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7 Las etapas del proyecto latinoamericano de Francisco Bilbao

Natalia Lucero Díaz (UCH)

I. Introducción

A inicios del siglo XIX la escena intelectual chilena experimentó cambios propiciados por el espíritu patriótico que acompañó el fin de la dominación española y la intención de terminar con los desajustes de dicha administración. Debido a esto, un sector de la población se desmarcó de la formación académica tradicional —la que hasta ese entonces había estado en manos de congregaciones religiosas— y amplió unilateralmente los temas de estudio, buscando nuevos autores y nuevas propuestas, lo que encendió aún más los ánimos propios del espíritu independentista reinante que marcó el inicio de la vida republicana en Chile.

Hacia 1844 y con tan solo 21 años, un joven Francisco Bilbao, quien no era ajeno a sus circunstancias, había recibido la formación educacional tradicional y ya cursaba los primeros años de estudio de la carrera de leyes. Movido por los ánimos imperantes de su tiempo, escribió y publicó en el periódico El Crepúsculo su primer texto, titulado Sociabilidad chilena, el que tenía como finalidad despertar a la sociedad de su época del letargo de la colonización española y así, dirigir sus miradas a las nuevas posibilidades que ofrece un gobierno constituido en base a la igualdad, la libertad y la fraternidad. Fue por los temas tratados, y por el tono agresivo de sus acusaciones, que Bilbao fue enjuiciado acusado de blasfemo, inmoral y sedicioso para ser, posteriormente, condenado en tercer grado de los cargos de blasfemo e inmoral, siendo este el punto de inicio de una corta —pero fructífera— vida dedicada a la producción intelectual.[1]

Fueron alrededor de veinte años los que el chileno vivió para difundir y radicalizar sus ideas. Estuvo en Perú, Ecuador, Argentina, Francia, Alemania e Inglaterra y desde estas mismas naciones debió partir al exilio en más de una ocasión por agitar los ánimos de la población con sus propuestas políticas y sus opiniones sobre religión. Gracias al contacto con otros intelectuales y a sus viajes, Francisco Bilbao nota que no solo en Chile sigue existiendo una sociedad y un sistema de gobierno que responden aún al sistema colonial, lo que hace necesario que las naciones del continente americano se unan y se fortalezcan con el fin de evitar la pérdida de la independencia y así, consolidarse definitivamente como naciones libres. De esta manera es como empieza a tomar forma el proyecto latinoamericano.

El presente trabajo tiene como objetivo identificar y caracterizar las etapas de dicho proyecto. Junto a ello, indagar y exponer el aparataje intelectual que lo sustenta y que ha sido identificado a través de las obras del chileno que han sido publicadas.

II. Primera etapa: política chilena

En un principio, el proyecto latinoamericano no fue pensado para Latinoamérica, sino que fue concebido como una reforma política para Chile. Los países de Latinoamérica se formaron como naciones bajo la personalidad de España la que, en opinión de Francisco, era nociva para las incipientes repúblicas. De acuerdo con nuestro autor, Cristóbal Colón

[…] habría entregado, puede decirse, una tercera parte de la Tierra, con sus riquezas, con sus razas, con sus ideas, con sus idiomas, con sus monumentos, con sus instituciones al poder más forajido y a la raza más supersticiosa de la Europa. (Bilbao 2007, 691-692).

Ya en el tiempo de la publicación de Sociabilidad chilena, nuestro país había declarado su independencia y llevaba varios años de vida republicana, no obstante, a juicio de Bilbao, la sociedad aún vivía con una mentalidad colonial: existían jerarquías establecidas en base a fortunas, privilegios por la nacionalidad y un preocupante respeto —más parecido a temor— a la autoridad eclesiástica que tenía voz y voto en temas en los que no posee competencia, como lo es la educación y la elaboración de la Constitución. De acuerdo con Bilbao, estas son materias que competen exclusivamente al Estado el cual, en acuerdo a su condición republicana, se instituye —o debería instituirse— como un Estado laico.

En esta primera etapa, Bilbao considera que Chile es el lugar idóneo para replicar el modelo de república de la Revolución Francesa, aspecto favorecido por sus condiciones geográficas:

En un rincón de la América, entre la cordillera y el océano, está Chile, como si la Providencia hubiera destinado esa naturaleza tan quebrada a ser una reserva de la América […] La vida republicana se desenvuelve pero mutilada. Es necesario conquistar la unidad de esa vida en la libre exaltación del alma, en el seno del infinito y en el libre desarrollo de la propiedad; es necesario constituir al hombre en la síntesis sublime de la religión y la política; es necesario que si trabajamos por la fraternidad humana guiados por la mirada del que en su trinidad invisible es poder, inteligencia, amor, conquistemos la trinidad humana: libertad, igualdad, fraternidad. (Bilbao 2007, 179).

Esta idea de Chile como reserva de América y como futuro modelo político de la República fue favorecida por la influencia de tres autores franceses, maestros y amigos de Bilbao: el abate Lamennais, Edgar Quinet y Jules Michelet, quienes marcaron esta primera etapa. Ellos transmitieron al chileno ideas como que revolución política no puede ser llevada a cabo sin haber efectuado previamente una revolución religiosa. Aquella revolución debía partir por arrancar de raíz la necesidad de la humanidad de buscar ser gobernados y, para conseguir esto, la religión debe ser racional, es decir, replanteada y reconsiderada lejos de la influencia de la Iglesia Católica, institución que es un obstáculo para los preceptos de la razón: justicia, libertad, igualdad y fraternidad.  

III. Segunda etapa: el énfasis en lo clásico

Cuando se lee algún texto de Francisco Bilbao, es frecuente encontrar alguna alusión a la forma en la que Grecia y Roma concretaron sus sistemas políticos o, para precisar, la forma en la que tradicionalmente se nos ha enseñado que concretaron sus sistemas de gobierno, siempre mostrando lo más destacado. Francisco considera a ambas como modelos de su sistema político, tomando de ellas los elementos que considera adecuados para la realización de su proyecto. Desde esta etapa, Bilbao comenzará a perfilar de manera más definida el proyecto latinoamericano.

No obstante, el rescate que hace el autor posee cierto grado de ambigüedad, lo que se explica por dos motivos: el primero refiere a que es probable que la recepción realizada por Bilbao esté deformada por su contexto socio-político, histórico y cultural y, en segundo lugar, debe ser considerado el hecho de que en alguna parte del camino de la construcción del proyecto, Francisco adopta una postura más crítica en relación a sus modelos políticos, lo que implicará la modificación de algunos aspectos pensando en el contexto del continente.

Para el autor, las raíces clásicas serán el punto que permitirá instaurar un sistema de gobierno único en todas las naciones que respondan a un origen común y a idiomas que tengan un origen común, perpetuando lo que el autor chileno denomina “la bella tradición latina.” (Bilbao 2007, 300). Bilbao dice al respecto: “[…] tenemos que perpetuar nuestra raza Americana y Latina, que desarrollar la República, desvanecer las pequeñeces nacionales para elevar la gran nación americana, la Confederación del Sur.” (Bilbao 2007, 366), lo que se concretará mediante elementos de la política clásica. Por esta razón, la República no puede perderse con el paso del tiempo; los mandatos de la razón siempre se han manifestado al hombre y ella es, justamente, un mandato de la razón. Por eso, el autor asevera: “La razón emancipada tenía por consecuencia lógica la soberanía del pueblo, cuya manifestación política es la República.” (Bilbao 2007, 347). Debemos, entonces, rescatar y conservar lo que la razón ofrece a través de la historia para consolidar la soberanía de los individuos; que haya responsabilidad sobre los actos, sobre lo que se piensa y que no se pierda la conciencia de la libertad y del deber de gobernarse que cada uno posee, porque va en contra de los mandatos de la razón. 

El concepto de soberanía en Bilbao acompaña al de República casi de manera indisoluble y está relacionado con el legado de la democracia ateniense, uno de los aspectos más representativos del mundo helénico. Afirma Bilbao:

¿Quién ha brillado más en la historia que la Grecia? Poseedora en alto grado de todos los elementos y condiciones que pueden presentar al hombre en la plenitud de sus facultades asociadas al goce completo de la personalidad, sucumbe por la división y la división apaga la luz que su heroísmo conquistara. (Bilbao 2007, 370)

La soberanía, según el autor, es la base en la que se sustenta una República, por lo que la herencia de Roma no tendría valor sin lo que ha entregado Grecia, formando un complemento. Es este complemento el que da pie a Francisco para hablar de la “Iniciativa de la América del Sur” (Bilbao 2007, 363) y de “la raza américo-latina” (Bilbao 2007, 476), reuniendo a todas las naciones que tienen como idioma oficial una lengua romance (específicamente español, francés y portugués) y estableciendo una diferencia con el resto del continente, que sería la América Sajona, es decir, Estados Unidos. Ellos son diferentes porque los ingleses poseen una personalidad diferente a los españoles, franceses y portugueses pero, además, a pesar de la admiración por considerar que la libertad de pensamiento estuvo presente allí desde sus orígenes hasta su conformación como nación independiente (lo que no sucedió con las naciones bajo el dominio español) Bilbao establece la diferencia por las intenciones de conquista sobre territorio mexicano, nicaragüense y panameño entre los años 1853 – 1860, aproximadamente. Será esta misma situación la que provocará que Bilbao se decepcione de naciones que consideraba modelos —como Francia— puesto que también poseía intenciones de dominar México, decepción que quedará de manifiesto en sus textos: “¿Y por qué nosotros, Sud-Americanos, andamos mendigando la mirada, la aprobación, el apoyo de la Europa?” (Bilbao 2007, 587). Es producto de esto que, finalmente, Bilbao termina proponiendo una emancipación total respecto de cualquier nación: él considera que América Latina tiene sus propias herramientas para consolidar el gobierno republicano y democrático y solo mirará fuera de sus fronteras en caso de que alguna otra nación tenga algo que aportar en dicho objetivo. De esta manera, la forma de gobierno que se constituya en Latinoamérica será el modelo a imitar por las naciones que quieran seguir el mandato de la razón, esto es, establecer un gobierno republicano, de carácter democrático y sustentado en la libertad y la igualdad.

IV. Tercera etapa: la influencia de su tiempo

Francisco tiene presente el elemento de la soberanía, del auto-gobierno, que ha identificado en la democracia directa legada por el mundo helénico a la personalidad latina. Sin embargo, junto a esto, debe ser considerado el hecho que presentan García y Mondragón (2013, 193): “Bilbao llegó a Francia en medio de un vigoroso proceso de difusión universitaria de la filosofía alemana”, lo que permite advertir el acercamiento de los intelectuales franceses a estas propuestas y, por extensión, se explican los elementos en común que se pueden encontrar en el pensamiento de los autores germanos y el pensamiento bilbaíno, particularmente, los que pueden rastrearse desde la segunda etapa del proyecto político para Latinoamérica.

Para esta tercera etapa se reconoce, en primer lugar, las alusiones a Kant, aunque no son numerosas ni explícitas, como ocurre con las referencias a Hegel. Un ejemplo son las afirmaciones en el texto El Gobierno de la libertad. Dice:

Todo hombre es soberano y es por eso que tiene el derecho y el deber de pensar en la cosa pública (res-publica). Confiar en directores, en presidentes y legisladores absolutos, en tutelas que nos descarguen del trabajo, es abdicar la soberanía. (Bilbao 2007, 316)

En el mismo tono de la cita anterior, Bilbao se pregunta: “¿Qué sería del hombre que delegase a otro su poder de pensar, a otro su conciencia, a otro su voluntad? ¿Sería un soberano? No.” (Bilbao 2007, 321). Estas son referencias que recuerdan a las palabras de Kant en ¿Qué es la Ilustración? (2004, 33):

La Ilustración consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro.

Sumado a esto, ya había indicado que el principal referente de Francisco Bilbao sería G. W. F. Hegel. Este autor propuso en Lecciones sobre Filosofía de la Historia que “la historia universal no es sino la realización del espíritu y por ende la evolución del concepto de la libertad” (Hegel 1980, 700) idea que también está reflejada en la Fenomenología del Espíritu, donde el avance hacia el Saber Absoluto es ilustrado mediante momentos históricos relevantes: antes de llegar al Espíritu están, por ejemplo, la oposición amo-esclavo y su superación en el estoicismo, y ya en el terreno del Espíritu aparece Grecia como inmediatez de la vida ética, que se concreta en la comunidad política; seguida por Roma, el feudalismo, la Revolución francesa y la Alemania de Napoleón (Hegel 1966). Bilbao parece compartir esta idea del Espíritu desplegándose en la historia: “Tal pueblo debe ser, luego tal pueblo puede ser. El espíritu vaga, buscando un pueblo en quien encarnarse para producir las epopeyas del porvenir” (Bilbao 2007, 223). A lo que aspiraba Hegel cuando hablaba de una mayor conciencia y realización de la libertad, era a la conciliación entre la comunidad política (representada plenamente por Grecia) y la libertad individual (propia del mundo moderno). El punto es que este momento de conciliación aún no ha sido alcanzado y, según Hegel —en contraposición a Marx— no se pueden prever los sucesos de la historia para saber cuándo y cómo sucederán, sino que solo se puede evaluar la contingencia o la necesidad de lo ya acontecido. Esto permite apreciar qué pueblo portó el testimonio de la historia, es decir, en qué pueblo el Espíritu se manifestó, encaminándose hacia una mayor realización de la libertad. A la luz de estos antecedentes, para Bilbao, en un primer momento:

Chile es la esperanza de la América […] Su situación en el espacio, en el tiempo, su colocación geográfica, y moral, su espíritu de persistencia, su fe en sí mismo, las garantías de estabilidad que presenta para el bien y para el mal, todo esto que forma su carácter y su genio llaman a Chile a ser la ciudad necesaria que invocamos (Bilbao 2007, 300).

Es decir, en Chile se dan las condiciones necesarias para la manifestación del Espíritu, lo que se materializará en el establecimiento de una República con un gobierno democrático, cuyo eje central es el ‘autogobierno’ justificado en la facultad de la razón que todos los individuos poseemos. Esto debe ser así porque “aislarse en sí mismos, negar la inteligencia a las grandes miras, renunciar al deber que impone la situación geográfica, y la situación moral es abdicar en la historia y provocar a otro pueblo más digno que sepa llenar ese vacío” (Bilbao 2007, 297). Por eso, el mandato del chileno es: “[…] tenéis que encarnar la conciencia del derecho, tenéis que practicar el gobierno directo bajo la única autoridad posible: la libertad como ley, la libertad como acción, la libertad como medida” (Bilbao 2007, 303). El nombre que Bilbao da a este sistema es El gobierno de la libertad definido como “la idea pura en la política y su forma pura es el gobierno directo del pueblo” (Bilbao 2007, 315). Son estos elementos los que pasan de ser considerados en un nivel micro a un nivel macro. Bilbao aumenta la apuesta y dirá que es América el paradigma de la libertad y el autogobierno para el mundo. No obstante, esta América es la latina (por eso la creación del nominal Latinoamérica), quien encarna la herencia de la tradición clásica:

Hay, pues, necesidad de una nación que consagrando la inviolabilidad del individuo, consagre la unidad del deber y perpetúe purificando la bella tradición latina de la sociabilidad, el germen de la fraternidad latente, ese fondo de espontaneidad y de entusiasmo por lo bello, irradiación del arte, legislación de la intuición, paternidad para con el débil, epopeya de la filosofía y de los instintos generosos (Bilbao 2007, 300).

Esto es sumamente relevante porque se considera que Francisco Bilbao es quien utiliza por primera vez el concepto Latinoamérica, es decir, un concepto que nos es habitual fue creado por un chileno y ha sido tan influyente que logró delimitar un sector geográfico.

El proyecto político para Latinoamérica posee una naturaleza simbiótica porque reúne los elementos de la cultura occidental que el autor considera valiosos. Dicha combinación, a juicio del autor, es “la fórmula definitiva de la evolución humana a que asistimos” (Bilbao 2007, 181). Finalmente, conocer el proyecto latinoamericano también es una oportunidad de conocernos a nosotros mismos, chilenos, ciudadanos e integrantes de una sociedad que tiene como antecedente el pensamiento que marcó una época en la historia de Chile.   

Bibliografía

Bilbao, Francisco. “Boletines del espíritu”. En Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio. 211-226.

____________. “El congreso americano”. En Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio. 475-482.

____________. “El evangelio americano”. En Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio. 677-758.

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____________. “El mensaje del proscrito a la nación chilena”. En Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio. 297-306.

____________. “El presidente Obando”. En Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio. 345-354.

____________.”Iniciativa de la América”. En Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio. 363-374.

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____________. “Prefacio a los Evangelios”. En Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio.,177-182.

Bilbao, Manuel. “Vida de Francisco Bilbao”. En Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio. 27-130.

Bravo de Goyeneche, José, coord. 2007. Francisco Bilbao 1823-1865: el autor y la obra. Santiago de Chile: Cuarto Propio.

García, Álvaro; Mondragón, Rafael. 2013. Correspondencia de Francisco Bilbao con Lamennais, Quinet y Michelet. Anales de literatura chilena, vol. 20: 187 – 282.

Hegel, G. W. F. 1982. Lecciones sobre filosofía de la historia. Traducción de José Gaos. Madrid: Tecnos.

Hegel, G. W. F. 1966. Fenomenología del Espíritu. Traducción de Wenceslao Roces. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.

Kant, Immanuel. 2004. Filosofía de la historia. Traducción de Emilio Estiú y Lorenzo Novacassa. La Plata: Terramar.


  1. Los datos biográficos de Francisco fueron revisados en la biografía escrita por Manuel Bilbao, en la edición de textos de Bravo de Goyeneche (2007).


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