Como hemos señalado más arriba, el lanzamiento del satélite Sputnik por la Unión Soviética causó una gran conmoción en el mundo occidental. En Estados Unidos, la mirada se posó nuevamente sobre la capacidad de la comunidad científica para afrontar los desafíos planteados, en una carrera científico-militar que se veía como central para el dominio del espacio aéreo. Parte de este debate se dirigió a cómo lograr la sistematización de la información científica. Hasta ese momento la accesibilidad a la misma se había confinado al mundo de la bibliotecología. La nueva situación transformó lo que era una crisis de los bibliotecarios por no poder organizar adecuadamente la creciente información científica, en un problema de crisis nacional de información.
Se conforma entonces un comité de asesoramiento al Presidente (President’s Science Advisory Committee, PSAC), que en 1958 elabora un informe llamado “Mejorando la disponibilidad de información científica y técnica en los Estados Unidos”. El informe denominado Baker, por su presidente, William Baker, fue limitado. Después de un importante debate se resolvió no adoptar un sistema centralizado de información científica como el existente en la Unión Soviética (el VINITI, Instituto de Información Científica y Técnica) que John D. Bernal había ensalzado en su momento y se recomendó investigar la aplicación de métodos mecánicos y técnicos para procesar la información.
En 1963, un nuevo “Panel on Science Information” se creó para avanzar en estos temas. Es importante apreciar su composición. El presidente fue el experto nuclear Alvin Weinberg, director del Oak Ridge National Laboratory.[1] Otros miembros fueron: William Baker, presidente del comité de 1958 por Bell Telephone Laboratories; Karl Cohen, General Electric Company; James Crawford Jr., editor del Journal of Applied Physics; Louis Hammett, Columbia University; A. Kalitinsky, General Dynamics Astronautics; Gilbert King, IBM Research Center; William Knox, Esso Research & Engineering Company; Milton Lee, Federation of American Societies for Experimental Biology; John Tukey, Princeton University and Bell Telephone Laboratories; Eugene Wigner, Princeton University; Jay Kelly, Office of Science and Technology, Executive Office of the President.
La presencia en el mismo nivel de las empresas privadas, el gobierno y el mundo académico refleja acertadamente la articulación que es permanente en todos los sistemas burocráticos del país con resultados importantes en materia de confluencia de los intereses públicos y privados. Veremos que ello tendrá importancia en la forma de organización de la información científica que se plasmará.
En el curso de veinte años, la naturaleza de la crisis en la información científica cambió del control bibliográfico de los bibliotecarios, a un problema del científico individual tratando de hacer frente al creciente volumen de literatura, y luego a una crisis de identidad de la ciencia en general. En el prólogo del nuevo informe de la PSAC de 1963, el Presidente John F. Kennedy escribió que la ciencia se había convertido en una necesidad nacional.
Allí se señalaba que:
La ciencia y la tecnología pueden prosperar sólo si cada científico interactúa con sus colegas y sus predecesores, y sólo si todas las ramas de la ciencia interactúan con otras ramas de la ciencia; en este sentido, para ser eficaz, la ciencia debe permanecer unificada. Las ideas y datos que son la esencia de la ciencia y la tecnología se manifiestan en la literatura; para ello la literatura debe unificarse para hacer viable su utilización. Sin embargo, debido al enorme crecimiento de la literatura, existe el peligro de fragmentar la ciencia en una masa de descubrimientos repetitivos, o peor aún, en especialidades que ya no se reconocen entre sí. Esta es la esencia de la ‘crisis’ de la información científica y técnica. (PSAC, 1963).
La relevancia del comité estaba asociada a la presencia de su director, Alvin Weinberg. Después de su larga experiencia en el desarrollo nuclear un artículo suyo publicado en 1961 en Science popularizó el término “Big Science”. Esto fue una respuesta al discurso de despedida de Dwight D. Eisenhower, en la que el presidente saliente EE.UU. advirtió contra los peligros de lo que él llamó el “complejo militar-industrial” y el potencial de la “dominación de los estudiosos de la nación por el empleo federal, la asignación de proyectos, y el poder del dinero”. Weinberg comparó la empresa a gran escala de la ciencia en el siglo XX con las maravillas de la civilización anterior (las pirámides, el palacio de Versalles):
When history looks at the 20th century, she will see science and technology as its theme; she will find in the monuments of Big Science —the huge rockets, the high-energy accelerators, the high-flux research reactors— symbols of our time just as surely as she finds in Notre Dame a symbol of the Middle Ages […] We build our monuments in the name of scientific truth, they built theirs in the name of religious truth; we use our Big Science to add to our country’s prestige, they used their churches for their cities’ prestige; we build to placate what ex-President Eisenhower suggested could become a dominant scientific caste, they built to please the priests of Isis and Osiris.
El artículo de Weinberg era crítico con la forma en que la era de la Gran Ciencia podría afectar negativamente a la ciencia y planteó limitar la Gran Ciencia al sistema nacional de laboratorios, previniendo de su incursión en el sistema universitario. El gran poder de los científicos en alianza con la burocracia militar y las empresas proveedoras alcanzada durante la guerra preocupaba a estos círculos dirigentes de Estados Unidos.
Una de las recomendaciones del comité fue el desarrollo de una nueva herramienta, el índice de citas, dado que las formas tradicionales de hacer disponible la literatura para el científico estaban en situación de colapso, y por la tradición norteamericana de evitar la centralización y control estatal de estos procesos, se evitó también seguir el camino desarrollado por la Unión Soviética.
Formaba parte del mismo el genetista Joshua Lederberg (premio Nobel), que tendría un papel muy destacado en el tema, como veremos más abajo.
Esta década muestra importantes esfuerzos de los países desarrollados en que la ciencia y la tecnología se convierten en objetivos permanentes de las políticas públicas. Es la etapa de la creación, institucionalización y crecimiento de los organismos dedicados a la producción de estadísticas de la ciencia y de estudios técnicos para informar a los gobiernos sobre estas actividades. Se generan así manuales que establecen la metodología para estos estudios como el Manual de Frascati producido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) en 1962.
- Creado como una parte del Proyecto Manhattan en 1943, el Oak Ridge National Laboratory se fundó durante la Segunda Guerra Mundial cuando los científicos estadounidenses temían que la Alemania nazi desarrollaría rápidamente una bomba atómica. Construido por el Cuerpo de Ingenieros Militares de los Estados Unidos en menos de un año en un terreno agrícola aislado en las montañas de East Tennessee, Oak Ridge se convirtió en una “ciudad secreta” que en el plazo de dos años albergó a más de 75.000 residentes. El objetivo del Proyecto Manhattan era separar y producir uranio y plutonio para su uso en el desarrollo de un arma nuclear. Trabajando con nombres ficticios en el reactor de grafito de X-10, Enrico Fermi y sus colaboradores desarrollaron la primera reacción nuclear sostenida mundial, que condujo a la bomba atómica que finalizó la guerra. La implicancia del ORNL con las armas nucleares se acabó con el fin de la guerra fría. Los conocimientos científicos del Laboratorio se cambiaron en los años 1950 y 1960 en investigación pacífica en Medicina, Biología y Física. Desde 1943 Weinberg trabajó en este instituto, transformándose luego en su presidente.↵








