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Diálogos interdisciplinarios sobre la historia ambiental de Misiones y sus fronteras

María Cecilia Gallero[1] y Marina Miraglia[2]

Introducción

Un diálogo implica entablar una conversación en la cual los interlocutores participan con las mismas oportunidades y en la que se busca un entendimiento mutuo. En este caso, intentamos dialogar entre las disciplinas de la historia y la geografía con relación al punto de encuentro que genera la frontera con la historia ambiental. En este sentido, nos proponemos estudiar los procesos fronterizos en un marco temporal que permita analizar de qué manera las fronteras sociales, políticas y económicas fueron estructurando el territorio. En nuestro caso, Misiones se encuentra inserta en un mundo de fronteras que empezaron siendo límites entre imperios coloniales, y actualmente marcan diferencias territoriales entre estados nacionales, costumbres sociales, idiomas (partiendo de la base y mezcla del castellano, portugués y guaraní).

La riqueza heurística de la frontera pone en juego múltiples escalas, entre las cuales centramos la mirada en la frontera de la naturaleza. Pensemos que Misiones se posiciona como el último bastión de la Selva Paranaense y como un relicto de la Mata Atlántica que se encuentra amenazado por los procesos de deforestación desarrollados a partir de la implementación del modelo de agronegocio agropecuario de Brasil y Paraguay, y del agronegocio forestal en Argentina. Desde mediados del siglo XX se produjo una pérdida gradual de la masa forestal, debido a su reemplazo por pasturas, cultivos agrícolas y plantaciones forestales, provocando la degradación de suelos, alteraciones de los ciclos hidrológicos, así como la disminución de la superficie de las ecorregiones y su biodiversidad.

Para esta unidad de estudio, acordamos con Benedetti (2021, p. 181) cuando sostiene que la “frontera es un dispositivo que permite la mutua diferenciación de dos territorios, de lo que surge una díada”, en nuestro caso es una tríada. Si pensamos la frontera como una categoría conceptual en permanente construcción, como una categoría geográfica en constante movimiento o como una categoría de análisis (Porcaro y Silva Sandes, 2021), estamos en presencia de un concepto polisémico. Entonces, al considerar a las fronteras de la naturaleza en su interacción con las construidas cultural o políticamente, nos encontramos frente a un sistema complejo (García, 2006) que, desde nuestro punto de vista, debe ser analizado desde la óptica de la Historia Ambiental.

Este texto se encuentra enmarcado dentro del proyecto Cartografía etnográfica e historia ambiental en Misiones (1881-2010), dirigido por la Dra. María Cecilia Gallero, cuyos principales objetivos se centran en el análisis del impacto del proceso de poblamiento sobre la distribución de la tierra y el ambiente del Alto Paraná Misionero a través de la reconstrucción y en la elaboración de una cartografía histórica y etnográfica sobre el proceso de poblamiento de la provincia de Misiones (1881-2010).

Así, y trabajando con el concepto de frontera, nuestro objetivo es dialogar sobre las mismas con relación a la historia ambiental. Este texto está estructurado en tres secciones: en primer lugar, proporcionaremos una descripción de la triple frontera misionera (Argentina, Brasil y Paraguay); en segundo lugar, nos detendremos en las aproximaciones epistémicas disciplinarias específicas de la Geografía, la Historia y la Historia Ambiental y, finalmente, en la tercera sección abordaremos los diálogos interdisciplinarios en el estudio de las fronteras.

Las fronteras

La definición de frontera debe ser aclarada. Por un lado, aunque se parte de la frontera como una unidad, la misma muestra su dualidad interna, pues el límite establece una “díada” o bien, como ya lo hemos mencionado, en el caso estudiado se trata de una “tríada”.

Entonces, si son “las relaciones sociales (de poder, de intercambio, de identificación, de competencia, de parentesco, etc.) las que dan origen y sentido a las fronteras, definiéndolas y redefiniéndolas en múltiples escalas y a través de diversos aconteceres” (Benedetti, 2020, p. 14) deberíamos incorporar en estas relaciones al “espacio”. Este “se produce”, y en dicho proceso, “estamos tratando con historia” lo cual nos lleva a considerar el alcance de la cuarta hipótesis de Henry Lefebvre:

La historia del espacio, de su producción como realidad, y de sus formas y representaciones, no debe confundirse con la cadena causal de los acontecimientos históricos (por ejemplo, fechas), o con una secuencia, teleológica o no, de costumbres y leyes, ideales e ideología, y estructuras o instituciones (superestructura). Pero podemos estar seguros de que las fuerzas de la producción (la naturaleza, el trabajo y la organización del trabajo; la tecnología y el conocimiento) y, naturalmente, las relaciones de producción juegan un papel –aún sin definir– en la producción del espacio” (Lefebvre, 1991, p. 46 – traducción personal del inglés).

Esto significa que los límites de la frontera están imbricados con circunstancias históricas que van definiendo y “produciendo el espacio”. Por lo tanto,

el territorio como el espacio apropiado, vivido, valorado, integrado a las actividades de un grupo humano. Es por ello que no se trata de un área vaga, aunque tampoco de un espacio estrictamente demarcado, cerrado. No se define de una vez y para siempre, sino que debe ser re-editado y re-creado (González, 2019, p. 266).

El proceso histórico que dio como resultado lo que hoy conocemos como Triple Frontera fue largo y se definió luego de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), de la federalización del Territorio Nacional de Misiones (1881) y del Laudo Cleveland (1895). En 1953 el territorio de Misiones pasó a ser provincia y su extremo noreste a ser el eje de la Triple Frontera, limitando parcialmente con el estado de Paraná en el suroeste del Brasil, y con el departamento de Alto Paraná de Paraguay.

Figura 1. Ubicación de la Triple Frontera argentino-paraguaya-brasileña

Fuente: Elaboración de las autoras según IGN (2020) procesado con software/QGis 3.14. (Gallero y Miraglia, 2021a).

Esta Triple Frontera resulta de “la confluencia geopolítica de tres países cuyos estados definen prioridades diferentes, generando en la población diversos modos de organizarse en la vida social, económica y política” (Renoldi, 2013, p. 124) por lo que muestra la complejidad que condensa conflictividades que “representan una particular relación entre variables sociales, económicas y políticas, que pueden ser transitorias o durables. De ahí que la frontera sea una línea divisoria imaginaria o real, nunca natural y siempre construida” (Moncada Paredes, 2016, p. 8).

Lins Ribeiro (2006) plantea que la triple frontera de Argentina, Brasil y Paraguay es un espacio social, transfronterizo y global, que se encuentra interconectado por dos puentes internacionales: Tancredo Neves (1985) que conecta la ciudad brasileña de Foz do Iguazú con la argentina Puerto Iguazú; el Puente de la Amistad (1965) que une la ciudad paraguaya de Ciudad del Este con la ciudad brasileña de Foz do Iguazú. En breve estará en funcionamiento el nuevo puente de la integración que unirá estas dos últimas ciudades.

Aproximaciones epistémicas disciplinarias: Geografía, Historia e Historia Ambiental

El eje de este trabajo está en el diálogo interdisciplinario sobre la historia ambiental de Misiones y sus fronteras, por ello, presentaremos en esta sección, las aproximaciones propias de cada una de las disciplinas: la geografía, la historia y finalmente la historia ambiental.

Aproximación disciplinar desde la geografía

Siguiendo los conceptos vertidos por Buzai (Fuenzalida, 2015) y acordando inicialmente en que la Geografía como ciencia empírica, analiza la dimensión espacial o como afirma Milton Santos, el espacio (Santos, 1990), avanzamos en la profundización de los conceptos. Entendemos que la Geografía analiza el territorio como espacio construido por la sociedad a lo largo del tiempo y en interacción con la naturaleza, conformando en esa interacción lo que conocemos como ambiente. La Geografía, como dice Buzai, afronta diferentes problemáticas, tanto temáticas como escalares, de espacio y tiempo:

El análisis espacial tiene gran amplitud porque interviene en todas las escalas de la realidad. El análisis geográfico ocupa sólo un sector intermedio del análisis espacial, el de una escala humana, y con altas posibilidades de integración de variables sociales y naturales. Actualmente el análisis geográfico realizado con SIG [Sistema de Información Geográfica] tuvo una notable ampliación a través de la difusión de datos geográficos masivos (…) y la Neogeografía lograda a través del uso de tecnología de difusión masiva en el contexto de la geo tecnósfera (Buzai, 2015, p. 8).

Las principales herramientas de estudio del territorio se orientan hacia los métodos cualitativos, cuando se trabaja principalmente con fuentes documentales, entrevistas, encuestas y fuentes artísticas (pinturas, partituras musicales, esculturas) y algunos casos de fuentes cartográficas, a partir de las cuales se realiza análisis de contenidos y, por otro lado, los métodos cuantitativos propios de los Sistemas de Información Geográfica.

Aproximación disciplinar desde la historia

Josep Fontana, en la presentación del libro “Métodos de la historia”, recomienda comenzar por

enseñar la historia como un sistema de investigación: como un conjunto de métodos cuya finalidad principal es la de ayudar a los hombres a que, a través del desciframiento de su pasado, comprendan las razones que explican su situación presente y las perspectivas que deben partir en la elaboración de su futuro. Una historia-herramienta, que enriquece la capacidad de comprensión y crítica, supone una participación activa de todos cuantos se interesan por ella (Fontana, en Cardoso y Pérez Brignoli, 1999, p. 9).

Esta “historia-herramienta” en la amplitud de campos de estudios históricos demanda pensar para cada campo una metodología particular. De todas formas, cabe recordar que la base general de la historia es la heurística, lo que significa rastrear, hallar y descubrir los vestigios, documentos y “reliquias” de la temática que se desea investigar (Moradielos 2005, p. 17).

Una cuestión básica que se trabajaba tras el “hallazgo de documentos” o fuentes primarias, era la clásica recomendación de la crítica externa: descubrir el origen y determinar si el documento que se analizaba era auténtico o falso; y de la crítica interna, tratar de interpretar su significado (Le Goff, 2005, p. 108). Más bien, se trata de ahondar la “etapa crítica”, como exponen Cassani y Amuchástegui (1961, p. 215-221) en sus cuatro momentos: “en el primero se determina si el testimonio es auténtico o fraguado; en el segundo hay que averiguar el grado de verdad que encierra la noticia contenida en él; el tercero consiste en interpretar el testimonio según las distintas implicaciones previsibles; el último, en establecer su valor con relación al tema investigado y a posibles derivaciones”.

Con relación a la metodología de la historia, una base importante de la cual partir para pensar la historia ambiental es la obra de Peter Burke, Formas de hacer historia. Los capítulos que se adaptan para pensar en el ambiente son Sobre microhistoria e Historia oral (Burke, 1994). La vía micro histórica es profundamente diferente, tanto en sus intenciones como en sus procedimientos: Como sugiere Revel (2005, p. 46) “cambiar el foco del objetivo no es solamente aumentar (o disminuir) el tamaño del objeto en el visor, sino también modificar la forma y la trama”.

Finalmente, consideramos que, en palabras de Giovanni Levi, “la microhistoria es por esencia una práctica historiográfica”, su método se interesa ante todo y sobre todo por los procedimientos concretos y detallados que constituyen la obra del historiador, y en cuanto práctica, “se basa en esencia en la reducción de la escala de observación, en un análisis microscópico y en un estudio intensivo del material documental” (Levi, 1994, p. 122).

Aproximación disciplinaria desde la historia ambiental

Específicamente, la historia ambiental tiene una metodología propia que se caracteriza por la interdisciplinariedad. En ella, es frecuente alternar el estudio intensivo de los materiales documentales obtenidos y con enfoques generales y, a su vez, con enfoques particulares que permiten contextualizar los procesos a escala provincial o regional, aspecto en el cual es fundamental ampliar el conocimiento de bibliografía general e historiográfica.

La historia ambiental emplea métodos de estudio de la geografía y de la historia. De la geografía, que estudia temáticas relacionadas con el espacio y el tiempo, recupera los métodos cualitativos y cuantitativos. Entre los primeros se encuentran diversas técnicas: entrevistas, encuestas, registros de trabajo de campo, análisis de distintos documentos (material de archivo, entrevistas, fuentes artísticas, fuentes cartográficas, entre otros). De los métodos cuantitativos de la geografía, la historia ambiental emplea estrategias de investigación empírica, es decir, técnicas de observación de fenómenos concretos (como, por ejemplo, datos de temperatura, análisis de suelos y/o mediciones de lluvias, entre otros). Por otra parte, la historia ambiental utiliza métodos propios de la historia. La investigación en historia ambiental parte por pensar la historia en una amplitud de campos de estudios que nos invita a pensar para cada campo una metodología particular. (Gallero y Miraglia, 2021b, p. 15)

Gallini (2009) plantea que las preguntas acerca de la interdisciplinariedad siguen vigentes: ¿Existe un “método” dominante en el quehacer de la historia ambiental tal y como se practica en América Latina? La participación de ecólogos y geógrafos en muchos proyectos de lectura diacrónica de la relación sociedad-naturaleza que se llevan a cabo, influye sin duda en las formas y el lenguaje de las investigaciones (por ejemplo, Guevara, Laborde y Sánchez-Ríos, 2004).

La historia ambiental, por un lado, desafía las tradicionales unidades de escala de los estudios históricos como los Estados nacionales y sus divisiones administrativas, refiriéndose a regiones biogeográficas, cuencas hidrográficas, agroecosistemas o áreas de difusión de plagas, entre otras. Por otro lado, también desafía la tipología de fuentes que la historia tradicionalmente ha utilizado.

William Cronon (1993) recordaba, por ejemplo, la sensible diferencia de términos clasificatorios como forest, una definición común y frecuente en los archivos de la Inglaterra de la edad media, y que sin embargo significaba una categoría fiscal, y no una clasificación botánica. De allí que la historia ambiental debe elaborar soluciones metodológicas que le permitan superar los obstáculos metodológicos persistentes, representados por clasificaciones históricas que no se ajustan a las necesidades y costumbres del presente.

Destacando la importancia de la historia ambiental como eje de intercambio teórico y metodológico para el estudio de las fronteras, en nuestro caso, y como dice Gallini (2004), la multiplicidad de fuentes, nos encontramos frente a la originalidad de una investigación histórico-ambiental con respecto a otras perspectivas. Entonces, los métodos de trabajo en la historia ambiental se enfocan en el tratamiento de esta multiplicidad de fuentes, a partir de las combinaciones y complementaciones provenientes de la historia y la geografía, principalmente, junto con los de las otras ciencias sociales y humanas como exactas y naturales que se reúnen en torno a un objeto de estudio común: el ambiente.

Reflexiones finales sobre los diálogos interdisciplinarios

Como propone De Certeau (2011, p. 15) “Una ciencia, para constituirse, debe hacer su duelo de la totalidad y de la realidad”. Por lo tanto, en este diálogo interdisciplinario entre la historia y la geografía el duelo de la totalidad de la historia ambiental proporciona una nueva mirada donde la realidad que se estudia parte de las individualidades de cada disciplina.

Cuando pensamos en los aportes de la Historia para este diálogo, las fuentes secundarias aparecen como respuesta, constituyéndose en su principal colaboración en este tipo de estudios ambientales. Estas fuentes pueden ser históricas o recientes. Los principales tipos (no importa su antigüedad) son las documentales, las cartográficas y las artísticas entre las más destacadas. Dentro de las fuentes documentales se encuentran las Actas de Cabildos, los relatos de viajeros, sobre todo en el siglo XIX, los informes de comisiones científicas, las rogativas y otros documentos religiosos, los Archivos de Indias, los censos poblacionales y económicos, las estadísticas socioeconómicas, políticas y los registros físico naturales. En todo caso, influye la creatividad de quien investiga. Por otro lado, las fuentes cartográficas comprenden los mapas básicos y temáticos, las cartas topográficas, las cartas náuticas, los planos y croquis, etc. Las fuentes artísticas, finalmente, incorporan distintos géneros literarios (prosa, poesía, etc.), pintura, escultura, música y arquitectura, entre otros.

Los ejes temáticos de las fuentes históricas se definen en torno a las dimensiones físico naturales, que incorporan la climatología, la hidrología y la biogeografía; la dimensión socio económica que contempla los aspectos demográficos, las actividades económicas, la religión y las actividades militares, entre los más destacados, y finalmente los desastres ambientales que abarcan las inundaciones, sequías, incendios, sismos, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra, etc. Los ejes temáticos de las fuentes recientes se agrupan en tres dimensiones, como en las históricas. En la dimensión físico natural, se incorpora la meteorología, la agronomía, la edafología, la hidrología y la biogeografía; la socioeconómica, con los aspectos demográficos, las necesidades básicas insatisfechas (NBI), la producción agropecuaria y, finalmente, los desastres ambientales, que se mencionaron anteriormente (Miraglia, 2019).

Según Gallini (2004) las fuentes de la historia ambiental se clasifican en tres tipos, la evidencia escrita, la memoria oral y la evidencia de campo. En el caso de la evidencia escrita comprende los documentos de prensa, los archivos de la administración pública central, los archivos criminales y policiales, los archivos de compañías multinacionales y fundaciones filantrópicas, las fuentes diplomáticas, las cartas y notas de viajeros, los documentos legislativos, la literatura técnica y científica y el material gráfico y fuentes visuales, la convierte en la fuente de información más destacada en la historia ambiental.

En esta línea, cuando pensamos los aportes de la geografía destacamos el estudio de los procesos de transformación territorial a partir del análisis espacial, tomando los criterios de localización, distribución, asociación, interacción y evolución. Por otra parte, en la elaboración cartográfica temática, la dimensión simbólica del objeto de estudio es lo que dará dirección a la investigación. Por ejemplo, en el estudio de las fronteras la elaboración de un mapa político destacará los límites de los estados nacionales, un mapa lingüístico marcará las áreas dialectales y las diferentes lenguas de la población, y un mapa ambiental señalará las características del bioma y de la sociedad interrelacionada con el mismo, entre otros posibles productos cartográficos.

Desde la perspectiva de ambas disciplinas, el aporte principal de la geografía sería el análisis espacial y desde la historia el análisis de fuentes, la cronología y la contextualización histórica, en tanto que la historia ambiental lo constituiría la transformación de la diversidad natural que se ve fusionada por la realidad sociocultural.

Este trabajo es una aproximación teórica a los diálogos interdisciplinarios que genera la frontera en relación a la historia de las transformaciones ambientales. Desde nuestro punto de vista, bajo la óptica de la Historia Ambiental, las fronteras deben ser repensadas incorporando a las fronteras de la naturaleza en relación a las fronteras construidas cultural o políticamente. En este caso, la Triple Frontera muestra un territorio con una riqueza natural que se interrelaciona con diferentes sociedades, culturas e idiomas y con una diversidad socio-económica y cultural compleja.

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  1. CONICET / Universidad Nacional de Misiones.
  2. Universidad Nacional de General Sarmiento.


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