Impacto en la subjetividad y en los procesos de formación en la práctica
María Rosa Segovia
Al pensar la categoría Infancias es inevitable, por el escenario en el que estamos, recorrer mentalmente la línea histórica que va desde la época de la modernidad, el estado argentino y el proyecto político de sarmiento normalizador, homogeneizante, que consideraba a las infancias, al niño como un menor “sin derechos”.
Infancia y modernidad: ¿qué se perdió en ese recorrido?
Con la ley 1420 surge el estado como garante, de la mano de la obligatoriedad, viene el reconocimiento de los derechos a los menores.
En este recorrido en clave histórica aparece en mi memoria, ya en las primeras décadas del siglo XX, la escuela nueva, sus prácticas, entre lo prohibido y lo permitido, el modelo de la ruralidad del maestro Iglesias y la escuela de la Srta. Olga. Mucho se ha reseñado acerca de estos modelos, modelos que confrontan con aquel homogeneizante y que les otorgan a los sujetos pedagógicos, aires de libertad…
Más tarde en las décadas del 60 y 70 los niños se tornan objetos de un mercado, cuyas leyes sin regulación del estado, lo cosificaron, tanto en el 30 como en el 70 hay un borramiento del niño en cuanto tal.
Es así que, analizando las posiciones, las representaciones, que subyacen al modelo hegemónico, el homogeneizante modelo de Domingo Faustino Sarmiento, coincido con Karina Kaplan “que las concepciones subyacentes vieron a esa enseñanza escolar obligatoria, como aquella que debía limitarse a la transmisión de sus contenidos, y a la formación moral de la infancia” (Kaplan, 2017: 67). La autora citada hace referencia a “que estas metáforas y figuras sobre la infancia y sobre el estudiante eran muy poderosas. ¿Se pregunta cuáles son los parámetros de la normalización y cómo operan?” (Kaplan, 2017: 56).
Continuando con su pensamiento ella señala que el lenguaje escolar, se nos aparece como clasificatorio, cargado de veredictos y pronósticos acerca de los comportamientos conductas esperados por niños, niñas y jóvenes, el efecto Pigmalión, advertimos junto a la autora que retoma de Pierre Bourdieu, que un camino posible para pensar y revisar las desigualdades en las trayectorias y experiencias escolares es tensionando con el origen social de los y las estudiantes desde una perspectiva profunda en la constitución de su subjetividad.
Es así como Pierre Bourdieu, plantea el concepto de violencia simbólica que se hace visible e imperceptible en la vida cotidiana. Hoy la violencia se ha vuelto suave, invisible, es por tanto que se podría pensar en una escuela sin máscaras y sin estigmas, sin clasificaciones. Es así que voy a intentar compartir con ustedes algunas reflexiones que me han conmovido profundamente y me han hecho venir a este encuentro.
Estoy convencida de que son los pequeños gestos los que le dan significado a nuestras acciones y a las grandes transformaciones que requiere nuestro contexto, particularmente los sujetos que contenidos en la categoría de infancias aprendimos a construir en la escuela y en la familia.
¿Qué pasa cuando esta construcción no es posible, cuando el lazo no enlaza?
Enfrentar el sufrimiento social es una de las tareas más complejas y necesarias que en tanto docentes y futuros docentes debemos, llevar adelante en nuestras prácticas docentes cotidianas.
El docente y la escuela acompasan, como el paisano que en el campo camina al costado del río frente a una tormenta, el sufrimiento social propio de la condición de las infancias. En la actualidad, es así que nosotros en tanto docentes advertimos nuestro propio padecimiento frente a las condiciones en las que se construyen y desarrollan nuestras prácticas condiciones de trabajo que ya había planteado Stenhouse (1990) como condiciones de trabajo adversas que expresan fragilidad, vulnerabilidad e indefensión. En algún caso la imagen del aula cerrada que nos planteó Elsie Rockwell (1987) que todo está fuera en el mundo pareciera de mínima, siguiendo a Carina Kaplan una falacia, es así que pensamos en cuáles son las problemáticas psicosociales que no son ajenas a ella y a las prácticas de formación, prácticas pedagógicas destinadas a nuestras infancias y adolescencias.
Por momentos pareciera ser que no hay lugar para construir tramas vinculares de sostén que en otros momentos la escuela supo construir, los lazos de solidaridad de reconocimiento y de respeto mutuo dejaron lugar al hostigamiento, a la hostilidad, a la discriminación, y a las violencias. Muros de exclusión que nos separan nos segregan y hacen que nuestras infancias se vean arrojadas por momentos a lugares desde donde es muy difícil volver.
Es así que contemplamos las problemáticas culturales y sociales: el impacto de los procesos migratorios, la pobreza, el trabajo infantil, el maltrato, abuso en todas sus formas, y el consumo y abuso de sustancias y las problemáticas escolares propiamente las vinculadas con la violencia en la escuela y fuera de ella. En los últimos tiempos, estas problemáticas han ido creciendo en forma persistente y constante y nos plantean una alarma respecto de las políticas educativas que el Estado debe garantizar.
Vamos a tratar de profundizar algunas de ellas para luego hacer un punteo rápido acerca del impacto profundo que las mismas tienen en los procesos de formación en la práctica.
Pensando en la infancia hoy en la Argentina en tanto analizador, observamos la creciente desigualdad a pesar de la visibilidad de los derechos de las infancias que invisibilizan los niños y a las tragedias que los mismos transitan o alrededor de ellos acontece.
¿De qué hablamos cuando hablamos de violencia?
Por violencias entendemos la acción de un individuo o grupo que violan la integridad física, social, y psicológica de otra persona o grupos.
En el espacio educativo específicamente la violencia escolar generando una forma de interacción en la que este proceso se reproduce. En otras palabras, es obligar a otra persona, o utilizando la fuerza o la amenaza a realizar un acto o a tomar una decisión en contra de su propia voluntad.
Miles de alumnos viven en condiciones que constituyen formas de violencia incorporadas a su vida cotidiana que ruptura en su cotidianidad. Este es un problema creciente aunque sea una problemática de larga data.
Se define la paz en términos de ausencia de la violencia. Su construcción implica un movimiento en sentido contrario a cualquier tipo de ellas. Para la OMS en el año 2002 la violencia es el uso deliberado de la fuerza física, en grado de amenaza o afectivo contra uno mismo, otra persona, o un grupo o comunidad que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.
El maltrato contra las niñas y los niños constituye un problema en sí mismo y un factor de riesgo altísimo dentro de otras formas de violencia, en la vida adulta sus consecuencias, entre ellas están el estrés postraumático, mecanismos de defensa que atentan contra la vida del sujeto y su desarrollo y la depresión
Ahora bien, ¿qué es ser violento en el ámbito escolar?
El hostigamiento o bullying palabra acuñada en el mundo anglosajón y en Brasil, debe ser concebido como una forma de violencia desde la relación y caracterizada desde ella en la interacción entre los sujetos, grupos dentro de la institución escolar, siendo esta relación asimétrica en su grado de poder y con roles diferenciados en la dinámica institucional. Comprende una intencionalidad en el uso de la fuerza o el poder, la generación de un daño es perseguido en el que subyace el ejercicio de alguna forma de poder y se la entiende como la expresión de una relación en aquel conflicto que le precede y que no pudo resolverse.
¿Qué vemos?
Repercusiones negativas en las capacidades relacionales, de apego y en la autoestima, consecuencias psicosomáticas, problemáticas vinculadas con trastornos del sueño, cambios en los hábitos de comida, trastornos alimenticios, pérdidas de control de esfínteres, dificultades psicomotoras, fugas del hogar, huidas, conductas de autolesión, autodestructivas, hiperactividad o aislamiento, aumento de desatención e hiper-diagnósticos como el TDH, bajo rendimiento académico y conductas disruptivas en el aula trastornos de tipo disociativo consumo y abuso de todo tipo de sustancias rechazo al propio cuerpo y al del otro culpa y vergüenza y más violencias.
¿Es la violencia un conflicto hoy o no lo es?
La violencia no es innata, es un proceso de aprendizaje del sujeto en su contexto social, cultural y familiar. Encarar este conflicto en forma creativa y convertirlo en problema constructivamente y de forma no violenta sería un cambio instituyente en una institución saludable.
¿Sabían que los niños y las niñas más pequeños que sufren violencia carecen de la capacidad de denunciar?
Generalmente ello ocurre por temor a sufrir las represalias de sus autores o por suponer que la intervención de la autoridad puede empeorar la situación. Al momento de esta conferencia el 40% de los compañeros en un aula sufren el maltrato de otros…
Ahora bien la violencia escolar es un problema multidimensional entonces qué responsabilidad asume la autoridad educativa y los formadores; solo una pequeña proporción de los actos de violencia infringida contra niños o niñas y niñas es denunciado e investigado poco de sus autores son procesados al no existir estadísticas totales censales basadas en el maltrato el abuso en el hogar o en la escuela se subestima la verdadera magnitud del problema (Castro Santander, 2013: 50).
¿Cuáles son estos distintos tipos de violencia escolar?
- La disrupción en el aula
- Problemas de disciplina
- Conflictos entre profesorado y alumnos
- Maltrato persistente entre compañeros (hostigamiento)
- Situaciones de vandalismo en escuelas y daños materiales
- Violencia física
- Hostigamiento sexual
- Grooming y ciber violencia
Ahora bien, sobre la pobreza y la exclusión social en las infancias.
¿Sabían que hay más de 5.000.000 niños que son dos veces más pobres que los adultos que nos encontramos en este auditorio?
Al momento de esta conferencia las Provincias de Chubut, Jujuy y Salta presentan las tasas de suicidio en la adolescencia más altas del país. La falta de personas significativas o instituciones que los contengan afectivamente, y las dificultades para atravesar pruebas establecidas socialmente en la transición a la juventud son factores que predominan en la conducta suicida de los adolescentes.
El abandono parental y el estado
Encontramos un doble abandono: el parental por múltiples causas y el del Estado que deja libres a los niños y niñas a la deriva libre de políticas sociales activas universales y focalizadas que los atiendan también más especialmente o sea que no se trata solo de ir a la escuela. Pero también se trata hoy de ir a ella dado los altos niveles de abandono, ausentismo, trayectorias de baja intensidad a los que se le suman los recurrentes y cada vez intensos conflictos docentes. Hoy el maltrato es invisible (De Jourses, 2015): el hostigamiento puede ser psicológico en tanto incidentes extremos o un patrón crónico repetitivo de algunas de estas condiciones, como podemos observar en la imagen (violentómetro).
Hay dos tipos de teorías en esta imagen que presentamos: una teoría pensada desde una Perspectiva de género, y otra pensada desde los enfoques institucionales las bromas hirientes, en el primer punto hasta el acoso institucional laboral o femicidio nos hablan de ellas.
Hay una larga puntuación de acciones en contra de las infancias y las adolescencias en el medio del cuadro.

Por otro lado, observamos simetrías y asimetrías en las relaciones entre adultos y niños. La asimetría tejida por la sexualidad queda desmentida desde el punto de vista sociocultural: violencia en vínculos intergeneracionales, crecimiento del trabajo infantil y expansión creciente del abuso y la pedofilia.
Hay dos tipos de tradiciones de teorías respecto de la violencia: una, las derivadas de los perfiles de víctimas y victimarios Olweis (1970), y la otra multimodal, más comprensiva y ecológica. Teniendo cuenta esta última es pensar en la escuela y en la familia en tanto factores psicosociales que se encadenan conductas pro sociales o violentas trabajar, en estos dos polos preventivamente e incorporarlos en el trabajo institucional es una tarea sustantiva que nos cabe a los formadores.
Hoy la escuela entonces es una institución de contención, de construcción de tramas, de sostén como diría Lidia M. Fernández (1994) y es el punto de partida y de llegada que orienta nuestras prácticas profesionales: la subjetividad y la intersubjetividad en el sentido de entretejido se pone en un primer plano en esta escena que se construye hoy trabajar. Trabajar en la reparación de aquel lazo social roto dejado de sí, echado, excluido, estigmatizado, significa el reconocimiento de los años tanto en lo individual como en lo colectivo y en la presencia de heridas intersubjetivas que según nuestra propia singularidad y estructuración socio afectiva por tamos en tanto marca subjetiva en nuestra propia memoria narrativa biográfica.
Coincidimos con Carina Kaplan cuando dice que
… identificar y ayudar a la elaboración de situaciones y dinámicas que conlleven un perjuicio intersubjetivo sufrido es implementar y poner a prueba estrategias pedagógicas en tanto dispositivo simbólico que posibilite reconstruir los vínculos afectivos con el propósito de no repetir y aprender (Kaplan 2017: 31) ya que la violencia se aprende en términos Castro Santander (Castro Santander 2027: 44).
Reparar lo que está roto significa enseñar y aprender a ponerse en el lugar enfáticamente del otro. Es así que el dolor se encarna, se hace carne en nuestros cuerpos que poseen los signos de la memoria de lo colectivo, las marcas corporales son símbolos o signos de los modos en que transitamos a lo social.
Retomando la voz de Silvia Bleichmar:
… La violencia no deriva de la pobreza y aunque esto podríamos afirmar con certeza que todos los que estamos en este auditorio tenemos claro que esto es así, sino que es una forma en cómo se ha deconstruido la noción del semejante del otro y también de las condiciones de impunidad que vive la sociedad argentina desde hace años (Bleichmar, 2014: 15).
Es por tanto que la construcción del sujeto ético implica revisar la teoría misma acerca de las premisas de la constitución subjetiva en común, porque este espacio nos permite a todos pensar, producir y construir en forma colectiva.
La autora se pregunta, ¿si el sujeto disciplinado no es el sujeto ético? La puesta de límites en la escuela nos muestra las legalidades que constituyen el sujeto.
El problema no reside en el límite, en sí, sino en la legalidad que lo estructura y lo pauta. La escuela tiene la posibilidad de trabajar y ofrecer la función del Otro, es el otro grande con mayúsculas no en el otro al que alude la autora… Entonces en esta asimetría entre el adulto y el niño, en estas diferencias de poder y de saber del adulto, respecto de niño fundamentalmente en lo que hace a la sexualidad, el concepto debe ser repensado en términos de modo y del modo en que cada cultura pauta el acortamiento de la apropiación del cuerpo del niño como lugar del goce del adulto.
En este sentido queremos cerrar esta conferencia con las propias palabras de la autora cuando dice que la problemática ética no pasa entonces por la triangulación hoy ni por las relaciones de alianza, sino por el modo en que el adulto sí se emplaza frente al niño en su doble función de inscribir la sexualidad y al mismo tiempo de pautar los límites de su propia apropiación. O sea, no se trata de la acción del niño sino de un límite a la apropiación del cuerpo del niño por parte del adulto. La problemática de la ética empieza con el modo en que el adulto va a poner coto a su propio goce en relación con el cuerpo de niño, inscribiendo de este modo en los cuidados que realiza, algo del orden de una circulación que es además organizadora en esta forma de operar del adulto con respecto al niño. Ella va a ser la base de todos los motivos morales como lo sostuvo Freud. En términos winocoteanos, es necesaria la presencia de una madre lo suficientemente buena que mire, sostenga y muestre los objetos del mundo externos para que el niño pequeño realice el pasaje de cachorro de la especie humana a sujeto.
¿Entonces son nuevas o viejas problemáticas?
Algunas de las problemáticas que subsumen a nuestras infancias:
- Incertidumbre
- Miedo
- Estrés
- Ansiedad
- Depresión
- Falta de comunicación
- Duelos
- Excesos
- Trastorno emocional
- Mutismo
- Aislamiento
- Conductas disruptivas
- Alcoholismo
- Farmacodependencia
- Sexting bullying
- Cutting
- Violencia cibernética
- Violencia intrafamiliar
Nos preguntamos ¿cuál es entonces el impacto en la salud mental y en el bienestar psicosocial de niños y niñas? Esto es la otra cara de esta realidad antes descripta, es que el 50% de los adolescentes (antes infantes) ha experimentado un aumento del estrés y de la ansiedad. Las tasas más altas de síntomas en salud mental se presentan con más comorbilidades, con frecuencia viven en situaciones de privación y desesperanza y hay mayores afecciones de salud mental y físicas preexistentes.
El suicidio es la tercera causa principal de muerte entre los jóvenes entre los 15 y 19 años. Podríamos enumerar un sinfín de datos, pero para concluir es importante pensarnos más allá de los números y como dijimos al comienzo en nuestras prácticas profesionales la práctica de la formación y al decir de Valeria Bedacarratx la pregunta es ¿qué califica? ¿Qué rasgos peculiares caracterizan a los procesos de formación?, ¿qué significa estar en una relación de formación?, ¿qué se juega en el deseo de formar y de ser formado?
Para concluir nos preguntamos ¿está la escuela preparada para formar y no instruir? Esto es educar sujetos críticos y emancipatorios al decir de Freire.
Referencias bibliográficas
Bauman, Zygmunt (2007). Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre. Editores Tusquet, Buenos Aires.
Bedacarratx, Valeria (2009). Futuros maestros: Búsqueda y construcción de una identidad profesional. Una mirada psicosocial a los procesos subjetivos que se juegan en los trayectos de práctica. Biblos Editorial, Buenos Aires.
Bleichmar, Silvia (2021). Aportes del psicoanálisis para una teoría de la inteligencia. Noveduc Editoriales. Buenos Aires.
Castro Santander, Alejandro (2017). Desaprender la violencia. Un nuevo desafío educativo. Editorial Bonum, Buenos Aires.
Dejours, Christophe (2006). La banalización de la injusticia social. Editorial Topia, Buenos Aires.
Dolto, Francoise (2005). La dificultad de vivir. Vol 1, Cuarta Reimpresión. Editorial Gedisa, Barcelona.
Kaës, Rene (1996). Sufrimiento y psicopotalogia de los vínculos institucionales. Elementos de la práctica psicoanalítica. Editorial Paidós, Buenos Aires.
Kaplan, Carina (2021). La vida en las escuelas. Esperanza y desencantos de la convivencia escolar. Editorial Homo Sapiens, Rosario.
Olweus, D. (1977). “Aggression and peer acceptance in adolescent boys: Two short-term longitudinal studies of ratings”. En Child Development, N° 48.
- Conferencia de cierre de las Jornadas de Prácticas Preprofesionales de la Patagonia Austral, realizadas en la UNPA-UASJ, Puerto San Julián, octubre de 2019.↵






