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¡Esperá! No te saltees este prefacio

Mariana Palumbo y Maximiliano Marentes

Cuando estés leyendo este libro, posiblemente frente a una pantalla, te pedimos que no te saltees este prefacio. Te aseguramos que en el libro no descubrirás nada de otro mundo, sino justamente algo tan naturalizado y banalizado como la espera. Pues, como dijo alguna vez Weber, quien quiera «ver cosas» que vaya al cine. Lo que te proponemos es que te adentres en un tema, que aunque parece a primeras simple y cotidiano, posee una multiplicidad de aristas que deben ser explicadas, definidas y estilizadas.

Las esperas, que tienen un horario del estilo 24-7, están todos los días en nuestras vidas. Esperamos un mensaje, un llamado, una confirmación. Esperamos a alguien, que lleguen varias personas, que no venga nadie. Esperamos que nos atiendan en un bar, restaurant o un negocio. ¡Ni hablar de esas esperas tan tediosas como las que tenemos que hacer para dar de baja algún servicio! Y ni hablar de aquellas que implican llamar a la compañía de telefonía celular para quejarnos que nos cobraron, nuevamente, mal. Esperar es una experiencia humana tan extendida que muchas veces la damos por sentada y nos rendimos ante ella, cuando luego de ver la larga cola que debemos hacer para que nos den el turno en la oficina pública, nos damos cuenta de que el número va recién por el 60 y tenemos —nada menos— que el 98. Suspiramos, buscamos complicidad con otras personas que estén en nuestra misma situación y repasamos mentalmente todo lo que diremos para hacer oír nuestro reclamo. Hacemos todo eso mientras no hacemos otra cosa más que —a ver si adivinaste— esperar.

Entonces, lo novedoso y esperable de este libro es, tanto como tan poco, su tema. Pierre Bourdieu, quien nos enseñó muchas cosas sobre la distinción, también nos recordaba que la eficacia de lo social es que sus dinámicas pasan desapercibidas, por algo natural que nos es dado y por lo que no debemos hacernos muchas preguntas. Al pensar las esperas como relaciones de poder y dominación, que alguien o un sistema nos está haciendo vivir, le estamos devolviendo a esas experiencias su carácter social, y por lo tanto, contingente. Es decir, mostrando que la espera no es algo natural y que merece ser problematizado.

Por eso, los aciertos de este libro compilado por Mario Pecheny y Mariana Palumbo, son muchos, pero resaltemos tres. El primero y más importante, es que el libro comprende una amplia gama de situaciones de esperas: con tan sólo ver el índice te darás cuenta. Salud, dinero y amor son tres temas que abrevan en las esperas pero que no las agotan. Cada capítulo del libro te brindará una descripción vívida de diferentes situaciones en que diferentes personas esperan, de manera ordinaria —el ya famoso “clavar el visto”—, de manera periódica —cuando personas trans se van a atender mensualmente a un hospital—, como de manera extraordinaria —como una larga espera por el trasplante de córnea—. Todas y cada una de las situaciones de espera te ayudarán a entender no sólo el modo en que las personas que esperan viven esa espera, sino y sobre todo, la forma en que esas vidas —algunas más precarias que otras, otras más temporalmente precarizadas— traccionan esas esperas en sus típicas condiciones objetivas de existencia.

Como verás, la diversidad de las esperas hace que esas experiencias, aparentemente tan ordinarias y habituales que pocas veces las ciencias sociales se han detenido a pensar en ellas, comparten algo: su especificidad. Es decir, las esperas no son vividas de una vez y para siempre de la misma manera. Las esperas son contexto-dependiente, por lo que el cómo se viven dependen no sólo del espacio social en el que tienen lugar, sino también por la complejidad del entramado social de las vidas de quienes esperan eso que esperan de quien lo esperan. Las esperas vienen a ser, volviendo a Georg Simmel quien nos habló de los sentidos, los individuos y las ciudades y hasta de la coquetería, una forma. El segundo gran aporte del libro radica en poner a las esperas en su lugar, en ponerlas en forma. De allí que el trabajo que te proponemos al leer el libro —no te preocupes, no es un trabajo tan arduo ya que el libro fluye— sea el de articular para cada capítulo el esquema gestáltico de forma y contenido.

El esquema formal de las esperas tiene un gran potencial, ya que nos permite acceder a experiencias que exceden el plano de la espera pero que la comprenden. Así, al preguntar por las esperas en el sistema de salud, nos encontramos con cosas que trascienden la mera experiencia de la espera de ese turno con tal especialista. Descubrimos, por la vía de la espera, cuáles son las normas sociales —esas que no están explicitadas, que se dan por supuestas y que están internalizadas— que estructuran las interacciones. Normas que muchas veces, porque quienes investigamos también compartimos, no podemos dilucidar. Las esperas, esas formas cotidianas, despreciadas aunque a veces recompensadas, son la puerta de entrada a esas normas.

El tercer y gran acierto de este libro es su apuesta metodológica. Como verás en la introducción y en cada uno de los capítulos (y en algunos más que en otros), hay un énfasis en la cuestión de la escena como forma de relatar lo social. La metodología de las escenas es un recurso metodológico que, para quienes hacemos investigación cualitativa en ciencias sociales, es una gran apoyo epistémico. Pedir a quien se entrevista que narre la escena con la mayor cantidad de detalles que envuelven, recubren, posibilitan y condicionan la situación —en este caso de espera— permite que nos aproximemos a las prácticas y no a la mera idealización, a que nos cuenten cómo vivieron y experimentaron el desesperado amor en ese momento y no cuál es la idea que se tiene del amor desesperado. Las escenas, además, facilitan la sistematización y el análisis de los datos. Quienes alguna vez hemos hecho entrevistas para nuestras investigaciones, al toparnos con esa gran pila de papeles que son las transcripciones, nos cuestionamos/culpamos/maldijimos —elegí el verbo que te guste— por no haber optado por otra estrategia de recolección de información ahora que se nos venía la noche (y las noches) al momento de analizar todo ese caudal de texto. Trabajar con escenas permite sistematizar y avanzar con un análisis más metódico, ordenado y hasta prolijo de los datos, liberando el potencial de dichas escenas. Por último, el trabajo con las escenas es además un recurso metodológico muy valioso a la hora de la redacción. ¿De qué manera? Justamente, describiendo las escenas. Así, los textos se enriquecen al incorporar esas narraciones escenográficas, logrando una suerte de complicidad entre quien escribe y quien lee. Al fin y al cabo, es más fácil leer una escena que armársela a partir de fragmentos inconexos que se incorporan en el texto, a veces sin otro criterio que el de respaldar objetivamente el análisis propuesto.

Por todo eso y mucho más, este libro cumple con lo prometido. Ser una puerta de acceso al mundo de las esperas, sin lograr cerrar futuras indagaciones. Es un libro que, aunque se haya hecho esperar bastante, vale la pena ser leído, discutido y releído. Nuestro deseo es que lo disfrutes. Al menos, eso es lo que con este breve prefacio esperamos.



4 comentarios

  1. Romário Vieira Nelvo 27/10/2017 12:36 pm

    Leitura para fins acadêmicos.

    • Cecilia Gomez de Leon 29/10/2017 3:03 pm

      Excelente prefacio que invita a leer el libro y comunica la profundidad y el alcance que puede tener el tema!

  2. Ivanilde 05/12/2017 10:54 am

    Excelente! Leitura obrigatória para docentes!

  3. tincho75 20/04/2024 2:28 pm

    Excelente

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