Francisco Espejo (PUC/CONICYT)
I. Introducción
El presente trabajo nace como una presentación oral que buscaba exponer de manera introductoria tres grandes grupos de interpretaciones del así llamado segundo Wittgenstein[2], abogando finalmente por la “lectura terapéutica”. Esta versión escrita ha sido ampliamente revisada y corregida, incluyendo temas que antes no eran abordados o que se mantenían marginales, fragmentarios o excesivamente superficiales -e.g., sentí la necesidad de hablar del Tractatus logico-philosophicus y de dar una mejor la explicación de las diferentes interpretaciones de Wittgenstein-. Esta ampliación dejó un espacio comparativamente menor pero aun así central al tema de la lectura: la interpretación terapéutica que ofrezco del parágrafo §43 de las Investigaciones filosóficas.
Mi conclusión, tanto antes como después, se mantiene: creo que la afirmación “el significado es el uso” (i.e., una suerte de abreviación del parágrafo §43) no es ni una teoría filosófica, ni una regla gramatical del uso del lenguaje; no creo tampoco que tal afirmación tenga valor fuera del debate concreto que encontramos en la primera parte de las Investigaciones contra la teoría ostensiva del significado. Intentaré mostrar que esto no hace de la filosofía de Wittgenstein una filosofía puramente negativa —donde el resultado sería solo destructivo— sino que sus resultados positivos no pasan por postular teorías ni por iluminar las reglas gramaticales correctas del lenguaje.
II. El primer Wittgenstein y las teorías filosóficas
Es importante comenzar exponiendo un modo de lectura del Tractatus -diferenciándome de su interpretación tradicional-, no solo para hacer más plausible la interpretación que presentaré del segundo Wittgenstein, sino que también para aclarar las Investigaciones a partir del Tractatus[3]. La plausibilidad de la interpretación que ofrezco de la relación entre el primer y el segundo Wittgenstein servirá, si soy convincente, a favor de la presente lectura.
Utilizaré dos parágrafos para intentar explicar el Tractatus: el primero (TLP 4.112) define la idea de filosofía mientras que el segundo (TLP 6.54) define el sentido que debemos darle a las proposiciones del Tractatus (si entendimos bien a su autor):
El objetivo de la filosofía es la clarificación [Klärung] lógica de los pensamientos.
La filosofía no es una doctrina, sino una actividad.
El resultado de la filosofía no son “proposiciones filosóficas”, sino el que las proposiciones lleguen a clarificarse.
La filosofía debe clarificar y delimitar nítidamente los pensamientos, que de otro modo son, por así decirlo, turbios y borrosos. (TLP 4.112)
La filosofía no es una teoría sino que una actividad. La actividad de clarificar proposiciones. La clarificación en cuestión es una clarificación lógica -y aquí debemos entender por lógica la lógica existente y presente en nuestro hablar cotidiano: “todas las proposiciones de nuestro lenguaje ordinario están de hecho, tal como están, perfectamente ordenadas desde un punto de vista lógico [logisch vollkommen geordnet]” (TLP 5.5563)[4]– de los pensamientos -que pueden verse como aquello expresado en el lenguaje: “en la proposición se expresa sensoperceptivamente el pensamiento” (TLP 3.1)-.
Sin negar una evolución del concepto, podemos decir que la idea de la filosofía como clarificación acompañará a Wittgenstein el resto de su vida. Esta clarificación relaciona, desde los primeros trabajos de Wittgenstein, el análisis de los problemas filosóficos con un análisis del lenguaje ordinario -“la mayor parte de los interrogantes y proposiciones de los filósofos estriban en nuestra falta de comprensión de nuestra lógica lingüística” (TLP 4.003; o el ya citado TLP 5.5563)- o bien sobre la aplicación -i.e., su uso- de la lógica, entendida como aquello que gobierna el uso del lenguaje, “[e]sto es claro: la lógica no puede chocar con su aplicación” (TLP 5.557). Ya en notas de 1914-15 podemos ver que para Wittgenstein el punto no es tanto corregir o pulir la lógica -como podría ser el caso de los proyectos logicistas de Frege o de Russell- sino entender su funcionamiento: “Tenemos que reconocer cómo cuida el lenguaje de sí mismo” (NB 26.4.15); “Frege dice: cualquier proposición formada correctamente debe tener un sentido; y yo digo: cualquier proposición posible está correctamente formada” (TLP 5.4733). Si para Frege existe algo así como una proposición sinsentido, Wittgenstein propone ver el lenguaje como algo que está constituido solo por proposiciones bien formadas: no necesitamos una lógica que regule nuestro lenguaje sino que basta una lógica descriptiva que lo aclare. Desde esta perspectiva, el parágrafo 4.112 define la filosofía como aquella actividad que nos permitirá ver mejor (aclarando) el funcionamiento cotidiano de la lógica que rige nuestro lenguaje.
A partir de lo que hemos dicho, si una proposición no tiene sentido, es porque nosotros no hemos tomado (aún) la decisión arbitraria de darle significado a alguno(s) de sus componentes. El sinsentido no estriba en la colección de signos que conforman la proposición -visto que si es una proposición, entonces está bien formada- sino que en nuestra relación con ella.
Vale la pena citar el segundo parágrafo clave del Tractatus (6.54), antes de adentrarnos en el problema del sinsentido:
Mis proposiciones esclarecen [erläutern] porque quien me entiende las reconoce al final como absurdas [unsinnig], cuando a través de ellas -sobre ellas- ha salido fuera de ellas. (Tiene, por así decirlo, que arrojar la escalera después de haber subido por ella.)
Tiene que superar estas proposiciones; entonces ve correctamente el mundo. (TLP 6.54)
Este parágrafo es un punto estratégico desde el que divergen las principales interpretaciones de la obra del primer Wittgenstein. El debate se centra en la noción de sinsentido[5] y en el carácter de lo que el sinsentido puede ser para el Tractatus. James Conant, al hablar de la diferencia entre los dos grandes grupos interpretativos, hace una distinción entre el sinsentido substancial y el simple sinsentido (Conant 2000). El sinsentido substancial es una noción técnica del Tractatus, instaurada en el mismo texto y basada en una definición de reglas lógicas o sintácticas que las proposiciones genuinas deben respetar: “Substantial nonsense is composed of intelligible ingredients combined in an illegitimate way—it expresses a logically incoherent thought“[6](Conant 2000, 176). Leer en el sinsentido del Tractatus un sinsentido substancial significa que, esa pseudo-proposición puede “mostrarnos” un cierto tipo de pensamiento, a pesar de que este haya sido ilegalmente expresado. Según esta lectura, las proposiciones sinsentido tienen la capacidad de mostrar ciertas verdades inefables; se trataría de un sinsentido que muestra (diciéndonoslo pero sin respetar las reglas que el mismo Wittgenstein daría de lo decible) verdades filosóficas últimas, indecibles pero existentes[7]. El sinsentido tendría la capacidad de mostrarnos ciertas cosas: la estructura lógica común entre en lenguaje y el mundo, los límites del lenguaje y del pensamiento, el carácter externo de todo valor ético, etc.
Cora Diamond llama esta actitud hacia lo inexpresable “chickening out” (Diamond 1988, p. 7) -algo así como ser gallina, cobarde- en cuanto no se atreve a considerar seriamente las palabras de Wittgenstein en TLP 6.54. Para ella y la denominada resolute reading (traducible tal vez como lectura resuelta o decidida), tenemos que deshacernos de la noción substancial de sinsentido: las proposiciones del Tractatus son pseudo-proposiciones sinsentido en su acepción más simple y banal. Una proposición es simplemente sinsentido si nosotros no le hemos dado sentido a alguna de sus partes -i.e., si no le hemos asignado un símbolo a alguno de sus signos (TLP 5.4733)-. Desde este punto de vista, un sinsentido no muestra ni “dice” ninguna verdad inefable: “Mere nonsense is simply unintelligible—it expresses no thought”[8](Conant 2000, 176). Si podemos considerar las proposiciones del Tractatus como elucidatorias (6.54) es solo porque la actividad de reconocerlas como tal nos enseña algo; de la misma manera, si queremos decir que el sinsentido nos muestra algo, este nos mostrará solo que nosotros creíamos decir algo cuando en realidad no decíamos nada. La acción de reconocer el sinsentido es todo lo que la actividad filosófica de Wittgenstein quiere enseñarnos, y de ella depende nuestra capacidad de expresarnos y no la iluminación de verdades inefables. Dicho de otra manera, (ya) en el Tractatus el problema del sinsentido se busca en lo que nosotros queremos decir con el lenguaje y no en infracciones a la naturaleza del lenguaje o a sus reglas lógicas. El problema no es que mis proposiciones filosóficas no respeten las reglas lógicas, el problema es que yo, intentando decir algo, utilicé signos a los que no les di ningún significado concreto.
Una diferencia importante entre las dos interpretaciones del sinsentido versa sobre el rol que juega quien enuncia el sinsentido en cuestión. Tal vez la introducción a la edición española de TLP puede ayudarnos a clarificar mi punto. Si yo he insistido en el rol activo del lector, cuando se le atribuye el sinsentido a una (pseudo-)proposición, Reguera y Muñoz ponen el acento en la naturaleza del lenguaje y las reglas que rigen la “sensatez proposicional”: “Y eso es todo lo que se pretende [a través del análisis del lenguaje]: clarificar el lenguaje y/o el pensamiento mediante la dilucidación y delimitación de lo decible/indecible en vista a la (di)solución de los problemas filosóficos” (TLP p.21). En mi interpretación se trata de trabajar con la compresión de las personas y no existe posible delimitación entre decible/indecible que deba hacerse una vez por todas; en la de ellos, en cambio, debemos tratar un objeto externo -i.e., las reglas lógicas del lenguaje-. Ellos presuponen entonces nuestra capacidad de reconocer y enunciar o mostrar aquellas reglas, a pesar de que su enunciación o su mostrarse no respete las mismas reglas que muestra. Eso es lo que Diamond llama chickening out.
De más está decir que no existe aún un acuerdo sobre la interpretación del Tractatus. Estoy consciente de haber dejado muchas aristas en lo presentado hasta ahora, pero tratar con mayor profundidad el tema del sinsentido en el primer Wittgenstein -cosa que, por lo demás, se ha hecho innumerables veces (por ejemplo, Crary & Read 2000; Read 2011; Reck 2001- me alejaría demasiado de lo que realmente quiero tratar en el presente ensayo; espero que mi lectura del segundo Wittgenstein sirva de defensa, otorgando plausibilidad a la lectura resuelta a partir de la iluminación recíproca que intentaré mostrar entre el Tractatus y las Investigaciones
III. El segundo Wittgenstein y las teorías filosóficas
Después de haber escrito el Tractatus, Wittgenstein mantendrá la idea de que la filosofía es una actividad (y no la creación de teorías), pero usará analogías diferentes para explicarla; también nos dará más explicaciones de lo que la filosofía no es. Wittgenstein admite ya en el prefacio de las Investigaciones, que el Tractatus tenía graves errores (PU, p.48). Más difícil es interpretar exactamente de qué se tratan estos errores, pues esto dependerá necesariamente de la interpretación que le demos a la filosofía de su primera obra. En términos generales, podemos decir que el grave error del Tractatus ha sido mantenerse bajo una ilusión metafísica, aceptando y postulando, contra la voluntad del autor, teorías filosóficas sobre (e.g.) la esencia del lenguaje. A partir de esta idea, encontraremos interpretaciones radicalmente opuestas según qué estamos dispuestos en considerar como teorías de TLP. Por un lado tendremos posturas como la de Hacker, para quien el Tractatus nos dice explícitamente lo que debe ser el mundo y el lenguaje, siendo este su grave error: “He thought that he was investigating the order of the world, whereas, in fact, he was presupposing an order. What he had presupposed was the idea of essence – of the world, of the proposition, etc.“[9](Hacker 2004, 14). En el polo opuesto de la gama interpretativa podemos encontrar la postura de Diamond, para quien el método de clarificación del Tractatus esconde una metafísica del lenguaje (metafísica no identificable con las pseudo-proposiciones de TLP sobre el lenguaje). Según Diamond entonces, la diferencia radical entre el Tractatus y las Investigaciones se encontraría entre el carácter lineal de la disolución de problemas en el primero y el trabajo entrecruzado (criss-crossing) del segundo. Si en el primero podemos suponer la existencia de un problema filosófico más importante que los demás, no es así en las Investigaciones.
Volvamos al texto de Wittgenstein, citando algunos de los parágrafos en los que el autor define su labor filosófica:
Era cierto que nuestras observaciones no podían ser consideraciones científicas. La experiencia ‘de que se pueda pensar esto o aquello, en contra de nuestros prejuicios’ —sea lo que fuere lo que quiera decir— no nos podía interesar. (La concepción pneumática del pensamiento.) Y no podemos proponer ninguna teoría. No puede haber nada hipotético en nuestras observaciones. Toda explicación tiene que desaparecer y solo la descripción ha de ocupar su lugar. Y esta descripción recibe su luz, esto es, su finalidad, de los problemas filosóficos. Estos no son ciertamente empíricos, sino que se resuelven mediante un examen del funcionamiento de nuestro lenguaje, y justamente de manera que este se reconozca: en contra de un ímpetu a malentenderlo. Los problemas se resuelven no aduciendo nueva experiencia, sino compilando lo ya conocido. La filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento [Verstand] mediante los procesos de nuestro lenguaje (PU §109)
[…] “Filosofía” se podría llamar también a lo que es posible antes de todos los nuevos descubrimientos e invenciones. (PU §126)
Si se quisieran proponer tesis en filosofía, nunca se podría llegar a discutirlas porque todos estarían de acuerdo con ellas. (PU §128)
No queremos refinar o complementar de maneras inauditas el sistema de reglas para el uso de nuestras palabras.
Pues la claridad a la que aspiramos está en realidad completa. Pero solo quiere decir que los problemas filosóficos deben desaparecer completamente.
El descubrimiento real es el que me capacita a interrumpir el filosofar cuando quiera. –Lo que hace que la filosofía apacigüe, de modo que ya no se fustigue más con preguntas que la ponen a ella misma en cuestión. —Sino que se muestra pues un método mediante ejemplos y la serie de estos ejemplos puede romperse. —Se resuelven problemas (se erradican dificultades), no un problema.
No hay un método de la filosofía, si bien hay tal vez métodos, en cierto modo diferentes terapias. (PU §133 y nota)
En las Investigaciones, Wittgenstein definirá su metodología filosófica como la terapia para tratar enfermedades (PU nota a §133). Si en el Tractatus pareciera tratarse de un único método de clarificación y disolución de los problemas filosóficos (e.g. TLP 6.53), ahora en las Investigaciones Wittgenstein presenta una pluralidad de métodos distintos, intentando iluminar las diferencias que las formas habituales del lenguaje nos hacen olvidar (PU §132). La finalidad es ahora la disolución de los, no el, problemas filosóficos (PU §133). En cierto sentido, la insistencia con la que Wittgenstein busca poder dejar de hacer filosofía pasa por el rol central jugado por los ejemplos en filosofía. En el segundo Wittgenstein debemos ser capaces de dejar de filosofar, no necesariamente de resolver una vez por todas los principales problemas de la filosofía (contrástese con TLP p.56).
Como ya dijimos, Wittgenstein mantiene, en un sentido positivo, el carácter práctico de la filosofía (PU §309). Pero ahora se trata de una terapia que nos ayuda a ver las cosas sin buscar explicarlas; su rol es de permitirnos dejar de filosofar, de regresar y reconocer el uso efectivo del lenguaje.
Antes de pasar al análisis específico de la obra de Wittgenstein, es conveniente explicitar lo que para Wittgenstein es no hacer filosofía teórica: se compromete a no dar nada hipotético, ninguna explicación ni problemas de carácter empírico; solo descripciones que dejen ver lo que ya se encuentra frente a nosotros (PU §126). En ese mismo sentido, las descripciones no pueden dar lugar a debate (aún menos a debate filosófico) (PU §128). El filósofo lucha de esta manera contra el embrujo del lenguaje (PU §109): los resultados en filosofía son el descubrimiento de sinsentidos que aparecen cuando se batalla contra los límites del lenguaje (PU §119). No hay explicación o deducción en filosofía, nada empírico la atañe, ella es posible incluso antes de todo nuevo descubrimiento o invención.
IV. El parágrafo §43 y sus interpretaciones substanciales
Tomemos ahora el parágrafo §43 de las Investigaciones.
Para una gran clase de casos de utilización de la palabra “significado” -aunque no para todos los casos de su utilización puede explicarse esta palabra así: el significado de una palabra es su uso en el lenguaje.
Y el significado de un nombre se explica a veces señalando a su portador. (PU §43)
Si este parágrafo es una tesis filosófica, Wittgenstein tiene una manera extraña de presentarla. Además de limitar vagamente la aplicación de la definición (¿a qué casos no se aplica?), la tesis contrapuesta de la definición ostensiva no es totalmente desechada, sino que se le reduce el campo de aplicabilidad. Wittgenstein muestra también un estilo de afirmación cauteloso, pues no nos dice que el (la explicación del) significado es el uso, nos dice que podemos explicar la palabra ‘significado’ diciendo que es el uso. Pero a pesar de estas cuestiones, que parecen ser de estilo, y una restricción poco pulcra de la aplicabilidad de la definición del concepto, nada nos impide realmente decir que Wittgenstein esté dándonos una teoría filosófica, tal vez incluso en contra de su propia voluntad. ¿Cómo podemos decir que PU §43 no tenga valor explicativo? ¿O que no abra debate filosófico? ¿Cómo podemos justificar que la frase ‘el significado de una palabra es su uso en el lenguaje’ sea obvia, y una simple descripción de nuestro uso del lenguaje?
La mayor parte de los scholars contemporáneos intentan armonizar la meta-filosofía y la práctica filosófica efectiva del segundo Wittgenstein. Dentro de este grupo existe una gran división entre lo que se llama la lectura ortodoxa y la lectura terapéutica. Esta división ya la hemos visto en la interpretación del Tractatus y en el problema de la evolución del pensamiento wittgensteiniano. Ahora vamos a detenernos en su lectura de las Investigaciones.
Con relación al parágrafo 43, las tres grandes familias de interpretación de Wittgenstein pueden exponerse de la manera siguiente:
1. El parágrafo §43 es una tesis filosófica. Wittgenstein nos da una teoría del significado que se puede contraponer, por ejemplo, a la definición del significado como el objeto denotado.
2. El parágrafo §43 es una regla gramatical. Según la interpretación ortodoxa, decir que el significado es el uso sería una regla gramatical, obvia, expuesta a simple vista e irrebatible (de lo contrario sería una tesis).
3. La última alternativa sería que el parágrafo no es ni una tesis ni una regla. Este solo se entiende en el contexto de las Investigaciones y la afirmación propiamente tal no tiene valor trascendental en la filosofía del segundo Wittgenstein.[10]
En lo que sigue de este apartado voy a intentar evidenciar que una regla gramatical tal como la define Hacker no logra diferenciarse realmente de una teoría filosófica; siendo este el caso, voy a mostrar que considerar §43 una tesis filosófica, no sólo va contra la metafilosofía de Wittgenstein, sino que estaría en contradicción con gran parte de lo que caracteriza su segunda filosofía. En el último apartado del texto, presentaré la lectura terapéutica de §43.
V. ‘El significado es el uso’ es una regla gramatical
Según Hacker, Wittgenstein intenta darnos clarificaciones gramaticales a partir de reglas de uso de las palabras. Desde esta clarificación, nosotros obtendríamos (A) la disolución de los problemas filosóficos tradicionales (que son, según esta lectura, usos insensatos de las palabras que violan las reglas del uso común) y (B) una clarificación de los conceptos y sus relaciones (Baker & Hacker 2005, 14). Estas clarificaciones no son teorías así como ‘rojo es un color’ no lo es (ib.). Contra la idea según la cual el significado es determinado por la relación entre el lenguaje y el mundo, Wittgenstein ahora sostendría que el significado de una expresión es su uso efectivo en el lenguaje cotidiano (ib).
Según Hacker, algunos “corolarios dramáticos” de esta nueva manera de ver las cosas son, por ejemplo, que no hay, en un sentido importante, conexión entre el lenguaje y la realidad (aunque sí nos referimos al mundo): el lenguaje es una estructura que flota libremente; sus definiciones no son atribuibles a la naturaleza de las cosas, objetiva e independiente del lenguaje, sino que son reglas independientes e infundadas para el uso de las palabras en cuestión (Baker & Hacker 2005, 15–19). La gramática wittgensteiniana es como una sombra que se posa en el mundo (Baker & Hacker 2009, 338) y la única justificación posible para su existencia es el hecho que nosotros la usemos.
Desde esta lectura, el parágrafo 43 es una exposición importante del significado de “significado”: este muestra de una mejor manera un gran número de relaciones internas que existen entre la noción de significado y otras que le están cercanas en lo que Hacker llama la red gramatical del lenguaje (Baker & Hacker 2005, 129). Si definir el significado como el uso no es una teoría, Hacker sostiene que se trata de un modo de presentar la noción de significado sin que ella se preste a confusión, al menos no como lo hace la teoría ostensiva del significado o la imagen agustiniana del lenguaje (Baker & Hacker 2005, 142–144). Para Hacker, podemos decir que el modo de presentación del significado en Wittgenstein tiene una relación directa y fundamental con su manera de hacer filosofía: el significado es el uso de las palabras en el lenguaje y esto ya hace presente el carácter comunitario, transparente y vivo del lenguaje (para una lista de requisitos para el significado de ‘significado’, Baker & Hacker 2005, 140). Además, el significado está regido por reglas de uso o reglas gramaticales que caracterizan la normatividad del lenguaje. Hacker concluye que el significado de una palabra es el lugar que ella ocupa en la gramática -“[o]ne can also say that the meaning of a word is its place in grammar“[11] (Baker & Hacker 2005, 147). La filosofía es entonces una clarificación de la gramática del lenguaje y a partir de esta clarificación tenemos la disolución de los problemas filosóficos.
Pareciera que el significado de una palabra es siempre el uso, puesto que se parte de este presupuesto para fundar el método de clarificación gramatical. No es fácil entender por qué esto sería una representación determinada de la naturaleza del lenguaje o al menos una definición rígida del ‘significado’. Por lo mismo, es difícil no otorgarle un valor explicativo a esta definición; afirmar que no puede ser el origen de ninguna disputa filosófica queda poco claro, si de representaciones de la naturaleza del lenguaje se trata. Tal vez tenemos que decir que el significado como uso es el resultado -algo así como una consecuencia o síntesis- de un cierto número de afirmaciones que sí son obvias y banales; pero o bien estamos frente a lo que generalmente pasa en filosofía -i.e., pasar de afirmaciones del sentido común a teorías paradójicas- o Hacker debe explicarnos cómo y porqué esto no debería tomarse de ese modo (en qué sentido no se trata de una conclusión, visto que “[e]n filosofía no se sacan conclusiones” (PU §599)). Al querer darnos una definición rígida de la significación, en cuanto regla gramatical, Hacker caerá en problemas similares a los de la interpretación teórica de Wittgenstein. Antes de pasar a ellos, me detengo en la interpretación de Kenny.
Kenny está consciente del problema que tienen algunas afirmaciones de las Investigaciones cuando intentamos vaciarlas de su valor explicativo-. Él intenta rescatar en lo posible la filosofía no teórica de Wittgenstein -figurada como una clarificación gramatical del uso efectivo del lenguaje-, pero concede la existencia de algunas tesis problemáticas -en particular, la idea del uso como significación-. Kenny divide de esta manera en dos tipos diferentes las afirmaciones de las Investigaciones. Tenemos entonces, las afirmaciones de Wittgenstein que respetan sus propias exigencias metafilosóficas.
What, then, are the theses in philosophy that Wittgenstein has in mind, the statements that everyone admits? I suggest the following as examples./ Cheese does not grow or shrink without a cause (§143)/ Dogs do not talk to themselves (§357)/ If I say falsely that something is red, then it isn’t red (§429)/ Nothing could induce me to put my hand into a flame (§472)/ A smiling mouth smiles only in a human face (§583)/ When I raise my arm, my arm goes up (§621)/ These are all truisms that are, on the face of it, devoid of philosophical content.[12](Kenny 2004, 178–179)
Estos ejemplos son filosóficos sólo si los consideramos en su contexto, como recordatorios del uso efectivo del lenguaje; ellos parecen respetar (unos más que otros), los requisitos wittgensteinianos para sus propias afirmaciones (la banalidad, que no abran debate, que no digan nada nuevo…) El problema es que no incluyen los casos dramáticos. Si por un lado tenemos afirmaciones, en apariencia, filosóficamente anodinas, por el otro, frente a los parágrafos más propiamente filosóficos de las Investigaciones, no es así:
it is a very incomplete account of the method of PI to say that it only states what everyone admits. There are many other methods employed besides the statement of the kinds of truisms I have listed./ Moreover, there are many statements in the text that are not at all truisms to which everyone would say “Ja, ja, selbstverständlich”. Here are a few examples./ The meaning of a word is its use in the language (§43)/ Essence is expressed by grammar (§371) […] Though I have tried my best to do so I do not believe that it is, in the end, possible to reconcile Wittgenstein’s account of philosophy with the entirety of his philosophical activity in the Investigations.[13](Kenny 2004, 180–181)
Kenny (y Hacker, y en modo análogo Reguera y Muñoz en el caso de TLP), al suponer que el problema se encuentra en la explicitación de reglas lógicas y/o gramaticales del lenguaje o de los juegos de lenguaje, le pide a Wittgenstein que nos dé, de una manera más o menos explícita, una idea o teoría de la naturaleza del lenguaje. Pero su metafilosofía es tan extremadamente contraria a todo tipo de esencialismo que, intentando esto, la filosofía de Wittgenstein se desarma como un castillo de cartas.
Supongamos que lo que intenté mostrar con respecto a Hacker, y lo que hace patente Kenny, sea cierto, y que entonces Wittgenstein nos dé (algunas) teorías, ¿qué problema hay en que Wittgenstein nos dé teorías filosóficas? Soy de la idea que mucho, o todo, lo que puede considerarse interesante en la filosofía de Wittgenstein se perdería. Por ejemplo, darle el valor de teorías filosóficas a las propuestas de Wittgenstein, hacen que este caiga en contradicción al afirmar, al mismo tiempo, que el significado es el uso de las palabras en el lenguaje y que el significado de las palabras se rige por un entramado de parecidos de familia, “[i]t is contradictory to maintain both that language necessarily presupposes rules and is a family of cases, the latter meaning that there need not be anything in common to all different cases of language that allows us to call them ‘language’.”[14](Kuusela 2006, 334) Pareciera que ciertas nociones fundamentales como “lenguaje”, “significado” o “reglas gramaticales” tienen un valor universal, pero esto va en contra de lo que pareciera ser más distintivo y filosóficamente interesante de la propuesta wittgensteiniana según la cual debemos constantemente prestar atención al contexto de uso del lenguaje, evitando la tentación de postular esencias.
Al considerar propuestas del tipo de §43 como si fuesen teorías, también perdemos el carácter horizontal que Wittgenstein buscaba dar a su labor filosófica, recuperando una jerarquía de los problemas filosóficos que parecía haber sido dejada atrás. Parece una vez más -como parecía en el Tractatus- que el gran problema es aún la naturaleza del lenguaje (PU §133).
Algo interesante de la propuesta de Kenny es que, en su intento de mantener el carácter no teórico del segundo Wittgenstein, y alejándose de lo que él considera un problema de la lectura de Hacker, niega que Wittgenstein argumente en el sentido de la argumentación teórica filosófica estándar (Hacker sí acepta que Wittgenstein argumente). La razón para esto es que si queremos que los argumentos utilizados por Wittgenstein para disolver las teorías filosóficas puedan seguir de pie cuando decimos que (parte de) su filosofía es teórica, entonces es necesario que el rol de su “argumentación” no sea idéntico a una argumentación teórica -i.e., no debe presuponerla-. Recordemos que la disolución wittgensteiniana concluye en el sinsentido de la tesis filosófica atacada, no en su falsedad. Si podemos hacer este gesto de llevar las tesis al sinsentido sin utilizar argumentaciones filosóficas, entonces parecería que ciertas partes de la filosofía del segundo Wittgenstein pueden seguir teniendo su valor práctico y no teórico. Es por eso que Kenny intenta mostrar que Wittgenstein, en concordancia con su metafilosofía, no concluye que e.g., ‘no existe un lenguaje privado’ sino que “concluye” que ‘existe un lenguaje privado’ es sinsentido (Kenny 2004, 180). La insensatez de la pseudo-teoría filosófica no la hace ni verdadera ni falsa; de la misma manera entonces, el “enunciado” ‘no existe un lenguaje privado’ -que podría haber sido la conclusión de Wittgenstein, pero que hubiese sido entonces refutable, si se trataba de una argumentación normal-, no es ni verdadero ni falso sino que sinsentido.
Pero, y este es el problema que veo en la lectura de Kenny, si por sinsentido se quiere decir que realmente no tiene sentido, entonces la proposición ‘existe el lenguaje privado’ no tiene negación[15]. Si de la insensatez de la pseudo-teoría no podemos concluir la insensatez de su “negación”, no podemos limpiar la filosofía de su problema del lenguaje privado. Que Kenny explique cómo esta teoría y su negación son descartadas, una vez disueltas por Wittgenstein, demuestra que no ha considerado seriamente lo que significa que algo sea sinsentido. Su argumentación no se aleja tanto como quería de las argumentaciones filosóficas. Pareciera que Kenny nos dice que no tiene sentido decir que se puede imaginar un lenguaje privado, pero que, en el fondo, el lenguaje nuestro no es privado; aunque esto no sea una teoría porque no tendría sentido.
VI. Lectura terapéutica
Intentemos ver si es posible leer el parágrafo 43 de una manera no teórica, contextualizándolo en el corpus de las Investigaciones e intentando, es mi apuesta, hacerlo una afirmación caso-específico.
Wittgenstein abre las Investigaciones hablándonos de una imagen del lenguaje desde donde surgen ideas como “el significado de una palabra es el objeto que denota” o “el lenguaje se aprende de manera ostensiva” (PU §1). Ya desde el mismo primer parágrafo, Wittgenstein hace notar que resulta contraintuitivo sostener esta imagen del lenguaje frente a palabras como los nombres de los números o los colores. No dice que sea imposible hacerlo, pero sí que sería complicado.
Con el fin de analizar mejor esta imagen, Wittgenstein nos propone un juego de lenguaje del que hablará por lo menos hasta el parágrafo §41. Puesto que somos nosotros los que creamos estos juegos de lenguaje (al menos en el caso que presentaremos a continuación), y visto que los creamos de manera simple y con una forma de vida acorde -es decir un contexto en el que se utilizaría—, entonces estos juegos primitivos dejan ver claramente la finalidad y el funcionamiento de sus palabras —obviamente, pues somos nosotros quienes los definimos al crearlo (PU §5)-.
Supongamos entonces el siguiente juego de lenguaje: hay dos personas, A y B. A da órdenes que B deberá seguir y estas órdenes están compuestas por un número, el nombre de un objeto, la muestra de un color y los indexicales ‘esto’ y ‘allí’. Así, por ejemplo, podemos imaginar que A muestra un color en una tabla mientras le dice a B ‘tres, ladrillos, allí’. B, suponiendo que entendió la orden, llevará al lugar indicado tres unidades de ladrillo del color que A le mostró (PU §8). Una variante de este juego de lenguaje será que A muestre a B un papel con unos signos (que podríamos llamar ‘nombres’) y B deba buscar el objeto que tenga una etiqueta con los mismos signos (el mismo ‘nombre’).
Podemos imaginar un enseñanza ostensiva de los nombres de los objetos (lo que es aún más fácil si los objetos llevan pegados etiquetas con su nombre (PU §15)); también podemos imaginar una enseñanza ostensiva de los números, por ejemplo, haciendo grupos de objetos y nombrándolos junto al número, o agregando cada vez una unidad y diciendo la cifra correspondiente.
En este juego de lenguaje, ¿podemos decir que las palabras tienen significado? A pesar de no haber necesitado hablar de significado para hacer nuestro juego de lenguaje, podríamos decir con Wittgenstein que ‘designar’ [bezeichnen] puede ser derivado de la explicación del uso de las palabras (PU §10). Así, en lugar de decir “cuando digo “ladrillo” tienes que traerme un ladrillo” podemos decir ““ladrillo” designa…”. La designación puede sernos útil tal vez para corregir errores o desambiguar órdenes; para eso “se puede por cierto abreviar la descripción del uso de la palabra “losa” -dice Wittgenstein- de modo que se diga que esa palabra designa [bezeichne] ese objeto” (PU §10). Este juego de lenguaje, del que tenemos una primera forma ya en el segundo parágrafo, será citado de manera recurrente hasta el parágrafo §41 y más adelante (e.g. PU §§48, 86), trabajando distintos puntos. Recordemos que nosotros buscamos llegar a una interpretación del parágrafo §43.
Con esto en mente saltemos al parágrafo §41 que me gustaría citar casi en su totalidad:
En §15 hemos introducido nombres propios en el lenguaje (8) [Wittgenstein habla de la alternativa de introducir etiquetas a nuestro juego de lenguaje]. Supón ahora que se rompe la herramienta con el nombre “N”. A no lo sabe y le da a B el signo “N”. ¿Tiene ahora este signo significado o no lo tiene? –¿Qué debe hacer B cuando recibe este signo?– No hemos convenido nada sobre esto. Podría preguntarse: ¿Que hará? Bueno, quizá se quede perplejo o muestre a A los trozos. Podría decirse aquí: “N” se ha vuelto carente de significado; y esta expresión querría decir que ya no hay empleo para el signo “N” en nuestro juego de lenguaje (a no ser que le demos uno nuevo). (…) Pero podríamos también imaginarnos una convención por la que B, cuando una herramienta está rota y A le da el signo de esa herramienta, tiene que menear la cabeza en respuesta. -Con ello podría decirse que la orden “N” se incluye en el juego de lenguaje aunque esa herramienta ya no exista, y que el signo “N” tiene significado aunque su portador deje de existir. (PU §41)
En lo que acabamos de leer, Wittgenstein nos da maneras posibles para que el nombre N pierda su significado cuando el objeto N desaparece o para que el nombre mantenga un significado después de la desaparición del portador. ¿Qué hará B?, nos pregunta Wittgenstein e imagina alternativas. En el parágrafo siguiente, Wittgenstein imagina la inclusión posible de nombres que nunca han tenido un portador y sugiere que estos nombres pueden formar parte del juego de lenguaje. Tal vez se convino que B menee la cabeza al escuchar estos nombres vacíos; tal vez es una especie de diversión entre los dos. ¿Debemos decir que estos nombres sin portador tienen también un significado? Es un caso extraño y Wittgenstein no responde de manera explícita, y yo creo que es porque no hay respuesta -“pues bien, podrían incluirse también tales signos en el juego de lenguaje…” (PU §42, mi cursiva)-; siguiendo la dinámica del parágrafo anterior, podríamos encontrar razones tanto para que tengan significado como para que no.
Cito lo que sigue:
Para una gran clase de casos de utilización de la palabra “significado” -aunque no para todos los casos de su utilización-puede explicarse esta palabra así: el significado de una palabra es su uso en el lenguaje.
Y el significado de un nombre se explica a veces señalando a su portador. (PU §43)
Y el parágrafo siguiente dice,
[L]a oración “Nothung tiene un tajo afilado” tiene sentido también cuando Nothung ya está destrozada. Ahora bien, esto es así porque en este juego de lenguaje se usa también un nombre en ausencia de su portador. Pero podemos imaginarnos un juego de lenguaje con nombres (…) en el que éstos se usaran sólo en presencia del portador (PU §44).
Lo que intento resaltar es como Wittgenstein, después del famoso parágrafo 43, vuelve a tratar el problema anterior. Como en este juego específico, ya introducido en PU §15, se confundían las nociones de designación y significación, y como estas podían también, según las decisiones del juego específico, distinguirse.
Me gustaría decir que Wittgenstein está disolviendo el problema de la naturaleza del significado, y que su método es una contextualización del problema filosófico en juegos de lenguaje, es decir, en formas de vida, en actividades donde el lenguaje se usa. Wittgenstein no nos dice que es falso que ‘el significado de un nombre se explica mostrando a su portador’ ni que es verdadero que ‘el significado de una palabra es su uso’. Más bien diríamos: “a veces sí, a veces no”; o “depende de lo que decidamos”. Al problema filosófico de la naturaleza del significado le faltaba contexto y al dárselo, a través de la elaboración de ejemplos, este problema pierde su interés.
El método usado por Wittgenstein en este caso busca eliminar el halo con el que la concepción general del significado de una palabra reviste al lenguaje (PU §5). Busca eliminar la sensación del significado como si fuera una atmósfera que acompaña siempre a las palabras (PU §117). Aquí estamos reconduciendo las palabras a su empleo cotidiano, a través de la elaboración de ejemplos, como el juego de lenguaje que esbozamos rápidamente. Esto no es lo mismo que decir que el significado de una palabra es su uso, lo primero es un método para esclarecer problemas filosóficos particulares, lo otro es una afirmación sobre la naturaleza del significado. Diferentes usos de lenguaje se exponen para mostrarnos que el ‘significado’ no es realmente un problema filosófico. O dicho de mejor modo, el problema del ‘significado’ es un problema filosófico y por eso no trata de lo que pareciera que trata -i.e., no trata de nada pero intenta hablar de las profundidades de la naturaleza del lenguaje-.
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- Utilizaré las abreviaciones tradicionales para citar los textos de Wittgenstein. En la bibliografía se encuentra el detalle.↵
- Es tradición distinguir entre un primer Wittgenstein, autor del Tractatus, y un segundo Wittgenstein, autor de las Investigaciones. Si bien la distinción puede complicarse (hablando, por ejemplo, de un periodo juvenil, uno intermedio, uno tardío…) o simplificarse (borrando la fuerte demarcación que tradicionalmente se hacía entre las distintas obras del autor), he optado por mantenerla y utilizarla, intentando no atribuirle un valor filosófico sino solo biográfico, refiriéndome a tiempos de producción distintos más que a filosofías diferentes.↵
- Recordemos: “Hace cuatro años tuve ocasión de volver a leer mi primer libro (el Tractatus logico-philosophicus) y de explicar sus pensamientos. Entonces, de repente, me pareció que debía publicar juntos aquellos viejos pensamientos y los nuevos: que estos solo podían contribuir a su correcta iluminación mediante el contraste y con el trasfondo de mi pretérito modo de pensar” (PU p.48)↵
- Sobre la noción de lógica en el primer Wittgenstein, véase (Floyd 2005).↵
- ‘unsinnig’, traducido por ‘absurdo’ en la versión de Muñoz y Reguera de TLP.↵
- “El sinsentido substancial se compone de partes inteligibles pero combinadas en un modo ilegítimo; expresa un pensamiento lógicamente incoherente.”↵
- Conant va más lejos pues afirma que la lectura inefable (que TLP nos da verdades que estrictamente hablando no se pueden decir) y la lectura positivista (que TLP dice que verdades metafísicas son sinsentido por no respetar las reglas sintácticas) se fundan en esta interpretación substancial del sinsentido. Él considerará que el error de ambas lecturas se encuentra en esta interpretación substancial (es el tema principal de Conant (2000), véase especialmente p.177).↵
- “Simple sinsentido es simplemente ininteligible: no expresa ningún pensamiento.”↵
- “Él creyó estar investigando el orden del mundo cuando en realidad estaba presuponiendo aquel orden. Lo que él había presupuesto era la idea de una esencia: del mundo, de la proposición, etc.”↵
- Las tres lecturas alternativas deberían considerarse como muestras de tres corrientes de interpretación y no como la totalidad del universo interpretativo de facto.↵
- “Uno puede decir también que el significado de una palabra es su lugar en la gramática”.↵
- “¿Qué son, entonces, estas tesis filosóficas que tiene en mente Wittgenstein, los enunciados que todos admitimos? Sugiero los siguientes ejemplos./ El queso no crece o se encoje sin una causa (§143)/ Los perros no hablan consigo mismos (§357)/ si digo falsamente que algo es rojo, entonces no es rojo (§429)/ Nada puede inducirme a poner mi mano sobre el fuego (§472)/ Una boca sonriente sonríe solo en una cara humana (§583)/ Cuando levanto mi brazo, mi brazo se levanta (§621)/ Estos son todos truismos, en sí mismos, desprovistos de contenido filosófico”. Puede ser importante notar que los ejemplos sugeridos por Kenny no son (explícitamente) enunciados de Wittgenstein.↵
- “Pero decir que las Investigaciones filosóficas enuncian solo aquello que todos pueden admitir es una caracterización muy incompleta de su método. Hay muchos otros métodos empleados junto a la enunciación de truismos del tipo que presenté./ Además, hay muchos enunciados en el texto que no son de ninguna manera truismos a los que todos diríamos ‘Ja, ja, selbstverstädlich’. Acá hay algunos ejemplos./ El significado de una palabra es su uso en el lenguaje (§43)/ La esencia se expresa en la gramática (§371) […]. Si bien he hecho lo que más puedo, no me parece que, a fin de cuentas, sea posible reconciliar la caracterización que Wittgenstein nos da de la filosofía y la totalidad de su actividad filosófica en las Investigaciones “. Nótese que para estos ejemplos de enunciados wittgensteinanos, ellos si son citas de PU.↵
- “Es contradictorio sostener que el lenguaje necesariamente presupone reglas y al mismo tiempo sostener que es una familia de casos; esto último significa que no tiene que haber nada en común a todos los diferentes casos de lenguaje que nos permiten llamarlos ‘lenguaje’”↵
- Si “!rs*” no tiene sentido, “~!rs*” no es su negación.↵






