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4 Cambios en el patrón de consumo adolescente en el periodo 2005 a 2011

Introducción

En este capítulo se analizan los cambios en el periodo 2005 al 2011[1] -pero también observando los indicadores en los estudios intermedios-, en los consumos de bebidas alcohólicas, del consumo nocivo de alcohol y de marihuana, poniendo énfasis en las brechas de género. Se analizan los y las estudiantes situados en el año de cursado (8°, 10° y 12°), y el tipo de colegio al cual asisten, de gestión estatal o privada.

El análisis propuesto implica observar las prevalencias de consumo, es decir, la proporción de personas que consumen sobre el total de personas que forman parte del universo bajo estudio y en un periodo de tiempo. Si bien en el capítulo 2 se presentaron las definiciones, es oportuno reiterar que el análisis se realizará observando las prevalencias de los últimos 30 días o prevalencia de mes, en relación al consumo de alcohol y la prevalencia de los últimos 12 meses o prevalencia de año, en relación al consumo de marihuana. También se explicitó en el capítulo metodológico que el consumo nocivo o binge, es una prevalencia específica, ya que describe un patrón de uso de bebidas alcohólicas entre quienes tomaron alcohol en el último mes.

Las tablas siguientes presentan las prevalencias de consumo en cada estudio, 2005, 2007, 2009 y 2011, según género, año de cursado y tipo de colegio. Se presenta el intervalo de confianza de cada prevalencia con un nivel de confianza del 95%, el indicador p-value para estimar la significación de las diferencias de género en las prevalencias y la brecha de género, es decir, la diferencia porcentual entre las prevalencias estimadas de varones y mujeres.[2]

4.1 Consumo de bebidas alcohólicas

El mejor indicador para evaluar la magnitud del consumo de bebidas alcohólicas en una población es la prevalencia de mes ya que refiere al consumo actual, el realizado en un corto periodo de tiempo. Este conocimiento se profundiza notablemente cuando se analiza el consumo nocivo o binge, ya que indica un modo específico de consumo que es perjudicial para la población adolescente, y su prevalencia indica la proporción de quienes presentan consumo nocivo, sobre quienes tomaron bebidas alcohólicas en el último mes.

Los datos de la siguiente tabla sintetizan las estimaciones de prevalencia totales ajustadas por edad y según género, indicando las brechas de género en cada año. El p-value ≤0.05 indicará si las diferencias entre varones y mujeres son significativas.

Tabla 4.1. Prevalencia (*) de mes de consumo de bebidas alcohólicas y brecha de género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina. 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

Analizadas las prevalencias de consumo y considerando sus intervalos de confianza, en el periodo bajo análisis se observa un crecimiento significativo en las mujeres (del 43,1% al 47,3%) y un consumo estable en los estudiantes varones, con prevalencias alrededor del 50%. Las tasas de consumo son siempre mayores en los estudiantes varones y estas diferencias de género son significativas en los años 2005, 2007 y 2011, pero en un contexto de achicamiento de la brecha de género a la mitad (del 15,1% al 7,6%). Esto quiere decir que aun cuando el nivel de consumo en varones siempre sigue siendo mayor al de las estudiantes, la distancia entre géneros se va achicando, por el incremento en el consumo por parte de las mujeres.

A nivel regional se observa un comportamiento similar, como conclusión del último reporte hemisférico sobre el consumo de drogas en las Américas, se detalla:

Otro hallazgo notable es la similitud en los niveles de consumo de alcohol entre hombres y mujeres. En los países donde la prevalencia del último mes de consumo de alcohol es superior al 40% entre los estudiantes de enseñanza secundaria, el uso entre hombres y mujeres es casi igual. El cierre de la brecha de género en el consumo de alcohol, una tendencia observada durante muchos años, apunta a modificaciones en las normas sociales que ya están comenzando a reflejarse en cambios similares en el uso de otras sustancias psicoactivas en los países (CICAD-OEA, 2019:vi).

La tabla siguiente muestra las prevalencias según los grados de estudio y género. Cuando se observa el grado, se están observando grupos de edades, quienes están en el octavo, tienen por lo general, 14 años y menos; quienes cursan el décimo grado tienen entre 15 y 16 años y por eso, es un año escolar complejo para los y las estudiantes, edad donde se produce la mayor deserción escolar y también, el grupo etario en el cual las tasas de consumo dan un salto importante en su magnitud. Y quienes cursan el décimo segundo año, por lo general tienen 17 años y más, sobre todo 18 años. Cuando se observan los consumos en la población que se encuentra en los 10° y 12° grados, se está analizando lo que la OMS definió como adolescencia tardía y la mirada puesta en quienes acuden al 8°, en la adolescencia temprana, según se definió en el capítulo 1.

Tabla 4.2: Prevalencia (*) de mes de consumo de bebidas alcohólicas según año de cursado y género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

Las tasas de consumo son mayores a medida que aumenta la edad de los y las estudiantes, tendencia que se sostiene en el periodo analizado. Tal como se comentó anteriormente, este patrón de consumo ascendente a medida que se incrementa la edad se extiende a casi todos los países de la región, según detallan dos informes regionales. El análisis elaborado sobre estudiantes del nivel medio, en el marco del Proyecto Subregional de información e investigación sobre drogas (UNODC-CICAD, 2010), indica el incremento de las prevalencias de consumo de alcohol según edad en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay, según datos nacionales de los años 2009 o 2010. Y el informe más reciente del Observatorio Interamericano sobre Drogas, detalla que, en 31 países de América del Norte, Central, Sur y el Caribe se observa este comportamiento, con las excepciones de Belice, San Vicente y las Granadinas y San Cristóbal y Nieves, países en los cuales no hay diferencias en la prevalencia de mes del consumo de alcohol entre la población estudiantil que cursan el 10° y 12° (CICAD-OEA, 2019).

Analizadas las prevalencias en todo el periodo al interior de cada grado o grupo etario, solamente en las mujeres del 8° se observa un crecimiento significativo en el consumo de bebidas alcohólicas, explicando por qué la brecha de género dejó de ser significativa en los años 2009 y 2011. A diferencia de lo que se observa en el 10° y 12°, edades en las cuales las diferencias de género son significativas durante todos los años. Para significar aún más este cambio importante en el consumo de las mujeres del octavo grado, vemos que en el año 2005 la brecha de género en el consumo de alcohol en este grupo (8°) era similar a la existente entre los y las estudiantes mayores (del 12°), pero, hacia el 2011, el achicamiento fue notablemente mayor en las edades menores.

Analizada la brecha de género, se observa una reducción en todos los grados, pero en el 8° fue mayor, de 14.8 puntos de porcentaje, en el 10° fue de 5 puntos y en el 12° de 5.8 puntos de porcentaje. Este comportamiento parece indicar un cambio muy importante en la adolescencia temprana de las mujeres respecto de la práctica de beber alcohol, que posiblemente sea la contracara de un cambio progresivo en sus prácticas recreativas nocturnas, una mayor participación de ellas en espacios de socialización con pares, tales como fiestas, boliches, encuentros o salidas, en donde este consumo tiene su escenario por excelencia. Los aportes desde el estudio cualitativo que se hizo en el 2005 sobre esta población adolescente y en relación al consumo de alcohol, nos ayuda a comprender este incremento importante en el consumo de las mujeres, textualmente es interesante citar:

El pasaje del yo infantil al yo adolescente… () el consumo de alcohol en el marco de la salida nocturna del fin de semana aparece como funcional a ese rito de pasaje dando lugar a la idea de producción del yo… () … la idea de producción del yo, producirse uno mismo, se activa en determinadas situaciones, generalmente asociadas a la noche del fin de semana y el alcohol resulta un insumo central en esa auto producción… () ..más bien lo que prevalece es la idea de una identidad que se construye de modo personal y sin mediaciones, una auto producción que abre el paso a la imagen de identidad centrada en el “yo soy yo” (OAD-SEDRONAR, Arizaga, 2005:29).

Y analizado este rito de producción del yo desde el género, dice la autora, son las mujeres quienes sostienen esta idea y son ellas quienes, en mayor medida que los varones, se nutren del consumo de alcohol para el logro de este pasaje identitario.

La tabla siguiente muestra las prevalencias de consumo según los colegios sean de gestión estatal o privada. El tipo de colegio al cual asisten es un dato estructural a esta población y no puede ser analizado de un modo fácil o claro, en términos de que sea un factor que pueda favorecer u obstaculizar el consumo de sustancias psicoactivas, pero la información sobre lo que en estos espacios sucede es un dato relevante para los programas de prevención escolar.

Por otra parte, es posible considerar que el tipo de gestión -estatal o privado-, puede indicar de un modo aproximado, niveles socioeconómicos de la población que allí asiste, a través de indicadores diferenciales que se observan según asistan a un u otro colegio; por características de los establecimientos, que indica la zona o barrio en donde están y desde donde provienen por lo general el alumnado y porque, los colegios de gestión estatal son gratuitos y lo de gestión privada son pagos. Si bien en Argentina existe una amplia gama de costos de la matrícula de los colegios privados, en términos generales, frente a la gratuidad, establece un corte en la población, identificando a las familias que tienen las posibilidades -además de la decisión- de destinar un monto de dinero mensual a la educación de sus hijos e hijas. Por otro lado, dentro del ámbito de gestión estatal, existen colegios caracterizados por la composición del alumnado de clases medias altas o altas, como los colegios universitarios, pero el impacto en la matrícula general es bajo.

Entonces, las características de los y las estudiantes que establecen una diferencia de nivel socioeconómico y que surgen de los propios estudios analizados, tomando como referencia las bases de datos de los años 2005 y 2011, son:

El porcentaje de estudiantes que trabajan además de estudiar, es decir, que necesitan insertarse en el mercado de trabajo formal o informalmente para cubrir necesidades personales o de la familia, representan el 14,9% en el año 2005 y el 16,1% en el 2011. La distribución de la población estudiantil que trabaja según tipo de colegio indica una clara primacía de los colegios de gestión estatal en relación a los de gestión privada: 62,6% versus 37% en el año 2005, y 67,3% versus 32,1% en el año 2011. Visto desde el peso relativo que tienen quienes trabajan en cada tipo de colegio, los datos indican que tienen mayor peso en los colegios de gestión estatal, el 17,6% y 21,3% en 2005 y 2011 respectivamente, frente al 9,9% y 10,6% en los colegios de gestión privada para cada año analizado.

Para reforzar la importancia de este indicador, según el estudio de evaluación de la situación educativa en el país, los y las adolescentes que asisten a la escuela y que desarrollan actividades económicas, es decir “que trabajan para el mercado, para el autoconsumo y que realizan actividades domésticas de alta intensidad, tienen mayores niveles de inasistencias, de llegadas tarde a la escuela y mayores niveles de repitencia” (MEN-SIESE, 2019:2). Y del informe de la evaluación de la educación secundaria en Argentina[3] citado anteriormente, se desprenden los siguientes datos sobre las características de los establecimientos educativos y sobre algunos comportamientos del alumnado que asiste a ellos, considerando el tipo de gestión estatal o privada, que marcan las diferencias de niveles socioeconómicos entre ellos:

Hay notorias diferencias en el acceso de los establecimientos educativos a los servicios básicos: el 43% no dispone de desagüe de red o cloaca (el 51% en gestión estatal y 27% en gestión privada); el 16% no tiene agua de red pública (19% y 10% respectivamente según tipo de gestión); el 22% no tiene asfalto en el acceso (29% y 10%); el 36% no tiene calefacción (43% de gestión estatal y 22% privada) y el 13% no tiene conectividad a internet (19% y 1% respectivamente). Es decir que los establecimientos de gestión estatal tienen en mayor medida indicadores de deficiencia edilicia, lo que, en parte, como la red cloacal y la red pública de agua, son indicadores de las deficiencias estructurales de las zonas o barrios en donde se encuentran y en donde viven los y las alumnas que allí asisten.

Los motivos de la inasistencia al colegio marcan una diferencia según se asista a colegios de gestión estatal o privada: por causas de enfermedad o por falta de ganas, se caracterizan las inasistencias en los colegios de gestión privada: 64% y 50% versus 52% y 35%, respectivamente para privados y estatales. Por motivos de malas condiciones climáticas o problemas de transporte, es mayor en los colegios de gestión estatal (31% versus 25% en colegios de gestión privada).

Analizadas las brechas de desempeño escolar en 4 áreas de conocimiento, según ámbitos rural/urbano, estatal/privado, varones/mujeres, hogar migrante/no migrante y nivel socioeconómico bajo/alto, entre los años 2013 a 2019, se observa que los mayores incrementos de las brechas ocurren en dos ámbitos: el tipo de gestión estatal/privado (entre 12 y 15 puntos de porcentaje) y el nivel socioeconómico (entre 17 y 25 puntos). Es decir que hacia el 2019, ir a un colegio de gestión privada o estatal es un marcador de diferenciador social más que en el año 2013. ¿Cuándo empezó este proceso? Dada la crisis socioeconómica profunda del 2001/2002, probablemente este deterioro comenzó a inicios del siglo XXI.

A partir de esta digresión, es posible analizar los cambios en los consumos de sustancias psicoactivas en adolescentes según tipo de gestión del colegio al cual asisten, considerando que algo nos indica sobre niveles socioeconómicos (NSE), que podemos rotular como de medio bajo-bajo (gestión estatal) y medio-alto (gestión privada).

Entonces, la tabla 4.3 muestra que el único cambio significativo que presenta el periodo es el aumento en el consumo en los colegios de gestión privada y específicamente en las estudiantes mujeres que asisten allí.

El estudio cualitativo anteriormente citado, analizó las referencias de los y las estudiantes a las actividades nocturnas, que normalmente se dan los viernes y sábados, pero entre el grupo de estudiantes de clase media alta lo inician los jueves y los de clase media baja-baja, lo extienden a los domingos. Los lugares en donde se lleva adelante la diversión nocturna también es algo diferente, el boliche es más de clase media alta y el pool de clase media baja-baja. Los y las estudiantes menores de 15 años inician sus salidas nocturnas en una instancia de pre boliche, que puede ser en un boliche o en una casa, pero esta práctica en el boliche está más ligada a las mujeres de clase media alta en donde ocurre esa instancia preparadora del yo. Entonces, el mayor incremento observado en las mujeres de colegios de gestión privada puede ser entendido en el marco de estas apreciaciones. Ellas han manifestado que el boliche es un lugar en donde se establecen lazos sociales o personales poco sólidos, mediado por el consumo de alcohol y el descontrol (OAD-SEDRONAR, Arizaga, 2005).

Las tasas de consumo indican siempre una diferencia significativa en el consumo entre géneros, siendo mayores en los estudiantes varones, a excepción del año 2011 en los colegios de gestión estatal y en el año 2007 en los colegios de gestión privada.

Analizadas las brechas de género, hay disminución en ambos tipos de colegios, pero mayor en los de gestión privada, que fue de 13,2 puntos de porcentaje frente a 5,4 en los colegios de gestión estatal, indicando que el gran crecimiento en el consumo de alcohol ocurriría entre las mujeres de NSE medio – medio alto. La disponibilidad de dinero es un factor que seguramente está presente en este comportamiento, posibilitando todo su despliegue.

El espacio escolar de gestión estatal, donde mayormente asisten estudiantes de NSE medio bajo-bajo, muestra menor diferenciación entre géneros en relación al consumo de alcohol, visto desde una menor brecha de género, que incluso se achica más hacia el fin del periodo analizado. ¿Son sectores más homogéneos en su composición social, en sus prácticas de consumo de alcohol, en sus posibilidades de socialización?

Tabla 4.3: Prevalencia (*) de mes de consumo de bebidas alcohólicas según tipo de gestión y género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

Entonces, respecto al consumo de bebidas alcohólicas en el último mes, en el periodo observado 2005 a 2011, el consumo total se mantiene estable mientras que las mujeres lo incrementan significativamente, achicando la brecha de género a la mitad. El incremento se observa en las mujeres de menor edad, del 8°, más aún si asisten a colegios de gestión privada. Los estudiantes varones mantienen en todo el periodo su superioridad en las prevalencias, pero en un contexto de estabilidad.

4.2 Consumo nocivo o excesivo de bebidas alcohólicas o binge

El análisis anterior brindó un panorama de la magnitud del consumo de bebidas alcohólicas y sus cambios en el periodo, pero es muy importante observar el patrón de consumo nocivo de bebidas alcohólicas, para tener una descripción más completa de la extensión y tendencia de este fenómeno en el país.

Se utiliza el indicador binge drinking (OMS, 1994), que expresa el porcentaje de estudiantes que bebió 5 vasos o más de alguna bebida alcohólica en la misma ocasión en los últimos 15 días sobre el total de quienes tomaron bebidas alcohólicas en el último mes, es decir, que el universo de referencia se reduce al grupo prevalente de mes, analizados en el punto anterior. A partir de aquí utilizaré la denominación consumo binge, que puede ser considerado como un consumo nocivo o excesivo de alcohol, en función de las definiciones que propone la OMS:

El consumo nocivo es una noción amplia que abarca el consumo de alcohol que provoca efectos sanitarios y sociales perjudiciales para el bebedor, para quienes lo rodean y para la sociedad en general, así como las pautas de consumo de alcohol asociadas a un mayor riesgo de resultados sanitarios perjudiciales (OMS, 2010:5).

El consumo excesivo episódico (CEE) de alcohol se define como el consumo de 60 gr o más de alcohol puro (aproximadamente cinco bebidas alcohólicas estándar) en al menos una ocasión al mes (OMS, 2021:21).

Para tener una idea de los consumos equivalentes a los 60 gr de alcohol, es una buena referencia considerar que 10gr de alcohol equivale a 1 lata de cerveza de 350ml, a una copa de vino de 150ml y a un trago de licor destilado de 40 ml.

Este indicador está incluido en el protocolo del cuestionario para estimar los niveles de consumo en la población adolescente del Proyecto SIDUC con posterioridad al 2002, y fue incorporado a partir de la necesidad de profundizar el conocimiento sobre el patrón del consumo de alcohol en la población adolescente de los países de América Latina y el Caribe, según las propuestas de los países en las reuniones de coordinadores nacionales del Proyecto, en las que participé como coordinadora nacional de Argentina. Pero no solamente fue incorporado este indicador recomendado por la OMS, sino que las preguntas destinadas a conocer en qué magnitud, de qué modo y con qué bebidas se conforma el patrón de consumo adolescente en la región, fueron diez.[4]

En el marco del Programa SIDUC, el concepto binge debe entenderse como un indicador exclusivo para los y las adolescentes entre 13 a 17 años, y si bien debía indicarse el valor de 4 tragos para las mujeres y 5 para los varones, dado el impacto diferencial del alcohol según género, este indicador fue operacionalizado en una pregunta que, con la excepción de Chile, sólo consideró el corte de 5, sin diferenciación por género. Otro aspecto importante en relación al concepto binge, es que no pretende dar cuenta de la cantidad exacta de alcohol que los y las adolescentes beben, ya que en el cuestionario hay otras preguntas para indagar ese aspecto, sino de lo compulsivo que puede ser el beber alcohol en algunas ocasiones. Se toma el concepto que recupera y defiende el grupo de investigación del Harvard School of Public Health College Alcohol Study (Parada et al. 2010), sobre el significado en inglés del término binge como comportamiento compulsivo.

Dos debilidades son reconocidas en este indicador: no establece en la misma pregunta una referencia clara a la magnitud de alcohol de esa ingesta compulsiva, y no hace una referencia específica al periodo de tiempo que se supone en la expresión “una misma ocasión o salida”, tal como menciona el artículo de Parada citado. Pero es oportuno aclarar y al parecer el artículo no lo considera,[5] que para estudiantes universitarios y para población mayor de 18 años, hay otras escalas e instrumentos para estimar los usos problemáticos, abuso y dependencia en el consumo de alcohol,[6] debido a que claramente, el indicador binge tiene puntos de corte bajos para la población mayor de 17 años.

Los cuestionarios utilizados en los estudios que son fuente de información de la tesis, indagan sobre la frecuencia del consumo de 5 vasos o más en la misma ocasión, diferenciando dentro de los últimos 15 días, si este consumo ocurrió una vez o dos veces o más. Es por ello que es posible analizar en mayor profundidad este patrón de consumo adolescente, teniendo en cuenta el consumo binge, el binge ocasional o de una vez y el binge frecuente de dos o más veces, según se detalló en el capítulo 2. De este modo distinguimos al interior del consumo excesivo o nocivo la frecuencia de la ocurrencia, que sin duda indica un consumo más perjudicial o nocivo para el y la adolescente que consume alcohol de este modo.

Tabla 4.4: Prevalencia (*) de consumo binge. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

El incremento del binge entre el 2005 y 2011 fue del 26%, (13 puntos porcentuales) y fue secuencial entre cada estudio, pero el binge que indica una frecuencia menor, el ocasional se mantuvo prácticamente estable ya que las pequeñas variaciones que se observan no son significativas. Por el contrario, el binge frecuente tuvo un incremento del 40,3% entre el 2005 y 2011 y significativo en cada medición. Es decir que este consumo intensivo de alcohol en la población adolescente ya en 2005 involucra a uno o una de cada dos adolescentes que tomaron alcohol en el último mes y se disemina a más estudiantes en los años siguientes. Se entiende que el consumo de bebidas alcohólicas no está recomendado a personas comprendidas entre los 13 y 18 años, por las consecuencias que genera en el desarrollo físico y neurológico en esta etapa de crecimiento, con lo cual, cuando se hace referencia al consumo binge realmente se está mostrando un consumo muy perjudicial para los y las adolescentes. También es un fenómeno extendido en la región, según el Informe de las Américas:

En 16 de los 20 países que cuentan con este indicador, al menos uno de cada dos estudiantes que bebieron alcohol en el último mes, registró consumo nocivo. En países con una prevalencia disímil, como Belice, Chile, Guyana, Perú, Surinam y Uruguay, el consumo nocivo de alcohol sobrepasa el 60% de los estudiantes que usaron bebidas alcohólicas en el último mes (CICAD-OEA, 2019:24)

La siguiente tabla presenta los datos para el análisis según género.

Tabla 4.5: Prevalencia (*) de consumo binge según género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

Cuando observamos el consumo binge por género y sus cambios en el periodo 2005-2011, es muy claro que este patrón de uso excesivo de alcohol se extendió tanto en los varones como en las mujeres, pero lo interesante a remarcar es que las estudiantes mujeres lo hicieron en mayor proporción (32,1%) que los varones (21,5%). Pero siempre manteniendo las mayores prevalencias en los estudiantes varones.

Por otra parte, y al igual que lo observado en la muestra total, el binge frecuente es el patrón de consumo que crece proporcionalmente más en ambos géneros, pero las mujeres lo hacen más que los varones (43,2% versus 39,2%). Y el binge ocasional, fue una práctica en retroceso para los estudiantes varones (-4,8%) pero de ascenso en sus pares mujeres (19,8%). En esta frecuencia de consumo binge el sentido de las brechas de género se invierten a favor de las mujeres.

Entonces, el contexto del consumo de alcohol binge en los estudiantes de Argentina entre el 2005 al 2011, es de mayor presencia de los varones, pero lo que se observa es un ingreso a este patrón de uso nocivo de alcohol de parte de las mujeres, que se incorporan con mayor celeridad que sus pares varones, tanto en el binge ocasional como en el frecuente.

Como contrapartida de estos cambios, la brecha de género se reduce en 10 puntos de porcentaje en el binge, una reducción menor en el binge frecuente y cambio de sentido en el binge ocasional. Se puede afirmar que en este periodo y también desde el inicio de este tipo de estudios en Argentina en el 2001, el gran cambio en el patrón de consumo de bebidas alcohólicas es cuantitativo, al observar prevalencias y cualitativo, al observar el tipo de consumo y quiénes se sumaron en estos espacios y modos de consumo.

En la tabla siguiente es posible observar el consumo binge y sus variantes, según los grados en los que se encuentran los y las adolescentes, que es una manera de considerar los grupos etarios allí preponderantes. A partir del 2009 se observa un incremento significativo en las prevalencias de consumo binge en todos los cursos y del mismo modo en el binge frecuente. Los estudiantes más jóvenes (8°) también muestran un incremento significativo en el consumo binge ocasional. Observado el periodo 2005-2011, los y las estudiantes del 8° incrementaron el consumo binge en un 23,6%, mientras que quienes están en el 10° y 12° lo hicieron en un 26,5%. En el incremento del binge frecuente se observa que a medida que aumenta el grado de cursado, es decir, la edad, se expande en mayor medida el consumo excesivo: 23,8% (14 años y menos), 41,6% (15 y 16 años) y 51,7% (17 y más años).

Tabla 4.6: Prevalencia (*) de consumo binge según año de cursado. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

Las tres tablas siguientes permitirán analizar el consumo binge y sus frecuencias según año de cursado y género. La tabla 4.7 muestra la prevalencia del consumo binge según grado y género. En un contexto de crecimiento del consumo binge en ambos géneros, los varones siempre tienen prevalencias significativamente más altas que las mujeres. Pero, si se analiza el incremento relativo por género y grado, siempre es mayor en las mujeres que en los varones: en el 8° (28,4% vs 21,1%); en el 10° (32,6% vs 22%) y en el 12° (33,4% vs 21,1%) respectivamente. La reducción sistemática de las brechas de género muestra con claridad este proceso. De todos modos, es interesante resaltar que, a mayor edad, las brechas de género son mayores a las observadas entre los y las estudiantes de 14 años y menos.

Tabla 4.7: Prevalencia (*) de consumo binge según año de cursado y género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

La tabla siguiente muestra los cambios en el consumo binge ocasional según grado y género. Los datos permiten sostener que el consumo binge ocasional es un patrón que caracteriza a las mujeres, que presentan sobre todo a partir del año 2009 y consolidado hacia el final del período, prevalencias mayores a la de los varones. La inversión en las brechas de género expresa con claridad este proceso.

Tabla 4.8: Prevalencia (*) de consumo binge ocasional según año de cursado y género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

Analizadas las tendencias de la modalidad de consumo nocivo de bebidas alcohólicas en su mayor frecuencia, (ver tabla siguiente), se observa una consolidación de este patrón de consumo en todos los grupos de edad y en varones y mujeres, con incrementos significativos de las tasas de consumo hacia el final del periodo. Son mayores las prevalencias de consumo en los varones y las brechas de género se mantienen constantes en los y las estudiantes de menor y mayor edad (8° y 12°), mientras se reduce en 7 puntos de porcentaje entre quienes tienen 15 y 16 años (10°).

Tabla 4.9: Prevalencia (*) de consumo binge frecuente según año de cursado y género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

La tabla siguiente reúne las prevalencias de consumo binge y sus frecuencias según el tipo de gestión escolar. Los datos indican que en ambos tipos de colegios hubo un crecimiento significativo del consumo nocivo de bebidas alcohólicas y en su modalidad frecuente. Pero, el incremento en los estudiantes que asisten a colegios de gestión privada es más fuerte, del 35,7% en el binge y del 62% en el binge frecuente, frente a un incremento del 25% y 38% en los colegios de gestión estatal, respectivamente. Es decir, que en el periodo 2005-2011, en el marco de mayor prevalencia de consumo en el grupo de estudiantes de NSE medio-medio bajo, son los y las estudiantes de NSE medio-medio alto quienes incrementan en mayor medida este tipo de consumo excesivo de alcohol. Sobre el consumo binge ocasional, permanece constante y parejo en ambos tipos de colegios en todo el periodo y alrededor del 22%.

Tabla 4.10: Prevalencia (*) de consumo binge según tipo de gestión. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

La tabla siguiente permite el análisis de la tendencia del consumo binge por tipo de gestión y género. El consumo binge se ha incrementado en ambos tipos de colegios y en varones y mujeres. Tal como se viene analizando, en el binge ocasional no hay cambios en los varones, que se mantienen alrededor del 22%, tanto los que están en los colegios de gestión privada o estatal. Las prevalencias de consumo binge frecuente, crecen, pero con diferencias según tipo de colegio, ya que varones y mujeres incrementan este consumo, pero en mayor medida quienes están en colegios de gestión privada (65.9% y 62.8%) respecto de los colegios de gestión estatal (32.5% y 44.9%). Y, tal como se indica en el último paréntesis, las mujeres de colegios de gestión estatal incrementan el consumo en mayor medida que sus compañeros varones.

Las diferentes intensidades en el crecimiento de los consumos, son los que explican los cambios o no en las brechas de género: se contraen en el consumo binge, en ambos tipos de colegios; cambian el sentido en el consumo binge ocasional, en ambos tipos de colegios y en el consumo binge frecuente se contrae en los colegios de gestión estatal y se expande en los colegios de gestión privada.

Tabla 4.11: Prevalencia (*) de consumo binge según tipo de gestión y género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

Resumiendo, la población adolescente escolarizada que toma bebidas alcohólicas en el último mes, lo hace cada vez en mayor medida de un modo excesivo o consumo binge, incrementando los riesgos asociados a este nivel de ingesta de alcohol. Incluso, cada vez son más estudiantes los que consumen binge dos o más veces en los últimos 15 días de referencia. Si bien siempre son los varones quienes tienen mayores prevalencias de consumo, las mujeres han incrementado la prevalencia en todos los grupos de edad o grados, y de este modo, las brechas de género se achicaron en 10 puntos de porcentaje en el periodo analizado.

Los y las estudiantes que asisten a colegios de gestión privada son quienes incrementaron en mayor medida el consumo binge y en su modalidad frecuente, pero las prevalencias de consumo continúan siendo más altas en quienes asisten a colegios de gestión estatal.

4.3 Consumo de marihuana

La marihuana es la sustancia psicoactiva ilegalizada de mayor consumo en el mundo y por supuesto, también en las américas y en Argentina. Si bien algunos países han legalizado su uso recreativo, como Uruguay, Canadá, Jamaica, los Países Bajos, para la población adolescente sigue estando prohibida. En la actualidad, año 2021, en Argentina se ha legalizado el uso medicinal del aceite de cannabis y de derivados, pero el consumo continúa estando penalizado por la ley de Estupefacientes, 23737 del año 1989, aunque a partir del conocido fallo Arriola del 25 de agosto del 2009, la Corte de Justicia y por unanimidad de todos sus integrantes, declara la inconstitucionalidad del segundo párrafo del artículo 14 de la misma, que reprime la tenencia de estupefacientes para consumo personal con pena de prisión de 1 mes a 2 años (sustituibles por medidas educativas o de tratamiento). Según este fallo, la inconstitucionalidad del artículo es aplicable a aquellos casos de tenencia de estupefacientes para consumo personal que no afecten a terceras personas. De todos modos, el fallo no tiene fuerza legal salvo para el caso sobre el cual se emite, pero es un ordenador hacia el resto de los jueces sobre cómo actuar en casos similares.

Desde hace varios años asistimos a nivel global y especialmente en el mundo occidental, a un escenario en donde desde la ciencia, la academia, grupos de expertos y expertas en políticas de drogas, militantes, personas usuarias, organizaciones de la sociedad civil, clérigos y religiosas, personas políticas y personas en general, discuten sobre los pro y los contra de las políticas de despenalización, de revisión de las penas vigentes y de legalización del consumo recreativo en personas adultas, sobre la necesidad de regular los mercados cannábicos e incluso de promover su uso. La percepción del riesgo de su uso experimental, ocasional y frecuente ha disminuido notoriamente, tanto en población general como en adolescentes, a nivel regional (CICAD-OEA, 2019) y nivel nacional, según el análisis realizado entre 2001 a 2011 (OAD-SEDRONAR Ahumada, 2012).

Entonces, siendo la sustancia psicoactiva ilegalizada de mayor consumo en la población y en la población adolescente y tal como se explicó en el capítulo 2, el mejor indicador para el análisis de este consumo es la prevalencia del último año, que indica la proporción de personas que consumieron en los últimos 12 meses al momento de responder el cuestionario. En los y las estudiantes del nivel medio de Argentina y en el periodo analizado, la tendencia es de incremento y se observa tanto en mujeres como en varones, pero siempre los varones mantienen las prevalencias más elevadas a las de sus compañeras mujeres, casi duplicándolas. Al calcular el incremento relativo, también fue mayor en los estudiantes varones (74,1%) que en las mujeres (27,8%), lo que se expresa en una ampliación de la brecha de género del 50% al 104%.

Tabla 4.12. Prevalencia (*) de año de consumo de marihuana según género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina. 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

El mayor consumo de marihuana en varones en relación a las mujeres, en estudiantes del nivel medio, se observa en 27 de los 31 países del continente americano, datos analizados en el informe del Observatorio Interamericano sobre Drogas (2019). Las brechas son disímiles según los países, pero en los tres países de mayor consumo de marihuana en adolescentes escolarizados, como Estados Unidos (2016), Canadá (2014/2015) y Chile (2015), que tienen prevalencias del último año, superiores al 15% y 20%, las diferencias entre géneros prácticamente desaparecen.

En relación a la tendencia en el consumo de marihuana en esta población, el informe citado presenta información de diez países que tienen al menos tres estudios nacionales comparables, lo que implica observar el cambio en más o menos una década. Más allá de las fechas, pero considerando los últimos estudios de cada país en los años 2014 o 2015, de estos diez países, en ocho el consumo se incrementó y en dos países, las prevalencias se mantuvieron estables en diferentes niveles de consumo, tal como se observa en Granada (12,3% a 12,9%) y en Perú (2,8% a 2,6%).

Los países que informan un incremento parten de niveles distintos, es decir, son países que presentaban un consumo bajo como El Salvador (2,5% a 7,3%), Barbados (1,1% a 16,9%) y Costa Rica (4,5% a 9,4%); países de consumo intermedio como Argentina (8,4% a 11,8%),[7] Colombia (7,7% a 8,4%) y Uruguay (8,4% a 17%) y países de consumo alto, como Estados Unidos (15% a 22,6%) y Chile (14,8% a 34,2%). Estos datos indican que el incremento del consumo de marihuana es un fenómeno de alcance regional, sobre todo en la población adolescente y joven, comportamiento que también es informado por Naciones Unidas en referencia a Asia y África (UNODC, 2019).

La tabla siguiente muestra los datos de la prevalencia de consumo de marihuana en el periodo por género y año de cursado, lo que nos permite observar los cambios en los tres grupos etarios que comprende la adolescencia analizada en estos estudios.

Tabla 4.13: Prevalencia (*) de año de consumo de marihuana según año de cursado y género. Estudiantes del nivel secundario.  Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

En primer lugar, las tasas de consumo crecen conforme aumenta el año de escolaridad, tanto en estudiantes varones como en mujeres y siempre son significativamente más altas en los primeros, relación que explica la amplitud creciente de las brechas de género. Analizados los grados y visto el periodo completo 2005-2011, en los varones el crecimiento ha sido significativo en todos los grados, y se observa además un incremento significativo entre el 2005 y 2007 a partir de los 15 años (grados 10° y 12°). Mientras que, en las mujeres entre el 2005 al 2011, el crecimiento ha sido significativo -con un leve solapamiento en los límites- cuando están en último año del colegio. A edades menores, mantienen tasas de consumo alrededor del 3% y del 6%, cuando están en el octavo y décimo año respectivamente.

El ingreso de una cantidad mayor de mujeres en el consumo de marihuana en este periodo ocurre cuando ya están en el último año de estudio, indicando una diferencia respecto del consumo bebidas alcohólicas y del consumo binge, que lo hicieron en el primer año de escolaridad. Habría entonces, condiciones de género que claramente diferencia a los varones en relación al consumo de marihuana, y abre interrogantes respecto de si es el peso normativo que tiene la condición de ilegalidad de la marihuana, si es la menor exposición a la sustancia, por menor circulación y oferta que el alcohol, o si es el acceso a escenarios o situaciones que ocurren cuando las mujeres llegan al último año de su escolaridad, es decir, a los 17 años y más.

La escalada en las prevalencias de consumo de marihuana según la edad, en ambos géneros, es lo que se observa en relación a casi todas sustancias psicoactivas y los cambios que empiezan a observarse es una merma en las diferencias que existen entre los y las estudiantes de 14 y 15 años respecto de quienes tienen 17 años y más (el pasaje entre el 10° y 12° grados de cursado), e incluso a igualarse, dependiendo de las sustancias. En este sentido, en el resumen ejecutivo del Informe de resultados del quinto estudio nacional sobre consumo de sustancias psicoactivas en esta población, en Argentina en el año 2011, sintetiza:

El consumo reciente de sustancias presenta tasas diferenciales según los grupos de edad. El consumo reciente de tranquilizantes sin prescripción médica, marihuana y cocaína se incrementa con la edad de los estudiantes, mientras que para las restantes sustancias ilícitas y de uso indebido las tasas de consumo son más altas entre los estudiantes de 15 y 16 años (OAD-SEDRONAR, 2011b:6).

Cuando en la cita se refiere a las restantes sustancias ilícitas y de uso indebido, particularmente está haciendo referencia a los consumos de sustancias inhalables, pasta base-paco, estimulantes sin prescripción médica y a otras drogas, cuyos consumos en estudiantes de 15 y 16 años se igualan a los de 17 años y más, o bien son levemente mayores.

A nivel regional se observa algo similar, tomando datos del Informe subregional del año 2009, coordinado por UNODC y CICAD (2010), los seis países involucrados y que son Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay, tienen consumos escalados según la edad en el uso de marihuana, patrón que no se observa en relación a las sustancias inhalables, a excepción de Uruguay. En Bolivia, Ecuador y Perú las prevalencias son similares en los tres grupos etarios y en Chile, las prevalencias en el octavo y décimo año son similares y algo más bajo en el 12°. Respecto del consumo de pasta base, que tiene prevalencias bajas en esta población, Chile es el único país cuyo consumo crece conforme aumenta la edad de esta población adolescente escolarizada. En Ecuador las prevalencias bajas son similares a todos los grupos etarios, y, en Perú y Uruguay, los consumos no se diferencian entre la población de 14 años y menos y de 15 y 16 años, para si incrementarse a partir de los 17 años.

La dinámica del consumo de bebidas alcohólicas y de marihuana, que va aumentando junto a la edad de los y las adolescentes, a diferencia de lo que se observa en relación a otras sustancias, como las inhalables o pasta base, por ejemplo, puede estar relacionada a que son las dos sustancias que están presentes en mayor magnitud y en los espacios de socialización, de salidas, de juntarse con amigos y amigas. Las otras, inhalables y pasta base, son sustancias cuyo consumo está menos diseminado, responden a patrones de uso más vinculados a espacios limitados, a circuitos cortos y espacios de vulnerabilidad y exclusión. No son drogas que circulen por los bares, boliches o en espacios públicos de acceso más masivo y su consumo ya supone que él o la adolescente están en un proceso problemático en el uso de sustancias o de mayor riesgo, no tanto por la droga en sí misma, sino por el contexto de sus consumos.

La tabla siguiente presenta las prevalencias según el tipo de colegio al cual asiste la población estudiantil.

Tabla 4.14: Prevalencia (*) de año de consumo de marihuana según tipo de gestión y género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

En el periodo 2005 a 2011, las prevalencias de consumo se incrementaron en ambos tipos de colegios, pero creció en mayor proporción en los y las estudiantes que van a colegios de gestión privada, donde podemos considerar una mayor preeminencia de niveles socioeconómicos medios y medios altos. Los varones consumieron un 103% más y las mujeres un 36,2% más, superando ampliamente a los incrementos relativos de los consumos de marihuana entre quienes asisten a colegios de gestión estatal, mayormente conformado por NSE medios bajos y bajos, que lo hicieron en un a 57,6% y 25,9% más, respectivamente para cada género.

Tal como venimos caracterizando, el incremento en las tasas de consumo de marihuana es significativo estadísticamente en los varones y no así en las mujeres, salvo de 17 años y más, pero no según a qué tipo de colegio asistan.

4.3.1 Intensidad del consumo de marihuana

Es importante diferenciar, cuando se caracteriza el consumo de marihuana y de cualquier otra sustancia psicoactiva, con qué frecuencia en un periodo de tiempo la persona consume. Cuando analizamos el consumo de bebidas alcohólicas, ese periodo de tiempo fueron los 15 días entre quienes consumieron en los últimos 30 días. Pero en relación a marihuana, se indaga la frecuencia promedio de consumo en los últimos 12 meses, por las razones que se manifestaron en el capítulo 2, sobre la ventaja de la distancia en el tiempo para declarar consumo de sustancias ilegalizadas y por la baja frecuencia estadística y la posibilidad de hacer nuevos cortes analíticos en subgrupos al interior de los consumidores.

Podemos asumir que la frecuencia del uso de una sustancia psicoactiva es parte del análisis de la intensidad del consumo, ya que se completa con la cantidad de sustancia o dosis, que se consume en una frecuencia de uso. Pero la dificultad de registrar las cantidades de consumo en un periodo de 12 meses (por la extensión del tiempo y la variabilidad de momentos del consumo que esto supone), orientó la decisión de preguntar, en una encuesta poblacional en la población general, por la cantidad consumida en los últimos 30 días. De este modo, frecuencia de consumo refiere a los prevalentes de año o de los últimos 12 meses y cantidad, a los prevalentes de mes o últimos 30 días. En el estudio epidemiológico en adolescentes escolarizados, a partir de la encuesta del año 2007, se incorporó la pregunta, a quienes manifestaron haber consumido en los últimos 30 días, sobre la cantidad de días que consumió en ese periodo de tiempo, pero al igual de lo que ocurre en otros estudios, el dato de la cantidad de dosis o cantidad de días, queda desfasado de la prevalencia de consumo del año, es decir, de la población que se caracteriza como la de consumo.

Hechas estas digresiones, en este apartado se presenta un análisis que busca caracterizar la intensidad del consumo de marihuana entre los prevalentes del último año, es decir, el grupo que se analizó anteriormente y analizar los cambios que se observan en el periodo 2005-2011. La intensidad del consumo puede clasificarse en experimental o de una sola vez, ocasional (algunas veces durante los últimos 12 meses o algunas veces mensualmente) y frecuente (algunas veces semanalmente o diariamente).

Los datos nos indican que la mayoría de las y los estudiantes (alrededor del 48%) que fumaron marihuana en el último año presentan una frecuencia ocasional, seguidos por el consumo frecuente si son varones (alrededor del 28%) y experimental si son mujeres (alrededor del 25%). Analizados los cambios en el periodo en el total de estudiantes, el consumo experimental tiene un retroceso del 8,9%, el consumo ocasional presenta un incremento del 4% mientras que el consumo frecuente crece un 16,2%. Es decir, que el modo en que la población adolescente cambió su patrón de uso -visto desde la frecuencia-, fue el pasaje de un consumo experimental a uno ocasional y frecuente, es decir, incrementó la intensidad del consumo, siendo un indicador de consumo de riesgo mayor en este grupo etario.

El análisis según género indica que tanto varones como mujeres retrocedieron en el consumo experimental de marihuana, es decir, cuando el consumo fue de una sola vez en los últimos 12 meses, en un 7,9% y 6,3% respectivamente. Y las estudiantes retroceden en un 2% en el consumo ocasional, aun cuando es el patrón de consumo que más las caracteriza, pero incrementan notoriamente su modo de consumo frecuente, en un 39,9%, lo que implicó pasar del 17,8% de mujeres que consumían de este modo en el año 2005 al 24,9% en 2011. Por otro lado, los varones incrementan su consumo ocasional en un 9,4% y el consumo frecuente en un 1,1%, es decir, el cambio fue leve en esta intensidad de consumo en el periodo analizado.

Las brechas de género expresan el predominio de las mujeres en el uso experimental y en menor medida, también en el consumo ocasional, en el cual prácticamente se igualan los géneros alrededor del 50%. En relación al uso frecuente de marihuana, si bien los varones superan a las mujeres en este modo de consumo, la brecha de género se contrae notoriamente debido al significativo crecimiento de las mujeres en este modo de consumir marihuana.

Tabla 4.15: Porcentaje de los y las prevalentes del último año+ según la frecuencia de consumo de marihuana según género. Estudiantes del nivel secundario. Argentina 2005-2011

(*) Prevalencias ajustadas por edad

Para completar esta caracterización del consumo de marihuana en los y las adolescentes del país, recuperamos los datos del Informe del estudio nacional del año 2011, fuente de datos de esta tesis, en el análisis que realiza sobre el consumo de marihuana a partir de los resultados del procesamiento de la aplicación de la escala CAST (Cannabis Abuse Screening Test), que se utilizó por primera vez en el país en este estudio en el año 2011. Esta escala retoma los criterios de abuso del DSM IV y operacionaliza los indicadores en seis preguntas en el cuestionario[8] y clasifica a los usuarios de marihuana del último año, como de bajo riesgo, de riesgo moderado y de alto riesgo.

Los resultados indican que el 57,4% del total de estudiantes en el año 2011 y que consumieron marihuana en el último año, presentan bajo riesgo, el 27,9% riesgo moderado y un 14,7% tienen un consumo de alto riesgo. Analizado por género, las mujeres se caracterizan en mayor medida por tener un consumo de bajo riesgo en relación a los varones (59,6% versus 56,2%), no hay diferencias importantes en el riesgo moderado (varones 27,5%y mujeres 28,6%) y los varones se clasifican en mayor medida con un consumo de alto riesgo, en el 16,3% de los que consumen marihuana, frente al 11,8% de las mujeres (OAD-SEDRONAR, 2011b).

A modo de resumen, se observa que el consumo de marihuana en la población adolescente escolarizada de Argentina creció significativamente en el periodo 2005-2011, un crecimiento que casi duplica la tasa de consumo en varones y aumenta en menos de dos puntos de porcentaje en mujeres, proceso que se expresa en un crecimiento que duplica la brecha de género. El crecimiento en varones fue en todos los grados de cursado y en las mujeres solamente en el 12°, por otra parte, varones y mujeres incrementan el consumo en ambos tipos de colegios, pero los que están en colegios de gestión privada, más aún. Respecto de la intensidad del consumo, quienes fumaron marihuana en el último año lo hacen preferentemente de modo ocasional, pero la tendencia ha sido de incremento de la modalidad frecuente, sobre todo en las mujeres.

Recapitulando:

Este capítulo presentó un análisis sobre los cambios en los patrones de consumo de bebidas alcohólicas, del uso nocivo de alcohol, del consumo de marihuana y de su intensidad, en el periodo 2005 a 2011, focalizando en las particularidades de las mujeres y varones según su edad, analizada desde el grado de cursado y desde el nivel socioeconómico, visto desde el tipo de colegio al cual asisten.

Una vez que se tiene en claro el perfil de consumo hacia el 2011 y conociendo el proceso de cómo se llegó al mismo, es decir, si fue de cambio o no y en qué sentido, estamos en condiciones de analizar, en el próximo capítulo, los determinantes del consumo, en el inicio y en el final de periodo. Se buscará identificar los factores relevantes en términos de su capacidad para obstaculizar o promover cada uno de los consumos, en las estudiantes mujeres y en los estudiantes varones, según a qué grupo de edad o grado, se encuentren.


  1. En el capítulo metodológico se explicitaron los criterios de la selección del periodo y la información relativa a cada estudio.
  2. Por brecha de género se entiende la diferencia porcentual entre las prevalencias estimadas de varones y mujeres. Por ejemplo, si los varones consumen x% y las mujeres y%, la brecha se define como b=100*(x-y)/y.
  3. Si bien la evaluación que se toma de referencia es del año 2019, dado los indicadores utilizados aquí podemos considerarlos de algún modo ilustrativo a cómo se caracterizaban los establecimientos educativos en el periodo 2005-2011, ya que, si bien fue un periodo de restitución socioeconómica luego de la crisis de los años 2001 y 2002, fue la peor que haya tenido el país en el deterioro de los indicadores sociales. Por otra parte, el año 2019, encuentra nuevamente a la inversión en el sistema educativo con un retroceso del 20% respecto del 2015, cuando este porcentaje de inversión respecto del PBI era del 6,1% y cayó al 4,8% (MEN-SIESE, 2019). Sintetizando periodos de ajuste-inversión-ajuste, que han deteriorado al sistema educativo nacional.
  4. Se pueden consultar los cuestionarios que se encuentran en el Anexo, pero las preguntas que refieren al consumo de alcohol en adolescentes son las tres clásicas para estimar las prevalencias de vida, año y mes, otra para estimar la incidencia, otra sobre la edad de inicio. Para caracterizar el consumo de los últimos 30 días se pregunta: cuántos días tomó más de la cuenta y se emborrachó; que tipo de bebida tomó, detallando cerveza, vino y bebidas fuertes, según frecuencia (diaria, fines de semana o algunos días); qué cantidad de cerveza, de vino y de bebidas fuertes tomó (y se detallan cantidades según tragos en cada una de las bebidas); si le ha pasado que si deja de tomar unos días siente malestares físicos o ansiedades, que lo/la llevan a tomar nuevamente y luego de todo esto, se pregunta sobre la ingesta de 5 vasos o más en la misma ocasión, que es el indicador de binge, establecido para las últimas 2 semanas.
  5. En la tabla 1 del artículo detallan 21 estudios que tomó de referencia, al parecer los más relevantes por estar en la tabla, y 19 son en estudiantes universitarios y solo 5 en estudiantes secundarios.
  6. AUDIT de OPS, DSM IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos, de 1994 y revisado en 2000) y el CIE X (Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS, 1992) han sido usados ampliamente en los estudios epidemiológicos de la región, actualmente en revisión debido a la aparición de sus nuevas versiones: DSM V y CIE XI. Por otra parte, sobre las conceptualizaciones de enfermedades y/o trastornos en relación a los consumos problemáticos de drogas, existe una importante controversia y crítica.
  7. La gestión del OAD-SEDRONAR del año 2018 informó al OID-CICAD-OEA para ese estudio el periodo 2009-2011-2014. Los estudios anteriores fueron desestimados por razones de orden político.
  8. Las preguntas refieren a cuántas veces ha fumado antes del mediodía, si lo ha hecho estando solo/a, si ha tenido problemas de memoria al fumar, si algún familiar o amigo le ha sugerido que debería reducir el consumo, si ha intentado reducirlo y no ha podido y si ha tenido algún problema a causa del consumo de marihuana. Esta escala fue elaborada por el Observatorio Francés de Drogas y Toxicomanías (OFDT) en el año 2007, validado en el marco de la Unión Europea y propuesto como escala apropiada para aplicar en los estudios epidemiológicos por el Observatorio Europeo de Drogas y las Toxicomanías (OEDT). Este instrumento fue validado para ser utilizado en países latinoamericanos.


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