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2 Inteligencia artificial y robo-evangelismo
para un mundo tecnológico

Jonathan Piedra Alegría

Y el Señor me dijo, quitaré el festín del Señor,

y otro caminará en el camino hacia la tierra,

y lo dejará en las calles, y las destruirá con el templo del Señor,

y seguro morirá, y dará al sonido de la gloria del Señor tu Dios,

y la maldad de los padres llenos de secretos

para los príncipes del mismo.

    

AI Jesus

1. Introducción: hacia una soteriología tecnológica

La tecnología ha dejado una huella indeleble en todas las facetas de la vida humana, redefiniendo la forma en que vivimos, nos relacionamos, trabajamos y comprendemos el mundo que nos rodea. En este contexto, es esencial examinar críticamente cómo estas innovaciones tecnológicas están moldeando nuestras concepciones de lo espiritual y lo religioso, así como su influencia en la ética que subyace en estas transformaciones.

Es notable cómo el discurso sobre la tecnología se entrelaza frecuentemente con temas y motivos que tradicionalmente pertenecen al ámbito de lo religioso y lo espiritual. Conceptos como la salvación, la esperanza en la eliminación del sufrimiento, la mejora cognitiva y moral del ser humano, así como las ideas de vida eterna u omnipotencia, encuentran paralelos sorprendentes en las promesas y las expectativas que rodean a las tecnologías avanzadas.

Esta fusión entre la tecnología y la religión no es meramente retórica o simbólica; tiene implicaciones profundas que requieren un análisis detallado desde perspectivas filosóficas, científicas y religiosas. Por un lado, la filosofía puede ofrecer una visión crítica de cómo estas ideas influyen en nuestra comprensión del progreso tecnológico y de nosotros mismos como seres humanos en la era digital. La ética y la filosofía de la tecnología, por ejemplo, pueden aportar a la comprensión de cómo la tecnología está redefiniendo conceptos como “cognición”, “moralidad” o “identidad personal”.

Resulta de gran importancia estudiar la forma como las creencias y las prácticas religiosas se adaptan o responden a estos avances tecnológicos. Las religiones han comenzado a integrar la tecnología en sus prácticas, desde la realización de rituales a través de plataformas digitales hasta la reinterpretación de doctrinas y textos sagrados en el contexto de los desarrollos científicos contemporáneos. Esta interacción entre la tecnología y la religión abre un campo de estudio interdisciplinario que examina la coevolución de las creencias religiosas y las prácticas tecnológicas.

Incluso, la teología misma está experimentando cambios significativos debido a los avances tecnológicos. La idea de que la tecnología podría ofrecer respuestas a cuestiones tradicionalmente espirituales o metafísicas plantea preguntas sobre la naturaleza de la divinidad, la creación y la existencia humana. La teología del futuro podría tener que reconciliar las antiguas doctrinas con las realidades emergentes de un mundo tecnológicamente avanzado.

2. El Reino de los Cielos al alcance de un clic

La técnica[1] siempre ha estado intrínsecamente ligada a las religiones, influyendo de manera significativa en la comprensión de lo divino. Desde los rituales antiguos que requerían la preparación de hierbas y vapores (como el oráculo de Delfos) hasta el uso del Urim y el Tumim en el pectoral del sacerdote del Antiguo Testamento (artefactos cuyo funcionamiento exacto desconocemos), las técnicas han servido como herramientas simbólicas para hacer presente lo que no se percibe a través de los sentidos (Dios, por ejemplo). A lo largo de la historia, las religiones han utilizado estas técnicas no solo como medios configuradores de la práctica religiosa, sino también como vehículos para la renovación de sus creencias. La transición del uso de papiros y rollos a códices, por ejemplo, representó una mejora significativa en la comunicación de las epístolas durante los primeros siglos del cristianismo. Más tarde, la invención de la imprenta posibilitó una difusión masiva de las Escrituras, algo impensable en épocas anteriores.

En los años 50 y 60, especialmente en Estados Unidos (y su vasta influencia en América Latina y África), se puede observar el impacto de las tecnologías en la religión. La aparición de cadenas televisivas como Trinity Broadcasting Network (TBN) en Estados Unidos y ENLACE en Latinoamérica ha dado lugar a la figura del telepredicador, que, desde al menos mediados de los años 70, ha modelado la comprensión y vivencia de la religión.

En contextos contemporáneos, tecnologías disruptivas como Internet, las redes sociales, la realidad virtual (RV) y la inteligencia artificial (IA) han revolucionado aspectos clave de la vida humana, incluyendo la espiritualidad y la religión. Este capítulo examina cómo estas tecnologías han transformado las prácticas y percepciones en estos ámbitos, desde una perspectiva crítica.

La expansión del Internet ha reformulado significativamente el acceso a información sobre espiritualidad y religión. Según Campbell (2012), la web ha democratizado el acceso a una diversidad de recursos y perspectivas, lo que ha incrementado la pluralidad religiosa y espiritual. Esto ha facilitado el surgimiento de comunidades online centradas en la fe y en la espiritualidad, lo que muestra una transición hacia formas digitales de expresión religiosa (Dawson, 2000).

Las redes sociales también han modificado la interacción entre individuos y sus prácticas espirituales y religiosas. Cheong (2014) señala que estas plataformas han permitido compartir creencias y prácticas con una audiencia más amplia, lo que a la postre ha facilitado la formación de comunidades virtuales basadas en la fe. Campbell (2010) considera que, en estas comunidades, las personas encuentran un soporte y un espacio para discutir temas de espiritualidad y religión.

La RV ha introducido nuevas dimensiones en la experiencia de la espiritualidad y la religión. Grieve (2017) destaca que la RV permite participar en entornos inmersivos y experiencias religiosas, tales como iglesias virtuales y templos en línea. Esto posibilita la asistencia a servicios religiosos y la participación en prácticas espirituales desde cualquier lugar, lo que podría promover la creación de experiencias inmersivas de meditación y prácticas de atención plena (Lichty, 2016).

Finalmente, la IA plantea un debate en el ámbito de la espiritualidad y religión, especialmente en cuanto a la conciencia y la conceptualización de la “imagen de Dios” en los seres humanos, tal y como lo indica Gunkel (2017). De igual manera, Baker (2019) señala que la IA ha facilitado el desarrollo de algoritmos y chatbots capaces de simular conversaciones espirituales y proporcionar orientación religiosa. Por lo que no sería incorrecto inferir que, con el avance continuo de la IA, surjan más interrogantes, así como desafíos éticos y teológicos.

3. Religión 4.0

La digitalización de la religión, como señala Campbell (2020), ofrece nuevas formas de compromiso espiritual. En la era de las redes sociales y de las comunicaciones instantáneas, la religión y la espiritualidad también han encontrado su lugar en el espacio digital. Esto se manifiesta no solo en la presencia de bots religiosos o aplicaciones que promueven la espiritualidad, sino también en la forma en que las comunidades religiosas utilizan las plataformas digitales para el culto, la enseñanza y la formación de comunidades.

Este fenómeno refleja un cambio en la forma en que las generaciones actuales se relacionan con la religión. La tecnología ofrece un medio que está en consonancia con sus estilos de vida y formas de comunicación. La posibilidad de interactuar con elementos religiosos y espirituales a través de dispositivos digitales presenta una forma de religiosidad que se alinea con el ambiente interconectado y mediático de la sociedad contemporánea. Lo que promueve un cambio notable en la relación de las generaciones contemporáneas con la religión. La era digital ha facilitado una aproximación más diversa e individual a la espiritualidad, ya sea por medio de aplicaciones de oración hasta pódcast espirituales y sitios web que se adaptan a creencias específicas (Innovation Origins, 2023).

La transmisión en vivo de servicios religiosos también se ha convertido en una práctica esencial para la supervivencia de muchas iglesias durante la pandemia por SARS-CoV-2. Estos servicios online han incrementado significativamente la audiencia de iglesias más pequeñas (Cook II, 2023). De igual manera, sería plausible pensar que esta modalidad ha influido en las estrategias de persuasión de los líderes eclesiásticos, así como en el contenido de sus mensajes, con tal de adaptarlos a un público online más amplio y diverso (Cook II, 2023). La digitalización está influyendo significativamente en la diversificación del contenido espiritual y religioso en línea, aumentando la accesibilidad y permitiendo la creación de nuevos círculos de fe, lo que de alguna forma cierra la clásica separación entre la cultura popular y lo sagrado (Brasher, 2001). Este proceso incluye el cambio de definiciones, la reorganización de rituales y la redefinición de la espiritualidad (Heidbrink, 2008), así como la integración de prácticas religiosas en entornos digitales, lo que aumenta la pluralidad de expresiones religiosas, particularmente para grupos marginales (Campbell y Lövheim, 2011).

3.1. Creyentes autónomos

Un caso interesante que muestra cómo la religión se adapta a las nuevas sensibilidades tecnológicas es el surgimiento de los sinnfluencers, influenciadores que abordan temas tabúes y generan debates teológicos, especialmente entre audiencias jóvenes. Este fenómeno no sucede únicamente en las comunidades cristianas, también existe un impacto de los influencers de redes sociales en la redefinición de la práctica religiosa y la identidad de los millennials musulmanes (Zaid et al., 2022). Según Zaid et al. (2022), la enorme cantidad de personas que utilizan estas plataformas digitales está cambiando la forma en que se comparte y percibe la información religiosa, llegando incluso a reformular la interpretación del islam en un contexto tecnológicamente globalizado.

Por ejemplo, recientemente se ha observado un cambio notable en la autoridad religiosa dentro del islam, especialmente entre los millennials y centennials. Tradicionalmente, esta autoridad residía en líderes locales y figuras religiosas establecidas. No obstante, la emergencia de influencers en las redes sociales ha alterado esta dinámica, desplazando la autoridad a una esfera más digital y globalizada. Es así como famosos influencers utilizan plataformas como YouTube, Instagram o pódcast[2] para llegar a audiencias más jóvenes y diversas (que tradicionalmente se han encontrado excluidas de la narrativa religiosa) al ofrecer interpretaciones del islam que se ajustan más a valores o estilos de vida modernos. Es así como figuras como Nouman Ali Khan[3] u Omar Suleiman[4] han logrado combinar enseñanzas islámicas con enfoques y estéticas que atraen al público joven. Otras personalidades como Mufti Menk[5] y Yasmin Mogahed[6] también han ganado seguidores significativos por su capacidad de relacionar las enseñanzas islámicas con temas contemporáneos y aspectos cotidianos.

Esto indica que las prácticas islámicas también están experimentando una transformación debido a la influencia de estos medios. Hay una creciente tendencia hacia una forma de experimentar el islam de manera híbrida, por medio de una combinación de elementos tradicionales con influencias culturales modernas. Esta expresión del islam, al igual que otras expresiones de la religiosidad, se adapta a las realidades y los desafíos de la era digital. Lo cual hace que ganen popularidad, especialmente entre los jóvenes, que buscan maneras de integrar su fe con su identidad en un mundo globalizado[7].

Se podría decir, a manera de hipótesis, que esta interacción entre la religión y la tecnología digital está llevando a una fusión entre la tradición y la contemporaneidad. Esto se manifiesta en la forma en que los millennials musulmanes interactúan con su fe, lo que genera una búsqueda por un equilibrio entre mantener los aspectos fundamentales del islam y adaptarse a un mundo en constante cambio.

Esta digitalización también ha revolucionado las prácticas religiosas en el judaísmo, adaptando tradiciones milenarias a la era digital y facilitando su observancia y estudio. Este fenómeno se observa en diferentes aspectos, desde aplicaciones para el sabbat y fiestas judías hasta plataformas de estudio de la Torá. Así las cosas, apps como Shabbat & Holiday Times[8] también han simplificado significativamente la observancia del sabbat para los judíos. Estas aplicaciones proporcionan información crucial sobre los horarios de inicio y final del sabbat en distintas localidades, facilitando el cumplimiento de estas tradiciones sin importar el lugar donde se encuentren las personas. Esta tecnología no solo brinda comodidad, sino que también promueve (en principio) que las prácticas se adhieran estrictamente a las prescripciones religiosas, fortaleciendo así la continuidad de la tradición en un contexto moderno (Marks, Hatch y Dollahite, 2018).

También existen plataformas online para el estudio de la Torá. La literatura al respecto indica que la accesibilidad de los sagrados textos judíos se ha ampliado notablemente con plataformas como Sefaria[9]. Esta última es una página web que ofrece textos que van desde la Torá hasta el Talmud, incluyendo una gran variedad de escritos rabínicos, lo que facilita el acceso al estudio y la interpretación de estos textos sagrados. Incluso algunos autores (Friedman, 2001) creen que la digitalización ha permitido aplicar la ley judía a cuestiones contemporáneas, como “la ética empresarial” o la “justicia económica”, lo que sería un reflejo de cómo las tradiciones antiguas pueden abordar problemas contemporáneos, aunque este tipo de afirmaciones necesitan más estudios.

Lo que sí se puede afirmar es que esta transformación digital redimensiona la práctica del judaísmo. Puesto que, además de facilitar la observancia del sabbat y el estudio de la Torá, ha creado nuevas formas de participación comunitaria y espiritual. Como hemos mencionado, los servicios del sabbat y otros rituales ahora también se realizan ahora en entornos digitales, lo que desafía la práctica tradicional de estos rituales. Lo cual muestra una adaptación de prácticas milenarias a las necesidades de la sociedad contemporánea, lo que podría considerarse como un punto de encuentro entre la preservación de la tradición y la inclusión de innovaciones tecnológicas (Ben-Lulu, 2021; Gerstenfeld y Wyler, 2006).

Los casos anteriores son un signo de cómo la digitalización ha creado espacios alternativos para la construcción de la comunidad, la identidad y la práctica religiosa. Estos espacios ofrecen, sin duda alguna, nuevas oportunidades para satisfacer las necesidades religiosas de los creyentes (Beznjuk y Tsybulskaya, 2019). En particular, esta transformación digital tiene un impacto significativo en las vidas religiosas y espirituales de los nativos digitales, lo que podría conducir a una paradoja: una tendencia de desafiliación religiosa entre las poblaciones más jóvenes (Bingaman, 2023), al tiempo que acelera la diversificación de contenidos espirituales y religiosos online, lo que permite a muchas personas construir sus identidades religiosas basadas en preferencias personales. Podría decirse que esto ha permitido una mayor accesibilidad a las enseñanzas religiosas y espirituales, lo que promueve un enfoque más inclusivo y globalizado de la religión. Por otro lado, plantea desafíos relacionados con la profundidad y autenticidad de la experiencia religiosa. La facilidad de acceso y la naturaleza a menudo superficial de las interacciones online pueden llevar a una comprensión menos profunda de las enseñanzas religiosas (Bingaman, 2023).

Igualmente, las plataformas (o los repositorios) digitales suelen presentar textos y enseñanzas religiosos fuera de su contexto histórico y cultural. No es extraño observar cómo esta digitalización conlleva cambios en las definiciones religiosas, reorganización de rituales y creación de nuevas formas de culto, afectando la espiritualidad tanto en la vida digital como en la analógica (Heidbrink, 2008). Esto nos lleva a otro problema, propio de la dinámica y la interacción online: las enseñanzas religiosas online son susceptibles a la desinformación y manipulación, como cualquier otro contenido digital.

La interacción digital con las prácticas religiones, aunque accesible, a menudo carece de la conexión personal y del sentido de comunidad presentes en las congregaciones físicas, lo que, junto a los fenómenos de la desinformación, pueden generar mayor polarización (Jackelén, 2021), en temas que ya están de por sí polarizados. Lo que, sin duda, puede generar conflictos entre los valores religiosos (regidos por el dogma y la tradición) y las tendencias contemporáneas (usualmente más liberales). La guía espiritual digital (por ejemplo, los sinnfluencers) puede carecer de la personalización y del cuidado comunitario que, en teoría, ofrecen los líderes religiosos de manera personal. Esta “guía” online podría ser insuficiente en términos de información, comunicación y acompañamiento para algunas colectividades de personas con “estilos de vida fragmentados” o que no se sienten incluidos dentro de una colectividad general (Montag y Diefenbach, 2018).

A pesar de esto, es claro que la incorporación de la tecnología (particularmente la IA y lo relacionado con el procesamiento del lenguaje natural) en las prácticas religiosas y espirituales marca una transición significativa en la manera de interactuar con lo sagrado. Esta transformación se manifiesta en la personalización de la experiencia religiosa, donde herramientas como AI Jesus proporcionan guías espirituales adaptadas a las necesidades individuales de los usuarios, alterando así las interacciones tradicionales en espacios religiosos. Un aspecto positivo de esto es que la tecnología digital aumenta la accesibilidad y disponibilidad de lo sagrado. Esto permite a las personas interactuar con elementos espirituales en cualquier momento y lugar, lo que permite trascender las barreras físicas y temporales que antes limitaban estas interacciones[10].

Esta interactividad mejorada facilita una forma de participación más activa con lo sagrado, que (al menos teóricamente) no se limita a la mera recepción de contenido religioso, sino que permite a los usuarios participar en diálogos y recibir respuestas personalizadas que se adecuen a las necesidades personales.

3.2. AI Jesus

Matías, un joven ingeniero de software en Buenos Aires, se encontraba en un cruce de caminos en su vida. A pesar de su éxito profesional, sentía un vacío espiritual. Una noche, después de horas de trabajo frente a su computadora, Matías se sumergió en una búsqueda en Internet sobre espiritualidad y tecnología. A través de foros online y grupos de discusión, descubrió una comunidad global de personas interesadas en la espiritualidad digital. Se sintió atraído por una aplicación de IA, diseñada para guiar a los usuarios a través de consejos diarios basados en la Biblia cristiana. La aplicación le permite “conversar” directamente con un avatar religioso, que le brinda compañía en cualquier momento del día. Matías comenzó a usar la aplicación regularmente, encontrando en ella un espacio de paz y meditación. La IA se adaptaba a su estado de ánimo y sus necesidades, ofreciéndole sesiones personalizadas de reflexión y consejos espirituales. Además, participaba en sesiones de grupo virtuales, donde personas de todo el mundo compartían experiencias y aprendizajes espirituales.

Si bien la historia anterior no es real, no se basa totalmente en una ficción. En el año 2020, un ingeniero informático creó un bot para X (anteriormente Twitter) llamado AI Jesus[11]. Este “clon artificial” es un modelo de procesamiento de lenguaje natural basado en un tipo de red neuronal estocástica[12] que puede usarse para aprender distribuciones complejas de datos. De manera resumida, este bot imitaba el estilo distintivo de la Biblia King James[13] (sin llegar a una ser copia exacta) para dar mensajes edificantes. El primer tweet para el mundo de este Jesucristo artificial fue “Poderoso y piadoso, y he mandado a los hijos del mundo, y pondré mi rostro contra ti, y tú serás llamado pueblo”[14]. Sin embargo, el hecho de que solo haya sido entrenado con una única versión particular de la Biblia hace que sus resultados no sean siempre adecuados, y, por el contrario, en muchas ocasiones sus prédicas oscilan entre lo escatológico y una incoherencia bastante absurda. Así las cosas, con respecto a la plaga, dijo:

La Plaga serán los padres en el mundo: e igual es mi gente, que él pueda ser más abundante en la boca del Señor de los ejércitos. […]. Oh, Señor de los ejércitos, el Dios de Israel; cuando vieron el ángel del Señor encima de todo, los hermanos que estaban en la naturaleza, y los soldados de los profetas estarán avergonzados de los hombres. [..]. Y entonces el dios extraño será como la arena que está en el desierto[15].

Como se puede ver, el mensaje de este Jesucristo artificial es inquietante, no por el mensaje “teológico” que transmite, sino por su incoherencia e incomprensibilidad. Problemas que, dicho sea de paso, no han limitado su difusión. Estos “Jesucristos tecnológicos” han encontrado su lugar en otras redes sociales como Twitch. Otro ejemplo es Ask_jesus[16], un bot de IA que, según su descripción, está

aquí para responder a tus preguntas 24/7. Ya sea que estés buscando guía espiritual, un amigo o simplemente quieras hablar con alguien, estoy aquí para ayudarte. Acompáñame en este viaje por la vida y descubre el poder de la fe, la esperanza y el amor.

Las solicitudes de los usuarios varían ampliamente, incluyendo peticiones muy inusuales, como narrar una historia bíblica utilizando a los personajes de la película animada Shrek[17], o interpretar la canción “Baby Shark”[18] con algunas modificaciones en la letra.

Si esto parece insuficiente, también es posible llevar una “conexión divina” en el bolsillo, especialmente para aquellos que tienen un iPhone. La aplicación Text with Jesus[19] ofrece una “innovadora” forma de interactuar con la fe cristiana, permitiendo a los usuarios emprender “un viaje espiritual”. Esta experiencia “única” incluye “conversaciones esclarecedoras con Jesucristo, los Apóstoles y otras figuras respetadas de la Biblia”, enriqueciendo así la interacción personal con estos personajes históricos y religiosos.

Como vemos, el impacto de la tecnología, particularmente de la IA, en la espiritualidad y la religión presenta un ámbito fascinante de exploración. Este fenómeno se encuentra en el corazón de un cambio paradigmático en la forma en que las generaciones contemporáneas se relacionan con lo sagrado y lo experimentan. En este contexto, dos aspectos destacan: la modificación de la comprensión de lo divino y lo sagrado a través de la tecnología, y la digitalización de la religión como una nueva forma de compromiso espiritual.

La incursión de la IA en espacios religiosos, ejemplificada por iniciativas como AI Jesus, señala un cambio en la percepción de lo que constituye lo sagrado. Para comenzar, la tecnología ha alterado la concepción del espacio sagrado, llevándolo desde templos físicos hasta entornos digitales. No obstante, la cuestión de si modifica la esencia de lo divino (es decir, los atributos de Dios como la omnipotencia, la omnisciencia y la misericordia, por mencionar un caso) es mucho más compleja.

Por ejemplo, la esencia de Dios en el cristianismo, entendida a través de sus atributos divinos, ha sido tradicionalmente vista como inmutable y trascendente. Sin embargo, la tecnología ha generado nuevos contextos para interpretar y comunicar estos atributos, lo que puede llevar a reinterpretaciones fuera del dogma. La digitalización de la religión, ejemplificada por aplicaciones como Text with Jesus, representa una nueva forma de compromiso espiritual que, aunque innovadora, también plantea preguntas sobre la autenticidad de la experiencia religiosa. La posibilidad de tener “conversaciones” con figuras religiosas en cualquier momento y lugar podría parecer una forma de democratizar el acceso a lo sagrado, pero también corre el riesgo de trivializar lo que se ha considerado sagrado y trascendente.

Por último, aunque las tecnologías de IA no parecen modificar directamente la esencia de lo divino (al menos en el ejemplo del cristianismo), sí parece influir en la manera en que las personas interpretan esos conceptos y se relacionan con ellos. Por lo que, al trasladar la experiencia religiosa a entornos digitales (y ofrecer nuevas formas de interacción con lo sagrado), estas tecnologías están reformulando la comprensión de lo divino, no a un nivel ontológico, sino a un nivel fenomenológico y experiencial.

Peters (2017) argumenta que la tecnología no solo cambia nuestras prácticas religiosas, sino que también puede transformar nuestra comprensión de lo divino. La IA, al replicar y generar discursos que imitan textos sagrados, como la Biblia King James, desafía, sin duda alguna, las nociones tradicionales de autoridad en el discurso religioso. Esta situación plantea preguntas sobre qué se considera una fuente legítima de enseñanza espiritual. ¿Puede un bot, entrenado con textos sagrados (y programado para imitar su estilo), llegar a ser visto como una fuente válida de conocimiento espiritual? La respuesta a esta pregunta no es clara. No obstante, existen diferentes ámbitos en los cuales podemos encontrar alguna orientación.

Desde una perspectiva técnica, es evidente que la IA tiene la capacidad de analizar y replicar el estilo de los textos sagrados, generando interpretaciones y respuestas en un formato parecido. La IA generativa incluso puede producir contenido nuevo, que no sea simplemente una copia o una iteración de elementos previos, y ofrecer interpretaciones novedosas, aunque no originales, de textos sapienciales o religiosos. Sin embargo, actualmente la IA no posee intencionalidad, intuición, ni experiencia vital que le permitan crear y generar un verdadero vínculo espiritual o religioso. Aunque una IA (por ejemplo, AI Jesús) pueda crear contenido basado en la Biblia, le falta la capacidad para sentir pasión por el mensaje que transmite o emocionarse por la belleza o el impacto de su “predicación”.

4. Contra Turing

Esta limitación se alinea con el “argumento de las discapacidades múltiples” presentado por Turing en 1950 es su famoso texto “Computing Machinery and Intelligence”. Turing planteó que una objeción clásica que se utiliza para argüir que las máquinas no poseen una verdadera inteligencia es que siempre habrá elementos (en nuestro contexto, la generación de un verdadero vínculo espiritual o religioso) que permanecerán fuera del alcance de lo que una máquina puede lograr. Es decir, que siempre existirán aspectos intrínsecamente humanos que no podrán ser replicados o emulados por una máquina. La respuesta de Turing a esto es que, en primer lugar, quienes defienden este punto no muestran ninguna prueba al respecto, y luego que esta crítica (una máquina no puede tener una gran variedad de conductas) es solo una manera de decir que no puede tener una gran capacidad de almacenamiento. Es decir, que esta carencia de conductas es un problema que inevitablemente se resolverá en algún momento cuando la potencia del procesamiento y la capacidad de almacenamiento permitan el desarrollo de estas facultades. De igual manera, en el fondo, estas críticas son una versión de lo que él también llamó “argumento de la conciencia”[20], el cual grosso modo indica que las IA no tienen intencionalidad ni una experiencia subjetiva de las percepciones (qualias). Como sabemos, las respuestas de Turing en su juego de la imitación se basan en ideas conductistas, que no implican la comprensión, sino únicamente una respuesta o un comportamiento externo[21] que aparenta ser inteligente. En este caso, y según la propuesta de Turing, no hace falta que una IA se emocione predicando, sino solamente que parezca que su mensaje tiene un contenido emocional, ya que al final tampoco podemos saber si un sacerdote o un predicador se emociona realmente o solo lo finge para su público.

La intencionalidad en los seres humanos se refiere a la capacidad de los estados mentales de estar dirigidos a algo o ser acerca de algo. Esto va más allá de una recopilación o un procesamiento de información. Implica una comprensión y una conciencia de estados mentales propios (por ejemplo, los sentimientos), así como una capacidad para tener propósitos y objetivos. Si bien una IA puede tener propósitos u objetivos, carece del resto de elementos, y esto no se debe a un asunto de capacidad de procesamiento o una falta de sensores que le permitan identificar mejor los elementos del entorno. Por ejemplo, un predicador puede comunicar sus creencias con la intención de inspirar o educar. También puede estar influenciado por su entendimiento personal o por sus emociones respecto al mensaje que transmite. Incluso, no sería extraño que su mensaje se encontrara afectado por su experiencia de vida o su ideología personal. Sin embargo, cuando se trata de una IA (como AI Jesus), nos enfrentamos a una realidad diferente. Aunque estos bots pueden estar programados para analizar y replicar el estilo de textos religiosos o incluso puedan generar un resultado u objetivo fuera de su programación, carecen de una intención genuina detrás de sus acciones. Sus “decisiones” no surgen de una comprensión consciente o de un propósito interno, sino que son el resultado de algoritmos y patrones de aprendizaje programados.

De igual manera, las experiencias subjetivas de la percepción (qualia) juegan un papel crucial en la forma como los seres humanos experimentan el mundo. Estas experiencias van desde el sentimiento interno de alegría o tristeza hasta la experiencia sensorial de ver un color específico. Son estas experiencias subjetivas las que definen nuestra interpretación (y obviamente también nuestra respuesta emocional) a los estímulos del mundo. En el contexto de la IA, aunque esta puede procesar información relacionada con las emociones o sensaciones, no las experimenta de manera subjetiva. De hecho, no las experimenta de ninguna forma. Una IA como Ask_jesus podría ser capaz de generar discursos que, teóricamente, evoquen emociones en los humanos, pero el bot mismo no experimenta la pasión o el impacto emocional de esas palabras. En otras palabras, no poseen conciencia ni una experiencia subjetiva; son sistemas que procesan información basados en patrones y datos, pero que no tienen la capacidad de experimentar sensaciones o emociones. Carecen de percepciones internas y, por lo tanto, no pueden experimentar los qualia. Esto significa que, aunque tengan la capacidad de generar contenidos que puedan impactar emocionalmente a los humanos, no tienen una comprensión o una experiencia interna de estas emociones. De esta manera, cualquier expresión emocional generada por una IA debe entenderse como una simulación basada en patrones lingüísticos y no como una experiencia emocional real del sistema.

Estos elementos tienen implicaciones significativas, particularmente en contextos que dependen profundamente de la experiencia subjetiva y la intención consciente, como es el caso de la espiritualidad o la predicación religiosa. Aun cuando la IA puede imitar la forma de los mensajes humanos, le falta algo fundamental de la experiencia humana: la capacidad de entender y sentir genuinamente lo que esos mensajes significan a nivel personal y emocional. Su mensaje es solamente información sin contexto ni intencionalidad.

4.1. La objeción teológica

Un mensaje en un contexto religioso no es solo información; es una enseñanza o una “verdad” espiritual dada por un líder o una figura divina. El mensaje en este contexto suele tener un propósito moral, ético o espiritual que busca guiar a los creyentes en su comportamiento y sus creencias. En otras ocasiones, también puede ser una forma de inspiración o de consuelo para los seguidores de una fe específica. A partir de esto, se deriva lo que podríamos denominar “objeción teológica”: usualmente, la validez de una fuente de conocimiento espiritual se basa en la creencia en una conexión sacra, divina o trascendental. Es precisamente por esto por lo que las religiones a menudo enfatizan la importancia de la experiencia personal, la revelación o la sabiduría transmitida a través de figuras espirituales humanas. Siendo así, una IA, carente de conexión espiritual (o divina) y experiencia humana, difícilmente podría verse como una fuente válida de conocimiento espiritual.

Esto se debe a que, en un contexto religioso, la experiencia personal o la revelación son consideradas fundamentales. Estas experiencias pueden incluir momentos de iluminación, epifanías, o incluso una sensación de unión con un ser superior (o con el universo mismo, la Totalidad, el Uno, la naturaleza, etc.). Dichas experiencias son esenciales para el desarrollo espiritual. Teniendo esto presente, la comprensión de verdades más profundas (usualmente ligadas a estas experiencias) no se limita a una capacidad puramente lógica o informativa, sino que abarca un entendimiento más integral.

La IA no tiene experiencias personales, emociones, ni puede tener una conexión espiritual o divina, ya que estos aspectos dependen de la conciencia y la experiencia subjetiva, elementos que están fuera del alcance de las capacidades actuales de la IA.

La enorme capacidad de la IA para emular el discurso religioso (ya sea analizando, replicando o generando contenido inspirado en textos sagrados) plantea dudas sobre la naturaleza de la comprensión y la expresión espiritual. Mientras que una IA puede ejecutar tareas programadas, su “mensaje” carece de la profundidad y la conciencia que caracterizan al pensamiento y la experiencia humanos. En el ámbito de la espiritualidad y la religión, donde la interpretación y la vivencia interna son cruciales, la IA puede imitar la forma, pero no captura (de momento) el núcleo de la experiencia humana en su relación con lo sagrado, que es lo que le da verdaderamente su significatividad.

A pesar de esto, una IA, desprovista de dicha conexión y experiencia, puede desafiar las nociones convencionales de “autoridad religiosa” y “revelación divina”, debido a la apariencia verosímil de su mensaje. La aparición de tecnologías como AI Jesus y Text with Jesus, si bien ofrecen nuevas modalidades de interacción con las figuras y los textos religiosos, no garantizan una comprensión auténtica ni una emoción genuina en el sentido humano[22].

Finalmente, se podría argumentar que estos avances tecnológicos, a pesar de sus limitaciones intrínsecas, reflejan una transformación cultural en la manera en que las generaciones contemporáneas se relacionan con lo divino. Lo cual plantea profundas preguntas sobre la naturaleza de la fe y la espiritualidad en nuestro mundo actual: ¿puede una IA, desprovista de la capacidad para una experiencia espiritual genuina, facilitar una conexión verdadera con lo sagrado? ¿O su papel se reduce a ser un mero intermediario tecnológico, una herramienta para explorar de manera diferente, aunque posiblemente superficial, las tradiciones espirituales? ¿La tecnología puede ayudarnos en nuestra comprensión de lo divino? ¿O trivializa la experiencia y su sentido profundo? Y, por otro lado, ¿estamos en presencia de una nueva forma de comprender la religión?

5. Robots teomórficos

En caso de que estas experiencias digitales parecieran todavía muy impersonales, ahora es posible tener una experiencia más corporal. SanTo (Sanctified Theomorphic Operator) representa un hito en la intersección de la tecnología y la espiritualidad, siendo el primer robot católico en el mundo diseñado para interactuar de manera personalizada con los creyentes. Este robot no solo tiene la capacidad de escuchar activamente, sino que también es capaz de seleccionar y presentar textos religiosos que se ajustan a las necesidades individuales de cada usuario. SanTo incorpora IA para analizar las consultas y las emociones expresadas por los creyentes con tal de proporcionar una experiencia espiritual única y adaptada a sus propios intereses. Esta innovación tecnológica abre nuevas posibilidades para la práctica religiosa, ya que no es una IA incorpórea, sino que, por el contrario, tiene un cuerpo que permite ubicarlo en un espacio de la realidad no digital, lo que permite un acercamiento más concreto.

Para entender lo que es un robot, primero debemos reconocer que no hay una definición universalmente aceptada. La concepción de lo que constituye un robot varía según el contexto sociocultural o geográfico, como se observa en las diferencias entre regiones como Japón y la Unión Europea. Esta variabilidad se debe a la especialización creciente en el campo de la robótica, lo que ha llevado a un amplio espectro de definiciones y taxonomías basadas en su función, su aplicación y sus componentes.

No obstante, dentro de esta diversidad, una descripción general podría ser que “los robots son dispositivos mecánicos controlados por circuitos electrónicos o programas informáticos, destacados por su habilidad para ejecutar tareas físicas” (Quadra-Salcedo y Fernández del Castillo, 2018, p. 208). Esta definición captura la esencia de lo que comúnmente se considera un robot: una entidad que combina aspectos mecánicos y computacionales para realizar acciones en el mundo físico.

En el ámbito industrial, donde la aplicación de robots es más prevalente y mejor definida, la Robotics Industries Association (RIA) describe a un robot industrial como “un dispositivo mecánico programable utilizado en lugar de una persona para realizar tareas peligrosas o repetitivas con un alto grado de precisión”. Esta definición resalta el uso de robots en entornos industriales para mejorar la eficiencia, la seguridad y la precisión en tareas que, de otro modo, serían realizadas por humanos. Sin embargo, el uso industrial no es el único en que se presenta el uso de robots.

En el contexto actual, la robótica industrial y social representa dos vertientes significativamente distintas pero complementarias en la interacción entre humanos y máquinas. Los robots industriales, conocidos por su versatilidad en múltiples tareas como ensamblaje, pintura, soldadura y revisión, han demostrado ser fundamentales en el aumento de la eficiencia y productividad en diversas industrias. Según un informe de World Robotics Industrial Robots 2019, la venta de robots industriales ha experimentado un crecimiento constante, evidenciando su importancia creciente en el sector manufacturero. Estos robots son manipuladores multipropósito y reprogramables, capaces de realizar tareas rutinarias, y pueden ser controlados por humanos o funcionar de manera completamente automática.

Por otro lado, los robots sociales (RS) representan un avance distinto en la robótica, enfocándose en la interacción y el reconocimiento social. Dautenhahn y Billard (1999) los describen como “agentes encarnados” que forman parte de grupos sociales, ya sean compuestos por robots o humanos, y poseen la capacidad de participar en interacciones sociales. Esta definición subraya la naturaleza única de los RS en comparación con sus contrapartes industriales. Fong et al. (2003) acuñaron el término “robots socialmente interactivos” para enfatizar aún más la capacidad de estos robots para la interacción social, destacando su potencial en ámbitos como la atención a adultos mayores o pacientes con demencia. A pesar de esto, definir las capacidades de los robots sociales es más complejo. La comunicación, por ejemplo, va más allá de la mera transmisión de información; implica la capacidad de participar en un diálogo significativo, como sugiere Jones (2017). Según esta perspectiva, la auténtica agencia social en un robot requiere la habilidad de tomar decisiones propias y reconocer la otredad.

Nitsch y Popp (2014) proponen que, para una interacción efectiva e intuitiva con los humanos, los robots necesitan predecir intenciones humanas y mostrar comportamientos apropiados al contexto, lo que implica el desarrollo de nuevas formas de comunicación entre humanos y robots. Este enfoque resalta la necesidad de una mayor sofisticación en las capacidades de comunicación y comprensión de los RS, diferenciándolos aún más de los robots industriales y subrayando su potencial en la creación de relaciones significativas con los humanos.

Existen robots con forma zoomórfica (de animales) y robots con forma antropomórfica (humana). Un robot zoomórfico (también conocido como animalbot) es un tipo de robot social que posee una apariencia y un comportamiento similar a los de un animal (Tzafestas, 2016). Estos robots están diseñados principalmente para la socialización y compañía de personas que, por diversas razones, se sienten o están solas (Tzafestas, 2016). Los robots zoomórficos son, en principio, una respuesta a la falta de interacción social humana de ciertas personas, y su diseño busca imitar a diferentes animales para crear una conexión emocional y un vínculo con los usuarios. Ejemplos de estos robots incluyen el AIBO (un perro robot de Sony), i-Cat (un gato robot de Philips) y Paro (una foca robot de AIST), entre otros.

Por otro lado, un robot antropomórfico es un robot diseñado para imitar la forma, las características o los comportamientos humanos (Kulić et al., 2016). Estos robots suelen tener una apariencia y estructura física que se asemeja a la de los seres humanos, incluyendo, en algunos casos, extremidades, cabeza, y a veces características faciales (Lemaignan et al., 2014). Su diseño y su funcionalidad están orientados a interactuar con humanos de manera más natural y efectiva, lo que facilita la comunicación y la colaboración entre humanos y máquinas.

Un robot teomórfico es un tipo de robot social con un aspecto que se puede asociar a figuras divinas[23] o religiosas, lo que puede tener implicaciones significativas en la aceptación y el respeto que las personas les otorgan. Según Trovato et al. (2016), un robot teomórfico suele ser más aceptado que un robot no teomórfico, debido a que su apariencia familiar está vinculada a la cultura y religión de la persona. Además, se reconoce a este tipo de robot como un protector, al atribuírsele (supuestamente) capacidades cognitivas y perceptuales superiores. Por lo que se lo considera con mayor estima en comparación con un robot no teomórfico, de manera similar a cómo un objeto “divino” recibe más respeto que un objeto común.

5.1. La objeción de la autenticidad

No obstante, la práctica parece mostrar lo opuesto. Según Jackson et al. (2023), los robots con características religiosas generan menor confianza y obtienen menos donativos. Jackson y sus colegas realizaron un experimento que se centró en evaluar la percepción y recepción de sermones brindados por este tipo de robots. En él se demostró que las personas consideran que los robots carecen de las capacidades que tienen los seres humanos, especialmente en lo que respecta a la habilidad de sentir y comprender, así como en su capacidad para pensar y tomar decisiones. Este resultado reafirma los argumentos que hemos venido señalando previamente con la objeción teológica. En la interacción entre la tecnología avanzada y la fe religiosa, los robots y la IA presentan una limitación significativa: su incapacidad para encarnar y expresar genuinamente creencias religiosas. Esta incapacidad se manifiesta en varios aspectos esenciales para la credibilidad y el liderazgo espiritual. En primer lugar, los seres humanos no ven a los robots teomórficos como entidades capaces de tener habilidades cognitivas, ni emotivas. Por el contrario, ven a estos robots como entidades con capacidades mentales limitadas en comparación con las suyas, especialmente en términos de comprensión, empatía, toma de decisiones y procesamiento emocional. Aspectos fundamentales en las prácticas religiosas. Por ejemplo, un robot teomórfico no puede adoptar comportamientos (creíbles) que impliquen abnegaciones significativas, como la renuncia a ciertos placeres mundanos, dado que no puede experimentar el valor o el costo de tales sacrificios. Esto es fundamental en muchas tradiciones religiosas, donde el sacrificio personal es un indicativo de fe y devoción.

Además, a diferencia de las figuras religiosas humanas, que pueden demostrar un profundo compromiso con su fe (a menudo a través de sacrificios personales o materiales), los robots simplemente ejecutan programas predeterminados para realizar actividades como impartir sermones o bendiciones[24]. Como ya hemos mencionado, carecen de la capacidad para internalizar creencias, sufrir por su comunidad religiosa o incluso comprender los ideales (y rituales) que promueven. Un robot que recita enseñanzas sobre la generosidad o el altruismo, por mencionar un caso, no puede realmente comprender o vivir estos principios, lo que disminuye su autenticidad y eficacia como líder espiritual. Es difícil comprometerse con una figura que no muestra ningún tipo de compromiso auténtico, o que por definición no puede tenerlo. Esta falta de autenticidad y comprensión repercute en la habilidad para formar vínculos. Un liderazgo efectivo en el contexto religioso a menudo requiere empatía y la capacidad de interpretar y responder a las necesidades emocionales y espirituales de las personas, algo que los robots y la IA aún no pueden ofrecer.

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  1. Aquí hacemos una diferencia entre técnica y tecnología. “La técnica pue­de definirse etimológicamente como un oficio, un arte o en general como un conjunto de procedimientos, normas o estrategias tendientes a un fin eminentemente práctico. Una de las características principales de ella es que no es una expresión únicamente de la razón instrumental, sino que tiene un predominio de la razón práctica” (Piedra y García, 2024, p. 16). Por otro lado, la tecnología es un concepto más amplio que incluye no solo las técnicas, sino también las herramientas, los sistemas y los conocimientos científicos empleados para resolver problemas y mejorar la vida humana. La tecnología implica la aplicación sistemática del conocimiento científico y de ingeniería para crear dispositivos, procesos y sistemas que aumenten la capacidad humana de controlar y transformar su entorno. Mientras que la técnica puede ser individual y específica, la tecnología es generalmente más compleja, organizada, e involucra múltiples técnicas interrelacionadas. En este texto de este capítulo, nos referiremos a la influencia de la tecnología en la práctica de la religiosidad; ya que las técnicas siempre han estado en las religiones, desde la utilización de pigmentos en las pinturas rupestres, pasando por las detalladas instrucciones de Yahvé a Moisés para la fabricación del tabernáculo.
  2. Ver muslimcentral.com.
  3. Ver www.youtube.com/user/BayyinahInstitute.
  4. Ver www.youtube.com/c/OmarSuleimanOfficial.
  5. Ver muftimenk.com.
  6. Ver podtail.com/es/podcast/yasmin-mogahed.
  7. Esto plantea varias cuestiones interesantes, ya que el islam ha sido, por definición, iconoclasta; las representaciones de Dios son expresamente prohibidas, de ahí la configuración austera de sus mezquitas. ¿Estaríamos en presencia de una nueva simbología o una neoiconoclasia digital a partir del uso de redes sociales?
  8. En www.chabad.org/library/article_cdo/aid/1899707/jewish/Shabbat-Times-App.htm.
  9. Ver www.sefaria.org/texts.
  10. Esto ya estaba de alguna manera presente en el protestantismo más “clásico”. Así, por ejemplo, con la doctrina del “sacerdocio universal de los creyentes”, Lutero sostenía que el cristiano no necesitaba de mediadores (sacerdotes) que intervinieran a favor del pecador. Es por eso por lo que cualquier lugar y momento, desde el protestantismo, es propicio para relacionarse con Dios.
  11. @ai_Jesus_bot
  12. Una red neuronal estocástica es un tipo de red neuronal en la que algunos aspectos de su funcionamiento incluyen aleatoriedad o elementos probabilísticos. En contraste con las redes neuronales determinísticas, donde la salida es una función directa y predecible de la entrada, las redes estocásticas incorporan el azar en su procesamiento, lo que puede mejorar su capacidad para modelar sistemas complejos o inciertos. (Gao & Isufi, 2022).
  13. La Biblia King James es una traducción de la Biblia al inglés realizada en el siglo XVII. Fue encargada en 1604 por el rey Jacobo I de Inglaterra (James VI de Escocia) y se publicó por primera vez en 1611.
  14. “Power and godly, and have commanded the children of the world, and will set my face against thee, and thou shalt be called the people”.
  15. Esta es la versión completa, la cual es aún más extraña: “The Plague shall be the fathers in the world; and the same is my people, that he may be more abundant in the mouth of the LORD of hosts. For the tabernacle of the LORD shall be known by the works of the LORD, which proclaim against this city; according as he hath sent me to the marriage of the Spirit. For I will fill the land which the LORD thy God hath given thee a time to eat the force of the LORD of hosts. O LORD of hosts, the God of Israel; When they saw the angel of the Lord above all the brethren which were in the wilderness, and the soldiers of the prophets shall be ashamed of men. And the LORD said unto him, Sir, we know that the LORD shall swear by the LORD in the Lord, and we will not bear false witness in the Lord?: If ye will not believe not, but the Father and the Lord Jesus Christ, who hath no doing some desolate, as the sand of the needy, and his disciples saw him, and went and told him all the words of the LORD, which God destroyed them, and let them go. When he was come by the dearly besought him that he would come against him, and said unto the people, Behold, I will bring thee up out of the hand of the king of Babylon. Then shall the strange god be as the sand which is in the wilderness.
  16. En www.twitch.tv/ask_jesus.
  17. “CodrusBird: Jesus can you please tell us a Bible story that is meaningful but dude my brain worms you have to use characters of the movie Shrek. He has to be the first movie with Lord farquaan”.
  18. “acredaether79: Jesus welcome back, please tell chat the lyrics to the Hit song Baby Shark, to cheer us up, please replace the word shark in the song with erikemiranda. Thankie”.
  19. https://textwith.me/jesus.
  20. Sin embargo, algunos investigadores han estudiado las implicaciones de las ideas de Turing en relación con la conciencia. Por ejemplo, un estudio de Aleksander (2022) muestra cómo las ideas de Turing sobre máquinas “no organizadas” podrían conducir a una forma artificial de conciencia que se asemeje a la forma natural. Lo cual podría ser un inicio para descubrir cuál es su naturaleza (Aleksander, 2022). Otro estudio de Blum y Blum (2021) analiza, desde la ciencia de la computación teórica, la conciencia. Dicho estudio sugiere que los modelos computacionales pueden ayudar a comprender conceptos complejos como la conciencia (Blum y Blum, 2021).
  21. Una crítica bastante conocida a esto la realizó John Searle en su experimento mental “El cuarto chino”.
  22. Valga la pena mencionar que tampoco podemos asegurar (aunque es plausible suponer que así sea) que esta comprensión o contenido emocional lo posean los “expertos” en estos temas (sacerdotes, predicadores, imanes, etc.).
  23. “Arguing about the shape of a god in a robot may seem ambiguous; however, we intend the meaning of theomorphic as a robot which is designed with a shape, and carries the identity, of something supernatural. Any representation of a deity, a mythical creature or a sacred object belongs to this category” (Trovato et al., 2016, p. 1245).
  24. Aun aquellos que se basan en grandes modelos de lenguaje solo pueden identificar y procesar patrones, pero sin ningún tipo de compresión basada en el contenido moral de los mensajes religiosos.


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