Representaciones y participación
de jóvenes estudiantes de escuelas
de clases altas en tiempos de polarización
(AMBA, 2015 y 2019)
Miriam Kriger e Ignacio Robba Toribio
Introducción
La relación de los jóvenes de clases altas con la política adquirió mayor interés desde fines de la primera década del milenio, signada también por “el giro hacia el neoliberalismo recargado nacido del cataclismo de la crisis financiera más grande del capitalismo global” (Kriger, 2021a: 17), y en América Latina por el fin de la ola de gobiernos neopopulistas (Buchrucker et al., 2015). En nuestro país, este movimiento comenzó con la disputa entre el gobierno y el campo en 2008 (Pucciarelli & Castellani, 2017), que
dio lugar a la gestación de un genuino antagonismo, en tanto se traspasó el grado gremial de la disputa y se la llevó a una dimensión específicamente política, sobre la base de la constitución de dos polos beligerantes con sus respectivas construcciones identitarias (Varesi, 2014: 8).
Se produjo entonces un proceso de politización polarizada (Kriger, 2021a; G. Vommaro, 2019) donde las clases altas cobraron protagonismo y visibilidad en la protesta pública, primero “sin banderas políticas” –al modo de las ciudadanías contrademocráticas (Rosanvallon, 2006)– y asumiendo luego, en buena medida, los colores partidarios de la coalición Cambiemos, especialmente del PRO. El impacto que ello tuvo sobre la politización juvenil es tal que nos permite hablar hoy no solo de jóvenes, sino de “juventudes” de clases altas, de actuaciones políticas con identidades colectivas instituidas y prácticas políticas específicas, estudiadas por diversos autores con los que dialogaremos en este artículo (Grandinetti, 2015; G. Vommaro, 2017; G. Vommaro & Morresi, 2015). Cabe en este punto mencionar como antecedente en el marco de nuestro equipo de investigación un trabajo de Kriger y Dukuen (2014) que analiza el aumento de las disposiciones políticas en clases altas, como resultado de un estudio empírico realizado en 2011 entre estudiantes de diversas clases sociales, que advirtió tempranamente –a partir de entrevistas en profundidad realizadas en un colegio de clases altas del conurbano bonaerense norte– la posibilidad de un nuevo hito fundacional de la política en jóvenes de ese sector, nacido de la experiencia reciente y directa de participación en actos de protesta (piquetes, cacerolazos) a favor del campo/contra el gobierno junto a sus familias.
En esa línea, unos años más tarde, se observó la coexistencia en la sociedad de distintas unidades generacionales superpuestas (P. Vommaro, 2011: 137), entre las cuales es posible distinguir tres, “paridas en solo dos décadas” (Kriger, 2016: 14): la de “los hijos de la democracia” (Mayer, 2009), la de “los hijos del argentinazo”, y una tercera donde se polarizan las filiaciones entre los “hijos de la década ganada” (a favor del gobierno kirchnerista) y los “hijos del conflicto del campo” (contra ese gobierno) (Kriger, 2016: 14). Es decir: generaciones constituidas en la experiencia de acontecimientos históricos nacionales, pero cuya percepción y apropiación notamos que va siendo más intervenida por la pertenencia de clase, en un contexto signado por la alta estratificación socioeconómico-territorial y una agudización de la conflictividad política. Emerge allí la nueva juventud de la coalición Cambiemos de centro-derecha –fundamentalmente del PRO (G. Vommaro & Morresi, 2015)–, en el seno de las clases altas y en el rechazo al kirchnerismo (Grandinetti, 2021), que logran, no obstante, una llegada sin precedentes no solo a las clases medias, sino también a las populares, aun cuando su core partidario se compone de facciones provenientes del mundo empresario, profesionales de ONG y dirigentes de la derecha tradicional (G. Vommaro, 2017).
En suma, como señala el análisis de la evolución del voto del PRO en CABA realizado por G. Vommaro y Morresi (2014), “aunque conquistó un electorado heterogéneo (gracias a su capacidad de capturar votos en sectores tradicionalmente esquivos a los partidos de derecha) consiguió más apoyo electoral en los distritos ricos” (380). La cristalización de estos procesos tuvo lugar en las elecciones del 2015, con implicancias históricas para la sociedad en general y nuestro campo de estudios en particular, debido a que fueron las primeras en que una parte de los jóvenes argentinos menores de edad (desde los 16 años) hicieron uso del derecho adquirido a través del “voto joven” implementado desde 2013. Su participación alcanzó el 58 % del padrón (muy alta teniendo en cuenta que en su caso era voluntaria y opcional) y los resultados[2] adicionan complejidad al desafío más amplio de comprender el triunfo del macrismo por ejemplo en la Provincia de Buenos Aires, un bastión histórico del peronismo.
La conformación de una juventud de centro-derecha con una concepción de la política basada en una matriz moral reconfigurada en términos políticos, con modalidades de activismo no tributarias de la militancia propiamente política, sino del voluntariado y el emprendimiento (G. Vommaro, 2017), una vez lograda la “conversión de los esquemas morales en disposiciones políticas” (Dukuen & Kriger, 2016), nos obliga a los investigadores también a problematizar nuestras propias nociones de “política”. Ante este reto, adoptamos una perspectiva que problematiza la confluencia entre la polarización política de la sociedad y la politización juvenil desde fines de la primera década y durante la segunda década del milenio.
En pos de ello, analizaremos resultados de dos investigaciones empíricas realizadas en 2015 y 2019 en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) con estudiantes secundarios cercanos a votar por primera vez, sobre su confianza “en la política y en los políticos”, la palabra que asocian libremente a “la política”, y su participación en manifestaciones en el espacio público. Mediante la puesta en relación de ambas investigaciones, proponemos construir una mirada diacrónica para reconocer procesos y articular diferencias, continuidades y novedades en el vínculo de jóvenes de clases altas con la política y la ciudadanía, e interpretarlos a la luz de transformaciones de las dinámicas más amplias de politización juvenil. Finalmente, esperamos que este trabajo contribuya a comprender también algunas tendencias que tomaron expresión durante la pandemia de COVID-19 en los “discursos anticuarentena” (Martínez, 2020) y en la radicalización de las nuevas derechas.
Juventudes y política en Argentina en el nuevo milenio[3]
En el campo de estudios sobre juventudes y política[4], desde una línea de investigación sobre la formación de subjetividades políticas juveniles[5], que indaga representaciones, disposiciones y experiencias de jóvenes escolarizados, adoptamos la noción de “política” como
un eje de la relación dual que los sujetos ciudadanos establecen por una parte con el proyecto común de la nación en tanto “comunidad imaginada” (Anderson, 1983) y, por la otra, con el Estado en tanto instancia presente en la cual se actualiza e instituye la existencia jurídica y la experiencia social de cada uno y entre sí. En suma: nación y Estado designan, de manera simultánea e interrelacionada, sentidos, interlocutores y agentes de los procesos de subjetivación política como integración a un mundo común, dotado de densidad histórica y potencia proyectiva (Kriger, 2017b: 25).
En cuanto a la politización, creemos que ella no alude a un punto de llegada, sino a “diversos grados y modos de complejos procesos ligados a la transformación de las sociedades en distintos tiempos y contextos, y a la conversión de los sujetos sociales en sujetos políticos que forman parte de un proyecto colectivo” (Kriger, 2017b: 24). Asimismo, y entendiendo a la/s juventud/es como “noción socio-histórica definida en clave relacional” (P. Vommaro, 2015: 17) e intersubjetiva, asumimos que los procesos de politización juvenil de las primeras dos décadas del milenio se organizan en dos dinámicas “entre dos paradigmas de Estado” (Kriger, 2021b), a saber:
- la “politización integradora” (Kriger, 2017b): entre el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) y el segundo de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011), nació con el hito del “argentinazo” del 2001 (Giarracca, 2001), tuvo su auge en el Bicentenario (2010) y conservó vigencia hasta el 2015; y
- la politización “en clave de polarización” (Kriger, 2021a: 16-17): detonada en la disputa entre el gobierno y el campo (2008) en el segundo gobierno de Cristina Fernández (2011-2015), alcanzó intensidad entre 2015-2019 con el arribo al gobierno del Bloque PRO-Cambiemos y la gestión de Mauricio Macri, y sigue vigente en la actualidad.
La primera dinámica debe ser leída a la luz de los procesos poscríticos, signada por la orientación integradora de las prácticas hacia (y no contra) el Estado y la relegitimación de la política, convergente con una creciente producción socioestatal, que, hotro el final de la década, dio lugar a una nueva “invención histórica de la juventud” (Kriger, 2016), impulsada por el Estado, mediante prácticas, discursos y políticas públicas que reconfiguran la figura del joven y de la juventud como sujeto histórico colectivo. Asimismo, la politización integradora (Kriger, 2017b) tiene como singularidad la positivización de sentidos y valores de la política en relación con las décadas previas (Kriger & Bruno, 2013), tras el “divorcio entre ciudadanía y política” en la experiencia del 2001 (Kriger, 2010); y principalmente la incorporación de lo político a la política formal, con fuerte interpelación de las juventudes (no solo de los partidos, sino de la participación activa ciudadana, por ejemplo, con la Ley 26.774/2012 de “voto joven” y la Ley 26.877/2013 de Centro de Estudiantes). Por su parte, la dinámica “en clave polarizada” toma expresión identitaria y luego electoral en tiempos del segundo gobierno de Cristina Fernández (2011-2015), que alcanzó mayor intensidad entre 2015-2019 durante la presidencia de Mauricio Macri, y continúa en la actualidad. La disputa entre el gobierno y el campo marcó el inicio de la incorporación a la política de jóvenes que aún estaban en contra o fuera de ella, no políticos y antipolíticos:
En el caso de lxs primerxs, empujadxs por la creciente polarización de la que se fue tiñendo la vida social (pública, privada, y hasta íntima); y en el de lxs últimxs, por la llegada sin precedentes que tuvo la Alianza Cambiemos –en especial el PRO– a jóvenes de distintas clases sociales (sobre todo en los extremos) (Kriger, ª021a: 20-21).
Pero, si bien está dinámica implica, por una parte, la ampliación cuantitativa de la participación juvenil y también nuevas identidades políticas, por la otra, produce un efecto doble y paradojal: la ampliación de la participación de vastos sectores de la sociedad es simultánea a una restricción de la calidad del debate y una pérdida de espacios de encuentro (G. Vommaro, 2019), por efecto de la binarización de espectro y del devenir de las emociones morales en afectos políticos (Kriger & Daiban, 2021: 33). En el plano psicosocial, la polarización en alto grado produce un quiebre de los marcos de referencia colectivos para la interacción cotidiana (Lozada, 2004).
Para abordar estos procesos, adoptamos una noción de “polarización política” (Robba, 2022) que designa el proceso dinámico y multidimensional de confrontación entre grandes grupos, diferenciándola en dos dimensiones de análisis:
- la político-institucional, basada en las diferencias entre grandes grupos de actores políticos, donde los resultados electorales pueden funcionar como un indicador de la relación entre la polarización del electorado y la de las elites políticas; y
- la dimensión político-identitaria, en donde la polarización, expresada como binarización, es una forma entre otras de articular los antagonismos que constituyen las identidades políticas.
En diálogo con los estudios políticos neoinstitucionalistas (Abramowitz & Saunders, 2008; Hetherington, 2009) y sobre identidades políticas (Aboy Carlés, 2013, 2019; Barros, 2018), asumimos una confluencia –asimétrica y no un correlato autoevidente– entre ambas en nuestro contexto de estudio. Si bien la polarización político-identitaria tiene como punto de inflexión el conflicto de 2008, la político-institucional se evidencia recién en los resultados dicotómicos de las elecciones presidenciales de 2015 y más en 2019, con una suerte de “balotaje virtual entre las dos principales fuerzas políticas” (Kriger & Robba, 2021: 159).
Aspectos teóricos y antecedentes
Este trabajo propone tres ejes temáticos de indagación, fundamentados en un marco teórico conceptual y en categorías construidas en otros estudios empíricos que fueron operativizados en la metodología del estudio:
- La confianza en la política y los políticos, teniendo en cuenta el impacto sobre la autocalificación política de los jóvenes participantes, ya que, de acuerdo a nuestros estudios (Kriger, 2010, 2017c; Kriger & Bruno, 2013), la diferenciación entre la política como práctica de construcción social y los políticos como actores históricos con alta negativización moral abre la posibilidad de una positivización de la política en clave generacional, que llamaremos “política propiamente joven”, que se distingue de la política adulta (y adultocéntrica) asociada a los políticos tradicionales.
- La palabra asociada libremente con la política, que nos permite conocer significantes y significados claves asociados a ella de modo espontáneo en los que se conjugan dimensiones morales, cognitivas, afectivas y representaciones más amplias que circulan en su medio y en el discurso social. La respuesta inmediata de la asociación libre nos coloca en una posición distinta a la argumentación (deliberativa, reflexiva), más cercana a la expresión de lo inconsciente, que en un clima de polarización revela aspectos ligados a los afectos políticos que no son alcanzados por la interpelación cognitiva.
- La participación en manifestaciones ciudadanas en el espacio público, que designa una práctica activa y colectiva en el espacio cívico-social común, que involucra la presencia y algún grado de compromiso directo. Preguntamos por la primera y la última manifestación a la que concurrieron, ya que nos interesa notar si hay eventos y trayectorias comunes o diferenciables en y entre “generaciones”, y también porque en estudios previos hemos encontrado (Kriger, 2010; Kriger & Dukuen, 2014) que la primera suele darse en relación con una decisión adulta (familia o escuela), mientras que la última suele ser reconocida como una decisión autónoma.
Considerando el ejercicio de ciudadanías de diversas intensidades (O’Donnell, 2004), y en continuidad con trabajos previos (Kriger, 2010; Kriger y Daiban, 2021; Kriger & Fernández Cid, 2012), entendemos que esta es una práctica de participación de mediana-alta intensidad. La hemos elegido porque nos interesa indagar el tipo de representación identitaria partidaria que asumen jóvenes de diversas clases sociales al involucrarse y poner el cuerpo en manifestaciones de expresión ciudadana que no transgreden ni desafían el marco de la legalidad ni el statu quo. En el contexto específico de estudio, permiten además explorar en clases altas el pasaje de la participación ciudadana a la política, particularmente la conversión en algunos jóvenes de la ciudadanía no política a la política. A propósito de ello, es preciso aclarar que optamos por utilizar la noción de “clases altas” (Dukuen & Kriger, 2016) considerando los prolíficos debates en torno a “clase alta”, “clase dominante” y “elite” (Ziegler & Gessaghi, 2012). A diferencia de otros trabajos que estudian la educación de las elites y clases altas (Fuentes, 2015; Gessaghi, 2016; Méndez, 2013; Tiramonti & Ziegler, 2008; Ziegler & Gessaghi, 2012), la socialización política en escuelas secundarias de clases altas (Dukuen, 2021a, 2021b; Dukuen & Kriger, 2016; Kriger & Dukuen, 2014, 2017), en jóvenes del PRO (Grandinetti, 2015, 2019; Vázquez & Cozachcow, 2017) o en las elites estatales (Vázquez, 2020), aquí lo hacemos focalizando el análisis en los participantes de clases altas, dentro de investigaciones en escuelas de diversas clases sociales, motivados por su protagonismo político en la última década.
Aspectos metodológicos
Este trabajo se basa en resultados parciales de dos investigaciones más amplias realizadas en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) –el mayor conglomerado urbano del país– en los años 2015 y 2019 sobre juventudes, ciudadanía y política[6]. Ambas fueron de corte comprensivo, conjugaron instancias cuantitativas y cualitativas, y se llevaron a cabo con estudiantes de escuelas secundarias (cinco y cuatro, respectivamente) de distintas clases sociales: la primera, en dos de clases altas, una de clases medias, y dos de clases bajas; y la segunda, en dos de clases bajas, una de clases medias y una de clases altas. La condición de clase se estableció en relación con el nivel socioeconómico, considerando en principio criterios clásicos como el barrio/comuna donde se ubica la escuela y su condición pública/privada, aunque teniendo en cuenta que su lectura debía complejizarse en función de transformaciones educativas y de la relación entre clase social, población y territorio urbano en las últimas décadas.
La instancia cuantitativa se implementó en 2015 (N=321) y en 2019 (N=272), en ambos casos mediante estudios descriptivos de diseño transversal, sobre estudiantes secundarios de entre 17 y 19 años de edad y de diversos géneros, que votarían ese año por primera vez en elecciones generales. Se aplicó un cuestionario[7] escrito, individual y autoadministrable en el aula presencial (una hora de clase), elaborado ad hoc para cada estudio sobre la base de una herramienta original (Kriger, 2007). Constó de entre 30 y 34 ítems, de los cuales aquí consideraremos solo tres, que fueron replicados en ambos estudios con variaciones que no modifican las categorías, a los fines de poder luego compararlos.
El primero indaga la confianza en la política y en los políticos:
¿Con cuál de estas frases estás más de acuerdo? Marcá con 1 X solo una de las siguientes opciones: 1) No creo en la política ni en lxs políticxs, 2) creo en la política, pero no en lxs políticxs, 3) creo en la política y en lxs políticxs.
El segundo interroga, de forma abierta, sobre la palabra asociada al término “política”: “Escribí la primera palabra que te vienen a la mente cuando escuchás la palabra ‘política’”. El tercero se concentra en la asistencia a manifestaciones: “¿Fuiste alguna vez a una marcha o manifestación? Marcá con una 1 X la opción que corresponda 1) SÍ 2) NO. Si respondiste que SÍ: ¿cuál fue la primera?, ¿cuál fue la última?”.
Como los ítems segundo y tercero son preguntas abiertas (sin opciones), se hizo primero una lectura y luego un trabajo interpretativo para agrupar las respuestas y cerrarlas en categorías. El análisis que presentamos es un estudio estadístico realizado con el software SPSS. Primero, presentaremos resultados generales de la muestra con todas las clases sociales para poder detectar diferencias comparativas y especificidades de las clases altas. Luego, agregaremos nuevos pasos ya solo dentro de este grupo, con el fin de profundizar el análisis y establecer relaciones entre los ítems indagados, que habiliten una interpretación de los hallazgos en vinculación con los procesos sociohistóricos más amplios de politización juvenil y polarización política del contexto de estudio.
Presentación de resultados
Eje 1: la política con y sin los políticos
La tabla 1 muestra la predominancia de la confianza relativa en la política (“creo en la política, pero no en los políticos”) en todas las clases sociales tanto en 2015 (66 %) como en 2019 (69 %). Esto nos permite decir que la confianza en “la política” es transversal cuando esta es interrogada en clave relacional con “los políticos” (volveremos sobre este punto). A su vez, esta confianza relativa en la política es mayor entre estudiantes de clases altas tanto en 2015 (78 %) como en 2019 (82 %), en comparación con estudiantes de clases bajas y medias. Ahora bien, en las clases altas disminuye la desconfianza absoluta (“no creo en la política ni en los políticos”) de 11 % en 2015 a 4% en 2019 e, inversamente, aumenta la confianza absoluta (“creo en la política y en los políticos”) de 8 % en 2015 a 14 % en 2019. Este aumento de la confianza absoluta es sumamente ilustrativo sobre la politización juvenil de clases altas en un contexto en donde disminuye entre las clases bajas y medias[8]. Entonces, si bien existe un contexto general de confianza relativa en la política, entre estudiantes de clases altas la confianza absoluta en la política se profundiza entre 2015 y 2019.
Tabla 1. Confianza en la política y en los políticos
según clases sociales. En %
2015 | ||||
Clases bajas | Clases medias | Clases altas | Total | |
No creo en la política ni en los políticos | 30 % | 18 % | 11 % | 21 % |
Creo en la política, pero no en los políticos | 61 % | 66 % | 78 % | 66 % |
Creo en la política y en los políticos | 8 % | 15 % | 8 % | 11 % |
NS/NC | 1 % | 1 % | 3 % | 2 % |
Total | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % |
N | 119 | 137 | 65 | 321 |
2019 | ||||
| Clases bajas | Clases medias | Clases altas | Total | |
No creo en la política ni en los políticos | 26 % | 24 % | 4 % | 21 % |
Creo en la política, pero no en los políticos | 68 % | 63 % | 82 % | 69 % |
Creo en la política y en los políticos | 2 % | 6 % | 14 % | 6 % |
NS/NC | 4 % | 5 % | 0 % | 4 % |
Total | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % |
N | 129 | 94 | 49 | 272 |
Fuente: elaboración propia con base en estudios empíricos en 2015 (N= 321) y 2019 (N=272).
Eje 2: asociación libre con “la política”
Cuando “la política” es interrogada en soledad, sin considerar a “los políticos”, notamos que la alta confianza hallada en el ítem anterior no se sostiene. La figura 1 nos brinda un primer acercamiento visual de estos hallazgos mediante dos nubes ilustradas con las palabras que literalmente los participantes asociaron a “la política”[9] con anterioridad a ser agrupadas en categorías (antes de la tabla 2) ni poder analizar los porcentajes debido a la elevada dispersión de frecuencias en cada muestra. Ello nos permite observar de inmediato que la palabra (literal) más elegida es “corrupción”; en 2015 le siguen “gobierno” y “debate”, y en 2019 “presidente” y “gobierno”.
Figura 1. Palabra asociada a “la política” en 2015 y 2019
2015

2019

Fuente: elaboración propia con base en estudios empíricos en 2015 (N= 321) y 2019 (N=272).
A continuación, la tabla 2 nos presenta las respuestas dentro de la muestra total, ya agrupadas en categorías analizables[10]. Veamos entonces los primeros cuatro resultados significativos (por encima del 5 %) para el total de la muestra:
- el primer puesto es para la categoría “gobierno” (32 % en 2015 y 21 % en 2019), que refiere a lo institucional: la educación cívica que enseña el funcionamiento del gobierno; es una noción de la política (Muñoz, 2004) restringida a las instituciones cívicas;
- la categoría “corrupción” (16 % en 2015 y 19 % en 2019) es la única que replica la palabra literalmente más asociada con la “política”, tomándola como un significante nodal (Žižek, 2003[1992]), vaciado, y cuyo llenado vertebra la disputa en el campo ideológico;
- la categoría “deliberación” (14 % en 2015 y 17 % en 2019) reúne diversas respuestas referidas a la práctica de la argumentación y al intercambio de opiniones políticas;
- la categoría “inmoralidad” (10 % en 2015 y 8 % en 2019) agrupa respuestas de negativización moral de la política, interpretada como algo inherente o intrínseco a ella y no como –precisamente– un problema político.
Entre las menos ponderadas, cabe, sin embargo, advertir que la categoría “insultos”, que reúne respuestas con algún grado de violencia verbal, donde no hay argumentación política ni moral, sino pura expresión directa de emociones negativas (bronca, odio), crece de un 3 % en 2015 a un 6 % en 2019. Le sigue la categoría “praxis” (3 % en 2015 y 2019), que designa palabras ligadas a la acción política y las prácticas militantes; luego la categoría “indiferencia” (2 % en 2015 y 3 % en 2019), referida a la falta total de interés en la política; y finalmente los nombres de los presidentes de la nación en cada gestión (notablemente simétrico: 3 % cada uno, el año de su propio mandato)[11].
Tabla 2. Palabra asociada a “la política” según clases sociales. En %
2015 | 2019 | |||||||
| Clases bajas | Clases medias | Clases altas | Total | Clases bajas | Clases medias | Clases altas | Total | |
Gobierno[12] | 31 % | 33 % | 34 % | 32 % | 25 % | 18 % | 16 % | 21 % |
Corrupción | 12 % | 9 % | 37 % | 16 % | 11 % | 29 % | 22 % | 19 % |
Deliberación[13] | 8 % | 19 % | 12 % | 14 % | 16 % | 18 % | 18 % | 17 % |
Inmoralidad[14] | 12 % | 9 % | 6 % | 10 % | 12 % | 3 % | 8 % | 8 % |
Insultos[15] | 5 % | 2 % | 0 % | 3 % | 6 % | 6 % | 2 % | 6 % |
Praxis[16] | 1 % | 6 % | 2 % | 3 % | 2 % | 2 % | 6 % | 3 % |
Indiferencia[17] | 3 % | 3 % | 2 % | 2 % | 4 % | 1 % | 6 % | 3 % |
Problema económico[18] | 7 % | 2 % | 0 % | 3 % | 3 % | 1 % | 0 % | 2 % |
Significados políticos[19] | 3 % | 3 % | 2 % | 2 % | 3 % | 2 % | 0 % | 2 % |
Macri | – | – | – | – | 2 % | 5 % | 2 % | 3 % |
CFK[20] | 5 % | 4 % | 0 % | 3 % | 1 % | 0 % | 2 % | 1 % |
Otros | 8 % | 4 % | 6 % | 6 % | 5 % | 2 % | 12 % | 5 % |
NS/NC | 6 % | 6 % | 0 % | 5 % | 11 % | 12 % | 4 % | 10 % |
Total | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % |
N | 119 | 137 | 65 | 321 | 129 | 94 | 49 | 272 |
Fuente: elaboración propia con base en estudios empíricos en 2015 (N= 321) y 2019 (N=272).
En síntesis, entre 2015 y 2019, disminuye en todas las clases sociales la asociación de política con “gobierno”, que, como dijimos, agrupa aspectos cívicos ligados a la política instituida: bajando del 32 % al 21 %, particularmente en clases altas (de 34 % a 16 %)[21]. Además, si hacemos el ejercicio de sumar tres categorías que puede considerarse que asocian la política con un problema moral –corrupción (de 16 % en 2015 a 19 % en 2019), inmoralidad (de 10 % a 8 %) e insultos (de 3 % a 6 %)–, la moralización de la política –que en la práctica implica una politización de la moral– se eleva 4 p.p. de 2015 (29 %) a 2019 (33 %).
Focalizándonos en jóvenes de escuelas de clases altas, destacamos que disminuye notablemente la asociación de política con “corrupción” entre 2015 (37 %) y 2019 (22 %), y mencionamos que aumentan los significados agrupados en deliberación (de 12 % a 18 %), inmoralidad (de 6 % a 8 %), praxis e indiferencia (de 2 % a 6 % en ambos casos). Esto nos lleva a proponer que la negativización de la política, asociada al significante “corrupción”, cede a favor de una positivización de la política que se expresa en el aumento de las categorías “deliberación” y “praxis”. Todo lo cual adquiere mayor relevancia cuando advertimos hasta qué punto estamos ante un proceso específico de jóvenes de clases altas, ya que, al comparar con otras clases sociales, los resultados se invierten, destacándose el importante salto de la respuesta “corrupción” entre las clases medias (de 9 % a 29 %), así como la persistencia de la asociación con corrupción (11 %) y la inmoralidad (12 %) entre clases bajas.
Eje 3: participación en manifestaciones en el espacio público
Respecto del último ítem, la tabla 3 nos muestra que solo 22 % de los estudiantes de escuelas de clases altas en 2019 participaron alguna vez de una manifestación pública, en comparación con el 47 % de las clases medias y el 36 % de clases bajas.
Tabla 3. Participación ciudadana manifestativa según clases sociales. En % (2019)
| Clases bajas | Clases medias | Clases altas | Total | |
Sí | 36 % | 47 % | 22 % | 37 % |
No | 64 % | 53 % | 78 % | 63 % |
Total | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % |
N | 129 | 94 | 49 | 272 |
Fuente: elaboración propia con base en estudio empírico en 2019 (N=272).
Podemos notar que los estudiantes de clases altas se manifiestan menos que los de clases medias y bajas, pero, además, que, cuando lo hacen, se encuentran convocados por otros tipos de marchas (ver tabla 4 y tabla 5). Mientras que en jóvenes de clases bajas y medias predominan las marchas feministas (transversales políticamente), entre los de clases altas predominan manifestaciones reactivas al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (primera marcha: 27 % “contra CFK” y 27 % “Justicia por Nisman”) y a favor del gobierno de Mauricio Macri (última marcha: 27 % “#SíSePuede”).
Tabla 4. Especificación de participación en primera manifestación
según clases sociales. En % (2019)
| Clases bajas | Clases medias | Clases altas | Total | |
Feminista[22] | 50 % | 55 % | 9 % | 47 % |
Memorias[23] | 2 % | 12 % | 9 % | 7 % |
Ambientalista[24] | 11 % | 0 % | 9 % | 6 % |
Estudiantil[25] | 2 % | 10 % | 0 % | 5 % |
Legalización de la marihuana | 9 % | 2 % | 0 % | 5 % |
Justicia por Nisman | 0 % | 0 % | 27 % | 3 % |
Marcha contra CFK | 0 % | 0 % | 27 % | 3 % |
Marcha por la democracia | 0 % | 0 % | 9 % | 1 % |
Festejo por la Revolución de Mayo | 0 % | 2 % | 0 % | 1 % |
Santiago Maldonado | 0 % | 2 % | 0 % | 1 % |
Reforma provisional | 2 % | 0 % | 0 % | 1 % |
Muerte de una amiga pidiendo “justicia” | 2 % | 0 % | 0 % | 1 % |
Atentado a la AMIA | 2 % | 0 % | 0 % | 1 % |
Derechos del trabajador, para mis padres | 2 % | 0 % | 0 % | 1 % |
Marcha Polo Obrero | 2 % | 0 % | 0 % | 1 % |
Sin especificar | 15 % | 17 % | 9 % | 15 % |
Total | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % |
N | 46 | 42 | 11 | 99 |
Fuente: elaboración propia con base en estudios empíricos en 2019 (N=272).
Tabla 5. Especificación de participación en última manifestación
según clases sociales. En % (2019)
| Clases bajas | Clases medias | Clases altas | Total | |
Feminista[26] | 41 % | 64 % | 9 % | 47 % |
Legalización marihuana | 11 % | 5 % | 0 % | 7 % |
Ambientalista[27] | 9 % | 0 % | 18 % | 6 % |
Estudiantil[28] | 4 % | 2 % | 0 % | 3 % |
#SíSePuede | 0 % | 0 % | 27 % | 3 % |
Memorias[29] | 2 % | 0 % | 9 % | 2 % |
Justicia por Nisman | 0 % | 0 % | 9 % | 1 % |
Marcha por la Democracia | 0 % | 0 % | 9 % | 1 % |
Marcha contra CFK | 0 % | 0 % | 9 % | 1 % |
Atentado a la AMIA | 2 % | 0 % | 0 % | 1 % |
Marcha del polo obrero | 2 % | 0 % | 0 % | 1 % |
No a la calle en el Parque Rivadavia | 0 % | 2 % | 0 % | 1 % |
Sin respuesta | 28 % | 26 % | 9 % | 25 % |
Total | 100 % | 100 % | 100 % | 100 % |
N | 46 | 42 | 11 | 99 |
Fuente: elaboración propia con base en estudios empíricos en 2019 (N=272).
Y en tal línea, si bien las segundas marchas más elegidas entre jóvenes de clases altas sí empiezan a repartirse entre feministas, memorias y ambientalistas, no lo hacen con la frecuencia de los de clases medias y bajas. En definitiva, los jóvenes de clases altas son quienes menos participan de las manifestaciones en el espacio público, pero, cuando lo hacen, su participación es política y reactiva –o agresivamente política–, en el marco de la polarización entre kirchnerismo y macrismo.
Figura 2. Primera y última manifestación de clases altas (2019)

Fuente: elaboración propia.
La figura 2 muestra caso por caso las primeras y últimas manifestaciones dentro del grupo de participantes de clases altas. Como se puede apreciar, en los tres casos en donde la última manifestación fue #SíSePuede durante la campaña presidencial de Macri en 2019, en dos casos la primera fue Contra CFK, y en un caso Justicia por Nisman. A su vez, en los tres casos en donde la primera fue Justicia por Nisman, las últimas fueron #SíSePuede, Justicia por Nisman y Por las 2 Vidas. En suma, estas secuencias ilustran un aspecto de la politización juvenil polarizada relativo a lo que sucede cuando las clases altas ponen el cuerpo en el espacio público: el pasaje de manifestaciones reactivas sin banderas políticas hacia manifestaciones que asumen en buena medida los colores del PRO.
Reflexiones finales
A lo largo de este capítulo, hemos querido problematizar la politización de jóvenes de clases altas en nuestro país, considerando su confluencia con la polarización política de la sociedad, de notable impacto en la politización juvenil durante la segunda década del milenio. Para ello, indagamos tres ejes de análisis a partir de los resultados de dos investigaciones empíricas realizadas con estudiantes de escuelas secundarias de diversas clases sociales del AMBA en los años 2015 y 2019, focalizándonos en las clases altas: la confianza en “la política” y “los políticos”, la palabra asociada libremente a “la política”, y la participación en manifestaciones ciudadanas en el espacio público.
Encontramos, ante todo, una positivización de la política en clave juvenil que se infiere de la alta confianza relativa en la política (creer en la política, pero no en los políticos), y en un plano interpretativo nos permite diferenciar entre la política propiamente joven –que alude a las prácticas ligadas a la construcción de la sociedad– y la política adulta –asociada a los políticos tradicionales como actores con alta negativización moral–. Ahora bien: aunque este hallazgo es general, en jóvenes de clases altas hay un aumento de la confianza absoluta en la política (creer en la política y en los políticos) entre 2015 y 2019, cuando en las otras clases sociales disminuye, lo que se conforma como un rasgo específico para este grupo, coherente con las tendencias en las dinámicas de politización juvenil señaladas. Es necesario aquí remarcar la importancia de una categoría que –aunque no está visible– vertebra nuestros dos primeros ejes: lo político (Lefort, 1992), crucial para comprender la dinámica de las transformaciones históricas, que Muñoz (2004: 13) caracteriza como “el momento de radical contingencia, donde se muestran las alternativas posibles y desaparece cualquier interpretación de necesidad histórica”, y que se diferencia de la política como “el lugar donde se ha normalizado lo político, […] donde se recrean los intercambios institucionalizados del conflicto, donde se oculta la contingencia radical del orden y se tratan de domesticar las diferencias”. Lo interesante es que, cuando observamos los resultados del primer eje, notamos que el significado que asume “la política” como primer término de la díada “la política/los políticos” parece disponerse más en relación con lo político (o al menos lo incorpora sin contradicción), mientras que el de “los políticos” encarna el significado de la política (en su versión más rechazada). Y, en cambio, en el segundo ítem, cuando se les pide que asocien libremente una palabra a “la política” como significante total, vemos cómo esa carga negativa le es reintegrada, al mismo tiempo que se difumina lo positivo de lo político.
Entonces, cuando interrogamos las asociaciones con “la política” sola (sin considerar a “los políticos”), en el plano del significado encontramos que, en todas las clases sociales, predominan las que refieren a la categoría “gobierno”, restringida al funcionamiento institucional y cívico de la política. Pero, en el plano del significante, la palabra “corrupción” es por lejos la más repetida en toda la muestra, cuyo significado está en disputa. Y, si bien entre 2015 y 2019, en todas las clases sociales, disminuye la asociación con “gobierno”, notamos un desplazamiento inverso –en espejo– entre clases sociales: esa merma parece abonar fuertemente en clases medias el aumento de la asociación con la palabra “corrupción”, y, en cambio, en clases altas y bajas, con las palabras de la categoría “deliberación”. No obstante, acaso el principal hallazgo para nuestro planteo sea la pérdida de fuerza, en este período, del significante “corrupción” entre las clases altas (a pesar de mantenerse como el significante por antonomasia de la política). Esto implica que, en los jóvenes de este grupo, la corrupción en cuanto negativización de la política cede en favor de una positivización de la política, que es coherente con el aumento de participación de los jóvenes antes alejados de la política en la dinámica de politización polarizada; y a su vez se relaciona con el aumento del tipo de confianza absoluta en la política.
Estas afirmaciones toman vuelo cuando las vinculamos con la participación en manifestaciones en espacios públicos, que, aunque es menor en los jóvenes de clases altas que en los de clases bajas y medias, cuando lo hacen muestran el pasaje –entre una y otra investigación– del rechazo reactivo al kirchnerismo hacia la adhesión activa al macrismo. Y, a diferencia de los otros jóvenes, entre cuyas elecciones predominan las marchas feministas, que son políticamente transversales, cuando los jóvenes de clases altas ponen el cuerpo en el espacio público, lo hacen actuando una dinámica políticamente polarizada. Es decir que no solo implica involucramiento en lo público, sino su politización partidaria, o el pasaje –parafraseando a Rosanvallon (2006)– de una ciudadanía de rechazo (antikirchnerista) a una ciudadanía de proyecto (a favor de Cambiemos). De modo que, en un contexto donde la corrupción aparece como un problema público (Pereyra, 2017), se pone de manifiesto que el entrelazamiento de la moral y la política es precisamente el signo de las nuevas derechas, “la conversión de los esquemas morales en disposiciones políticas” (Dukuen & Kriger, 2016), que conduce a la politización de la moral (Kriger, 2021a).
Esperamos que estas tensiones, que subyacen y vertebran aspectos claves de las dinámicas de politización juvenil, sigan siendo estudiadas más allá del marco de los estudios aquí presentados y con la pandemia como catalizador (Kriger & Robba, 2021), que ha impulsado también la resignificación de significantes asociados a la juventud –como la libertad y la rebeldía (Stefanoni, 2021)–, y cuyas implicancias entre las juventudes deben seguir siendo indagadas.
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- Capítulo realizado en el marco de los proyectos PICT-ANPCyT 2017-0661, Dir. Miriam Kriger, y PUE-CIS-IDES/CONICET 22920160100005CO.↵
- No podemos discriminar los resultados por edad, aunque se puedan inferir tendencias a partir de la incidencia de la población joven en cada distrito y en el país. Los que votaron por primera vez se suman entonces a los ciudadanos de hasta 25 años que componen una porción importante del padrón electoral (20 %), teniendo en cuenta que Argentina además pertenece al segundo continente más joven del mundo después de África. En 2019 el padrón electoral del denominado “voto joven” alcanzó una participación del 63 %. Ampliar en Informe Voto Joven (Ministerio del Interior de Argentina, 2020).↵
- En este apartado reproducimos parte del itinerario realizado en Kriger y Robba (2021).↵
- Ampliar en Chaves (2009) y P. Vommaro (2013).↵
- Actualmente con sede en el programa de investigación “Subjetividades políticas juveniles en contextos nacionales contemporáneos” del CIS-IDES, dirigido por Miriam Kriger, sede de los proyectos PICT 2012-2751 y 2017-0661, con amplia producción de sus miembros y en libros colectivos (Kriger, 2012, 2017a, 2021b). ↵
- Realizadas en el marco de los proyectos PICT 2012-2751 y PICT 2017-0661, dirigidos por la Dra. Kriger.↵
- Se trata del cuestionario “Historia, identidad y proyecto”, una herramienta metodológica producida en la tesis doctoral de Kriger (2007), que se volvió a aplicar desde entonces en años de elecciones nacionales (2011, 2015 y 2019), incorporando categorías fundamentadas de cada estudio anterior y construyendo nuevos problemas e interrogantes que vertebraron nuevos proyectos dentro de una misma línea de investigación, que contó con diversos subsidios nacionales y actualmente con un PICT tipo A para grupos consolidados (2017-0661).↵
- En clases bajas se acentúa la confianza relativa y en clases medias se profundiza la desconfianza absoluta.↵
- Es decir: restringidos a un significante, sin considerar aún asociación por significados.↵
- En todas las categorías, cerramos la multiplicidad de respuestas a partir de características en común. Debido a la polisemia de las palabras y a la imposibilidad de totalizar sus sentidos, este cierre de categorías es un ejercicio en el que caben márgenes de dudas, por lo cual explicitamos las respuestas literales en las notas al pie.↵
- “Otros” no lo analizamos, aunque es un porcentaje no tan bajo, por su heterogeneidad y en muchos casos incoherencia.↵
- Respuestas ordenadas de mayor a menor frecuencia:
En 2015: gobierno, presidente, Estado, nación, presidencia, poder, elecciones, leyes, país, control, organización, partidos políticos, políticos, cargos, carrera, diplomacia, gobernar al país, mandato, medidas, orden, orden social, manejo, poder judicial, planes, organizar, ente trasparente, reglas, representación, provincias. En 2019: presidente, gobierno, leyes, país, poder, elecciones, Estado, pueblo, presidencia, votación, votar, gobernadores, golpe, fórmula, partido, partidos políticos, representación, representantes, votos, CABA, orden, historia, dirigir, control.↵ - En 2015: debate, democracia, discusión, sociedad, responsabilidad, pueblo, derechos, debates, compromiso, decisión, derecho, diálogo, discusiones, expresión, gente, hechos con las personas, polis, recortes de la realidad, todos, social. En 2019: debate, sociedad, decisión, democracia, responsabilidad, todo, opinión, derechos, división, charla, decisiones, diferencias, expresión, intercambio, opiniones, ciudadanía, manifestar, ciudadanos, discurso, sociales, social, visiones.↵
- En 2015: mentiras, mentira, dinero, fraude, robo, robar, chantaje, abuso, desastre, un desastre, falsa, falsos, mafia, impostores, malísima, malo, tergiversar, palabrería, error, superficial, interés. En 2019: mentiras, plata, mentira, abandono, aprovechados, bardo, falsos, chamuyo, desastre, desgaste, dinero, estafa, molestia, ignorancia, robos.↵
- En 2015: sucia, chantas, decepción, asco, mugre, mierda, garcas, ratas inmundas, estafadores. En 2019: chorros, basura, mierda, macrigato, caca, cáncer, sucia, nefasta, garcas, cristinachorra.↵
- En 2015: cambios, militancia, participación, luchar, militar, pelea, participar. En 2019: generar cambios, herramienta, lucha, participación, participar, voz, capacidad.↵
- En 2015: aburrido, desinterés, lejano, traje, aburrimiento, no me importa. En 2019: no me interesa, confusión, ancianos, aburrido.↵
- En 2015: economía, inflación, crecimiento, fondos buitre, pobreza, privatización. En 2019: crisis, inflación, crisis económica, desigualdad.↵
- En 2015: justicia, ideología, ideales, ideas, ideologías, injusta, injusticia, libertad. En 2019: injusticia, injusto, justicia, ideales, ideología, integridad.↵
- En 2015: Cristina, Cristina Kirchner, Kirchner, Frente para la Victoria, Néstor Kirchner, peronismo. En 2019: Cristina, Cristina Fernández de Kirchner.↵
- Y también en clases medias (de 33 % a 18 %).↵
- Se agrupan las siguientes respuestas ordenadas de mayor a menor frecuencia: #NiUnaMenos, aborto legal, Día de la Mujer, LGBT, LGBTIQ+, Por las 2 Vidas, feminista.↵
- Se agrupan las siguientes respuestas: 24 de marzo, por el 2×1.↵
- Contiene: por el ambiente, en contra de la tala de un bosque.↵
- Se agrupan: en Callao y Corrientes por la escuela, la marcha para conseguir el boleto estudiantil, por la lucha estudiantil, no al cierre de grados de 2012, marcha por las escuelas.↵
- Contiene las siguientes respuestas ordenadas de mayor a menor frecuencia: aborto legal, #NiUnaMenos, Día de la Mujer, Por las 2 Vidas, en contra de los travesticidios, marcha LGBT, marcha feminista. ↵
- Contiene: por el ambiente, embajada de Brasil por el Amazonas, en contra de la tala de un bosque.↵
- Contiene: lucha de los colegios técnicos, por las escuelas, por la lucha estudiantil.↵
- Contiene: 24 de marzo, festejo del nieto 130.↵








