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6 Género y consumo: especificidades y cambios en sus determinantes

Introducción

El objetivo de este capítulo es dar respuesta a las preguntas de la tesis, aquellas que al ser formuladas organizaron el proceso de conocimiento finalmente adoptado, que implicó una revisión teórica y conceptual sobre las consideraciones de género y sobre la información disponible en los estudios epidemiológicos nacionales, las encuestas sobre consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes del nivel medio, que son las fuentes de información utilizadas. Por lo tanto, las respuestas deben ser brindadas considerando la evidencia empírica que el modelo de regresión logística multivariado produjo.

Este diseño, como se ha descripto en el capítulo 2, consideró que diferenciar a la población bajo análisis según el género y la edad, era la mejor propuesta para analizar a cada subgrupo en el concierto de sus condiciones objetivas y subjetivas, respecto del consumo de bebidas alcohólicas, del consumo excesivo de alcohol y del consumo de marihuana. Fue el mejor modo de observar en cada subgrupo, cómo se comportan las variables consideradas de relevancia y disponibles en el cuestionario, en tanto factores que incrementan o disminuyen el consumo de sustancias psicoactivas, y que provienen de las propuestas teóricas y metodológicas que se vienen elaborando desde la década del setenta en el marco de los estudios epidemiológicos del paradigma del riesgo.[1] Fue el modo de considerar en simultáneo condiciones objetivas de los y las estudiantes, como, por ejemplo, si trabaja además de estudiar, si ha repetido cursos, si tuvo problemas de comportamiento, de cuánto dinero dispone mensualmente para sus gastos personales, si ha recibido oferta de marihuana, si ha fumado tabaco, etc. Y, al mismo tiempo, considerar un aspecto de sus percepciones, sentimientos y perspectivas, como la expectativa sobre si va a terminar de cursar sus estudios secundarios, si cree que podrá hacer un proyecto personal a futuro, cuál es el riesgo que considera que tiene el consumo ocasional o frecuente de marihuana, si es fácil o difícil comprar marihuana, entre otras percepciones.

El conocimiento existente sobre los determinantes del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes escolarizados sobre todo en Argentina y proveniente de otras publicaciones que tuvieron un similar diseño analítico, y que fueron de algún modo detallados en el capítulo 1, nos brindará apoyo para completar la lectura final de los resultados encontrados y también será relevante al momento de reflexionar críticamente sobre cómo algunos aspectos fueron abordados en el cuestionario, considerando el modo de preguntar y de elaborar las categorías de respuesta.

Entonces, las preguntas que requieren una respuesta, son las siguientes: ¿Los determinantes del consumo de bebidas alcohólicas, del consumo binge y del consumo de marihuana impactan de modo diferente en los y las adolescentes estudiantes del nivel medio en los años 2005 y 2011?; ¿Cuáles son los determinantes que se vinculan más al consumo de mujeres y cuáles respecto del consumo en los varones?; ¿en cuáles de las dimensiones analíticas observadas se encuentran las mayores diferencias y similitudes entre estudiantes varones y mujeres?; ¿en qué cursos o edades se encuentran las diferencias según género? y finalmente, si se observan cambios desde la perspectiva de género entre el 2005 y el 2011.

6.1 El impacto de los determinantes en los consumos: similitudes y especificidades según género

Es importante volver a visualizar, al analizar los determinantes, en qué consistió el periodo 2005-2011 en términos de los consumos en la población adolescente escolarizada: creció el porcentaje de mujeres, sobre todo las de 14 años y menos, que consume alcohol y se reduce la brecha de género, ya que los varones se mantuvieron estables, pero siempre con prevalencias mayores a las mujeres. Tanto varones como mujeres incrementan la prevalencia de consumo binge, en mayor proporción las mujeres y se reduce la brecha de género. Se incrementó el porcentaje de varones y mujeres que fuman marihuana hacia el 2011, pero relativamente mayor en los varones duplicando la brecha de género.

El análisis de los determinantes detallado en el capítulo 5, permitió identificar el impacto que cada variable o factor tuvo al inicio y al final del periodo analizado, -con la excepción de la dimensión del consumo del entorno que fue incorporado en el cuestionario en el 2011-, considerando a las mujeres y a los varones en sus grados. Este diseño permitió observar los posibles cambios en relación a las edades (vistas desde los grados) y según el género y al interior de cada género, según las edades.

Con el objetivo de hacer visible el impacto de las dimensiones analizadas según género y grados, en el consumo de bebidas alcohólicas, en el consumo binge y en el consumo de marihuana, la tabla siguiente contiene el listado de los indicadores que formaron parte del modelo de regresión logística multivariado, procesado en las bases de 2005 como para 2011. En cada caso, se registra si el indicador intervino en el consumo en ambos géneros o sólo en alguno de ellos y en ese caso, en cuál. Para sintetizar la lectura de los determinantes, cuando hay dos o más indicadores analizados (por ejemplo, percepción de riesgo leve-moderado, gran riesgo y no sabe, cuyo impacto ha sido estimado en función de la percepción de ningún riesgo), en la tabla se ha considerado de modo univoco cualquiera de las tres alternativas.

Tabla 6.1: Resumen del impacto de los factores de riesgo y protección según género en el consumo de alcohol, consumo binge  y consumo de marihuana en 2005 y 2011. Estudiantes del nivel medio

Fuente: Elaboración propia. Estudio Nacional en Estudiantes de Enseñanza Media. Argentina 2005 y 2011 M/V+= cuando el impacto es inverso según género M=mujeres V=varones

Tomando como referencia la información de la tabla precedente, que detalla cada indicador por año del estudio y por la edad -curso- en donde están los y las estudiantes, podemos, en líneas generales afirmar que, en relación al consumo de bebidas alcohólicas se encontraron 20 factores o determinantes cuyo impacto es diferente según género, considerando también la edad y el año del estudio, y 40 factores que intervienen en el consumo en varones y mujeres (ambos), en similares grados y año del estudio. La relación es a la inversa en relación al consumo binge, ya que 22 condiciones impactan en ambos géneros, de similar edad y en el mismo año, mientras que 29 lo hacen de modo individual sobre uno u otro. En relación al consumo de marihuana, la relación es similar al consumo de alcohol, ya que se encontraron más 30 impactos similares en varones y mujeres, de la misma edad y año del estudio, y menos diferencias, 26 que sólo intervinieron en uno o una de ellas.

Esta cuantificación de las similitudes y diferencias, es una primera imagen sobre las homogeneidades – heterogeneidades que presentan las condiciones de riesgo o de protección según el género considerando los grupos etarios y el tiempo, 2005 y 2011. A continuación, esta imagen general se irá diluyendo para ir focalizando en cada sustancia.

6.1.1 Consumo de bebidas alcohólicas

El primer análisis comentado anteriormente nos permite sostener que se encontraron más similitudes que diferencias según género en la determinación de los consumos de bebidas alcohólicas, pero es necesario identificar en que edades y en qué años los impactos no diferencian según género, y a la inversa, en qué grupos y cuándo, se pueden identificar las especificidades en varones y en mujeres.

En función de este objetivo, las tablas siguientes (6.2 y 6.3) organizan la información de la tabla 6.1, según la función de los factores (de incremento o atenuante del consumo) según género y grado, para hacer más visible la homogeneidad / especificidad de los determinantes en relación a la prevalencia de mes del consumo de bebidas alcohólicas.

Tabla 6.2: Resumen del impacto de los factores de riesgo y protección según género y grado en el consumo de alcohol en 2005 y 2011. Estudiantes del nivel medio

Fuente: Elaboración propia. Estudio Nacional en Estudiantes de Enseñanza Media. Argentina 2005 y 2011

Tabla 6.3: Impacto de los factores de riesgo y protección según género y grado en el consumo de alcohol en 2005 y 2011. Estudiantes del nivel medio

Fuente: Elaboración propia. Estudio Nacional en Estudiantes de Enseñanza Media. Argentina 2005 y 2011. (*) indica una especificidad según género

Se visualizan cuatro determinantes que impactan incrementando el consumo de bebidas alcohólicas tanto en varones como en mujeres en el año 2005 y en el 2011, y que además lo hacen en todas las edades, constituyéndose sin duda en condiciones de vulnerabilidad de la población adolescente escolarizada. Estas condiciones son: disponer de dinero en niveles medio o alto, haber tenido problemas de comportamiento en el colegio, sentir curiosidad de probar alguna droga ilícita y tener la decisión de probar alguna droga ilícita de tener la ocasión.

Otras cuatro condiciones que incrementan el consumo de alcohol en ambos géneros, pero se diferencian según la edad y/o el año del estudio, son: haber repetido cursos (8° y 10° grado en 2005 y 8°en 2011); trabajar además de estudiar (8° en el 2005); tener amigos que toman alcohol regularmente (en todos los grados en 2011) y tener amigos que fuman regularmente marihuana (10° en 2011).

También comparten -varones y mujeres- tres factores que atenúan el consumo de alcohol, el tener un cuidado parental clasificado como medio o alto (en 2005 en todos los cursos y en 2011 en el 10° y 12°), el no haber faltado con frecuencia al colegio (en 2011 en el 10° y 12°) y la percepción de riesgo leve, moderado o de gran riesgo de emborracharse, (en el 8° en 2005.

Las especificidades de los determinantes en el consumo de bebidas alcohólicas en las estudiantes mujeres, es decir que están presentes solamente en ellas, e impactan incrementando el consumo son: evaluar de baja exigencia al colegio, en el año 2005 y trabajar además de estudiar, en el año 2011, que las impacta cuando tienen 14 años y menos, es decir que están cursado el 8° grado. Mientras que asistir a un colegio de gestión privada impacta en ambos sentidos dependiendo de la edad, ya que cuando tienen 14 años y menos, es una condición que retrae el consumo, tanto en 2005 como en 2011; mientras que lo incrementa cuando tienen 17 años y más, en el año 2011. Es decir que se entrecruzan tres condiciones de riesgo: el mayor consumo por la edad porque ya transitan espacios sociales de consumo, el contexto del año 2011 que es de mayor consumo y un atributo de nivel socioeconómico medio-medio alto, que se combina con mayor disponibilidad de dinero.

Las especificidades en los estudiantes varones remiten a edades específicas y no a factores que impacten solamente en ellos y que los diferencian de las mujeres y, además, el tiempo, ya que estos factores están presentes solamente en el año 2005. Se trata de un factor que incrementa el consumo, como tener baja o nula expectativa de terminar el colegio (cuando están en el 10° y 12°) y dos factores que atenúan el consumo de alcohol, la percepción de gran-moderado-leve riesgo de emborracharse (cuando están en el 12°), y no haber faltado al colegio de modo frecuente (cuando están en los grados 8° y 10°).

A modo de síntesis, las mujeres hacia el año 2011, cuando incrementan significativamente el consumo de bebidas alcohólicas han expandido o sumado -depende del caso-, en algún grupo de edad, o en dos de ellos, cinco condiciones de riesgo que no estaban presentes al inicio del periodo. En tanto que los varones, salvo las dos condiciones de riesgo evaluadas solamente en el año 2011, no agregan ninguna otra más. Hacia el 2011, la condición de no haber faltado con frecuencia al colegio se configura en un factor disminuye la posibilidad del consumo de bebidas alcohólicas en las mujeres y no estaba presente en el 2005 y en los varones se sostiene.

6.1.2 Consumo binge

Similar análisis se lleva adelante en relación al consumo binge, reorganizando la información de la tabla 6.1 en las dos que continúan (6.4 y 6.5), para ir delimitando las especificidades de género en relación a los determinantes en el consumo excesivo.

Tabla 6.4: Resumen del impacto de los factores de riesgo y protección según género y grado en el consumo binge en 2005 y 2011. Estudiantes del nivel medio

Fuente: Elaboración propia. Estudio Nacional en Estudiantes de Enseñanza Media. Argentina 2005 y 2011

Tabla 6.5: Impacto de los factores de riesgo y protección según género y grado en el consumo binge en 2005 y 2011. Estudiantes del nivel medio

Fuente: Elaboración propia. Estudio Nacional en Estudiantes de Enseñanza Media. Argentina 2005 y 2011. (*) indica una especificidad según género

Si bien en el consumo excesivo o binge intervienen los mismos factores que impactan en el consumo de bebidas alcohólicas, lo hacen de un modo distinto, más heterogéneo por las diferencias según género y edad. Se agrega, además, la condición de riesgo que implica tener una regular o mala expectativa de realizar un proyecto personal a futuro.

A diferencia de lo observado en el consumo de bebidas alcohólicas, sólo dos factores impactan en ambos géneros y en todas las edades. Uno de ellos es un factor que potencia el consumo, que es tener amigos que toman alcohol regularmente en el 2011, y el otro, un atenuante que está presente en el año 2005, y es tener un nivel de cuidado parental medio o alto.

Otras condiciones de riesgo para el consumo binge y que no diferencian por género, pero sí por edad, son: disponer de dinero en niveles medio o alto (cuando están en el 10° en el 2005 y en el 8° grado en el 2011); haber tenido problemas de comportamiento en el colegio (en el 10° y 12°en 2005 y 2011); sentir curiosidad de probar alguna droga ilícita (en el 8° y 10° en 2005 y en 10° y 12° en 2011); haber repetido cursos (cuando están en el 8° 2005 y 2011); la decisión de probar alguna droga ilícita de tener la ocasión (cuando están en el 10° en 2005) y tener baja o nula expectativa de terminar el secundario (en el 8° en 2011).

Son dos las condiciones atenuantes del consumo binge que comparten varones y mujeres, tener un nivel de cuidado parental medio o alto, como se mencionó anteriormente en todas las edades en el año 2005 y cuando tienen 15 y 16 años en 2011 y tener una percepción de leve, moderada y de gran riesgo sobre el consumo hasta emborracharse, cuando tienen 14 años o menos en 2011.

La especificidad de los determinantes en el consumo binge en las estudiantes mujeres se encuentra en que aumenta el consumo en el año 2011 cuando tienen una evaluación de baja exigencia en el colegio y cuando ellas tienen 17 años y más. En cambio, en los estudiantes varones se encuentran dos condiciones específicas para ellos, una es trabajar además de estudiar, tanto en 2005 como en 2011 y cuando tienen 15 y 16 años 2005 y 2011, y tener regulares o malas expectativas de realizar un proyecto personal a futuro, cuando tienen 15 años y más, es decir que están cursando el 10° y 12° y en 2011.

A modo de síntesis, el incremento del consumo excesivo de bebidas alcohólicas, tanto en varones como en mujeres estaría vinculado a las salidas grupales, al compartir con amigos y amigas los espacios de diversión principalmente durante el fin de semana, ya que el único determinante, el tener amigos que consumen frecuentemente bebidas alcohólicas, que los impacta en todas las edades, en el año 2011. Todas las condiciones que facilitan el consumo binge en mujeres, también lo hacen en sus compañeros varones, pero son ellos quienes suman dos condiciones únicas que se vinculan a condiciones sociales de mayor vulnerabilidad, como es la necesidad de trabajar además de estudiar, tanto en 2005 como en 2011, y tener regulares o malas expectativas de realizar un proyecto personal a futuro en 2011. Una explicación del por qué las estudiantes mujeres han incrementado en mayor medida el consumo binge que los hombres y más aún en la modalidad de consumo frecuente, es la mayor presencia de algunos determinantes en ellas que en sus pares varones, en el sentido de que impactan en más grupos etarios que en ellos, como puede observarse en el 2011, en relación a disponer de mayor cantidad de dinero, tener problemas de comportamiento, manifestar que probaría alguna droga ilegal de tener la oportunidad y el haber repetido cursos. Por otra parte, dos condiciones que atenuaban el consumo binge en 2005, ya no están en 2011 o lo están solamente en algunos grupos de edad, como la atención parental y el asistir a colegios de gestión estatal. En 2005, el único factor atenuante que opera en todas las edades y en varones y mujeres, fue el cuidado y supervisión parental, precisamente cuando en ese año se había observado un incremento notable del consumo binge en esta población en relación a las estimaciones del año 2001 (Ahumada y Cadenas, 2010).

6.1.3 Consumo de marihuana

En las siguientes tablas se reordena la información de la tabla 6.1 pero en relación al consumo de marihuana, para analizar las similitudes y especificidades de género en sus determinantes en cada año analizado.

Tabla 6.6: Resumen del impacto de los factores de riesgo y protección según género y grado en el consumo de marihuana en 2005 y 2011. Estudiantes del nivel medio

Fuente: Elaboración propia. Estudio Nacional en Estudiantes de Enseñanza Media. Argentina 2005 y 2011

Tabla 6.7: Resumen del impacto de los factores de riesgo y protección según género y grado en el consumo de marihuana en 2005 y 2011. Estudiantes del nivel medio

Fuente: Elaboración propia. Estudio Nacional en Estudiantes de Enseñanza Media. Argentina 2005 y 2011. (*) indica una especificidad según género

Los factores que incrementan la prevalencia de consumo de marihuana en el año 2011 tanto en los estudiantes varones como en mujeres son siete, de los cuales dos de ellos impactan en todos los cursos, y son el fumar tabaco en el último año y tener amigos que fuman regularmente marihuana, consolidándose como factores importantes en la determinación de este consumo. Las otras cinco condiciones similares según género en el año 2011, impactan en al menos un grupo de edad y son: haber tenido problemas de comportamiento en el colegio, cuando están en el 12° grado; haber repetido cursos, cuando están en el 10° grado; tener la decisión de probar alguna droga ilícita de tener la ocasión, en quienes cursan el 10° y 12°; tomar bebidas alcohólicas en el último año, cuando inician el colegio, en el 8° grado y considerar que los amigos no desaprobarían el propio consumo de marihuana, cuando están en el 8° y en el 12°.

En el año 2005 -cuando el consumo ya había aumentado significativamente respecto del año 2001 (Ahumada y Cadenas, 2010)-, los factores que tuvieron implicancias en el incremento de ese consumo y en ambos géneros, pero no en todas las edades, son fumar tabaco, tener la decisión de probar alguna droga ilícita de tener la ocasión y la consideración de que el grupo de amigos no desaprobaría el propio consumo de marihuana, en una situación hipotética.

De modo contrario, del análisis se desprende que hay tres factores que intervienen obstaculizando el consumo de marihuana en varones y en mujeres, uno de ellos es no haber recibido oferta de marihuana, con impacto en todas las edades y en 2005 y 2011; tener una leve, moderada o gran percepción de riesgo del consumo ocasional de marihuana, cuando están en el 10° y el 12° y tanto en 2005 como en 2011; y considerar que es difícil o imposible conseguir marihuana, cuando han iniciado el colegio, en el 8° grado y en el 2011.

En cuanto a las especificidades de los determinantes en el consumo de marihuana en las estudiantes mujeres, tres condiciones que están presentes cuando ellas tienen 15 y 16 años y en el año 2005 son, disponer de dinero en niveles medio o alto y haber repetido cursos, y tener amigos que toman alcohol regularmente, en el año 2011. Mientras que tres condiciones atenúan el consumo de marihuana específicamente en ellas: tener un nivel medio o alto de cuidado parental, cuando están en el 10° grado en 2005, no haber falta con frecuencia al colegio, cuando están en el 8° grado, en 2005 y asistir a un colegio de gestión privada, cuando están en el último grado del colegio, en 2011.

Las especificidades en los estudiantes varones, y que incrementan el consumo de marihuana son disponer de dinero en niveles medio o alto cuando están en el 12° grado y en 2011, tener bajas expectativas de terminar el colegio, cuando cursan el 10° y en 2005 y considerar que los amigos no desaprobarían el propio consumo de alguna droga como cocaína, pasta base, éxtasis y otra diferente a marihuana, cuando cursan el 10° y 12°, en 2011. Por el contrario, dos factores intervienen como atenuantes del consumo de marihuana en el año 2011: tener nivel medio o alto de cuidado parental cuando inician el colegio y cuando no hay consumo de drogas en la casa, y ellos están en el 10° grado.

Entonces, en el incremento del consumo de marihuana, tanto en varones como en mujeres, se observa el peso que tienen los factores vinculados a la actitud y percepción sobre el consumo, al consumo en el entorno y a las consideraciones que sus amigos o amigas no desaprobarían un hipotético consumo de marihuana, por sobre los factores personales y escolares. Específicamente en los varones, quienes incrementaron el consumo en mayor medida que las mujeres, hacia el 2011 intervienen favoreciendo el consumo cinco factores que no estaban presentes en el 2005, extendiéndose a siete grupos de edad los sub grupos impactados por algunas de estas condiciones: disponer de mayor cantidad de dinero, tener problemas de comportamiento, haber repetido cursos, tomar alcohol y considerar que los amigos no desaprobarían el consumo de otras drogas como cocaína, éxtasis, pasta base u otra distinta a marihuana. En las mujeres, en cambio, hacia el 2011 están menos afectadas por las condiciones de riesgo de consumo y se encuentran dos que no estaban presentes al inicio del periodo: tener problemas de comportamiento y tomar bebidas alcohólicas. La percepción de imposibilidad o de dificultad de acceder a marihuana, se configura en un factor que impacta retrayendo el consumo tanto en varones como en mujeres en el año 2011.

6.2 Lo personal o individual y el entorno como determinantes del consumo según género

Tal como se describió y analizó en el capítulo 3, es posible identificar dos hechos fundacionales, desde el punto de vista epistemológico, que definieron el modo en como la epidemiología clásica o del riesgo, aborda el conocimiento y elabora los marcos explicativos sobre el proceso de salud-enfermedad. Uno, es la idea de medio externo (identidades positivas, definibles por su variación positiva o negativa con referencia a las variaciones concomitantes de los fenómenos del organismo) que operan, en una concepción de plano, precisamente sobre el sujeto u organismo, es decir, sin interacciones, sin subjetividades. Y el segundo, de acuerdo al modelo de la historia natural de la enfermedad (HNE), se concibe a la cadena causal de enfermedad como el resultado de la interacción entre el medio ambiente, factores sociales y psicológicos y el organismo humano, observados y analizados como factores medibles y sobre los cuales es posible intervenir a través de los programas de prevención según sus niveles, primario, secundario o terciario. Específicamente en el tema del consumo de sustancias psicoactivas y dada la población bajo análisis, este proceso de salud-enfermedad quedaría acotado al proceso inicial del consumo, más que a su mantenimiento y progresión al uso problemático o dependiente, aun cuando estamos observando el consumo excesivo de bebidas alcohólicas. Pero lo importante a resaltar, es el acuerdo alcanzado -ya descripto en el capítulo 3- sobre los dominios de observación, personal, familiar, entorno, grupo de pares, y las variables o factores que incluye cada dimensión. Estas variables pueden ser dicotómicas -trabaja o no trabaja, consume o no consume-; pueden ser ordinales -gran, moderado, leve o ningún riesgo; pueden expresar en su variabilidad condiciones o situaciones que oscilan entre sus extremos entre condiciones o situaciones de vulnerabilidad a protección -alto, medio y bajo nivel de cuidado parental; tal como se están analizando los determinantes en esta tesis.

Esta introducción es importante para considerar los límites que tiene, en este marco conceptual y sobre todo metodológico, las consideraciones sobre lo personal o lo individual y sobre lo social o el entorno, cuando la información analizada queda acotada a los indicadores disponibles, que no logran caracterizar de un modo eficaz la dimensión del sujeto inserto en su medio. La pregunta que queda planteada aquí es, ¿pueden los estudios epidemiológicos observacionales, y específicamente los que estamos analizando en la tesis, mejorar sus diseños para dar cuenta de los sujetos inmersos en procesos sociales? Volveremos sobre esta pregunta en las conclusiones.

Entonces, teniendo en cuenta el planteo realizado, a partir de la información disponible en nuestros estudios, podemos reorganizar los factores o indicadores, en dos planos, uno personal, que reúne atributos objetivos u observables y percepciones o ideas sobre sus posibilidades en tanto sujeto; y otro social o del entorno, que reúne características del medio, como indicadores objetivos u observables de lo que sucede y como este medio es percibido por los y las estudiantes. Esta nueva categorización se muestra en la siguiente tabla:

Tabla 6.8: Indicadores según ámbitos personal y social, según las dimensiones del modelo de regresión logística multivariado

La dimensión del cuidado parental queda atravesando ambas condiciones, de lo observable y de las percepciones, porque la escala de atención de padres está conformada por tres preguntas que registran hechos observables y cuatro que refieren a las percepciones de los y las estudiantes sobre sus “padres o alguno de ellos”, según se detalla en el capítulo 2.

Recapitulando entonces, las dimensiones que son analizadas y que contienen a los factores que intervienen como riesgo o como atenuante del consumo de las sustancias psicoactiva analizadas, y que refieren a atributos y percepciones sobre ellos y ellas, son tres: personal, escolar y actitud y percepciones sobre el consumo. Mientras que cuatro refieren a aspectos de lo social o del entorno: el consumo en el entorno, el grupo de pares, la accesibilidad a marihuana y el cuidado parental.

Se propone entonces, observar la siguiente tabla que resume el impacto de los factores indicando por cada sustancia -en 2005 y 2011- el género y el grado en el cual fue significativo el indicador, sea para favorecer o retrasar cada uno de los consumos analizados. En color gris se resaltan los factores que indican un atributo observable y en blanco, quedan los atributos que dan cuenta de las percepciones, sea sobre la propia persona o sobre el entorno.

Tabla 6.9: Resumen del impacto de los factores, considerando género y grado, según dimensiones y tipo de sustancias. Argentina 2005 y 2011.

Fuente: Elaboración propia. Estudio Nacional en Estudiantes de Enseñanza Media. Argentina 2005 y 2011. V=varones, M=mujeres, A+= cuando el impacto es inverso según género, NA=no aplica

En relación al consumo de bebidas alcohólicas, en las cinco dimensiones hay factores que impactan en el consumo en ambos géneros, sin tener en cuenta la edad en esta referencia. En primer lugar, los tres de la dimensión de actitud y percepciones frente al consumo[2], que son expresión de percepciones sobre ellos y ellas, como la curiosidad por probar droga ilegal y la actitud de probar si tuviera la ocasión, operan incrementando la probabilidad del consumo, tanto en 2005 como en 2011, y la percepción de gran o moderado riesgo,[3] atenuando el mismo, solamente al inicio del periodo. En segundo lugar, condiciones objetivas del ámbito escolar,[4] como ser repitente, tener problemas de comportamiento o disciplina que favorecen el consumo y el no haber faltado con frecuencia, como un factor atenuante del mismo, que están presentes al inicio y al final del periodo. En tercer lugar, refiere a condiciones objetivas, como el tener amigos que fuman marihuana o que toman alcohol regularmente,[5] en el año 2011, que incrementan el consumo de bebidas alcohólicas. En cuarto lugar, una condición objetiva de la dimensión personal, que es tener un nivel medio o alto de dinero disponible para gastos personales, que puede ser leído como pertenecientes a niveles socioeconómicos medios-altos, como un factor de riesgo para el consumo de alcohol en 2005 y 2011. Y la quinta dimensión, que interviene como un factor de protección frente al consumo, es vivir en un contexto familiar[6] cuyos padres-madres o alguno de ellos/as tienen conductas de cuidado y que sus hijos e hijas perciben que son mirados/as y tenidos/as en cuenta, también en el inicio como al final del periodo.

Las diferencias de género que pueden observarse desde el punto de vista de las dimensiones, son dos de la dimensión escolar. Uno es asistir a un colegio de gestión privada, que puede ser entendido como un indicador de nivel socioeconómico medio-medio alto, que interviene disminuyendo el consumo cuando las estudiantes mujeres tienen entre 14 a 16 años, es decir, van al 8° y 10°; e incrementándolo cuando tienen 17 años y más, en el año 2011, tal como fue analizado anteriormente. Y el otro factor que impacta solo en las mujeres, es tener una opinión de baja exigencia académica cuando tienen 14 años y menos y en el 2005.

En relación al consumo binge, las similitudes entre género, al igual que para alcohol, se observan en todas las dimensiones analizadas, pero en menor cantidad de factores en el 2005. En el marco de un incremento significativo del consumo binge en ambos géneros en el 2011, la homogeneidad entre varones y mujeres es mayor a la observada en 2005, haciéndose visibles dos factores que atenúan el consumo binge: la percepción de riesgo y el no haber faltado con frecuencia al colegio; y un factor en tanto condición de riesgo, que es la baja o nula expectativa de terminar el colegio.[7] En cuanto a las diferencias de género, factores de la situación personal vinculado al entorno, como trabajar y tener bajas expectativas de realizar un proyecto personal a futuro,[8] son factores que impactan en el consumo binge en varones. Mientras que, factores del ámbito escolar lo hacen en las estudiantes mujeres (tipo de colegio y opinión sobre la exigencia académica).

Según los datos analizados para el consumo de marihuana, los factores que componen la dimensión sobre el consumo, sean objetivos o de percepciones (consumo de tabaco y alcohol, probaría droga de tener la ocasión y percepción de riesgo) reúne la mayor similitud entre géneros, seguido por la dimensión del entorno (tener amigos que fuman marihuana[9] o el no consumo de drogas en la casa); luego por la percepción sobre la reacción del grupo de pares si supieran que fuman marihuana, y finalmente, la percepción de que es difícil o imposible conseguir marihuana. Dos condiciones de la dimensión escolar tienen relevancia en ambos géneros, la repitencia y los problemas de comportamiento.

Respecto de las dimensiones que muestran las mayores discrepancias entre géneros, se destaca la dimensión personal, ya que ningún factor de esta dimensión impacta en varones y en mujeres y el nivel de cuidado parental, que impacta en uno y otro género según el año del estudio.

6.3 Género y edad

Los grupos de edad analizados se organizan en función de las edades que en promedio tienen los y las estudiantes de cada curso. De este modo y como ya fue descripto en varias secciones de la tesis, estamos observando a la adolescencia temprana cuando analizamos a quienes cursan el octavo grado y a la adolescencia tardía, cuando se observan a quienes están en el décimo y décimo segundo año. También se ha descripto que, al interior de esta etapa, la edad de 15 y 16 años indica un momento especialmente complejo en la vida de esta población adolescente, porque se consolida el paso a esta nueva etapa: se habilitan en mayor medida los espacios recreativos afuera de los hogares, las personas asumen mayor libertad en el manejo de sus tiempos y son parte de la población económicamente activa en las estadísticas oficiales. También es la edad en la cual, según la Encuesta Nacional sobre Salud Sexual y Reproductiva (ENSSyR) del año 2013, el 60% de los/las adolescentes habían tenido su primera relación sexual entre los 15 y 16 años y el 87% de las mujeres manifestó que quiso hacerlo, que fue un acto voluntario, a diferencia de los casos de iniciación más temprana, “cuanto menor es la edad de iniciación, mayor es la proporción de iniciaciones no queridas y hasta físicamente forzadas” (Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia, 2016:33). En el capítulo 4 hemos detallado específicamente el salto que en las tasas de consumo se observan a partir del décimo grado, comportamiento que tiene vigencia a nivel regional.

La teoría de la interacción familiar, una de las cuatro que Petraitis (1995) incluye entre aquellas que privilegian las características intrapersonales para explicar el uso experimental de sustancias psicoactivas, describe cómo la dinámica entre padres e hijos durante la pre adolescencia y en los primeros años de la adolescencia podría contribuir al uso experimental de sustancias psicoactivas durante la adolescencia tardía, y enfatiza el rol clave que en este sentido tiene la falta de supervisión y apoyo de los padres, en la generación de vínculos familiares débiles, en la personalidad adolescente, en la elección de grupo de pares que consumen sustancias.

Con estas consideraciones y tomando como referencia los datos de la tabla 6.9, se analiza el impacto de las dimensiones y de los factores focalizando en la edad (grados) y en segundo lugar en el género, con el objetivo de hacer observable si la edad es un atributo con mayor capacidad de diferenciar el impacto de los factores analizados que el género, o en todo caso, si están combinados y en qué tipo de dimensión o indicador.

Analizando el impacto en el consumo de bebidas alcohólicas, se encuentran ocho factores que impactan tanto en varones como en mujeres y en todas las edades, de los cuales tres son del ámbito escolar (repitencia, problemas de comportamiento y no faltar al colegio), dos del ámbito de las actitudes frente al consumo (curiosidad y decisión de probar), tener un buen nivel de cuidado parental, tener amigos que toman frecuentemente alcohol y disponer de dinero. La mayoría de estos factores estaban presentes en el 2005 y se consolidan en el 2011. Las pocas diferencias encontradas, indican que algunos factores intervienen a edades menores, de 14 años y menos, que trabajan además de estudiar en 2005 y 2011 (varones y mujeres según el año); y en las estudiantes mujeres que van a un colegio privado y que evalúan de poco exigente el colegio, en 2005 y 2011; y tener amigos que fuman marihuana es un riesgo en las edades de 14 a 16 años, para ambos géneros en 2011.

En relación al consumo binge, se reducen las homogeneidades edad y género a tres factores, que están presentes en el año 2005 como en 2011: tener problemas de comportamiento, el nivel de atención de padres y tener amigos que toman regularmente alcohol. Mientras que los factores que impactan a partir de los 15 años son, el consumo de marihuana en amigos y tener curiosidad por probar drogas en ambos géneros y tener malas o regulares expectativas de realizar un proyecto personal a futuro, en varones. En edades que comprenden los 14 a 16 años, los factores personales tienen mayor impacto en el consumo excesivo de alcohol, tales como trabajar además de estudiar en varones y, para ambos géneros, tener nulas o bajas expectativas de terminar el colegio y tener dinero para gastos personales.

Y en relación al impacto según edad en el consumo de marihuana, tres factores impactan sin diferenciar edades ni género y están vinculados a las actitudes frente al consumo y al entorno (probaría droga de tener la ocasión, fumar tabaco sobre todo en 2011 y tener amigos que fuman marihuana). El no haber recibido oferta de marihuana es un factor que afecta a los varones solamente. Los factores vinculados al ámbito escolar intervienen en mayor medida en el consumo de los y las estudiantes de menor edad, como haber repetido cursos, tener problemas de comportamiento y no haber faltado con frecuencia. En este grupo la percepción de riesgo juega un rol protector y tomar alcohol, un riesgo. Entre los y las estudiantes de 15 años y más, se conjugan como factores intervinientes los vinculados al consumo como fumar tabaco y tener dinero, además de tener mala relación con amigos, pero la percepción de riesgo e ir a colegios privados, operan contrarrestando el consumo, en ambos géneros y en las mujeres, respectivamente.

Si bien no resulta fácil elaborar una síntesis de cómo impacta la edad como variable interviniente en los consumos de las sustancias analizadas, es posible sostener que la edad en este grupo poblacional diferencia menos el impacto de los factores respecto del consumo de alcohol, que en relación al consumo binge y de marihuana. A edades menores, tienen más impactos condiciones personales, ya sean objetivas o subjetivas, del ámbito personal en el consumo binge y del escolar en el consumo de marihuana. A partir de los 15 o 17 años, las condiciones del entorno, el grupo de amigos, las actitudes frente al consumo se destacan. Y la condición de tener amigos con consumo de alcohol o de marihuana, es determinante de los tres consumos independientemente de la edad.

6.4 ¿Se observan cambios en los determinantes del consumo desde la perspectiva de género entre el 2005 y el 2011?

Efectivamente hemos encontrado cambios entre el 2005 y el 2011 que estarían explicando los incrementos diferenciales de consumo en mujeres y en varones, según las sustancias analizadas. Estos cambios no son fácilmente observables, debimos hacer una lectura atenta considerando el género y la edad, para que los mismos se hicieran visibles, ya que estos cambios tienen que ver con la expansión o retracción del impacto de determinados factores, según los grupos etarios, según las sustancias y según el género.

Lo primero que habría que considerar es la relevancia que tienen algunas dimensiones y factores que intervienen incrementando el consumo en ambos géneros, en todas las edades y en los años 2005 y 2011, que según se ha detallado anteriormente son:

En el consumo de alcohol, el haber repetido cursos y haber tenido problemas de comportamiento (dimensión escolar); curiosidad y la decisión de probar drogas de tener la ocasión (dimensión actitud y percepción sobre el consumo); amigos que consumen regularmente alcohol (dimensión grupo de pares) y disponer de dinero (dimensión personal).

En el consumo binge, tener amigos que toman regularmente alcohol (dimensión consumo en el entorno).

En el consumo de marihuana, fumar tabaco (dimensión actitud y percepción sobre el consumo) y tener amigos que fuman regularmente marihuana (dimensión consumo en el entorno).

Solamente dos factores que retraen el consumo han impactado en ambos géneros, en todas las edades y en ambos años y en el consumo de bebidas alcohólicas, y son el cuidado parental y el no haber faltado a clases frecuentemente.

Los cambios que se observan en el periodo 2005 a 2011, en el consumo de bebidas alcohólicas, es en términos generales, una ampliación de factores de riesgo en el colectivo mujeres, hacia más grados o grupos etarios que en el año 2005. Además, en ellas se observa que la condición de trabajar además de estudiar continúa estando presente en 2011 y que el asistir a colegios de gestión privada o pertenecer a un nivel socioeconómico medio-medio alto, imprime una condición que favorece el consumo en el 2011 cuando tienen 17 años y más, mientras que en las jóvenes de 14 años y menos, tanto en 2011 como en 2005, es una condición que retrae el consumo. Tanto en varones como en mujeres, la percepción de gran, leve o moderado riesgo de emborracharse tenía su impacto en la disminución del consumo de alcohol en el 2005 pero ya no se manifiesta en 2011.

Respecto de los cambios observados en los determinantes del consumo binge, se observa que, concomitantemente al incremento significativo de este consumo en ambos géneros, hay mayor homogeneidad entre varones y mujeres en el 2011 respecto del 2005. Se agregan dos factores que impactan de igual modo en ambos: la percepción de riesgo y el no haber faltado al colegio, como factores que atenúan el consumo y las nulas o malas expectativas de terminar el colegio, como un factor de riesgo. En los varones, y como un cambio respecto del 2005, hacia el 2011 el tener regulares o malas expectativas de realizar un proyecto personal impacta en el consumo binge. Por otra parte, al igual que lo analizado en el consumo de bebidas alcohólicas, en el consumo binge se observa en 2011, una diseminación del impacto de riesgo a más edades en las mujeres, e incluso lo hacen más que en los pares varones, tales como la disponibilidad de dinero, haber tenido problemas de comportamiento, haber repetido cursos y la intención de probar drogas de tener la ocasión. Otra condición que cambió en relación al 2005 y que explica el incremento significativo del consumo binge en mujeres, es la desaparición o la pérdida de impacto en algunas edades, de dos factores atenuantes del consumo, como el cuidado parental y el asistir a un colegio de gestión privada.

Finalmente, en relación al consumo de marihuana, hacia el 2011 se expandieron a más grupos etarios los factores que favorecen el consumo y, sobre todo, en los varones, explicando su supremacía en el incremento de las prevalencias de consumo. El periodo 2005-2011 también implicó un cambio en los impactos según género, por ejemplo, el cuidado paternal era un factor atenuante en las mujeres en el año 2005 y en el 2011 lo es solo para varones. Y en las mujeres, hacia el 2011 están presentes factores que promueven el consumo de marihuana y que no estaban en el 2005, como el tomar bebidas alcohólicas y tener problemas de comportamiento. Y específicamente en los varones, hacia el 2011 se manifiestan cinco condiciones que operan como riesgo del consumo de marihuana que no estaban en el inicio del periodo, y son: la disponibilidad de dinero, el tomar bebidas alcohólicas, tener amigos que no desaprobarían el consumo de drogas como cocaína, pasta base o éxtasis, tener problemas de comportamiento y haber repetido cursos.

6.5 Una síntesis sobre las dimensiones analizadas

A modo de finalizar este apartado, y una vez que han sido analizados los determinantes sobre los diferentes consumos, según género y edad y los cambios en el periodo 2005-2011, interesa reflexionar sobre lo que cada dimensión e indicadores, aportó en términos del conocimiento de las condiciones que posibilitan o retraen el consumo de sustancias psicoactivas en los adolescentes escolarizados, en esta región de Sudamérica, recuperando los aportes de otras investigaciones ya citadas en los capítulos 1 y 3. Esta reflexión también brindará elementos para las propuestas de cambios o mejoras en el diseño el cuestionario, que serán abordadas en las conclusiones (capítulo 7).

Dimensión personal:

Compuesta por dos atributos que indican algo de la situación socioeconómica de los y las estudiantes, como disponer de dinero y trabajar además de estudiar, y por dos factores que refieren a las expectativas personales. Respecto de la disponibilidad de dinero, tal como informaron los estudios anteriores (Cadenas y Ahumada, 2008), incrementa la posibilidad de consumir alcohol, de hacerlo en exceso y de consumir marihuana, en ambos géneros. La condición de tener que trabajar además de estudiar, opera como factor de riesgo en el consumo de alcohol y en el consumo binge sobre todo en varones en 2011. En este sentido, esta mirada general sobre el conjunto de estudiantes que trabajan a través de los estudios epidemiológicos en muestras nacionales, y no vinculado estrictamente a un sector de bajos recursos, como las apreciaciones del estudio cualitativo (OAD-SEDRONAR, Arizaga 2011), afirman la consideración de esta condición como factor de riesgo. Las expectativas en relación al futuro personal más cercano en el tiempo, como terminar el colegio, cuando son nulas o muy bajas, son un factor de riesgo para los tres consumos. Cuando la desazón se extiende hacia un futuro más lejano y en relación a las posibilidades de realizar un proyecto personal, se vincula al consumo excesivo de alcohol. De acuerdo al abordaje cualitativo arriba citado, la escuela juega un rol de mayor relevancia como instancia en donde se visualiza un proyecto de vida, y terminar los estudios es la única vía posible para alcanzar credenciales que les permitan, en el futuro, mejorar las condiciones de vida para los y las estudiantes de sectores medios bajos. Es de notar que el consumo de marihuana no está vinculado a estas condiciones en el año 2011.

Dimensión escolar:

En esta dimensión se encuentra el tipo de colegio al cual asiste, pero es un indicador más personal, en el sentido de que algo indica sobre el nivel socioeconómico de esta población, cuyo impacto es disímil como protector o de riesgo dependiendo del año y la sustancia. Dos atributos tienen mucho impacto como factores vinculados al incremento del consumo sobre todo de alcohol y del consumo excesivo de alcohol, el haber tenido problemas de comportamiento y el haber repetido cursos. En el consumo de marihuana también inciden, pero en menor medida. La consideración de la baja exigencia del colegio es un factor que impacta en las mujeres y en relación a las bebidas alcohólicas y su consumo binge. Y, cuando no han faltado al colegio frecuentemente, también implica un factor que retrae el consumo, sobre todo el consumo binge. En esta dimensión los factores se vinculan menos al consumo de marihuana y más al consumo de alcohol. Diferentes autores han manifestado la relevancia del espacio escolar en la vida de los adolescentes y asocian al inicio del consumo las experiencias de fracaso escolar, el bajo rendimiento y un entorno sin normas o reglas claras (Becoña Iglesias, 1989; NIDA, 2003; UNODC, 2013; Sloboda et al., 2012) y ya fueron encontradas estas asociaciones en estudios anteriores en Argentina, tal como se comentó en el capítulo 1. Y, efectivamente, hemos encontrado en los factores analizados un impacto mayor en los y las estudiantes de los grados inferiores por sobre el grado superior. De todas maneras, quizás estemos frente a una situación donde el consumo de sustancias ha modificado las condiciones de riesgo y no a la inversa, es decir, porque ya existe un consumo, hay fracaso escolar, mayor ausentismo y problemas de comportamiento, y en este caso, estos indicadores operan como expresiones del consumo más que ser la condición de su aparición.

Dimensión actitud y percepción sobre el consumo:

Esta dimensión contiene tres tipos de indicadores, los que refieren a la actitud frente al consumo de drogas ilegales, a la percepción del riesgo, y al consumo de alcohol y tabaco (específico para el análisis de marihuana). Para analizar las que refieren al primer tipo, es importante rescatar lo que Becoña Iglesias (2002) señala como un estado previo a la conducta y que es la actitud, que puede ser favorable o desfavorable al consumo, y que el cuestionario indagó con las preguntas sobre la curiosidad y sobre una actitud proclive a probar drogas ilícitas de tener la ocasión. El autor señala que la actitud se va formando a partir de la observación de la conducta de los padres, del consumo en el grupo de pares y de la interpretación de las actitudes y normas establecidas por el grupo de amigos, es decir, es el producto de la interacción con otras condiciones. En este sentido, el haber procesado el impacto de estas variables en un modelo de regresión logística multivariado, se han evaluado la curiosidad y la idea de probar drogas en caso de tener la oportunidad, conjuntamente con todas las variables y, por lo tanto, el resultado de cada una es producto de su interacción con las demás variables que conforman cada dimensión (personal, escolar, de consumo, grupo de pares, cuidado parental, accesibilidad). La curiosidad y la determinación del consumo está ponderada en el conjunto de condiciones y por ello, los resultados indican que tener curiosidad por probar drogas ilegales incrementa el consumo de bebidas alcohólicas y de consumo excesivo, pero no en marihuana. Pero la intención de probar de tener la ocasión, interviene en los tres consumos.

La percepción de riesgo, también es una idea síntesis de un conjunto de apreciaciones personales en interacción con el medio (padres-madres, amigos, profesores, tutores, referentes religiosos o políticos), de niveles de información o desinformación que el y la estudiante tienen y de las normas sociales vigentes en relación a cada sustancia (Becoña Iglesias, 2002). La mayoría de los estudios citados en los capítulos 1 y 3, han mostrado la asociación entre percepción de riesgo y consumo de sustancias. Los resultados encontrados en la tesis muestran que la percepción del riesgo de emborracharse ha jugado un rol protector en el consumo de alcohol en 2005 y en el consumo binge en el 2011; y la percepción del consumo ocasional de marihuana ha disminuido el consumo de marihuana tanto en 2005 como en 2011.[10]

Mucho se ha discutido sobre el rol del consumo de alcohol y de fumar tabaco como drogas de iniciación, en las trayectorias de consumo hacia otras drogas ilegalizadas, como marihuana, cocaína y otras. La evidencia indica que no todos o todas que tomaron alcohol o fumaron tabaco, luego continúan consumiendo otras drogas; pero sí que quienes lo hicieron, tienen mayor probabilidad de probar o consumir otras drogas, frente a quienes no consumieron. Los resultados de nuestro análisis indican que fumar tabaco imprime una condición de riesgo de fumar marihuana, en varones y mujeres de todas las edades y en 2005 como en 2011; mientras que tomar bebidas alcohólicas solamente en el año 2011, en ambos géneros y en edades menores. Hay que tener en cuenta aquí, la dinámica del consumo de alcohol en adolescentes que es una dinámica grupal y, por lo tanto, se combinan al menos, dos circunstancias: el grupo de pares y el consumo de alcohol.

Dimensión cuidado parental: [11]

El ambiente familiar, los vínculos que se establecen entre padres-madres e hijos o hijas, la supervisión, atención y cuidado que los adultos en su rol de padres y madres tienen, son condiciones resaltadas desde diferentes teorías, que repercuten positiva o negativamente en el inicio y el progreso del consumo de sustancias psicoactivas en la población adolescente. Incluso, como se ha detallado en los capítulos 1 y 2, las siete variables que componen la escala de atención de padres utilizada en este análisis, tienen asociaciones importantes con el consumo y desde los abordajes cualitativos, la familia y los padres y madres tienen mucho que ver con el consumo de alcohol en sus hijos e hijas. La dimensión analítica de la tesis, está conformada solamente por esta escala, construida a partir de datos observables o más objetivos y de percepciones que los y las adolescentes brindaron respecto de sus “padres o algunos de ellos”. No hay indicadores de otros aspectos vinculares que pueden ser relevantes, tales como son las relaciones establecidas, en términos de afecto, cuidado, respeto, confianza y cariño. Los resultados encontrados en la tesis, indican que cuando los estudiantes tienen un nivel de atención medio o alto, de parte de sus padres y/o madres, los consumos de alcohol y de consumo binge disminuyen, en varones y mujeres y en 2005 y 2011. Respecto del consumo de marihuana, el impacto es menor, sólo retrae este consumo en varones del octavo grado y en 2011.

Consumo en el entorno:

Esta dimensión fue incorporada en el estudio del 2011 y por lo tanto no contamos con una mirada comparativa entre los extremos del periodo, pero sin duda, es un aspecto central para comprender el inicio y sostenimiento del consumo en adolescentes, ya que refiere al consumo de alcohol y de marihuana de un modo frecuente en el grupo de amigos y sobre el consumo de drogas ilegalizadas en la familia con quien vive, incorporada al modelo como un factor atenuante, ya que analiza el impacto cuando no hay consumo. Como era de esperar, el consumo de alcohol y el consumo binge se incrementan en ambos géneros y en todas las edades, cuando los y las estudiantes tienen la mitad, todos o casi todos los amigos que toman regularmente alcohol, y en el consumo de marihuana impacta solamente en las mujeres del décimo grado. Cuando el grupo de amigos, la mitad, todos o casi todos fuman regularmente marihuana, tiene un impacto en ambos géneros, pero acotado a algunas edades en el consumo de alcohol y en el consumo binge, pero claramente impacta en el consumo de marihuana, en varones y mujeres de todas las edades. Cuando en el núcleo familiar no hay consumo de drogas ilegales, solamente disminuye el consumo de marihuana en los varones del décimo grado.

Grupo de pares:

Esta dimensión sólo analizada en relación al consumo de marihuana, está vinculada a la anterior, pero focaliza en cómo el o la estudiante evalúa la relación con amigos y si ellos o ellas (aunque está redactado en masculino), desaprobarían el consumo de marihuana o de otra droga distinta a marihuana, en el caso de que consumiera. Sobre la relación con amigos, además de la falta de claridad de lo que implica, no tuvo impacto en el consumo. A pesar de las categorías de difícil interpretación en relación a la desaprobación del grupo de pares frente al consumo, cuando el mismo refiere a marihuana, tiene un impacto de riesgo en el consumo de marihuana en varones y mujeres; pero no así la desaprobación sobre otro tipo de consumo, que impacta solo en varones hacia 2011.

Accesibilidad a marihuana:

La ausencia de hechos de oferta directa de marihuana tiene un impacto consistente en disminuir el consumo en todas las edades y en varones y mujeres. En cambio, la percepción de dificultad o imposibilidad de acceso, es un factor que retrae el consumo en un grupo de estudiantes mujeres y en todos los varones. La cuestión que introduce Becoña Iglesias (2002) sobre la necesidad de diferenciar disponibilidad de drogas y percepción de facilidad de acceso, indicando que existe evidencia contrapuesta sobre si la disponibilidad es suficiente para que el consumo se produzca, o si además son necesarios otros factores, como la presión del grupo de pares, por ejemplo, nos permite complejizar sobre cómo estas condiciones afectan de modo distinto según el género. Tal como fue planteado en el capítulo 1, hay evidencia internacional sobre una de las razones que explica los diferenciales de tasas de consumo en varones y mujeres, y es que los primeros tienen mayor acceso a drogas, porque cuando se realiza el ejercicio estadístico de controlar la prevalencia por oportunidad de acceso, las mismas tienden a igualarse sobre todo en la población joven (UNODC, 2018b; Arpa, 2017). También los estudios que dan cuenta del inicio en el consumo en mujeres que luego han desarrollado consumos problemáticos, o bien en aquellas mujeres con uso inyectable de drogas, remarcan que una de las razones del inicio y de las recaídas, es que sus parejas varones eran consumidores y proveedores de drogas, provocando mayor daño en las mujeres cuando quedaban en segundo o tercer lugar en el uso de la misma jeringa (UNODC 2018a, Olszewski et al. 2009). La información disponible en el cuestionario queda acotada a estas preguntas, quizás sean necesarias preguntas complementarias para indagar mejor sobre cómo se accede a determinadas sustancias y no tanto a la percepción de facilidad de acceso.

Es interesante remarcar que no siempre la percepción de facilidad de acceso es un factor determinante del consumo, como tampoco la curiosidad por probar, sino, como hemos analizado, otros factores son más contundentes al momento de entender la etiología, siempre compleja, del consumo de sustancias.

En el capítulo siguiente, el último, se reúnen de un modo más sistematizado, el conjunto de reflexiones metodológicas sobre los indicadores que componen las dimensiones en tanto determinantes del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes escolarizados, y se elaboran las propuestas de cambio para el cuestionario destinado a esta población específica.


  1. Lo que no implica adjudicar de un modo directo a dichas teorías, la forma en que fueron operacionalizados los conceptos en el cuestionario, como así tampoco la selección de los indicadores en cada una de las dimensiones de análisis.
  2. Sin embargo, en abordajes cualitativos sobre las razones del consumo de alcohol en los adolescentes, la curiosidad también opera como motivo del consumo (UNODC, 2013). El aporte que hace el estudio cualitativo sobre el consumo de alcohol en los adolescentes en Argentina, es resaltar el rol que juega la práctica, el ritual de beber alcohol en la conformación de la identidad en los adolescentes, cuando ejercen su autonomía en la toma de decisiones sobre “cuánto consumo” “tomo hasta acá” “mis padres confían en mí” y cuando es un insumo para la producción del yo, según los condicionantes específicos del clima de época que implica no solamente mostrar que se está consumiendo alcohol sino también los efectos que el alcohol produce, como desinhibición, sentirse divertido/a, por ejemplo (OAD-SEDRONAR, Arizaga 2005).
  3. Respecto de la percepción de riesgo, la misma se conforma de acuerdo a diferentes factores, como el contexto familiar, el grupo de pares, las normas sociales frente al consumo, es decir, es una construcción cultural y la evidencia ha demostrado que a menor percepción de riesgo hay mayor probabilidad de consumo y dependerá del tipo de droga. Becoña Iglesias (2002) indica que los marcos normativos para los consumos de alcohol y tabaco, como las restricciones de publicidad y al acceso en menores y el incremento de los precios, han operado positivamente en la conformación de la percepción de riesgo sobre el consumo de estas sustancias.
  4. La escuela es un microsistema relevante en el desarrollo de la personalidad de los y las adolescentes y el espacio en el cual se manifiestan características de la personalidad como depresión, agresividad, ansiedad, capacidad de resolver problemas, de integrarse y de asumir responsabilidades. También es el espacio en el cual se conforma el grupo de amigos y el acceso al mundo exterior adquiere una nueva dimensión, de novedosa autonomía respecto de los padres. El fracaso escolar, el bajo rendimiento y un entorno sin normas o reglas claras son factores asociados al inicio del consumo de drogas, al no lograr un apego apropiado con la institución y, por lo tanto, no se incorporan las competencias necesarias para el desarrollo de actitudes pro sociales (Becoña Iglesias, 1989; NIDA, 2003; UNODC, 2013; Sloboda et al., 2012).
  5. El análisis cualitativo sobre el consumo de alcohol en adolescentes escolarizados argentinos, indica que los rituales y rutinas que los y las adolescentes tienen en sus prácticas del consumo de alcohol tienen que ver con la construcción de la identidad y la definición de los grupos sociales y espacios de pertenencia. De este modo, la autora ha clasificado diferentes ritos de iniciación y ritos situacionales, donde éstos pueden ser habituales (tomar en casas antes de salir, deambular en la calle, pre boliche o la previa) u ocasionales (fiestas, viajes de egresados); pero en todos los casos el consumo es grupal, son rituales del grupo de pares (OAD-SEDRONAR, Arizaga 2005).
  6. En el documento citado de Naciones Unidas se resaltan algunas características del ambiente familiar que incrementan la vulnerabilidad del niño/a o adolescente de desarrollar patologías, tales como las relaciones familiares frías o distantes, o conflictivas o cuando la disciplina impartida es inconsistente o con ausencia de criterios, y “prácticas autoritarias de crianza, relaciones muy tensas, punitivas o estrictas (Kershner y Cohen, 1992, Baumrind, 1983), castigo corporal y otras estrategias punitivas” (UNODC, 2013:45). En este documento de Naciones Unidas se describen dos estudios de análisis multivariado sobre estudiantes del nivel medio. Uno en Estados Unidos, realizado en el año 2011, donde se exploró la estructura familiar y el consumo la percepción sobre el consumo de drogas, y el segundo en Brasil en el año 1995. Respecto de los resultados que interesa resaltar, el involucramiento o monitoreo parental y la calidez de los vínculos, fueron factores predictores sobre la percepción del uso de drogas y sobre el consumo en adolescentes estadounidenses. Y el análisis realizado en Brasil se encontró que la ocurrencia de hechos de violencia en la casa es el principal factor predictor del uso de alcohol y drogas entre los/as adolescentes y que el estado conyugal de los padres no es por sí mismo un factor determinante.
  7. En relación a las expectativas de terminar el colegio secundario, se juega la valoración que la escuela tiene en la vida de los/as adolescentes, es decir, cuán importante resulta la escuela, el título secundario como herramienta para el futuro, y por ello esta valoración fue expresada sobre todo por aquellos estudiantes de menores recursos (OAD-SEDRONAR, Arizaga 2005).
  8. Las expectativas expresan la posibilidad de un sujeto de pensar en el futuro y es uno de los componentes de un “proyecto de vida”, y la escuela se considera una instancia clave en la conformación de la idea de proyecto de vida, que se entiende como un factor de protección en el consumo de drogas (OAD-SEDRONAR, Arizaga 2011).
  9. “El grupo de pares constituye el ámbito de contención afectiva y representa espacios de autonomía y prácticas de los primeros pasos de independencia. Y es donde comienzan a consolidarse la elección de los primeros consumos culturales, que terminaran definiendo el lugar de los otros y el propio en el espacio social. Los grupos de pares se convierten en verdaderos “laboratorios de actividad simbólica” donde se pone en práctica la diferenciación social, ya que operan como espacios intermedios entre el espacio social general (el de las clases sociales, y la familia) y el espacio íntimo del sujeto (Urresti, 2002). Aquí es donde se empieza a definir el gusto, las elecciones culturales y finalmente el estilo de vida del joven” (OAD-SEDRONAR, Arizaga 2009: 16).
  10. El problema en este sentido es que la proporción de estudiantes que consideran de gran o moderado riesgo el consumo ocasional de marihuana tiene una tendencia descendiente entre 2001 a 2011, y, por lo tanto, el impacto de obstaculizador para el consumo de marihuana ocurre en menor proporción de personas (OAD-Ahumada, 2012).
  11. Desde diferentes teorías elaboradas para explicar el consumo experimental de sustancias en adolescentes, se considera que la familia, el tipo de vínculo que se establecen entre los/as adolescentes con los padres y madres, los cuidados y la supervisión que ellos y ellas hacen respecto de sus hijos, juegan un rol importante. En este sentido, según la revisión realizada por Petraitis et al. (1995), se mencionan las teorías convencionales de compromiso y apego social, tanto la teoría del control social formulada en 1985 por Elliot, como el modelo de desarrollo social de Hawkins y Weis, del mismo año. Petraitis también recupera la teoría de la interacción familiar elaborada por Books y otros colegas en 1990. Esta teoría describe cómo la dinámica entre padres e hijos durante la preadolescencia y los primeros años de la adolescencia podrían contribuir al consumo de sustancias durante la adolescencia tardía. “Ponen énfasis en cómo la falta de supervisión y apoyo de los padres contribuye a vínculos familiares débiles, personalidades no convencionales e inadaptadas, participación con compañeros que consumen sustancias” (Petraitis et al. 1995:76 traducción propia).


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