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Introducción

Brígida Renoldi y Alejandro Benedetti

Este libro surge del seminario anual realizado durante los días 15 y 16 de junio de 2022, en la ciudad de Posadas, por el Grupo de Estudios sobre Fronteras y Regiones (GEFRE) con el propósito de actualizar los debates en torno a las fronteras. El GEFRE, cuyo sitio web es https://gefre.ar/, se creó en 2013 a partir de la reunión de investigadores e investigadoras con interés por trabajar sobre las fronteras, desde distintas perspectivas y en diferentes etapas de su formación. Inicialmente se concentró en el Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires, pero, con el tiempo, se tendieron redes hacia diferentes centros de investigación de la Argentina y del resto de Latinoamérica. Esta red en la actualidad está integrada por un núcleo de participantes activos y un grupo amplio de investigadores asociados, además de otros profesionales con quienes se da una interesante cooperación y diferentes intercambios.

En esta ocasión, el Instituto de Estudios Sociales y Humanos (IESyH), de doble vinculación con la Universidad Nacional de Misiones y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, se desempeñó como anfitrión y sede del evento. Se trata del VI Seminario Internacional Bordes, límites, frentes e interfaces: fronteras no antropoceno ité, que reunió a integrantes de esta red en un entusiasta debate que resultó en iniciativas de cooperación para nuevos proyectos de trabajo conjunto.

Nos gusta la idea de pensar la frontera, y de ello surgen palabras que van hilvanando sus sentidos:

La palabra frontera nos lleva a pensar en un límite, en el otro lado del límite, en el entremedio, en el tránsito, en la distancia y en el pasar. El paso también evoca el cambio y, en consecuencia, el temor, la reducción o puesta en suspenso de la seguridad, el desorden que puede encontrarse en lo desconocido, lo nuevo que trae un nuevo lugar o posición (Van Gennep, 2008). Inclusive, el término frontera remite al riesgo y, a veces, a las patologías (como es el caso de la categoría borderline para ciertas manifestaciones de la personalidad, estados de la mente o condiciones psíquicas).

Las fronteras pueden ser consideradas como íconos de la diferencia, ya sea porque describen la diferencia, la construyen o la destruyen. Nos referimos a dualismos que imponen clasificaciones binarias de gran protagonismo en el llamado occidente moderno (Latour, 2007). Este es el caso de la línea que separa lo femenino de lo masculino, por ejemplo, que da lugar a conceptualizar lo trans (lo que está más allá, a través, del otro lado), para quien desafía alguno de sus términos, atravesándolo. Lo trans, a su vez, referencia a lo cis (lo que está de este lado, más acá del límite), para quien se afirma en alguno de esos términos. Estas distinciones nos invitan a pensar la frontera como perspectiva: ella no está ahí afuera como mojón al que llegar, atravesar o desde el cual irse. Se trata de una perspectiva porque creamos la frontera en la experiencia, en el tiempo y los lugares; lo hacemos desde la posición que ocupamos en el mundo y es sólo desde allí que puede referenciarse el borde.

No está en “un” lugar, aunque la frontera necesita un sitio, un terreno, se constituye en un espacio, sea material (como en el caso del borde internacional), simbólico (como aquel límite que define el pasaje a la adultez), o material y simbólico (como es la línea que separa lo femenino de lo masculino). Pero, además, la frontera precisa tiempo para ocurrir. Por eso, es también historia: deviene historia contada. El contar historias, el compartir historias, el saber historias crea complicidad, genera lazos y afirma perspectivas (Schapp, 1992). Por eso, al usar el término frontera es preciso contemplar que su trastienda está hecha de tiempos, lugares, experiencias y relatos que informan, de avances y retrocesos, las políticas nacionales que las toman por objeto y que suelen reducirla, en cierto sentido, a aquello que ha definido el estado como parámetro para su soberanía nacional y cultural: límites entre cosas, lugares y comportamientos.

La frontera como perspectiva desafía, así, el modo en el que la concebimos y nos permite pensarla también como método (Mezzadra y Neilson, 2013). Por ejemplo, ¿en qué tono termina el blanco y se pasa al negro? Este binarismo blanco/negro sostuvo el racismo más homicida que nos pueda relatar la Historia (Mbembé, 2011). Vemos que el concepto de raza justificó la clasificación cromática de las pieles y jerarquizó los términos: blanco sobre negro. El mestizaje, lo ch’ixi (en aymara significa lo manchado), se presenta como concepto que reivindica otra condición de la existencia, condición que no sintetiza los dualismos provocados por el racismo, y tampoco se propone como un resultado de la hibridación entre ambos (Rivera Cusicanqui, 2018). Lo ch’ixi, lo abigarrado, emerge como combinación diversa de aquello que fue previamente separado, una composición donde elementos diferentes, de tiempos distintos y de naturaleza variada, coexisten en un tiempo y en una formación sociomaterial a fuerza de defender y reivindicar lo heterogéneo a partir de infinidad de prácticas y expresiones que discuten hasta disolver los dualismos que insisten en encriptar lo múltiple (Rivera Cusicanqui, 2018; Chatterjee, 2008).

Esta discusión está directamente relacionada con los efectos de las diferentes agencias que producen fronteras. Si a las fronteras internacionales les agregamos en el análisis este otro tipo de fronteras, podremos entender, quizás, las relaciones entre México y EUA, entre Argentina y Paraguay, Bolivia o Brasil, en los espacios fronterizos, donde se expone crudamente la jerarquía que resulta al separar, dividir, distinguir, a partir de una línea nacional de validez hegemónica. Podríamos, de hecho, equiparar nuestras realidades fronterizas a otras, en términos de jerarquías y valores: ¿Argentina sería a Paraguay y a Bolivia lo que Estados Unidos a México? ¿Argentina y Paraguay serían a Brasil lo que México a Estados Unidos? Por infortunio o fortuna, es en las prácticas vívidas y situadas donde lo que estas fronteras separan se une de modo abigarrado y cuestiona, día a día, la pureza y homogeneidad que se presupone para cada lado y que se traduce tras el concepto de soberanía nacional.

A frontera se le suma el sentido de la regulación estatal en las ciudades y pasos terrestres internacionales donde se concentran casi todas las agencias nacionales de control: migratorio, sanitario, vial, policial y militar, aduanero y consular. Se suman otras entidades, como las empresas, los hospitales, las escuelas y universidades, los centros comerciales y los casinos. Si tomamos por referencia aquellas ciudades ubicadas en espacios de frontera internacional observaremos una tendencia a estimular y explotar el turismo. Para este objetivo se ha impulsado la inversión en infraestructura turística, hotelería, comercios, free shops, vialidad, etc. Pero, lejos de revelar un crecimiento parejo, estas inversiones se acompañan de cada vez mayor segregación social, dado que este proceso estimula la migración de personas para trabajar y aumenta la densidad demográfica en ciudades fronterizas. La realidad presiona el mercado inmobiliario y la demanda de servicios, a la vez que multiplica la desigualdad que, por su parte, contribuye con el involucramiento en actividades informales, y a veces ilegales, que terminan erigiéndose como la cara pública de las ciudades de frontera, al menos en América Latina.

No obstante, pensar las fronteras es también inventarlas. La frontera, en tanto símbolo cargado de agencia, dado su poder clasificatorio, nos lleva a observar contrastes entre espacios, tiempos y valores. Como ya se dijo, una vez concebidas como líneas que separan universos diferentes, las fronteras promueven jerarquizaciones. Decimos que separan lo diferente, pero lo cierto es que producen la diferencia al separar. En este sentido, frontera, como concepto, es una herramienta para pensar infinitas expresiones de la diferencia. Sin embargo, bajo esta palabra se han privilegiado las separaciones establecidas en términos geopolíticos por los estados nacionales.

En este libro nos interesa, especialmente, desarmar la noción de frontera a la luz de diferentes objetos que, en principio, parecería que la llevan puesta como parte de sus propias naturalezas: el límite internacional, por ejemplo.

El trabajo de Benedetti y Salizzi va al encuentro de representaciones acerca de la frontera. Sistematiza y analiza las analogías y metáforas más ampliamente utilizadas en Latinoamérica para identificar objetos, prácticas y sujetos fronterizos, centrando la atención en los sentidos literales y retóricos que transmiten. Los autores seleccionan nueve palabras, utilizadas por diversos saberes y disciplinas, que tienen diferentes profundidades históricas y en la actualidad gozan de distinta popularidad. El análisis se presenta en tres secciones: (1) zoológicas: mulas, coyotes y hormigas; (2), biomórficas: epidermis, desmembramiento y gemelas; (3) físicas: dinámicas, calientes y porosas. La clasificación y el análisis desmontan varios sentidos consolidados en torno a prácticas fronterizas y ofrecen una mirada abierta y crítica a los usos de tales términos.

Desplazándose apenas del foco sobre las fronteras internacionales, Ana Goldemberg observa un basural a cielo abierto en Oberá (Misiones) y piensa en aquellos marcadores que separan la basura de lo que no lo es. En su descripción hace dialogar el paisaje fronterizo del basural con los conceptos de antropoceno, capitaloceno, basuroceno y chthuluceno. Su aporte ofrece herramientas analíticas que permiten pensar estos -cenos, y sus implicancias ecológicas y sociales, a la luz de la producción de fronteras de sentido sobre objetos y elementos recuperados/desechados.

En una dirección convergente con Goldemberg, por las reflexiones epistemológicas que alcanza, Xavier González analiza la agencia política del terreno / de los seres-tierra en los conflictos territoriales y, por lo tanto, también conflictos onto-epistémicos de la tribu carrizo-comecrudo (Texas, EUA). Como el autor mostrará en el capítulo, la lucha contra el muro fronterizo y, en general, en defensa de su territorio ancestral, el Somi Se’k, se despliega tanto en la defensa del río Bravo/Grande (Atmahau Pakma’t en su lengua, literalmente “río grande”) como en la colaboración con Atmahau Mete’l Pakma’t (literalmente “el espíritu del río grande”). Se trata de una resistencia más-que-humana, fruto del ensamblaje e interacción de entidades humanas (la tribu) y no-humanas (el terreno / los seres-tierra). Aquí, la convergencia de aspectos simbólicos y materiales en la frontera del río Bravo, revela la agencia humana sobre una frontera internacional profundamente racializada.

Ya el trabajo de Edgar Aparecido Costa describe, y también discute, el “territorio” y las “territorialidades” de la agroecología en la frontera Brasil-Bolivia, entendiendo que éstas son categorías plenas de significados y totalizantes, aunque parciales, para la comprensión de la frontera. Su indagación abarca áreas de los municipios de Corumbá y Ladário, en el estado de Mato Grosso do Sul (del lado brasileño) y los municipios de Puerto Quijarro y Puerto Suárez, en la provincia de Germán Busch, departamento de Santa Cruz (en el lado boliviano de la frontera). El motivo de la elección se debe al desempeño profesional del investigador y a la inducción de prácticas agroecológicas en ese espacio fronterizo por parte del Núcleo de Estudios en Agroecología y Producción Orgánica del Pantanal (NEAP), con sede en la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (UFMS), Brasil. Se propone, así, reflexionar en torno a estas experiencias de transferencia científica en y a través de la frontera.

Pensando en la creación de fronteras, Lucas Eguren analiza el proceso de incorporación de la Antártida al territorio argentino a través de la producción y regulación de la cartografía oficial, dejando identificar e interpretar los cambios y continuidades en la trayectoria de este proceso. El autor aborda el modo que se desarrollaron las actividades antárticas del estado argentino y enumera los puntos principales que contribuyeron con la regulación de la producción cartográfica en la Argentina. Su contribución revela la dimensión histórica y política en la producción del territorio nacional.

Por su parte, Maristela Ferrari propone un marco de referencia geo-histórico para comprender bajo qué perspectivas se construyeron las políticas de ocupación hacia la zona fronteriza argentino-brasileña en el extremo oeste de Santa Catarina, extremo suroeste de Paraná y noreste de la Provincia de Misiones (ARG). Su descripción constata que, a pesar de las diferencias entre las políticas nacionales de ocupación, existen elementos comunes entre ellas, como la exclusión de los antiguos habitantes de la tierra y la inserción de descendientes de inmigrantes europeos en territorios ajenos. Este capítulo alude, en cierto modo, a lo señalado más arriba acerca de la “raza” como tecnología, como parámetro de valor en la producción de las fronteras cromáticas entre las pieles. La hegemonía racial hace todos los intentos por blanquear a la población en esa zona fronteriza.

Desde la Historia se pueden observar los procesos multidimensionales de fronterización. Es el caso de Cintia Fiorotti Lima, quien se focaliza en la frontera internacional entre Brasil y Paraguay, pero también en la frontera entre lo legal y lo ilegal. La autora problematiza los cambios en los modos de vida según los trabajadores involucrados en el transporte y comercio legal/ilegal de mercancías en las fronteras entre los municipios del Departamento de Canindeyú/PY y Oeste Paraná/BR, a partir de 1940. De allí se derivan observaciones acerca del Estado que, junto al capital, actúa en la fiscalización, represión y criminalización de prácticas ilegalizadas, pero legitimadas socialmente por parte de los trabajadores. Una de las conclusiones es que, a partir de tales actuaciones, se disciplina la mano de obra en estas fronteras.

El objetivo de Kilian Pfannenmüller es reflexionar sobre la delimitación discursiva de los conceptos políticos de migración legal e ilegal. Para ello, estudia las contribuciones al discurso de Migración Colombia, la autoridad migratoria de Colombia responsable de monitorear y llevar a cabo el control migratorio. Objeto de análisis son las publicaciones de dicha institución, en el curso de la inmigración masiva desde Venezuela entre 2017 y 2020.

También desde la historia, Norma Oviedo analiza las prácticas cotidianas de las familias de pobladores, de establecidos y de foráneos, pertenecientes a diferentes grupos étnicos y diversas comunidades nacionales, durante el proceso de colonización y poblamiento en el Territorio Nacional de Misiones. Se propone indagar las múltiples intersecciones entre fenómenos migratorios y de movilidad, las redes sociales y las estrategias de sobrevivencia y el rol de los hombres y las mujeres en la acción colonizadora, como ejes fundamentales para capturar los atributos distintivos de la una sociedad formada en una región de frontera.

Froilán Fernández despliega una serie de postulados teórico-metodológicos para analizar las cartografías y los flujos narrativos en la frontera, tomando como punto de anclaje las presentaciones narrativas que ejecutan estudiantes y docentes en los umbrales escolares de la alfabetización. En este sentido, propone un análisis semiótico discursivo de relatos orales y narraciones escritas (alojadas en manuales escolares y cuadernos de clase) para postular reflexiones acerca de los procesos culturales de la frontera.

Muriel Pinto se propone discutir cómo universidades e institutos de formación con sede en las ciudades gemelas de São Borja-Brasil y Santo Tomé-Argentina vienen contribuyendo a la gobernanza de la educación y a la planificación de los recursos territoriales regionales.

Cecilia Gallero y Marina Miraglia, desde la Historia y desde la Geografía, respectivamente, se encuentran en la frontera con la Historia Ambiental. Allí dialogan sobre los procesos fronterizos en un marco temporal que les permite analizar de qué manera las fronteras sociales, políticas y económicas fueron estructurando el territorio. Este diálogo podría reconstruir los procesos de fronterización ambiental, claramente. El caso de la provincia de Misiones, en Argentina, es paradigmático, pues está inserta en un mundo de fronteras que empezaron siendo límites entre imperios coloniales, fronteras que actualmente marcan diferencias territoriales entre estados nacionales, costumbres sociales, idiomas (partiendo de la base y mezcla del castellano, portugués y guaraní). Las claves de interpretación que resultan de este diálogo y todo su potencial, quedan exhibidas en este capítulo.

Finalmente, el trabajo de Adriana Dorfman y Luana Casagranda busca identificar las revistas más destacadas en los estudios fronterizos latinoamericanos, que permitan develar características de esta producción. Además, observan si las revistas aparecen en los portales de indexación académica, dado el contexto periférico del campo. También proponen algunas interpretaciones de esta configuración, inspiradas en una transposición de la teoría de los dos circuitos de la economía urbana propuesta por Milton Santos. Finalmente, las autoras enumeran algunas estrategias para valorar las revistas y los esfuerzos que realizan los investigadores. Sostienen que la opción por la bibliometría puede justificarse por la agenda orientada a construir el campo de estudio, tanto en la calificación de sus canales de comunicación (publicación), como en el intento de establecer parámetros para revisiones bibliográficas sistemáticas, indispensables para el avance de la discusión.

En suma, todos los capítulos contribuyen a complejizar diferentes objetos que remiten a fronteras de algún tipo y proponen claves teóricas, epistemológicas y metodológicas para pensar los procesos involucrados en estas configuraciones sociohistóricas. La propuesta de este libro es pensar las fronteras más allá de los bordes. Invitamos a su lectura con la ilusión de que la reflexión sobre los problemas implicados en un término de uso tan común pueda contribuir con la expansión comprensiva de diferentes realidades condicionadas por formas de clasificación estadocéntricas.

Bibliografía

Chatterjee, P. (2008). La nación en tiempo heterogéneo y otros estudios subalternos. Buenos Aires: Siglo XXI.

Latour, B. (2007). Nunca fuimos modernos. Ensayo de Antropología simétrica. Buenos Aires: Siglo XXI.

Mbembé, A. (2011). Necropolítica. España: Melusina.

Mezzadra S. y Neilson B. (2017). La frontera como método. Madrid: Traficantes de sueños.

Rivera Cusicanqui, S. (2018). Un mundo ch´ixi es posible: ensayos desde un presente en crisis. Buenos Aires: Tinta y Limón.

Schapp, W. (1992). Empêtré dans des histoires. L’être de l’homme et de la chose. Paris: La Nuit Surveillée, CERF.

Van Gennep, A. (2008). Los ritos de paso. Madrid: Alianza, pp. 1-66.



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