Raúl Ruiz Álvarez[2]
Bajo la dirección de la profesora Margarita M. Birriel Salcedo, de la Universidad de Granada, se constituyó, hace ya quince años, el Grupo-Catastro Lecrín. Este se erigió como un espacio de reflexión destinado a profundizar en el conocimiento del Catastro de Ensenada a través de una problematización continua y metódica[3]. Es preciso subrayar que nuestro trabajo no comenzó desde cero, sino que fue enriquecido por la guía académica y personal de la catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid, Concepción Camarero Bullón. Desde su influyente tesis doctoral en 1987, Camarero Bullón ha marcado el camino en el estudio del proceso averiguador, contribuyendo con numerosas publicaciones que han abordado cuestiones aún sin resolver[4]. En el año 2020, justo antes del estallido de la crisis sanitaria provocada por la pandemia de Covid-19, quienes investigamos con el Catastro de Ensenada en España nos congregamos en Lanjarón (Granada) con el propósito de examinar en profundidad la naturaleza y el impacto de esta tecnología del poder en nuestros respectivos territorios, así como para compartir los límites y ventajas de la fuente para dar respuestas a nuestros interrogantes de investigación. Este seminario, caracterizado por sus profundas conversaciones, constituyó un espacio idóneo para el análisis crítico los niveles documentales y la necesaria aplicación de nuevas perspectivas interpretativas[5]. Los resultados de nuestras reflexiones fueron compilados en un volumen publicado por la reconocida editorial Comares bajo el título Problematizar el Catastro. Debatiendo sobre cómo el siglo XVIII contaba personas y territorios[6].
En transcurso de mi trayectoria investigadora me he comprometido con un paradigma de análisis histórico que abarca tanto la dimensión social como económica, que reconoce la relevancia de mujeres y varones, donde la categoría de género emerge como un factor indispensable para la comprensión de la historia. El magisterio de Birriel Salcedo ha sido especialmente significativo en este aspecto, ofreciendo un marco teórico y metodológico que ha orientado la formulación de preguntas fundamentales, donde la intersección de raza, género y clase social se revela como intrínseca al quehacer investigador[7]. En este contexto, en el año 2021 se gestó el proyecto I+D+i TRAMA: Los trabajos de las mujeres en la Andalucía Moderna, bajo la dirección conjunta de Birriel Salcedo e Inmaculada Arias de Saavedra Alías. Este proyecto convocó a un equipo internacional y multidisciplinar con el propósito de analizar las actividades económicas desempeñadas por las mujeres en la Andalucía moderna y ponerlas en relación con otros territorios (Galicia, La Mancha, Cataluña, Holanda, etc.). La premisa subyacente era la comprensión profunda de cómo las dinámicas de género y clase social influían en la configuración de la fuerza laboral en un contexto de profundos cambios sociales y tecnológicos. Se proponía dilucidar por qué, a pesar de su contribución esencial y, en muchos casos, irremplazable en el ámbito laboral, las mujeres no lograron alcanzar la igualdad económica y simbólica. Se observó que, lejos de ello, persistía un imaginario cultural de sumisión femenina que actuaba como una barrera para el empoderamiento de las mujeres y que influía en la perpetuación de desigualdades de género en el ámbito laboral, señalando así la urgencia de abordar estas cuestiones en la contemporaneidad[8].
En los últimos 25 años la producción historiográfica sobre historia de las mujeres y de género ha sido muy amplia. Sin embargo, los trabajos de las mujeres, especialmente en Andalucía y el ámbito rural, son muy pocas las contribuciones, más allá de lo que ya aportó Ofelia Rey Castelao[9]. El Congreso Internacional “El trabajo de las mujeres, pasado y presente”, celebrado en Málaga en 1996[10], sirve como referencia para constatar que, si bien ha habido numerosas contribuciones al campo de la historia de las mujeres y de género en España, la transferencia de este conocimiento ha sido limitada, como se discutió en el reciente congreso internacional “Ganarse la Vida: Género y Trabajo a través de los siglos”, celebrado en 2022 en Pampaneira (Granada)[11].
Esta situación se agrava al considerar periodos históricos como la Edad Moderna o sociedades diferentes a la occidental, pues las investigaciones sobre mujeres, género y trabajo se han centrado principalmente en el siglo XX y, en menor medida, en la segunda mitad del siglo XIX. Además, estas investigaciones han privilegiado el estudio de las grandes urbes industrializadas, como el País Vasco y Cataluña seguidas por Madrid y Sevilla[12], y algunas contribuciones focalizadas en el medio rural, como Galicia o Castilla-La Mancha[13]. Sin embargo, el mundo rural y las agrociudades propias de Andalucía han sido objeto de escasa atención académica. Algunos estudios son los realizados por Birriel Salcedo y sus discípulas para la ciudad de Granada y el Valle de Lecrín, Garrido González para Laujar de Andarax y Úbeda o David Martínez y Manuel Martínez para Montefrío[14]. Aunque en la actualidad se están implementando otras líneas de investigación para el siglo XVIII, como género e intercambios y género y gremios[15], estas aún resultan claramente insuficientes.
Como se discutió en el II Seminario TRAMA (Granada, 2022), la escasa presencia de datos sobre este territorio en los análisis sobre el trabajo en la Edad Moderna es un indicador de esta insuficiencia. Otro elemento para tener en cuenta es lo que denominamos trabajo formalizado, que ha quedado documentado (gremios, padrones, etc.), y el informal (trueque, venta fuera circuitos, producción doméstica, cogedoras de seda, etc.). Conceptos que imbrican el trabajo remunerado o no remunerado. Lo que está claro es que para la Edad Moderna existe un subregistro del trabajo de las mujeres, consecuencia de la visión patriarcal de la historia, al no tener en cuenta la historicidad de los criterios de registro del pasado que difieren en términos del propio concepto del trabajo (trabajo productivo vs. Reproductivo) o por los términos de la organización de la producción (trabajo familiar, trabajo infantil, pareja de trabajo, etc.). Sin embargo, es imprescindible recordar las perspicaces palabras de Ofelia Rey Castelao, quien insiste en que las mujeres están presentes en las fuentes históricas, así como sus actividades económicas. El verdadero desafío radica en la forma en que interpretamos y comprendemos estas fuentes. Hay que llamar la atención sobre la importante aportación de los últimos años sobre la organización del trabajo en la Edad Moderna que nos habla de la significación de la división sexuada del trabajo en términos de trabajo especializado y muy formalizado (masculino) frente a trabajo flexible y discontinuo (femenino)[16], lo que permitió a las mujeres trabajar en sectores nuevos de la economía, aunque no siempre con las remuneraciones ni consideración social que hubiera sido de desear, por lo que la cultura del trabajo y la construcción de las identidades laborales son también de interés.
El reciente trabajo de Margarita M. Birriel Salcedo sobre la Andalucía Moderna resalta la importancia fundamental del trabajo femenino tanto en el día a día como en la economía de la época. Aunque su labor a menudo pasa desapercibida, queda evidencia de una amplia y variada actividad económica femenina en nuestro legado histórico. Sin embargo, los marcadores de género suelen obstaculizar su visibilidad y comprensión plena. Por ejemplo, en los registros como padrones y censos, es raro encontrar a mujeres identificadas más allá de su estado civil (solteras, viudas o casadas) y con oficios específicos como hilanderas o labradoras. Mayormente, estas menciones corresponden a mujeres que encabezan hogares, como se evidencia en el caso del Catastro de Ensenada, fuente utilizada en esta reflexión. Esta realidad económica se enmarca en un contexto donde la familia, y no el individuo, constituye la unidad económica primordial, con cada miembro aportando de alguna manera al sustento familiar. Aunque el trabajo de las mujeres pueda no ser tan visible en los registros oficiales como el de varones, su contribución es innegable[17].
Estas mujeres figuran en los protocolos notariales junto a sus esposos, participando en actividades como arrendamientos, administración de bienes de sus hijos, aportación de patrimonio al matrimonio y su posterior multiplicación. Son esparteras, esposas, hijas o hermanas que se dedican a confeccionar pleita, trabajar como lavanderas, hilanderas, panaderas, confiteras, estanqueras, comerciantes, criadas, entre otros oficios, con un denominador común: la pluriactividad. Esto implica que desempeñan múltiples trabajos tanto de manera cotidiana como estacional, buscando medios para subsistir con los recursos disponibles. A menudo, estos trabajos no quedan formalmente registrados en la documentación como oficios, no porque sean insignificantes, sino porque a veces superan las categorías convencionales. Por ejemplo, María Teresa Gnecco de Adra (Almería) se dedicó al transporte, gestionó un Ingenio, prestó dinero, arrendó y fue arrendataria, entre otras actividades[18]. En este breve repaso, es importante destacar uno de los oficios femeninos más institucionalizados: el de las nodrizas, resaltando así la amplia diversidad de trabajos desempeñados por las mujeres, que incluyen roles como enfermeras, maestras de niñas, impresoras, entre otros[19]. Todo ello, sin olvidar la categoría de criadas y las múltiples actividades que desempeñaron bajo el paraguas del servicio doméstico[20].
En todo este contexto, me remito a los resultados del proyecto TRAMA que revisan el relato hegemónico sobre el trabajo de las mujeres en el pasado de Europa[21]. Solo me detendré en el libro Mujeres, género y trabajo en la Edad Moderna, donde se abordan diversas dimensiones relacionadas con el trabajo y el acceso de las mujeres a los recursos materiales en ese periodo histórico. Este enfoque subraya la importancia de considerar la categoría de género al comprender el funcionamiento de la economía y el trabajo en cualquier contexto histórico. La estructura del libro se divide en tres secciones principales: marcos generales e historiografía, archivos y fuentes, y un monográfico específico sobre la experiencia de las mujeres en Andalucía durante la Edad Moderna.
En la primera sección, se trazan los recorridos historiográficos y se presentan modelos metodológicos relevantes. Comenzando con un capítulo de Carmen Sarasúa, se ofrece una visión general de la investigación sobre género y trabajo. Además, el capítulo de Maria Ågren aborda las complejidades del trabajo en la Edad Moderna, proporcionando valiosas contribuciones metodológicas para investigar este tema –metodología del verbo y pareja de trabajo–. También se incluye un análisis metodológico de Ofelia Rey Castelao sobre migraciones, reflexiones sobre la licencia marital por Raquel Tovar Pulido y un balance historiográfico sobre Cataluña en la Edad Moderna por Paula Álvarez Magrí y María José Vilalta i Escobar.
En la segunda sección, “Archivos y fuentes”, se abordan los desafíos y las oportunidades que presentan los archivos y las fuentes para investigar el trabajo de las mujeres en la Edad Moderna. Eva Martín López reflexiona sobre la falta de consideración hacia las mujeres y el género en la descripción de los fondos archivísticos, proponiendo un modelo de intervención a fin de corregir este sesgo. Maribel Díez Jiménez examina cómo una historiografía androcéntrica ha influido en la interpretación de las fuentes notariales, mientras que Rebeca García Haro explora la crítica documental a través del análisis de libros de trajes. Por su parte, M.ª Aurora Molina Fajardo se adentra en el estudio de las fuentes visuales, resaltando la importancia de interpretar estas representaciones en el contexto específico de Andalucía.
Finalmente, el monográfico sobre Andalucía cartografían las actividades económicas de las mujeres durante la Edad Moderna en este amplio y heterogéneo territorio, entre 1450 y 1808. Se encargan por provincias: de Granada y Almería, Margarita M. Birriel Salcedo y Raúl Ruiz Álvarez; Luis Garrido González se centra en Jaén; Ángel I. Aguilar Cuesta investiga Sevilla; Cristina Ramos Cobano analiza la realidad de Huelva; Francisco Hidalgo Fernández y Pilar Pezzi Cristóbal se ocupan de Málaga; y Raúl M. Fernández López explora la situación en Cádiz. En sus textos ofrecen contribuciones específicas que abordan la presencia y el papel de las mujeres en la economía de cada provincia andaluza durante la Edad Moderna, destacando desequilibrios cronológicos y la necesidad de una mayor atención a la experiencia de las mujeres en el trabajo y a la influencia del género en la economía de cada región. En conjunto, la obra ofrece una contribución significativa al estudio del género, las mujeres y el trabajo en la Edad Moderna.
Tras revisar la bibliografía y participar en debates académicos del proyecto TRAMA, durante el XV Coloquio Internacional de Historiografía Europea y las XII Jornadas de Estudios sobre la Modernidad Clásica, organizados por el Grupo de Investigación en Historia Moderna de la Universidad Mar de Plata, bajo la dirección de la profesora María Luz González Mezquita, me propuse analizar: Género, trabajo y actividades económicas a partir del corpus documental del Catastro de Ensenada. Mi enfoque se centraba en comprender cómo esta documentación revela los mecanismos de producción y reproducción de la diferencia de género y la consiguiente desigualdad. Así, abordé dos cuestiones: primero la relación entre mujeres, género y trabajo en la Edad Moderna, y segundo, una perspectiva comparada entre la ciudad de Granada, estudiada por Margarita M. Birriel Salcedo y la provincia de Almería, por Dolores Pérez Cuadrado.
Investigar sobre mujeres, género y trabajo
Como ya he señalado, la investigación sobre el trabajo de las mujeres en sociedades pasadas ha enfrentado numerosos desafíos teóricos y metodológicos en la historiografía. Historiadoras pioneras como Pinchbeck, Beard, Abensour, Clark, Schreiner y Power destacaron la presencia y relevancia del trabajo femenino en campos, manufacturas y comercio[22]. Sin embargo, estas contribuciones fueron marginadas por la historiografía androcéntrica hasta la emergencia de la segunda ola del feminismo y los estudios de género, más de medio siglo después. Hoy en día, la academia reconoce universalmente la contribución laboral de las mujeres, aunque persisten narrativas públicas que niegan esta realidad.
Desde los años 70, diversas generaciones de historiadoras han revolucionado nuestro entendimiento de las actividades económicas femeninas y cómo el género afecta la organización del trabajo y las formas de explotación. El reconocimiento del trabajo doméstico como labor no remunerada, liderado por M.ª Ángeles Durán Heras y Pilar Pérez-Fuentes Hernández, ha desafiado las narrativas convencionales y ha introducido importantes conflictos[23]. La diversidad de fuentes disponibles, desde protocolos hasta fuentes visuales, ha ampliado nuestra comprensión y combatido los prejuicios en los manuales de historia.
En el II Seminario Hispano-Portugués dirigido por José Damião Rodrigues y Raúl Ruiz Álvarez, celebrado en Lisboa en 2023, Margarita M. Birriel Salcedo presentó los siguientes problemas de forma detallada, ofreciendo una reflexión exhaustiva sobre los retos metodológicos y teóricos que enfrenta la investigación histórica en este campo. En primer lugar, pese a la existencia de fuentes, el desafío reside en cómo formular nuestras preguntas para extraer información relevante y significativa. Esto implica una reflexión crítica sobre las metodologías de investigación, la interpretación de las fuentes, y los marcos teóricos. En segundo lugar, los resultados de estas investigaciones nos obligan a repensar las explicaciones históricas tradicionales sobre el trabajo en general y el trabajo femenino en particular. Se cuestionan narrativas establecidas y se busca una comprensión más profunda y compleja de las dinámicas laborales y económicas en las sociedades del pasado. Además, es necesario añadir nuevas categorías analíticas, como la noción de “pareja de trabajo”. Sin embargo, se advierte la necesidad de ejercer precaución en su aplicación, ya que puede ocultar la contribución de trabajadoras viudas o solteras, cuyas experiencias laborales pueden diferir significativamente de las de las mujeres casadas. Asimismo, se retoman temas previamente descuidados en la historiografía, como la división sexual del trabajo y la importancia del estado civil en la organización laboral y económica de las sociedades modernas y medievales. Estos aspectos son considerados cruciales para comprender las estructuras sociales y económicas de la época. Finalmente, se propone un cambio en las narrativas predominantes sobre el desarrollo capitalista y la modernización en España y otras regiones. En este contexto, destaco varios trabajos y grupos de investigación que contribuyen a este enfoque renovado, como los estudios de Ofelia Rey Castelao sobre el trabajo de las mujeres en el ámbito rural en España, las investigaciones de Carmen Sarasúa en la Economic History Review, y el trabajo del grupo Gender and Work (GaW) de Suecia. Estos estudios comparten un enfoque en el movimiento del ser al hacer, es decir, en la comprensión de las actividades reales realizadas por las mujeres y su contribución al sustento económico en contextos históricos específicos.
Campo versus ciudad en el Catastro de Ensenada
El Catastro del marqués de la Ensenada no consideró a las mujeres en el ramo de lo personal ni a los varones menores de 18 años y mayores de 60, lo que inicialmente limita su utilidad para comprender su participación laboral. A pesar de estas limitaciones, algunos documentos catastrales, como las Relaciones juradas individuales ofrecen información relevante. Atendiendo a la ciudad de Granada, como destacó Antonio Domínguez Ortiz, los Libros de Cabezas de Casa revelan sorprendentes detalles al explorar los registros de algunas parroquias, donde la mayoría de las mujeres registradas son jefas de hogar. Esta información, complementada con los datos de las Respuestas Generales y el Libro de lo Personal e Industrial -junto al Libro de lo Real-, ha enriquecido nuestra comprensión del panorama laboral de las mujeres en el reino de Granada en el siglo XVIII[24].
La hipótesis de partida sugiere una disparidad en el registro de las actividades económicas de las mujeres entre el medio rural y urbano. Se basa en el análisis comparativo de los repositorios proporcionados por Margarita M. Birriel Salcedo para la ciudad de Granada, y Dolores Pérez Cuadrado para la provincia de Almería[25].
En la ciudad de Granada se observa una rica diversidad de ocupaciones desempeñadas por mujeres, lo que contradice la noción de que su contribución se limitaba al ámbito doméstico. Los datos recopilados revelan una notable presencia femenina en la industria textil, el comercio minorista y el servicio doméstico. En contraste, la provincia de Almería presenta una estructura ocupacional femenina más limitada, aunque igualmente significativa. Se destaca la preponderancia del servicio doméstico, con un número considerable de mujeres desempeñando roles de criadas tanto en los hogares locales como en los urbanos.
Si profundizamos, en Granada, se identificaron un total de 139 categorías de trabajo mientras en Almería 26. En cuanto a los oficios más comunes, en Granada incluyen criadas/sirvientas (2026), cogedoras de seda (129), hilanderas (115), costureras (43), labradoras (34), hacendades (24), hortelanas (20), panaderas (15 más 2 ayudantes) y lavanderas (14). Asimismo, los matices con los que se recoge la información muestran un número importe de oficios como tenderas de carbón y leña (1), pan (20), pan y aceite (3), pan y leña (4), pan aceite y jabón (1), pan y vino (1), verduras (1), zuecos (1), pan, semillas y aguardiente (1)…o tejedoras (4), de seda (2), de seda de lo ancho (1), de tafetán (2), de tafetanes y felpa (1), de cintas (3), de cintas de hiladillo (3), de lienzo (3), maestra tejedora de lienzo (3)… y así un largo repositorio en el que también estarán esas mujeres con tienda de alfarería (1), de alpargatería (4), de cerería (2), de carpintería (2), de herrador (3), de hilo y medias (5) o de libros, entre otras.
En Almería, con presencia de agrociudades, tan solo se registran 26 oficios, donde nuevamente las criadas/sirvientas suponen el mayor porcentaje (1.144), seguido de las hilanderas (322), tejedoras (184) y labradoras (106).
Tras este apretado recorrido, estoy en disposición de ofrecer algunas conclusiones. Los datos evidencian las notables disparidades en la estructura económica y las oportunidades laborales entre las zonas rurales y urbanas. Es patente cómo las actividades agrícolas simplifican la variedad de profesiones y la pluriactividad tanto para mujeres como para varones, lo que resulta en una triple invisibilización de las mujeres en este proceso. En primer lugar, por ser minoritarias como jefas de hogar; en segundo lugar, porque estuvieron excluidas del ramo personal; y, en tercer lugar, por su propia condición de mujeres, donde imperó más el estado civil que la propia actividad que ejercieran.
Aunque reconozco la limitación de crear sectores laborales, el servicio doméstico prevalece tanto en los hogares urbanos de Granada (71,75%) como en los del territorio rural almeriense (60,8%). En el sector agropecuario también se registran cifras, aunque el debate se centre en si se priorizó la propiedad o los diferentes trabajos, especialmente en la categoría de labradoras. A pesar de que las mujeres estaban a cargo del ganado menor y del corral de la casa, no he encontrado registros que profundicen en esta actividad, aunque en Granada contamos con una criadora de ganado. En cuanto al sector textil, está presente en la mayoría de los hogares de las villas, lugares y ciudades del reino de Granada, aunque su registro y variedad aumenta donde se ubican las fábricas de paños, caso de Laujar de Andarax o en la propia ciudad. Aunque el Catastro sitúa el trabajo de hilar en el ramo del personal y, por ende, no lo regula al estar las mujeres exentas, contamos con numerosas referencias en diversos documentos, no solo de cabezas de casa, sino también de mujeres e hijas. Sin embargo, la decisión de no registrarlas en el ramo personal dificulta nuestra comprensión de su participación en talleres o en hogares jornaleros, particularmente en el caso de las jornaleras. Por el contrario, en el sector comercial, abundan los datos, como hemos visto en tratos, comercios y tiendas; y en los servicios y otras profesiones, especialmente en la urbe, con parteras (4), mesoneras (5), taberneras (9), o en el duro oficio de las lavanderas (14).
Estos datos me alientan a seguir investigando el funcionamiento de estas actividades, incluyendo los modelos de trabajo conocidos para la Edad Moderna y su relación con los recursos, artefactos o espacios, lo que seguramente aportará nuevos e interesantes resultados.
- Este trabajo se ha realizado en el marco de los proyectos I+D+i: “Familia, dependencia y ciclo vital en España, 1700-1860” [PID2020-119980GB-I00] financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033/ y “La transformación de la estructura de la ocupación en el largo plazo, España, 1700-1975. Las ocupaciones no agrícolas como indicador de la modernización económica” [PID2021-123863NB-C21], del Grupo PAIDI HUM603 de Estudios de las Mujeres y del Grupo Catastro-Lecrín.↵
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