Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Trai Trai Ko (sonido del agua): escuchando el susurro del agua/
de nosotras mismas

Poemario textil colectivo en defensa del agua

Claudia Cerda Becker, Ximena Lagos Morales,
Alejandra Rojas del Canto y Carolina Vega Ramírez

Introducción

El presente capítulo da cuenta de la sistematización colaborativa del proceso de creación e intercambio del poemario textil Trai Trai Ko (sonido del agua), elaborado por la Agrupación de Arpilleristas de Angachilla (Valdivia, región de Los Ríos, sur de Chile) y enviado a la Asamblea Textil (Valle de Elqui, norte de Chile) con el objetivo de generar ―a través de la técnica de la arpillera en formato de libro textil― espacios de conversación/acción que permitieran reflexionar sobre ciertas problemáticas hidrosociales actuales inherentes a cada uno de estos territorios, y establecer así lazos de complicidad y acción conjunta entre ambos colectivos de mujeres.

Se trata de un texto escrito a cuatro voces en el cual participan integrantes de ambas agrupaciones mencionadas. Algunas cumplimos un doble rol, como facilitadoras e integrantes del colectivo Arpilleristas de Angachilla, y junto a Alejandra Rojas, quien forma parte de la Asamblea Textil del Elqui y Asamblea Feminista del Elqui, establecimos un trenzado de múltiples afectaciones y sentidos a partir de las huellas materiales y sensibles de nuestros vínculos entre cuerpo, territorio y memoria colectiva (Calixto-Rojas, 2022).

Desde un ejercicio de acción-reflexión-praxis, sistematizamos esta experiencia de intercambio en la posibilidad de acción presente y futura desde una conexión/transformación en y con el territorio, a través de la organización y participación comunitaria (Agudelo et al., 2020). Concebimos los humedales, ríos y aguas no solo como paisajes, sino como entidades vivas que expresan una memoria ancestral y una política del cuidado, lo cual confronta la lógica de la mercantilización hídrica propia del modelo económico imperante (Barros y Rabanal, 2023). Denunciamos las heridas del extractivismo que atraviesan nuestros cuerpos y ecosistemas, reimaginando ―a través del bordado― el territorio como cuerpo vivo, constituyendo con ello una resistencia poética frente a la colonialidad del ser, saber y sentir, y una forma de defensa de la diversidad de la vida y los cuerpos de agua como parte de ella (Catrileo, 2019).

Arpilleristas de Angachilla

La Agrupación Arpilleristas de Angachilla somos un colectivo de mujeres ―en su mayoría adultas mayores― de la ciudad de Valdivia. Surgimos en enero de 2020, en el marco del estallido social y el proceso constituyente chileno. Nos consideramos entretejidas por solidaridades, resistencias y resiliencias en torno a la defensa del Humedal Angachilla, concebido como reservorio de vida y sanación.

Se trata de un espacio de encuentro y ceremonia, rescatado y resguardado por la propia comunidad, cuya activa defensa se ha impuesto a la permanente amenaza de proyectos viales e inmobiliarios que priorizan intereses económicos por sobre el bienestar comunitario.

En este contexto, el Humedal Angachilla (específicamente el Parque Comunitario La Punta) constituye un elemento fundamental para la identidad, sentido de pertenencia y resistencia comunitaria; cuestión reflejada en una infinidad de actividades y acciones implementadas en el marco de su cuidado y protección. Las comunidades mapuche denominan menoko a este espacio sagrado, enseñándonos que es posible conectar con los ngen que habitan en él. Su cosmovisión insta a cuidar la vida en todas sus formas. Quizás por eso, el menoko Angachilla nos ha permitido pluralizar nuestras experiencias encontrándonos en un “nosotras”. Unir nuestros hilos e historias colectivamente nos ha permitido tejer resistencias y reexistencias en términos simbólicos y también materiales. Prueba de ello es lo plasmado en el poemario textil Trai Trai Ko (sonido del agua).

En términos de trayectoria, nuestro quehacer como agrupación se encuentra indisolublemente imbricado en la práctica de aquellas mujeres que bordaron miles de arpilleras durante la dictadura cívico-militar chilena de forma anónima/clandestina, como hiciera Laurita Silva López, nuestra integrante con más experiencia, quien formó parte del taller Trai Trai durante la década de los 80, en el sector Lo Sierra, Santiago, zona sur.

Hoy bordamos no solo para narrar hitos relevantes de nuestras vidas, sino también para reafirmar nuestro compromiso con la defensa de la red de humedales existente a lo largo y ancho de nuestro territorio, la cual cubre el 8,1 % de la región de Los Ríos, con una superficie de 157.321 hectáreas (Edáfica, Ministerio del Medio Ambiente de Chile, 2020). Los humedales, en tanto ecosistemas que sostienen la vida, purifican el agua, filtran contaminantes, almacenan las lluvias y proveen agua en periodos de sequía; además, albergan una generosa biodiversidad, que incluye especies arbóreas nativas como canelo, lingue, arrayán, temo, así como aves y especies acuáticas, varias de ellas endémicas, por ejemplo huillín, coipo y cisnes de cuello negro, entre otros.

En el marco de estas problemáticas hidrosociales transformadas en poéticas del agua, surge el poemario textil Trai Trai Ko, inscrito en un horizonte de resistencia territorial y de reexistencia simbólica, donde el cuerpo, las aguas, el territorio y la comunidad constituyen un único cuerpo vivo.

Elaboración del poemario Trai Trai Ko: derecho a la palabra y el bordado/escritura

La confección de Trai Trai Ko supuso la superación de una serie de obstáculos sociales, simbólicos e inclusive técnicos advenidos con la pandemia del covid-19: el rango etario de las integrantes del grupo, las restrictivas medidas de circulación implementadas por el gobierno de Sebastián Piñera, el temor al contagio, la precaria alfabetización digital de algunas mujeres, la escasez de insumos textiles a nivel regional, la falta de recursos técnicos o sus fallidas conexiones a internet debido a las inclemencias climáticas; cuestiones que pusieron a prueba su plasticidad cerebral, su capacidad de generar redes o resolver problemas, así como el ejercicio de sus habilidades blandas y de resiliencia.

Andamiar este proyecto obedeció-dialogó-respondió a una serie de actividades previas que consideraron la lectura colectiva, a viva voz, de autoras latinoamericanas relacionadas con el extractivismo, la naturaleza, la defensa territorial y la problemática hidrosocial, asunto que veníamos llevando a cabo desde la creación del colectivo, privilegiando, sobre todo, aquellas voces que desarrollaban el intimismo biográfico y, con ello, el predominio del yo: Gabriela Mistral, Daniela Catrileo, Faumelisa Manquepillan, Hebe Uhart, Elena Poniatowska, María José Ferrada, Clarice Lispector, Malú Urriola, por nombrar solo algunas.

Diríamos que esta acción tuvo un doble sentido: por un lado, esbozar un primer contacto con la temática. Por otro ―haciendo referencia a la categoría propuesta por Silvia Seoane (2004)―, apostábamos por tomar la palabra ―el bordado y la escritura― en pos de nuestro fortalecimiento personal en el marco de una grupalidad basada en el afecto como premisa de base. La democratización del acceso a la lectoescritura constituyó un pilar fundamental vinculado no solo al placer provisto por los textos (Barthes, 1973) sino al derecho de cada participante a escuchar dichos fragmentos leídos en voz alta.

Estas decisiones metodológicas consideraron los inestables índices de escolarización formal de algunas integrantes del colectivo, debido, principalmente, a sus contextos rurales de base. Si bien esta situación las alejó de una instancia lectiva hegemónica, nos interesaba destacar la promoción de otras formas de episteme. Arturo Escobar (2014) ha indicado la presencia de un diseño ontológico en ciertas comunidades latinoamericanas, cuya perspectiva integral implica relación con el cuidado de la vida y la naturaleza sobre la base de la cooperación mutua y la implementación de perspectivas locales de acción que quiebran el hacer capitalista.

Nuestro modesto derecho a la circulación bibliográfica ―en forma de fragmentos compartidos por PowerPoint― devino en el derecho a exhibir los cuadernos que algunas de nuestras compañeras mantenían ocultos en sus casas, en una mezcolanza de adivinanzas, secretos de naturaleza, consejos de sus abuelas o refranes. Ello nos permitió desdibujar cualquier sesgo etario, de género y de clase, y establecer complicidades que se extenderían mucho más allá del espacio del taller, pues la mayoría de las integrantes residen en sitios colindantes, lo que genera permanentes contactos en sus contextos cotidianos:

La imagen ideal del lector solitario, generalmente en su casa y por qué no a la luz de una lámpara, es en realidad una imagen “de clase media” ―o burguesa si se prefiere― que restringe, con su sola presencia en el imaginario, el acceso de grupos que no tienen la privacidad como posibilidad (por razones materiales) o como elección (por razones culturales) (Seoane, 2004: 1).

La insistencia en un relato circular, vivo, contó con el apoyo de un encuentro online junto a Pola Castillo, docente y pobladora perteneciente a la caleta pesquera de Punta de Choros (IV Región de Coquimbo), cuya comunidad femenina ―a fuerza de pancartas textiles― declaró su consigna “No a Dominga”, a propósito de la instalación de este megaproyecto minero y portuario, cuyo impacto socioambiental todavía amenaza con la devastación de cientos de especies, entre las que se destacan el pingüino de Humboldt, la ballena jorobada o el chungungo.

Dicha reunión nos permitió discutir en torno a la potencia de la práctica textil como dispositivo visibilizador de ciertas luchas sociales lideradas sobre todo por mujeres, mediante la promoción del pensamiento crítico, la insistencia técnica del bordado, la reutilización de las materias primas y el diálogo colectivo, con el fin de generar cambios en la conciencia medioambiental local, posibilitando la participación de la comunidad en su conjunto.

Posteriormente, desde las artes de performance, discutimos acerca de dos casos de inscripción femenina en la naturaleza: un conjunto acotado de Silueta Series, de la artista cubana Ana Mendieta (1974)[1], y el regreso de la chilena Cecilia Vicuña a Concón (2010), balneario en el cual inició su quehacer poético en la década de los 60, actualmente objeto de una destrucción ecológica, cultural y patrimonial a causa de la habilitación de la Refinería Aconcagua, responsable del abastecimiento petrolero de toda la Región Metropolitana.

Estos casos nos permitieron discutir acerca del vínculo entre el cuerpo de las mujeres y la tierra, extendiendo aquella reflexión hacia la díada sangre menstrual/sangre del glaciar propuesta posteriormente por Vicuña (2023). De este modo, instalamos la interrogante acerca de nuestras propias corporalidades inmersas en el Humedal Angachilla, espacio sagrado al que ―como señalamos― asisten a diario en busca de esparcimiento, ofrenda, medicina y meditación. Desde el campo artístico, extendimos los límites sobre el derecho a la representación, instándolas a participar en acciones de arte desplegadas posteriormente, haciéndolas conscientes del merecimiento del goce estético, permanentemente negado a las mujeres desde campos disciplinares ortodoxos, elitistas o patriarcales.

Sensibles, detallistas, conservadoras, imitativas y dóciles, tales eran las cualidades femeninas por excelencia, completamente opuestas al vigor, la inteligencia abstracta, racional y creativa poseídas por el “genio”, término frecuentemente usado para caracterizar a los hombres notables. En función de estas capacidades físicas e intelectuales diversas, las mujeres estarían más propensas a algunas modalidades artísticas, como la pintura de flores, el paisaje, las miniaturas, la naturaleza muerta, los cuadros de cotidiano, las pinturas decorativas y, por fin, a la profesión de copistas, el nivel más desvalorizado en la jerarquía artística del siglo XIX (Cavalcanti, como se cita en Rosa & Novoa, 2017: 29).

Posterior a estos encuentros, la invitación consistió en recordar nuestras memorias en torno al agua. La diversidad de testimonios consideró una serie de gestos macro y microespaciales donde, por ejemplo, la consigna “El agua es vida, cuidémosla” dialogaba con las enseñanzas de una abuela materna, cuya nieta sexagenaria, la señora Nancy Arnés, todavía recordaba cepillar sus dientes enjuagándose solo con un vaso del vital elemento, sin derrochar una sola gota.

Ambos ejemplos evidencian la noción de cuidado recurrente en cada uno de nuestros encuentros. En este sentido, cada uno de los ejercicios propuestos derivó en el fortalecimiento de afectaciones mutuas entre las integrantes, sus experiencias personales actuales o de antaño y aquellos agentes humanos y más que humanos presentes en sus relatos, en el Humedal Angachilla e incluso inmersos en la materialidad textil:

El cuidado es aquí, además del esfuerzo y la energía puestos en disponer el espacio cuerpo a cuerpo […] una invitación a disfrutar lo que pasa en ese encuentro, cuando pasa, para apreciarlo, distinguirlo y así dejar que nos devuelva preguntas sobre nosotras mismas (Pérez-Bustos, 2024: 10).

Teniendo como premisa este compartir común, recuperamos la potencia creativa del juego a través de una técnica surrealista conocida como cadáver exquisito, según la cual cada participante escribe un breve texto desconociendo los fragmentos creados por el resto, para luego descubrirlos y ensamblarlos entre sí, como si de una arpillera se tratara. De este modo, la obra constituye una sumatoria de individualidades que, unidas, constituyen un solo cuerpo textual:

Ríos que se secan,

voces que se alzan

cuerpos que defienden

y dicen: No más.

   

Cuando el agua sea libre,

mi cuerpo fluirá.

   

Agua:

sangre de la madre tierra.

   

Dios creó los ríos

y hay que dejarlos

correr libres.

   

Soy el agua.

Sin mí no hay vida.

Soy incolora,

aunque me veas verde en algunos lagos

y azul en los mares.

Mitigo tu sed.

Soy muy necesaria

para fabricar tus alimentos.

Limpio y conforto tu cuerpo.

No abuses de mí.

Sé prudente.

   

En nuestro río… ¿se podrá bañar la luna en el futuro? Con tantas contaminaciones químicas, aguas servidas, plásticos, etcétera […] Tenemos que educarnos y así podremos ser verdaderas lucecitas, contagiosas para nuestras pares, y que esa primera infancia sea parte viva de estos cambios tan urgentes.

Somos como el agua de nuestro humedal: silentes, permanentes. A veces no nos ven, pero siempre estamos ahí; sirviendo de soporte para muchos. Nos han ido limpiando y haciéndonos más visibles. Sigamos uniéndonos en nuestra corriente como el agua de nuestro humedal: limpias, bellas, sabias, de colores. Siempre juntas y firmes.

  

Ko Ngen – Ko. Soy el agua, el espíritu que da vida a la tierra que sostiene tus pies.

   

Ríos, lagos, mares, corren dando vida por estos lindos paisajes terrenales.

   

En un libre fluir tejamos juntas la vida.

   

Agua cristalina,

transparente e incolora.

Gran riqueza de la naturaleza,

única en el mundo.

Aprendamos a cuidarla y protegerla.

   

Agua:

eres vida, calma y sanación

Y con tu pureza bendices

generación tras generación.

En esta transcripción del poema, cada estrofa corresponde al texto creado por una de las integrantes del grupo. El ejercicio descrito no solo nos permitió elaborar un poema colectivo, sino volvernos conscientes de los modos en que el recurso hídrico reverberaba en nuestros recuerdos, cuerpos y biografías. Sin afán de proveer un análisis exhaustivo del texto, en términos generales nos permitimos esbozar su orientación pedagógica, la personificación del agua, su apelación en primera persona y la conexión posible entre agua e hilo, agua y vida, agua y cuerpo femenino, agua y colectividad.

Armado del poemario Trai Trai Ko

Una segunda parte, iniciada en abril de 2021, consideró la escritura/bordado de la frase escogida y su consecuente representación visual mediante técnicas de arpillera o bordado sobre rectángulos de osnaburgo de 30 por 25 cm. Estos y otros insumos (hilos, aguja, alfileres, retazos) fueron repartidos por dos integrantes del colectivo: Eva Sobino y Claudia Cerda, quienes ―mascarilla en mano― visitaban los hogares de las Arpilleristas con posterioridad a sus jornadas laborales.

Como resultado, concebimos un poemario textil de 30 páginas encuadernado completa y exploratoriamente a mano. Importancia crucial adquirieron los ojales, pues consentían la adhesión de cada hoja mediante un lazo de algodón y no a través de costura recta. Dicha estrategia nos ha permitido ir incorporando páginas conforme pasaba el tiempo. De este modo, concebimos un libro-objeto susceptible de ser tocado, armado y desarmado cuantas veces fuera necesario. En este sentido, Trai Trai Ko encarnaba aquella vocación táctil dificultada por la impresión tradicional de los libros en papel y la consecuente demarcación de un espacio higienizado (solitario, masculino, burgués) para la acción de la lectura.

Pero, además, dicha versatilidad ―en consonancia con la propia construcción estructural del texto― invitaba a tensionar los mecanismos de un abordaje cronológico o lineal. Nuestro bordado podía leerse como un libro, pero también ser observado por fragmentos, como si se tratara de un collage. Su deconstrucción lo volvía susceptible de ser desplegado en el espacio público en cordeles utilizando diversas técnicas de sujeción, como sucediera con los pliegos conformantes de La lira popular, un informativo escrito en décimas e ilustrado con grabados, divulgado ampliamente en plazas y mercados chilenos entre los siglos XIX y XX.

En términos de diseño, no podríamos omitir el invaluable aporte de Marisol Herrera y la señora Nancy Arnés, costureras de oficio que ―además de crear sus arpilleras― proveen propuestas y soluciones técnicas para cada uno de nuestros proyectos. Tampoco podemos dejar de mencionar que la portada ―donada por Laurita Silva López― exhibe a un personaje central: Sofía Naranjo, nuestra integrante más joven. La elección de esta bailarina del agua para la portada no fue azarosa, pues el despliegue artístico de Sofía ha estado relacionado con una serie de performances realizadas individual y colectivamente, incluso junto a las propias Arpilleristas, en el Humedal Angachilla.

Conscientes de la cualidad de Trai Trai Ko en tanto obra inacabada, el 9 de julio de 2021 nos reunimos colectivamente para su encuadernación. La itinerancia desde el sur hasta el norte tuvo lugar a fin de mes. Trazando una cartografía imaginaria que bordeaba los 1.400 kilómetros de distancia, aventuramos a enviarlo vía correo tradicional, en formato encomienda, envuelto en un paño de raso azul, posteriormente dispuesto dentro de una caja de cartón. Con ello buscábamos restablecer un tipo de comunicación extinta dado el advenimiento de las nuevas tecnologías, situándonos por fuera de los circuitos tradicionales de divulgación, distribución y acceso a las obras, influenciadas por el arte correo latinoamericano, práctica de comunicación a distancia que

… operó desde los años 60 como un canal múltiple de traspasos de materialidades entre puntos geográficos dispersos, transformándose en puente de comunicabilidades de doble vía, red y medio técnico relacional de vinculación con el mundo, a la vez que modo de entrelazamiento de entornos y contextos geopolíticos. Esta red de artistas se constituyó en un espacio horizontal de intercambios descentralizados de información, imágenes y saberes […] Para implementar esta economía del dar infinito, la comunicación a distancia utilizó diversos gestos, uno de estos fue utilizar el espacio de habitabilidad del sobre o postal, explorar cómo estos eran potencialmente capaces de contener y activar la puesta en circulación de producciones e invitaciones al hacer. Pequeños espacios contenedores operando como museos plegados, nómades e intervenidos, desde donde derramar vastedades de obras, postales, objetos, fragmentos, sellos y estampillas de artistas, desbordes de las posibilidades de las formas de comunicación casi imposibles de aprehender para las manos de la labor archivística (Galarza & Lamilla, 2023: 144-145).

El carácter impredecible de la trayectoria supuso para nosotras nuevos desafíos: ¿y si la encomienda se perdía? ¿Si se destruía parte del contenido? ¿Si alguien osaba robar el libro? ¿Si el mensajero erraba de destino? Estos cuestionamientos obedecían a los mecanismos de la propiedad privada. Tardamos en reparar que el poemario no nos pertenecía, y que Trai Trai Ko operaba como un activo sujeto de su devenir.

Recepción del poemario – Asamblea Textil del Elqui

La Asamblea Textil del Elqui es una agrupación autoconvocada del norte semiárido de la región de Coquimbo, en Chile. Nacimos en plena revuelta social para canalizar nuestra impotencia ante las violaciones a los derechos humanos y sociales cometidos por el gobierno de Sebastián Piñera. En noviembre de 2019 convocamos abiertamente a la comunidad para bordar, conocernos y conversar. De ese encuentro se desprendió nuestro primer trabajo: una cartografía textil del valle donde representamos “La marcha de los valles al mar”, una extensa caminata de resistencia pacífica donde vecinos y ciclistas enarbolamos cánticos y arengas desde Vicuña a La Serena, en un recorrido que abarcó 65 kilómetros recorridos principalmente a pie.

Inicialmente, cada uno generó un bordado. Luego nos reunimos en la Plaza Gabriela Mistral de Vicuña, donde unimos nuestros retazos. La cantidad de manos y corazones participantes es imposible de mensurar. La autoría pasó a ser colectiva. Una vez terminada, esa cartografía comenzó a acompañarnos en todas las instancias de lucha callejera.

Son muchas las mujeres que motivan nuestros proyectos. Varias de nosotras admiramos a Violeta Parra, sus tapices, la tela rústica sobre la cual bordaba, la crítica social y la belleza de sus trabajos. Pero, sobre todo ―y quizás por la urgencia, la impunidad y la injusticia que nos acechaban aquellos meses a fines de 2019―, el trabajo realizado por arpilleristas durante la dictadura cívico-militar. Sus demandas y temáticas nos convocaron, y nos sentimos herederas de su legado.

El contacto con las Arpilleristas de Angachilla surgió tras la visita de una de nuestras integrantes a Valdivia, en plena pandemia, a inicios de 2021. Luego seguimos conectadas a través de reuniones virtuales en las que compartimos sintiéndonos hermanadas en la lucha por la defensa de nuestras aguas. Como hijas de este territorio, hemos visto al río Elqui disminuir su cauce hasta sustentarse únicamente en el brotar de sus vertientes, lo que ha dejado al territorio baldío.

Recibimos el poemario textil desde Angachilla en julio de 2021. No lo abrimos de forma inmediata. Según Paulina Torrealba, integrante de nuestra Asamblea:

Fue súper bonito. Me parece que hicimos una convocatoria, un llamado. Nos reunimos afuera de la micro (biblioteca popular), en calle Prat y ahí abrimos el poemario entre muchos y muchas, no solo integrantes de la asamblea. Fue bonito ese momento, fue emocionante (comunicación personal, octubre de 2025).

Con emoción y responsabilidad quisimos compartir la belleza de cada cuadro, cada página recibida. Teníamos muchas dudas acerca de cómo lo íbamos a itinerar, cómo lo íbamos a cuidar. Poco a poco nos fuimos soltando y perdiendo el miedo. Acordamos exhibirlo en compañía de nuestra cartografía textil. Anverso y reverso iban a constituir un diálogo.

Entonces, colocamos los rectángulos de Trai Trai Ko detrás de nuestra cartografía. Después de hilvanar cada página con mucho cariño, nos dimos cuenta de que cuadraban perfectamente en nuestro lienzo y de que los diálogos del norte eran palabras del sur. Enfrentados los reversos, recorrimos distintas localidades, plazas de pueblos apartados, sedes de juntas vecinales, llevando simbólicamente junto a nosotras a las Arpilleristas de Angachilla.

En este tránsito, presentamos su poemario en la Plaza Gabriela Mistral, en Diaguitas, Campana, Horcón, Paihuano, Montegrande, Los Choros y el Museo Gabriela Mistral. Su exhibición nos permitió conversar acerca de nuestras propias problemáticas, lo cual despertó recuerdos entre los asistentes y generó conciencia en sus comunidades.

Pero Trai Trai Ko también fue parte de la marcha del 12 de octubre de 2021 para conmemorar el Día de la Resistencia Indígena en La Serena. Marchamos hasta el sitio de memoria El Olivar, un sitio funerario de las culturas Molle, Las Ánimas, Diaguita y Diaguita-Inca, junto a otras organizaciones hermanas de La Serena y Coquimbo. Al finalizar el trayecto, lo entregamos al colectivo Agujitas Rebeldes, agrupación conformada por Andrea Álvarez Oliva, la cual ―con motivo de la llegada y presentación del poemario en su propio territorio― exhibió Bordadoras de la Memoria: un documental sobre las Arpilleristas de Angachilla (2021).

A modo de retribución ―y también de sorpresa― enviamos a nuestras compañeras valdivianas una carta bordada por nuestros puños y letras que ellas incorporaron a Trai Trai Ko:

Nos ha llegado carta desde el sur. Una carta textil, un poema hermoso. Es un pequeño tesoro que viajó desde los humedales en Valdivia. La agrupación de Arpilleristas de Angachilla nos hace este bello envío. Ellas aman sus tierras, sus ríos, su humedal. Lo cuidan. Lo defienden. Nos une ese amor. El libro textil que nos llega contiene sus voces, su poesía, su creatividad […] Cuánto cariño en cada puntada, en cada palabra, en cada hilo. Nos sentimos honradas. Nos conmueve el trabajo cariñoso, delicado, las palabras bellas y fuertes de nuestras compañeras. Ellas son “como el agua del humedal, silentes, permanentes. Son limpias, bellas y sabias”. Recibimos este tesoro, le brindamos nuestra luz, nuestro cariño y reconocimiento. Nuestros apus las saludan, las festejan y les envían fortaleza. Llevaremos el poemario textil a localidades cercanas donde compartiremos sus palabras y denuncias, para que luego vuelva cargado de cariño y de sueños compartidos a su hogar en Angachilla. Nuestros territorios se unen. Misma humanidad, misma lucha.
¡Chaltumay! ¡Jallalla!

Actualmente, continuamos alarmadas ante la fragilidad de la cuenca. Parte de su equilibrio lo constituyen glaciares, humedales, vertientes, canales, flora, todo lo viviente gracias al flujo de agua dulce que corre de cordillera a mar. Estamos prontas a abrazarnos en una colaboración más reciente. Volvemos a unir nuestras agujas e hilos para fluir desde los humedales de Valdivia a las aguas del Elqui.

Conclusiones

El poemario Trai Trai Ko surge espontáneamente en un proceso de encuentros de organizaciones del norte y del sur, principalmente textileras y arpilleristas relacionadas con la defensa de los territorios. En este entramado de poesía-memorias-aguas-movimientos-vínculos y afectos, el texto poético deviene en textil. Trai Trai Ko puede ser comprendido como una respuesta a las restricciones y al miedo generalizado al contagio durante la pandemia, transformándose en una metáfora de libertad, de reencuentro de las voces y de las aguas que soñaron con volver a recorrer libremente el territorio.

Es así como supimos acompañarnos a pesar de la distancia física impuesta por la crisis sanitaria. Decidimos acuerparnos (“atelarnos”) a través de retazos de tela y trapos fijados en las imágenes y palabras del poemario textil. Este surgió como un ejercicio de escritura colectiva que, por medio de la escucha de los susurros del agua, de nosotras mismas, nos impulsó a levantar nuestras voces, convirtiéndolas en una sola. A través de sus páginas extendimos nuestras alas y emprendimos viajes más allá de lo permitido en tiempos de encierro, desafiando fronteras y controles. Nos abrazamos entre organizaciones hermanas, celebrando el encuentro, lloramos de alegría, recuperamos la vida. Habitamos la esperanza, transformándose el poemario en una extensión de nuestros cuerpos y manos.

Lo que comenzó como un diálogo silencioso, susurrado entre las aguas, con nosotras mismas, se fue abriendo camino, confluyendo, encontrándose con otros cursos/cuerpos que aún buscan correr libres de cordillera a mar. Fuimos capaces de crear una geografía propia, en donde se entremezclaron nuestros anhelos y nostalgias (de un Chile por nacer, sepultado por la pandemia). En medio del encierro, bordamos una nueva geografía en la que nuestras venas-ríos-aguas se imbricaron para reconfigurar fronteras y conformar un territorio de esperanza que nos arrullara en sus poesías y cantos. Nos aferramos al deseo de soñar alternativas/quimeras sostenidas con hilo y aguja, tejiendo una cartografía en la cual los Humedales de Ainileufu (Valdivia) se anudaron directamente con los ríos Turbio y Claro del Valle del Elqui, sin pasar por el centro-capital del país. Un espacio común de urdimbre y entramados (Gutiérrez, 2020), recreado desde los márgenes y sostenido colectivamente en la persistencia e insistencia del gesto textil y los afectos.

En este devenir, el poemario cobró vida propia, dejando huellas/trazos de su itinerancia en diferentes espacios y territorios, tejiendo complicidades más allá de lo imaginado. Pasó de mano en mano, se desplegó al viento, conversó con las aguas del río Elqui, viajando hasta su desembocadura en el mar. Fijó su propia trayectoria, hilvanando voluntades que quisieran acompañar cuidadosamente el movimiento de sus poéticas. Impulsó danzas y conversaciones, batió sus páginas con fuerza para que su voz fuera escuchada. Se convirtió en cursos de aguas en un ir y venir constante que lo llevó de sur a norte y de regreso nuevamente al sur.

Hoy, cuatro años después, las aguas siguen buscando su cauce/causa. El poemario Trai Trai Ko continúa entramándonos, pulsando diversas actividades que nos han llevado a colocar el agua-vida en el centro de nuestras propuestas. En este marco, en julio del año 2025 organizamos en conjunto (Asamblea Textil del Elqui y Agrupación Arpilleristas de Angachilla) un encuentro en la ciudad de Vicuña, que denominamos “Poéticas Textiles: Hagamos correr el agua”, donde nos propusimos entretejer ―a través de retazos e hilos― la poesía, la defensa hídrica y nuestras propias experiencias. Durante este encuentro, creamos una colcha del agua, que a través de la incorporación de las arpilleras/bordados elaborados se convirtió en un río vivo de mensajes, imágenes y metáforas. En su vocación de porfiada viajera, nuestra colcha viajará a distintos territorios, activando memorias y acciones en torno a la defensa y concientización sobre la relevancia de las aguas y el rol de las mujeres en las luchas socioambientales. A través de estas acciones buscamos fortalecer una red de mujeres textileras (RED AGUA VI-VA) que logre interconectar territorios, prácticas e imaginarios posibles a través de textiles y poesía encarnada en telas.

Bibliografía

Agudelo, A.; Jiménez, L.; Zapata, S.; Ospina, V. (2020). Colección Diálogo de experiencias vivas #1: Metodologías de sistematización de experiencias. Universidad Autónoma Latinoamericana; Universidad de Antioquia; Fundación Confiar. https://bibliotecadigital.udea.edu.co/handle/10495/22659.

Barros, M. J.; Rabanal, D. (2023). Descolonizar como poética: aguas libres en la literatura y las artes latinoamericanas recientes. Revista Mitologías Hoy, 28.

Barthes, R. (1973). El placer del texto (N. Rosa, trad.). Siglo XXI Editores.

Calixto-Rojas, A. (2022). Pulso autoetnográfico: La urgencia de un enfoque afectivo para la antropología social. En A. González Marín et al. (eds.), Etnografías afectivas y autoetnografía. Tejiendo nuestras historias desde el Sur. Investigación y diálogo para la autogestión social (1.ª ed., pp. 57-69). https://generoymetodologias.org/media/publicaciones/.

Catrileo, D. (2018). Río herido. Edicola Ediciones.

Catrileo, D. (2019). El nacimiento del río o poética del río: Iñche Daniela Catrileo Pingen. Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FF y H, 2(4), 1-9.

Catrileo, D. (2024). Sutura de las aguas: Un viaje especulativo sobre la impureza. Santiago de Chile: Kikuyo Editorial.

Edáfica – Ministerio del Medio Ambiente de Chile (2020). Inventario Nacional de Humedales. https://humedaleslosrios.cl/humedales/.

Escobar, A. (2014). Sentipensar con la tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia. Ediciones UNAULA.

Espacio en Construcción (2021, noviembre 4). Bordadoras de la Memoria: un documental sobre las Arpilleristas de Angachilla. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=UqY6K4y4xg0.

Fernández Camacho, M. (2021). Una metodología militante: “Parar para pensar”. LiminaR. Estudios Sociales y Humanísticos, 19(1), 17-29. https://doi.org/10.29043/liminar.v19i1.790.

Galarza, A.; Lamilla, B. (2023). Sobre la comunicación a distancia: Diseminaciones del archivo de arte correo. El taco en la brea, Revista del Centro de Investigaciones Teórico-Literarias, 10, 143-149. CEDINTEL-FHUC/UNL.

Gutiérrez, R. (2020). Producir lo común. Entramados comunitarios y formas de lo político. Re-visiones, 10, 202. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7742076.

Ibarra, M. I. (2023). Aproximaciones críticas, feministas y anti/pos/de/s/coloniales para entender el mundo. Encrucijada Americana, 15, 22-34. https://encrucijadaamericana.uahurtado.cl/index.php/ea/article/view/211.

Le Guin, U. K. (2022). La teoría de la bolsa de la ficción. Rara Avis.

Padín, C. (1988). El arte correo en Latinoamérica. Ponencia presentada en la XXXIV Reunión de PCCLAS, Universidad Autónoma de Baja California, Mexicali, México. https://www.merzmail.net/latino.htm.

Pérez-Bustos, T. (2024). Convocar lo plural, lo cuidadoso y lo efímero: preámbulos de una investigación. Revista Nómadas, 57(1), 1-15. https://doi.org/10.30578/nomadas.n57a9.

Risler, J.; Ares, P. (2013). Manual de mapeo colectivo: Recursos cartográficos críticos para procesos territoriales de creación colaborativa. Tinta Limón.

Rosa, M. L.; Novoa, S. (2017). Compartir el mundo: La experiencia de las mujeres y el arte. Metales Pesados.

Seoane, S. (2004, 18 de septiembre). Tomar la palabra: Apuntes sobre oralidad y lectura [Ponencia]. Postítulo de Literatura Infantil y Juvenil. CePA, Buenos Aires, Argentina.

Stengers, I. (2017). En tiempos de catástrofes: Cómo resistir a la barbarie que viene. Ned Ediciones.

Valentine, G. (2007). Theorizing and researching intersectionality: A challenge for feminist geography. The Professional Geographer, 59(1), 10-21. https://doi.org/10.1111/j.1467-9272.2007.00587.x.

Vicuña, C. (2010). kon kon. Mediometraje documental. Chile: dereojo comunicaciones.

Vicuña, C. (2023). Soñar el agua. Una retrospectiva del futuro (1964–) [Catálogo]. Museo Nacional de Bellas Artes.


  1. Se trata de una serie de obras de arte de la tierra y performances realizadas por Ana Mendieta entre 1973 y 1974, de las cuales revisamos algunas en el marco de las sesiones online que organizamos.


Deja un comentario