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1 Aspectos psicosociales
de la donación de gametos

Estela Chardon

Introducción

Las técnicas de reproducción humana asistida (TRHA) con donación de gametos han permitido derribar viejos estereotipos establecidos socioculturalmente. Como lo destaca Raquel Taranilla, la generalización de las TRHA ha modificado el relato hegemónico sobre la concepción humana “en el que un espermatozoide poderoso logra conquistar un óvulo e iniciar una vida nueva” (Taranilla, 2016, p. 108). Asimismo, el tratamiento de la infertilidad o las fertilidades diferentes obliga a entender la reproducción humana como una tarea colectiva, donde se involucran saberes, personas, intereses y, por supuesto, el deseo.

La donación de gametos permitió que emergieran algunos formatos familiares que consiguieron desestabilizar identidades de género y de familia que han sido privilegiadas durante siglos. La conformación de estos modelos familiares no convencionales ha dado paso a la constitución de nuevas subjetividades ligadas a esquemas de maternidad, paternidad y filiación, desafiando modelos y teorías que se ven superados por la realidad de estos nuevos vínculos.

No es posible un abordaje de la problemática psicológica asociada a la donación de gametos sin hacerlo desde la interdisciplina y con una mirada integrativa que permita profundizar en la temática y dejar de lado preconceptos o sesgos teóricos que no incluyan tanto la clínica especializada como la investigación. Los psicólogos del futuro deberán generar respuestas a los dilemas que plantean la ciencia, la legislación, la economía, los derechos humanos, la ética y, por supuesto, el padecer que implica la demanda de cada individuo que concurre a la consulta psicológica.

Desde el tratamiento individual, el de pareja, el familiar, la necesidad de establecer nexos entre personas conectadas por la genética o la biología, acompañar los procesos de duelo y aceptación, la comprensión de las consecuencias de las decisiones de los adultos que repercutirán en la concepción de seres humanos, hasta las intervenciones más simples, que ayudan a regular las emociones y a manejar la ansiedad que aparece ante lo desconocido, el cambio en el desarrollo de un guion personal o la frustración que requiere un ajuste de expectativas: todas las acciones terapéuticas se realizarán, literal o conceptualmente, de modo interdisciplinario.

Información, interdisciplina y marco legal

Desde sus inicios, la donación de gametos fue anónima en el mundo, hasta que los reclamos de los mismos nacidos fueron impulsando cambios en las legislaciones de distintos países, como Suecia, Austria, el estado australiano de Victoria, Suiza, los Países Bajos, Noruega, el Reino Unido, Nueva Zelanda, Alemania, Irlanda, Finlandia (Nelson, Hertz y Kramer, 2016) y, recientemente, Portugal. En algunos casos, estos reclamos pusieron en evidencia las tensiones entre los distintos actores involucrados: el actual debate en España ha demostrado que la controversia no es solo legal, sino que implica los aspectos económicos y comerciales asociados (Chaparro, 2020).

La eliminación del anonimato se propuso originalmente con el fin de reclamar el derecho a la identidad como un derecho humano básico, proclamado desde la Convención de los Derechos del Niño. Esta fue reconocida por las constituciones de muchos países, como en el caso argentino. En nuestro país, en el año 2015 se sancionó el nuevo Código Civil, que estableció en el artículo 562 que, en el caso de las TRHA, la filiación queda determinada por la voluntad procreacional y, en el artículo 564, que se concede el derecho a las personas nacidas concebidas mediante técnicas heterólogas al acceso a la información identificatoria del donante, por vía judicial. Es decir, el anonimato ha sido eliminado de hecho, sin generar el debate internacional que amenaza hacer caer las donaciones en España.

Investigaciones más recientes (Ravelingien, Provoost y Pennings, 2015)[1] destacan que la apertura y el acceso a la información no alcanzan para satisfacer las necesidades de los nacidos, sino que, cuando se busca al donante o a los otros nacidos, lo que se espera es lograr un contacto efectivo y real. Es decir, los cambios legislativos serán condición necesaria pero no suficiente para el acceso a la información, ya que para ello se requerirá establecer registros nacionales (o internacionales, cuando se trate de tratamientos realizados en otros países). Pero, sobre todo, será necesaria la aceptación de estas condiciones por parte de los involucrados; inicialmente, los receptores, padres de intención que serán responsables de inscribir e informar adecuadamente a sus hijos en relación con su origen.

Un estudio reciente sobre 20 años de evolución luego de la eliminación del anonimato en Suecia (Isaksson et al., 2011) describe que las parejas receptoras de espermatozoides y ovocitos donados son relativamente abiertas sobre su tratamiento y la divulgación sobre el origen a la descendencia; esto puede interpretarse como un cambio hacia una mayor apertura con respecto al tratamiento con donación. Sin embargo, hubo diferencias entre los subgrupos de participantes, donde fueron las mujeres sometidas a un tratamiento con donación de ovocitos las más abiertas. En cambio, los hombres en parejas sometidas a un tratamiento con donación de esperma fueron los más reservados y, también, los menos interesados en recibir información o apoyo adicional sobre la paternidad después de la donación.

Diferentes perspectivas para considerar

Receptores

La decisión de realizar una TRHA heteróloga puede tener diferentes orígenes y, por lo tanto, diferentes implicancias tanto emocionales como legales. Si una pareja heterosexual requiere de un donante, tanto femenino como masculino o ambos, es probable que el proceso haya implicado años de búsqueda o la participación de un médico especialista. En cambio, una madre soltera por elección (MSPE) o una pareja igualitaria femenina (PIF) que recurren a un banco de esperma ya tenían contemplado en su proyecto de maternidad la necesidad de recurrir a un gameto masculino y, generalmente, el proceso de elaboración es previo al tratamiento. No ocurre lo mismo si, durante el proceso de los tratamientos, surgen dificultades que exijan una ovodonación.

El caso de los padres solteros o las parejas igualitarias masculinas (PIM) es diferente, ya que se requiere de una donante y una gestante, lo que implica otros niveles de complejidad, tanto en cuanto a lo psíquico como a lo legal.

En relación con la capacidad de realizar el duelo genético y aceptar la pérdida de conexión biológica con los hijos, podemos decir que requiere mínimamente intervenciones terapéuticas psicoeducativas antes y después del tratamiento y que, además, dependerá de las características individuales de cada familia.

Los hallazgos de algunas investigaciones (Roudsari, Jafari y Taghipour, 2019) sugieren que las creencias socioculturales que rodean la donación reproductiva podrían influir en la actitud de la pareja infértil hacia la aceptación de estas alternativas terapéuticas. Susan Golombok y col. (2017; 2019; 2020), a lo largo de los años, han mostrado los cambios que ocurren en las familias formadas por donación de gametos. Contrariamente a las preocupaciones que se habían expresado inicialmente con respecto a las potenciales consecuencias psicológicas negativas de las TRHA con donación, las diferencias identificadas entre los tipos de familia en los años preescolares indicaron relaciones más positivas entre padres e hijos en estas familias, independientemente del tipo de donación reproductiva utilizada, que en el grupo de comparación de las familias con concepción natural (Golombok, Ilioi, Blake, Roman y Jadva, 2017). Los niños mostraron altos niveles de ajuste psicológico, pero no diferían de los niños concebidos naturalmente. En los años de la escuela intermedia, cuando los niños muestran conciencia de la discontinuidad genética con uno o ambos padres, no se encontraron diferencias entre los tipos de familia cuando surgen tensiones o dificultades en la crianza de la infancia media a la adolescencia. En todos los tipos de familia, los problemas aumentaron entre los 7 y los 10 años y luego disminuyeron entre los 10 y los 14 años. Este hallazgo es consistente con un metaanálisis que relevó las dificultades entre padres e hijos a lo largo del tiempo y concluyó que el conflicto alcanza su punto máximo durante la adolescencia temprana (edad 10-12) y luego disminuye (Laursen, Coy y Collins, 1998).

La donación de ovocitos ha aumentado recientemente, en el mundo y en nuestro país, según declaraciones de Stella Lancuba, presidenta de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR). La doctora señala que, de acuerdo a la última información disponible surgida de un reporte voluntario, aproximadamente 1 500 mujeres donaron óvulos en 2015. Destaca que es un número bastante bajo para una población como la Argentina” y que, “actualmente en nuestro país, 1 de cada 4 procedimientos de fertilización asistida requiere de la utilización de óvulos donados(De la Barrera, 2019).

En cuanto a las características de las familias formadas por donación de ovocitos, el trabajo de Imrie, Jadva y Golombok (2019) muestra que se encontraron diferencias significativas entre los grupos que indican un menor apoyo social entre las madres por donación de óvulos y una peor salud psicológica entre los padres. Estas diferencias parecen estar más relacionadas con la edad avanzada de los padres que recurren a este tratamiento que a la donación de óvulos per se. Como consecuencia, las madres desarrollan diferentes estrategias para fortalecer el vínculo con el hijo cuando se pierde la relación o descendencia genética (Imrie, Jadva y Golombok, 2020). Estas estrategias, generadas durante la transición a la maternidad, les posibilitaron establecer su identidad como la madre del niño y les facilitaron el proceso de sentir que el bebé era suyo. Este fue un proceso individual para cada mujer –la conexión genética tuvo una importancia variable entre ellas–, pero les permitió adaptarse con éxito y manejar la ambivalencia e incertidumbre asociadas con la maternidad no genética. En este sentido, se registró que la mayoría de las madres se sentían seguras y confiadas en su rol materno al final del primer año de vida de sus hijos. Las estrategias destacadas fueron: por un lado, reforzar la importancia del embarazo y el establecimiento de un vínculo previo al nacimiento, la representación del hijo como deseado y la influencia de la madre más allá de la genética; y, por otro, encontrar un lugar psíquico para la donante (aunque, en este sentido, se observó una tendencia a minimizar su significado, tanto para ellas mismas como para el nacido).

Las intervenciones terapéuticas recomendadas son la psicoeducación previa al tratamiento, el apoyo durante la gestación y el seguimiento de la familia, preferentemente con el apoyo de grupos de pares.

Actualmente, existe mucha bibliografía para acompañar a los receptores en el proceso de apertura y comunicación sobre el origen, desde guías para padres (DSR, 2006; DCN, 2020), pautas orientativas para profesionales de la salud (Visser et al., 2012) y una enorme cantidad de literatura infantil (Martinez Jover, 2005, 2007, 2014) sobre las TRHA y la diversidad familiar (Fernández, 2013; Prado López, 2013; Casanova, 2016) accesibles para distintas edades.

Donantes

Uno de los temas que surgen ante la donación es la motivación de los y las donantes. Diferentes estudios y especialistas (Chardon, 2017) señalan que, además de la compensación económica, hay otras motivaciones y razones, como:

  • ayudar a quienes no tienen hijos;
  • identificación con los receptores;
  • hacer algo que marque una diferencia en sus vidas;
  • la consideración de que madre o padre es quien cría a un niño;
  • porque, de todos modos, no utilizarían sus gametos en ese momento;
  • por curiosidad acerca de su potencial de fertilidad;
  • para reparar algún hecho de su vida por el que se sienten culpables; y
  • por el deseo de transmitir sus genes, el sentido de “orgullo genético”.

La experiencia de donar tampoco es simple; en una investigación realizada en el Reino Unido (Williams y Machin, 2018), los donantes expresaron preocupación por la pareja infértil y el niño resultante. En relación con el proceso de donar, transmitieron dificultades con respecto al valor de la compensación económica que se percibe, desorientación sobre la forma de solicitar los turnos médicos o la de aplicar la medicación cuando se requería, el lugar físico asignado, entre otros. Los donantes también comentaron negativamente sobre el cuidado posterior y la poca orientación recibida sobre anticoncepción.

En donantes de ovocitos, se informó con frecuencia el síndrome de hiperestimulación ovárica; estas donantes creían que el personal de la clínica no estaba preocupado por su bienestar físico o emocional, sino que se concentraba desproporcionadamente en extraer los óvulos. Eso nos remite al dilema entre donación, dación o venta, y el significado de los donantes en el sistema médico de la fertilización asistida. Además, si revisamos el manejo de los y las donantes en Argentina, encontraremos que con frecuencia se ejercen las mismas prácticas y que también algunas donantes de ovocitos manifiestan haber sentido emociones o dudas semejantes a las descritas en el trabajo mencionado.

Clínicas de reproducción y reclutamiento de donantes

Cuando la legislación no lo exige, la tendencia de los centros de reproducción o los bancos de gametos es a reclutar donantes anónimos mediante campañas y con diferentes niveles de compensación económica. Dicha compensación ha generado controversias (Bracewell-Milnes et al., 2016); nuevas investigaciones (Goedeke, Shepherd y Rodino, 2020) han mostrado que, en ciertas condiciones, hay acuerdo en que se reembolse a los donantes los gastos médicos, el lucro cesante por el tiempo de viaje o tiempo no remunerado fuera del trabajo relacionado con los tratamientos y gastos de bolsillo que surjan a partir del proceso de donación de gametos, lo cual resulta, en general, más aceptado en las donantes de óvulos que en los donantes de esperma. En ese trabajo, señalan que hay mucho menos apoyo o consenso para el pago directo o la compensación de los donantes por el suministro de sus gametos, lo que plantea la disyuntiva entre la denominación “donación” o “venta”.

Plantean Rivas, Lores y Jociles:

Si se toma como referencia la descripción maussiana del don, resulta difícil interpretar la producción de ovocitos como “donación”, más bien podríamos argumentar que el discurso de la “donación” es una estrategia para legitimar un acto que comprende una relación salarial encubierta, un trabajo productivo no reconocido y la mercantilización completa de la vida humana. En las actuales condiciones de unas ciencias de la vida altamente capitalizadas, el paradigma del altruismo, asociado a valores como la generosidad, la entrega, el sacrificio, que se presumen en este esquema como innatos a la condición femenina, sirve para dar un rostro plausiblemente humano a la mercantilización del cuerpo en la creación de plusvalor, lo que entraña la expropiación de los donantes y la denegación de derechos sobre sus biomateriales […] Todo lo contrario, el sistema de donación lo que busca es garantizar la desconexión y desvinculación entre donantes y receptoras. Desvinculación y desconexión que contribuye a la invisibilización del trabajo reproductivo de los/las donantes y que se materializa en disposiciones espaciales para evitar el contacto visual y la posibilidad de relación entre donantes y receptores: salas de espera diferenciadas, acceso a los centros por distintas puertas (Rivas, Lores y Jociles, 2019, p. 638).

Con una concepción descarnada, desenmascaran los aspectos comerciales y mercantilistas del proceso, donde es central tener en cuenta que su mirada parte de un país donde el turismo reproductivo genera ingresos millonarios. Pero no podemos negar que en Argentina, y probablemente en muchos otros países latinoamericanos, situaciones como la que plantean en cuanto a la separación física y temporal entre receptores y donantes efectivamente ocurren.

También hay otros fenómenos asociados al reclutamiento de donantes que, si bien pueden mantener los aspectos comerciales, incluyen la perspectiva y las demandas de muchos nacidos y sus familias. Podemos mencionar dentro de ellos a los bancos de esperma con programas de identidad abierta, que se iniciaron en Estados Unidos en el año 1982. En una investigación realizada después de 10 años de entregar información a personas nacidas por donación de esperma (Scheib, Ruby y Benward, 2017), se encontró que los motivos más frecuentemente expresados para solicitar información del donante eran: primero, obtener más información (aspectos físicos, salud, posibilidad de contacto o relación), luego, por curiosidad, y también para expresar su gratitud. Las personas que solicitaban información eran principalmente las criadas en familias monoparentales, en las cuales a veces la presión por el contacto era iniciada por el progenitor. Los programas de identidad abierta están disponibles en Argentina desde el año 2014 (PIA, 2014) y luego se han ido sumando a la oferta, principalmente para la donación de esperma. En el caso de la donación de ovocitos, se ha incorporado solo en un banco.

Otro tema controversial es el matching fenotípico o la compatibilidad de grupo y factor sanguíneo, aspectos que parecen orientados a facilitar el ocultamiento sobre el origen y la mentira. Así lo señalan también Rivas et al.:

La práctica del matching persigue la similitud fenotípica entre donantes y receptoras; el objetivo es renaturalizar la relación entre los padres y los hijos, dado que la presunción cultural derivada del sistema del parentesco occidental es que los hijos son continuidad biogenética de los padres, que supone la continuidad de los rasgos fenotípicos; el “parecido” es la evidencia de su concepción “natural” y una baza en juego en las filiaciones familiares (Rivas et al., 2019, p. 634).

De igual modo, en Argentina encontramos la misma práctica en clínicas y bancos, donde se privilegia el deseo de semejanza antes que la elaboración del duelo genético. Esto si no nos cuestionamos cuando, directamente, el objetivo de la selección se orienta a un comportamiento éticamente discutible, cercano a la eugenesia; cuando se busca un fenotipo “valorado” por algunos segmentos de la sociedad.

Pero muchas de estas cuestiones se verán superadas por el mismo avance científico que, recientemente, puso en jaque al anonimato. La proliferación de los test de ADN caseros y los sitios web con test de ancestría podrían, de hecho, hacerlo caer (Harper, Kennet y Reisel, 2016), de forma que faciliten y promuevan la relación entre nacidos, donantes y receptores que estén interesados en el contacto, más allá de las normas científicas o de las legislaciones vigentes en cada país.

Nacidos

Las personas nacidas por donación han sido, en el mundo, el motor que dinamizó y desafió el sistema de reproducción con gametos de terceros. Desde que David Gollancz publicó su historia familiar, mucho ha cambiado en la legislación y los controles. Este reveló que en 1965 se enteró por su padre que había sido concebido por donación de esperma (Gollancz, 2002), lo que inició la búsqueda que culminó en el contacto con algunas de las más de 600 personas concebidas por el mismo donante: el Dr. Bertold Wiesner, el dueño de la clínica donde se habían llevado a cabo esos tratamientos.

Sin embargo, una noticia como la de Gollancz no ha sido la única en la historia de la reproducción asistida, como el caso de un médico en el estado de Indiana, Estados Unidos, que fue suspendido de su licencia luego de que se descubriera que utilizaba su propio semen para realizar tratamientos de fertilidad en sus pacientes. Durante las décadas de los 70 y 80, el Dr. Donald Cline (Zhang, 2019) realizó procedimientos de inseminación utilizando su propio esperma en más de 50 mujeres sin sus consentimientos. Otro caso reciente es el de un médico holandés, Jan Karbaat, director de una clínica de reproducción asistida que falleció en 2017 a los 89 años, quien utilizó –supuestamente– su propio esperma para inseminar a decenas de mujeres. Los demandantes, fruto de una inseminación artificial, sospecharon del médico porque sus madres fueron tratadas en su clínica de donantes de esperma en Barendrecht, cerca de la ciudad portuaria de Rotterdam (Mroz, 2019).

Desde el pasado al presente, los nacidos se empezaron a hacer escuchar. Una de las redes internacionales más importantes del mundo, la Donor Sibling Registry (DSR),que cuenta con cerca de 68 mil miembros y más de 18 mil contactos establecidos, trabaja incansablemente para reunir, conectar e informar a nacidos, donantes, hermanos por donante y familias (Kramer, 2020).

El interés por establecer contacto se ve influido por el formato familiar (Beeson, Jennings y Kramer, 2011): la descendencia de parejas igualitarias o de MSPE reciben información sobre su origen a edades más tempranas que las de las parejas heterosexuales; en las últimas, la divulgación suele ser más confusa además de tardía, y se observó preocupación por parte de los nacidos de expresar su interés o curiosidad para contactar al donante por temor a herir los sentimientos de sus padres. Indica el mismo estudio que aproximadamente una cuarta parte de los entrevistados nacidos en parejas heterosexuales informaba sobre la incapacidad de discutir sobre sus orígenes con sus padres.

Uno de los principales investigadores en el campo de las TRHA con donación es el Dr. Ken Daniels. A lo largo de su trabajo durante años, ha destacado la importancia de la apertura sobre el origen, es decir, la revelación de la forma de concepción, y, además, de la necesidad de eliminar el anonimato de los donantes para facilitar el acceso a ella. La comprensión de las diferencias individuales entre los nacidos requiere del contacto personal para identificar sus puntos de vista y las experiencias sobre ellos mismos, sus familias y el donante (Daniels, 2020). De una muestra de 21 personas, dos tercios consideraron que la concepción por donantes era una parte importante en la conformación de su identidad y once de ellas la habían integrado de manera positiva. Lo describían como un proceso continuo y destacaban que las actitudes y valores de los padres fueron muy influyentes. Diez habían conocido la historia de la construcción familiar tempranamente, mientras que once habían experimentado revelaciones posteriores, y se informó que en esas circunstancias había resultado inútil y perjudicial. Todos hablaron amorosamente de sus familias; sin embargo, se consideró que la genética era importante, ya que once buscaron contacto con su donante y tres expresaron que conocerlo fue una experiencia liberadora. Catorce quisieran o hubieran querido conocer también a medio hermanos o hermanos por donante. La forma en que los propios nacidos describen sus representaciones sobre el vínculo con el donante, incluso antes de establecerlo, ha sido motivo de varias investigaciones (Provoost et al., 2017) y una interesante charla TED (Provoost, 2016) donde niños pequeños expresan, mediante la ubicación simbólica de una manzana en el árbol familiar, el lugar que otorgarían a su donante.

La publicación del primer libro infantil dirigido a la introducción de las relaciones entre los nacidos (Kramer, 2018) y la diversidad tanto en la necesidad de interacción como en el modo de nombrarse o el lugar que ocupa en la familia es un indicador de la relevancia de estos vínculos.

Podemos decir que la cultura cambiante, las innovaciones tecnológicas y las redes sociales van modificando aceleradamente las relaciones y los vínculos familiares. Hoy es prácticamente imposible pensar en sostener secretos de esta magnitud en relación con el origen, algo que ocurría en sus inicios y que, lamentablemente, en algunas sociedades más conservadoras todavía observamos (Chardon, 2018). Los nacidos y sus familias seguirán siendo el motor de estos cambios, que serán acompañados por las distintas disciplinas involucradas: la medicina, la genética, las leyes, la psicología, la antropología, entre otras.

La familia de los donantes

El anonimato llevó a que no se pudieran realizar suficientes investigaciones en el mundo sobre las familias de los donantes. Como hemos mencionado anteriormente en el apartado de las personas nacidas con intervención de donante, se está integrando a los hijos de los donantes al núcleo de descendientes que buscan conexión. Las redes mencionadas (DSR; DC Network) van, paulatinamente, incorporando también a los propios hijos de los donantes, en caso de que estos últimos hayan sido abiertos en cuanto a la donación, algo que pocas veces ocurre y que genera la invisibilización de las familias y transforma el acto de donar en un secreto personal del donante.

Una investigación sobre las actitudes de las parejas femeninas de donantes de esperma (Pennings y Provoost, 2019) explicaría, en algunos casos, la dificultad para los donantes de compartir con su pareja o futura pareja cuando donan o consideran donar esperma. Solo una de cada tres mujeres del estudio apoyaría a su pareja si él quisiera donar. La mayoría de las mujeres percibieron la donación de esperma como un acto que también les preocupa, y creían que debían ser escuchadas en esta decisión. Para promover un consentimiento plenamente informado, debería incluirse el componente relacional como parte del asesoramiento inicial a los candidatos a donante.

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