Alejandro Benedetti[1] y Esteban Salizzi[2]
Introducción
Diferentes campos interesados por las fronteras han echado mano a diversos recursos de estilo para identificar los objetos, prácticas y sujetos que allí se concentran, le otorgan especificidad o se articulan en torno a ellas. Se trata de una diversidad de instrumentos empleados en la producción discursiva, que abarca las comparaciones, alegorías, analogías, metáforas, paralelismos, metonimias y sinécdoques. Estos recursos de estilo no se restringen a la comunicación escrita, sino que abarcan también el lenguaje oral y visual.
El uso de metáforas para el estudio, la descripción o la mera mención de las fronteras como fenómeno social es muy extendido: abarca el discurso académico, el periodismo o la gestión. Los estudios académicos sobre fronteras han representado un campo fértil para el uso de metáforas, analogías y otros recursos estilísticos, al punto que algunas se constituyeron en conceptos con algún nivel de desarrollo.
Las metáforas consisten en una traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita (https://dle.rae.es/metáfora). Su uso es muy frecuente en el lenguaje poético, pero se extiende también al lenguaje cotidiano y académico. Entre sus funciones más extendidas se encuentra la de otorgar sentido, a partir de la familiaridad, a ideas o situaciones desconocidas o indeterminadas. Su esencia, en definitiva, es aprehender una cosa novedosa o inexplorada en términos de otra conocida (Lakoff y Johnson, 2001). Por su parte, la analogía es tanto una relación de semejanza entre cosas distintas como el razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes (https://dle.rae.es/analogía). Balduzzi (2009) afirma que la potencialidad de la analogía está dada por la comparación, donde una noción en vías de formulación se beneficia con la expresividad de otra. El recurso a la analogía representa, así, no sólo una suerte de economía intelectual sino, también, un procedimiento de invención no discutido. El empleo de metáforas se justifica con una argumentación similar, ya que funcionan como puentes que extienden significados establecidos en un cierto contexto para proporcionar claridad en otro.
Con mucha frecuencia, las analogías devienen en la forma habitual, y a veces única, en la que se expresan ciertas ideas o se hace referencia a lo que se está queriendo conocer. Por esa vía, acaban conformando conceptos ordenadores y/o se institucionalizan dentro del marco discursivo de ciertas disciplinas y/u organismos públicos. Asimismo, metáforas y analogías suelen ser aceptadas y apropiadas por los propios sujetos en la frontera, como formas de negociar su presencia en ciertos circuitos.
Sin embargo, el recurso de las analogías, que en un primer momento puede constituir un apoyo útil para facilitar la comprensión con rapidez y seguridad de una determinada materia, con el tiempo puede obstaculizar el avance del conocimiento o no complejizar el entendimiento de ciertos fenómenos. Si bien se trata de un recurso útil para la transferencia de conocimiento, puede resultar peligroso si no se precisan cuáles son sus alcances y limitaciones (Martínez Frontera, 2012). Eso ocurrió, por ejemplo, con el antropomorfismo. Si bien las metáforas antropomórficas pudieron haber resultado provechosas para las teorías sociales emergentes, mantener activa y sin revisión esas extrapolaciones siempre conllevan un potencial riesgo de simplificación analítica y transferencia de sentidos asociados a sesgos ideológicos.
Este trabajo se propone sistematizar y analizar las analogías y metáforas más ampliamente utilizadas en Latinoamérica para identificar objetos, prácticas, y sujetos fronterizos, centrando la atención en los sentidos literales y retóricos que transmiten. La selección incluye nueve palabras, que se presentarán en tres secciones: (1) zoológicas: mulas, coyotes y hormigas; (2), biomórficas: epidermis, desmembramiento y gemelas; (3) físicas: dinámicas, calientes y porosas. Los usos y significados de esas palabras han circulado por diversos saberes y disciplinas, tienen diferentes profundidades históricas y en la actualidad gozan de distinta popularidad.
Metáforas zoológicas
Dentro del amplio espectro de metáforas y analogías biológicas se encuentran las que recurren a los animales, haciendo referencia en sus rasgos, comportamientos o, en ocasiones, condición endémica. Los estudios sobre frontera han recurrido especialmente a tres palabras: mulas, coyotes y hormigas. La forma en que circularon estas expresiones no derivan de los estudios biológicos o zoológicos, sino de diferentes narrativas. Adquirieron diferentes asignaciones en los países de América o Europa, circularon por los propios lugares de frontera, y, finalmente, los estudios sociales y otras narrativas interesadas en las fronteras, como la prensa, reforzaron esas nociones e, incluso, llegaron a consolidarlas como conceptos. Así, esas denominaciones terminaron por institucionalizarse.
Mediante metáforas, se construyen producciones lingüísticas comparativas entre la forma de vivir, alimentarse y actuar de los animales con las personas, que son denominadas por Llerena (2015) como metáforas zoonímicas. Son alusiones metafóricas a una conducta o alegorías sobre una característica de un animal que se achacan a una persona. Las personas son comparadas con una inagotable variedad de animales: perros, gatos, cerdos, burros, y la lista puede ser mucho más extensa. Finalmente, de acuerdo a lo señalado por Suárez (2015), este tipo de metáforas está presente en insultos que buscan enfatizar la irracionalidad. En definitiva, habilitan a poner en juicio la condición humana de quienes habitan la frontera, convirtiendo a los sujetos en seres carentes de racionalidad y factibles de ser dominados o controlados.
Mulas
La mula es un animal híbrido que surge de la cruza de una yegua y un burro o asno. Fue el animal que más trascendencia tuvo para el desarrollo de la arriería en la América colonial, especialmente en zonas andinas. Por sus características físicas se adaptó mejor que bueyes y caballos a los terrenos montañosos. Si bien las llamas estaban perfectamente adaptadas, pesaban sobre ellas diferentes tabúes y sanciones por parte de la sociedad hispana (Willam Hansen, 1994). La mula, con su vigor, su aguante y su paso corto pero firme, se adaptó a casi cualquier camino y podía recorrer largas distancias, con una carga de hasta 200 kg. Desde su introducción, en tiempos de la conquista, como medio de transporte, hasta su progresivo reemplazo en el siglo XX, desempeñó un papel destacado en la economía y la cultura americana.
La referencia a las mulas en los estudios historiográficos sobre fronteras del siglo XIX es recurrente, debido a que propiciaron circuitos de intercambio en el extenso espacio económico colonial. Todavía hacia fines del siglo XX la mula siguió brindando servicios similares a la población andina. De este modo, mulas y arrieros son reconocidos como agentes destacados en la construcción de las fronteras interestatales andinas (cf. Cipolletti, 1984; Lacoste, 2009; Sica, 2010).
En los estudios sobre frontera se ha vuelto mucho más notoria la recuperación de la mula, ya no en sentido literal, sino analógico. Esta apropiación se manifiesta en los estudios que se interesan por el tráfico de estupefacientes, aunque también es extensiva al abordaje de problemáticas relacionadas con la violencia hacia las mujeres y la inseguridad en las fronteras. Ribas Mateos y Martínez (2003, p. 71) aportan una definición académica que integra los sentidos antes mencionados. De acuerdo a las autoras, dicha voz se emplea para identificar a:
… las personas que transportan drogas en su cuerpo o en su equipaje. Ellas forman parte del último eslabón en la cadena del narcotráfico y en la mayoría de los casos son utilizadas como señuelo para confundir a las autoridades y poder pasar un cargamento mayor de drogas. El nombre es de origen colombiano y hace alusión al animal de carga. Existe también la figura del arriero, la persona responsable de contactar, cooptar, preparar y llevar hasta el destino a las personas con el cargamento. (Ribas Mateos y Martínez 2003, p. 71).
La literatura que se enfoca en los fenómenos relacionados con el narcotráfico, y sus vínculos con las fronteras, suele emplear el término mula como una expresión nocional, a veces entrecomillada y otras en itálica. En ocasiones, se trata de una estrategia empleada para tomar distancia, al momento de la enunciación, de los sentidos que transmite la analogía, aunque generalmente se usa para indicar que la palabra fue tomada de la jerga local y no siempre representa un acto crítico. Estas expresiones también aparecen en la prensa, aunque en este caso suele prevalecer el uso literal.
Otros animales que se recuperan para identificar a estos individuos son los camellos o las burras, como sinónimos de mulas. De igual modo se emplea vagineras, que, por metonimia, remite a la parte del cuerpo usada para transportar la sustancia (Anitua y Picco, 2017). Para designar a las personas que acarrean drogas sin saberlo se utiliza mulas ciegas. También se habla de mensajeras/os o capsuleras/os. Otras expresiones próximas son, en inglés, body packer, swallowers o internal carriers.
Un análisis interesante de estas expresiones lo proporciona Alcaraz (2017, s/p.), quien afirma:
Mulas, correos humanos, valijas, vagineras, camellos, burros, aguacateras. El lenguaje tumbero encuentra infinitos sinónimos de animales y objetos para nombrar a chicas como Miriam Natalie Alencar Da Silva, la joven brasileña que murió en una calle de Devoto por ingerir más de 80 cápsulas de cocaína. Rara vez se habla de ellas como lo que son: víctimas de trata. Una estrategia de supervivencia que crece más rápido en las mujeres. Cuando los cuerpos solo son envases. (Alcaraz 2017, s/p.),
Entre los principales sentidos atribuidos a las personas identificadas a través de la analogía con las mulas se encuentran la capacidad de trasladar elementos de forma sacrificada, ordenada y eficiente, la rudeza del trabajo realizado, los peligros a los que se enfrentan, la brutalidad de todo el esquema de transporte y la importante presencia femenina.
A la palabra mula se le transfiere otro sentido que involucra una fuerte connotación negativa y peso simbólico, que asocia los atributos de un animal de carga (terquedad, brutalidad y fortaleza) no solo con las características físicas sino también intelectuales de las personas, que dada su condición se encuentran exentas de mayores responsabilidades (Sturla Lompré, 2020). Esta analogía refleja la naturaleza y las cualidades exigidas por el tráfico de productos ilegalizados. Da cuenta, también, de la posición subordinada en la que se ubican estas personas dentro de la red de relaciones que se establecen en torno a las operaciones del tráfico (Anitua y Picco, 2017). El transporte de los elementos mencionados se realiza generalmente en el cuerpo, o inclusive dentro de él, con un gran riesgo físico y sanitario. El rol asignado a estas personas, además, es el que resulta más expuesto y el más fácil de reemplazar, otorgando una condición adicional relacionada con la prescindencia de esos cuerpos.
La definición de mula, además de transmitir los sentidos negativos mencionados, posee un fundamento profundamente sexista. Se suele generalizar como femenino el género de las personas que transporta y comercia con droga, a pesar de que también participan varones. Adicionalmente, el uso de la analogía animal sirve para ocultar la situación fundamental que caracteriza a las personas involucradas en dichos circuitos de informalidad, muchas de ellas mujeres, que también son víctimas de explotación laboral y sexual. De acuerdo a lo señalado por Torres Angarita (2008), la imagen de la mujer mula aparece cada vez más claramente como una nueva actora en el mercado internacional de las drogas y prolifera con rapidez en el imaginario común. A pesar de que el fenómeno de las mulas no es nuevo, ni exclusivo de las mujeres, son cientos las mujeres detenidas cada año por servir de vehículo para el tráfico internacional de drogas.
De este modo, los sentidos fundamentales que transmite son: (1) sexismo: centra la mirada en la figura de las mujeres. (2) deshumanización: no son personas trabajadoras o vulnerables, son animales, mulas. (3) simplificación: centra la atención en un eslabón, perdiendo de vista o bajando la tensión en la red completa, y esto es extensivo a los dos casos que siguen. (4) falsedad: son presentadas como engañosas y que transgreden las normas. Todo lo anterior connota violencia simbólica hacia las personas que son víctimas de un sistema del que son, usando otra metáfora, el eslabón más débil.
Coyotes
El coyote es un mamífero carnívoro generalista, con una dieta variada, que incluye mamíferos, reptiles, aves, frutas y semillas (Martínez et al., 2010). Si bien la distribución de este cánido abarcaba hacia el siglo XV buena parte del actual territorio mexicano, en la actualidad se distribuye desde Alaska hasta el centro de Panamá, y no se descarta que su área siga ampliándose (Ramírez Albores y León Paniagua, 2015). Una de sus características principales, entonces, consiste en su gran adaptabilidad a ecosistemas tropicales, templados y áridos. Es, además, un personaje mitológico común en muchas culturas nativas de América del Norte, basado en el animal homónimo. Frecuentemente juega el papel de estafador o embustero, en ocasiones es un bufón y blanco de bromas, pocas veces es un rotundo malvado. Rodríguez Valle (2013) destaca que su incorporación al imaginario colectivo mexicano se dio mediante pinturas y esculturas, en manifestaciones literarias y como protagonista de mitos, leyendas, cuentos, canciones, corridos, refranes y conjuros. También está presente en la toponimia mexicana, fundamentalmente en ciudades o poblados.
El coyote es un animal silvestre extendido en Norteamérica, presente en la narrativa popular desde tiempos prehispánicos. El animal atravesaba las tierras secas por donde en la actualidad existe una frontera transitada por personas que, a veces, pierden la vida por deshidratación. El uso de su figura se generalizó en México y otros países como analogía para referir a las personas conocedoras de las fronteras, y que se dedican al cruce de otras personas a través de esas tierras. Estas últimas pueden estar involucradas, o no, en algún tipo de tráfico de productos ilegalizados, por lo general drogas. El uso de la analogía se emplea principalmente en la frontera interestatal desde México a Estados Unidos.
El coyote es ampliamente recuperado en ciencias sociales para identificar a quienes guían y ayudan a cruzar la frontera a otras personas, que luego de ello devienen inmigrantes en el país destino, por lo general, los Estados Unidos. En ese escenario, a esos migrantes se los identifica como pollos. Una vez que el pollo llegó al otro lado de la frontera, aparecen los levantones, que tienen la tarea de llevarlos al clavadero, casa donde se les ofrece protección.
El apelativo que refiere a los migrantes como pollos surge de un hecho sucedido en la frontera Estados Unidos-México en la década de 1960:
… los aduaneros mexicanos de Tijuana encontraron en el coche de un contrabandista unos pollos completamente chamuscados por el calentamiento del motor, después de aquel espectáculo de pollos quemados, en la misma garita y dos años después, una larga camioneta pick-up fue sometida a revisión. El vigilante descubrió un doble fondo. Iban apretujados casi diez mexicanos. El Servicio de Inmigración y Naturalización estadounidense no los dejó salir ni movió el vehículo. Llamó a los periodistas de ambos lados fronterizos. Fotógrafos y camarógrafos captaron a los empaquetados y frustrados indocumentados. Alguien dijo “parecen pollos”, recordando al chevroletito con las aves chamuscadas. (Testimonio citado por Jáuregui Díaz y Ávila Sánchez, 2017:154)
El vínculo coyote-pollo, en tanto victimario-víctima, se referencia en un suceso común en las granjas avícolas de la zona, donde los coyotes son los principales depredadores de estos animales. Estos, tenaces cazadores nocturnos causan grandes estragos cuando, en la búsqueda por comida, encuentran la oportunidad de asaltar a los gallineros. Dentro del proceso migratorio, las personas identificadas como coyotes y polleros son agentes casi indispensables para el cruce de la frontera, debido a los operativos y las medidas implementadas por las autoridades estadounidenses desde los años noventa (Cornelius, 2001). El mayor control sobre la frontera, dirigido a impedir el flujo de migrantes no documentados a través de las vías de acceso tradicionales, ha llevado a que este se desvíe hacia nuevas rutas, peligrosas y aisladas, en el desierto y las montañas, que sólo son conocidas por las personas conocidas como coyotes (Jáuregui Díaz y Ávila Sánchez, 2017).
Algunos autores, como Hernández Hernández (2020:106), utilizan sin entrecomillar ni explicitar su significado: “…para los inmigrantes indocumentados, cruzar la frontera se hizo aún más difícil después de los acontecimientos del 9/11. Los costos de los servicios de polleros y coyotes se incrementaron en más de 500 por ciento”. Otros, emplean las comillas para tomar distancia, pero sin finalmente ofrecer una expresión alternativa: “rutas, casi todas, cooptadas por el crimen organizado en sus diversas modalidades, ya sea en la variante de traficantes de personas (‘coyotes’ o ‘polleros’ en México) o traficantes de drogas” (Rodríguez Ortíz, 2016, p. 26). Asimismo, es extendido su uso en la prensa: “Hugo Castro de origen mexicano y director de “SOSMigrante” con sede en California, advierte de cómo los coyotes se anuncian con descaro en Facebook, con promesas de un viaje seguro” (https://www.yucatan.com.mx/mexico/2022/2/27/migrantes-atrapados-en-mexico-302763.html).
Los sentidos fundamentales que transmite el uso de coyote son: (1) popularidad: el animal tiene una fuerte impronta de cultura popular, especialmente en comparación con mulas y hormigas. (2) arraigo: es una expresión de uso vulgar para referirse a una serie de prácticas, usado de modo generalizado, e incluso fue recogido por la RAE (p.e.: coyotear, coyotaje y coyotería). (3) conceptual: se instaló de manera generalizada en el discurso académico, con un uso generalmente descriptivo, pero también adquirió cierto nivel conceptual.
Hormigas
Las hormigas son insectos sociales que viven en colonias caracterizadas por un patrón de comportamiento basado en la colaboración mutua. Esta condición las vuelve capaces de mostrar comportamientos complejos y realizar tareas difíciles desde el punto de vista de un individuo. Asimismo, ofrecen diversos servicios ecosistémicos, como el control de diversos artrópodos, el transporte de nutrientes, la descomposición de la materia orgánica o la dispersión de semillas. En las cadenas alimenticias son consumidores primarios de tipo omnívoro. Son insectos, muy pequeños, pero muy trabajadores. Las hormigas se encuentran en todos lados, incluso en los ambientes más perturbados y sólo están ausentes de las regiones con glaciares permanentes y los cuerpos de agua (López Riquelme y Fidel, 2010).
Una analogía ampliamente aceptada en el campo de las ciencias sociales que se interesa por las fronteras, remite a la laboriosidad e implantación espacial que realizan las hormigas para su supervivencia. Esta analogía parte de la observación del trabajo que realiza un conjunto de hormigas: se disponen en fila para llevar restos vegetales a su hormiguero. Se utiliza para describir una fracción de la actividad comercial entre pares de ciudades de frontera, con productos de poco precio individual pero que, en conjunto, puede constituir un importante capital. En una primera mirada, despersonalizada, pareciera que quienes realizan esa actividad son un montón de hormigas que viajan en una fila. Así, hormiga deviene un descriptor de una forma de realizar intercambios comerciales, que también se conceptualiza como contrabando, y entra en el campo de interés sobre los ilegalismos. Es interesante observar que la analogía en cuestión no se aplica en otros contextos donde se produce tanto la conglomeración de personas como la práctica del contrabando, como por ejemplo los aeropuertos. O cuando los sujetos en cuestión pertenecen a clases altas. En este caso, cabría preguntarse si no existe una sanción de clase respecto a quienes pueden ser transmutados en hormigas.
Algunos ejemplos de su uso como metáfora, por críticos, pueden encontrarse en expresiones como: “El comercio hormiga. Una de las formas que adopta el comercio fronterizo se debe al aprovechamiento del régimen del tráfico vecinal fronterizo para introducir, desde el país vecino, diferentes mercancías” (Benedetti y Salizzi, 2011, p. 50). O en este otro: “Existen tres tipos de contrabando: el contrabando masivo, el contrabando de hormiga y el contrabando técnico que es la defraudación aduanera. […] El contrabando de tipo hormiga se caracteriza por transportar poca cantidad de mercancías (Soriano, 2015, p. 9).
Es común observar que la prensa, adepta a la transmisión de noticias sensacionalistas, se espanta frecuentemente por la presencia del contrabando hormiga, sin buscar las causas, los encadenamientos, contextualizar, ponderar sus efectos. Son vistos como agentes externos intentando traspasar y corromper los límites del estado nacional y su soberanía. Como puede apreciarse en la Figura 1, se trata de un tema en el que la prensa ha buscado explotar su carácter de espectáculo como medio para atraer la atención del público, donde se emplean imágenes satelitales, drones y cámaras térmicas, que posibilitan realizar capturas en la oscuridad. De este modo, la analogía que evoca a las hormigas puede enmarcarse en aquello que Lois (2017) define como “frontera espectáculo”. Bajo esta idea, los fenómenos y habitantes de la frontera, además de ingresar a la agenda de preocupaciones ligadas a la narrativa securitaria, devienen en algo que entretiene y convoca a audiencias que se ven amenazadas por aquello que ocurre en dicho espacio. En el caso de la Figura 1, se trata de “hormigas” que provocan “descontrol en la frontera”.
Figura 1. Tratamiento televisivo del comercio hormiga

Fuente: Capturas realizadas del canal de noticias TN. Informe del programa NUESTRA TARDE (8/3/2022).
El uso de la analogía basada en las hormigas apela a diversas ideas. Por un lado, hace una referencia pictórica/paisajística que remite a equiparar un hecho común en la naturaleza con lo que sucede en ciertos sectores de las fronteras. Por otro lado, destaca una serie de valores asociados a la práctica en cuestión (laboriosidad, fortaleza y persistencia). Asimismo, remite a una acción netamente colectiva sustentada en la cooperación de todos los miembros del grupo, por sobre las acciones de individuos aislados. Otro elemento involucrado es el transporte de grandes volúmenes de mercaderías, en pequeñas cantidades.
Una referencia ineludible en el sentido común es la fábula de la hormiga y la cigarra, que representa una serie de valores asociados a un contexto espacial y temporal determinado. La ideología y los valores vehiculizados se basan en el elogio de la acumulación de riquezas, como consecuencia del trabajo, el esfuerzo, la persistencia y la previsión, cualidades atribuidas a la hormiga, como oposición a la vida caótica, incauta, hedonista y desviada, que encarna la cigarra (Marreiros Monteiro, Balça y Azevedo, 2010). Desde un punto de vista entomológico, se puede determinar que la forma de organización que tienen las hormigas es lo que les ha otorgado un notable éxito ecológico. Lo referente a las hormigas podría tener una connotación positiva, expresando sociabilidad, unión, esfuerzo compartido, éxito emprendedor. Sin embargo, cuando se asocia a las fronteras, se suele representar como algo negativo: invasión, informalidad, problema para el estado, ilegalidad, inconveniencia.
En suma, algunos elementos que son constitutivos de esta acepción, refieren a: (1) muchedumbre: muchas personas (colonia de hormigas), moviendo cosas casi sin poder detenerse. (2) laboriosidad: las hormigas continúan con su trabajo más allá de los obstáculos que puedan presentarse, lo que muestra obstinación frente al control policial. (3) cooperación: las actividades se realizan de manera conjunta y son la sumatoria de esfuerzos individuales, que serían insuficientes uno aislado del otro.
Metáforas biomórficas
Hay una honda tradición discursiva sustentada en la referencia a partes o la totalidad del cuerpo (humano o animal) como analogía de eventos, fenómenos o procesos sociales, sobre la base del influjo de perspectivas biologicistas (Ayus Reyes y Eroza Solana, 2007). La visión organicista del mundo formó parte del lenguaje y de las ideas de la mayoría de los intelectuales europeos de los siglos XVIII y XIX. Su visión dominante estuvo fuertemente ligada al uso que el mecanicismo le dio a esta perspectiva en los estudios sobre la tierra y la naturaleza (mecanicismo organicista), valiéndose de ideas y conceptos biológicos.
El biologicismo se constituyó en el paradigma científico central del siglo XIX y permeó a todas las ciencias sociales de la época, condicionando la forma en que se concibió la realidad social. En este marco, alimentó concepciones geopolíticas y racistas que sustentaron y explicaron la expansión colonial, legitimada por el racismo científico. A fines del siglo XIX se produjeron, en Europa, algunas de las primeras aproximaciones al estudio de las fronteras interestatales, en un contexto signado por las acciones expansionistas y belicistas. Esto se expresó en la producción académica donde se publicaron obras dominadas por el naturalismo, el positivismo, el organicismo y el darwinismo social (Paasi, 2013). Las propuestas más significativas e ilustrativas pueden encontrarse en la asimilación de la frontera a un “proceso civilizatorio” (Ferrari, 2014), así como en la analogía que la asemeja con la “piel de los estados” (Arriaga Rodríguez, 2012).
A pesar de las perspectivas críticas surgidas hacia la segunda mitad del siglo XX, el uso de analogías biologicistas se mantuvo presente como un recurso, en principio, ilustrativo o didáctico. En esta sección concentramos la atención en tres palabras, de esencia biológica, que son empleadas para referir a la frontera o fenómenos que la caracterizan: epidermis, desmembramiento y gemelas.
Epidermis
La epidermis es la parte superficial del cuerpo de los animales. Es un tejido que los recubre total o parcialmente, y que cumple una función de protección del organismo frente al ambiente exterior. Establece, de este modo, un límite entre el medio interno y el externo, resultando indispensable para la subsistencia de los organismos (Calle Bayón, 2007). Con este sentido literal es que ingresa a los estudios sociales interesados por las fronteras, con relación al territorio de los estados nacionales. La epidermis no solo protege, sino que también delimita su existencia, al tiempo que establece la propiedad sobre esos límites. Se trata, probablemente, de la analogía sobre la frontera más nocionalmente instalada y con mayor tradición.
El origen del uso de esta analogía se encuentra en la geopolítica clásica de fines del siglo XIX en Europa, con autores como Camille Vallaux (1910) y Karl Hauschofer (1927), con continuidad durante el XX. Su uso trascendió esa disciplina y momento epistemológico y aún hoy se utiliza la expresión epidermis en referencia a las fronteras. El evolucionismo influyó en las reflexiones sobre las fronteras estatales producidas en el contexto expansionista e imperialista de comienzos del siglo XX, en los países europeos. Las fronteras eran entendidas como la epidermis del estado, por lo que debían adaptarse en el tiempo, ampliándose en la medida en que este crecía y requería de mayores recursos (Porcaro, 2020). Aquellos autores concibieron las fronteras
como elemento clave que daba cuenta del proceso de expansión del territorio de los Estados y del poder de los mismos. Ello los llevó a conceptualizar las fronteras como móviles, temporarias, ámbitos que se debían defender y si era necesario expandir, zonas periféricas de tensión o ‘epidermis del Estado’ (Hevilla, 2001, p. 43).
Un autor clave de esa tradición es Ratzel, quien puede ser considerado uno de los fundadores de la geografía política moderna. Este autor definía a las fronteras como:”el órgano periférico del Estado, el soporte de su crecimiento así como su fortificación, que participa en todas las transformaciones del organismo del Estado”. (Ratzel, 1897, p. 23).
Como sostiene Cairo Carou (2001, p. 34):
Esta analogía de la frontera del Estado con la piel de un organismo sitúa el discurso sobre las fronteras en un plano que está más allá de la discusión política: se puede diferir acerca del régimen político, de las instituciones, pero el territorio es el cuerpo «natural» del Estado y la frontera «piel» tiene que ajustarse a su crecimiento no por imperativo político sino por necesidad vital.
Esta visión, sustentada en la idea de una naturaleza expansiva de los estados más fuertes, tuvo también amplia repercusión en las posturas belicosas que proliferaron en los países latinoamericanos hasta la segunda mitad del siglo XX (Rodríguez, 2014). En general, persisten las ideas organicistas como estrategia de definición conceptual, a partir de reinterpretaciones de la obra de Ratzel, sugiriendo que la frontera es la epidermis del estado. Pueden citarse una diversidad de ejemplos:
La provincia de San Juan ofrece una epidermis hacia Chile que presenta escasos rasgos políticos de tensión internacional (Pickenhayn, 1981, p. 169).
Con este criterio, podríamos distinguir en el estado los siguientes órganos o sistemas: Un núcleo vital o Heartland corazón y cerebro del estado; un espacio corporal Hinterland; un sistema circulatorio o nervioso (comunicaciones); una epidermis o línea exterior (fronteras) (Ibáñez Sánchez, 1985, p. 103).
… la frontera es la epidermis del cuerpo del Estado, receptora de las influencias y presiones foráneas (de Meira Mattos, 2002, p. 57).
En conjunto con las denominadas “fronteras terrestres”, la frontera marítima integra y configura una gran parte de la epidermis de nuestro territorio (Presci, 2020, p. 139).
Entre las principales características que adopta el uso de analogías basadas en la asimilación de las fronteras a la epidermis, se puede indicar: (1) popularidad: basada fundamentalmente en su carácter ilustrativo. (2) simplificación: ofrece una mirada sobre las fronteras acotada a pocos atributos: (a) la defensa frente a lo externo, (b) su rol como periferia del Estado y (c) el hecho de que todo lo que se encuentra afuera es una potencial amenaza. (3) estadocentrismo: vincula el concepto a la existencia del estado nación. (4) fijismo: excluye ideas sobre integración, intercambio y eventual desactivación de las fronteras. La consigna podría resumirse en que, si la frontera se daña, muere el órgano (Estado). (5) belicismo: rememora la cuestión del expansionismo sin reflexividad sobre sus consecuencias. (6) conceptualización nula: no ha tenido desarrollo conceptual, o ha sido escaso. En términos generales, debido al empleo ilustrativo, pierde el efecto metafórico y se termina utilizando como un sinónimo.
Desmembramiento
Desmembrar se refiere a la acción de dividir y apartar los miembros de un cuerpo, a dividir o separar algo de otra cosa (https://dle.rae.es/desmembrar). Miembro, es cada una de las extremidades del ser humano o de los animales articuladas con el tronco; el pene; la parte de un todo unida con él; o la parte o pedazo de una cosa separada de ella. Adicionalmente, puede indicarse que el desmembramiento o descuartizamiento es una forma de ejecución, en la cual se le desprenden los miembros del cuerpo a la víctima. En definitiva, el desmembramiento está asociado a la muerte del organismo. Esta expresión tendió a recuperarse como analogía para describir procesos de organización territorial ocurridos después de la independencia de las colonias sudamericanas. La geografía e historiografía nacionalista ha utilizado con frecuencia esa analogía, y persiste en la actualidad.
Una visión extrema de estos argumentos puede reconocerse en la siguiente afirmación acerca de los hechos que se sucedieron luego de la llamada Revolución de Mayo, que llevó a la fragmentación del virreinato del Río de la Plata:
De ahí en más, medidas desacertadas y la corrupción de sucesivos gobiernos, llevaron primero al rechazo de las pretensiones absolutistas de Buenos Aires, al enfrentamiento civil y por último a la desintegración de la unidad política que hubiera podido convertirse en una gran nación (Valverde 2010, contratapa).
En lo que respecta a la Argentina, es común la referencia a las pérdidas territoriales que habría sufrido la nación desde su independencia, que son entendidas en el contexto del desmembramiento antes descrito. Pero también fue una idea adoptada por otros países sudamericanos que se reivindican como herederos de dichas unidades territoriales coloniales (Figura 2).
Figura 2. Mapas que representan situaciones de desmembramiento, para el caso argentino (izquierda) y boliviano (derecha)


Fuente: Valverde (2010); Urenda (2022).
La formación de los estados del sur-sudamericano se inició en las primeras décadas del siglo XIX, a partir del debilitamiento y crisis de las coronas ibéricas. Los nuevos estados se formaron sobre la base de las jurisdicciones internas en que se dividían las posesiones coloniales. El Virreinato del Río de la Plata se fraccionó en cuatro estados: Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Chile es una herencia de la capitanía homónima. Brasil nació de las extintas posesiones portuguesas, que lograron mantenerse unificadas (Ansaldi y Giordano, 2012). El proceso de delimitación y disputa territorial acompañó al proceso de formación de esos países. En el caso de la Argentina, el inicio de la delimitación del territorio ocurrió en 1876, cuando finalizó el conflicto bélico con el Paraguay, y se prolongó por más de un siglo. Recién en 1974, se suscribió el último tratado de límites con Uruguay y en la década de 1990 se cerraron las cuestiones pendientes de resolver con Chile.
A lo largo de todo ese proceso, y especialmente en la década de 1970, en la Argentina fue conformándose una narrativa geopolítica nacionalista y belicista basada en el imaginario sobre las hipótesis de conflicto con los estados vecinos, la estigmatización de las poblaciones de esos países y el desarrollo de argumentaciones sobre la necesidad de incentivar la conciencia territorial en relación al propio país (Cicalese, 2009; Rodríguez, 2014). El sistema escolar fue el principal medio de divulgación de las concepciones nacionalistas sobre el territorio y la frontera. En ese contexto, la formación del territorio fue presentada a través de la idea del desmembramiento territorial del Virreinato del Río de la Plata (de la cual Buenos Aires era capital), siguiendo el supuesto historiográfico que señala que partes de lo que hoy es Chile, todo Paraguay, Uruguay y Bolivia deberían integrar la Argentina como natural heredera. El lamento por las supuestas pérdidas territoriales es una constante en estas obras y ha impregnado el sentido común de la ciudadanía (Cf. Valverde, 2010). El principal sentido otorgado a desmembramiento radica, entonces, en la asimilación del territorio a un cuerpo. Aquí se entrelazan dos aspectos fundamentales de esta palabra: (a) el hecho de tratarse de una entidad/objeto de extensión limitada y perceptible por los sentidos; y (b) su caracterización como un conjunto de sistemas orgánicos que constituyen un ser vivo.
Otra forma en la que se ha expresado la referencia al desmembramiento en torno a la frontera tiene un sentido posmoderno. En este marco, el vínculo entre mutilación de cuerpos y frontera ha dado lugar a una prolífica bibliografía. El desmembramiento describe una práctica que expresa violencia sobre el cuerpo de personas o la separación entre miembros de una cierta unidad, por ejemplo, las familias: “Las fronteras desmiembran cuerpos y familias. Cada año, docenas de transmigrantes de Centroamérica son desmembrados: pierden un brazo, una o ambas piernas, al tratar de cruzar la frontera sur de México en su travesía hacia Estados Unidos” (Kovic et al., 2006, p. 70).
En los estudios de frontera se observa la identificación del desmembramiento como: (1) fenómeno contemporáneo, no aludiendo a un uso metafórico sino literal. (2) linealidad: en los estudios geopolíticos se ofrece a través de este recurso una lectura lineal de la historia, sin contemplar procesos contingentes. (3) victimización: establece una relación víctima-victimario, donde el propio Estado nacional resulta ser víctima. (4) objetivización: el territorio es objeto y no relación.
Gemelas
Con gemelo/a se denomina a todos aquellos individuos que han sido alumbrados en un mismo parto, especialmente cuando se ha originado por la fecundación del mismo óvulo. Asimismo, según la RAE, se emplea para destacar el parecido de una cosa con otra con la que normalmente forma pareja. Está relacionada con otra palabra: mellizo/a. Etimológicamente, ambos términos poseen el mismo origen. Históricamente, se han utilizado ambos indistintamente para hacer referencia a niños y/o niñas fruto de un mismo parto. Mellizo/a se utilizaba en el habla vulgar y gemelo/a era una expresión culta. Con el tiempo, se estableció una diferenciación de otra naturaleza: gemelos surgen de un mismo óvulo y de un mismo espermatozoide que lo fecundó. En cambio, mellizos/as se gestan de un óvulo y un espermatozoide diferente, con lo cual pueden o no ser del mismo sexo.
La literatura académica, echando mano al vocabulario biológico, suele nombrar como gemelas a dos ciudades vecinas o a una misma ciudad que se encuentra atravesada por un límite internacional, subrayando así sus rasgos comunes y/o su parecido. Ciudades hermanas y ciudades gemelas son expresiones que establecen una conexión entre proximidad/familiaridad (hermanas) y genética (gemela), estableciendo una analogía entre ciudades y familias (Vila, 2000). Como sugiere Dilla Alfonso (2015), el estudio de pares de ciudades estrechamente relacionadas ha dado lugar, a partir de experiencias específicas, a una serie de conceptos: ciudades gemelas, ciudades binacionales, metrópolis transfronterizas, complejos urbanos binacionales, conurbaciones transfronterizas, sistemas metropolitanos binacionales y complejos urbanos transfronterizos. Otras alternativas conceptuales, basadas en el estudio de casos específicos, son presentadas por Silva Sandes (2020).
En Brasil, el concepto cidades-gêmeas adquirió rango conceptual a partir del trabajo de Machado (2005:12), quien afirma:
Na escala local/regional, o meio geográfico que melhor caracteriza a zona de fronteira é aquele formado pelas cidades-gêmeas. […] Não são muitas as cidades-gêmeas nos 15.719 quilômetros de fronteira do Brasil com os países vizinhos, nem existe correspondência entre o número de cidades-gêmeas e a extensão da linha de fronteira com cada país. Mato Grosso do Sul (fronteira com o Paraguai) e, principalmente, o Rio Grande do Sul (fronteira com Argentina e Uruguai) concentram o maior número de cidades-gêmeas, apesar da maior delas, Foz do Iguaçu, estar localizada no Paraná. (Machado 2005, p. 12).
En diferentes publicaciones, tanto académicas como oficiales, Machado y su equipo fueron exponiendo este concepto (Machado et al., 2005; Brasil, 2005 y 2010). Estos trabajos son profusamente citados, especialmente en Brasil. La noción de cidades-gêmeas en Brasil (2005) es presentada como núcleos articuladores de redes (y subredes) locales, regionales, nacionales y transnacionales. Los aportes de Machado fueron clave en la institucionalización del concepto, al punto de ser adoptados oficialmente por el estado de Brasil. Se trata de municipios cortados o no por la línea fronteriza (sea seca o fluvial), y articulados o no por una obra de infraestructura, que presentan gran potencial de integración económica y cultural, formen o no una aglomeración urbana con una localidad de un país vecino (Gonçalves y Santos Rodrigues, 2017). Estos son otros ejemplos del uso dado al concepto de ciudades gemelas: “…a pesar de la mutua influencia que tienen las ciudades fronterizas conexas o las llamadas ciudades gemelas, las condiciones de bienestar social y calidad de vida no son iguales…” (Sánchez Serrano, 2018:119); “…as cidades-gêmeas são espaços onde aparentemente há muitas misturas culturais, como é o caso do uso do portuñol…”. (Núñez Almeida et al., 2015:342-343). Como suele suceder con el uso de metáforas, muchos autores optan por tomar cierta distancia o relativizar mediante el entrecomillado del término o diciendo que así son llamadas. Sin embargo, es extendido su uso, incluso en instituciones oficiales.
Entre los principales sentidos que son transmitidos a través del uso de esta analogía, se encuentran: (1) continuidad: se pondera la proximidad, semejanza, contemporaneidad y vinculación frente a la lejanía, desemejanza, diferentes temporalidades y escasez de encuentros. (2) hermandad: la condición de gemelas y el hermanamiento, supone familiaridad, o una idea de confraternidad y ausencia de conflictos abiertos. (3) presentismo: se concentra en la apariencia presente, sin reconocer necesariamente los procesos emergencia de cada ciudad en cuestión. (4) conceptualización: hay un esfuerzo formal por explicitar qué se entiende a través de dichos significantes, sino que también adquiere carácter universal. (5) descripción: es común el uso descriptivo, para dar cuenta de ciertas tipologías de ciudades asociadas a la frontera.
Metáforas físicas
Con el giro neopositivista de mediados del siglo XX, el vocabulario de las ciencias sociales se pobló de expresiones provenientes de la física y la geofísica. Su intención general fue la de una renovación metodológica basada en la búsqueda de nuevas técnicas y un lenguaje universal. La mentada renovación, sin embargo, se produjo sólo a nivel formal, sin cuestionar los fundamentos ni los compromisos sociales del pensamiento tradicional.
Si bien estos postulados fueron objeto de críticas sistemáticas desde enfoques marxistas y existencialistas, muchos de los conceptos acuñados bajo su influencia se mantienen presentes. En la actualidad puede discernirse entre la recuperación instrumental de sus postulados, que restringe su aplicación a un uso práctico/analítico, y la pervivencia de nociones que, si bien recuperan el lenguaje físico o matemático, no necesariamente deben ser comprendidas como expresiones concretas de su marco interpretativo. Se trata de analogías que focalizan la atención en la transmisión de sentidos asociados al estudio de la energía, la materia, la fuerza y el movimiento. Estas expresiones, sin embargo, así como son eficaces en términos ilustrativos, también lo son para la deshumanización de los procesos sociales y el empobrecimiento de sus abordajes analíticos.
Los estudios sobre frontera también se nutrieron de expresiones físicas, aunque su aplicación parece ser de más reciente surgimiento. A continuación, se analizan tres nociones que son aplicadas con regularidad en dichos estudios, al punto de constituir verdaderos conceptos y/o núcleos significativos de sentido, estas son: dinámica, porosa y caliente.
Dinámicas
El término dinámica se usa por oposición al de estática. La palabra deriva del griego δύναμις (dynamis), que significa fuerza o potencia. Para la RAE (https://dle.rae.es/dinámica), dinámica/o es un adjetivo perteneciente o relativo a la fuerza cuando produce movimiento. Según esta fuente, otros significados remiten a: una persona notable por su energía y actividad; un campo dentro de la mecánica y sus temas de interés; el sistema de fuerzas dirigidas a un fin; y el nivel de intensidad de una actividad. De este modo, se identifica el rótulo dinámica a una rama de la física mecánica que describe la evolución en el tiempo de un sistema físico. Dentro de esta, se estudian los motivos o causas que provocan estos cambios dentro de un sistema, y se construyen predicciones y modelos que vaticinan el comportamiento de distintos fenómenos a través del tiempo. Allí, los cambios producidos en la fuerza del movimiento están relacionados con la estructura misma del sistema y comprometen su estado y la calidad del movimiento-cambio (Aracil y Gordillo, 1995).
En el campo de las ciencias sociales esta metáfora se ha usado, sobre todo, en la economía y la sociología. En estas disciplinas, y sin una definición consensuada, en general se toma el término dinámica para diferenciar los análisis sincrónicos de los procesuales. En estos análisis el tiempo es una de las variables explicativas principales para dar cuenta de los cambios y/o continuidades que se producen.
En la década de 1970 se comenzó a aplicar el corpus teórico de las dinámicas de sistemas en las ciencias sociales, sobre todo en las escuelas anglosajonas con perspectivas cuantitativas. Esta metodología, que apunta a construir modelos que supongan al mundo como un sistema social cerrado e interconectado, fue aplicada para construir el primer informe del Club de Roma, que ofreció recomendaciones a los líderes mundiales sobre temas de desarrollo y crecimiento. Dicho proyecto fue aplicado en distintos nichos de gestión e investigación, tales como estudios urbanos, regionales, ecológicos y económicos (Aracil, 1983).
También se ha introducido esta noción a los estudios sobre espacios, especialidades, y las diversas categorías asociadas, como la frontera. Asimismo, es común en el campo de la demografía: estructura y dinámica de la población. Pero la reflexión sobre el concepto de dinámicas espaciales ha sido escasa. La mayoría de las veces se lo utiliza como una metáfora de gran valor intuitivo, y pocas veces se explicitan sus supuestos. Dentro de las ciencias sociales el concepto de dinámicas espaciales suele utilizarse asumiendo su significado desde extrapolaciones derivadas de la economía y la sociología, y está más ligada a la concepción que se tenga del espacio como tal y al tratamiento del fenómeno tratado. De este modo, su aplicación es fundamentalmente descriptiva. Esta categoría parece una noción similar a las dinámicas sociales, pero haciendo énfasis en el elemento contenedor o en un sustrato material que es determinado por cuenta del movimiento regular: dinámica espacial de la segregación, dinámica espacial urbana, dinámica espacial de cierto parque natural. En algunos casos, la referencia a las dinámicas espaciales es usada para nombrar la evolución de patrones de movilidad o, más precisamente, la identificación de flujos o movimientos recurrentes, que luego pueden ser presentados como una dimensión del objeto a investigar.
En estudios sobre frontera y/o migraciones es muy común el uso de esta noción. Un ejemplo es un documento producido por la oficina Buenos Aires de la OIM que se titula Dinámicas Migratorias en Fronteras de países de América del Sur. A lo largo del texto se utiliza frecuentemente el término, pero en ningún momento se proporciona una definición:
En el presente documento se recoge el interés regional por mejorar la comprensión de las dinámicas y los intercambios sociales y económicos entre ciudades vecinas pero separadas por una frontera internacional (OIM, 2018, p. 13).
Las complejas y matizadas dinámicas del tráfico territorial de bienes y personas vuelven a estas zonas de frontera puntos álgidos del control jurisdiccional, especialmente migratorio y aduanero”. (OIM, 2018, p. 14).
Carrión y Bermeo (2019, p. xvii), en un texto referido a las dinámicas transfronterizas, ofrecen una mirada complementaria de la palabra, que encierra connotaciones referidas a relaciones y escalas, aportando así una concepción procesual: “En la actualidad se vive una re-articulación de las fronteras sustentada en dinámicas territoriales multiescalares: nacionales, regionales y locales, así como multidimensionales”.
La importancia adoptada por este término en los estudios fronterizos es tan elocuente, que puede identificarse su mención en muchos de los títulos que adoptan las publicaciones referidas a esta temática (v.g. Albuquerque, 2010)
En términos generales, la idea de frontera dinámica constituye una de las ideas empleadas para poner de manifiesto el cambio de enfoque (o la pretensión de esta acción) basado en la transición de los estudios de frontera basados en la idea decimonónica de espacio absoluto a una concepción erigida sobre su condición de constructo social (cf. Arriaga Rodriguez, 2012). Dinámica es una metáfora-sinónimo de una pluralidad de expresiones: relaciones, tiempo, cambio, crecimiento, transformación, interacción, etc. Nunca se define conceptualmente, ni se operacionalizan las variables. Es ubicua y cambiante en sus sentidos. Adquiere un uso como adjetivo o como sustantivo.
Los principales sentidos atribuidos a la noción de dinámica en lo referente a las fronteras son: (1) amplitud: se observa en una diversidad de bibliografía que apunta a intereses temáticos y perspectivas disciplinares heterogéneas y/o eclécticas. (2) ausencia de parámetros: no hay explicitación de umbrales para una posible medición/cuantificación del sentido que transmite; y lo mismo aplica a la definición de cómo se distancia conceptualmente de lo estático. (3) ubicuidad: se aplica, indistintamente, como sinónimo de escala, relación, cambio, transformación, proceso, movimiento, interacción, intercambio, entre otras nociones. (4) paradigmático: se utiliza para contraponer con miradas clásicas, donde la frontera era algo dado naturalmente, permanente y sin cambios; paradójicamente, cabría preguntarse si siempre la frontera es dinámica y no hay posibilidades de considerar elementos estáticos.
Calientes
Para la RAE, caliente se relaciona con calor, como hecho físico. Pero también es un adjetivo que se relaciona con conflictividad: disputa, riña, pelea; conflictivo, problemático. Finalmente, también está ligado a la sexualidad: lujurioso o excitado sexualmente (https://dle.rae.es/caliente). En los estudios geomorfológicos se consideran puntos calientes a las aperturas en la litósfera, como las dorsales, por la fusión que se produce debido a las elevadas temperaturas en el manto superior subyacente. Ahora bien, considerando la referencia atribuida a lo caliente como peligroso, la jerga de la seguridad denomina puntos calientes a los sitios donde se concentra el delito de manera desproporcionada. Bajo esta visión, son lugares con múltiples eventos criminales (Clarke y Eck, s.f.), siendo extensiva esta consideración a otras geometrías que excedan a los puntos. Se trata de una referencia ampliamente extendida en el campo estratégico y militar.
La remisión a caliente para ciertas fronteras binacionales o sitios de frontera ha ingresado a la academia en el título de diferentes publicaciones (ver Scenna, 1981; Fuentes, 2008; Ávila, 2012). En ningún caso se define qué es tal cosa, por lo que permite suponer que se busca establecer un recurso narrativo más que un concepto analítico.
Esta expresión tiene una amplia repercusión y circulación en los medios de comunicación, donde se emplea para rotular a ciertas fronteras o enfatizar ciertos fenómenos que ocurren en las mismas: la conflictividad, violencia e ilegalidad imperante. De esa manera, la identificación de un fenómeno termina constituyendo el descriptor único de la frontera en cuestión.
Un ejemplo paradigmático del tratamiento dado por la prensa a las fronteras mediante el uso del calificativo caliente puede observarse en el caso del límite internacional que comparten Colombia y Venezuela. En el título de estos artículos se indica la palabra caliente, resaltando la condición y evocando los sentidos de peligrosidad y alerta que transmite. Algunos ejemplos son: “Colombia y Venezuela, una frontera caliente” (https://www.lanacion.com.ar/editoriales/colombia-y-venezuela-una-frontera-caliente-nid04062021), donde se presenta a la frontera como locus de conflicto armado y narcotráfico, por lo general con un tono moralizante o militante; “Frontera caliente: entre Venezuela y Colombia, paraíso del contrabando” (https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/frontera-caliente-entre-venezuela-y-colombia-paraiso-del-contrabando-nid1739791), donde se enumeran todos los elementos que configuran a esta zona como temible, peligrosa y conflictiva.
Otra frontera que suele asociarse a la noción de caliente es la compartida entre Argentina, Brasil y Paraguay. Al respecto, Renoldi (2015, p.435) afirma: “la Triple Frontera es señalada por los ámbitos estatales de seguridad y justicia de Argentina y Brasil como la cuna regional del terrorismo, del contrabando y del tráfico de drogas: es ’zona caliente de narcotráfico’, suelen decir en Argentina”.
En estos casos el acento parece estar puesto, entonces, en la necesidad de ciertas agendas de militarizar o securitizar la frontera, antes la ocurrencia de incautaciones y enfrentamientos armados. En las fronteras se libra, desde esta perspectiva, la batalla contra el narcotráfico, que cada vez requeriría de más infraestructura, recursos y presencia de tropas. Así, no hay analogía ni uso de metáforas, sino más bien sinonimia, entre caliente y conflictivo, ilegal y delictivo, usando el sentido literal que ofrece el diccionario. Lo caliente, también puede verse como un recurso a la espectacularidad de las fronteras (cf. Lois, 2017).
Ciertas ciudades de frontera, asimismo, se identifican mediante la expresión punto caliente, que remite a la discursividad securitaria:
La Triple Frontera es el nombre comúnmente dado a la zona fronteriza entre Argentina, Brasil y Paraguay. Desde hace años esta región se considera un punto caliente de actividades criminales, que van del tráfico de drogas y armas, el contrabando de bienes, robo de propiedad intelectual, falsificación de documentos y dinero o blanqueo de capitales. La zona se considera un núcleo de lavado de dinero destinado a la financiación de redes de crimen organizado y terroristas. (https://www.grupodcsolutions.com/post/la-zona-de-triple-frontera-seguridad-y-crimen-organizado)
Este uso limita la consideración de la frontera a una de sus características. No hay una definición de qué es lo que vuelve caliente al lugar: si es algo intrínseco o si es una circunstancia, si es parte de un proceso más amplio o si queda limitado a un momento donde surge el conflicto. Cuáles son los parámetros empleados. No queda claro, además, si para ello debe usarse la jerga policial o la discursividad sobre el policiamiento de las fronteras.
Al recuperar la noción de punto caliente ligada a un determinado espacio, diciendo “que es considerada”, faltaría saber: por quién, por qué, qué indica o a partir de qué índice se considera que un punto pasa a ser caliente, cómo se pondera o contabiliza. Otra cuestión, radica en si esta caracterización se acepta o se cuestiona.
En términos generales, la adjetivación de las fronteras como calientes está asociada a: (1) conflictividad: donde la frontera y todo lo que sucede en ella deviene en un problema; nuevamente, no hay metáfora sino literalidad. (2) peligrosidad: asociación directa con la idea de riesgo permanente o de lugar a evitar. (3) narratividad: un recurso narrativo más que un concepto analítico, que tiene un gran desarrollo y circulación en los medios de comunicación. (4) punitivismo: preponderancia de una visión securitaria que evoca sentidos asociados a lo ilegal y delictivo para promover acciones de control y neutralización, por lo general militares.
Porosas
Los poros son una micro forma espacial presente en una pluralidad de materias y materiales, de origen biológico, geológico o industrial. La RAE los define como vía, conducto (https://dle.rae.es/poro). Los materiales porosos encuentran una amplia difusión en la naturaleza. Éstos permiten la respiración, como así también la circulación de fluidos, tanto en plantas como en animales. La variedad de formas y tamaños de los poros es tan grande como los tipos y orígenes de los materiales porosos, y van desde los que son comparativamente grandes y visibles hasta grietas de dimensiones moleculares (Masciarelli, Stancich y Stoppani, s/f). Cabe señalar que los materiales porosos pueden ser o no considerados provechosos. En ocasiones, reciben una singular atención debido a sus potenciales aplicaciones como adsorbentes, mallas moleculares, membranas, soportes o catalizadores (Medina Valtierra, 2004).
La noción de porosidad para adjetivar a las fronteras está ampliamente difundida en los estudios sociales. Se usa para referir a fronteras de las más variadas escalas y con diferentes intenciones: como característica, como problema o como ventaja. Este uso es común en documentos oficiales que buscan caracterizar las fronteras, como por ejemplo el informe elaborado por la Defensoría del Pueblo de Colombia (2017:110):
En Norte de Santander… [se] han identificado más de 160 pasos informales, la porosidad de la frontera dificulta los controles migratorios, esta situación se extiende a todo el límite fronterizo donde se encuentran seis puntos de control migratorio en 2.219 kilómetros. (Defensoría del Pueblo de Colombia 2017, p. 110).
Ortelli (2014, p. 45), por su parte, contrasta la mirada clásica sobre fronteras, concebidas como límites que separaban mundos antagónicos, con otra, donde se expresan como espacios porosos y permeables. Este pensamiento se plasma en afirmaciones como:
Estos espacios constituían, así, zonas complejas de interacción cultural, social, económica, genética, militar, política, religiosa y lingüística entre diferentes grupos de gente. De allí la idea de porosidad, que alude a un espacio discontinuo, caracterizado por intersticios que permiten la comunicación y la interacción. (Ortelli 2014, p. 45).
La oposición señalada, sin embargo, es engañosa, dado que se podría preguntar si es realmente posible pensar en la inexistencia de fronteras antagónicas, o si, en definitiva, los antagonismos no pueden convivir con la comunicación y la interacción. En relación a esta doble condición, puede recuperarse el ejemplo de la frontera México-Estados Unidos, que según señala Kearney (2003, p. 60):
Respecto a la necesidad que tiene el Estado mexicano de exportar trabajo, es deseable una frontera porosa. Pero, como Estado-nación moderno, un asalto a la integridad de sus límites es un asalto a su poder –para disponer y diferir–. De esta manera, el área fronteriza ha devenido altamente problemática para el Estado mexicano.
La supuesta porosidad de las fronteras no es una condición que pueda ser considerada como reciente o contemporánea. Por el contrario, diversos estudios dan cuenta de su importancia, ya sea por sus beneficios como por los problemas generados (ver Godoy Orellana, 2020).
Finalmente, puede afirmarse que las analogías porosas y porosidad suelen utilizarse para proponer una connotación negativa o de debilidad de las fronteras. Esta idea se resume en la afirmación realizada por Marengo Camacho (2015) acerca de las lógicas discursivas predominantes en torno a la frontera que comparten México y Estados Unidos:
La construcción de la frontera mediante elementos discursivos que denoten debilidad. La debilidad, según la Real Academia Española (RAE), se define como un tipo de carencia de energía o vigor en los elementos positivos que tiene por expectativa el actor generador del discurso (insegura, inestable) o su opuesto; una presencia de aquellos elementos asociados a lo negativo (peligrosa, porosa). (Marengo Camacho, 2015, p. 13).
El autor ofrece, también, la mirada opuesta, basada en su fortaleza:
La construcción de la frontera mediante elementos discursivos que denoten fortaleza. La fortaleza se entiende, según la RAE, como un conjunto de elementos asociados a la virtud y eficacia que tiene por expectativa el actor generador del discurso (segura, inteligente); o por el contrario, una carencia de aquellos elementos asociados a lo negativo (impermeable, sellada). (Marengo Camacho, 2015, p. 13-14).
Si retomamos la comparación que indica que la frontera es una epidermis, no debería extrañar entonces que tenga poros. Todas las pieles tienen poros, porque por ahí el cuerpo biológico puede respirar e intercambiar con el medio diferentes líquidos y/o sustancias. De este modo, podríamos pensar que ambas analogías se encuentran vinculadas. Sin embargo, sólo comparten la idea asociada al tránsito/movilidad a través de la frontera.
La porosidad se utiliza como analogía para dar cuenta, simultáneamente, del objeto (la frontera tiene puntos por donde algo cruza), las prácticas (las fronteras son burladas, cruzadas, forzadas) y los significados otorgados (frustración y problemática securitaria). Luego, la porosidad de la frontera, o las fronteras porosas, devienen en metáforas que son recuperadas en diversas narrativas.
Tres elementos interrelacionados pueden destacarse del uso de esta analogía: (1) sentido común: su uso expresa cierta pereza epistemológica, dado que por lo general no se ve acompañada de reflexiones que sustentan su empleo o le aportan algún sentido adicional a su voz literal. (2) despersonalización: el uso de la idea de porosidad sin ofrecer información empírica o poner siquiera en contexto su empleo, anula la posibilidad de reconocer el punto de vista de quien escribe y su intencionalidad. (3) ambigüedad: lo antes mencionado redunda en que, finalmente, no pueda comprenderse si se está haciendo referencia a un rasgo consustancial de las fronteras o a una particularidad de cierta frontera, al tiempo que deja abierta la idea de su inconveniencia.
Conclusiones
Puede afirmarse que la metáfora, la analogía y la metonimia posibilitan concentrar la atención sobre ciertos atributos o rasgos del objeto de conocimiento que se está construyendo, sea que remita a sujetos sociales, fenómenos o dispositivos que se quiera resaltar o destacar. Esto puede considerarse una potencialidad, porque resulta en su simplificación en una sola imagen potente. Pero constituye, sobre todo, una debilidad (o una trampa), ya que evita complejizar los objetos puestos en discusión.
Las analogías (y demás tropos) no son correctas ni incorrectas en sí mismas (Pérez Bernal, 2007), lo que corresponde, como actitud de vigilancia epistemológica, es alertar en qué medida permiten resolver los problemas, romper con las nociones de sentido común y saltar obstáculos para lograr una mayor proximidad a la complejidad de la realidad estudiada. Para ello es fundamental reconocer cuáles son los recursos empleados, identificar los sentidos que se transmiten, y remarcar los rasgos y relaciones que se resaltan y que, en simultáneo, se ocultan o soslayan.
El uso de metáforas y analogías está ampliamente extendido en el campo temático de las fronteras, no solo se usa en el discurso académico, sino que también en el periodístico y en otros ámbitos de circulación. Allí, transmiten y consolidan una serie de sentidos que, por lo general, son el resultado de análisis discrecionales, donde conviven elementos de sentido común, resabios de posicionamientos conservadores y falta de reflexividad en los enunciados. Se trata de recursos estilísticos, empleados con una clara intencionalidad comunicativa que, a través de su circulación, llegan a conformar conceptos ordenadores y/o se institucionalizan dentro del marco discursivo de ciertas disciplinas y/o organismos públicos.
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