Dada la intencionalidad más práctica que teórica o reflexiva del documento, se opta por sintetizar los aspectos que se consideran relevantes del proceso de escritura académica. Primeramente, desde el punto de vista que se sostiene en este espacio, la redacción científica es inherente a la práctica profesional. Dicho de otra manera, un/a buen/a profesional debe poder transmitir conocimiento a través de un escrito. Y, por lo tanto, esta acción es de carácter personal e indelegable. Sin embargo, puede apoyarse en todas las herramientas disponibles actualmente y que puedan crearse en un futuro. Cabe resaltar aquí la palabra “apoyar” en tanto estos recursos nunca deberían reemplazar la competencia profesional. Pero, como toda competencia, debe ser trabajada desde la formación de grado. Este punto quizás involucre un pedido o llamado de atención a las personas responsables de diseñar los planes de estudio y los procesos de evaluación a su interior. Paralelamente, los/as estudiantes deben acompañar el proceso y, por eso, son los/as destinatarios/as del libro.
En segundo lugar, lectura y escritura son dos procesos ontogenéticos que van de la mano. El caso de la escritura científica no es la excepción. Por tanto, para aprender a hacerlo bien se deben leer documentos académicos. Este acto debería implicar no solo colocar una palabra detrás de la otra, sino intentar comprender la esencia del texto científico. Su finalidad, su estructura interna, las micro estructuras que lo habitan. De esta manera, sería esperable que la capacidad de identificar estos esquemas habilite su reproducción. Y, posteriormente, puedan ser utilizados y articulados al gusto de la persona que escribe.
Tercero, se trata de un proceso que, como tal, lleva tiempo. Es una competencia que puede y debe ser desarrollada de manera incremental. Docentes y estudiantes deberían comenzar intencionalmente con trabajos de escritura más simples para luego culminar en otros más complejos como el Trabajo de Finalización de Carrera. No olvidar que durante el proceso es común experimentar emociones como angustia, ira o deseos de abandono de la tarea. Sin embargo, el producto final publicado suele ser más gratificante que las experiencias negativas.
Cuarto y último, la escritura científica tiene el objetivo de comunicar a otros/as. Nunca perder de vista que el texto tiene que ser claro, coherente y conciso. Para eso, la persona que escribe debe aliarse con la figura de escritura pública. De nada sirve un artículo que sólo pueda comprender quien emite el mensaje.
“Escribir es un oficio que se aprende escribiendo”
Simone de Beauvoir






