Desafíos y soluciones en el entorno doméstico
Cristián Expósito
Introducción
Recuerdo una vez que mi abuelo y yo estábamos trabajando juntos en el jardín de su casa cuando me solicitó que le pasara el martillo. Con prisa, fui a la caja de herramientas y le pasé lo primero que encontré, una llave francesa, pensando que sería suficiente para lo que necesitaba. Con una mirada desconcertada y pensando que yo había comprendido mal su solicitud, mi abuelo me repitió la orden en tono amable pero firme: “Pasame el martillo, no la francesa”. Me sentí turbado por el reclamo y le respondí con una excusa ingenua: “Con cualquier cosa se clava un clavo”. Pero él me respondió con esa sabiduría que solo se logra con la aspereza de los años: “Con cualquier cosa se clava ‘mal’ un clavo, para clavar bien un clavo existe el martillo”.
Esa lección quedó grabada en mi memoria como un recordatorio constante de la importancia de utilizar las herramientas adecuadas para hacer las cosas correctamente, tanto en el trabajo como en la vida. La moraleja de este sencillo debate está en el sentido ontológico que tienen las cosas y su relación con su existencia pragmática. Una escuela no es lo mismo que una casa, y para llevar adelante una buena educación de los chicos, existe la escuela; para tener una agradable vida familiar, existe el hogar.
Cuando la comodidad no es una opción
En 2020, la pandemia de covid-19 redefinió la manera en que llevábamos adelante nuestras actividades cotidianas, y el ámbito educativo fue testigo de transformaciones por demás significativas (Álvarez et al., 2020). Entre los aspectos menos explorados o analizados por la ciencia, pero de igual relevancia, se encuentra el entorno físico desde el cual los docentes realizaban sus labores pedagógicas.
Una de las tareas que llevamos a cabo con nuestro equipo de trabajo puso en evidencia que la mayoría de los docentes han tenido que adaptar sus hogares para poder realizar sus actividades académicas. ¿En qué sentido se produjo esa adaptación? Es importante señalar que una unidad habitacional generalmente no está diseñada para la enseñanza a distancia, lo que implica que los espacios carecen de insonoridad específica, ventilación e iluminación adecuadas, entre otros problemas. Estas características propias de los espacios del hogar brindan cierto confort para poder desempeñar la tarea pedagógica, ya que sin luz o sin conectividad a internet, la tarea de educar en la virtualidad es inviable (Expósito & Marsollier, 2021).
Durante la investigación, se tomaron en consideración nueve de estas características de confort:
1. Ventilación y circulación de aire
La ventilación es esencial para mantener la calidad del aire interior y evitar la acumulación de contaminantes. Una adecuada ventilación previene enfermedades respiratorias y proporciona un ambiente confortable para trabajar. En la enseñanza a distancia, asegura un entorno propicio para el trabajo pedagógico al mantener un aire fresco y libre de distracciones (Fuentes Freixanet & Rodríguez Viqueira, 2004).
2. Iluminación
La iluminación adecuada es necesaria para la enseñanza a distancia, dado que impacta directamente en el bienestar y productividad del docente. La luz natural es preferible, ya que reduce la fatiga visual y mejora la concentración. En su ausencia, se requiere iluminación artificial uniforme y brillante para evitar problemas visuales y mantener un ambiente cómodo. Esto favorece la atención y comunicación durante las clases virtuales (Ruiz Ayala, 2024).
3. Calefacción
La calefacción es vital en regiones con inviernos fríos para mantener un ambiente de trabajo cómodo. Durante la pandemia, una calefacción adecuada fue esencial para que los docentes pudieran realizar sus tareas educativas con concentración y productividad. Es fundamental elegir un sistema eficiente en términos de energía y costo, de modo que se asegure su buen funcionamiento para un entorno laboral saludable (Weiss, 2019).
4. Mobiliario
El mobiliario ergonómico es clave para el confort y salud física en el trabajo docente a distancia. Sillas con soporte lumbar y escritorios amplios favorecen una postura saludable y previenen dolores. Un escritorio bien organizado y una adecuada elección de materiales reducen el desorden y mejoran la eficiencia. Un entorno armonioso contribuye al bienestar emocional, lo que mejora el rendimiento y satisfacción laboral de los docentes (Morales & Gutiérrez Cruz, 2021).
5. Equipamiento
El equipamiento adecuado es esencial para los docentes que trabajan desde casa. Se requiere una computadora o portátil con acceso a internet para tareas y comunicación, junto con un sistema de conexión estable y rápida para las clases virtuales. Periféricos como dispositivos de audio y cámaras web mejoran la calidad de las clases, mientras que herramientas como agendas electrónicas y software de gestión optimizan la planificación y colaboración.
6. Conectividad
La conectividad en el hogar debe ser estable y rápida para que los docentes accedan a recursos en línea, se comuniquen con estudiantes y colegas, y participen en formación profesional. Una conexión confiable facilita la colaboración en proyectos y el acceso a comunidades de aprendizaje en línea. Es crucial asegurar una buena cobertura wifi en el área de trabajo para evitar interrupciones (Castillo Perez & Sánchez, 2021).
7. Aire acondicionado
El aire acondicionado es esencial en regiones con temperaturas extremas, ya que al regular la temperatura y controlar la humedad, crea un entorno de trabajo cómodo y productivo. Esto contribuye al bienestar del docente puesto que evita la fatiga y mejora la concentración, lo cual incrementa la efectividad en sus tareas educativas (Campos et al., 2017).
8. Insonoridad
La insonoridad es importante para reducir la transmisión de ruidos no deseados y crear un ambiente de trabajo tranquilo y libre de distracciones. Un buen aislamiento acústico permite al docente concentrarse sin interrupciones y evita que el ruido de las clases en línea perturbe a otros miembros del hogar. Mejora tanto la concentración del docente como el bienestar de quienes comparten el espacio (Castro Pérez et al., 2015).
9. Aislamiento de otras personas de la casa
El aislamiento de otras personas en el hogar es muy relevante para que el docente trabaje con privacidad y concentración, sin interrupciones. Asignar un área específica como espacio de trabajo y establecer reglas claras para minimizar las interrupciones ayuda a mantener un ambiente profesional y respetuoso durante las horas laborales (Expósito & Marsollier, 2021).
En consideración a todas estas variables de confort, se les solicitó a los docentes que puntuaran su espacio de trabajo y el resultado obtenido fue el siguiente:
Figura 11. Puntaje asignado a cada elemento de confort
del espacio físico de trabajo

Nota: rango de puntaje de 1 a 10.
Fuente: encuesta “Educación en tiempos de pandemia”, 2020.
Los resultados de la figura 11 presentan las puntuaciones promedio para diferentes aspectos del espacio de trabajo doméstico durante la pandemia de covid-19. Cada ítem evalúa una característica clave para asegurar un entorno laboral cómodo y funcional para los docentes que trabajan desde casa.
En general, los docentes disfrutaron de una buena ventilación, lo que indica que la mayoría de los espacios de trabajo en el hogar contaban con adecuada circulación de aire, lo cual contribuye a un ambiente saludable. También se observó una buena iluminación, gracias a ello se reduce la fatiga visual. Sin embargo, el aire acondicionado fue el factor de confort más comprometido, lo que sugiere que este tipo de climatización era menos común o menos satisfactorio en los espacios de trabajo domésticos. La insonoridad también mostró puntuaciones bajas. Esto indica que muchos espacios de trabajo estaban expuestos a ruidos externos, lo que podría afectar la concentración y el rendimiento. Además, el aislamiento de otras personas en el hogar obtuvo puntuaciones bajas, aspecto que revela que muchos espacios no estaban adecuadamente separados, de modo que resultaban afectadas la privacidad y la concentración. Los demás aspectos del confort presentaron valores medios; ello sugiere que los docentes tenían acceso a los muebles y herramientas necesarios para trabajar de manera efectiva.
La búsqueda del espacio perfecto
La adaptación del espacio para mejorar la eficiencia laboral implica reorganizar el entorno físico para aumentar la productividad y el rendimiento. Esto incluye ajustes en la disposición del mobiliario, optimización de la iluminación, incorporación de tecnología adecuada y creación de un ambiente propicio para la concentración y el trabajo efectivo.
Esta adaptación considera dos variables principales: el espacio físico y el ritmo familiar. Por ejemplo, un docente que trabaja desde un área de servicio, como una lavandería, puede carecer de comodidades básicas como calefacción, ventilación o iluminación adecuadas. Además, es necesario ajustar el uso del espacio según el ritmo familiar para evitar actividades disruptivas, como encender la lavadora durante las horas de clase. A continuación, se analizarán los diferentes espacios del hogar utilizados por los docentes para sus clases virtuales.
El estudio
La elección del espacio físico es importante, ya que impacta directamente en la eficacia, el bienestar del docente y la calidad de su trabajo. En nuestra investigación, el espacio denominado “estudio” destaca como uno de los ambientes más adecuados para el trabajo pedagógico, mostrando altos puntajes en confort (cf. figura 11), este incluye ventilación, iluminación, equipamiento específico, insonoridad y aislamiento del resto de la casa. Sin embargo, este espacio también enfrenta desafíos en términos de climatización, se subraya la importancia de considerar aspectos prácticos como la ventilación y la iluminación. Además, se considera un lujo para el hogar poseer un espacio exclusivo para realizar una tarea lucrativa, cuando prácticamente no se estilaba trabajar desde casa antes de la pandemia (cf. figura 12).
Figura 12. Puntaje asignado a cada espacio físico del hogar
según el nivel de confort

Nota: rango de puntaje de 1 a 5.
Fuente: encuesta “Educación en tiempos de pandemia”, 2020.
El estar
Desde una perspectiva similar, el “estar” se define como un espacio destinado al ocio, la relajación y la interacción social en el hogar. Situado centralmente, está diseñado para ser cómodo y acogedor, permitiendo actividades como conversar, ver televisión o descansar. A menudo se integra con la cocina o el comedor para crear un ambiente fluido. Aunque el “estar” presenta altas calificaciones en ventilación, iluminación, calefacción, mobiliario, equipamiento, conectividad y aire acondicionado, su puntuación en insonoridad y aislamiento es baja, lo que sugiere que no ofrece la privacidad ni evita las distracciones auditivas de manera óptima (cf. figura 12).
El comedor
El comedor es un espacio diseñado para comer y socializar, suele estar equipado con mesa, sillas y mobiliario para almacenamiento de utensilios y vajilla. Durante la pandemia de covid-19, muchos docentes adaptaron este espacio para usarlo como oficina y dar clases virtuales (cf. figura 11). Sin embargo, muestra puntuaciones por debajo del promedio en aspectos de confort como iluminación y calefacción, y enfrenta problemas de aislamiento debido a la presencia de otras personas durante las clases (cf. figura 12). Estas deficiencias afectan tanto la concentración del docente como la calidad de la experiencia educativa para los estudiantes.
Otros espacios
La categoría “otros espacios” abarca áreas como pasillos, garajes, sótanos, lavanderías, quinchos y otros rincones del hogar que los encuestados utilizaron como lugares de trabajo durante la pandemia (cf. figura 11). Estos espacios varían ampliamente en diseño y función, con puntuaciones moderadas en aspectos como ventilación y conectividad, pero bajas en confort térmico y acústico, así como en aislamiento. Esto sugiere que, aunque pueden ser funcionales para ciertas tareas laborales, a menudo enfrentan desafíos en términos de comodidad y privacidad (cf. figura 12).
La cocina
Durante la pandemia, muchos adaptaron sus cocinas para utilizarlas como espacios de trabajo, para realizar tareas pedagógicas, impartir clases virtuales y preparar material educativo (cf. figura 11). En general, la cocina ofrece un nivel moderado de comodidad y funcionalidad para estas actividades, con buenos puntajes en ventilación, iluminación y conectividad. Sin embargo, presenta deficiencias en mobiliario, climatización, insonoridad y aislamiento, lo que puede afectar la comodidad y la privacidad (cf. figura 12). Estos factores indican que la cocina puede no ser ideal para jornadas laborales prolongadas, dado que impacta negativamente en el bienestar y la productividad del docente.
El dormitorio
El “dormitorio” es el espacio destinado al descanso y al sueño. Durante la pandemia, algunos docentes lo adaptaron como área de trabajo para tareas pedagógicas (cf. figura 11). Los resultados muestran que el dormitorio es el menos adecuado para esta función, con puntajes bajos en iluminación, climatización, mobiliario, insonoridad y aislamiento, lo que sugiere importantes desafíos en términos de confort y funcionalidad (cf. figura 12). No obstante, la ventilación y la conectividad presentan puntajes moderados, lo cual indica que estos aspectos pueden ser menos problemáticos en comparación con otros espacios de la casa.
El mejor lugar para dictar clases desde casa: la utopía
Luego de un detallado análisis del confort y de los espacios que cada docente utilizó durante la pandemia para llevar a cabo su labor pedagógica, hemos unificado las variables para evaluar cuál es el mejor lugar de la casa para impartir clases. La figura 13 muestra la puntuación obtenida por cada espacio de la casa en términos de confort.
Figura 13. Características de confort de cada espacio de la casa

Fuente: encuesta “Educación en tiempos de pandemia”, 2020.
Los resultados indican que el “estudio” (línea 4) es el espacio más adecuado para la enseñanza desde casa, destaca por su buen equipamiento, mobiliario y conectividad. Aunque presenta problemas con la climatización, especialmente con el aire acondicionado, estos se ven compensados por una ventilación adecuada. El “estar” (línea 5) también se muestra como una opción viable, aunque presenta debilidades en insonoridad y aislamiento.
En contraste, el comedor (línea 2) exhibió puntajes medios en la mayoría de los indicadores, siendo el aislamiento su punto más bajo debido a que suele ser compartido con otras personas durante las actividades docentes. La “cocina” (línea 3) presenta deficiencias en insonoridad y aislamiento, mientras que el “dormitorio” (línea 1) recibe las calificaciones más bajas debido a problemas con el mobiliario, la climatización y la insonoridad, a pesar de ofrecer mayor privacidad.
Estos hallazgos sugieren que el “estudio” y el “estar” son los espacios más adecuados para la enseñanza a distancia. El “comedor” y otros espacios son aceptables, pero no son óptimos. la “cocina” y el “dormitorio” presentan problemas significativos que afectan a muchos docentes. El aislamiento emerge como una variable relevante, ya que los espacios exclusivos como el dormitorio no están bien equipados para actividades virtuales, mientras que los entornos más adecuados carecen de la privacidad necesaria. Esto subraya la importancia de contar con un entorno que equilibre comodidad y privacidad para la enseñanza a distancia.
El lugar donde la mayoría de los docentes dictó clases: la realidad
El desafío de adaptar los espacios del hogar para la enseñanza durante la pandemia ha sido una realidad para muchos docentes. En este contexto, tanto el “estudio” como el “estar” emergieron como los lugares más propicios para llevar a cabo la tarea pedagógica a distancia. Sin embargo, esta opción no estuvo disponible para todos los profesores, lo que revela una brecha entre la idealización y la realidad.
Figura 14. Características de confort de cada espacio de la casa

Fuente: encuesta “Educación en tiempos de pandemia”, 2020.
El gráfico de torta (cf. figura 14) ilustra la distribución de los docentes según el espacio físico utilizado para llevar a cabo sus tareas. Sorprendentemente, más del 50 % de ellos convirtieron su “comedor” en un improvisado salón de clases. ¿La razón? La amplitud del lugar y la presencia de una mesa grande, elementos clave que facilitaron la organización y realización de tareas académicas en este desafiante periodo de educación a distancia.
Solo una décima parte de los profesores elige su “estudio” (11,58 %) como su espacio laboral, seguido de cerca por el “dormitorio” y el “estar” (ambos con un 10,17 % de preferencia).
El “estudio”, aunque menos frecuente que el “comedor”, proporciona un ambiente tranquilo y dedicado exclusivamente al trabajo. Este lugar de la casa es específico y puede contribuir significativamente a la concentración y productividad, brindando un refugio de calma en medio del ajetreo cotidiano del hogar.
Es interesante notar que una proporción significativa de profesores (10,17 %) recurre al “dormitorio” como su lugar de trabajo. Esta elección sugiere que algunos docentes han adaptado su espacio de descanso para llevar a cabo sus labores profesionales, posiblemente debido a la falta de alternativas en otras áreas de la casa.
Similarmente, un porcentaje de docentes (10,17 %) utiliza el “estar” como su espacio de trabajo. Esto resulta de la necesidad de tener un espacio aislado de la casa que evite la interacción con otros miembros del hogar mientras se desempeña en el trabajo.
Quiero hacer un paréntesis para resaltar la diferencia entre el “estudio” y el “dormitorio”. Ambos representan dos extremos opuestos en términos de confortabilidad como espacios de trabajo, según los datos que hemos examinado en esta investigación. Sin embargo, en la gráfica (cf. figura 13) podemos observar que ambos espacios confluyen en el aislamiento del resto de los miembros del hogar. En este punto, los dos presentan niveles muy elevados, razón por la cual el docente que trabaja desde su “dormitorio” sacrificó todo el confort que disponía en otros espacios. Este escenario también evidencia la diversidad de situaciones socioeconómicas que tuvieron que enfrentar los docentes en su entorno laboral hogareño durante la pandemia, lo cual resalta la importancia de contar con espacios adecuados y cómodos para garantizar la eficacia y el bienestar en el trabajo remoto.
Si avanzamos con el análisis, no podemos pasar por alto la elección de la “cocina” como espacio de trabajo. Aunque menos frecuente en comparación con otros lugares, un porcentaje notable de docentes (7,98 %) opta por utilizar este espacio. Este descubrimiento, aunque menos común, sigue siendo relevante, posiblemente influenciado por la presencia de una mesa o encimera adecuada para llevar a cabo las tareas laborales.
Para completar nuestro análisis, debemos examinar la categoría que hemos denominado “otros espacios”. Este grupo representa el menor porcentaje de docentes (4,12 %) y se distingue por su diversidad de ubicaciones. Desde un encantador quincho cerrado o una dependencia de servicio a una lavandería (como comentábamos más arriba) o una sala donde se guardan los trastos. Este abanico de espacios muestra una amplia gama de opciones utilizadas por los docentes para llevar a cabo sus tareas durante la pandemia.
La distribución de los docentes según el espacio físico laboral refleja la diversidad de situaciones y recursos disponibles en los hogares durante el confinamiento. Mientras que algunos tienen la suerte de contar con un estudio bien provisto, otros se ven obligados a utilizar áreas multifuncionales, como el “comedor”, la “cocina” o la “lavandería”. Esta variabilidad en los espacios de trabajo impactó en la comodidad, la productividad y el bienestar de los docentes, lo cual destaca la importancia de adaptar los entornos domésticos para satisfacer las demandas laborales en tiempos difíciles.
Conclusión
Tanto el arquitecto, el ingeniero civil, el contador, el escribano o el abogado sueñan con tener un estudio propio para desempeñar su tarea profesional; sin embargo, este anhelo no está presente en los estudiantes de profesorado. La anécdota del abuelo y el martillo resuena con fuerza al analizar la adaptación de los espacios en el hogar para la enseñanza durante la pandemia. Si bien antes de la coyuntura actual, el docente no pensaba en tener a disposición un estudio propio, similar al martillo con su función específica, la realidad lo obligó a improvisar con herramientas no diseñadas para el fin deseado, como la llave francesa para clavar el clavo.
La pandemia puso en evidencia que el hogar no era solo un espacio para la vida familiar, sino que, en tiempos excepcionales, también puede convertirse en un aula de trabajo a distancia. Sin embargo, así como la llave francesa no reemplaza al martillo, el hogar no siempre está preparado para satisfacer las demandas de la escuela. Además, la situación de pandemia evidenció la importancia de disponer de un entorno privado y adecuado para llevar a cabo la enseñanza a distancia.
Cabe destacar que desde hace décadas la tarea docente, por su propia naturaleza, se extiende más allá de las aulas. La preparación de clases, la corrección de trabajos y la atención a estudiantes de manera particular, entre otras responsabilidades, se venían desarrollando en el hogar. La pandemia evidenció la complejidad de adaptar estos espacios domésticos para la enseñanza a distancia, y puso de relieve la importancia de encontrar un equilibrio entre comodidad, funcionalidad y bienestar en el entorno laboral doméstico.
Diversidad de realidades, desafíos comunes
Este capítulo ha ofrecido una mirada profunda a la adaptación de los espacios en el hogar y las propias condiciones laborales de los docentes durante la pandemia. Desde la búsqueda del lugar ideal hasta las realidades de las decisiones tomadas por los docentes, se observa una compleja interacción entre las necesidades de confort, funcionalidad y privacidad en este nuevo entorno laboral.
Si bien el estudio y el estar se perfilaron como los espacios más idóneos, la mayoría de los docentes se vieron obligados a utilizar áreas multifuncionales, como el comedor, la cocina o incluso rincones improvisados. Esta diversidad de situaciones refleja las diferentes realidades socioeconómicas y las limitaciones de espacio en los hogares, lo que impactó en la comodidad, la productividad y el bienestar de los docentes durante este período desafiante.
Repensar el espacio de trabajo pedagógico desde el hogar
La pandemia ha servido como catalizador para repensar el espacio de trabajo docente en el hogar. Más allá de la coyuntura de la crisis pasada, es fundamental considerar la necesidad de contar con un espacio adecuado para el desarrollo de la labor docente, incluso en tiempos de normalidad.
Este espacio debe reunir características que promuevan el confort físico, la privacidad y la funcionalidad. La ergonomía, la iluminación, la organización y la dotación de recursos tecnológicos son aspectos clave a considerar en el diseño de este espacio.
En definitiva, la adaptación de los entornos domésticos para satisfacer las demandas laborales en tiempos difíciles ha puesto de manifiesto la importancia de repensar el diseño de los espacios de trabajo en el hogar, no solo para los docentes, sino para cualquier profesional que desarrolle su actividad en este ámbito. Un enfoque integral que considere el confort físico, la privacidad y la funcionalidad permitirá crear entornos que propicien la productividad, el bienestar y el desarrollo profesional óptimo. El martillo, la herramienta adecuada para la tarea específica, es una metáfora del espacio de trabajo bien diseñado, que brinda al docente las condiciones necesarias para desempeñar su labor con excelencia.
Referencias bibliográficas
Álvarez, M.; Gardyn, N.; Iardelevsky, A. & Robello, G. (2020). Segregación educativa en tiempos de pandemia: Balance de las acciones iniciales durante el aislamiento social por el Covid-19 en Argentina. Revista Internacional de Educación para la Justicia Social, 9 (3), 25-43. https://doi.org/10.15366/riejs2020.9.3.002.
Campos, A. M.; Michel, B. V. & Mendoza, C. R. (2017). Condiciones de la infraestructura física educativa de las escuelas primarias multigrado federalizadas del estado de Chihuahua. RECIE. Revista Electrónica Científica de Investigación Educativa, 3 (2), 1003-1011. https://doi.org/10.33010/RECIE.V3I2.1887.
Castillo Perez, V. M. & Sánchez, G. B. (2021). De aliados a corresponsables: Una experiencia de gestión escolar con los padres de familia. En Retos de la educación en tiempos de pandemia: Integración de experiencias, reflexiones y desafíos (p. 287). REDEM. https://editorial.redem.org/wp-content/uploads/2021/05/978-612-48041-3-7.pdf#page=49.
Castro Pérez, M.; Morales Ramírez, M. E.; Castro Pérez, M. & Morales Ramírez, M. E. (2015). Los ambientes de aula que promueven el aprendizaje, desde la perspectiva de los niños y niñas escolares. Revista Electrónica Educare, 19 (3), 132-163. https://doi.org/10.15359/REE.19-3.11.
Expósito, C. & Marsollier, R. (2021). El impacto del Aislamiento Social por COVID-19 en docentes. Una aproximación a sus condicionantes familiares, económicos y laborales. Revista Pilquen. Sección Ciencias Sociales, 24 (1), 1-17. https://tinyurl.com/nxa45fs9.
Fuentes Freixanet, V. A. & Rodríguez Viqueira, M. (2004). Ventilación natural: cálculos básicos para arquitectura. Universidad Autónoma Metropolitana. https://doi.org/10.16/CSS/JQUERY.DATATABLES.MIN.CSS.
Morales, D. R. & Gutiérrez Cruz, M. (2021). Educación virtual en pandemia: Conectividad y adaptación de estudiantes universitarios de Perú. En Retos de la educación en tiempos de pandemia: Integración de experiencias, reflexiones y desafíos (p. 287). REDEM. https://tinyurl.com/kk8pvw6n.
Ruiz Ayala, J. (2024). La importancia de la iluminación en la educación superior. Know And Share Psychology, 5 (1), 7-20. https://doi.org/10.25115/KASP.V5I1.9384.
Weiss, A. (2019). Infraestructura educativa y su incidencia en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Revista Paraguaya de Educación, 8 (1), 75-88. https://tinyurl.com/23prj7jy.






