizó de todos los videos de AsanaRebel es que hacen en el mat, con el celu acá. ¡Acá el celu! Hacen todas las cosas mirando el celu. (Practicante de yoga, mujer, 33 años.)
Este fragmento de entrevista contiene dos tensiones que forman parte del universo del yoga urbano: yoga-fitness, por un lado, y yoga-dispositivo móvil (o tecnología), por el otro. La experimentación del yoga exclusivamente como actividad o entrenamiento físico puede ser vista como un reduccionismo para quienes lo asumen como parte de un camino de transformación personal integral en armonía con el ambiente. Por su parte, el acoplamiento entre cuerpo y dispositivo móvil durante la práctica —en un marco de continua exteriorización de lo íntimo como camino de confirmación del yo en la era de las redes sociales— puede resultar contradictorio o inviable, si se entiende que la exhibición permanente corta la inspiración del desarrollo interior.
Practicantes y maestros/as admiten que el yoga que circula masivamente en CABA puede estar más o menos escindido de un camino espiritual, dependiendo del/de la practicante, del/de la instructor/a y del momento de la vida de quien lo practica. Hay quienes manifiestan dudas en relación con la posibilidad de que todo lo que ha venido pasando en CABA alrededor del yoga sea parte de una verdadera y profunda espiritualidad, que proponga considerar al/a la otro/a desde una sostenida humanidad para transformar el consumismo y la inequidad. Otros/as trazan un horizonte cargado de esperanza y optan por elevar la idea de moda a la de un movimiento al que naturalmente la humanidad toda se estaría volcando, ya que entiende la necesidad de un cambio de era y comienza a experimentar una transformación espiritual radical en el nivel planetario, que estimula una ampliación de la conciencia y se materializa en la adopción de estilos de vida más sostenibles.
También es posible encontrar posturas intermedias o matizadas, que reconocen la mercantilización del yoga, al tiempo que ven algo positivo en que las formas de ser y hacer que esta práctica promueve se extiendan en la ciudad.
Creo que hay una banalización de ciertas cosas que se ponen de moda y al pasar a ser un producto del mercado pierden su esencia y su raíz. Hay una moda que hace que el yoga encaje perfecto con la propuesta neoliberal que es muy apolítica. Es muy de que empiezo por mí y que la salud esté en mí y hacer mi yoga y hacer mi sanación, eso genera mucho descompromiso social y una individuación muy grande. Yo lo veo eso. Es uno de los motivos por los que siempre me alejé mucho del yoga, porque me parecía súper new age y una moda que rechazaba. Pero bueno, medio que eso que pensé que no, no, no… entré. Entré como por un tubo encima.
Pienso que si bien mucha gente se acerca a estas prácticas por una cuestión de moda o porque hay un agotamiento de otro tipo de respuestas y de sentidos, confío en ese impulso primario y confío en que el acercamiento a estas prácticas pone un cierto granito de arena que ayuda en varios planos. Es como que, si bien mucha gente se acerca por una cuestión de moda, siento que a más de uno se le mueve la estantería interna o esto deja una semillita que hace a una transformación social y política, desde un plano mucho más micro. (Practicante de yoga e instructora de bioenergética, 36 años.)

Evento América Medita, edición 2015. Foto: C. Duer.
Una ciudad de contrastes y matices como Buenos Aires también exhibe la contracara de la mercantilización del yoga: establecimientos públicos que adaptan su accionar a una visión más holística de la salud en el marco de partos, tratamientos oncológicos, enfermedades autoinmunes o internaciones prolongadas. Si bien el encuentro de una persona que atraviesa una enfermedad oncológica con la contención y los beneficios que ofrecen las prácticas espirituales como el yoga, la meditación, incluso el acceso a la medicina ayurveda resulta condicionado en gran medida por el capital social y económico que se posea, se debe tener en cuenta que CABA también es el escenario de numerosas redes y articulaciones generalmente impulsadas por una sociedad civil organizada, solidaria y comprometida. El Hospital Rivadavia, a través de su servicio de reumatología, le cede un espacio a la asociación civil AMAR (Ayuda Mutua para Pacientes con Artritis Reumatoidea) que desde hace quince años ofrece clases de yoga terapia para tratar la pérdida de movilidad, las deformaciones en las articulaciones de manos y pies, las dificultades para desplazarse y el dolor que supone esta enfermedad. Los/as instructores/as dan clases como voluntarios/as a las mujeres nucleadas en AMAR que son fundamentalmente adultas mayores. Tratándose de una afección articular que impacta en el movimiento, la voluntaria consultada en el marco de la investigación —psicomotricista e instructora de yoga— destacó el notable impacto en cuanto a las posibilidades de moverse de las pacientes, y con ello la mejora en materia de autoestima, además de los beneficios vinculados con el sentido de pertenencia.
En el Hospital Rivadavia también se ofrecen talleres abiertos a la comunidad, que evidencian la potencia terapéutica de muchas prácticas asociadas con la espiritualidad emergente. Si bien estos figuran en la página web del GCBA, quienes dan las clases y los talleres realizan su tarea de manera voluntaria, es decir, no son rentados. En el servicio de salud mental hay un taller de yoga, otro de meditación y otro de reiki; el servicio de oncología ofrece un taller de reiki, y en el servicio de reumatología funcionan talleres de reiki y de yoga. Siempre está el desafío de hacer que esas iniciativas públicas lleguen efectivamente a las poblaciones más vulnerables, en los territorios más rezagados, teniendo en cuenta que se requiere contar con la información, disponer del tiempo y de los recursos para trasladarse, entre otras condiciones de acceso que van más allá de la gratuidad.
Postdata II. Un manto de espiritualidad
A fines de 2016, en la undécima sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, el yoga fue inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.[41] En ese marco, el organismo destacó que combinando la adopción de una serie de posturas, la meditación, el control de la respiración y otras técnicas, la práctica de yoga contribuye a “lograr la realización personal, mitigar cualquier sufrimiento experimentado y facilitar el acceso a un estado de liberación”. Dos años antes, en 2014, la ONU había declarado el 21 de junio como Día Internacional del Yoga, por lo que este gesto vino a consolidar la legitimidad de su práctica a nivel global. El nuevo reconocimiento internacional fue celebrado por el primer ministro indio, Narendra Modi, quien en sus declaraciones se ocupó de subrayar que no se trata de una actividad religiosa (“La Unesco declara el yoga de la India Patrimonio Inmaterial de la humanidad”, 1 de diciembre de 2016). El proceso de laicización del yoga —su vinculación con la buena salud, con la vigorización del yo, e incluso con la capacidad creativa— dio lugar a que proliferen en distintos países, incluida Argentina, proyectos de inclusión del yoga en la currícula escolar y a que la práctica continúe consolidando su circulación por ámbitos antes impensados (“El yoga fue declarado Patrimonio de la Humanidad”, 1 de diciembre de 2016).
En CABA, el reconocimiento por parte del perspicaz mundo del marketing y la publicidad del movimiento masivo en torno a una espiritualidad reconfigurada fuertemente ligada con la práctica de yoga se ha venido reflejando en desarrollos y producciones de diversa índole. Incluso en el campo del marketing político o de la política pública del Pro, se incorpora y deambula un código propio de esta espiritualidad y de los estilos de vida de quienes la practican. Retomando a Foucault en su arqueología de las ciencias humanas, ¿dónde pueden yuxtaponerse la promoción turística, la publicidad de un producto de limpieza, el line up del festival más cool de la ciudad y la política pública, si no es en el no-lugar del lenguaje? (Foucault, 2011 [1966], p. 10). Aquí algunos ejemplos de entrecruzamiento entre el lenguaje y el espacio, entre las palabras y las cosas.
A partir del año 2016, Turismo de Mendoza (Argentina) lanza una serie de anuncios audiovisuales en el marco de la campaña publicitaria “Mendozen”:
En primavera florecen nuestras percepciones buscando ese lugar donde te permitís ser vos, hacer un poco más. Es una oportunidad que invita a charlas eternas, prohibidas, y silencios que lo dicen todo. Donde una vista fascinante te deja los mejores recuerdos. En un instante tan zen que reconecta todos tus sentidos. Y como nunca antes te enciende para brillar. Eso es Mendoza. Tan mendozen (Anuncio publicitario de Turismo de Mendoza, 2016).
Identificando las búsquedas y los intereses que circulan entre los/as porteños/as con acceso a la práctica turística, el anuncio entrelaza imágenes de las típicas atracciones de la provincia con un discurso que permanentemente recurre al léxico de la espiritualidad yogui: el ascenso de las percepciones y del sentir, el enarbolamiento del sujeto como maestro de sí mismo en busca de la versión que le permita brillar y alcanzar su máximo potencial, el instante como lógica temporal que quita poder semántico al pasado (idea que se desarrollará en el siguiente capítulo por su convergencia con la cultura neoliberal).

En 2018, la marca de productos de limpieza Poett lanza el comercial: “Cuando paras y respiras disfrutas más. Alegra tus días con Poett”.
Se realizaron varias versiones de esta publicidad audiovisual, con perfiles y acentos adecuados a los diversos países latinoamericanos, pero conservando en todos los casos el mismo mensaje:
(Ruido de inhalación profunda.) ¿Sabes por qué es importante parar y respirar? Porque al respirar conectas con lo que te está pasando ahora, despertás tus sentidos y te cargás de energía, disfrutas de los pequeños momentos e imaginás otros que van a venir. Cuando parás y respirás, disfrutás más. Poett.
El lanzamiento simultáneo del anuncio en distintos países de América Latina evidencia el carácter transnacional de una espiritualidad reconfigurada, en la que se atreven a incursionar muchas mujeres que, por cierto, siguen cargando con una mayor responsabilidad en las tareas de limpieza del hogar que los hombres, más allá de los enormes avances en materia de participación en el mercado de trabajo remunerado. Nuevamente se registra la alusión a elementos centrales de la espiritualidad yogui, como la pausa necesaria, la habilitación de los sentidos, la centralidad de la energía/lo energético, la conexión con el aquí y ahora.

La edición 2019 del festival Lolapalooza, además de congregar bandas nacionales e internacionales, fue el marco en el que tuvo lugar el Yogafest, mediante el cual se concretó la intención de acercar al público “mensajes que comprenden más que la música, y buscan estimular un estilo de vida más saludable, responsable y consciente”.
En el marco del Yogafest, se ofreció al público un conjunto de “actividades de bienestar” para dar forma a “un momento de conexión y sostenibilidad desde adentro hacia afuera”. Se sumaron a las distintas clases de yoga, talleres de meditación y de respiración, experiencias de fusión entre arte y yoga (“saludo al sol pintado”), alineación de chakras, sonidos de cuencos, performance de Tarot Zen, taller de cocina orgánica y saludable, charla sobre el uso del espacio urbano de forma orgánica y amigable para todos (peatones, ciclistas y automovilistas), entre otras actividades. Posiblemente con la intención de interpelar a una mayoría de jóvenes, el taller de respiración a cargo de la fundación El Arte de Vivir se presentaba argumentando: “Así como el teléfono celular se descarga diariamente y necesita una dosis de batería, el cuerpo humano requiere de una carga periódica para mantener la salud y el entusiasmo”. Limpiar el cuerpo, desarrollar la intuición, obtener mayor conexión con uno/a mismo/a, recorrer las emociones, aumentar, reciclar o canalizar la energía, sincronizar con la frecuencia del universo fueron propuestas que se identificaron como agradables y de interés para los/as asistentes al Lolapalooza.
Aquí se pone en funcionamiento el concepto de afinidades electivas que dispuso Max Weber (2012 [1905]) a inicios del siglo XX, en La ética protestante y el espíritu del capitalismo: estas no refieren a relaciones causales, sino al vínculo que se produce entre dinámicas diferentes de la acción social, por la similitud de sus sentidos subjetivos. Los/as jóvenes adultos/as urbanos/as guiados/as por el sentimiento y la gratificación personal, interpelados/as por el festival de música internacional más cool que se ofrece en la ciudad, probablemente también se muevan por espacios y desarrollen hábitos mediante los cuales la consolidación de un estilo de vida saludable, responsable y consciente con el medioambiente —pero maleable— aparezca como horizonte. Ambas escenas, ambas prácticas (Lolapalooza y yoga) son tendencia y resultan atractivas para jóvenes adultos/as que se construyen a sí mismos/as como emprendedores/as creativos/as. “Fluir”, “conectar”, “bienestar”, “alivianar tensiones”, “energía”, “experiencia sensorial”, “momento presente” son ideas y búsquedas en torno a las que pueden toparse la participación en un evento musical masivo y la inmersión en la escena espiritual alternativa de Buenos Aires.

Ofrecer la práctica de yoga en empresas ha tomado forma de emprendimiento en CABA. En el sitio web yogaparaempresas.com.ar, además de nombrar las que han decidido otorgar a sus empleados/as la posibilidad de practicar yoga, se hace énfasis en los beneficios: menor nivel de tensión, mayor rendimiento y productividad. “El estrés afecta cada vez más a los trabajadores, a su rendimiento en el trabajo y su salud física y mental. El yoga es una herramienta efectiva para el manejo de los diferentes desequilibrios emocionales. Esto permite que las empresas reduzcan los costos de tratamientos médicos, rotación y ausentismo de los empleados”, se destaca.



Con sede en el barrio de Palermo, la Fundación Columbia de Conciencia y Energía “nace de la iniciativa de un empresario argentino dedicado a las finanzas, quien desde hace más de trece años comenzó un camino de búsqueda espiritual basado en la meditación y el Vortex Healing.[42] En el 2011 decidió emprender una visión personal, la de fundar un centro de referencia en el estudio de la Conciencia. Se unió a esta idea un equipo multidisciplinario de profesionales, instructores y terapeutas con la propuesta común: crear un centro abocado a difundir, investigar y enseñar diversos caminos para la transformación personal y la expansión de la Conciencia”. Además de contar con clases e instancias de formación en una gran cantidad de disciplinas clasificadas por su foco de trabajo en el cuerpo, la mente, el espíritu y la energía, la Fundación Columbia ofrece servicios de Coaching y Wellness para empresas, concebidos como aporte a la consolidación de un “entorno saludable y amigable de trabajo”.
Entre los beneficios de llevar a la empresa prácticas como yoga, meditación, tai chi, bioenergética, constelaciones, entre otras, se destacan la disminución de conflictos, el impulso a la innovación, el enriquecimiento de habilidades de liderazgo y la reducción del nivel de ausentismo. Como parte de los servicios ofrecidos para que las empresas otorguen a sus empleados/as se mencionan retiros de silencio, conferencias y talleres puntuales sobre meditación, comida saludable y preparación de licuados detox, cómo soltar tensiones, cómo encontrar la calma en la incertidumbre, entre otros.
Poniendo el foco en el paradigma de la gestión empresarial vigente en el marco de lo que Bolstanski y Chiapello (2002) reconocen como el tercer espíritu del capitalismo, se destacan como aptitudes la creatividad y la disposición al cambio de los/as colaboradores/as, como respuesta a un modelo que deja de ofrecer seguridad, pero seduce proponiendo a cada uno/a un camino de desarrollo personal (pp. 139-141). La práctica de yoga en empresas se acopla al modelo que describen los autores, que propone “una ‘verdadera autonomía’ basada en el conocimiento de uno mismo y en un pleno desarrollo personal, y no una falsa autonomía, enmarcada por el recorrido de las carreras, las definiciones de las funciones y los sistemas de sanciones-recompensas que se proponían en la década de 1960” (p. 141).
Actualmente, el vínculo capital/trabajo ofrece una combinación de formas de explotación “clásicas” y otras en las que el sujeto —profesional urbano— adopta un desenvolvimiento “positivo”, en tanto su potencia creativa resulta convocada al mundo del trabajo. La organización del trabajo, enmarcada en condiciones laborales precarias, bajo rutinas que no ocultan las jerarquías y refuerzan la alienación, resulta notoriamente disonante y continúa teniendo en su centro espinosas tensiones entre empresas y sindicatos. Lo que resulta más complejo en sus efectos es el desarrollo de alternativas organizadas para el otorgamiento de beneficios a los/as empleados/as, originalmente impulsado por las corporaciones transnacionales y actualmente extendido a nivel global como estrategia de atenuación de conflictos y vía de desgaste de la identidad asalariada.[43] El ofrecimiento de clases semanales de yoga a los/as empleados/as ha ido ganando terreno entre los planes que elaboran las empresas para fidelizar a su planta de profesionales y adecuar sus pasiones y deseos a los intereses corporativos, bajo la ilusión de que “todos están en un mismo barco”. En muchas empresas, la distinción operada entre una fracción de empleados/as profesionales y un conjunto de trabajadores/as no calificados/as permite la convivencia de diversas formas de sujeción. Prácticas frecuentes —que refuerzan el culto al hedonismo y al buen vivir de los/as profesionales en relación de dependencia—, como clases de yoga, servicio de masajes, pedicuría y manicuría, sala de juegos, sala de relax, eventos familiares que buscan construir un sentimiento de comunidad laboral, viernes de tarde libre, no se extienden a todos los/as empleados/as sino solo a determinados puestos profesionales. Al respecto, Bauman registra la coexistencia de modelos que intentan brindar a los/las profesionales calificados/as un sustituto agradable del calor hogareño en el lugar de trabajo, con otro tipo de relación laboral en la cual poco de esto se ofrece a los/as empleados/as de menor rango, menos capacitados/as y fácilmente reemplazables:
Si bien algunas compañías (…) ofrecen la antigua utopía socialista a una elite de trabajadores capacitados del primer nivel de un mercado laboral cada vez más segmentado, otras empresas ofrecen lo peor del capitalismo temprano a los trabajadores semicalificados y no calificados (Bauman, 2007, p. 164).
Desde el paradigma empresarial que se sustenta en el cultivo de una relación de confianza entre la empresa y los/as empleados/as, enmascarar al/a la trabajador/a detrás de la noción de colaborador/a contribuye a encubrir su identidad, aquella desde la cual situarse para emprender alguna forma de subjetivación resistente y/o de acción colectiva. En la misma línea, la noción de capital humano expone el adosamiento de la lógica del capital a los cuerpos, y visibiliza las tendencias más novedosas en la individualización, cosificación y mercantilización de lo social: las aptitudes y capacidades que cada sujeto desarrolle contribuyen a incrementar sus especulaciones personales respecto del éxito al que puede aspirar.
Al caracterizar a la sociedad de consumidores, diferenciándola de la sociedad de productores (y proponiendo a ambos como tipos ideales capaces de resultar adecuados para el análisis social), Bauman (2007) destaca los procesos de desregulación y privatización. La reducción de los costos laborales como objetivo permanente, el desmantelamiento de los mecanismos de negociación colectiva y de estabilidad laboral son aspectos estables en un movimiento constante. Así delinea el/la empleado/a ideal en este orden social:
Una persona que no tenga lazos, compromisos emocionales preexistentes y que además las rehúya a futuro. Una persona dispuesta a aceptar cualquier tarea y preparada para reajustar y reenfocar instantáneamente sus inclinaciones, abrazar nuevas prioridades y abandonar las ya adquiridas lo antes posible. Una persona acostumbrada a un entorno en el que “acostumbrarse” —a un empleo, a una habilidad, o a una determinada manera de hacer las cosas— no es deseable y por lo tanto es imprudente. Finalmente, una persona que deje la empresa cuando ya no se la necesita, sin queja ni litigio. Una persona, en definitiva, para quien las expectativas a largo plazo, las carreras consolidadas y previsibles y toda otra forma de estabilidad resulten todavía más desagradables y atemorizantes que la ausencia de ellas (p. 23).
El yoga puede hacer su aporte a la configuración del/de la empleado/a ideal, dispuesto/a a desarrollar su tarea en armonía con el entorno, igualando y descartando todo tipo de conflicto en un ámbito que lo/a necesita con foco en el aquí y ahora.
Hay una última cuestión a considerar en relación con la consolidación de nuevas relaciones laborales en CABA. El escenario en el que se consolida un nuevo estilo de vida maleable que puede incluir el yoga como práctica semanal es también el espacio de un continuo crecimiento de trabajo freelance, modalidad en torno a la cual se edifica todo un estilo de vida flexible, sin jefes/as, horarios ni rutinas, libre de ataduras y dependencias (sin estabilidad ni seguridad).

El yoga también interpela a los/as niños/as más pequeños/as que resultan convocados/as mediante distintas aproximaciones para familiarizarse con esta práctica.
Omm Moo es una serie dirigida a mostrar los beneficios del yoga en niños/as, basada en un libro de María Villegas y Jennie Kent que se publicó en 2008. Las protagonistas son ocho vacas de diferentes razas que hacen distintas posturas de yoga convocando a los/as niños/as a que las repliquen en sus casas. El instructor de los ejercicios de yoga es un gato gurú, travieso, curioso y flexible. Este gato instructor no solo explica cómo se realizan las diferentes posturas, sino también sus beneficios tanto para el cuerpo como para el espíritu. Se trató de la primera coproducción de televisión animada infantil en América Latina (entre cuatro direcciones de Colombia, Señal Colombia, AF 097 de Chile y Paka-Paka de Argentina). En la presentación se explicita el estrés como una realidad y un padecimiento común a todos/as aquellos/as que viven en ciudades y el yoga como una herramienta para aplacar esta afección urbana.
Otra manera de acercar el yoga a los/as más pequeños/as reside en la incorporación de esta práctica en la grilla escolar semanal, como propuesta del área de educación física. En el caso de una escuela de gestión privada de CABA, a partir de una conversación con la directora general del establecimiento, se conoció que la decisión de incorporar esta práctica inicialmente los días lunes tuvo que ver con las dificultades que mostraban los/as chicos/as para concentrarse en la tarea escolar, “tras el exceso de pantallas y harina durante el fin de semana”.
Asimismo, cabe mencionar aquí el Programa de Meditación en Colegios (PROMECO) en marcha desde el año 2015 en el Servicio de Medicina del Estrés del Hospital Central Municipal de San Isidro (GBA). Dicho programa ofrece un curso de capacitación gratuito y online dirigido a docentes de colegios públicos y privados de todo el país, para la aplicación de técnicas de meditación en el contexto de clase. Desde ese año, se han capacitado más de 2.000 docentes en todo el país, para que ellos/as mismos/as puedan poner en práctica la técnica con sus alumnos/as, dentro del aula, en la institución escolar donde se desempeñan. El programa se encuentra a disposición de todos/as aquellos/as docentes y colegios que se inscriban a los efectos de alcanzar los beneficios de las técnicas de meditación para el control del estrés, la mejora del rendimiento escolar y de la calidad de vida. Según se detalla en el sitio web de presentación de la iniciativa: “Las evaluaciones realizadas demostraron resultados altamente positivos, como la mejora de la atención, concentración, estudio y memoria. También se observó como efecto agregado la mejora de la relación vincular con el docente tanto en el plano cognitivo, como de orden afectivo. Resultó evidente el condicionamiento emocional positivo, evidenciado por cambios conductuales, emparentados con la paz, la serenidad y la calma”.[44] Desde 2016, PROMECO cuenta con el reconocimiento de la UNESCO como programa de interés por el trabajo por la paz y la integración social.


El yoga como política pública se puso en marcha en CABA en el marco del Programa Plazas Activas de la Subsecretaría de Deportes,[45] destinado a toda la población de la ciudad con el fin de promover la vida saludable a través de la práctica del deporte. Foto: C. Duer (año 2015).
Se trata de una iniciativa pública que acerca a plazas y parques de CABA clases de gimnasia, baile y otras actividades físicas, entre las que se destaca el yoga. Esta apertura a lo no Occidental desde el campo de la actividad estatal tuvo como condición de posibilidad y de legitimidad la difusión del yoga como práctica no religiosa para el bienestar.

Durante la presidencia de Mauricio Macri, desde mediados de 2016 hasta fines de 2019, la programación de Buenas Prácticas del Centro Cultural Kirchner (CCK) incluyó actividades basadas en técnicas orientales, como clases de yoga Integral, tai chi y meditación y estiramiento.
Como en toda política pública que responde a la idea de la cultura como derecho (visión que en un mismo plan de desarrollo puede resultar compatible con la promoción de la cultura como motor de crecimiento económico, circunstancia en la que se reclamará que el sector genere riqueza y no suponga un mero gasto social), siempre cabe el interrogante acerca de si la gratuidad de una iniciativa que promueve la participación cultural significa necesariamente un paso en la democratización de la cultura. El CCK es sin duda un escenario interesante para este tipo de indagación acerca de los recursos y capitales necesarios para una participación cultural democrática. Por esto la inclusión del yoga y de otras técnicas orientales no debe ser interpretada como un puente que asegura la expansión de la práctica hacia los sectores sociales más desfavorecidos.
La incorporación de la espiritualidad yogui en la actividad estatal fue activamente rechazada cuando en octubre de 2017 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires instaló una cabina de terapia antiestrés en una plaza del barrio porteño de Palermo, con la idea de que fuera rotando por distintos lugares de la ciudad. “Instalan una cabina anti estrés en una plaza de Palermo: adentro hay perros y gatos que ayudan a la gente a relajarse”, se tituló un artículo del diario La Nación (Marcó del Pont, 5 de octubre de 2017), publicado en el contexto del lanzamiento de esta iniciativa. “Cubículo. Tiene pasto sintético y se puede permanecer 15 minutos. Trajeron la idea de Los Ángeles” es el epígrafe de la primera imagen que ilustra el artículo del diario Perfil (Corsalini, 7 de octubre de 2017). La iniciativa del GCBA se instaló por primera vez en la plaza Armenia, del gentrificado[46] barrio de Palermo, pero el rechazo de animalistas y proteccionistas por la utilización de perros y gatos en la cabina impidió que la propuesta prosperase.
Se trataba de una estructura de plástico vidriada en la que los/as vecinos/as —además de relajarse escuchando música— podían acariciar mascotas durante 15 minutos, como parte de una terapia antiestrés. Dentro del cubículo, sobre césped sintético, la persona se acomodaba sobre un almohadón, recibía auriculares con música relajante, y luego ingresaban los perros y los gatos. Esta iniciativa tenía también entre sus objetivos la promoción de la adopción de mascotas.
Sobre la articulación entre política y espiritualidad, más adelante se encontrará un estudio de caso que pone el foco en la incorporación del estilo Nueva Era a la imagen de sí que construyó Mauricio Macri a partir de 2012 hasta llegar a la presidencia en 2015.
El propósito de la información añadida a modo de anotación final del capítulo ha sido exponer la actual circulación de las prácticas y los discursos espirituales asociados al yoga y la meditación en escenarios sumamente variados. La asociación entre yoga y bienestar se refleja y se refuerza a través de estas múltiples incursiones que acaparan distintas franjas etarias y reúnen esferas de acción tan diversas como la publicidad, la política pública, las relaciones laborales, la cultura, etc.
Habiendo desarrollado seis líneas explicativas acerca del boom del yoga que contribuyen a la definición de los modos de ser y de estar emergentes en CABA (“El cultivo de estilos de vida maleables”; “De lo ideológico a lo sensitivo: una apertura a Oriente”; “Fusionar para enriquecer”; “La ciudad, obstáculo para la vida buena”; “Mujeres que habilitan sus procesos emocionales”; “Maestros/as de sí mismos/as”), el siguiente capítulo buscará los puntos de encuentro entre el universo yogui y la organización sociocultural neoliberal, que contribuyen a la conjunción entre organización social y cultura, así como entre procesos subjetivos y procesos sociales.
- El concepto de la geografía urbana “ciudad global” ha sido promovido por el Departamento de Geografía de la Universidad de Loughborough (Reino Unido). El término se le atribuye a la socióloga Saskia Sassen, autora de La ciudad global, publicado en 1991 en donde se consideran Nueva York, Londres y Tokio. Si bien la forma de calificar si una ciudad es o no global ha sido objeto de discusión, el concepto logra reunir ciudades que cumplen con características que resultan de la globalización y el constante crecimiento de la urbanización. Son ciudades influyentes en términos culturales, con efectos directos y tangibles en los asuntos mundiales que sobrepasan la dimensión económica. Un selectivo primer recorte que circunscribió este concepto a un grupo reducido de ciudades resultó ampliado por usos del concepto que alentaron la inclusión de otras como París, Madrid, Barcelona, Shanghái, Hong Kong, Ciudad de México, San Paulo, Pekín, Los Ángeles, Río de Janeiro, Buenos Aires, entre otras. ↵
- Religión ampliamente practicada en el sur de Asia. Se la considera una fusión o síntesis de varias culturas y tradiciones indias, con diversas raíces y sin ningún fundador. Este sincretismo hinduista comenzó a desarrollarse entre los años 500 y 300 a. C siguiendo las pautas de la religión védica (que existió entre 1500 y 700 a. C.).↵
- Doctrina filosófica y espiritual no teísta derivada del brahmanismo, religión de transición entre la religión védica y la religión hinduista. Comprende una variedad de tradiciones, creencias religiosas y prácticas espirituales principalmente atribuibles a Siddharta Gautama (El Buda). ↵
- Otra religión de la India que tuvo su origen en la predicación de Vardhamana (siglo VI a. C.). Pregona una vía salvadora filosófica no centrada en el culto de ningún dios. Su práctica es la de realizar esfuerzos para encaminar al alma-conciencia hacia un estado de liberación. Aquel ser que vence a sus enemigos interiores y alcanza el estado superior pasa a ser denominado “vencedor” o “conquistador” (yaina). El estado más elevado se conoce como siddha.↵
- Algunos hitos en este proceso que repone Carozzi (1999) son: la publicación del primer periódico estadounidense dedicado a tópicos de la Nueva Era: el East-West Journal y la publicación del libro de Baba Ram Dass (antes Richard Alpert) Be here now en 1971; el primer directorio de la Nueva Era y la primera edición de Spiritual Community Guide, en 1972, que incluían centros de religiones ocultas, orientales y místicas, negocios de comida saludable, librerías metafísicas, maestros/as de yoga, organizaciones de investigación parapsicológica, centros de terapias alternativas.↵
- A modo de información adicional o referencia internacional, cabe indicar que un estudio de 2016 titulado “Yoga in America” reportó que en Estados Unidos había por entonces alrededor de 20,4 millones de practicantes de yoga (aproximadamente el 8% de la población). Además señaló que el 44% de quienes no practicaban yoga manifestaban estar interesados en comenzar a hacerlo. Esta investigación se repitió en 2016 y por entonces el número de practicantes ascendía a 36,7 millones, lo que implica un crecimiento de 16 puntos porcentuales en cuatro años (Ipsos Public Affairs, 2016). Según este estudio, hacia 2016 el 72% del total de practicantes estadounidenses eran mujeres (https://bit.ly/3wDGYWP). Cabe resaltar que se trata de un país con un 82,2% de población urbana (https://bit.ly/39OZ6nu).↵
- Resolución aprobada por la Asamblea General el 11 de diciembre de 2014. Día Internacional del Yoga https://bit.ly/35UaYTC.↵
- “If your local or national guidelines allow it, go outside for a walk, a run or a ride & keep a safe distance from others. If you can’t leave the house, find an exercise video online, dance to music, do some yoga, or walk up and down the stairs”.↵
- “Yoga para la salud, ahora en casa: como consecuencia de las medidas de distanciamiento social adoptadas por los países para luchar contra la pandemia de COVID-19, muchos estudios de yoga y espacios comunitarios han tenido que cerrar sus puertas, por lo que los aficionados al yoga han tenido que recurrir a la práctica casera y a cursos de yoga en línea. El yoga es una herramienta muy útil para lidiar con el estrés de la incertidumbre y el aislamiento, así como para mantener el bienestar físico. Las Naciones Unidas ofrecen recursos de yoga a su personal y a todo el que esté interesado en la sección de Bienestar del portal de Coronavirus. La Organización Mundial de la Salud recomienda el yoga como un medio para mejorar la salud en su Plan de Acción Mundial sobre Actividad Física 2018-2030: más personas activas para un mundo más sano.
“Con las escuelas cerradas y las actividades de las vacaciones de verano canceladas, los padres tienen dificultades para mantener a sus hijos físicamente activos. El yoga puede ser la solución. UNICEF afirma que los niños y niñas pueden practicar cualquier postura de yoga sin correr ningún riesgo y obtener los mismos beneficios que un adulto. Entre estos beneficios se incluyen una mayor flexibilidad y un mejor estado físico, así como una mayor capacidad de atención y relajación.” (https://www.un.org/es/observances/yoga-day.)↵ - En Bobos in paradise. The new upper class and how they got there, David Brooks (2000) pone la mirada en la figura del burgués bohemio. Utiliza la contracción bo-bo (bourgeois bohemian) como una clasificación sociológica informal que describe a los miembros de un grupo social ascendente en la era de las nuevas tecnologías, caracterizado por su pertenencia funcional al capitalismo (empresarios/as y empleados/as de grandes compañías) junto con sus valores “bohemios” o contraculturales.↵
- “Según la tradición budista, Gautama era el heredero de un pequeño reino del Himalaya hacia el año 500 a. C. El joven príncipe estaba profundamente afectado por el sufrimiento que veía a su alrededor (no solo por calamidades ocasionales, como la guerra o la peste, sino también por la ansiedad, la frustración y el descontento, los cuales parecen ser parte de la condición humana). A los veintinueve años, Gautama huyó de su palacio dejando atrás familia y posesiones. Viajó por todo el norte de la India buscando una manera de escapar del sufrimiento. Pero nada lo liberó por completo hasta que decidió investigar el sufrimiento y comprendió que este no está causado por la mala suerte, la injusticia social o los caprichos divinos, sino por la propia mente. La intuición de Gautama fue que, con independencia de lo que la mente experimenta, por lo general reacciona con deseos, y estos siempre implican insatisfacción. Cuando la mente experimenta algo desagradable, anhela liberarse de la irritación. Cuando la mente experimenta algo placentero, desea que el placer perdure y se intensifique. Gautama descubrió que había una manera de salir de este círculo vicioso. Si cuando la mente experimenta algo placentero o desagradable, comprende simplemente que las cosas son como son, entonces no hay sufrimiento. Si uno experimenta tristeza sin desear que la tristeza desaparezca, continúa sintiendo tristeza, pero no sufre por ello. Si uno experimenta alegría sin desear que la alegría perdure y se intensifique, continúa sintiendo alegría sin perder su paz de espíritu. Gautama desarrolló un conjunto de técnicas de meditación que entrenan la mente para experimentar la realidad tal como es, sin ansiar otra cosa. Dichas prácticas entrenan la mente para centrar toda la atención en la pregunta ‘¿Qué es lo que estoy experimentando ahora?’ en lugar de ‘¿Qué desearía estar experimentando?’. Cuando las llamas del deseo se extinguen emerge un estado de satisfacción y serenidad, conocido como nirvana (cuyo significado literal es ‘extinguir el fuego’). Según la tradición budista, Gautama alcanzó el nirvana y se liberó totalmente del sufrimiento. Resumió sus enseñanzas en una única ley: el sufrimiento surge del deseo; la única manera de liberarse completamente del sufrimiento es liberarse completamente del deseo; y la única manera de liberarse del deseo es educar la mente para experimentar la realidad tal como es.” (Harari, 2018, pp. 250-252).↵
- Entre todas las disciplinas y prácticas en las que se indagó, yoga, meditación, terapia bioenergética, eutonía y ceremonias de ayahuasca, la última es la que presenta el escenario más equitativo en términos de distribución entre hombres y mujeres (considerando las respuestas de los/as instructores/as de cada una de ellas al ser consultados/as sobre cómo evalúan que se distribuyen los/as practicantes en términos de identidad de género). ↵
- El perfil educativo se condice con aquel que identificaba Carozzi (1999) al poner la mirada sobre el movimiento Nueva Era que desde los años sesenta interpeló a clases medias urbanas de Occidente, particularmente en los sectores con un alto nivel de educación formal.↵
- Se trató de una encuesta probabilística de 2.421 casos que tuvo como universo de estudio la población de la República Argentina de 18 años o más, residente en localidades o aglomerados urbanos con, al menos, 5.000 habitantes según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas del año 2010.↵
- Pierre Rosanvallon señala que las sociedades denominadas de clases medias se caracterizan por modos de diferenciación cada vez menos colectivos y más individualizados (Rosanvallon, citado en Boltanski y Chiapello, 2002, p. 405). ↵
- Boltanski y Chiapello (2002) sugieren que pensar esta relación en las sociedades contemporáneas implica deconstruir los colectivos y las categorías estadísticas utilizadas para dar cuenta de la estructura social hasta mediados de la década de 1970, para reconocer una enorme multiplicidad de situaciones singulares y de formas de jerarquización entre los asalariados difícilmente unificables en una imagen de conjunto (pp. 415, 424-425).↵
- El desarrollo de ambas tradiciones ha dado lugar a dos campos de investigación social escasamente relacionados entre sí: el primero está constituido por los estudios culturales herederos de la teoría crítica, que privilegian la pregunta por el rol que la participación en los bienes simbólicos tiene sobre la construcción de las diferencias sociales o de las biografías individuales. La reflexión original problematiza la cuestión de la libertad individual en el capitalismo de masas. El interrogante del cual se parte tiene que ver con las posibilidades de los individuos y los grupos para expresar sus identidades particulares. En el ejercicio de esta mirada, con la constatación de que la industria cultural de masas no conducía a la homogeneización, se fue diluyendo la pregunta original acerca del efecto de la estructura social en el nivel subjetivo. El segundo campo, más reciente, hace foco en las formas de acceso de individuos y grupos sociales a los bienes culturales provistos por el Estado o el mercado. La indagación se centra en los determinantes sociales que explican las diferencias en el acceso a los bienes culturales por parte de los diversos sectores sociales. Acá el desafío está orientado a determinar los principios de estratificación que rigen los consumos culturales. Son estudios de corte estadístico que establecen correlaciones entre frecuencias de consumos de bienes y distintas categorías de estratificación de los individuos, más allá del significado específico de los bienes culturales así como de las consecuencias subjetivas de su uso (Güell y Peters, 2012).↵
- Se encuentran puntos de contacto entre esta caracterización de la individuación y lo que señala López Novo (2012) acerca de la reflexividad como motor de la expansión del yo: “La intensificación de la reflexividad marca un cambio decisivo en la relación entre individuo y sociedad, pues en la tradición del análisis sociológico lo social ha sido identificado bien con lo normativo y/o bien con lo prerreflexivo, es decir: con los valores y las normas sociales institucionalizadas en el entorno social y/o con la tradición que se absorbe por ósmosis, se da por descontada y no es objeto de cuestionamiento reflexivo. La expansión del yo supone, pues, la erosión de lo social en esas dos facetas: la normativa y la pre-reflexiva; supone, en suma, una desinstitucionalización de la vida social y, por tanto, de la vida personal. De ahí que uno de los correlatos de la expansión del yo sea la erosión de la tradición recibida, la pluralización de los estilos de vida y la diferenciación idiosincrásica de las trayectorias vitales. (…) Ya no se trata de un puñado de elecciones realizadas al inicio de la vida adulta (profesión, residencia, matrimonio, etc.), que, una vez consumadas, asumen el carácter de decisiones irreversibles que marcan el resto de la vida personal. Ahora la persona vive toda su vida adulta con —por así decir— ‘el piloto’ de la autorrealización encendido, y está dispuesta a revertir aquellas elecciones tempranas (trabajo, residencia, matrimonio, creencias, relaciones, orientación sexual, etc.) si percibe que no han sido acertadas desde la perspectiva de su autorrealización.” (pp. 88-90).↵
- Los autores reponen en este capítulo cuatro hipótesis que han guiado los estudios dedicados al análisis de la relación entre la estructura de la sociedad y las formas de consumo cultural de los individuos (ordenándolas de mayor a menor grado de determinismo que se atribuye a la estructura social sobre el consumo individual): en primer lugar, la tesis (bourdiana) de la homología entre estructura social y prácticas culturales, según la cual la sociedad transportaría sus distinciones fundamentales hacia los cuerpos, los gustos y las opiniones de los individuos. En sus prácticas de consumo cultural orientadas por los habitus de clase, los individuos reproducen la estructura de distinciones sociales. El consumo se explicaría, básicamente, por la estructura objetiva de clases de la sociedad.
En segundo lugar, una visión del consumo cultural condicionado por la estructura más bien subjetiva de los prestigios sociales. Es un intento por matizar el determinismo de la primera hipótesis, desde el cual se plantea que el consumo cultural dependería de la estratificación, pero lo que lo condicionaría no es tanto la estructura objetiva de clases, sino la estructura más bien subjetiva de los prestigios sociales. Aquí se retoma la perspectiva weberiana según la cual las clases no son la única forma de abordar la división de la sociedad. Junto con esta división basada en la distribución de poder económico, puede postularse otro tipo de estratificación vinculada con la distribución del poder social y/o político.
Seguidamente, la tesis del omnivorismo cultural de las clases altas (Peterson y Kern, 1996) parte de la idea de que algunos sectores privilegiados de la sociedad poseen mayor libertad que otros para definir sus preferencias y adquirir bienes culturales. Mientras las clases bajas están limitadas al consumo de un rango estrecho y definido de bienes culturales, las clases altas suelen componer su “dieta cultural” al modo de un animal omnívoro, con todo tipo de bienes. Así, los miembros de las clases bajas estarían acotados a la cultura popular, mientras que los omnívoros de clase alta se mueven entre consumos tradicionalmente asociados a la cultura popular y a la alta cultura.
Por último, la plena individuación en el campo del consumo cultural plantearía la ausencia de patrones sociales de comportamiento en el campo del consumo cultural. Se trata de una explicación residual que surge ante la insuficiencia de las categorías tradicionales de estratificación para explicar algunas de las nuevas formas de participación cultural.↵
- En el capítulo dedicado a describir la vida espiritual de los bo-bo’s (bourgeois bohemian), Brooks relata que el rabino de la congregación judía de la ciudad de Missoula (Estado de Montana, Estados Unidos), ante la variedad de judíos/as provenientes de lugares como Los Ángeles o Nueva York, se niega a oficiar un servicio ortodoxo, conservador o reformista, denominando flexidoxia a su aproximación híbrida.↵
- Al respecto ver Lutterbeck (2001), Rodríguez et al. (2002) y Marcos (2013). ↵
- Particularmente el kéfir, por ser un producto lácteo, se consagra entre los/as yoguis urbanos/as como síntesis capaz de resolver el debate —típico en tiempos de posverdad— en torno al consumo de lácteos. Mientras la Sociedad Argentina de Nutrición considera que los lácteos son un componente clave en la nutrición y el desarrollo del ser humano, y se ocupa de difundir las ventajas de su consumo sin detenerse en lo que sucede cuando estos son producidos de manera industrial, otros paradigmas médicos no occidentales, como la medicina ayurveda, promueven la supresión de estos. También la periodista especializada en alimentación, Soledad Barruti —autora de los libros Mal comidos (2013) y Mala leche (2019)—, advierte sobre las falsas bondades de las leches y los yogures industriales con alto contenido de azúcar y otros aditivos. La tensión entre ambos posicionamientos adquirió resonancia mediática a inicios del año 2020 cuando Barruti recibió una intimación por parte de la presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (“Carta documento: qué pasó entre Mónica Katz y la periodista Soledad Barruti”, 17 de enero de 2020; Roffo, 17 de enero de 2020)↵
- Un estudio realizado en 2019 por la empresa de consultoría e investigación Voices! reveló que el 31% de los/as argentinos/as mayores de 16 años es comprador/a regular de dietéticas o almacenes orgánicos o naturistas. Eso equivale a 10,4 millones de personas, de las cuales un tercio (3,5 millones) vive en CABA y el GBA (Grosz, 20 de junio de 2019).↵
- Las Upanishads son textos de variada extensión que exponen el camino que conduce a la plenitud del Ser. Tradicionalmente se considera que hay 108 Upanishads de relevancia; de las cuales diez son las de mayor importancia, por haber sido comentadas por los grandes sabios. Las Upanishads del yoga son 17 y exponen el recorrido del yogui en su proceso hacia la liberación.
Upa ni-ṣad significa “sentarse más bajo que otro” (para escuchar sus enseñanzas). Se piensa que estos textos adoptaron su forma entre los años 400 y 200 a. C. Por lo tanto, representan un aspecto del hinduismo védico tardío (no obstante, se cree que algunos fueron compuestos tiempo antes, en el siglo VI a. C.). Los Upanishad presentan una nueva cultura, ligada al mundo de los artesanos y comerciantes de las ciudades del norte de la India, que concibieron formas de vida y de gobierno más flexibles y participativas. Probablemente estos textos se basan en las experiencias místicas de personas que, cansadas de la religión oficial, se retiraron a los bosques para vivir como ascetas o ermitaños, pensaron por su cuenta y luego difundieron sus ideas. ↵ - Realidad superior; divinidad impersonal hinduista.↵
- La cadena de tiendas Deva’s en la que se comercializan los libros de la editorial homónima, cambió su nombre a Ayurdeva’s. En su sitio web, la empresa se presenta como “líder de América Latina en desarrollar el concepto de Cosmética Ayurvédica y Vibracional”. Comercializa, además, productos de artes milenarias y música de temática relacionada al bienestar. Su misión es “elevar la calidad de vida de las personas mediante la búsqueda del equilibrio Cuerpo–Mente–Espíritu”. Entre los títulos disponibles al momento de la investigación que sustenta este libro se encontraban: El arte de practicar yoga; Del cuerpo al espíritu, un camino de sanación; Mandalas para armonizar (30 mandalas para pintar); Sanarnos con plantas; El libro de las afirmaciones; El libro de las actitudes; El nuevo liderazgo. El rol de la intuición en el arte de liderar. ↵
- Nombre de la medicina tradicional de la India. Tiene como objetivo la unificación de cuerpo, mente y espíritu, proclamando que la enfermedad y la salud son el resultado de la confluencia de tres doshas, palabra sánscrita que significa “humores” o “aires vitales”, que en las obras modernas se traduce como ‘temperamentos’ o ‘biotipos’: vātta representa la unión del aire y el éter; pitta representa la unión del fuego y el agua; kapha representa la unión del agua y la tierra.↵
- Disponible en línea: https://www.ayush.gov.in/.↵
- Usted está aquí fue una experiencia teatral que revolucionó la cartelera de teatro alternativo de CABA. En 2012, sus creadoras Natalia Chami y Rokina Bulacio Sak pusieron en marcha su primera edición en una casa de San Telmo. El sorprendente espectáculo invitaba al/a la espectador/a a salir de su rol clásico e involucrarse de una forma activa con los/as protagonistas y las diversas historias que van sucediendo. En 2013, esta experiencia innovadora tomó mucha más notoriedad con una nueva versión en Ciudad Cultural Konex.↵
- Nuevamente cabe hacer referencia a la descripción que realiza Brooks (2000, p. 242) de la vida espiritual de los sectores altamente educados del capitalismo informacional. Aludiendo a un gran pastiche, el periodista canadiense-estadounidense compone la escena de una “mesa espiritual tipo buffet” disponible para “cucharear” de todo un poco. ↵
- Principalmente en Estados Unidos, el término booty tiene la acepción de “nalgas” o “culo”.↵
- Disponible en línea: https://modoflow.com/viajes/.↵
- Astrólogos/as mediáticos/as de Argentina, públicamente conocidos/as por sus publicaciones de horóscopos y su presencia en televisión y medios gráficos desde inicios de la década de 1990.↵
- Técnica y terapia en la que se utiliza música, movimiento y situaciones de encuentro en grupo para profundizar el autoconocimiento. Busca promover en cada uno/a la capacidad de profundizar los lazos con las emociones propias y su expresión, así como también con los/as otros/as y con la naturaleza.↵
- Disponible en https://bit.ly/3tatU9K↵
- El comillado refiere a las ideas tomadas textualmente de los participantes de los cuatro grupos focales realizados a mediados de 2015.↵
- La Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU) es un operativo que lleva a cabo el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), durante el tercer trimestre de cada año, desde el año 2010. En su edición de 2013, la EAHU incorporó un módulo de “trabajo no remunerado y uso del tiempo” con el objetivo de captar información con respecto a la participación y el tiempo destinado por las personas de 18 años y más a las tareas domésticas y al cuidado de miembros del hogar. El bloque de trabajo no remunerado constó de tres preguntas, todas con período de referencia del día anterior: 1) ¿Cuánto tiempo le dedicó a: limpieza de casa, aseo y arreglo de ropa, preparar y cocinar alimentos, compras para el hogar, reparación y mantenimiento del hogar?; 2) ¿Cuánto tiempo le dedicó al apoyo en tareas escolares a miembros del hogar?; 3) ¿Cuánto tiempo le dedicó al cuidado de niños, enfermos o adultos mayores, miembros del hogar? (incluye tiempos de traslado a actividades de cuidado).
Con la información recogida se construyeron tres indicadores:
– Tasa de participación en las actividades no remuneradas: calculada como porcentaje entre el total de personas que realizan determinada actividad y la población total. Se toma como criterio de participación haber hecho la actividad por lo menos durante una hora en el período de referencia.
– Tiempo social promedio: calculado como promedio entre el tiempo total que se dedica a determinada actividad y el total de personas encuestadas. Se expresa en horas y décimas.
– Tiempo promedio: calculado como promedio entre el tiempo total que se dedica a determinada actividad, y el total de personas que declararon haber realizado esa actividad. Se expresa en horas y décimas.
Los resultados relativos a la tasa de participación en las actividades no remuneradas en CABA mostraron una diferencia de casi 26 puntos porcentuales entre las mujeres (88,1%) y los hombres (62,6%).
TRABAJO NO REMUNERADO EN CABA
Mujeres:
Tasa de participación: 88,1%
Tiempo Promedio: 4,9
Varones:
Tasa de participación: 62,6%
Tiempo promedio: 3,3 (Rodríguez Enríquez, 2014).↵ - Esto se condice con aquello que señalaba Carozzi (1999) acerca de los participantes del movimiento de la Nueva Era como ala terapéutico/religiosa de un macromovimiento sociocultural postsesentista, delimitado por la reivindicación de la autonomía y el rechazo a las jerarquías de autoridad. Las manifestaciones contra la guerra de Vietnam y el Mayo Francés serían los íconos del ciclo de protesta autonómico-antiautoritario. En el ámbito de las organizaciones de movimientos sociales, el macromovimiento autonómico se manifestó en nuevas organizaciones de corte menos jerárquico y más horizontal, que toman distancia de aquellas que concentran información en los niveles superiores y trasladan doctrina de arriba hacia abajo. Puede plantearse que el salto que se registra entre el macromovimiento sociocultural autonómico al que hace referencia Carozzi y la forma actual de exaltación de la autonomía tiene que ver con que el primero postuló nuevas formas de organización en red independientes de las instituciones occidentales tradicionales, mientras que la segunda se despliega a escala individual, devaluando el hacer con otros/as. ↵
- En Sociología de la felicidad. Autenticidad, bienestar y management del yo, la autora pone la lupa sobre tres formas de buscar bienestar en sociedades con incertidumbre y cambio como rasgos permanentes: 1) la construcción de un “nosotros comunitario” o “nosotros homogéneo” y la búsqueda de sentimientos de pertenencia social que resulten tranquilizadores, en countries o barrios privados; 2) el cultivo de la sensibilidad y la búsqueda de autenticidad mediante el despliegue de artefactos, arquitectura y prácticas sociales vinculadas con los valores de sofisticación y hedonismo al interior del hogar; 3) la medicalización de la vida cotidiana mediante la expansión de la medicina a esferas y problemáticas que históricamente le resultaron ajenas, y su manifestación en el consumo de psicotrópicos como medicina para el estilo de vida. Se trata de tres nichos de certeza capaces de proveer ciertas dosis de seguridad en el plano subjetivo, frente a lo incierto y hostil que pueden resultar las reglas de flexibilidad, cambio y riesgo que se expanden desde el mundo del trabajo a todas las áreas de vida de las personas. ↵
- Se hace referencia a los títulos Individuos bajo influencia. Drogas, alcohol, medicamentos psicotrópicos, de 1991, y a La fatiga de ser uno mismo. Depresión y sociedad, de 1998.↵
- Disponible en https://ich.unesco.org/en/11com.↵
- En relación con esta disciplina, se detalla en el sitio web de la fundación: “VortexHealing es un sistema holístico de transformación energética, que trabaja con conciencia y luz divinas para armonizar el cuerpo físico, transformar patrones kármicos-emocionales y despertar a nuestro Verdadero Ser. Durante la cuarentena esta actividad se puede cursar telepresencialmente y abonarla a través de la página o transferencia bancaria. Para solicitar los datos de la cuenta escribir a…”. Disponible en https://www.fundacioncolumbia.org/disciplina/47/ (año 2020).↵
- Un desarrollo más profundo sobre esta y otras estrategias de atenuación de conflictos en el marco de empresas trasnacionales se puede ver en Duer (2013).↵
- Disponible en línea: https://serviciodemedicinadelestres.com.ar/promeco/.↵
- Según datos oficiales, el crecimiento del programa ha sido constante: en 2009 (año en que comenzó a implementarse) participaron 25 mil personas en 15 sedes; en 2010, 30 mil en 17 sedes; en 2011, 35 mil en 19 sedes; en 2012, 38 mil en 20 sedes; en 2013, 40 mil en 21 sedes; en 2014, 42 mil en 23 sedes, y en 2015 fueron más de 50 mil en 26 sedes. Hacia 2016, se estimaba que un 80% de quienes habían participado del programa eran mujeres (“Se duplicaron en los últimos seis años los participantes de Plazas Activas”, 12 de junio de 2016).↵
- Término que procede del inglés, deriva de gentry, clase social histórica de composición mixta entre la baja y media nobleza inglesa. La socióloga británica Ruth Glass lo utilizó por primera vez, en 1964, al estudiar los cambios sociales que se presentaban en Londres en relación con el territorio. Los procesos de gentrificación forman parte de las implicaciones socioespaciales del capitalismo posfordista. Se desencadenan a partir de un proceso de renovación y revalorización de un área de la ciudad, donde el gobierno interviene a partir de políticas específicas que modifican algunos aspectos de la vida cotidiana. Tres factores fundamentales en torno a los que discurren los procesos de gentrificación son: a) nuevas formas de planeamiento urbano de carácter estratégico; b) la protección del patrimonio y la promoción de la rehabilitación del parque inmobiliario para la priorización de usos residenciales, y c) la instalación de instituciones de cultura como factor atrayente de nuevos estilos de vida, trabajo y consumo asociados con la denominada clase creativa (Sequera Fernández, 2017).↵






