Los motines napolitanos contra la Inquisición: entre crónicas contemporáneas e historiografía
Mariano Ciarletta[2]
Introducción
Los motines que, en la primera mitad del siglo XVI, se opusieron a la tentativa de introducir en Nápoles una forma de Inquisición diferente del clásico foro eclesiástico seguían la estela de la historia religiosa y jurídico-institucional de la época moderna. Las revueltas de 1510 y 1547 se presentaban como una respuesta embellecida por “heroísmo e independencia”, al ser el resultado de la unión de nobles y pueblo contra el temido tribunal. A lo largo de los años cuarenta del siglo XVI, en Nápoles persistían antiguas y nuevas tensiones. El agudizamiento de las hostilidades entre la clase de los barones y la autoridad virreinal –producto de la práctica de las reintegraciones– se cruzaba con los fermentos religiosos procedentes de allende los Alpes[3]. Al impregnar los estratos sociales de las principales ciudades italianas, el movimiento ambicionaba una renovatio de la Respublica Christiana, para hacer frente al contexto desgarrador de las Guerras de Italia[4]. De rebote, la capital meridional se convirtió en el escenario de un nuevo sentimiento religioso no limitado a las élites del Reino[5]. Pedro de Toledo intervino contra la difusión de la “peste heretical”[6]. Al peligro de “disgregación de la unidad religiosa, contra la disciplina eclesial”[7] seguían las instituciones de 1536 y las pragmáticas de los años cuarenta, de las que procedía un control más riguroso de las academias napolitanas y del tribunal ordinario. Esa maniobra desembocaba en alzamientos muy tenaces, al oponerse a los principios de las Patriae Leges[8] y al estar claramente dirigida a una radical política absolutista y anti-nobiliaria[9]. En este trabajo se considerarán algunas fuentes contemporáneas y sucesivas a las intervenciones de 1510 y 1547; éstas presentan una declinación muy valiosa de los términos “unión”, “nación”, “patria”, “heroísmo” y “martirio”[10]. Ya sea desde el punto de vista del “pueblo napolitano”, o desde aquél de “Toledo-España”, esas mismas crónicas ofrecen diversas descripciones del suceso; aun así, no se pueden simplificar con el binomio lingüístico “opresión-patriotismo”[11].
Los años 1510 y 1547 en las fuentes de la segunda parte del siglo XVI y de la primera del XVII
En las fuentes del siglo XVI a los conceptos de patria y nación correspondía una interpretación enlazada con la condición sociopolítica de toda la península. Además, ésta se desarrollaba en el martirio de los padres y de los hijos, en la defensa del yo individual, en la acción social, recurriendo al disimulo y al personalismo de corte. En las crónicas napolitanas del siglo XVI, el concepto de patria remitía a la indiscutida fidelidad de los ciudadanos napolitanos a la corona habsbúrgica[12]. Sin embargo, la remisión de algunos historiadores a una forma de autonomía ciudadana, respecto del centralismo del nuevo gobierno virreinal, se convertía en causas de persecución y soledad. El mentís de las crónicas del tardío siglo XVI sobre los juicios de Pandolfo Collenuccio introduce diferentes relaciones sobre los motines contra los dos tribunales especiales[13]. El código de Notar Iacobo –cuyos caracteres extrínsecos reflejaban el estilo de las crónicas de principios del siglo XVI– presentaba un proyecto bien claro. La narración se dirigía hacia aquellos acontecimientos ajenos al cronista, para luego seguir con sucesos contemporáneos. Superando la frontera de la península, Notar Iacobo condenaba la tiranía de los ambientes pontificios y del virreinato, sucesivamente desplazando su atención a los procesos por fe que se dieron en Nápoles y a las primeras rebeliones autonómicas de Génova, Venecia y Milán[14]. Al contar los sucesos, él criticaba la insanable división entre nobles y pueblo, una disgregación que, en la capital meridional, autorizaba a los soberanos ibéricos a desbancar los privilegios aragoneses. Para el cronista, los motines que empezaron el 4 de enero de 1509 y acabaron el 22 de noviembre de 1510 fueron el primer ejemplo de cohesión y unión entre hombres de bien y pueblo, hermanados en la defensa del bien común[15]. También Gregorio Rosso recordaba las fases que llevaron Nápoles al sometimiento ibérico que -tal y como escribiría Passaro- se juntaba con las imposiciones económicas y las prohibiciones en materia de fe. La tríada Caracciolo, Passaro y Rosso adelantaba la producción nostálgica hacia la antigua autonomía de la que gozaba la capital meridional[16]. Para los historiadores de la segunda mitad del siglo XX se trataba de una primera historiografía nacional-patriótica, que enlazaba la virtud del pueblo con las controversias sociales y religiosas que ocurrían en el Reino[17]. Sin embargo, sería Antonino Castaldo quien subrayaría el carácter civil del motín de 1547. Su aproximación moderada a la hora de acercarse a los ideales de autonomía ciudadana maduraba una orientación personalista. El autor simpatizaba con los revoltosos, los llamaba “nuestros”[18], confirmaba su fidelidad al emperador y el odio a su ministro. El historiador describía la sospecha popular convertida en acción necesaria, remitiendo al “odio de los padres hacia el tribunal”[19], por la relación entre el virrey y el hermano Juan Burgos de Toledo, en aquel entonces cardenal. Además, Castaldo destacaba que la nobleza, al tener mucha influencia sobre las clases más pobres, en apariencia se movía hacia esos principios[20]. A quien seguía fiel al virrey, reo de haber tratado la ciudad al igual que turcos y franceses, se le consideraba como traidor de la patria. El cronista empleaba ese lema al enlazarse con los dos frentes que dependían del Reino de Nápoles y de las disposiciones virreinales. Además, el autor defendía las prerrogativas ciudadanas, ensalzaba el heroísmo de Tommaso Aniello Sorrentino, y no perdonaba a las masas populares, arrastradas “por la locura y el escaso juicio”, tal y como escribiría Porzio acerca de los “rebeldes de la patria”[21]. Castaldo criticaba el alma rencorosa y ambigua del virrey quien, por medio de ejecuciones públicas, quería evitar el peligro de nuevas insurrecciones, condenando la cabalgada por las calles de la ciudad y considerando la intervención del príncipe de Salerno como el resultado de una revancha personal. Aunque con aproximaciones diferentes, esos sucesos subsistían en las crónicas coevas y sucesivas a la Historia[22]. Las imprecisiones en las obras siguientes a aquélla de Castaldo no impiden conectar los motines a las novedades que, a lo largo de 1547, se dieron en el resto de la península. Seguían la misma línea temporal Camillo Porzio y Oberto Foglietta. Las narraciones ofrecidas por la Storia d’Italia y Delle Cose della Repubblica di Genova asociaban secuencialmente los motines genoveses a los napolitanos. Aunque procedían de contextos regionales diferentes, los dos cronistas declinaban de forma homogénea los sucesos, caracterizándolos por el amor a la patria y las prerrogativas ciudadanas. Tal y como en la Congiura dei Baroni, también en el informe sobre los motines Porzio se expresaba libremente. Se le opusieron la nobleza y el poder virreinal por su “sentenciar agudo” dirigido a las dos formaciones. Porzio adujo la causa de los motines a la decisión de Toledo de introducir en el Reino la Inquisición española[23]. Además, al cronista no se le pasaron inadvertidas la intolerancia de la aristocracia y la desconfianza del pueblo debido al desapego del virrey-demófago de los intereses de la ciudad. Al ser indicios de enojo, estos factores convergían en la defensa de la patria por medio de la recordada unión. Así las cosas, tanto Porzio como Foglietta se interesaron por aquellos episodios de amor a la patria que se les presentaban a la autoridad regia y a las masas. Piénsese en la arenga de Placido di Sangro a Carlos V para preservar la patria “del hierro y del furor cruel” del virrey y en los discursos de Pietrantonio Saponi y Giovanni Sessano. Saponi, extensión de Toledo, confirmaba la necesidad de introducir la Inquisición delegada en el Reino, al ser necesaria para la defensa de la fe, y elogiaba del virrey sus acciones dirigidas a contener los abusos de la nobleza. En cambio, la réplica de Sessano –compartida unánimemente por los Seggi, asambleas que se reunían en caso de emergencias ciudadanas– insistía en los elementos que se ponían como fundamento del bien común: la superación de las fricciones entre pueblo y nobleza, la cohesión por la defensa de la nación, la legitimidad del martirio, el antiguo odio al tribunal no ordinario y a los forasteros extraños a las costumbres ciudadanas. En los primeros años del siglo XVII, Scipione Miccio y Giovanni Antonio Summonte interpretaban los acontecimientos de 1547 con una sensibilidad personal[24]. Para el primero, Toledo era un ministro sensato, mientras a quien quería preservar la patria de la inquisición delegada –que Miccio vinculaba con las pretensiones del pontífice Farnese– se le describía con las metáforas del “viento contrario y del mar enturbiado”[25]. Además, el historiador interpretaba la cohesión social como expediente para secundar los livores de la aristocracia. En las páginas autocensuradas de Summonte –en las que el papel de Don Pedro De Toledo quedaba descrito como crucial para guardar “una línea de equilibrio entre represión del motín, prudencia y justicia”[26]– también la unión ciudadana era un punto neurálgico. Al ser un breve ejemplo de sublimación del amor a la patria, para el cronista se trató de una tentativa de recobrar aquella autonomía ignorada por los angevinos y minada por el parasitismo baronal. Seguían los ejemplos de persecución y martirio, los cuales enriquecían el concepto de patria propuesto por Summonte[27].
Patriotas, héroes, vencidos. La revuelta napolitana en la historiografía de finales del siglo XIX
Las investigaciones de Luigi Amabile sobre la existencia y la actividad del Santo Oficio en Nápoles representan el apogeo de la producción de finales del siglo XIX, interesada por la historia de la Inquisición en la península italiana[28]. A pesar del control ejercido por la Curia romana, Amabile redactó una obra muy importante para el Sur de Italia. Su propósito de “quedarse libre de todo condicionamiento” no impedía al autor elogiar el martirio y el libre pensamiento. Al detallar el funcionamiento del tribunal napolitano, Amabile proporcionaba detalles sobre la sociedad del tiempo y sobre los sucesos religiosos de la patria, llenando los vacíos dejados por Summonte, Parrino y Giannone sobre los motines de 1510 y 1547[29]. El historiador y cirujano de Avellino utilizaba un amplio material de archivo para sacar a la luz nombres y hechos que, para Croce, habían sido “la última manifestación de la vitalidad política y de la independencia napolitana”[30]. Amabile analizaba detalladamente los motines sublimando el ferviente patriotismo y la lucha por la libertad colectiva por medio de personajes como Tristano Caracciolo y Tommaso Aniello Sorrentino. Sobre el segundo el intelectual meridional se valió de algunos exponentes de la historiografía valdense. En Civiltà Evangelica, al remitir a los ideales garibaldinos, Jean Jalla ensalzaba la protesta de aquel joven “espabilado y de gorra roja”[31], contraponiéndose a los “frailes de gorra negra, listos para untar de grasa y torturar a los sospechosos de herejía”[32]. Se trata de dos aproximaciones –si bien disímiles– que parecen conectadas por un específico espíritu crítico. Quedaba claro que Amabile devolvía el suceso de Tommaso Aniello por medio de un indisimulado antiespañolismo, mientras Jean Jalla lo empleaba para increpar a los que se olvidaban del amor a la patria, del originario mensaje evangélico y de la necesidad de aguantar la persecución y el martirio[33].
- Traducción del italiano de Mariarosaria Colucciello.↵
- Università degli Studi di Salerno.↵
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- Villar, R. (2012). Un sogno di libertà. Napoli nel declino di un impero, 1585-1648, Milano, Mondadori. Los choques de 1547 representaron la “prueba de fuerza” entre Virreyes y nobleza, entre Corona y Reino, entre Virreyes y capital. Mientras los ciudadanos quedaban vencidos, Toledo ganaba. Si la lógica del compromiso amansaba las inquietudes, también la unión entre las diferentes clases –que había preocupado a los españoles– menguaba. Cfr. D’Agostino, G. (1979). Parlamento e Società nel Regno di Napoli, Napoli, Guida, pp. 280-284.↵
- GALASSO, 2007, cit., pp. 562-565; considérese también IMPERATO, F. (1604). Discorso politico intorno al reggimento delle piazze della città di Napoli composto per il dottor Francesco Imperato Napolitano. In Napoli, nella stamperia di Felice Stigliola a Porta Reale. ↵
- Settembrini nombra a Giovio, Giambullari, Adriani y Tarcagnota. Éstos enlazaron la historia regional con aquella nacional. Settembrini subraya que sus escritos eran imprecisos a causa de un escaso conocimiento del siglo XVI europeo. Sigue con Jacopo Nardi, autor de una historia de una Florencia partisana por el mucho amor a la patria. Coinciden con él Jacopo Pitti, Bernardo Segni, Filippo Merli, Filippo Varchi, Scipione Ammirato, Pietro Bembo, Luigi da Porto Vicentino, Giustiniani, Oberto Foglietta y Jacopo Bonfadio; Settembrini, L. (1875). Lezioni di Letteratura Italiana dettate nell’Università di Napoli, Napoli, A. Morano Libraio Editore, pp. 148-160; Collenuccio. P. (1613). Compendio della storia del Regno di Napoli […], I, Venezia, Appresso i Giunti. Se oponen a la interpretación de Collenuccio –quien destaca la escasa confianza de los ciudadanos en los soberanos españoles– Giovan Battista Carafa y Angelo di Costanzo; Varese. C. (1957). Pandolfo Collenuccio Umanista, Pesaro, Ente Olivieri Editore.↵
- De Caprio. C. (2002-2005). La “Cronaca di Napoli” di Notar Giacomo. Edizione critica del ms. brancacciano II F 6 della biblioteca Nazionale di Napoli, Tesis doctoral en Filología Moderna, Università degli Studi di Napoli Federico II, XVII ciclo; Id. (2007). “La Cronica di Napoli di Iacobo: codice, testo e dehors texte”. Filologia e Critica, 1, pp. 1-16; Bartolomeo Capasso detalla que la crónica ha sido citada más veces por los autores sucesivos a Notar Iacobo. Además, también para el historiador es fundamental el bienio 1510-1511; Capasso, B. (1877). “Le fonti della storia delle province napoletane dal 568 al 1500”. Archivio Storico per le province napoletane, 2, pp. 3-48.↵
- Cronaca di Napoli di Notar Giacomo. Pubblicata per cura di P. Garzilli prefetto della Real Biblioteca Brancacciana di Sant’Angelo a Nilo. Componente La Giunta della R. Biblioteca Borbonica, Napoli, Nella Stamperia Reale, 1845. Dentro de los aristócratas que participaron en el motín de 1510 estaban Giovanni y Vincenzo Carafa, y Belisario Acquaviva, marqués de Nardó. La unión con el pueblo permitía preservar el bien universal de la ciudad y los privilegios de Fernando el Católico. ↵
- CARACCIOLO, T. (1733). De Inquisitione Epistola, Rerum Italicarum Scriptores, 1, p. 110; Villari, R. (1967). “Congiura aristocratica e rivoluzione popolare”. Studi Storici, 8, pp. 37-112; Santoro, M. (1957). Tristano Caracciolo e la cultura Napoletana della Rinascenza, Napoli, Armanni, p. 15.↵
- Al hablar del cambio del gobierno aragonés al virreino español, el cronista Gregorio Rosso confirma la fidelidad del pueblo al emperador y su hostilidad al virrey. La confiscación de los bienes de los heréticos –pena prevista para quien incurriera en el delittuoso contatto, fue una de las causas de la insurrección de 1547, Rosso. G. (1635). Historia delle cose di Napoli sotto l’Imperio di Carlo V. Cominciando dall’anno 1526 per infino l’anno 1537. Scritta per modo di Giornali, Napoli, Stamperia di Gio: Domenico Montanaro, pp. 95-135; Imbruglia, G. (2017). Rosso, Gregorio. DBI, 88, ad vocem; Caracciolo y Passaro –excluido Rosso– no poseen aquel moralismo que caracterizaba los estudios anteriores, cfr. Colapietra, R.-Russo, L. (1960). “La Storiografia napoletana del Secondo Cinquecento”. Belfagor, 15, pp. 415-436; Giuliano Passero Cittadino Napolitano o sia prima pubblicazione in stampa, che delle storie in forma di Giornali, le quali sotto nome di quello Autore finora erano andate manoscritte, ora si sa a sue proprie spese […], Napoli, Presso Vincenzo Orsino, 1785, pp. 170 y ss. ↵
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- Musi. A. (2017). La Catena di Comando. Re e viceré nel sistema imperiale spagnolo, Roma, Società Editrice Dante Alighieri, pp. 82-87: Toledo adquiría una relevancia notable en la Historia por la duración de su carga y por las relaciones con las delegaciones populares y la sociedad napolitana. A estos elementos –en un sutil “juego de claroscuro” (p. 83) de sospecha y admiración– se asociaban la habilidad del estadista, la capacidad de gestionar el problemático suceso de la Inquisición en el Reino y las intervenciones urbanas. En el juicio que Summonte dirigió al virrey –al que se añadía aquel menos laudatorio hacia los Elegidos del pueblo, quienes suscribían la confirmación de Toledo en el gobierno virreinal– parece influir aquel “negocio de la inquisición”. El alter ego del soberano lo necesitaba para disciplinar a la nobleza del reino, impidiéndole que fuera “digno de máxima loa” y “de perpetua estatua”, cfr. Summonte, G. A. (1640). Historia della Città e Regno di Napoli, III, Napoli, Savio, pp. 216 y 251.↵
- SUMMONTE, G. A. (1675). Dell’Historia Della Città del Regno di Napoli. Tumulto successo in Napoli l’anno 1547, d’altra novità avvenute nel Governo di Don Pietro di Toledo Viceré del Regno. IX, Napoli, Antonio Bulifon; DI FRANCO, S. Summonte, Giovanni Antonio. DBI, 94, sub vocem; ID. (2012). Alla ricerca di una identità politica. Giovanni Antonio Summonte e la patria napoletana, Milano, Led, pp. 343-344; MUSI, A. (2000). “Forme della storiografia barocca”. En: I Capricci di Proteo. Percorsi e linguaggi del barocco. Atti del Convegno internazionale di Lecce, 23-26 ottobre, Roma, Salerno, 478; LERRA, A. (2004). Il libro e la piazza, le storie locali di Napoli e di Sicilia in età moderna, Manduria, Bari, Roma, Pietro Laicata Editore, p. 34; la obra de Summonte es el “sentimiento más completo de autoconciencia nacional napolitana”, cfr. MUSI, A. “La nazione napoletana prima della nazione italiana”. En: A. DE BENEDICTIS, I. FOSI, L. MANNORI (Coords.). Nazioni d’Italia. Identità politiche e appartenenze regionali fra Settecento e Ottocento, Roma, Viella, 75-91; NOVI CHAVARRIA, E. (2020). “I limiti della nazione. I confini della appartenenza identitaria ‘spagnola’ nelle istituzioni della Monarquía (secc. XVI-XVII)”. En: L. SCALISI, C. JOSÉ HERNANDO SÁNCHEZ (Coords.). Fra le mura della modernità. La rappresentazione del limite dal Cinquecento ad oggi, Roma, Viella, p. 31. ↵
- DEL COL. A. (2006). L’Inquisizione in Italia, cit., p. 579; NOVI CHAVARRIA, E. (2005). Procedure Inquisitoriali, cit., pp. 31-32; AMABILE. L. (1892). Il Sant’Officio della Inquisizione in Napoli. Narrazione con molti documenti inediti, 2 vols., S. Lapi, Città di Castello; ROMANO. A. (2017). Stato, Chiesa e Inquisizione nel Regno di Napoli in un’inedita relazione di Bartolomeo Capasso per Pasquale Stanislao Mancini. Archivio Storico per le Province Napoletane, 35, pp. 157-158; ALVISI, E. (1881). La battaglia di Gravina, Bologna, Nicola Zanichelli, pp. 236-237; BALAN, P. (1896). Storia d’Italia. Modena, Tipografia Pontificia ed Arcivescovile dell’Immacolata Concezione, pp. 513-517; Stefano Paladini propone el trabajo de Baldacchini para preparar a los italianos a los sufrimientos derivantes del amor a la patria, cfr. BALDACCHINI, M. (1872). Storia Napoletana dell’anno 1547 divisa in VII libri scritta da Michele Baldacchini e pubblicata da Stefano Paladini, Napoli, Presso Domenico Morano Librario-Editore; DEL GIUDICE, G. (1893). I tumulti del 1547 in Napoli pel tribunale dell’inquisizione. Processo rinvenuto nell’Archivio di Stato di Napoli, con note ed illustrazioni, Napoli, D’Auria, p. 82; VALENTE, M. (2012). “Nuove ricerche e interpretazioni sul Sant’Uffizio a più di dieci anni dall’apertura dell’Archivio”. Rivista di Storia della Chiesa in Italia, 2, pp. 569-592; FIORELLI, V. (2009). I sentieri dell’Inquisitore. Sant’Uffizio, periferie ecclesiastiche e disciplinamento devozionale (1615-1678), Napoli, Guida, pp. 15-16; sobre la producción regional del siglo XIX cfr. TEDESCHI. J. (2003). Il Giudice e l’eretico, Milano, Vita e Pensiero, p. 27; BATTISTELLA, A. (1905). Il S. Officio e la riforma religiosa in Bologna, Bologna, N. Zanichelli, p. 214; LEONIS XIII PONT, M. (1891). Index Librorum Prohibitorum. Cum Appendice, Romae, Ex Tipografia Polyglotta; PROSPERI, 2003, p. XX. ↵
- Croce, B. (1892-1893). “Luigi Amabile, Gaetano Filangieri principe di Satriano”. Napoli Nobilissima, 3, p. 190; ID. (1955). “Scritti di Storia napoletana di Benedetto Croce”, Archivio Storico per le province napoletane, p. 73; Rivoire, P. (1894). “Il Sant’Uffizio della Inquisizione in Napoli. Narrazione con molti documenti inediti, L. Amabile, S. Lapi, Città di Castello, 1892, 2 Vols., pp. 367 y 103. Bulletin De La Société Vaudoise, 11, p. 92; Amabile, L. (1892). Il Sant’Officio, cit., pp. 100-101; Id. (1888). Il tumulto napoletano dell’anno 1510 contro la Santa Inquisizione. Memoria letta all’accademia pontaniana nelle tornate 2-16 dicembre 1888, Napoli, Tipografia della Regia Università, pp. 1-3; Caponetto. S. (2006). Il calvinismo del Mediterraneo, Torino, Claudiana. ↵
- Croce, B. (1992). Storia del Regno di Napoli, Milano, Adelphi, p. 163.↵
- (1896). “Tommaso Aniello e l’Inquisizione. La Civiltà Evangelica. Sveglia contemporanea. Periodico mensuale del movimento religioso in Italia”. En: ASSV, Carte Jean Jalla, fasc. 186, Cahier n. 130.↵
- Ivi, fasc. 186.↵
- Ivi, fasc. 186; sobre el antiespañolismo: Musi, A. (2003). Alle origini di una nazione: antispagnolismo e identità italiana, Milano, Guerini; Barbagallo, S. (2017). Il Regno di Napoli di Aurelio Musi. Itinerari di ricerca storica, 23, pp. 241-245; sobre el antiespañolismo de Amabile: Masucci, G. (1894). Elogio funebre di Luigi Amabile pronunziato ad Avellino dal Comm. Giovanni Masucci, Avellino, Stabilimento Tipografico Maggi, pp. 16-19. ↵






