Como nadie llega sola o solo a ningún lugar, menos aun cuando implica un merecimiento o en este caso, la culminación de un posgrado, solo debo agradecer y agradecer. A quienes están o estuvieron a mi lado, a quienes me sostuvieron con el cariño, la confianza y el interés en mis proyectos, a quienes comparten los temas y preocupaciones que abordó esta tesis, a quienes fueron una brújula en el conocimiento, interesados en leerme, corregirme e indicarme mejores opciones y a quienes forman parte de mi vida y de lo que en ella va ocurriendo.
También un agradecimiento a las políticas públicas de los gobiernos nacionales, populares y democráticos, que hicieron posible el acceso libre y gratuito a la educación superior, y que favorecieron la disponibilidad y accesibilidad a los estudios de posgrado, como fue en mi trayectoria la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad de Buenos Aires. Siempre estaremos en deuda por esta posibilidad, sostenida por el conjunto del pueblo.
Un agradecimiento profundo y emocionado a mi familia, a mis padres que ya no están, especialmente a mi madre por todo su amor y confianza infinita. El primer borrador de esta tesis fue escrito a su lado, por una impensada mudanza en tiempos de pandemia fase 1, y ella como esta tesis, fueron dos razones que me ayudaron a sobrellevar el aislamiento, la soledad y la incertidumbre. Pero como dice Fernando Pessoa, “De todo, quedaron tres cosas: la certeza de que estaba siempre comenzando, la certeza de que había que seguir y la certeza de que sería interrumpido antes de terminar”.
Un agradecimiento especial a Ana Clara Camarotti, que generosamente aceptó dirigirme y acompañarme en este proceso, que siempre valoró lo que yo tenía para decir desde la experiencia de la gestión pública en políticas de investigación sobre drogas. Por su confianza y empuje, y su sensibilidad humana.
También quiero agradecer a Ana Laura Azparren y Martin Güelman que revisaron meticulosamente algunos capítulos, haciendo observaciones sutiles e importantes.
A mis compañeras y compañeros del Observatorio Argentino de Drogas y de SEDRONAR mientras estuve allí, ya que trabajamos incansablemente para construir un sistema nacional de información sobre drogas, sostenible en el tiempo y con criterio federal para el diseño de políticas públicas. Especialmente a Nora Cadenas, Guillermina Barriviera, Florencia Yelatti, Yamila Abal, Gisel Nadra, Alejandra Cuasnicú, Liliana Barbieri, Sofía Ansaldo. Gracias a la fuerte inversión del estado en la investigación sobre los problemas de drogas durante los años 2003 a 2013 se pudieron realizar una serie de estudios nacionales en diferentes poblaciones, entre ellas, los estudios que son fuente de información de esta tesis. También se abordaron, por primera vez, indicadores asociados al consumo y abuso de sustancias psicoactivas en relación a la mortalidad, morbilidad, violencia, accidentes de tránsito y domésticos, comisión de delitos, demanda de tratamiento, costos económicos, y estudios cualitativos diseñados para complementar la comprensión del fenómeno. También se realizaron los censos nacionales de centros y dispositivos de atención a personas con problemas del consumo de sustancias psicoactivas y estudios de evaluación de programas de prevención y de tratamiento.
Quiero agradecer a mis colegas de los Observatorios nacionales de drogas de los países de la región, con quienes hemos compartido la preocupación por mejorar las metodologías y los análisis de las bases de datos, en el contexto de las presiones presupuestarias, de los tiempos de la gestión política-administrativa y de la necesidad de generar conocimiento científico desde estas áreas gubernamentales, como soporte de las políticas. Especialmente estoy pensando en Héctor Suárez y Jessica Ramírez de Uruguay, Juan Carlos Araneda, María Elena Alvarado y José Marín de Chile, Nancy del Valle de Paraguay, Jeny Fagua de Colombia, Silvia Corella de Ecuador, Delia Trujillo de Perú, Nadja Porcell de Panamá, Alma Escobar de El Salvador, Tatiana Dalence de Bolivia. También a los colegas y amigos de la Red de Investigadores Latinoamericanos sobre Drogas (REDLA), por acudir rápidamente a los pedidos de bibliografía y opiniones, como Julio Bejarano, Jorge Villatoro y Fernando Salazar.
A quienes condujeron y conducen programas internacionales que buscan fortalecer a los sistemas nacionales de información sobre drogas y favorecieron los encuentros regionales de Observatorios nacionales de drogas para el intercambio de experiencias, como Isabel Palacios de UNODC-Perú, Teresa Salvador de COPOLAD-UE I y II y a Francisco Cumsille y Marya Hynes del OID-CICAD-OEA.
A mi familia porteña, Teresita, Gustavo, Teresa, Luciana y Alfredo. A mis amigos y amigas, compañeras y compañeros de la vida: Alicia, Tata, Inés, Jorge, Walter, Valeria, Verito, Laura A., Águeda, Paula, Paola, Omar, Sebastián, Camila, Nora, Guille, Gisel, Dolores, Dody, Laura R., Nano y en dónde estén, Mariano, Ale y Popi. Seguramente he olvidado algunas menciones… a todos y todas, GRACIAS.







