Néstor Colombo[1]
El contexto
El presente trabajo se centra en la tarea, y sobre todo en las características del mando que ejerció Don Juan de Austria en el contexto de la guerra civil que asoló Granada entre Moriscos y cristianos en la segunda mitad del siglo XVI durante el reinado de Felipe II, específicamente de mediados de 1569 a mediados de 1570.
El conflicto morisco-cristiano puede dividirse en tres grandes etapas, articuladas en torno a tres acontecimientos decisivos: 1500-1502, conversión de los mudéjares castellanos, 1568-1570 sublevación de los moriscos granadinos, y 1609-1614, expulsión general. Nuestra tarea se centra en el segundo periodo y específicamente en lo realizado quien fuera nombrado jefe del ejército por Felipe II.
Como parte de la observación acerca de las actitudes específicas de Don Juan se utilizaron como fuentes primarias el texto de Diego de Mendoza[2], el texto de Ginés Pérez de Hita[3] y el texto de Luis del Mármol Carvajal[4] como fuentes de la guerra sumando a esto las cartas enviadas por Felipe II y Don Juan de Austria, entre ellos y a otros protagonistas como el cardenal Espinoza y el Príncipe Ruy Gómez de Silva[5].
Es prioridad de este trabajo recuperar situaciones y formas de conducir que se observan en el contexto de esta guerra y modelan el liderazgo militar que será observable luego en el marco de la campaña de la Santa Liga con su culminación en la batalla naval de Lepanto.
A lo largo de su trayectoria Don Juan siempre demostró un entusiasmo irrefrenable por la gloria y siempre tuvo el deseo de tener títulos y reinos propios, sin que esto implique que quisiera los de su hermanastro. Obviamente era muy popular y el rey siempre le otorgó tareas propias de su dignidad de príncipe, pero también siempre lo hizo acompañar de consejeros más experimentados y de confianza del monarca.
Finalmente, en mayo de 1568, el rey lo designó, con la corta edad de veintiún años, capitán general de la flota del Mediterráneo en reemplazo del Almirante García de Toledo; esto le permitió involucrarse de manera directa en la revuelta de las Alpujarras de ese mismo año, la cual fue una grave amenaza para la seguridad interna del reino, más aún cuando en plena rebelión Eludí Ali, gobernador de Argel, aprovecho para tomar Túnez en enero de 1570.[6]
La rebelión de los moriscos del Reino de Granada iniciada en la Navidad del año 1568 contra Felipe II constituyo un conflicto largo y sangriento de orígenes complejos. En ellos cabe destacar no solo las disposiciones de la Corona acerca de la vida religiosa y la cultura morisca establecidas en las pragmáticas de 1566/67 y en los decretos de aculturación destinados a la nación morisca que claramente provocaron una gran resistencia especialmente de los monfíes, sino también por las actividades navales de los corsarios de Berbería con el apoyo turco con el intento de incursionar sobre la costa mediterránea española. Si a esto le sumamos una muy fuerte presión fiscal que implicaba unos 40000 ducados anuales para financiar la defensa de la costa, la situación generaba en su conjunto una tensión creciente que rompería en mil pedazos el sistema de pactos en que la familia Mendoza (Marqueses de Mondéjar) se había sustentado para dominar el territorio y que pugnaron por mantener el statu quo[7].
Los moros que se han sublevado en Granada se han multiplicado mucho y están en lugares fortísimos y han hecho grandes males, es decir, quemando iglesias, asesinando sacerdotes y cristianos viejos[8].
Ya desde el principio del levantamiento se observó uno de los grandes desafíos que iba a encarar Don Juan de Austria: las desavenencias en el bando cristiano entre el marqués de los Vélez y el marqués de Mondéjar. Por otro lado, el terreno escarpado y difícil y la costumbre de una extrema violencia de las milicias no hacían sino aumentar la rebelión.
La siguiente fase se inició en abril de 1569, cuando ante la posibilidad de una ayuda importante por parte del turco, ayuda temida en la época pero, según la mirada de los estudiosos, no demasiado cierta, Felipe II decidió nombrar a su hermano de 21 años General en Jefe del Ejército Real y Almirante de la Armada que llegaría desde Nápoles al mando de Don Luis de Requesens. A partir de su asunción al mando debió enfrentarse a diferentes situaciones que se analizaran en el marco de este trabajo.
La construcción del mando y los conflictos
que fuese a Granada don Juan de Austria su hermano, mancebo de grande esperanza, y que con su autoridad se formase en aquella ciudad un consejo de guerra, y en él se proveyesen todas las cosas de aquel reino, con que no se determinase en el mismo punto sin consúltalo con el supremo consejo. Adición grande que causo inconveniente por la dilación que después hubo en cosas que requerían brevedad y resolución precisa[9].
Nos dice Diego de Mendoza que el rey al nombrar a su hermano hace dos provisiones una indicando a Don Luis de Requesens que era embajador en Roma y teniente de Don Juan de Austria en el mar para que llevara las tropas de Nápoles con las galeras a su cargo a la costa granadina a donde Don Juan le indicase e indicó al Marqués de Mondéjar que se apersonase a Granada y que no continuase la guerra hasta tomar contacto con su hermano[10]. El consejo se fue conformando con Don Luis Quijada, de extrema confianza de Don Juan, Gonzalo Hernández de Córdoba, nieto del gran capitán, el Marqués de Mondéjar y el Marqués de Vélez, más el duque de Sessa y más tarde el nombrado Don Luis de Requesens. Las indicaciones iníciales y posteriores del Rey eran mantener Granada a toda costa como prioridad y ya en esto empiezan las diferencias que son las que el joven líder debe empezar a manejar tratando de adquirir un lugar de autoridad que estaba discutido desde el origen de las instrucciones enviadas por el rey.
[…] su comisión fue sin limitación alguna, más su libertad tan atada que de cosa grande ni pequeña podía disponer sin comunicación y parecer de los consejeros del Rey, salvo deshacer o estorbar, que para esto la voluntad de comisión; mozo afable, modesto, amigo de complacer, animoso y deseoso de emplear su persona. Acrecentaba estas partes la gloria de su padre, la grandeza del hermano y las victorias de uno y otro. Lo primero que se ocupo fue en reformar los excesos de capitanes y soldados en alojamientos, contribuciones, aprovechamiento de pagas, estrechando la cosa aunque no atajando las causas del conflicto. En aquellos principios Don Juan estuvo poco ayudado de la experiencia, aunque mucho de ingenio y habilidad[11].
Las relaciones entre Don Juan y el Marqués de Mondéjar no fueron buenas desde el principio a causa de las diferencias de pareceres acerca del futuro de los moriscos. En función de esto y que consideraba no se escuchaban sus propuestas el Marqués envió sus pareceres a su majestad por escrito por medio del de su Hijo Don Iñigo de Mendoza. Esto mientras paralizaba la guerra con sus pareceres complicando el suministro y los bastimentos de las tropas que perdían eficacia en este contexto “estoy espantado acerca de lo que me escribís que pasa en lo del Marqués de Mondéjar, aunque creo que vuestra ida allí habrá sido y será el remedio de todo”[12].
Retirado el de Mondéjar en la corte la conducción de la guerra fue encargada al marqués de los Vélez, que era su adversario lo que genero recelos en la región y también en Don Juan y su consejo.
Por otro lado, Mendoza nos dice: “fue la elección del Marqués (a lo que el pueblo de Granada juzgaba y algunos colegian de las palabras y continente) harto contra voluntad de los que estaban cerca de Don Juan, pareciéndoles que quitaba el Rey a cada uno de las manos la honra de la empresa”[13] Y allí encontramos varios recordatorios claves de Felipe acerca de la tarea de su hermano: “y así es menester que tengáis paciencia, pues con vuestra prudencia entenderéis que esto es lo que conviene y lo que a mí me cumple y a todos”[14]
Os aviso porque de todo esto del Marqués no pueda suceder inconvenientes, ni hacerse agravio al marqués de los Vélez, como sé que vois lo haréis todo de manera que basta haberos apuntado solo esto por el recelo que dicho marques tiene de ello[15].
Dentro de este conflicto Don Juan sigue en sus cartas explicitando las acusaciones contra los nobles como el Marqués de los Vélez.
[…] después de haber quedado el marqués de los Veles de la manera que ya V.M. habrá visto en sus cartas, se pone muy de veras hacer testigos e información de haber sido todo este naufragio por culpa e inteligencia de quien le proveía de vitualla; por cierto espantado me tiene de haber levantado el polvo que por ventura le podría cegar, porque cuando sea V.M. servido, podrá muy en particular examinar la causa de todos, pero en el entretanto por las cosas que con esta van, entenderá V.M. en parte la diligencia y el fin de cada uno, de que no trato yo aquí por tan extenso como podría por no fastidiar a V.M. con tantas y tan largas relaciones; mas todavía no me parece dejar en ninguna manera de escribir a V.M. lo que siento el término del marqués, sabiendo muy bien lo que sea trabajado y las diligencias y cuidado que se ha tenido de abastecerlo siempre[16]
El fondo de la cuestión es que Don Juan sabe que los nobles recelosos de su mando envían quejas a la corte sobre sus acciones. A raíz de esto le escribe Felipe II. Sin embargo, Mendoza es claro y enfático cuando habla de que quienes rodeaban al príncipe y (aunque no lo dice explícitamente) el mismo, hacían y deshacían las críticas alternadamente sobre los dos marqueses en tanto y en cuanto tenían la responsabilidad de la conducción de la guerra, que era lo que anhelaba el príncipe y su consejo para sí y lo que Felipe retaceaba de manera clara y explícita como ya veremos en lo que sería el segundo conflicto, que no es sino una derivación del primero.
En este marco cabe el análisis de esta primera problemática: Don Juan, más allá de que conoce las instrucciones de su hermano centra su estrategia a largo plazo en ser el que por prestigio y autoridad controle las decisiones del campo de batalla. Por eso, no se aviene al consejo de los capitanes de la zona y plantea una línea de acción que es resistida por los nobles zonales.
El segundo conflicto es que Don Juan quiere demostrar su valía, o sea salir a pelear; esto choca con las instrucciones del rey que hablan de sostener Granada sin que su hermano salga al campo tal como lo expone en carta del 20 de mayo de 1569
Y cuanto a lo que me decís de vuestra salida de ahí, bien se os acordara que siempre y se trató que yo no os enviaba sino para asegurar dicha ciudad, pues yo por mis ocupaciones y haber de acudir a otras cosas no lo podría hacer si faltar a ellas […] y así no conviene a mi servicio ni autoridad, ni a la vuestra que salgáis de allí[17].
Y le insiste en la misma carta:
[…] no es honra ni reputación vuestra salir ágora en campaña y pues yo tengo que mirar tanto por esto, estad cierto que lo que convine es que os quedéis en granada, y que desde ahí ordenéis lo que fuere menester, y esto es más honor y mayor reputación vuestra, y que nadie os la desea tanto como yo[18].
Y cierra esta parte con claridad: “por lo que yo deseo que acertéis en todo y aprendáis de manera que seáis el que yo espero y sé que habéis de ser”[19].
El 25 de setiembre le insiste nuevamente acerca de poder ingresar al teatro de la guerra y agrega la solicitud de dinero:
[…] pero la necesidad tan grande que de dinero se pasa me hace aventajar de lo que pensé. Aquí andamos de uno en otro buscándole, y hallase en tanta dificultad que por todas partes se padece mucho. […] También me parece no dilatar más otro particular mío en que suplico a V.M. me haga la merced que espero y pretendo para mejor servirle[20].
Y Felipe cede al fin y comienza la tercera etapa de Don Juan, en cuanto a su desempeño estrictamente militar que ahora analizaremos, no sin antes aclarar como lo dice Mármol de Carvajal:
[…] no podía el marqués de los Vélez disimular el sentimiento que tenia de la ida de Don Juan de Austria y aunque se había visto con el comendador mayor de Castilla y dándose buenas palabras de ofrecimientos, sabía muy bien que se hacía poca amistad y que había escrito a su majestad que no le parecía a propósito para dar fin a aquella empresa y por ventura habían venido a su noticia las cartas antes de que las suyas llegaran a su Majestad[21].
O sea, el comienzo de la labor estrictamente militar de Don Juan se ve empañada por la defección y el retiro encubierto del sitio de la fortaleza de La Galera de quien hasta ahí llevaba las acciones de esta guerra. A esto se empiezan a ver los interrogantes de cómo se comportaría el príncipe ahora que comandaba realmente el teatro de la guerra
En Guejar se ve el primer ejemplo: “llevo a la gente ordenada, i a los que nos hallamos en las empresas del emperador, parecía ver en el hijo una imagen del ánimo y provisión del padre, i un deseo de hallarse presente en todo, en especial con lo enemigos”[22].
En Galera es él quien organiza y emplaza a la artillería en palabras de Ginés Pérez de Hita. Por otro lado, en el desarrollo de estas contiendas se dan este tipo de actitudes: “Por eso principio a notarse entre los nuestros cierta flojedad; y reconocida por su alteza mando al Instante que las cuatro compañías de batalla acometieran vigorosamente, como lo hicieron con grande ímpetu y pujanza”[23].
Luego de la victoria en Galera que incluyó la toma de la fortaleza usando minas subterráneas para romper los cimientos se ve una férrea determinación para tomar decisiones con el ajusticiamiento de gran parte de los sitiados en venganza por las muertes sufridas por los soldados en el transcurso del sitio,
y no quiso que se perdonase a varón alguno que pasase de doce años, tanto le crecía la ira, pensando en el daño que aquellos herejes habían hecho sin jamás haberse querido humillara pedir partido, y ansi hizo matar a muchos en presencia de los alabarderos de su guardia[24].
Días después en la fallida contienda de Serón,
Viéndose apretado el señor Don Juan, y que su gente de infantería andaba desconcertada, principio a animar a sus soldados y a fuerza de voces y exhortos reunió bastante número dellos, con los cuales y la caballería hizo frente al enemigo […] el señor Don Juan lleno de valor andaba por todas partes animando a su ejército, y ordenando la retirada, para que se hiciese con buen concierto y sin dejar de pelear […] andando la acción tan revuelta le dio a su alteza una bala en la celada, de suerte que la abollo[25].
Le reconviene Felipe duramente este hecho de armas:
que salir a tales arrebatos es desautoridad vuestra, siendo quien sois y teniendo el cargo que tenéis, todo esto fue causa de lo que os escribí, y por las mismas causas os vuelvo a decir agora que en todo caso lo hagáis así y no de otra manera, que para otras cosas mayores es menester que os guardéis y os guarde yo, y que agora vais aprendiendo por el camino que he dicho y no por el que vos decís[26].
El recorrido de Don Juan en la guerra está plagado del seguimiento que le hace Felipe II, marcándole los errores y reconviniéndolo de manera sistemática en textos en los que predomina la desconfianza en alianza con el afecto. O también: “que ya no soy muchacho, y que puedo a Dios gracias comenzar de alguna manera a volar sin alas ajenas, y sospecho que ya es tiempo de salir de pañales”[27].
El desbarajuste de Serón es compensado con creces con la victoria de Tinola en donde en el marco de las cartas recibidas tiene el príncipe una actuación más que prudente por temor a las reprimendas de su hermano. Luego de Tinola se multiplican las rendiciones de los moros y los bandos reales ofreciendo garantías a los que se rinden. Y a medida que el príncipe avanzaba más se observaba que el fin de la contienda estaba cerca. Desde su campamento en Santa Fe empezó a abrir negociaciones con el Habaquí que podían llegar a ser provechosas a futuro. Las conversaciones con el Habaquí pusieron en lugar de gran prestigio las acciones previas del príncipe que motivaron esta posible solución.
A pesar de la trágica muerte del Habaquí las órdenes de Felipe fueron cumplidas por el príncipe el primero de noviembre reduciendo a la población morisca y enviándola tierra adentro lejos de las costas del mediterráneo y del influjo turco berberisco.
Después de la caída de las fortalezas y el comienzo de las rendiciones de los Moriscos la tarea de Don Juan ya es más organizativa del fin de la guerra. Luego Don Juan entró en Granada donde fue recibido triunfalmente, terminó las últimas indicaciones en torno al movimiento de población y el treinta de ese mes se dirigió a la corte a ver a su hermano antes de partir para Italia. Es interesante en esta construcción del mando los episodios de magnanimidad a partir de lo cual luego de la victoria se duele de la suerte de los vencidos (“que actuaron por ignorancia en muchos casos”) y critica a los prelados y religiosos que predican la muerte de los moriscos.
Conclusiones
Don Juan gusta de escuchar consejos, pero también gusta de elegir el mismo a sus consejeros, por eso más allá de los consejeros que el rey le pone a su lado, se contacta con el cardenal Espinoza, con Ruy Gómez da Silva y con el Conde de Feria. Sus cartas con Ruy Gómez son de una claridad acerca de sus sentimientos muy claras. Su mecanismo de seleccionar consejeros por fuera de los elegidos por el rey se repetirá en el marco de la Santa liga con la elección del almirante Toledo como consejero por correspondencia.
Por otro lado, tiene un ardiente deseo de destacar militarmente y de verse en medio de la batalla como imitador de su padre y de su bisabuelo Fernando el Católico, quiere entrar en batalla y demostrar que puede ser un buen líder y estratega. Los vaivenes entre Galera, Serón y Tijera son casi hasta esperables en un primer mando con victorias marcadas y pasos en falso con riesgo de lo que surge la crítica y la queja de Felipe que teme no solo por su hermano sino por el prestigio de la corona si alguien lo mata. La correspondencia en donde se discute el hecho nos dice mucho de ambos.
Por último, el elemento de la conducción de la guerra: Don Juan una vez que toma el control de la campaña avanza con decisión captura las fortalezas y castillos de la vera del Almacora y lleva a los moriscos a un punto en donde deben debatir la rendición honrosa o pelear hasta el final. Su conducción es dura como en Gerona durante la guerra y misericordiosa luego de la misma. Esta característica se ve después en la campaña de la Santa Liga; como se ve también esa decisión de atacar siempre, aunque con buenos recaudos estratégicos; no es Don Juan un muchachito alocado sino un jefe que prevé situaciones y conduce a sus tropas a la victoria con empuje y con estrategia.
- Instituto Superior Padre Elizalde.↵
- MENDOZA, D. (1617) Guerra de Granada. Lisboa.↵
- PÉREZ DE HITA, G. (1975) Guerras Civiles de Granada. Colección Austral, Madrid.↵
- MÁRMOL CARVAJAL, L. (1797) Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada. Imprenta de Sancha. Madrid. ↵
- SALOA, M. (1856) Colección de documentos inéditos para la Historia de España. Tomo XVIII. Madrid Imprenta de la viuda de Calero.↵
- BRAUDEL, F. (2016) El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. México, FCE.↵
- DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. (1978) Historia de los moriscos. Alianza Universidad. Madrid.↵
- SERRANO, L. (1914) Correspondencia diplomática entre España y la Santa Sede durante el Pontificado de San Pío V, Roma. ↵
- MÁRMOL CARVAJAL, 1797, p. 512↵
- MENDOZA, 1617, p. 62↵
- MENDOZA, 1617, p. 53↵
- SALOA, 1856, p. 8. Carta de Felipe II a Don Juan de Austria 2 de mayo de 1569. ↵
- MENDOZA, 1617, p. 66↵
- MENDOZA, 1617, p. 66↵
- SALOA, 1856, p. 19. Carta de Felipe II A Don Juan de Austria Madrid 9 de agosto de 1569↵
- SALOA, 1856, p. 22. Carta de Don Juan de Austria a Felipe II (S/F)↵
- SALOA, 1856, p. 10. Carta de Felipe II a Don Juan de Austria. Aranjuez 20 de mayo de 1569. ↵
- SALOA, 1856, p. 10. ↵
- SALOA, 1856, p. 10. ↵
- SALOA, 1856, p. 26. Carta de Don Juan de Austria a Felipe II 23 de septiembre de 1569 y 25 de septiembre de 1569. ↵
- MÁRMOL CARVAJAL, 1797, p. 232.↵
- MÁRMOL CARVAJAL, 1797, p. 222.↵
- PÉREZ DE HITA, 1975, p. 194.↵
- MÁRMOL CARVAJAL, 1797, p. 248↵
- MÁRMOL CARVAJAL, 1797, p. 258↵
- SALOA, 1856, p. 28. Felipe II a Don Juan de Austria. El Escorial 30 de septiembre de 1569. ↵
- SALOA, 1856, p. 92. Carta de Don Juan de Austria a Ruy Gómez mayo 1570.↵






