María Kendziur y Laura Raffo
Introducción
En este artículo indagamos las administraciones, usos, destinos y sentidos que las mujeres madres de Los Hornos -asentamiento de la ciudad de Paraná, Argentina- les asignan a los dineros de Transferencias Monetarias Condicionadas –TMC-, específicamente de la Asignación Universal por Hijo -AUH-.
Desde una posición que supera visiones instrumentalistas y que ubican al dinero como un elemento corrosivo de las relaciones sociales (Zelizer, 2011), consideramos que el mismo “se define situacionalmente” a la vez que sus significados se “renegocian permanentemente” (Parry & Bloch, 1989; p. 22 y 23). Nos preguntamos así qué sentidos construyen las mujeres sobre los dineros que ellas y otras reciben por su situación de maternidad y pobreza. El objetivo es identificar posibles conexiones entre los usos y los futuros imaginados de un grupo de mujeres madres, sin por ello dar por sentado el efecto socializador y disciplinador que en cada caso pueda tener el dinero transferido en la vida cotidiana de las personas.
Desde una perspectiva socio-antropológica, Wilkis evidencia y propone tomar distancia de aquellas perspectivas y discursos que sospechan automáticamente del uso que las clases populares hacen del dinero, especialmente cuando se trata de transferencias en efectivo de programas sociales (Wilkis, 2013). Esta perspectiva remarca la importancia de incluir al dinero en el análisis de la vida social de las personas, especialmente de aquellas que viven en condiciones de desigualdad social.
Consideramos que focalizar nuestros análisis en las acciones cotidianas de quienes perciben TMC, nos puede colocar ante un movimiento y una dinámica que las evaluaciones de impacto poco o nada alcanzan a medir, e incluso serviría de argumento para poner en dudas la necesidad misma de los condicionantes o corresponsabilidades. Dado que el uso podría estar relacionado con sentidos, historias personales y familiares, aspiraciones y deseos que no suelen tomarse en cuenta en las evaluaciones de impacto.
Las técnicas y herramientas utilizadas desde una perspectiva etnográfica fueron entrevistas, observación participante y focus group, en un período de trabajo de campo extendido entre 2017 y 2019. Cabe destacar que la posibilidad de abordar el tema de los usos con todas las mujeres de la comunidad de Los Hornos resultó una empresa inabarcable, por lo que fuimos prestando cada vez mayor atención a las expectativas, perspectivas, historias y experiencias personales de informantes claves. Fundamentalmente, el lugar que tienen los dineros transferidos en sus “aspiraciones” (Appadurai, 2015) y los “futuros” que imaginan (Beckert 2013). Optamos aquí por aclarar percepciones y prácticas de algunas de nuestras interlocutoras.
Usos, sentidos y proyección de gastos
Una de las principales Transferencias presentes en los hogares de Los Hornos es la Asignación Universal por Hijo, sin embargo, la representatividad de esta transferencia en los presupuestos familiares, es decir, el porcentaje que este dinero significa en el total de ingresos que administra una unidad doméstica no supera el 30% en los casos investigados -13 familias-. Es, por tanto, un dinero comparativamente menor frente a otros ingresos.
Según las entrevistadas el dinero de la AUH apenas alcanza para que los beneficiarios estén “más o menos bien”[1]. Calculan que “No te alcanza, pero aunque sea de algo te salva”. Las entrevistadas aclaran que “lo que sale” tener y criar a un hijo excede el monto de esta transferencia pero “ayuda”, considerando el marco de condiciones de vivienda y habitabilidad precarias que no demanda gastos significativos en servicios e impuestos.
Una de nuestras informantes claves, Romina, con la expresión “viviendo en las condiciones que estoy ahora” aclara muy hábilmente que no es lo mismo el uso y la inversión del dinero en estas condiciones de suma precariedad, que “en una casa de material” en la que hay más gastos en impuestos, servicios, etc. Dicha aclaración delata un tiempo y un espacio específico, a la vez que revela que las condiciones materiales objetivas de su habitabilidad constriñen y, simultáneamente, funcionan como escenario de prospección hacia un mejor porvenir. Es desde allí y no desde otro lugar que se construyen futuros imaginados para sus hijos y para sí. A su vez, deja entreabierta la posibilidad de que en una “casa de material” se podría usar e invertir el dinero de la AUH si esta transferencia fuera mayor.
Al momento de realizar trabajo de campo en el asentamiento, los ingresos fijos de Romina provenían de dos programas sociales. La AUH que cobra por sus tres hijos, $1.243[2] ($78,67 USD[3]) por cada uno, lo que sumaría un total de $3729 ($236,01 USD) por mes, a excepción del mes de diciembre en el que se le acreditaría el 20% retenido. Y del Hacemos Futuro –ex Ellas Hacen- por el que cobraba $3500 por mes ($221,51USD). También tiene el beneficio de la Tarjeta Social[4] de SIDECREER, con la cual puede comprar alimentos por la suma de $200 ($ 12,60USD). Su ex marido Raúl, padre de sus tres hijos y de quién lleva años separada, le pasa $1.500 ($94,94 USD) mensuales o más, dependiendo de la venta de ladrillos. Dentro de las compras que le gustaría hacer manifiesta que, si fuera por ella, se gastaría toda la plata de la AUH en botas. Aunque les dedica varios minutos a las vidrieras de zapatos de la peatonal, reconoce que ese dinero “no es suyo”, y que ese sería “un gasto inútil”.
Laura, otra de nuestras informantes claves, posee un presupuesto conformado casi en su totalidad por Transferencias Monetarias (un 91% aproximadamente). Ella logra ubicar una trayectoria de cobros sostenidos desde el inicio de su pubertad, comenzando con un ingreso municipal que se otorgaba a quienes estuvieran bajo la Línea de Indigencia. En 2018 contaba con un ingreso de aproximadamente $13.343,2 -342,1 USD del 2018 mensual– compuesto por una AUH, un Programa de Refuerzo a Estudiantes de Argentina (PROGRESAR), una Tarjeta Alimentaria, un Salario Social Complementario -SSC[5],- y algún ingreso más por venta de comida o rifas –que nunca superó los $1500 -38,4USD del 2018 al mes-, así como colaboraciones por limpieza en casa de su abuela. Al momento de conocerla queda embarazada de su segunda hija, lo que implica la gestión de la Asignación Universal por Embarazo -AUE- que recién cobra a finales de 2018. Ya al culminar ese año comienza a hablar de los préstamos que da la Asignación, pensando en continuar con la “construcción” de su casa. En 2019 saca efectivamente uno de los préstamos para comprar vestimenta de la nueva bebé-$8000, 89.42 USD del 2019-. Laura hace referencias constantes a lo que valen las cosas y a la situación económica familiar (acá andamos, secos como siempre) y evalúa el ingreso de la Asignación en función de ello. Al mismo tiempo, aunque “no le alcance para nada” es un dinero “para comprarle cosas a la nena” Se vincula con ropa, pagar alguna cuenta –por lo general vestimenta también de la niña que percibe el derecho- y alimentación de toda la familia, entrando una parte en el torrente de gastos comunes. Por otro lado, la AUH da posibilidades de descuentos en servicios de transporte, así como el acceso a líneas de crédito que son moneda corriente en el lugar.
Al hablar de usos del dinero, habla con incomodidad de aquellos que se dirigen a pagar “alguna cuenta” y en materiales de construcción, por lo cual siempre aclara que son “esfuerzos” que hace para que sus hijas “vivan mejor”. Sobre las planificaciones de sus propios gastos en relación a la AUH aparece en su discurso un deber fuerte que difícilmente se cumple cuando los dineros llegan. Un ejemplo claro fue la espera de cobro de la AUE de su segunda hija, la que iba a ser destinada en compra de ropa al nacer; dado a que el cobro se demoró, se utilizaron dineros de otras transferencias–incluso los de la AUH de su primer hija- y créditos.
En la situación de Laura observamos que para un mismo dinero escaso se manifiestan múltiples usos simultáneos que difícilmente puedan coexistir si no es a través de la compra en numerosas cuotas de montos pequeños (en general 12 o 18). Consideramos que estas diferencias entre el discurso y posibles usos pueden tener que ver también con que mes a mes existe una cierta incertidumbre sobre el presupuesto total: hay diferencias entre dineros que entran, ya sea porque se proyectó comenzar a cobrar algo que no llegó, porque se pidió un préstamo, porque se dio de baja un ingreso o por más ventas. Al mismo tiempo, retomando a Zelizer (2011) la marca de los dineros de las Transferencias Monetarias Condicionadas aparece en los discursos de las entrevistadas. Si bien los gastos reales pueden variar existe un marcaje social sobre lo que se puede decir sobre el uso de ese dinero, aunque no puedan cumplirse las expectativas.
La situación de Rocío es diferente a la de otras entrevistadas dado a que su hija vive en Santa Fe, con su padre. A pesar de estar junto a su hija algunos fines de semana Rocío cobra una AUH, lo que suponemos da lugar a una administración diferente al resto de sus vecinas. Sin embargo, en las entrevistas manifiesta que usar el dinero en un gasto propio puede generar que sus pares o vecinos/as “hablen” de ella, en un sentido moral, quizás condenatorio:
– ¿La plata de la asignación, en que se te va?
– R: “en ropa para la nena, en sí… ahora tengo que volver a comprarle una mochila, que zapatillas, que la ropa. Fijate que el guardapolvo ya se está quedando chico, comprarle un buzo azul, la remera blanca. Y no me alcanza, porque con 1.000 no haces nada”.
– ¿mientras la nena no está usas ese dinero en algún gasto personal?
– R: “No, en ella, todo para ella. Todo para la nena.”
– O sea que algo que necesites vos no, no usas esa plata.
– R: “Primero me fijo, me fijo si ella está bien de pie a cabeza [ropa y calzado], puede ser que me compre. Pero fijate que si me compro la nena no tiene para comer. Si me compro… tengo DIRECTV Prepago, que cuando la traigo ¿qué mira?, no la voy a andar molestando. Toma té, la nena tiene que desayunar a la mañana, tiene que desayunar a la tarde, comer a la noche, son cosas que…”
– ¿Y por qué vos decís que esa plata hay que usarla para ella y no para comprarte algo para vos?
– R: “Porque yo creo que debe ser para que la gente no hable de mí, a mí no me interesa que lo que digan de mí, pero a ella no.”
– ¿Te parece que esa plata viene para ella? ¿Por qué se te ocurre eso?
– R: “Porque es mi hija, no sé, me gusta verla bien. Me gusta que ella me diga “mamá, necesito un jeans, así y así” -viste que está a la moda esos jeans desgastados- “y bueno, vamos yo te lo compro”, eso me gusta. “ma, necesito unas colitas, así con moñitos”, “bueno vamos y yo te los compro”. Me gusta que mi hija me pida a mí las cosas. Que esté pendiente de mí.” (Rocío, entrevista, 16/05/17)
En el caso de Ailén, que cobra dos AUH y el SSC, también expresa marcaciones de un dinero escaso y aparece nuevamente el hecho de que su administración está signada por sospechas morales que existen entre las propias vecinas sobre los usos de estos dineros. Tanto Ailén como Rocío, proyectan expectativas habitacionales.
Ailén se sentiría “culpable” al utilizar un dinero que “es de ellos” y considera que para gastos propios tiene el Salario Complementario “que cubre sus gastos y los gastos de ellos más que nada”.
Para finalizar este punto, es preciso sintetizar tres observaciones. En primer término, tal como definimos en una publicación realizada previamente (Dapuez, A, et al, 2017), las entrevistas en profundidad nos permiten confirmar el mismo dato que emergió en el trabajo de campo con las encuestas en las filas de la ANSES:
al ser el dinero en la interface monetaria doméstica un objeto escaso, las transferencias se reincorporan inmediatamente a prácticas concretas de sobrevivencia, sobre todo evidenciables en sus usos para vestimenta y alimentación. (Dapuez, A, et al, 2017, pág. 72)
Los ingresos que se perciben son dineros escasos que deben administrar hábilmente para subsistir (Lavinas, 2014). Sin embargo y, en segundo lugar, si bien los presupuestos de las mujeres entrevistadas se componen de diferentes ingresos de montos acotados –la mayoría proveniente de Transferencias Monetarias- que vuelven difícil diferenciar sus usos, los sentidos que se proyectan sí pueden presentar distinciones. Esto aparece fundamentalmente en el temor de que se “hable” sobre cómo se utilizan los dineros, ubicando como malos gastos aquellos que no tienen que ver exclusivamente con alimento, ropa y lo que mejore las condiciones materiales de vida de los niños. Por lo general las madres que “malgastan” el dinero son descritas como mujeres a quienes “no les importan los hijos”, como están y como “salen” –porque “se la pasan afuera”, sin vigilancia- y los dineros una vez cobrados se gastan en chupi y puchos –alcohol y cigarrillos-.
En tercer lugar, la presencia de hijos hace que la utilización de los dineros que ingresan se destinen a ellos, sean los de las Asignaciones o no; los discursos de las entrevistadas dan cuenta de un deber de proyección del uso en relación a ser madres. Dicho de otra manera, los hijos o el “ser madres” justifica acciones y deslegitima “malgastos”.
Embarazarse y cobrar
No solo los usos de los dineros se juzgan entre vecinos, sino que las proyecciones que llevan a la maternidad pueden ponerse en cuestión.
Sobre nuestros intereses de estudio, consideramos que el mayor aporte de Ariel Wilkis (2013), es ofrecer una descripción de los usos de la AUH como “piezas morales”, con el objetivo de analizar y conjurar las sospechas inscriptas en los dineros de las clases populares. De esta forma, el sociólogo advierte que se establecen jerarquías morales entre quienes reciben el dinero y quienes no lo reciben, pero juzgan su uso. El ejemplo más claro lo ofrecen los medios de comunicación que destinan varias portadas y minutos de televisión, para sospechar de los usos que las familias hacen de los dineros de los programas y planes sociales. También, las sospechas se cristalizan en una idea bastante difundida, respecto de que “las mujeres pobres se embarazan por un plan”. Y no sólo en los medios de comunicación, sino entre referentes del gobierno del PRO[6] se ha escuchado decir: “Si hay más chicas embarazadas es porque hay algo para que se embaracen, que cobren una platita”[7] o “Se embarazan para cobrar planes sociales”[8]. Pero ¿qué opinan las mujeres en Los Hornos?
Durante una entrevista en conjunto con Marina y Romina vimos oportuno conversar sobre esta temática particular, lo que resultó en una charla más compleja e interesante de lo que imaginamos. Ante nuestro pedido de opinión, ambas se pusieron serias e hicieron silencio, con miradas al suelo, como concentradas. Durante este silencio, Romina agita un envase amarillo oscuro de mostaza que utiliza como azucarera, aprovechando la apertura con forma de pico que está sobre la tapa. Les gusta el mate dulce. Dicen que “llena más” y que “para amargos está la vida”. A veces le ponen hierbas aromáticas, como burro o menta. En un momento sentimos que quizás estábamos errando en la formulación de la pregunta o que tal vez, este no era un tema que a ellas las interpele tal como a nosotras:
Por fin Romina interviene diciendo:
– “Ellos ven eso… pero no ven la otra cara, que es que el chico va la escuela, y va a un médico que lo controle, sino uno no cobra eso. Mira la Marcela, ella por no llevar el chico a la escuela tiene suspendido el pago. Si el Estado fuera otro, si no le importa al Estado, se la darían igual, pero no. Hay un límite. Tampoco es que se cobra de arriba”, dijo, con el ceño fruncido. Con la intención de despejar toda duda, de haber sido claras en nuestra pregunta, insistimos:
– “¿Hay mujeres que tienen hijos para cobrar más? ¿Es más dinero por más hijos? ¿Realmente existen mujeres que planean un embarazo para cobrar más?”.
La respuesta de Romina fue contundente:
– “Eso de ninguna manera es así, es más, he escuchado de no quedar porque está todo tan caro”.
Marisa hace un gesto de afirmación sobre lo que Romina dijo. Para graficar dice Romina:
–“Imagínate un par de zapatillas, $300 la más barata”,
Marisa agrega –“¿y la ropa?”- como queriendo afirmar altos costos sobre la vestimenta para niños.
Continúa Romina –“con $900 pesos le compras un par de zapatillas…o los vestís o les das de comer”[9].
Marisa comenta: – “o te piden cosas de la escuela también, cuadernillos…”.
Romina cierra la idea comentando:
– “y sí… te alcanza, pero yendo a escuelas públicas, viviendo como vivimos, que no tenemos muchos gastos de impuestos y eso”. (Romina y Marisa, entrevista grupal, 07/09/17)
Según estas mujeres, los mayores gastos no están en la mantención de la vivienda o “ranchos” sino que se destina para “todo” o “casi todo” para los hijos, particularmente en vestimenta, calzado y útiles escolares.
Un aspecto que también consideramos importante de estas expresiones son las representaciones sobre la maternidad. Si bien esta adquiere, en cada historia de vida, un rasgo particular, ellas coinciden en que, viviendo en las condiciones precarias como viven, y según los ingresos que reciben, tener un hijo no es un hecho rentable.
Sobre los sentidos de la maternidad, en una oportunidad preguntamos a Bianca (22 años) si ella había planificado su embarazo, a lo que respondió:
– B: “Sí, si yo lo busqué a Sebastián, Mucho tiempo lo busqué porque también, pensaba que no iba a tener hijos, que nunca iba a quedar, porque a veces no me cuidaba y no quedaba embarazada. Y dejé de cuidarme y cuando no lo busqué más porque ya me cansé, llegó. Fue muy buscado, por eso te digo, ahora toda mi atención está en él. Lo busqué un montón para ser mamá”.
– ¿Qué era lo que más te gustaba de esa idea? ¿Por qué un bebé a los 22?
– B: “y para tener…, porque, por ejemplo, yo no iba a la facultad, como que me aburría mucho, no tenía nada que hacer, aparte de limpiar la casa, no tenía nada que hacer y quería algo por qué levantarme todos los días y decir: tengo que hacer esto, por ejemplo, por mi bebé.”,
– ¿Y tu carrera? ¿no? ¿No te motivaba de la misma manera?
– B: “no, porque a él lo busqué, porque yo ya había dejado la facultad por el problema que tuve, pero sí, como yo te dije, porque no tenía un motivo, porque la facultad ya no estaba, la universidad no la tenía. Entonces busqué otra cosa, para tener un motivo qué hacer todos los días, porque como que me aburría”. (Bianca, Entrevista, 06/06/18)
En este caso –que se ubicaría en los límites máximos en relación al resto, ya que son numerosos los embarazos adolescentes no deseados o no planificados- la maternidad se torna vital “quería algo por qué levantarme todos los días”. Bianca en este caso conecta maternidad con vitalidad y deseo. De la misma forma, Abril piensa en volver a estudiar desde su embarazo, siendo que dejó el secundario porque nunca le interesó la escuela, de hecho fue la primer joven en el lugar en percibir PROGRESAR y dejar de cobrarlo por abandono. Para ella, la percepción del cobro no resultaba en un estímulo suficiente para tener que asistir a un lugar en donde se “aburría”, sin embargo, con la llegada de su hijo cree que terminar la secundaria ayudaría a que ella acompañe la educación del mismo.
En el caso de Laura, ella cree que los hijos “te dan la fuerza para seguir” y la estimulan a mejorar las condiciones materiales en que vive, para poder darles “algo mejor” y que no vivan lo que ella vivió. La entrevistada relata con mucho pesar su niñez y adolescencia en un rancho en donde “no sabes si una tormenta te levanta el techo” o “se cae”.
El punto es, en primer lugar, advertir que si bien la maternidad es un hecho que según la socio-antropología está atravesado por un sinnúmero de representaciones[10], para estas mujeres no se conecta con el dinero que se transfiere por la AUH. No obstante, algunas de estas mujeres sí evalúan la situación de otras madres del asentamiento. Inclusive, como es el caso de Laura y Analía, dicen conocer vecinas que “se embarazaron para cobrar” y manifiesta no comprender el cálculo monetario realizado, siendo que los hijos te demandan mucho más gasto que lo que ingresa en dinero por ellos. En una de nuestras conversaciones sobre los deseos que llevan a la maternidad reflexionó que:
– L: Algunas sí digamos, esos que tienen seguido es por la Asignación también.
– ¿Vos decís que es por la Asignación?
– L: Por qué vos… cuantos hay que tienen seguido, que no se llevan ni 3 o ni 4, que se llevan nomas un año o que se llevan meses (…) Y no se dan cuenta que con una Asignación no te alcanza pa nada. Porque vos gastas más de lo de una Asignación para…tenés que gastar más para darle de comer, tenes que comprar pañales la leche, todo.
– Y vos pensas que eso es así, que es por la Asignación.
– L: Si. Bastante. Por cobrar la plata sí. Porque ponele hay algunos que tenes como 5 hijos, y en eso 5 ¿cuánto tenés de Asignación? Obvio que no le compran las cosas a los hijos, porque andan como crotos. Todo gasto, todo chupi, todo cigarrillo
– ¿Y vos tenes conocidas que hacen eso?
– L: Si. Por eso te lo digo.
– Ah mirá. Porque siempre parece como una cosa medio…
– L: De acá al lado, hay una que vive chupando, todo, y cobra la Asignación y todo chupi y al rato no tiene más nada. Hay como dos o tres que son así. Hay otra que tienen una nenita que se la manda a un loco de Santa Fe, que era el novio de ella, ni siquiera era el padre de la nenita y la deja con él y no le importa nada. Basta que cobra la Asignación y tenga pa chupar no le importa la hija. Siendo que ni el padre es el loco ese. (Laura, Entrevista, 07/11/2018)
Así, un cálculo de cobro con intenciones de gasto que no se dirigen al cuidado de la niñez podría ser redituable. Estos modos de juzgar las utilizaciones y proyecciones del dinero aparecen en formas de propuestas en otras entrevistadas a quienes les preocupan los usos del dinero de la AUH, como a Silvana, madre de 3 hijos y dueña de un kiosco que funciona en una de las habitaciones de su casa.
En algunas ocasiones hasta ha insinuado que en vez de dinero se deberían emitir bonos, de forma tal que el uso en vestimenta o alimentos quede asegurado, evitando otros gastos, como alcohol, cigarrillos o telefonía celular:
– S: Estaría bueno que en vez de la plata den bonos. Tomá para la ropa, tomá para la comida, que te den bonos, que te digan “bueno 1500 para ropa” que vos vayas y los gastes en ropa para tus hijos. Porque de 50 capaz que encontrás 10 como la gente, que lo gaste en sus…, no tanto es sus hijos, sino que… para dar un hogar, para darle algo bueno a sus hijos. Las otras se lo fuman, se lo drogan, se lo chupan. Falta control. (Silvana, Entrevista, 09/08/17)
Pero su visión moral cambia cuando le preguntamos si ella se imaginaba administrando bonos en vez de dinero: “¡No! para las que no lo valoran, nomás, ¡para mí no!” afirma entre gestos de negación y risas. Ella dice saber cómo se debe administrar, estableciendo dos categorías: “buenas y malas madres” y ubicándose en la primera.
Dineros maternales
Así como existen distinciones sobre usos y modos de ejercer la maternidad, también reconocemos distinciones sobre lo que implica percibir dineros por los hijos. En la situación de Silvana, al posicionarse desde un lugar que juzga otras maternidades reflexiona sobre el hecho de que el Estado transfiera dinero:
Está en eso, que vos pienses en ellos. En que vos pienses… Yo digo “qué lástima por sus propios hijos”. Encima que tienen hijos, les están pagando, por sus propios hijos, que el deber de los padres tendría que ser salir a laburar para darle a sus hijos. Porque, ¿por qué el gobierno te tiene que pagar a vos para que vos mandes a la escuela a tus hijos? si vos los tenés porque vos querés, no porque el gobierno viene y te dice “tenés que tener un hijo”. Aparte, si es plata que el gobierno la tendría que estar gastando en obras”. (Silvana, entrevista, 20/08/17)
En el otro extremo de esta opinión, Romina y Marisa que –como fue enunciado- no ven lo rentable de tener un hijo y se sienten observadas sobre sus propios gastos, reflexionan que es un reconocimiento para las mujeres recibir y administrar dineros en su labor maternal:
– “yo lo veo como un reconocimiento para mí como madre, porque por ahí cuando tenemos muchos hijos no podemos trabajar. O por ahí lo que ganamos o ganan nuestros maridos no nos alcanza”. En tanto para Marisa más que reconocimiento parece ser una retribución por la tarea materna de cuidado: “para mí es como hacer un trabajo en tu casa”. (Romina y Marisa, entrevista grupal, 07/09/17)
En esta misma línea de pensamiento, si bien Laura deseaba “no estar siempre viviendo de un plan” –haciendo referencia no solo a la AUH, sino también al PROGRESAR y al SSC- luego de nacida su segunda hija ve cada vez menos posible conseguir un trabajo que le permita sostener los cuidados como madre y hermana[11]. De hecho, manifiesta que tampoco sabría qué hacer si las actividades del SSC dejan de hacerse en el asentamiento, no sólo porque tendría que pensar en costos de colectivo, sino porque “no sabría qué hacer con las nenas”.
Los ejemplos de Romina, Marisa y Laura nos llevaron a repensar la idea de inversión en capital humano sobre la que se sostienen las TMC. En este caso, lejos de ser vivido como una inversión en “capital humano”, el dinero es aceptado como un “reconocimiento o retribución” por su tarea de cuidado. Y en relación a ello, estas mujeres se identifican mejor como beneficiarias, más que como administradoras, en tanto consideran que el Estado, al transferirles este dinero para sus hijos, está mostrando su conformidad por su tarea de cuidado, como si fuera “un trabajo en casa”.
Sobre este punto existe una amplia bibliografía sobre economía feminista que discute la idea de cuidado como “trabajo doméstico” dadas las condiciones simbólicas y materiales en que esta tarea se reproduce. El Feminismo, particularmente, aquel con base en la economía marxistas de la década del 70, se preguntaba ¿no se produce nada en el hogar? Porque si el trabajo es aquella actividad mediante la cual se producen (bienes y servicios) y en el que se cobra salario, ¿en el hogar qué se produce? ¿Cuál es la contribución del trabajo que se realiza en el hogar al conjunto del sistema económico, si consideramos que en los hogares se realizan un conjunto de actividades que no son remuneradas, que pertenecen a estas tareas domésticas y de cuidados sin las cuales no sobrevivimos cotidianamente? Así, este trabajo se denominó “trabajo reproductivo”, para distinguir el trabajo de los hogares del productivo que se realiza en el espacio social público, en el mundo del trabajo asalariado.
El trabajo (aún el informal o el precarizado) es una actividad social que se produce y reproduce en intercambios en la dimensión social, y se percibe como tal en tanto hay un dinero que resulta intermediario, es decir, en tanto exista una remuneración. En el trabajo de cuidados al interior de un grupo doméstico, en cambio, no existe un valor de intercambio cuando es realizado por un integrante del grupo (por ejemplo, la mujer); salvo cuando es tercerizado a través del empleo doméstico (también realizado por otras mujeres). Y esta invisibilización tiene que ver, entre otros aspectos, con la amalgama que se vivencia entre el trabajo de cuidados con la labor de maternaje (Rodríguez Enríquez, 2015; Girón, 2018).
La economía feminista[12] es una corriente de pensamiento preocupada por visibilizar las dimensiones de género de la dinámica económica y sus implicancias para la vida de las mujeres. Su noción de “economía del cuidado” ha contribuido a actualizar el debate feminista sobre las formas de organización de la reproducción social y a reconocer el impacto de estas en la reproducción de la desigualdad. Para esta corriente resulta cada vez más preocupante el trabajo invisibilizado y, por lo tanto, no remunerado, no contabilizado en la economía, que realizan en su gran mayoría, las mujeres-madres con el cuidado de niños y niñas.
Entonces hay varias cuestiones que se desprenden de esta conversación, que lejos de la pretensión de generalidad, abren nuevos interrogantes y complejos nudos problemáticos. Estas mujeres madres administradoras y beneficiarias de AUH hacen referencia a un reconocimiento por ese trabajo de cuidado, por un lado, pero por otro, no debemos desconocer que las TMC reproducen y refuerzan el rol de las mujeres como principales responsables del cuidado y el cumplimiento de las condicionalidades tiene su implicancia en la intensidad del uso del tiempo de las mujeres. Asimismo, el cuidado de sus hijos e hijas emerge como una actividad cotidiana naturalizada e invisible para las mujeres que depende de sus propias decisiones, esfuerzos y arreglos para llevarlo adelante, en una perpetuación de las representaciones simbólicas construidas socialmente en torno a lo femenino. Vemos también como la presencia de dineros en estas maternidades, desde la pobreza, refuerzan juicios sobre cómo ser una “buena madre”.
Sin embargo, es posible también identificar algunos “puntos de fuga”, al proponer, aunque tibiamente, que el cuidado se trata de un trabajo, que implica tiempo, ocupación y dedicación y que, por lo tanto, requiere de cierto reconocimiento[13]. Además, tal como sostiene González de la Rocha (2008) al tratarse de un dinero destinado a acrecentar el “capital humano” de los beneficiarios, las posibilidades de empoderamiento económico e independencia laboral de las madres quedarían a su vez reducidas (González de la Rocha, 2008) dado el obstáculo que ellas mismas señalan, de no poder ingresar al mercado de trabajo debido a que dedican todo su tiempo y energías a la tarea de cuidado de los hijos.
Conclusiones
A partir del trabajo de campo realizado se ha observado que las mujeres madres de esta comunidad utilizan el dinero de la AUH como un bien escaso, al mismo tiempo que sus usos pueden utilizarse como medida de valor sobre quienes lo administran.
No solo la AUH cubre “necesidades” inmediatas de los beneficiarios como comida, vestimenta y materiales escolares o necesarios para asistir a la escuela, sino que cada vez más los dineros que llegan al asentamiento se licuan con el aumento del costo de vida.
Pese a ello, pudimos reconocer cierta conexión entre inversión y expectativas habitacionales, aunque la misma se ve interpelada por juicios moralizantes y condenatorios del resto de la comunidad, que apela a la representación de “buena-mala madre” para juzgar el uso del dinero.
Este doble proceso abre las puertas de análisis para pensar los alcances de las sospechas que porta este dinero en particular. Asimismo, permite una aproximación a los complejos procesos de producción de “buena madre” que su uso genera: qué prácticas se despliegan en función de ello, de qué expectativas se dispone y cómo se usa el dinero.
Registramos un sentido atribuido al uso ligado intrínsecamente a la expectativa habitacional, la cual adquiere una relevancia estratégica dada por las propias mujeres en relación a ahorros e inversiones para edificaciones habitacionales presentes o futuras –dejando al descubierto la falta de garantías del Estado en esta materia-. Por ello cobró un interés central para este artículo los modos en que las mujeres usan, invierten, gastan, el dinero de diversas transferencias. En síntesis, nos interesamos por conocer qué multiplicidad de cuestiones se ponen en juego para llevar adelante aquello sobre lo cual se depositan las expectativas de mejoramiento de la calidad de vida y para lo cual se realizan cálculos y estimaciones significativas en las vidas cotidianas de las personas.
Si bien estos procesos hablan sobre las formas en que desde las políticas sociales se conciben a las mujeres madres- en tanto “administradoras eficientes”- también permiten especialmente dar cuenta de otras problemáticas asociadas en relación a la posición de las mujeres madres pobres frente al mercado laboral y la ficción que resulta de los programas de transferencia monetaria condicionada como él “Hacemos Futuro”, que torna inverosímil el acceso al mercado de trabajo, haciendo más difícil el acceso a una vivienda digna, por ejemplo.
La incertidumbre laboral, en este sentido, es una de las características del sistema capitalista que, tal como Robert Castel (1999) lo afirma, se debe a cambios profundos en las relaciones de trabajo -teniendo como referencia la sociedad salarial europea de mediados del siglo XX, en el que las protecciones sociales estaban garantizadas-. Al respecto dice: “hoy tenemos que enfrentarnos a la desocupación masiva, a una vuelta a la incertidumbre por el día de mañana, ya que el futuro se convirtió en algo aleatorio”. Se refiere particularmente a la precariedad del empleo como un proceso que “está reemplazando la estabilidad como régimen dominante de la organización del trabajo” (Castel, 1999, pág. 28).
En el caso de las mujeres más jóvenes entrevistadas –hasta 24 años-, la educación permanece como promesa de acceso laboral en la expectativa principal de salir de allí; aun con dificultades ligadas al cumplimiento de condiciones, la educación como expectativa de mejorar sigue apareciendo. Cabe preguntarse entonces si la educación a las que se accede da lugar al tan esperado ingreso laboral formal y estable; como describe Ferguson (2015; p.37) seguir apostando a transferencias monetarias cuyos objetivos apunten a la formación laboral en estos tiempos puede ser una forma de crear más desempleo.
Tanto Pierre Bourdieu, en obras como “La miseria del mundo” o Richard Sennett en “La corrosión del carácter” plantean que se da una relación dialéctica entre las condiciones objetivas y simbólicas de producción de subjetividad, esto es decir entre los límites o determinaciones objetivas y las esperanzas o expectativas subjetivas. A partir de ciertas constricciones o determinaciones socio-estructurales, las personas configuran un sentido de los límites subjetivos, una suerte de estimación inconsciente o “cálculo simbólico” anticipado de lo que ellos pueden o no pueden proyectar para la propia carrera social y escolar (Bourdieu P., Cosas dichas, 2000). En este sentido, si bien la determinación estructural de lo social tiñe las prospecciones de futuro, al mismo tiempo que los sujetos construyen esa experiencia como subjetivación, toman distancia de esas determinaciones.
Resulta fundamental discutir las condicionalidades de estos programas, tanto de la AUH como del Hacemos Futuro. Los juzgamientos que comprenden mayores cargas para las mujeres que viven su maternidad en la pobreza requieren una profunda discusión colectiva, condición necesaria para la construcción de conocimientos y la transformación de la realidad.
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- Si bien optamos por colocar las entrevistas realizadas por su fecha de realización, algunas frases en cursiva corresponden a expresiones nativas cuya ubicación temporal carece de sentido en tanto consideramos que forman parte del vocabulario cotidiano.↵
- Cabe aclarar que los montos en el caso de esta entrevistada corresponden a 2017.↵
- La cotización utilizada $15,80/USD corresponde a BNA tipo de cambio vendedor 16/05/2017. Actualmente la AUH/AUE que se paga mensualmente –sin el 20% retenido- son $33.20 USD.↵
- La Tarjeta Social es un monto de dinero que se otorga a personas que no cuentan con ingresos estables ni cobertura social. Puede ser otorgada por Riesgo Social y/o por Riesgo Nutricional. Durante el trabajo de campo el ingreso mensual no superó los $400 (4,47 USD al dólar actual). Es una prestación de la provincia de Entre Ríos de carácter alimentario. ↵
- El Salario Social Complementario (SSC) surge a partir de la Ley de Emergencia Social. Si bien no es un dinero que el Estado transfiera condicionado, desde el gremio de ladrilleros sí lo condicionan con trabajos en las ladrillerias y/o en las actividades pautadas y planificadas para sostener dentro o fuera del barrio, pero apelando a la voluntad de los beneficiarios, es decir de manera informal. ↵
- Es la sigla de Propuesta Republicana. Partido político argentino del cual proviene el ex presidente Mauricio Macri. ↵
- 2011, Miguel Del Sel, Cómico y ex Embajador por Cambiemos.↵
- 2016 Julián Dindart, Diputado Nacional por Cambiemos. Luego de estas declaraciones fue removido de su cargo frente a la Comisión Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Cámara Baja.↵
- Al momento de la entrevista la transferencia mensual de cada AUH era de: 996.80 (80%) ($63,08 USD a la cotización de 2017).↵
- Ver al respecto “Madre no hay una sola. Experiencias de maternidad en la Argentina” de Felitti K. 2011 Ediciones CICCUS.↵
- Ella cuida a sus hermanos más pequeños cuando su madre sale a trabajar o a realizar los talleres del Hacemos Futuro. ↵
- Existen varios trabajos al respecto, pero no podemos dejar de desconocer las primeras académicas, pioneras en estos estudios, como lo son Ester Boserup, Marianne Ferber, Julie A. Nelson, Nancy Folbre, Diane Elson y Ailsa McKay. Ellas han contribuido a desarrollar el marco de la economía feminista. El libro “Si las mujeres contaran: Una Nueva Economía Feminista” (If Women Counted) de Marilyn J. Waring, publicado en el marco de estos estudios, en 1988, resultó una crítica innovadora y sistemática del sistema de cuentas estadounidense, el estándar internacional para medir el crecimiento económico y las formas del trabajo no remunerado de las mujeres, así como el valor de su naturaleza, se han excluido de lo que se considera “productivo” en la economía.↵
- Según Fraser (1997) las luchas por reconocimiento -injusticias culturales o simbólicas-, constituyen una característica del postsocialismo, que al tener lugar en un mundo de “exageradas desigualdades materiales” va conectada al problema de la redistribución –injusticias socioeconómicas-. Como dos esferas que erróneamente se hallan disociadas. El no reconocimiento supone una injusticia cultural y/o simbólica y constituye una desvalorización injusta de identidades (Fraser, 1997, pág. 5).↵






