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5 Cuando la llama se apaga

El impacto del burnout en la salud docente

Roxana Marsollier

Introducción

Como docentes, hemos experimentado alguna vez ese agotamiento que nos invade al finalizar una jornada laboral exigente. Momentos de cansancio e incluso de desilusión que, sin embargo, se disipan con el descanso y la recarga de energía.

Pero ¿qué sucede cuando estas sensaciones se prolongan en el tiempo y se intensifican? Cuando la pasión por enseñar se transforma en una carga pesada, la conexión con los alumnos y colegas se desvanece, la irritabilidad se apodera ante cualquier pequeño inconveniente y las noches se convierten en una batalla contra el insomnio, es posible que estemos frente a un problema más profundo: el síndrome de burnout o del trabajador quemado.

Esta historia la padecen miles de docentes en todo el mundo, el desgaste laboral es un enemigo silencioso que afecta la salud física, mental y emocional de las personas en relación con su trabajo.

Además, el impacto del burnout se extiende a la calidad de la educación. Los docentes agotados y desmotivados pueden tener dificultades para preparar sus clases, gestionar el aula y mantener una relación positiva con sus estudiantes. Esto, a su vez, afecta el rendimiento y el bienestar de los alumnos, lo que crea un ciclo negativo que es difícil de romper.

Nos comenta una docente de nivel secundario sobre su experiencia de enseñanza durante la pandemia:

Me sentía como si estuviera en una carrera sin fin, daba todo de mí y aun así no alcanzaba, a duras penas lograba cumplir con mi tarea durante la pandemia. El cambio fue duro para los que somos docentes. Sentía mi mente agotada todo el tiempo. La cabeza me iba a estallar, pero no podía detenerme, el trabajo me pasaba por encima. Quería estar sola y salir, para tener tiempo para despejarme, pero no se podía. Todo el tiempo tenía la sensación de que había perdido el control y de que por más que me esforzara, hiciera lo que hiciera, no alcanzaba… Me sentía harta, ya no quería más.

¿Qué es el síndrome de burnout?

El concepto de burnout proviene del inglés “burn-out”, que significa consumirse, apagarse como una llama que se extingue o un leño que se quema. En el ámbito hispanoamericano, se le conoce como síndrome de quemarse por el trabajo.

Muchos lo confunden con el estrés, piensan que es lo mismo, pero con otro nombre, sin embargo, son problemáticas totalmente diferentes. Mientras que el estrés es una respuesta de la persona frente a los desafíos de la vida en todas sus dimensiones, el burnout es una problemática más compleja y es exclusiva del entorno laboral. Por otra parte, quienes desarrollan burnout presentan un estado de agotamiento emocional, físico y mental que se produce como consecuencia de un estrés laboral prolongado en el tiempo (Zabala, 2008). En este sentido, el burnout tiene un impacto negativo en la salud y calidad de vida de la persona y es un proceso de malestar docente mucho más difícil de revertir que el estrés.

Un poco de historia sobre el burnout

El síndrome de burnout fue identificado por Freudenberger (1974), un psiquiatra neoyorquino, que acuñó este término para caracterizar la pérdida de motivación, apatía y frustración provocadas por el trabajo.

Desde mediados de la década de 1970 comenzó a investigarse, especialmente porque se consideraba una enfermedad asociada a las profesiones de ayuda, es decir, aquellas que implican contacto directo con personas, tales como enfermeras, médicos o docentes. Estas profesiones tienen en común que generan una intensa carga emocional, generalmente acompañada de una alta exigencia interpersonal, falta de reconocimiento y apoyo, así como la responsabilidad por el progreso académico y emocional de los estudiantes. Esta combinación de factores puede generar un agotamiento tanto físico como emocional, lo que hace a los docentes especialmente vulnerables al síndrome de desgaste profesional (Salanova y Llorens Gumbau, 2008).

Actualmente, a 50 años de investigación, el síndrome de burnout se ha extendido a prácticamente todos los campos laborales en los distintos rincones del mundo, de modo que se lo considera una problemática transcultural (Gil-Monte, 2007).

El burnout es un problema grave que marca un desequilibrio entre la persona y su entorno laboral y que puede tener un impacto significativo en la vida de los trabajadores, afectando su salud física y mental, sus relaciones personales y su desempeño laboral. Maslach y Jackson (1981) definieron el burnout como un síndrome caracterizado por altos niveles de agotamiento emocional y despersonalización, junto con una reducción de la sensación de realización personal.

El síndrome de burnout no es un evento repentino que surge de la noche a la mañana. Por el contrario, se trata de un proceso gradual y silencioso que, como una lenta erosión, va debilitando las reservas físicas y psíquicas del trabajador. Es un proceso que se desarrolla a lo largo del tiempo, acumulando los efectos del estrés crónico y la exposición prolongada a condiciones laborales adversas. Una analogía podría ser un tronco de madera colocado en el fuego, que al principio enciende con fuerza, liberando luz y calor, pero que, sin embargo, si no es cuidado, comienza a carbonizarse para convertirse finalmente en cenizas. De la misma manera, si un trabajador se expone a un estrés crónico y a condiciones laborales desfavorables durante un período prolongado, comenzará a experimentar síntomas de desgaste.

Investigación sobre burnout docente durante la pandemia y sus posibles causas

En la actividad laboral, pueden surgir ciertos riesgos que promueven el desarrollo del estrés, ocasionados por el deterioro o disfunción en las características de la tarea, del empleo y la carga laboral (Gil Monte, 2012). Estos potenciales riesgos adquirieron connotaciones diferentes a causa de la pandemia. Así, el entorno del trabajo y la sobrecarga laboral, el uso de nuevas tecnologías, la incertidumbre por la duración y consecuencias de la pandemia, la gestión de la institución educativa y las relaciones con el entorno del alumno se convirtieron en estresores que dieron origen al burnout (Santa Cruz Espinoza et al., 2022)

A continuación, compartimos algunos resultados de un estudio que investigó los niveles de desgaste entre los docentes debido a la crisis, en el cual participaron 421 educadores de diversos niveles educativos de la provincia de Mendoza.

Los principales estresores durante la pandemia

A partir de las experiencias relatadas por los docentes participantes del estudio, pudimos identificar algunos desafíos a los que debieron enfrentarse durante la pandemia: desafíos tecnológicos, pedagógicos y comunicacionales, así como dificultades para conciliar la vida laboral y familiar (Marsollier, Expósito, Márquez Terraza & Azpilcueta, 2024). Podemos identificar así distintos estresores que emergieron ante la situación de confinamiento y pandemia, entre los que se destacan los siguientes:

Tecnoestrés: a muchos sorprendió la necesidad de tener que mediar sus clases con el uso de la tecnología. En numerosos casos, esto generó tecnoestrés, debido a la falta de competencias para su uso o, por el contrario, ante la necesidad de hacer de la tecnología un uso excesivo o compulsivo. El tecnoestrés incrementa la ansiedad, la fatiga mental, el escepticismo, la creencia de ineficacia (Ventura, Salanova y Llorens, 2015).

Teletrabajo y carga laboral: se intensificó la carga de trabajo para los docentes, y se detecta además una mayor dificultad en muchos casos al incorporar las nuevas tecnologías, al tener que afrontar solos la situación de cambio, con sus propios recursos, capacidades y limitaciones. Los horarios se desdibujaron, ya que más allá de aquellos establecidos para las clases, el tiempo que demandó la adaptación al sistema virtual de enseñanza y del material multiplicó el tiempo dedicado a la preparación de las clases. Por otra parte, la flexibilidad en las comunicaciones hizo que en muchos casos los docentes recibieran mensajes de estudiantes o de las familias en cualquier momento del día.

Desafíos comunicacionales: junto con los cambios en educación virtual y enseñanza a distancia, se cambiaron los medios y los códigos comunicacionales. Durante la pandemia, los medios digitales se volvieron indispensables y tiñeron la forma de comunicación. Así, las plataformas, las redes sociales y la mensajería instantánea, también las formas de comunicación asincrónica, tales como el correo electrónico o los foros, se volvieron indispensables. Surgieron, además, nuevos medios de comunicación tales como los webinars, los eventos virtuales, las plataformas de streaming.

Aislamiento social y profesional: esto impactó en las formas en que se configuraron las relaciones interpersonales, en algunos casos de manera positiva, dado que aumentó la cohesión de los grupos debido a la flexibilidad ante las nuevas formas comunicacionales. Sin embargo, esto en numerosas ocasiones tuvo un impacto negativo, debido al aislamiento y las medidas de confinamiento que limitaron la interacción social y generaron dificultades en la comunicación a nivel jerárquico y en cuanto a la colaboración y contención entre colegas. Ello intensificó la sensación de soledad y aislamiento.

Falta de conciliación trabajo-familia: durante la pandemia, al tener el trabajo en casa se hizo difícil mantener conciliadas la vida familiar y la vida laboral. Las tensiones y desacuerdos en el entorno familiar pueden aumentar el nivel de estrés y ansiedad, de ese modo se exacerba el agotamiento emocional y mental. Además, las emociones negativas, como la frustración, la tristeza y la ira, alimentan el ciclo de desgaste psíquico, y así afectan la capacidad de las personas para manejar eficazmente sus responsabilidades laborales y personales (Oros et al., 2020).

Los niveles de desgaste laboral docente durante la pandemia

La pandemia por covid-19 exacerbó las condiciones laborales preexistentes (bajos sueldos, falta de recursos, etc.) e introdujo nuevos estresores que incrementaron significativamente los niveles de burnout, tal como describimos en el apartado anterior.

Para medir los niveles de desgaste laboral, utilizamos el “Cuestionario para la evaluación del síndrome de quemarse por el trabajo” (CESQT) de Gil Monte (2011). Este test permite medir cuatro aspectos que identifican a quienes están desgastados por su trabajo, a saber:

  1. La pérdida de ilusión por el trabajo: se define como la ausencia de deseo en el individuo para alcanzar las metas laborales, ya que no las percibe como una fuente de satisfacción personal. El individuo no encuentra su trabajo atractivo y no siente que alcanzar las metas profesionales le brinde una sensación de realización personal, lo que también implica una baja percepción de autoeficacia profesional.
  2. Desgaste psíquico: se refiere al agotamiento emocional y físico que experimenta una persona cuando su trabajo implica interactuar diariamente con individuos que no aprecian el esfuerzo invertido en las tareas y que, además, generan conflictos y dificultades constantes. Este tipo de desgaste se agrava por la falta de reconocimiento y la presencia continua de situaciones problemáticas, lo que puede llevar a una disminución significativa del bienestar y la motivación del trabajador.
  3. La indolencia: se define por la presencia de actitudes o comportamientos negativos en relación con los destinatarios de su tarea (alumnos, padres, etc.), a modo de una respuesta cínica, fría, distante ante una realidad que se convierte en fuente de estrés.
  4. El sentimiento de culpa: cuando las actitudes negativas hacia los demás, el desgaste psíquico y la falta de ilusión por el trabajo se combinan surge el burnout. Sin embargo, a veces está acompañado por un sentimiento de culpa, que lleva el desgaste a un estado crítico. La culpa tiene un efecto destructivo y provoca un deterioro gradual de la autoestima. Sin embargo, no todas las personas con burnout desarrollan culpa; es más frecuente en aquellas con una estructura axiológica centrada en valores morales y sociales.

Los resultados ponen en evidencia que la mayoría de los docentes (67,99 %) presentan niveles medios y altos de burnout. El 10.16 % restante representa a quienes se encuentran en un estado crítico de burnout, del cual el 2 % corresponde, además, a altos niveles de desgaste y niveles críticos de culpa, lo que agrava aún más el cuadro (cf. figura 15).

Figura 15. Niveles de burnout en docentes según el CESQT

Fuente: elaboración propia.

En cuanto a la relación entre los niveles de burnout y las variables sociodemográficas, un hallazgo significativo indica que las mujeres presentaron mayor prevalencia de la dimensión “desgaste psíquico”. Esto sugiere que las docentes de género femenino experimentaron durante el confinamiento niveles más altos de desgaste emocional y mental. Este fenómeno puede deberse a diversos factores, como la doble carga laboral (trabajo y responsabilidades domésticas, cuidado de los hijos, etc.), expectativas sociales y laborales más altas y diferencias en la percepción y manejo del estrés.

Por otra parte, el desgaste psíquico mostró una relación significativa con los conflictos en la convivencia familiar y con la presencia de emociones negativas.

Estrategias para prevenir el burnout en docentes

En todos los ambientes de trabajo existen distintos aspectos físicos, psicológicos, organizacionales o sociales del trabajo que llevan a los empleados a sentirse sobreexigidos y que actúan como estresores (Baker y Demerouti, 2013). Así, las condiciones laborales preexistentes, caracterizadas por la precariedad salarial, la sobrecarga de trabajo y la falta de apoyo institucional, son demandas contextuales que crearon un terreno fértil para el desarrollo del síndrome de burnout entre los docentes. A su vez, la pandemia por covid-19 actuó como un amplificador de estos factores de estrés, intensificó el malestar docente y favoreció el desarrollo de síntomas de burnout.

Por otra parte, frente al regreso a la presencialidad, la mayoría de los docentes se encontró con numerosas falencias preexistentes de su contexto laboral. Es fundamental tomar medidas urgentes para abordar las condiciones laborales estructurales que afectan a los docentes y brindarles el apoyo necesario para enfrentar los desafíos actuales y futuros. Sin embargo, se evidenció la falta de apoyo en términos de recursos, formación y propuestas para garantizar la inclusión y la igualdad. Esto destaca la necesidad urgente de políticas educativas integrales que fortalezcan las instituciones educativas, desde un enfoque global que promueva el desarrollo sostenible de la educación en todas sus facetas.

Pero ¿qué se puede hacer para prevenir el burnout en los docentes?

Diariamente, los docentes se ven expuestos a estresores que exceden su buena voluntad y predisposición. Las condiciones laborales que enfrentan los docentes, caracterizadas por sueldos precarios, sobrecarga de trabajo, falta de recursos y apoyo institucional, han sido documentadas ampliamente en distintas investigaciones y representan una fuente constante de estrés y agotamiento.

En este sentido, es relevante comprender que el burnout es una consecuencia de dichas condiciones laborales y organizacionales que rodean a los docentes, las que, en muchos casos, exceden los recursos personales y emocionales que las personas poseen para afrontar esas demandas.

No obstante, planteamos algunas estrategias preventivas que se podrían implementar para atenuar el estrés y evitar un mayor desgaste.

A nivel individual

Establecer límites claros entre la vida laboral y personal. Muchos de los estresores surgen por no mantener espacios y tiempos diferenciados entre familia y trabajo. Esto se vio potenciado durante la pandemia al tener el trabajo en casa. Establecer límites al respecto implica definir momentos específicos para dedicarse al trabajo y otros momentos para desconectar y dedicarse al cuidado personal y a las relaciones familiares. Por ejemplo, no realizar tareas laborales durante el fin de semana ni pensar obsesivamente en ellas supone no revisar el correo electrónico o las redes sociales relacionadas con el trabajo fuera del horario laboral. La calidad de vida laboral está en gran medida influenciada por la calidad de vida personal; la conciliación es la principal fuente para recuperarse del estrés laboral (Maslach, 2009).

Buscar apoyo. También es importante la contención emocional por parte de amigos y familiares. Encontrar un espacio seguro donde expresar preocupaciones y emociones puede ayudarnos a canalizar estrés y afrontar los problemas de manera más efectiva. Compartir lo que nos pasa no solo nos brinda consuelo en momentos difíciles, sino que también puede ser una fuente valiosa de ideas y recursos para afrontar los desafíos profesionales. De igual manera, podemos convertirnos en personas de confianza de alguien más.

Cuidar la salud física y mental. Es importante tener hábitos saludables de alimentación, ejercicio y relajación. Además, aprender a identificar los elementos que generan estrés y poder trabajar sobre ellos. En este sentido, pedir ayuda a tiempo es fundamental.

A nivel institucional

Es de vital importancia generar un clima institucional emocionalmente saludable, a fin de brindar un ambiente de trabajo positivo y solidario donde los docentes se sientan apoyados por sus colegas y directores.

Un aspecto importante a considerar por las instituciones es ofrecer capacitación a sus docentes sobre el manejo del estrés y el desarrollo de estrategias de afrontamiento efectivas frente a situaciones difíciles.

A nivel político-legal

En 2019, la OMS incorporó el burnout en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) bajo el código QD85, reconociéndolo como un fenómeno de desgaste ocupacional. Esta clasificación entró en vigor a nivel mundial en 2022, y gracias a ello aumentó la concientización global sobre la problemática del burnout. Sin embargo, en Argentina, aunque el reconocimiento del burnout entre los docentes está en aumento, aún falta avanzar en términos de legislación específica y políticas gubernamentales sostenidas para abordarlo eficazmente.

A modo de cierre

En conclusión, es necesario que la problemática del burnout docente sea abordada desde un enfoque holístico, que contemple tanto la prevención como la intervención a nivel individual, institucional y político. Las condiciones laborales favorables, el apoyo emocional y la capacitación continua son esenciales para mitigar los efectos del burnout y mejorar la calidad de vida de los docentes.

El burnout no solo afecta la salud física y mental de los educadores, sino que también tiene repercusiones en la calidad de la educación que reciben los estudiantes. Reconocer y valorar el papel fundamental de los educadores en la sociedad es crucial para fomentar un entorno educativo positivo y sostenible. Solo cuidando a los docentes podremos garantizar una educación de calidad y un futuro prometedor para las nuevas generaciones.

Referencias bibliográficas

Bakker, A. B. & Demerouti, E. (2013). La teoría de las demandas y los recursos laborales. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, 29 (3), 107-115. https://doi.org/10.5093/tr2013a16.

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Maslach, C. (2009). Comprendiendo el burnout. Ciencia y Trabajo, 11 (32), 37-43. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3013987.

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