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Emergencia Comunitaria de Género

Una metodología artesanal para visibilizar y sanar las violencias desde las mujeres indígenas

Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, Comisión de Erradicación de Violencias y Defensa del Territorio[1]

La Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, CONAMI, es una red de organizaciones integrada por mujeres indígenas de México. Desde 1997 ha centrado su labor en la promoción y defensa de los derechos humanos individuales y colectivos de nuestros pueblos y de las mujeres indígenas en específico.

Resumen

En este espacio vamos a compartir nuestros sentirpensares respecto al ejercicio de documentar y sistematizar datos sobre violencias contra mujeres indígenas, una iniciativa autogestiva que desarrollamos y nombramos como Emergencia Comunitaria de Género (ECG). Nuestras reflexiones son resultado de casi 10 años de trabajo con ECG, en los que hemos dialogado y compartido en espacios comunitarios, académicos, gubernamentales y organizativos de los que hemos aprendido y con los que hemos fortalecido nuestra iniciativa. El objetivo central del texto es hacer un recuento de los 10 años de trabajo respecto a tres aspectos: primero, nuestra propuesta epistemológica y metodológica para pensar las violencias, a la cual llamamos “artesanal” y “de rehilete”; segundo, reflexiones sobre los datos para mostrar aquello que pueden y no pueden decir; por último, la experiencia de crear, sostener y promover un ejercicio de construcción de conocimiento que busca diálogos horizontales en espacios marcados por la jerarquización de los conocimientos.

Introducción

La Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (CONAMI) es una organización que se creó en agosto de 1997. Fue fundada en una reunión a la que acudieron más de 700 mujeres que luchaban por la autonomía y libre determinación de los pueblos indígenas de México y se concentraron en la ciudad de Oaxaca, al sur del país. Llegaron mujeres de varios estados de la república que participaban activamente en procesos organizativos como el Congreso Nacional Indígena (CNI) y la Asamblea Nacional Indígena por la Autonomía (ANIPA), así como comunitarios, eclesiásticos y campesinos. Estuvieron también mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), entre ellas la comandanta Ramona. Desde su creación, CONAMI tiene por objeto fortalecer el liderazgo de las mujeres indígenas en México mediante la promoción y exigencia de los derechos humanos individuales y colectivos de las mujeres y los pueblos indígenas. Las fundadoras de CONAMI eran parte del movimiento indígena mixto que se articuló en la década de los 90 como respuesta crítica en torno a la conmemoración del Estado Mexicano llamada “Encuentro de dos mundos”, que pretendió celebrar el momento en que España conquistó a México-Tenochtitlán. Ellas participaron también en el auge del movimiento por la coyuntura con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 1.º de enero del 1994 y los posteriores diálogos de San Andrés. Las fundadoras de CONAMI estuvieron presentes en todos estos procesos[2], sin embargo, en el movimiento mixto no había lugar para “las cosas de las mujeres”.

En 1995, en el marco de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, algunas de las fundadoras fueron convocadas por el movimiento de mujeres indígenas internacional, así como por el movimiento feminista, o, en general, el movimiento amplio de mujeres. Entonces, inspiradas en estos procesos específicos de mujeres y en la Ley Revolucionaria de Mujeres[3], las fundadoras decidieron promover una organización específica de mujeres indígenas. La reflexión en torno a las violencias estructurales, como también a la violencia en nombre de la tradición y al casi nulo acceso a la tierra y a las asambleas, aunado a la violencia física que se vivía (muchas veces perpetrada por los mismos compañeros del movimiento indígena), fue también una parte importante de este proceso. Ellas nos han contado que la decisión de crear una organización propia fue mal recibida por el movimiento indígena mixto, ya que se vio como una provocación a la división de los esfuerzos; lo importante eran los derechos de los pueblos. Así, enfrentar la violencia que vivían fue una de las principales razones que las llevó a impulsar una organización específica de mujeres[4].

El nacimiento de Emergencia Comunitaria de Género

En el 2013, la CONAMI hizo una reflexión en torno a la situación de violencia que vivía el país. El sexenio del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) que acababa de concluir estuvo marcado por “la guerra contra el narco” y creó un contexto que acrecentó la violencia contra mujeres. En julio de 2012, se tipificó el feminicidio en el Código Penal Federal, reflejo de un amplio debate respecto a la violencia feminicida. También, desde diversos frentes, se buscaba la implementación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (Ley de Acceso), aprobada en el 2007; en específico, la figura de la “alerta de violencia de género”, descrita en el artículo 22[5]. CONAMI, en este contexto, se percató de que el debate público sobre la violencia de género y feminicida ignoraba la situación específica de las mujeres indígenas. Así lo expresan Don Juan y Del Jurado:

… mujeres feministas, académicas e indígenas del Estado de México demandaban la Alerta de Violencia de Género; paralelamente en Chihuahua había una fuerte denuncia sobre los feminicidios, y en Morelos, Guerrero, Michoacán y Oaxaca también había un movimiento fuerte que denunciaba la violencia hacia las mujeres. Sin embargo, las mujeres indígenas sentíamos que a pesar de los esfuerzos de las organizaciones, de la academia y del movimiento feminista, aun éramos invisibles en la cifras que se reportaban sobre feminicidio y la violencia de género. Ante esta situación decidimos crear Emergencia Comunitaria de Género (ECG), como una respuesta para hacer frente a la negativa de los gobiernos de las entidades federativas de México a reconocer los altos índices de violencia y su incapacidad para brindar protección y justicia a las mujeres en general y específicamente a las mujeres indígenas (sic) (Don Juan y Del Jurado, 2019).

Emergencia Comunitaria de Género (ECG) se empezó a gestar en noviembre del 2013, cuando la CONAMI y CIDHAL (Comunicación, Intercambio y Desarrollo Humano en América Latina A.C) coorganizaron un diplomado en Morelos denominado “Sembrando desde la cosmovisión indígena para la igualdad”[6]. En este marco se organizaron una marcha y una rueda de prensa donde CONAMI compartió algunas reflexiones sobre la violencia específica contra las mujeres indígenas, dando inicio a las actividades de la ECG con los siguientes objetivos:

  1. Visibilizar las violencias contra las mujeres indígenas y entender cuál es la particularidad de estos hechos en contra de ellas y sus pueblos.
  2. Reconocer las violencias contra las mujeres indígenas como el resultado de una concatenación de condiciones históricas y hechos, y que las violencias contra las mujeres y los pueblos indígenas van entrelazadas y no pueden tratarse por separado.
  3. Generar políticas públicas pertinentes culturalmente para la erradicación de las violencias, incorporando el pluralismo jurídico, los principios, los valores y las prácticas de los pueblos originarios para la prevención, la protección, el acceso a la justicia y la reparación del daño (ibid.)

Al inicio de ECG, el trabajo se concentró solo en el primer objetivo: la visibilización de la violencia contra las mujeres indígenas. Creamos un perfil de Facebook[7] donde se comparten a manera de denuncia pública los casos de violencia de género y feminicidio que las integrantes de CONAMI encontramos en la red y sabemos que es necesario hacer visibles. Es importante recalcar que fueron las jóvenes Patricia Torres Sandoval, Marilyn Ramón Medellín, Merly Villafania, Milka y Laura Hernández Pérez, que “le sabían a eso de las computadoras”, quienes, en diálogo y constante intercambio con las mayoras, como Fabiola del Jurado Mendoza, entonces la coordinadora de CONAMI, Maritza Yeh Chan, Tomasa Sandoval Ceras, entre otras, dieron luz a la iniciativa que lleva 10 años recabando datos sobre violencias contra mujeres indígenas.

La iniciativa empezó a funcionar con lo que cada una tenía, sabía y podía aportar. Marilyn Ramón Medellín la llamó “metodología artesanal”, porque no se realizó a partir de una metodología muy estructurada, sino a partir de los sentipensares y las inquietudes generadas desde las vivencias propias de las mujeres indígenas y se fue construyendo progresivamente conforme iba tomando forma en el andar colectivo. Nunca fue la intención generar data estadística porque no nos consideramos números, sino vidas que deben ser valoradas en su justa dimensión.

El trabajo empezó así, a mano, sin sistemas estadísticos especializados o software de sistematización. Hasta ahora hacemos un trabajo artesanal que consiste primero en rescatar las notas o los posts que encontramos en medios (principalmente en redes sociales) sobre hechos de violencias contra comunidades y mujeres indígenas, que compartimos en el perfil de Facebook de ECG. Después creamos un respaldo con las notas y llenamos la malla/matriz/base de datos de Excel con la información que se puede recabar de ellas. Finalmente, investigamos esa información para poder complementar los datos que nos parecen relevantes y necesarios.

No se realizó ninguna difusión de los hallazgos durante el primer año de ECG. Fue hasta el segundo año (2014) hasta cuando nuestra hermana Marylin (Lyn), por encargo de Fabiola del Jurado, comenzó con la primera sistematización[8] de la información en un documento de Excel. Su propósito fue diferenciar estados, tipos de violencias y medios que compartían dichas notas sobre violencias hacia mujeres indígenas. Es por este trabajo, con herramientas y conocimientos previos muy básicos, por lo que Lyn le dio nombre de “artesanal” a la forma de sistematización. Desde el 2014, cuando se comenzó la sistematización, también se buscaron espacios y modos para visibilizar aquellas reflexiones que nos dejaban los datos; en los años siguientes, del 2015 al 2020, diferentes compañeras han alimentado la base de datos de Excel, también se han organizado eventos virtuales (sobre todo a partir del 2019) para compartir los hallazgos de ECG, y, como comisión de erradicación de violencias, hemos organizado reuniones para lograr homologar aquellos datos que nos interesa continuar sistematizando en la base de datos de Excel.

Como se mencionó al inicio de la documentación, ECG se interesó principalmente por visibilizar la violencia de género y los feminicidios de mujeres indígenas. Con el manejo de la información de esas notas y posts, llegamos a profundizar y complejizar el análisis de las violencias estructurales que afectan a las mujeres indígenas. Por eso consideramos vital registrar también las violencias contra nuestros pueblos y comunidades. Ahora además se documentan casos como desplazamiento forzado, violencia por la defensa del territorio, extractivismo, entre otros, reconociendo que la violencia que vivimos las mujeres está concatenada con la violencia que viven nuestros pueblos.

El camino de ECG nos ha llevado a compartir pensares y sentires en diferentes espacios. Estos encuentros han fortalecido nuestro trabajo y encaminado reflexiones en torno a algunas preguntas: ¿para qué documentamos?, ¿qué sentido tiene la producción de datos y contabilizar los casos?, ¿qué podemos comunicar con la información recabada?, ¿a quién se lo queremos comunicar? Una parte importante del compartir lo hemos hecho en espacios académicos y de incidencia pública[9]. Sin embargo, la relevancia de continuar estos diálogos para fortalecer nuestro proceso es algo que seguimos evaluando. ¿Hasta dónde contribuyen los diálogos con la academia a fortalecer ECG, si la documentación de la violencia contra mujeres indígenas se lleva a cabo con visiones distintas, aunque no opuestas?

En el contexto de las reflexiones compartidas, hemos sintetizado los procesos de ECG en cinco aspectos fundamentales: documentación, nombrar/significar, visibilización, incidencia y sanación. Estos aspectos forman una relación que Laura Hernández Pérez denominó “de rehilete” para dar cuenta de que son procesos que están interconectados, son inseparables y dan vueltas de manera conjunta. La documentación se hace porque nos interesa visibilizar, nombrar, significar en nuestros propios términos y advertir sobre las violencias que viven las mujeres y los pueblos indígenas. Esa visibilización la hacemos dado que nos interesa generar incidencia, exigir al Estado y ser sujetas de derecho que impulsan acciones concretas para poder ejercer el derecho a una vida libre de violencia. Estos procesos de documentar, nombrar/significar, visibilizar e incidir tienen sentido ya que estamos buscando sanar la violencia racista, histórica y estructural que lastima a nuestros pueblos, produce dolor, genera un trauma –a veces invisible pero igualmente doloroso– que, en el caso de las mujeres, se combina o se mezcla con las violencias contra las mujeres por razones de género que son producto del sistema patriarcal y colonial.

¿Qué dicen los datos?

En los 10 años de Emergencia Comunitaria de Género, hemos generado reflexiones que nos permiten construir una posición política en el trabajo que hacemos, en diferentes ámbitos, a favor de una vida libre de violencia para las mujeres indígenas. Cabe recalcar que seguimos haciendo un trabajo artesanal que sostenemos en nuestro tiempo “libre”. Hasta la fecha no hemos elaborado ni publicado ningún informe cuantitativo o cualitativo sobre la información que tenemos; esta se ha difundido de manera general en espacios como congresos o reuniones con la academia y el gobierno. Además, en el marco del 25 de noviembre, divulgamos algunos hallazgos a través de redes sociales[10]. Sin embargo, estamos precisamente en un momento de reflexión colectiva para construir un informe sobre nuestros hallazgos.

La base de datos que se analizó para este documento corresponde a las notas recabadas entre el 1.º de diciembre del 2020 y el 29 de mayo del 2021. Tiene 95 notas sobre violencia contra niñas, jóvenes y mujeres indígenas. Doce notas reflejan lo que llamamos “violencias colectivas”, que son aquellas que involucran a nuestros pueblos. Además, hay 10 notas de análisis, como publicaciones de periodismo de investigación, libros, artículos o textos, que consideramos serán útiles para realizar un análisis de los datos. En este caso me voy a concentrar en las 95 notas que documentan casos específicos de violencia contra niñas, jóvenes y mujeres indígenas.

En cada nota se busca y extrae información sobre 18 aspectos, a los que llamamos “variables”, que nos son útiles para la reflexión cuantitativa y cualitativa de los datos:

  1. Organización recopiladora.
  2. Nombre de integrante de CONAMI.
  3. Fecha de publicación de la nota en ECG.
  4. Fuente y enlace.
  5. Título de la nota.
  6. Fecha de la nota.
  7. Estado Municipio.
  8. Cédulas de información de los Pueblos Indígenas de México, 2015[11].
  9. Comunidad o localidad donde ocurrieron los hechos según aparezca en la nota.
  10. Pueblo indígena o pertenencia étnica.
  11. Ubicación geoestadística.
  12. Tipo de violencias directas a niñas, jóvenes y mujeres.
  13. Contexto: V. Institucional, V. Colectiva, V. política-electoral, V. Defensoras DD. HH.
  14. Nombre de la víctima(s).
  15. Edad de la(s) víctima(s).
  16. Síntesis del caso (colocar datos como nombre, edad, si hay denuncia, cómo sucedieron los hechos, elementos centrales del caso, etc.).
  17. Agresor(es).
  18. Comentarios/reflexiones personales al ver la nota.

Como lo mencionamos algunas líneas atrás, el análisis más profundo y fino, sobre todo cuantitativo, de los datos obtenidos durante estos 10 años aún está en proceso, por ahora los sentipensares sobre estas variables nos han llevado a reflexiones vinculadas con el proceso de documentación de las violencias contra mujeres indígenas y su concatenación con la violencia que viven nuestros pueblos.

En las siguientes líneas, compartimos un análisis somero sobre los datos que contiene la base, es un ejercicio que nos permite experimentar posibles formas para organizar el análisis de los datos que tenemos y así construir la información útil para el trabajo que se hace desde CONAMI.

En la base tenemos documentados casos en 18 estados de la República. Quintana Roo, Oaxaca y Chiapas son los tres estados con más casos de violencia. Respecto al grado de marginación de los municipios donde sucedieron los hechos, son 32 casos de municipios de muy alto y alto grado de marginación, 9 de marginación media y 37 casos de municipios con bajo y muy bajo grado de marginación.

De estos primeros datos, podemos leer que el sur del país es, desde hace años, una región donde prevalece la violencia, aunque es de notar que sea Quintana Roo el estado con más casos, ya que históricamente no es un estado que se considere con altas cifras de violencia, en comparación con Chiapas y Oaxaca. Llama la atención que, de todos los municipios, la mayoría pertenezcan a la categoría de bajo grado de marginación. Esto se explica porque un importante número de estos lugares están en zonas urbanas, lo que nos ha llevado a pensar que muchas mujeres indígenas migrantes viven situaciones de violencia en contextos urbanos donde generalmente no se reconoce la existencia de población indígena. Por lo tanto, no existen políticas públicas específicas para atenderlas. También es importante hacer notar que estos datos contradicen una visión tradicional que históricamente vincula la alta marginación o pobreza con la violencia.

En la base de datos, se reconocen 31 tipos de violencia, considerando las que están reconocidas en la ley de acceso, y se incluyen otras como brutalidad policiaca, extorsión, intento de feminicidio, muerte por maltrato de padres, desnutrición, plagio, entre otras. Existe un importante número de casos de violencia sexual, violación o abuso. Además, este tipo de violencia está relacionada con algún otro tipo de violencia como la física y la psicológica. El feminicidio también se encuentra identificado en combinación con otras formas de violencia. Las violencias que más se repiten son la violencia sexual, el feminicidio y la desaparición. Estos datos son desgarradores porque denotan violencias extremas que se dan en contextos tanto urbanos como rurales.

Respecto a la variable etaria, los datos nos dicen que un número importante de menores de 15 años ha vivido algún tipo de violencia. La mayoría de los casos suceden con las mujeres que tienen entre 16 y 25 años, aunque el número de casos de mujeres mayores de 60 años también es alarmante. Una reflexión muy somera nos permite deducir que la mayoría de los casos evidencian una situación de violencia sexual y feminicidio que se concentra en la población de mujeres menores de 25 años.

La construcción de nuestros datos

En el proceso de construir y reflexionar sobre nuestra base de datos, hemos llegado a algunas reflexiones que compartimos a continuación. Es difícil identificar a cuál pueblo indígena pertenecen las víctimas, porque un importante número de notas no especifica esta información. Por ello recurrimos a las cédulas de información del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) como referencia. Sin embargo, en algunos casos el INPI no reconoce la existencia de una población indígena en ese municipio. Existe entonces una contradicción entre la mirada empírica de quienes alimentamos la base y los datos “oficiales”, lo cual solo demuestra que existe una invisibilización de la situación de las mujeres indígenas.

Los tipos de violencia que hemos identificado incluye no solo los de la ley de acceso, también reconocemos contextos de violencia estructural (véase la variable 13 en páginas anteriores). Además, en varios casos clasificamos combinando más de un tipo de violencia porque reconocemos que se concatenan y buscamos maneras de nombrar la realidad que vivimos. Consideramos que esta situación da cuenta de un hecho constante: desde nuestros pueblos hemos buscado nombrar con nuestros propios términos las realidades que habitamos, porque la generación de conocimientos sobre nosotras y nuestros pueblos históricamente omitió aspectos que para nosotros/as son importantes. Nombrar nuestra realidad nos permite reconocerla y, por supuesto, encontrar formas de transformarla.

Como parte del debate respecto a los tipos de violencia, hemos tenido discusiones internas en la CONAMI sobre agregar una variable que identifique delitos, es decir, ubicar en cada nota de qué manera se podría tipificar cada caso de violencia. Eso nos ha colocado en el reto de que solo algunas de nosotras ubicamos los delitos acorde a los códigos penales tanto a nivel federal como los estatales. A su vez, este proceso ha detonado reflexiones sobre la penalización como un camino que sabemos no necesariamente contribuye a una reparación de lo que se ha roto en la comunidad cuando se viven casos de violencia extrema, si bien reconocemos que el idioma de las leyes y los códigos es imprescindible para generar un diálogo con las autoridades del Estado; necesitamos hablar ese idioma para ser escuchadas.

Otro punto importante respecto a la documentación es que, en muchas reuniones de la CONAMI, hemos notado que es necesario diseñar una ficha de casos porque hay muchas situaciones de violencia que nos toca ver en la vida diaria y que no llegan a Facebook y quedan sin ser documentadas. Por lo tanto, hemos iniciado un camino para elaborar una ficha de documentación para aquellos casos que nos toca vivir en los contextos locales.

El proceso y las reflexiones colectivas[12] a las que nos ha llevado la experiencia de ECG nos dan la oportunidad de cuestionarnos para qué documentar casos de violencia. Nos hemos dado cuenta de que, además de que nos permite cuantificar –y eso es imprescindible para la incidencia–, conocer esa información nos da la posibilidad de encontrar similitudes y diferencias respecto a la violencia que viven las mujeres no indígenas. Además, esta documentación y cuantificación sin duda representa la oportunidad de tener datos para el diálogo que se requiere tener con el Estado. Con el pretexto de la documentación, nosotras nos vinculamos de manera distinta con los casos. Sostener el proceso de ECG nos permite hacer algo frente a las violencias que vivimos, y, en ese sentido, no nos quedamos inmóviles frente a la violencia. Tomar acción nos da la posibilidad de encontrar formas de sanar. Consideramos que la metodología artesanal que tenemos y que se ha ido construyendo desde el 2013 hasta la fecha es integral: documenta, visibiliza y busca la sanación. No nos interesa solo decir cuántos casos hay, dar porcentajes o datos fríos, sino que reconocemos que cada caso es una persona, hija, madre, hermana, o esposa. Sabemos que el caso no solo afecta a la víctima o a la familia, sino a toda la comunidad.

En reuniones recientes hemos reconocido que el autocuidado es fundamental a la hora de trabajar con casos de violencia. Leer las notas para “sacar” datos nos produce dolor de estómago y nauseas, lloramos y el cuerpo nos duele, vemos en esos casos a nuestras vecinas, hermanas, compañeras, mujeres como nosotras que son víctimas de cosas atroces. Por ello hemos decidido poner atención en “cuidar nuestro corazón” para seguir luchando, documentando, escribiendo, hablando, acompañando. Necesitamos estar bien. Como resultado de estas reflexiones, se ha elaborado un “manual de autocuidado” que es una guía que usaremos al momento de estar cerca de estos datos.

Conclusión

A manera de cierre, compartimos algunas reflexiones sobre nuestro trabajo. Profundizar en el conocimiento sobre las violencias que vivimos las mujeres indígenas es necesario como una forma de explicarnos una realidad cotidiana que vivimos, sentimos y lloramos, pero que necesitamos cambiar. La formación profesional nos ha mostrado caminos para generar conocimiento que permita de alguna manera abonar a cambiar la realidad de nuestros pueblos. La reflexión sobre la violencia contra las mujeres está presente desde el inicio de la CONAMI. Ahora, después de 25 años, ya no se habla de violencia, más bien hablamos de violencias[13], y reconocemos una concatenación de formas de violencia colectivas e individuales. Sabemos que la violencia contra las mujeres afecta a nuestras comunidades, aunque también vivimos violencia al interior de la comunidad.

Los datos nos han mostrado que las violencias son cada vez más extremas. Estamos frente a cifras de feminicidio altas y mucha violencia sexual, y, viendo que niñas y mujeres jóvenes son quienes más padecen esa violencia que se gestan en contextos de violencia institucional, colectiva, estructural, racista y otras formas, sin embargo, son muy pocos los casos en los que podemos leer algún tipo de reacción comunitaria en torno a la violencia contra las mujeres.

Emergencia Comunitaria de Género nació con la intención de poner atención importante a las violencias que vivimos las mujeres indígenas. Después de 10 años, el trabajo y las reflexiones colectivas nos han llevado a reconocer que este espacio es muy importante no solo para generar datos, sino también como un lugar desde el cual, como sujetas de derecho, actuamos, buscamos respuestas y exigimos el derecho a vivir una vida libre de violencia en todos los ámbitos de nuestras vidas. El trabajo continúa y escribimos este texto como una forma de compartir lo que hacemos y pensamos, pero también como un ejercicio de memoria para reconocer el camino que llevamos y que las siguientes generaciones tengan como fuente para seguir caminando. Lo hacemos también para exigir justicia integral y porque nuestra utopía es que nuestros pueblos y las mujeres indígenas vivamos libres de violencias.

Referencias

CONAMI (2012). Agenda Política de las Mujeres Indígenas de México, PNUD, México.

Del Jurado Mendoza, Fabiola y Norma Don Juan Pérez (2019). “Emergencia comunitaria de género. Respuesta de las mujeres indígenas a las múltiples violencias y el despojo del territorio”, en Ichan Tecolotl, México, CIESAS-CONACYT. En t.ly/dYy-e.

ECMIA (2013). Violencias y mujeres indígenas, Chirapaq, Lima, Perú.

Figueroa Romero, Dolores y Laura Hernández Pérez (2021). “Autonomía, interseccionalidad y justicia de género: de ‘la doble mirada’ de las mayoras a las violencias que no sabemos cómo nombrarlas”, en González Pérez, Miguel et al. (coords.), Autonomías y Gobierno en la América Latina Diversa, Ecuador, Abya Yala.

García-Del Moral, Paulina, Dolores Figueroa Romero, Patricia Torres Sandoval, y Laura Hernández Pérez (2023). “Femicide/Feminicide and Colonialism”, en Dawson, Myrna y Saide Mobayed Vega (eds.), The Routledge International Handbook on Femicide and Feminicide, Routledge.

Jiménez-Estrada, Vivian, Norma Don Juan Pérez, Patricia Torres Sandoval y Dolores Figueroa Romero (2020). “Diálogos binacionales sobre los retos para documentar la(s) violencia(s) contra mujeres indígenas en México y Canadá”, en Revista sobre Acesso à Justiça e Direitos nas Américas, vol. 4, n.º 1, pp. 30-61.

Lobera, Sara y Palomo Nellys (coords.) (1997). Las alzadas. Ciudad de México, Comunicación e Información de la Mujer y Convergencia Socialista.

Rovira, Guiomar (1996). Mujeres de maíz: la voz de las indígenas en Chiapas y la rebelión zapatista. Barcelona, Virus.

Sánchez Néstor, Martha (coord.) (2005). La doble mirada: voces e historias de mujeres indígenas latinoamericanas, Ciudad de México, ILSB-UNIFEM.

Torres Sandoval, Dulce Patricia (2023). “Etnografiando desde la autorreflexividad: Memorias, resistencias y procesos andados para visibilizar las violencias desde la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (CONAMI)”, Tesis de Maestría.


  1. Autoras: Cristian Aurelia Rodríguez López, Dulce Patricia Torres Sandoval, Fabiola del Jurado Mendoza, Georgina Núñez Flores, Grecia Mariel Gutiérrez Lara, Karina Vara Rodríguez, Laura Hernández Pérez, Laura Hernández Urzua, Lizbeth Hernández Cruz, Marilyn Ramón Medellín, Maritza del Carmen Yeh Chan, Norma Don Juan Pérez, Teresa Ríos Cruz. Correo: mujeresindigenasconami@gmail.com.
  2. Ver más en libros como La doble mirada, coordinado por Martha Sánchez Néstor, Las alzadas, de Sara Lobera y Nellys Palomo, o Mujeres de Maíz, de Guiomar Rovira.
  3. Documento creado por las mujeres integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1993. Ver en t.ly/yd6md.
  4. Esta síntesis histórica de CONAMI tiene como fuente, por un lado, a la Agenda Política de CONAMI (CONAMI, 2012), así como a las historias que las fundadoras han compartido en más de una ocasión.
  5. Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres: es el conjunto de acciones gubernamentales coordinadas, integrales, de emergencia y temporales realizadas entre las autoridades de los tres órdenes y niveles de gobierno para enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado, así como para eliminar el agravio comparado, resultado de las desigualdades producidas por ordenamientos jurídicos o políticas públicas que impiden el reconocimiento o ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, las adolescentes y las niñas, a fin de garantizar su pleno acceso al derecho a una vida libre de violencias.
    El procedimiento para la emisión de la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres deberá ser pronto y expedito, atendiendo a la situación de urgencia de los hechos documentados que motiva su solicitud y al territorio especificado en ella, así como al principio de debida diligencia.
  6. A este espacio formativo, asistieron mujeres indígenas de diversos pueblos, como las siguientes: Cristina Martínez Hernández y Martha Hernández, residentes indígenas de la zona metropolitana de Guadalajara; Cristina y Leticia Pérez, de Chiapas; Laura Hernández Bautista, de San Luis Potosí; Micaela; Berenice, Tomasa Sandoval Ceras y Dulce Patricia Sandoval, de Michoacán; Margarita; Laura Villasana; Fabiola del Jurado e Irma, de Morelos; Teresa Ríos Cruz, de Chihuahua; Maritza Yeh Chan, de Quintana Roo; Emilia; Rosario; Julia; Marilyn Ramón Medellín, del Estado de México; Alma Rosa, de Guerrero; Marcela Ramírez, de Hidalgo (es probable que nuestra memoria omita algunos nombres, sin embargo, reconocemos que este proceso solo fue posible gracias a los sentipensares de varias hermanas)
  7. En t.ly/hEGOh.
  8. Nos referimos al proceso de organizar la información de las notas en una hoja de Excel.
  9. Parte de esas reflexiones se pueden leer en los siguientes textos: “Diálogos binacionales sobre los retos para documentar la(s) violencia(s) contra mujeres indígenas en México y Canadá”, en Revista sobre Acesso à Justiça e Direitos nas Américas (2020), escrito por Vivian Jiménez-Estrada, Norma Don Juan Pérez, Patricia Torres Sandoval y Dolores Figueroa Romero; “Autonomía, interseccionalidad y justicia de género: de ‘la doble mirada’ de las mayoras a las violencias que no sabemos cómo nombrarlas”, en Autonomías y Gobierno en la América Latina Diversa (2021), escrito por Dolores Figueroa Romero y Laura Hernández Pérez; “Femicide/Feminicide and Colonialism”, en The Routledge International Handbook on Femicide and Feminicide (2023), escrito por Paulina García-Del Moral, Dolores Figueroa Romero, Patricia Torres Sandoval, y Laura Hernández Pérez; “Etnografiando desde la autorreflexividad: Memorias, resistencias y procesos andados para visibilizar las violencias desde la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (CONAMI)” (2023), Tesis de Maestría presentada por Dulce Patricia Torres Sandoval.
  10. En t.ly/eBKeD, se pueden ver videos de los eventos virtuales en torno al 25 de noviembre.
  11. El INPI construye estas “cédulas de información básica de los pueblos indígenas de México” con base en los resultados del XII Censo General de Población y Vivienda del año 2000 y del II Conteo de Población y Vivienda del año 2005, y el Censo de Población y Vivienda 2010, aplicando la metodología que utiliza el INPI para estimar a la población indígena, y se utilizan en la política pública para determinar qué pueblos son o no indígenas. Usamos este indicador reconociendo la limitante que tiene pues no incluye a todas las comunidades indígenas; sin embargo, es útil tenerlo presente en cuanto se puede usar para el diálogo con el estado.
  12. Además de las reflexiones que tenemos en las reuniones de la CONAMI, en los últimos años, participamos en dos proyectos colectivos con mujeres indígenas y académicas (indígenas y no indígenas) en torno a los procesos de documentación de violencia que se llaman “Indigenous Women Storying and Interweaving their Experiences of Gendered and Colonial Violence in Mexico and Canada”, financiado por el Social Sciences and Humanities Research Council de Canada (SSHRC), y “Violencias múltiples y racismo en Guerrero: hacia una justicia transformadora que contribuya a la construcción de paz”, auspiciado principalmente por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías de México.
  13. “La violencia contra las mujeres y las niñas, adolescentes y jóvenes indígenas es: política, social, económica, espiritual, física, sexual, psicológica y medioambiental y tiene múltiples dimensiones: interpersonal y estructural, pública y privada, estatal y no estatal. Su análisis en los espacios públicos, deberían abarcar en lo posible todos estos modos de percibirla, de ello la necesidad de enfocar la violencia como las violencias” (ECMIA, 2013).


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