[…] las luchas, sobre todo cuando son amplias y se generalizan, cuando tendencialmente impugnan elementos centrales del orden de cosas existente, cuando se masifican y fortalecen, ellas mismas abren sus propias perspectivas, se reinventan a cada momento y delinean horizontes de transformación política posibles.
Raquel Gutiérrez Aguilar, 2017
En este trabajo se profundiza dentro del área de la psicología social comunitaria en el campo de entrecruzamiento de los procesos de participación política, la producción de subjetividad, los movimientos sociales (urbanos y rurales) y el género.
La justicia de género como parte de la justicia social es un concepto utilizado en relación con los proyectos de emancipación que suscitan cambios legales y culturales o promueven un proceso de participación de las mujeres. Así, la justicia de género debe tanto abordar la dimensión económica de las desigualdades, como enfrentar las normas y los patrones culturales que asignan a las mujeres un estatus inferior en la interacción social (Riquelme y Barrientos, 2014).
En América Latina, las mujeres y las niñas atraviesan diversas situaciones de vulnerabilidad de derechos. Esta vulnerabilidad está estrechamente ligada a las cuestiones de género y en particular a las relaciones de sometimiento y subordinación, es decir, de violencia material y simbólica contra las mujeres. Los obstáculos en la construcción de relaciones más igualitarias entre mujeres y hombres contribuyen a la permanencia de estereotipos y desigualdades que requieren interrogación desde una perspectiva crítica de género. Las mujeres suelen ser las personas más afectadas, en comparación con los hombres, por la pobreza, el cambio climático, la inseguridad alimentaria, la falta de atención sanitaria, y las crisis económicas mundiales (en lac.unwomen.org). Entre las fuentes de vulnerabilidad que atraviesan, se destacan el racismo, la xenofobia, la violencia, la falta de acceso a servicios sociales básicos, y el riesgo de deterioro de la salud reproductiva, que se agudizan debido a las desigualdades de género (Longo, 2013). Además de la persistencia de situaciones de discriminación y violencia sexista frente a las herramientas legales implementadas en los países de la región. La autonomía de las mujeres urbanas y rurales se ve también amenazada por la alta proporción de población sin ingresos propios.
Por lo tanto, se presentan territorios de convergencia de reclamos y demandas compartidas en que se despliegan diversas iniciativas de vigilancia social y exigibilidad colectiva en materia de derechos de las mujeres y se problematizan los modos de vida impuestos por el modelo vigente. Las diversas acciones colectivas o movilizaciones ponen en relieve las fronteras de la exclusión social, la afección al medio ambiente y la violencia contra las mujeres. La participación de las mujeres en los movimientos sociales en América Latina es importante tanto en términos cuantitativos como cualitativos, ellas son las que sostienen el trabajo cotidiano de las organizaciones, recrean lazos territoriales, comunitarios e identitarios e interpelan las prácticas políticas tradicionales. Es decir, participan activamente en iniciativas territoriales, culturales, comunicacionales, educativas, de visibilidad identitaria, etaria y de géneros y en campañas de exigibilidad de sus derechos. Producen una serie de cuestionamientos al interior de los movimientos sociales. Impulsan una praxis emancipatoria que invita a cuestionar el poder y lo analiza en todos los intersticios, y ofrece una problematización de las esferas públicas y privadas en las que se entretejen las vidas humanas.
El libro, en un primer nivel, analiza los mecanismos de exigibilidad de derecho en torno a la justicia de género. En un segundo nivel, indaga aspectos individuales, sociales/colectivos y subjetivos que experimentaron las mujeres que participan en movimientos sociales urbanos y rurales de Argentina, Brasil y Paraguay.
Parte de una experiencia de coconstrucción colectiva y propicia una transferencia institucional entre la universidad pública crítica y los movimientos sociales. Forma parte de mi trabajo desarrollado como investigadora y educadora popular, que incluye una investigación previa de autoría propia que dio lugar a la tesis de Maestría en Psicología Social Comunitaria de la Universidad de Buenos Aires, denominada “El protagonismo de las mujeres en los movimientos sociales. Innovaciones y desafíos. Prácticas, sentidos y representaciones sociales de mujeres que participan en movimientos sociales”.
1.1. Contextualización del proceso del trabajo
El trabajo se enmarca en el proceso y la dinámica de determinados movimientos sociales. Por un lado, estudió los movimientos sociales de Argentina (movimientos urbanos: Frente Popular Darío Santillán; Asamblea de Mujeres de la Federación de Organizaciones de Base, Frente de Organizaciones en Lucha; Movimiento Popular La Dignidad). Por otro lado, el estudio englobó dos movimientos de Brasil y Paraguay (movimientos rurales: Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil [MST]; CONAMURI Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas de Paraguay). En este proceso se exploraron las prácticas y trayectorias de gestión colectiva y participativa en mujeres que integran los movimientos sociales mencionados. También se rescatan los aspectos subjetivos que promueven las mujeres desde sus inscripciones colectivas e identitarias y las principales transformaciones subjetivas e intersubjetivas en sus trayectorias personales y colectivas. En este sentido, los asuntos que conforman la vida cotidiana de las mujeres, sus contextos particulares y sus comunidades cobran un interés especial para el desarrollo del abordaje cualitativista, en el cual se rescatan cuestiones tales como la subjetividad y la intersubjetividad (Guba y Lincoln, 1994; Martínez Herrera, 2005; Villegas, 2001).
La contextualización tiene en cuenta la dinámica compleja, basada en la dialogicidad total del proceso, en la que se contemplaron momentos de recursividad productiva con el objetivo de salvaguardar los espacios de autoorganización propios en el entramado organizativo de cada uno de los movimientos sociales abordados (D’Angelo Hernández, 2010). La contextualización en este proceso de investigación adquiere una relevancia destacada, la vida cotidiana se desarrolla dentro de un sistema de relaciones sociales, comunitarias, familiares, personales que median su devenir, es decir, ninguno de los aspectos que se investigan en el proceso grupal de la vida cotidiana puede ser descrito, explicado y transformado al margen, sin considerar el contexto socioeconómico, ideológico, cultural en que transcurre (Córdova y Cucco, 1999). En el recorrido investigativo, se reconoce que la construcción de conocimiento es una práctica social, desarrollada desde la vida, es entender que este se produce desde opciones, emociones y reacciones que mueven a la pregunta, a la problematización y transformación de los modos de comprender, explicar, expresar y construir lo social desde una perspectiva humana (Ghiso, 2013).
Es por ello por lo que, en el recorrido investigativo, se trabajó a través de entrevistas autobiográficas, relatos de vida, talleres y observación participante de encuentros o eventos, seminarios y acciones organizados por mujeres que integran los movimientos sociales. Desde la experiencia investigativa, se subraya el reconocimiento de la diversidad cultural, territorial e identitaria que componen las mujeres urbanas y mujeres rurales que son protagonistas del presente estudio.








